Acordarse de Koolhaas cuando llueve

Una de las grandes ruinas de casi todas las ciudades medianas de España ha sido querer tener su propio Guggenheim. Alcaldes de todos los colores arruinaban e hipotecaban hasta las cejas a sus ayuntamientos por ese deseo tan humano de querer trascender y querer dejar una huella visible de cara a las próximas elecciones. Lo hizo Iñaki Azkuna en Bilbao, que en paz descanse. Pero no sólo por el Guggenheim, un edificio que particularmente no me gusta en absoluto y que pienso que lo mismo se podía haber instalado junto a la ría de Bilbao que en mitad del desierto de Arizona.

Vale. El Guggenheim trascenderá. Pero piensen. Pocos edificios contemporáneos más. En Córdoba estuvimos a punto de tener uno, del holandés Rem Koolhaas, que también había proyectado una construcción gigantesca (imaginen algo dos veces más alto y seis más grande que el C4 junto a la Mezquita) que lo mismo podía haberse instalado en la península de Miraflores que en Groenlandia.

Durante aquellos años locos, los ciudadanos votantes admiraban extasiados las maquetas, ansiosos de que se hicieran realidad esos magnos edificios que de por sí iban a atraer a miles de millones de turistas. Así, por la cara, todo iba a ser de color de rosa, se generaría mogollón de empleo y además el alcalde o alcaldesa de turno trascendería sobre aquellos otros regidores que se dedicaban a invertir ese dinero en unos equipamientos más realistas y útiles para los vecinos.

Ahora, el alcalde, José Antonio Nieto, nos ha vuelto a sorprender, cuando creíamos que ya no podía hacerlo más, anunciando que está al habla con Rem Koolhaas para ver qué puede diseñar en la parcela vacía de Miraflores (que está vacía por que el gobierno del PP ha querido, ojo). El objetivo es construir un edificio singular, un Guggenheim para Córdoba. Otra vez.

Pero ahora hay un problema. Cierto es que el proyecto que se construya en el Centro de Convenciones, muy lejos para ser admirado por miles de ciudadanos votantes, parece que no va a ser una de esas obras que luego se estudie en las Facultades de Arquitectura. Cierto es que el Ayuntamiento necesita creer en un nuevo proyecto que ilusione a esos miles de ciudadanos votantes. Pero ahora se llega tarde, por que a estas alturas pregunten en la calle quien se cree que alguna vez verá la construcción de algo parecido a un gran proyecto en Córdoba. Pocos.

Sin embargo, eso no es malo. A Córdoba no le hace falta ningún Guggenheim al que luego no sepa darle uso. Córdoba ya tiene un edificio singular que trasciende el mundo entero. Se llama Mezquita. O Mezquita Catedral. Y ya está construido.

De eso no tienen en Bilbao. Y seguro que les molaría tenerlo.

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13 de mayo de 2014 - 03:26 h