De Goonies a Gremlins

Ante la evidente desafección del vecindario hacia la clase política, se podía argumentar que se necesita una renovación de gentes y de ideas. Seguro que sí, pero que nadie piense que va a ser fácil, porque si hay algo viejo en los partidos políticos son sus organizaciones juveniles. Los jóvenes que entran en un partido político empiezan rompiendo formas, exigiendo cambios y mostrándose renovadores. Son como los Goonies, aventureros por excelencia, capaces de todo y sin miedo a lo que puedan encontrar. Da igual la opción política, los recién llegados jóvenes, son siempre molestos ante los órganos dirigentes de los partidos que consideran que aún tienen que darse cuenta de lo difícil que es todo. Hasta aquí todo es normal, lo extraordinario es el proceso de transformación que sufren, que nos demuestran que, en vez de Goonies, eran Greemlins, que, cuando beben agua o comen después de la medianoche, se transforman en seres irresponsables y destructivos. Lo que parecía un regalo único para el partido, se tranforma en pesadilla y todos esperan que les dé la luz para poder controlarlos.

Me ha surgido esta reflexión tras ver como el PCE e IUCA pretende renovarse a costa de algunos de los Greemlins políticos que conocí hace años. La generación que ya vive la cuarentena formada por Alba Doblas, Elena Cortés, José Manuel Mariscal, Enrique Centella... eran como el osito Gizmo. Se aprovecharon de su juventud para ir de cuotas en las listas y, a estas alturas, ya han pasado por casi todos los cargos políticos posibles, y eso que IUCA ha gozado de poca cuota institucional. Cuesta trabajo pensar qué harán en el futuro, pues, su carrera política ha llegado al lugar donde otros llegan a los sesenta años, y es tan densa, y llena de muertos en el camino, que no parece que puedan resistir. Y lo malo es que a su profesión, si es que la tienen, prácticamente no se han dedicado nunca. Son políticos profesionales, aunque ellos no se consideran como tales, sino como "revolucionarios comunistas".

Pero no es el único partido en que sucede eso. Los poderosos Susana Díaz o Mario Jiménez, a nivel andaluz, o los Alberto Mayoral y, en otra hora, Rafael Velasco o Miguel Franco y demás, han jugado el mismo papel en la órbita socialista. En el PP, la senadora, dominadora del partido, Beatriz Jurado, o el propio Miguel Ángel Torrico, son ejemplos similares. Son, hoy en día, los que mandan, y cuidado con no aceptarles como tales. Usan a los "abuelos" asegurándoles que ellos son la esencia, y que el resto son "pecadores". Pero sólo son dirigentes perpetuos.

No todos fueron igual. Ahora mismo recuerdo a Daniel Calero, de la asamblea de jóvenes de Izquierda Unida, que escapó de la tristeza de la Corredera para convertirse en uno de nuestros mejores especialistas en derecho urbanístico, aunque no siguiera al grupo fundamentalista del Patri. También reconozco, en estos últimos tiempos, a José Antonio Romero del PSOE. Cierto que se pudo aprovechar puntualmente de ser jefe de los socialistas jóvenes para intervenir en política, pero conozco que su criterio siempre fue honesto, y hoy está buscando su futuro con libertad. También celebro a Antonio López, bloguero compañero de Cordópolis y de tantos ratos en El Arcángel, que fue defenestrado por mostrar sensatez, y ni siquiera se quejó públicamente.

Ellos siguen siendo Goonies, a la espera de que se les haga caso en una aventura. Aunque Spielberg apostara por los Gremlins, porque a corto plazo le dio más éxito y parecieran más simpáticos, no hay que olvidar que los Gremlins políticos solo producen dolor de cabeza. Y una pregunta: Si con cuarenta años ya han sido asesores, concejales, diputados, senadores, ...  ¿Qué futuro ofrecen al vecindario? ¿Seguirán hablando de revolución, cambio o reformas sin que les afecte a ellos? ¿No será mejor que se retiren a estudiar o a buscarse un trabajo? Yo, que he tenido ocupaciones públicas diversas, y que ya me he jubilado de ellas, pregunto y espero respuestas. Y digo a los damnificados, que la solución no es tampoco que haya otros Gremlins, sino que los jóvenes, o los que haya, vuelvan a querer ser Goonies.

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10 de octubre de 2012 - 06:00 h
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