Aeropuerto (75,77,79,...)

En 1970, se inició la serie de películas de catastrofes aéreas que se extendieron durante toda la década. En todas ellas, se usaba la fórmula de una serie de actores conocidos, muchos de ellos en horas bajas, que entremezclaban sus historias a bordo del avión. Curiosamente, en 1980, con el abandono de Aviaco de la línea regular a Madrid comenzó la decadencia del aeropuerto de Córdoba, que, aunque en distintos momentos recuperó vuelos con apoyo institucional, ya nunca consiguió ser una pieza fundamental en el desarrollo de la ciudad. El ejemplo más llamativo de ello es que se permitió que distintas parcelaciones se levantaran en su entorno dificultando su futuro.

Durante veinticinco años, hemos tenido ocasión de hablar recurremente del aeropuerto. Es una serie más larga y entretenida que la generada por el cine y en su conjunto ha supuesto todo un verdadero desastre para la ciudad. Con la firma del convenio marco con Aena en 2007 todo parecía llegar a su fin, pero los recortes del gobierno central, y la crisis de los últimos aeropuertos abiertos en España, han vuelto a poner en duda que Córdoba cuente alguna vez con un aeropuerto moderno y operativo. De resultas del convenio firmado, se ha procedido a ampliar la pista, para lo que ha sido necesario expropiar las viviendas que lo cercaban. Pero ahí se ha acabado todo, y se han paralizado el resto de actuaciones que conformaban el Plan Director aprobado por Aena.

Como no podía ser de otra forma, se ha provocado un debate político sin fin. El alcalde Nieto, actuando más en calidad de presidente del PP que de representante de la ciudad, se ha dedicado a justificar que el gobierno central no continúe adecuando las instalaciones. La prueba más evidente está en la falta de partidas suficientes en el presupuesto del estado para 2013. Preparó el terreno mediático cuestionando la parte del pago de las expropiaciones que reflejaba el convenio marco citado, y es cierto que ahí no le falta parte de razón. El convenio se aprobó sin suficiente reflexión y suponía un coste para las arcas municipales poco razonable. Comprometerse a pagar un porcentaje de las expropiaciones, cuando el ayuntamiento no intervenía en la fijación de las tasaciones, era una irresponsabilidad. Lo que entonces fue valorado en unos 7,5 millones de euros de coste, ahora puede duplicarse con facilidad, ya que es conocido que Aena resolvió la adquisición de los terrenos pagando más que bien para evitar problemas.

En lo que ya no puedo estar de acuerdo con el alcalde, es que mantenga que si se hubiera optado por un aeropuerto nuevo ya se podía haber contado con él. No da ningún argumento a favor y, sin embargo, olvida conscientemente que lo sucedido con el aeropuerto de Ciudad Real o de Antequera hubiera sido el destino del nuestro. El PP, desde el avance del PGOU en 1995, y tras los trabajos desarrollados por Prieto y Salinas dentro del Plan Estratégico, se ha mostrado favorable a propiciar una operación especulativa para instalar un aeropuerto. Especulativa, porque generaba unas plusvalías desmedidas a los propietarios de los terrenos, que era el verdadero interés existente, porque la actividad aeroportuaria siempre se definía como ampliamente deficitaria y necesitada de aportación pública. Tuve ocasión de conocer directamente dos de esos proyectos y me felicito que ninguno viera la luz.

Sigo pensando que la ciudad sigue necesitando un aeropuerto de mediano formato como el que define el Plan Director, que mantenga los servicios actuales de apoyo a Reina Sofía, Infoca, formación, ... y que permitiera vuelos de carga (dando mayor sentido al Centro Intermodal de Transporte) y turísticos. De hecho, en una más de sus contradicciones, el gobierno local usa como argumento la cercanía del aeropuerto para su proyecto de centro de convenciones en el Parque Joyero, pero se muestra sin capacidad de conseguir que las obras continúen (cuando hace un año se lo exigía a ZP) y no se ha opuesto a la reducción en su horario de funcionamiento. Mucho me temo que la sumisión al aparato central de su partido nos asegura que habrá nuevas entregas de esta saga sin fin que supone el aeropuerto de Córdoba, con actores más que conocidos por todos y en busca de evitar la catástrofe correspondiente. Al menos, nos queda el DC-7 aparcado junto al río, que se va a convertir en bar, como sucedáneo de lo que pudo haber sido y no fue.

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8 de octubre de 2012 - 06:00 h
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