La temible escolarización

Y llegó el terrible momento. Ese que llevo temiendo desde antes de ser madre. Igual diréis que soy una exagerada pero para mí es más que importante esta decisión. Bueno, si es que podemos llamarlo así, porque gran parte de mi preocupación radica en que el final de este episodio depende, única y exclusivamente, del azar. Sí, de la suerte, de esa que hace que las cosas te pasen o no te pasen.

Para los que no hayáis adivinado de qué estoy escribiendo os lo digo ya: de la escolarización de mi hijo mayor. Me supone un grave perjuicio mental pensar en solicitudes, listas, sorteos, detectives privados y demás ‘enreos’ propios de nuestro siglo. Me duele la cabeza sólo con avistar la que se nos viene encima. ¿Por qué será que todos queremos los mismos colegios? Y no hablo sólo de los concertados. Numerosos públicos también se quedan sin plazas.

Mi marido y yo tenemos muy claro lo que queremos para nuestros hijos y en qué tipo de colegios preferimos que se desarrolle su educación. La duda es si tendremos la oportunidad de acceder al centro que nos gusta o no. Este mes de marzo ha comenzado la ‘gymkana’ y hay que pasar pruebas ya. La primera, la de la entrega, en el colegio deseado, de la solicitud de admisión e ingreso. Vaya papeleta. Ya me están advirtiendo que da igual lo que ponga en el casillero de la segunda, tercera o cuarta opción porque, si se tratan éstos de centros en los que las plazas escasean, el niño no va a entrar ni por casualidad. Es decir, que, o entra en el ‘cole’ de primera opción, o quedas a expensas de la Junta de Andalucía, que te asignará el centro que crea más oportuno. O ninguno, como le pasó a una conocida, a la que le explicaron, tras dejar a su hija sin plaza en ningún colegio, que la educación es obligatoria a partir de los seis años.

Hay un truco: interesarte por cómo va el proceso de recepción de solicitudes en diferentes centros de tu interés y poner de segunda opción uno en el que el número de impresos entregados sea muy inferior al número de plazas ofertadas. Que sí, que sí, que es un lío. Pero es lo que toca. Y luego viene lo peor. Si no ha entrado, porque a ver dónde te meten al niño y, si ha entrado, la alegría puede verse empañada por el acoso de detectives privados contratados por otros padres que intentan averiguar si vives o trabajas donde dices que vives o trabajas y demás detalles que te dan puntos de cara a la admisión. Una madre me ha contado hoy mismo cómo el pasado año vivió atormentada por un señor que se alojó en la puerta de su casa y que la perseguía por allá donde ella fuera para intentar demostrar algo imposible: que su casa no era su casa y que a su hijo no le correspondía el ‘cole’ en el que estaba ya matriculado. En fin...

La del ‘cole’ es una elección importante, ya no sólo por el tipo de educación que va a recibir tu hijo, sino porque en él va a conocer a los amigos que lo van a acompañar hasta la universidad. Con ellos va a vivir numerosas primeras experiencias y, si le pasa como a mí o a su padre, también con ellos va a compartir muchos momentos futuros, como la llegada de sus hijos. Los amigos del colegio son especiales y, por eso siento que este momento es tan crucial.

Así que en este jaelo ando metida en estos días. Bueno, en este y en otros más. Pero de eso... ya iremos hablando más adelante. por ahora, me deseo suerte a mí misma y a mi ‘peque’ en esta batalla (o guerra, palabra con la que se refirió otra amiga mía que ya había pasado por estas lides) y os deseo suerte a todos lo que vivís la misma situación que nosotros. En algo más de un mes estará todo resuelto.

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6 de marzo de 2013 - 07:00 h