El cine que mereces

Tabú (Tabu, Miguel Gomes, 2012)

Ahora que el futuro de la Cinemateca Portuguesa, abandonada a su suerte por el gobierno del país vecino, parece más incierto que nunca, reivindicar el cine portugués ha dejado de ser tan sólo un asunto cinematográfico para convertirse también en una cuestión política: la defensa de una cinematografía viva, lúdica e inagotablemente curiosa, que sin renunciar a su condición de frágil paraíso en un mundo de triunfante necedad, ha logrado al mismo tiempo erigirse como verdadero dique de contención ante la uniformidad estética y formal impuesta por los opulentos conglomerados audiovisuales estadounidenses, británicos e incluso franco-alemanes.

La reciente edición, por parte del sello Intermedio -que continúa brillantemente con su exquisita política editorial-, de un pack que incluye la última película de Miguel Gomes, Tabú, más cuatro de sus seis cortos, junto a una larga entrevista con el cineasta, nos sirve de excusa perfecta para volver a una manera de pensar y hacer cine que ha cambiado la vida -y esto en la revista Lumière lo sabemos muy bien- de todo aquel que se ha atrevido a ir más allá de los dos o tres nombres y la cuatro o cinco películas de ese país que han alcanzado fama internacional en los últimos años.

Sin el menor ánimo de exhaustividad, y tirando sólo de memoria, podemos sacar una impresionante lista de cineastas lusos que se abre, cómo no, con el más anciano y al mismo tiempo el más joven de todos ellos: el maestro Manoel de Oliveira, para continuar con los cineastas que debutaron en los años sesenta: Paulo Rocha, António de Macedo y António Reis (solo y en compañía de Margarida Gil). A finales de los sesenta rueda su primer corto el gran João César Monteiro, y ya mediados los setenta estrena João Botelho. En la horquilla que va desde mitad de los ochenta hasta los primeros años de la siguiente década debutaron algunos de los cineastas portugueses que gozan en la actualidad de un mayor reconocimiento internacional: Pedro Costa, Rita Azevedo Gomes, Manuel Mozos y Teresa Villaverde. Y ya casi en los noventa aparecerá João Pedro Rodrigues, seguido algunos años después (2000) por Susana de Sousa Dias, mientras que Gonçalo Tocha lo hará mediada la primera década del nuevo siglo. He dejado deliberadamente para el final a los jóvenes cineastas (Miguel Gomes, João Nicolau, Sandro Aguilar, etc.) de la productora O Som e a Fúria porque su caso merece dedicarle algunas líneas.

Si pensamos en un posible Top Ten del pasado año, es muy fácil, aunque a algunos les pueda parecer una exageración, que en él se acaben colando cinco películas portuguesas. A saber, O Gebo e a Sombra (Manoel de Oliveira), A Vingança de uma Mulher (Rita Azevedo Gomes), Tabú (Miguel Gomes), Demain? (Christine Laurent, 2011) y Tierra de nadie (Terra de ninguém, Salomé Lamas). Cuatro de las cuales (la excepción es el filme de Rita Azevedo) fueron producidas por O Som e a Fúria, y estamos de enhorabuena, dos estrenadas comercialmente en España. El inquieto sello portugués no es sólo la casa madre de Gomes -que hasta el momento es el más conocido y editado del grupo-, Nicolau o Aguilar, sino que es tanto la productora de A Religiosa Portuguesa (Eugène Green, 2009) y de Ruínas (Manuel Mozos, 2009) como del último Oliveira -y presumiblemente de los que vendrán-, lo que supone una verdadera declaración de intenciones por parte de un grupo de cineastas que, a pesar de su juventud, reconoce como referente a uno de los últimos maestros que le queda al cine europeo.

Trazando un parangón con el rótulo que aparece al inicio del primer largo de Gomes, cuando empiezas a ver cine te conformas con padecer el cine que Dios te ha dado, o sea lo que los distribuidores, exhibidores y programadores eligen para ti, pero cuando ya tienes un largo recorrido cinematográfico acabas viendo el cine que mereces. Y desde luego, pocos placeres cinematográficos hay hoy comparables -otra cosa es merecérselo- al subidón que provocan películas como A Cara que mereces (Miguel Gomes, 2004), Inventário de natal (Miguel Gomes, 2000), Cántico das criaturas (Miguel Gomes, 2006) o A Espada e a rosa (João Nicolau, 2010). Habría que remontarse al Godard de Bande à part (1964), Week End (1967) y La Chinoise (1967) o al Rivette de Céline et Julie vont en bateau (1974) y Le pont du Nord (1981) para toparse con un divertimento de tal calibre.

Tabú -que repite el título de la obra maestra de Murnau y que, al igual que ésta, se divide en dos partes, Paraíso y Paraíso Perdido, sólo que su orden aquí se invierte- es el tercer largometraje del Miguel Gomes y la lógica continuación de lo que ya se anunciaba en la conclusión de A Cara que mereces, o sea, el fin de la infancia y sus juegos y el paso a la edad adulta y sus problemas. El carácter lúdico del cine de Gomes desaparece y su humor,  aquí soterrado, queda concentrado en el brillante prólogo inicial que antecede a ambas partes y en algunos momentos dedicados a la anciana Aurora (cfr. su narración del sueño con el mono). Como digo, dividida en dos partes, dedica la primera -Paraíso Perdido- a unos personajes ancianos, o a punto de serlo, que pasan sus días en una Lisboa invernal mientras se enfrentan a la soledad, la senilidad y el olvido de lo que una vez fueron. La asistenta africana de Aurora y los desvaríos de ésta ante una vecina (Teresa Madruga) sobre los sortilegios nocturnos a los que se dedica aquélla, activarán en el espectador, más que en la ficción, la posible conexión de lo que estamos viendo (ese paraíso perdido y esos cuerpos marchitos) con la juventud colonial de un país y de unos personajes. La referencia está ahí, pero Gomes con inteligencia la evita y la demora, creando en el espectador una creciente impaciencia por ese anticipado salto que nos llevará a África, sin que al mismo tiempo dejemos de vivir el oscuro presente de los protagonistas.

El flashback arranca poco después de que la vecina ponga en marcha la búsqueda de la persona a la que Aurora no dejaba de nombrar instantes antes de su muerte; será pues este personaje -con el que intuimos experimentó algo transcendental hace años- el que con su aparición ponga en funcionamiento la segunda parte, titulada Paraíso. Este segundo bloque carece de diálogos -aunque sí posee efectos de sonido y música diegética- y será enteramente narrado en off por ese hombre con el que Aurora vivió un intenso romance en África durante su juventud; por lo tanto aparecerá, en contraste con el primer bloque de corte realista, doblemente representado y mitificado: por el propio Gomes que filma África de modo sublime, sin necesitar siquiera el apoyo del color o de los diálogos (lo cual tiene más mérito en un cine como el suyo, reconstruido a partir de los recortes diarios de sus productores), a partir del ideario que ha construido el cine de Hollywood (Ford, Hawks, King, Pollack, etc.) sobre el continente; y por el propio narrador, reinventando incluso algunos acontecimientos en los que no ha estado presente y mostrándonos permanentemente a Aurora a través de su mirada de enamorado.

El trágico final de la historia de amor de Aurora y Ventura será también el de la aventura colonial portuguesa, cuyo postergada conclusión tuvo que esperar a la llegada de la revolución de los claveles. Gomes evita introducir el color, o como hacía Wong Kar Wai en Deseando amar (Fa yeung nin wa, 2000) las imágenes de archivo, para documentar cómo la Historia acabaría también separando a los amantes; en su lugar prefiere sacar a los hombres blancos del encuadre y dejar que las sonrisas de los niños africanos se vayan adueñando de los planos mientras la radio reescribe la intrahistoria.

Tabú acaba uniéndose por méritos propios a los otros dos grandes filmes portugueses que testimonian su pasado colonial y la herida que ese sueño roto acabó dejando en el país. Si la primera parte de la cinta está recorrida por la misma melancolía y pesadumbre que la mejor película de João Botelho, Um Adeus Português (1986), el cocodrilo que acompaña la historia de amor de Aurora y Ventura sintetiza el enigma de ese continente bello, misterioso e irreductible, como lo hacía también el aullido desgarrador del guerrillero herido o la imagen de un momificado Luís Miguel Cintra en la inolvidable No, o la vana gloria de mandar ('Non', ou A Vã Glória de Mandar, Manoel de Oliveira, 1990).

Tabú + (casi) integral de los cortos de Miguel Gomes

Editor: Intermedio

Miguel GOMES Portugal, 2012

Duración: 118 min. + 135 min.

Idiomas: Portugués

Subtítulos:  Castellano

DVD: 2 X DVD

Zona: 2

Imagen: 1:66:1

Pantalla: 16:9

Sonido: Mono 2.0 / Dolby Digital (AC3)

Contenido:

DVD 1

- TABÚ (Tabu), Portugal · 2012 · 35mm y 16 mm · b/n · 118 min.

DVD 2

- INVENTARIO DE NAVIDAD (Inventário de Natal), Portugal · 2000 · 35 mm · color · 23 min.

- TREINTA Y UNO (Trinta e um), Portugal · 2002 · 35 mm · color · 19 min.

- KALKITOS (Kalkitos), Portugal · 2002 · 35 mm · b/n · 19 min.

- CÁNTICO DE LAS CRIATURAS (Cantico das criaturas), Portugal · 2006 · 35 mm · color · 24 min.

+ EXTRA THE SEVENTH ART PRESENTA: MIGUEL GOMES. UNA ENTREVISTA INFORMAL EN EL TIFF’12 · Brian Robertson, Pavan Moondi, Christopher Heron · Canadá · 2012 · vídeo · color · 50 min.

Etiquetas
Publicado el
16 de septiembre de 2013 - 09:30 h
stats