Entrevista N&B

Rafa Gomáriz: “En baloncesto, Córdoba es como un dragón dormido”

Entrevista a Rafa Gomáriz, entrenador de baloncesto

Un sinfín de recuerdos le vienen a la mente. Su infancia se postra frente a nuestro protagonista al recorrer las calles por las que se crío. "Justo en ese bloque he vivido yo toda mi vida", comenta, entre la nostalgia y la felicidad. Las anécdotas se amontonan al pasear por la Plaza de la Juventud para una rápida sesión de fotos. Y es que, al igual ahora lo hacen algunos niños, él también disfrutó mucho en aquella zona. La voz de toda esa experiencia no es otra que la de Rafa Gomáriz López (Córdoba, 1974), quien no ha dudado en acceder a tener una conversación de algo más de una hora con CORDÓPOLIS. ¿El motivo? Su dilatada experiencia en el baloncesto cordobés. De hecho, son más de 30 años en los banquillos. Por tanto, la suya es una de las voces más autorizadas para hablar del contexto actual de la disciplina en la ciudad, hacer repaso del pasado, del que -como es lógico- es actor protagonista y dejar, a su vez, un positivo y esperanzador mensaje para el futuro. Prácticamente nada queda en el tintero. Un tipo que ha visto levantarse y caer multitud de proyectos, pero que aún guarda la esperanza de que el baloncesto (en categoría masculina) vuelva a relucir y salga del letargo.

La charla se produce, además, un rato antes de iniciar un nuevo entrenamiento con el Ubi Concordia Baloncesto de la N1, club con el que firmó hace algunos meses para emprender un nueva etapa en su ciudad. De Salesianos al Cronista Rey Díaz. Y entre medias, un amplio legado de experiencias, recuerdos y, sobre todo, multitud de amigos. Los muchos que hizo en su primera andadura como primer entrenador en el Peñarroya, en sus cuatro campañas exitosas en Montilla, donde vivió -según él mismo- sus mejores años de baloncesto en la época dorada del club, en la última etapa gloriosa en la capital con el Salsas Musa y el Cajasur Córdoba 2016, en su periplo inolvidable en Plasencia o en su última etapa en la cantera del Betis. Ahí es nada. Por supuesto, su historial también recoge multitud de momentos amargos. Eso sí, él prefiere quedarse con lo bueno, pues es de esos que siempre ve el vaso de medio lleno. Palabra de Gomáriz.

PREGUNTA. Bueno Rafa, vamos a empezar por el final, ya que este año ha sido tu regreso a Córdoba tras una nueva etapa fuera. Firmas por el UCB de N1, ¿qué balance haces hasta ahora de este nuevo reto?

RESPUESTA. La verdad que súper contento. Ha superado con creces las expectativas. Nadie se esperaba que, a estas alturas de la temporada, íbamos a estar así. Es verdad que el histórico que ellos arrastraban no era el mejor, pero sí que es verdad que es entrenador nuevo, jugadores nuevos, hay que hacer un equipo, hay que hacer muchas cosas diferentes. Un club que también está empezando y no es sencillo. Entonces, yo creo que las victorias están ayudando mucho a que todo se suavice y que todos los problemas que podamos tener se minimicen, pero, obviamente, todavía creo que podemos seguir creciendo mucho como equipo y tengo la sensación de que todavía nos siguen faltando cosas. Entonces, muy contento de lo que viene y con mucha ilusión de lo que nos viene ahora.

P. ¿Tenías ganas de volver a entrenar en tu ciudad?

R. Sinceramente, no era una cosa que me estuviera planteando. La salida de Betis fue, sobre todo, por el tema del Covid y de las problemáticas que existían a la hora de seguir allí, porque no era sencillo mantener el ir y volver todos los días y, en principio, mi idea no era entrenar. Quería centrarme en el trabajo, pero bueno, yo creo que cuando estuvimos charlando con Jaime, Ángel y Pedro Bello, estuvimos charlando un día tranquilamente tomándonos una cerveza y pudimos comentar lo que ellos querían, me lo propusieron, me dijeron qué es lo que querían hacer y cómo, me pareció que podía ser una buena idea, y de ahí que ahora esté entrenando.

P. Entonces, la idea de poner fin a tu etapa en el Betis sí que estaba decidida.

R. Sí, sí. Bueno, estaba decidida ya el año anterior. El año de antes no quería marcharme por el mal sabor de boca, porque fue el tema del Covid y se cortaron los entrenamientos, los partidos y las competiciones en el mes de marzo, y eso fue un palo duro. Sobre todo, me dio mucha pena por los jugadores, porque son jugadores jóvenes, que entrenan muchísimo, se sacrifican muchísimo. Son muchas horas de sacrificio y de esfuerzo, y lo que buscan, al final, es la recompensa de torneos, de campeonatos, de Campeonatos de España, de Andalucía. Y el hecho de que ellos no pudieran al final jugarlo, a mí me dio mucha pena. Obviamente hay más torneos, más partidos, hay muchas cosas, pero la verdad que la química, el grupo que teníamos, era muy buena. Y no pudimos hacerlo. Entonces, no quería irme con ese mal sabor de boca de Betis, de decir: oye, pues no he podido jugar el último año. No he podido competir. No he podido...no quería irme así.

P. Entraremos más adelante en hablar un poco concretamente de la situación del baloncesto cordobés. Pero así, a grandes rasgos, ¿cómo te has encontrado el contexto del nivel actual en Córdoba? En tu caso, además, cuya última etapa coincidió con el último intento de confeccionar un proyecto profesional en la categoría masculina.

R. Yo siempre digo que Córdoba, baloncestísticamente hablando, es como un dragón dormido. Es como el Smaug, de la película que vi el otro día, de El Hobbit. Yo creo que Córdoba tiene mucho potencial. Tiene muy buena materia prima, en cuanto a jugadores, entrenadores, y creo que tiene un tejido empresarial que sí que ha sufrido mucho en los últimos años, y sí es verdad que, al final, te das cuenta de que falta muy poco. Pero falta. Yo siempre veo el vaso medio lleno. Pienso que el paso que han dado Adeba y Maristas, de la fusión para crear un equipo que ahora está compitiendo en una liga profesional femenina. Para mí es admirable. Me parece, personalmente, muy valiente lo que hicieron Pilar, Carmen y Chany. Me pareció de quitarse el sombrero, y yo que, en Córdoba, a nivel más masculino, espero que más pronto que tarde, haya también esa puesta en común de valores, de cosas que nos pueden unir más que separar, y sobre todo, que Córdoba vuelva a tener un proyecto potente. Porque creo, de verdad, que materia prima hay. Pero sí es verdad que, al final, volvemos a las discusiones estas, un poquito existencialistas, de qué es antes, el huevo o la gallina.

Yo creo que en Córdoba hay un proyecto que para todos debe ser referente, que es el fútbol sala. Lo que ha hecho José Román, es de chapó. Él ha creado una estructura muy sólida, dando pequeños pasos, hasta crear un proyecto que ha enamorado a la ciudad, que ha enamorado a los sponsors, que ha enamorado a todo el mundo. Los ha enganchado. Vista Alegre está petado siempre, va a reventar. La gente se hace socio, va con la camiseta, va con la bufanda. Entonces, en Córdoba, baloncestísticamente hablando, tenemos ahí un referente del que tendríamos que aprender. Y tendríamos que aprender en el masculino, lo que ha hecho el femenino. Esas serían dos grandes lecciones que, después de tantos años y tantos proyectos: Cajasur, La Caja de Córdoba, Los Villares... Yo he visto ya tantos (risas), y he visto tantas cosas, que creo que podríamos intentar aprender de lo que hicieron bien mucha gente, que hicieron cosas muy buenas, y de los errores que cometieron, claro. Porque, sobre todo, de los errores es cuando más se aprende.

P. Volveremos ahí, pero vamos a hacer un repaso desde el principio, ¿cuándo llega el baloncesto a la vida de Rafa Gomáriz?

R. Llega de la forma más inverosímil posible. Yo estudié en el Colegio Salesianos, entonces, mi hermano jugaba a baloncesto, es mayor que yo, seis años. Entonces, pues nada, yo llegué a primero de EGB, con cinco añitos, allí, al Colegio Salesianos, y cuando los viernes por la tarde mi hermano se quedaba a entrenar, yo me iba al cineclub Don Bosco, a ver la película que nos pusieran. De Bruce Lee o del Oeste, o de cualquier historia, que nos parecía aquello fantástico y divino, y cuando salía, mi hermano estaba entrenando. Entonces me quedaba allí. Lo que hacía es como cualquier niño pequeño, coger los balones, salía corriendo, los otros iban detrás de mí, me metía en el vestuario, me ponía a jugar, etc. Luego ya, obviamente, en el colegio, al final, terminas jugando, porque era ya un colegio que respiraba deporte por todos lados. Fútbol sala, fútbol, baloncesto, balonmano, voleibol, atletismo. Hacíamos de todo, y bueno, yo creo que ahí, junto con Kiko Pastor y la figura de Alfonso Guerrero, El Gordo, que yo creo fue la clave para que yo me enganchara. Luego ya, el amor fue creciendo. Es como el primer amor, no sabes por qué lo quieres, pero lo quieres. A lo mejor no es muy lógico, o sí, pero lo quieres, y este me enamoró y ya me quedé completamente enamorado de él y hasta ahora.

P. Y la llama de entrenar, ¿cuándo surge?

R. Bueno, mira, surge de una manera muy inverosímil también. Jorge Lorenzo, El Machaca, era mi entrenador y era el coordinador de basket de Salesianos. Y estábamos viendo un partido de un equipo, entonces, yo hice un comentario jocoso, de los que ahora se me caería la cara de vergüenza de hacer, sobre un entrenador, y me dijo: eso no se debe decir, es que este hombre está trabajando y tal y cual. Y yo le dije: es que yo lo haría mejor. Dijo: ¿sí? Pues el lunes empiezas (risas). Y así empecé.

Y eso fue en el año 89-90, fue mi primera temporada, o sea que ya estamos hablando que es mi temporada 33 haciendo baloncesto. Y bueno, luego ya me vino una lesión de rodilla, porque yo jugaba. No lo hacía mal, pero físicamente no era un... ni por altura, ni por potencia, ni por muchas cosas. Yo era coherente y sabía que no jugaba bien. Empecé a entrenar, Kiko y Jorge apostaron muy fuerte por la camada de Rafa Sanz, Ángel Valentín, Jesús Calero, Fernando García Montero. Todos los entrenadores que luego surgimos y demás. José Luis Blanco, El Nono, Queque. Pues todos estos, nos cogió, nos acunó y nos invitó a seguir. Y ya fue definitivo. Ya fue cuando empecé a entrenar. Ya decidí, con la lesión de rodilla, que por aquel entonces la operación de rodilla no era sencilla. Yo me operé ya en su día, hará ya diez o doce años, pero, por aquellos entonces, yo tenía compañeros que se habían operado de rodilla, que te abrían la rodilla por completo, mi hermano fue uno de ellos, y bueno, cojos. Entonces, decidí dejarlo.

P. Comentas lo que fue Salesianos, que ahora mismo está desaparecido del mapa del baloncesto en Córdoba, pero que ha sido cuna de muchísimos jugadores, entrenadores, muchísimas personas del mundo del baloncesto. También Antonio Conde, por ejemplo.

R. Sí, o Jesús Lázaro.

P. Exacto, ha sido una cuna muy importante que ahora mismo está fuera del mapa, sobre todo para los más jóvenes.

R. Yo creo que hay dos personas a las que habría que darle todo ese mérito. Uno era don Francisco Marín, que era el director del colegio, y era una persona con una capacidad de aglutinar gente, de crear sinergias entre niños, padres, delegados, padres delegados. Tenía una capacidad tremenda, fantástica. Y luego yo creo que la figura de Kiko Pastor. Kiko era como nuestro segundo padre, era con el que nos reíamos, era el que nos castigaba, con el que nos tomábamos una cerveza de extranjis. Fue una persona que nos marcó a todos.

Y luego, baloncestísticamente hablando, teníamos a un tío que para nosotros fue un referente, que era Alfonso Guerrero. Yo creo que fue una de las personas más inteligentes que yo he conocido en mi vida, baloncestísticamente hablando. Entonces, todo eso hacía que, estábamos empezando, nuestro nivel de cometer errores era tremendo, pero íbamos todos los entrenadores juntos. Yo entrenaba al infantil, me iba a ver el júnior, o nos íbamos a ver a Vicente Sanz, el hermano de Rafa, jugando con los senior. Íbamos todos los entrenadores, todos. Íbamos allí y veíamos los partidos y luego nos quedábamos charlando. Si jugaba yo, pues se venían a verme a mí y me decían: oye, pues hemos hecho mal esto, esto, esto. No había vídeo, no había esa posibilidad que existe ahora de grabar cualquier entrenamiento. Entonces, claro, eso ayudaba mucho. Era un caldo de cultivo fantástico. Era maravilloso. Y los Salesianos, yo creo que, al final, te das cuenta que son las personas. No es la institución, porque tú dices: los Salesianos, bueno, no. Era Kiko Pastor, era don Francisco Marín, era don José Gallardo. Gente que, eran profesores, era gente fantástica, que se desvivía por los alumnos. El colegio estaba abierto y era tu casa. Ibas allí, jugabas, entrenabas, veías, y, yo creo que, cuando, sobre todo, Kiko y don Francisco Marín se quitaron del medio, eso ya no volverá.

Hemos visto ahí al padre Serafín, con lo que hizo en los Maristas. Ahora con la salida de Chany y demás, pues eso vuelve a tirar con fuerza, pero es una pena que los colegios, que fue la cuna de tanta gente buena haciendo baloncesto, el Colegio Virgen del Carmen con el padre Manosalvas, y eso desapareció. Y es una pena.

P. El primer gran reto en senior te llega en Peñarroya, y mejor estreno imposible, con ascenso a EBA en la temporada 2002-03.

R. Sí, bueno, había estado como ayudante de Antonio Bioque en el Cajasur de liga LEB, había estado como ayudante de Abilio Antolín en Primera Nacional, que era el equivalente a una EBA un poquito más alta. Era una liga EBA muy potente. Entonces, yo había estado mucho tiempo en senior, pero no como primer entrenador. Por supuesto sí en categorías inferiores, pero no como primero en senior. Y bueno, me acuerdo que Amado (Gallardo) se llegó a vernos un día, habló conmigo, me propuso la posibilidad de coger el equipo. Por ahí había pasado gente muy potente en los últimos años, como Eduardo Burgos, si no recuerdo mal, Abilio, gente con un caché impresionante y que le llegara a un chaval con veintipocos años esa posibilidad, a mí me llenó de orgullo, y el hecho fue que la temporada fue fantástica. Felipe García, Javi, Efren, Juan González, Alberto García Cuevas, Manolo Delgado, Pedro Benavides, era un grupo de gente fantástica. Y hubo una equipo maravilloso. Ahí, Rafa Funes. Todos conectamos con todos, hicimos piña y nos salió muy bien. Ganamos muchos partidos, al final conseguimos el ascenso, y bueno, yo creo que fue algo que no olvidaré en mi vida.

P. Y ya al curso siguiente te marchas a Montilla, que creo que supone un punto de inflexión muy importante para ti.

R. Para mí han sido los años que más he disfrutado del baloncesto. Montilla no era solo baloncesto, Montilla era una familia. Era gente fantástica, maravillosa, súper acogedora. Te hacían sentir bien, te reías, compartías con ellos los problemas. Había muchas situaciones malas también, pero había un nivel top en el sentido de que aquello era una familia. Teníamos muchos problemas, muchas discusiones, pero veías que la gente estaba peleando porque esto fuera bien. Ibas por la calle y la gente te animaba. A los jugadores que estaban allí, si iban a tomar un café, lo pagaba alguien. Era un rollo diferente. Yo creo que ese punto de camaradería y ese puntito también de saber hacer bien las cosas, porque había un grupo de gente que trabajaba muy bien. O sea, Agustín Polo, sobre todo, Pedro (Jiménez). Yo creo que ese trío que hicimos ahí trabajando, viendo jugadores, fichando, hablando con agentes. Donde no llegaban otros, llegaban ellos, y, por su habilidad, por ser serios, consiguieron traer jugadores que nadie pensaba que nosotros, en Montilla, podríamos tener.

Tuvimos también la suerte de que fue la época en que Toa Paterna era director de cantera del Unicaja, con lo cual también teníamos ahí un hilo directo muy bueno para jugadores como Rafa Huertas, Eloy Almazán, Francoise, Arturo Ramos, Germinal Cabrita. Jugadores que luego han jugado, bueno, incluso en ACB. Tener esa posibilidad, de tener esos jugadores, a coste que cualquier otro club no podía tener, fue una gestión fantástica de esta gente. Y luego, lo que había. Entonces, para mí fueron los mejores años, deportivamente hablando, pero no por el hecho de ganar o perder, sino por todo lo que rodeaba al club.

P. Yo recuerdo esos años como canterano del club y era una pasada ir cada fin de semana al pabellón.

R. Sí, sí.

P. Y mirándolo en perspectiva, lo que comentas, el nivel de los jugadores que tuviste fue tremendo. Rafa Huertas, Antonio Franco, Pampín, Juanma Martínez, Eloy Almazán.

R. Por eso, yo creo que ese trabajo que había detrás, sí que es verdad que la gente, entre comillas, no se tomaba muy en serio a Pedro o Agustín, porque eran tíos jóvenes y eran unos cachondos mentales y eran unos tíos simpatiquísimos. Y con ellos, de verdad, no había nunca penas, porque siempre había bueno rollo, y cuando tenías que hablar las cosas, ellos tenían un tacto especial para decirte las cosas que te tenían que decir y que nadie se sintiera herido.

Yo creo que, ahí había un trabajo sordo muy bueno de verdad. O sea, ahí había contactos que ahora mismo solo pueden tener unos cuantos privilegiados. Y luego, había un contacto también con agentes, que no era, por ejemplo, como otros clubes, que se ponen en mano de un agente y les monta el equipo. Si les va bien, bien, y si no pues te meten tres bacalás. Allí no. Estos se peleaban hasta la última peseta, se peleaban porque el tío viniera en pretemporada y no tres meses después y, al final, los jugadores querían ir a Montilla. La gente quería ir a Montilla. Entrenaban por la mañana, por la tarde, tenían el pabellón para ellos.

Claro, Unicaja llegaba y te decía: vale, yo te dejo a Rafa Huertas, vale, yo te lo dejo. Pero dime qué es lo que va a trabajar físicamente. Cuál es el trabajo que va a hacer fuera de pista. Qué tecnificación va a hacer. Pues mira, esto es lo que queremos que haga. Pues los objetivos que nosotros nos hemos marcado con Rafa, con tal y tal son este, este y este. Y los chavales lo hacían. De hecho, luego han estado donde han estado, entonces, la gente se fiaba de nosotros. Se fiaba porque el trabajo estaba ahí. Y la gente podía confiar, jugadores, agentes, clubes. Yo creo que esa fue nuestra gran virtud. Y luego teníamos al pueblo detrás. El pueblo estaba enamorado. Es lo que te he dicho antes de Córdoba. Cuando tú eres capaz de llegarle a la fibra sensible, el espectáculo es bueno, es tu club, es tu equipo, son tus chavales. Cuando tú tienes esa sensación, eres inmortal. Por eso te he dicho antes que perder ese partido (se refiere a la eliminatoria contra el Vic que menciona en el vídeo) a mí me supuso un shock. No por el hecho de perder, sino porque tenía la sensación de joder, he fallado a esta gente. Y eso me jodió, claro.

P. Yo recuerdo la eliminatoria con Peñas Huesca, que el pabellón estaba lleno desde una hora antes.

R. Sí, sí, sí. Y los días de antes la gente se venía al pabellón a animarnos. Y la peña El Papelillo se venía allí a animarnos en el entrenamiento, y antes. Aquello era una simbiosis perfecta.

P. Estoy recordando ahora una entrevista que le hice hace unos años a Pampín, para el club, y me decía, fíjate con los años que han pasado y que él solo estuvo una temporada, que sigue teniendo la sensación de que le debía un ascenso a Montilla.

R. Sí. Todos. Eso es una espinita que tenemos clavada. Y esa espinita, no sé, a mí me gustaría algún día devolverle la mitad de cariño que ellos me dieron a mí y, sobre todo, yo todavía me levanto con pesadillas de ese partido. Y he sido capaz, tres o cuatro años atrás, he sido capaz por primera vez de ponerme ese partido para verlo. Porque solo el hecho de pensarlo me creaba un desasosiego tremendo. No podía. Prefería hacer otra cosa.

P. Tras esas cuatro temporadas en Montilla, vuelves a la capital con el Ciudad de Córdoba.

R. Salsas Musa.

P. Otro paso adelante, entiendo. Montilla prácticamente había tocado su techo, en Córdoba, las posibilidades eran mucho más grandes.

R. Hombre, yo creo que, claro, fueron tres años consecutivos campeones (del grupo D de EBA en las campañas 2003-04, 2004-05 y 2005-06), tres fases de ascenso, el último año no fue ya tan bueno y sí que era verdad que veías que el techo de cristal estaba ahí. Y era un techo muy difícil de salvar. Porque, además, por mor de los cruces, siempre nos tocaba, daba igual que te quedaras campeón, que te quedaras tercero, al final te cruzabas con Cataluña, cuando Cataluña tiene el potencial que tiene. Y claro, había otra gente que se cruzaba, yo que sé, por no ofender a nadie, pero los gallegos, los vascos, y decías: hostia, tío, alguna vez nos tenía que tocar a nosotros. No tuvimos la suerte.

Entonces, bueno, lo de Córdoba se planteó también con una posibilidad, con un Salsas Musa que ahí estaban, sobre todo, gente que son mis amigos. Mis amigos personales. Estaba Martín, Leandro, estaba Alonso Guerrero, Manolo García. Había gente que éramos como una familia. Yo creo que tuvimos dos problemas. El más grave, que llegó la crisis de 2007 y Salsas Musa, en este caso Valdomero Moreno, ya sabemos todos cuál fue el impacto que tuvo la crisis en sus negocios, que fueron muy importantes, y obviamente el baloncesto era algo totalmente secundario. Tenía muchas familias, mucha gente detrás que sustentar, y el baloncesto, teníamos un sponsor muy potente, pero que tuvo la problemática que tuvo. Y luego, bueno, también es verdad que nosotros éramos gente muy inexperta, que no teníamos ese punto de...haciendo autocrítica. Primero, la liga, una LEB Bronce, una liga que se sacan de la noche a la mañana. Claro, nuestro planteamiento, viendo la capacidad económica que teníamos, pues vamos a coger de lo mejorcito de liga EBA. La idea eran dos americanos de LEB 2 que fuera consistentes, y con eso hacemos ahí un batido que creo que puede ser bueno. La idea, como todas las ideas, es buena (risas). Luego la realidad significaba que Brett Beeson, que había sido los últimos tres años máximo anotador de la LEB Oro, pues lo bajan ellos. De la LEB lo bajan ellos. Y lo fichan ellos. Equipos con una capacidad económica brutal. Casi todos tenían dos americanos, que si uno con pasaporte cotonou y el otro el pasaporte de tal. El pasaporte entonces lo daban con cuatro tapas de yogur, sabes. Entonces nos vimos en una liga muy muy fuerte.

P. A qué te refieres con que lo fichan ellos.

R. Al resto de clubes. Montan equipazos. Recuerdo Mérida, con una capacidad económica tremenda, y poniendo muchísimo dinero. Nos encontramos con una liga muy competitiva. Entonces, yo creo que hicimos una buena temporada, también es verdad que, al final, al estar Cajasur de por medio, con el proyecto de Andrés López, pues quieras o no quieras, todo lo importante se circunscribía entre lo que pasaba entre ellos y nosotros. Y yo creo que eso no ayudó ni a ellos ni a nosotros. Creo que podríamos haber hecho cosas mejores, con más tranquilidad, si no hubiéramos tenido esa presión y ese ambiente de tensión que había en cada entrevista, en cada partido, en cada opinión. No sé. Fue un momento, yo creo que incluso, si me apuras, de poco disfrutar de lo que teníamos.

P. Y solo un año después, se produce la unión de esos dos equipos y salís en Plata en la 2008-09.

R. Sí, pero claro, volvemos a lo mismo. Las dos empresas que sustentaban aquello eran Salsas Musa y Cajasur. Cajasur tiene un problema que lo absorbe la BBK, y Salsas Musa estaba en una situación financiera muy difícil. Entonces, sí que es verdad que, tanto Andrés López, Martín, como por aquel entonces las instituciones, y Rafa Rojano, que yo creo que fue una de las piezas fundamentales en ese proyecto, porque fue quien consiguió sentar, junto con las instituciones públicas, a los dos presidentes y pedir la unión, que yo creo que eso fue un momento crítico. Había una situación económica, Rafa ahí tuvo una visión muy acertada de lo que podía ser el futuro del baloncesto y, sobre todo, lo que se nos venía encima económicamente hablando, y se apostó porque hubiera una fusión. Ésta duró lo que duró, pero yo creo que fue muy buena mientras duró. Fue un gran acierto, e insisto, las dos personas que capitanearon aquello fueron Andrés López y Martín Torres, pero el gran valedor, sobre todo, fue Rafa Rojano.

P. Y para ti, a nivel personal, aquel fue tu mayor reto, además, por primera vez en Plata.

R. Sí, sí. Pero claro, volvíamos a lo mismo. Volvíamos de estar en Bronce a una categoría que se reestructuraba por completo. Y era otro año de experimentos. Y en esos experimentos cogimos jugadores como, por ejemplo, Jeff Mallory, que había tenido anteriormente Cajasur. Teníamos la base de Salsas Musa, más jugadores como Pepe Ferrer, Luis César Garrido.

P. ¿Juanma Martínez estuvo ese año?

R. Juanma estuvo el año del Salsas Musa. Sí, porque los bases, si no recuerdo mal, eran Pedro Calles y Luis César.

Yo creo que ahí hicimos una simbiosis muy buena. La química era buena. Sí que es verdad que, como tuvimos tantísimos problemas, había demasiados problemas entre bambalinas. No ibas a entrenar como yo voy ahora, que tienes una estabilidad, todo está bien. Pero no por lo que haces, sino que había una inestabilidad dentro del club, había una situación de crisis con problemas de gente que no pagaba o que teníamos atrasos. Había sponsors que prometían una cantidad y se caían. Eso te limitaba a la hora de fichar. Cuando tienes fichado a medio equipo, resulta que no te llega y ahora tienes que inventarte y a ver de dónde sacamos los jugadores. Fueron años demasiados convulsos, tío. Fueron dos años en los que el baloncesto era algo completamente secundario. Había tanto incendio que apagar, que cuando llegabas a la pista ya estabas cansado. El momento de las dos horas de entrenamiento era una liberación, y cuando salías, se volvían a desatar todos los fuegos del infierno. Porque, ya te digo, vivimos una crisis muy fuerte. Había jugadores que son padres de familia, tenían una situación económica que tienes que responder. Obviamente, tu llegas a unos compromisos y no se cumplen. Hubo muchos problemas y todo se reflejó luego en la pista.

P. Te voy a leer un extracto de una entrevista que te hicieron, en septiembre de 2008, en El Día de Córdoba, y que dijiste lo siguiente: “Sólo soy el entrenador del equipo, pero está claro que este no es un proyecto ni un año más en mi carrera. Es una responsabilidad y un orgullo estar al frente de este equipo, porque puede ser el último tren. Si no apoyamos y estamos todos juntos concienciados de que éste es un proyecto de todos, pueden pasar otra vez muchos años de travesía en el desierto para que vuelva a cuajar un germen así”. No te equivocaste.

R. Por desgracia no me equivoqué, porque ya me hubiera gustado a mí equivocarme. Pero mira, hay una cosa que los entrenadores, no sé si todos, pero la mayoría, lo que pedimos a nuestros jugadores es que pongan todo su talento. Que pongan, cada uno, su talento al servicio del equipo. Cuando tu consigues que todo el mundo ponga ese talento, y tú dices: bueno, el que juega 30 pone más talento que el que juega 10. Ya, ya. Pero sin esos 10 minutos, o esos 5 minutos de ese tío, el tío de 35 no puede jugar, porque no puede jugar 40. Porque va a descansar, porque va a bajar su rendimiento. Porque si ese tío no entrena bien durante la semana, en el partido, ese de 35 no va a estar bien. Entonces, tú tienes que conseguir que todo el mundo ponga su talento. Y su talento, muchas veces, puede ser meter puntos, defender al bueno, animar con la toalla. Tú le tienes que pedir esos a tus jugadores. Y eso, luego, no se extrapola en todo lo que es el ámbito social y demás.

Cuando tú ves, por ejemplo, un club como el de fútbol sala, y volvemos aquí porque yo creo que es un espejo de lo que pudo ser esto y no fue. Cuando ves que hay una persona que es un líder silencioso, el que más trabaja, pone su talento, escucha, a todo el mundo le tiene su sitio puesto. Todo el mundo sabe cuál es su trabajo. Confían en el entrenador. Cuando las cosas iban mal, lo renovó el año pasado. Cuando ya había gente diciendo que por qué no echan al entrenador. Lo renueva. Qué es lo que pasa, que al final, tú enganchas a la gente. Porque no es mi proyecto, es nuestro proyecto. Y cuando ese nuestro, la gente lo ve, la gente lo compra. Y va al pabellón. Y hay sponsors. Pero cuando es el mí y el yo, y el yo está muy encima del nosotros, pasa esto.

Sí que es verdad que las circunstancias, ya te digo, fueron imponderables. Pero ahí está la historia. Fue el último tren. Cuando cayó ese proyecto, se cayó en desgracia en Córdoba. Y luego es verdad que salieron más cosas, sí, pero no con la fuerza ni en la liga, ni donde se debería estar.

P. Cerramos esta etapa, pero tu futuro sí que seguiría vinculado a la categoría de Plata, y te marchas por primera vez fuera de la provincia, a Plasencia, donde estuviste dos temporadas completas y un poco en el arranque de la tercera, ¿qué valoración haces de esa etapa?

R. Para mí fue extraordinaria. Me fui a una tierra maravillosa como es Extremadura, Plasencia es una ciudad fantástica, con una gente que, personalmente, sigo teniendo muy buenos amigos. Abel, del Diario Extremadura, para mí es una de las personas que más quiero a nivel de que nos podemos llamar dos veces al año, siempre en Navidad, en momentos puntuales. Hace poco estuvimos hablando.

Venía de una situación muy dura, de estar en tu casa, de no hacerlo bien. Y aquello para mí fue fantástico, porque, sí que es verdad que ellos acababan de estar a un partido de ascender a ACB contra el Zaragoza de Pepe Ferrer dos años antes, y habían tenido entrenadores muy buenos. Entrenadores top, Dani García había estado el año anterior. De hecho, estuvieron luego en ACB y en LEB Oro muchos años. Y dijeron: qué hace aquí un chavalito de Córdoba, esto qué pasa. Somos Plasencia. Entonces, yo al principio me encontré ese reparo. ¿Y éste tío? Bueno, yo creo que fue un trabajo fantástico de mi agente que es una persona maravillosa (risas), y en la primera entrevista que me hizo Abel, empezó a hacer preguntas y digo: yo sé que tu respeto no lo tengo, voy a intentar ganármelo en la pista, entrenando y ganando partidos para Plasencia. Como todo lo que diga sé que no va a llegar porque estás acostumbrado a otros cracks, y yo no lo soy. Y ese año hicimos un año maravilloso. Jugamos play off de ascenso, cuando el objetivo que me dijeron era no descender. Con una situación económicamente igual. Le habían dejado una púa tremenda con un sponsor que habían fichado para yo no sé cuántos años y a razón de no sé cuántos miles de euros, y no había pagado. Tenían una deuda galopante y decidieron darle la oportunidad a un tío y a ver qué pasa. Bueno, joder, play off de ascenso dos años consecutivos.

P. Y ganasteis dos Copas Extremadura ante el Cáceres de LEB Oro.

R. Y una de ellas en su casa. La primera fue en Villanueva de la Serena, inaugurando el pabellón de Calderón y fue allí, y ganamos de sorpresa. Y al año siguiente, los de Cáceres ya dijeron que se jugaba en su casa porque no querían experimentos, y les ganamos también. Aquello fue un punto de inflexión, porque un Plasencia-Cáceres es como un Betis-Sevilla. Haciendo un símil. Yo me acuerdo que yo vivía en el centro de la ciudad y el pabellón estaba a las afueras, y era una caminata de unos 25 minutos o media hora. Y muchas veces, como estabas solo y tenías mucho tiempo, te liberaba el hecho de irte andando, escuchando música, pensar. Recuerdo que el pabellón estaba en una cuesta grande, y sale un hombre de una tienda y me dice: niño, ven. Tío enhorabuena, fantástico, me habéis hecho disfrutar, no me lo he pasado mejor en mi vida. Porque claro, fue allí a ver el partido. Toma. Y me regala diez kilos de naranjas. Yo iba andando (risas). Cuando llegué al pabellón por poco me da un infarto (risas).

Volvemos a lo mismo. Era una sensación muy parecida a Montilla. Era el equipo de tu ciudad, era tu equipo. No era el equipo del presidente, ni del entrenador. Era un pueblo entero y era su equipo, e iban a darlo todo. Yo me acuerdo, cuando perdimos el partido con Navarra, que luego ellos subieron a LEB Oro, nos abrazamos todos llorando. Los jugadores, la afición, el presidente. Todos allí llorando, y yo diciendo: pero, ¿cómo se ha podido acabar esto? ¿Cómo hemos perdido? Y habíamos conseguido meternos en play off, que nadie daba un duro por nosotros. Al final, te das cuenta que, si uno da lo mejor que tiene y cuando realmente te sientes parte de algo, y aquello fue maravilloso.

P. Has dicho que tu agente tuvo buen ojo, se demuestra también que tú lo tenías para reclutar. Hay que recordar que tu segundo entonces fue Pedro Calles, que vivía su primera experiencia prácticamente como técnico, y que ahora mismo está en Eurocup y es un referente de la Bundesliga.

R. Ahora yo creo que, si hay otro referente en Córdoba, y que es montillano, es Manuel Jiménez Júnior, que lleva siete años consecutivos en LEB Plata, si no recuerdo mal. Y antes había estado en Córdoba y demás. El mérito no es mío, es de ellos. Yo les pude enseñar o pudieron aprender lo que quisieron. También yo lo aprendí de otra gente. Creo que lo mínimo, ahora que he tenido gente joven en Betis, ahora que tengo a Javi Millán, a José Santaella, yo creo que, al final, yo intento siempre devolverles lo que gente buena como Alfonso Guerrero, como Jorge Lorenzo, Abilio, como toda esa gente que se ponía a tu lado y te ayudaba. Lo mínimo es devolver ese cariño y, por lo menos, transmitir ese cariño y ese amor por el baloncesto. Y si ellos han hecho esa carrera es por méritos propios, no por mí.

P. Y de ahí, de regreso a Córdoba para tomar riendas del Bball, que puede parecer un paso atrás, pues arrancaba en Primera Nacional. Un poco volver a empezar, aunque con buenos mimbres. Jesús Lázaro en la dirección deportiva, Júnior como ayudante. Pintaba bien.

R. Bueno, muchas veces, yo creo que uno de los grandes problemas que teníamos es el profesionalismo. Creo que es una palabra tabú, y sí que es verdad que los recursos económicos, después de lo que había pasado, de la crisis, el tejido empresarial en Córdoba había sufrido mucho. Había pasado lo de Cajasur, que era el gran sostén del deporte cordobés. Había empresas de oro que habían sufrido, lo de Prasa, y muchas otras. Es que eso desapareció. Fue un antes y un después. Por ejemplo, nosotros, en Montilla, desapareció Temaser. Hubo mucha gente que cayó de una manera estrepitosa. Entonces, joder, era duro. Pero creo que, para hacer un proyecto como el que había, había muy buenas ideas, muy buena materia prima, pero las ideas todas son buenas, pero hay que ejecutarlas. Y para eso necesitas gente que trabaje y que piense en eso 24 horas al día. Si no lo haces, no lo tienes. Y si no lo tienes, no lo consigues. Yo creo que ese es el gran resumen de Bball. Fue un proyecto fantástico, con muy buenas ideas, pero que no tenía una base sólida para sustentarlas.

P. ¿Pecó de falta de trabajo?

R. A ver, en las empresas. Hay dos órganos, un órgano que decide y que piensa sobre lo que otros tienen que ejecutar. Entonces, puede que las ideas sean fantásticas, pero eso necesita trabajo. Las ideas son buenas, pero claro, como decía un profesor mío. Los números son planos, pero las ideas son profundas. Al final, claro, aquí trajimos a Luka Doncic, trajimos partidos ACB, trajimos al Madrid, al Barça, al Partizan de Belgrado contra el Gran Canaria con Tavares. Gente muy buena. Tío, Stefan Peno. Hemos traído gente realmente buena. El problema es que trabajaban tres, pero no porque no quisieran. Es que, claro, hay una frase muy buena que aprendí el año pasado y dice: el compromiso aparece cuando desaparece la diversión. Entonces, cuando la gente deja de divertirse, cuando deja de echarse la foto en el pabellón, cuando las luces se apagan, hay otra gente que está recogiendo y haciendo otras cosas. Esa gente. Es lo que hemos dicho antes. El de los 35 minutos es importante, pero sin tus 5, mi equipo no gana.

P. Se cierra esta etapa también, con el club prácticamente desapareciendo. Luego estuviste también como director deportivo, con Júnior como entrenador.

R. Y con Rafa Sanz.

P. Eso es. Y bueno, te sale la oportunidad de irte a la cantera del Betis. Imagino que con cambio de chip. Después de muchos años vinculado a proyectos senior, ahora te tocaba la formación.

R. Cuando yo salgo de Plasencia, tengo varias posibilidades. Irme a Estados Unidos, irme a Inglaterra, otra irme a otro equipo de LEB Plata, pero yo quería estar con la familia. Y otra que me sale es irme a Sevilla, a la cantera de Sevilla. Me hacen una oferta, pero mi amigo Jesús Lázaro, que voy a dejar de ser amigo, ponlo ahí (risas), fue el que me convence para que me quede. Entonces, la posibilidad de trabajar en la cantera de Betis, por aquel entonces era Cajasol, ya se me plantea. Y era una cosa que había tenido ahí.

Cuando sale la nueva directiva, la directiva esta del americano con todo el grupito de amiguetes que trajeron, sale la posibilidad de que Juanma Pino se haga con las riendas de la cantera de Betis. Juanma es uno de mis mejores amigos, de las personas con las que más relación tengo a nivel personal en el mundo del baloncesto. Había tres buenos amigos en el mundo del baloncesto fuera de Córdoba, uno de ellos murió, que era Toa, otro Manolo Trujillo, que es entrenador de Unicaja, y Juanma. Él me plantea que tiene un júnior que está muy bien, que tiene una competición como es la Euroliga, que necesita alguien que sea experto. Y yo llevaba tiempo sin entrenar. De hecho, cuando me lo planteó yo le dije que no. Total, que un día se planta aquí y vamos a echar una cerveza y se vino a comer. Y me lo planteó ya en serio: quiero que seas tú. Y yo: bueno, perfecto. ¿Qué es lo que quieres? Lo que pedían de mí eran dos cosas: una, por supuesto, que el equipo júnior lo hiciera bien. Teníamos jugadores como Andrzej Pluta, Tomas Balciunas, que había sido MVP de la Minicopa. Jugadores en el cadete que jugaban con nosotros que eran impresionantes. Stefan Vlahovic.

Entonces, teníamos jugadores muy buenos y queríamos sacar a esos jugadores que era el objetivo número uno. Pero luego, también, otros entrenadores jóvenes, querían ver cómo se entrena profesionalmente. Entonces mi trabajo también era ponerme entrenadores jóvenes para que fueran formándose y fueran viendo cómo se preparan partidos, cómo se hace scouting, cómo se hace un análisis de un jugador, desarrollar los objetivos que nos marcamos. E hicimos un trabajo que ahí está. Después de cinco años de no clasificarse absolutamente para nada, de tener una situación muy difícil, creo que vuelve a ser top 5 de las mejores canteras de España. Entonces, haber puesto ese granito de arena, creo que está guay.

P. Y ese primer año es duro, imagino, porque se produce el descenso del primer equipo. Supongo que más importancia si cabe al trabajo con el júnior.

R. Claro, había bajado a LEB. El júnior estaba en EBA. Y bueno, a Curro Segura lo fichan, entra Juanma Rodríguez, dos grandes amigos. Dos personas con las que tengo una relación muy buena, y tuvimos que trabajar muy cercano porque había muchos jugadores que, por mor de las necesidades y del recorte económico, tenían que estar allí. Entonces la simbiosis ahí tuvo que ser total. Tuvimos mucho trabajo.

P. Llegando ya al final, vamos a hablar un poco de la situación aquí en Córdoba. Tus dos etapas en la ciudad coinciden con dos proyectos muy ilusionantes que acaban diluyéndose en lo económico principalmente. No sé si aún tienes esperanza de que eso cambie y deje de ser poco más que un hobby entrenar aquí, puro romanticismo.

R. Yo estoy convencido de que lo va a haber. Llámame loco, llámame tal. Ojalá dentro de diez años me vuelvas a hacer una entrevista aquí y me digas: oye, te saco esto que tú dijiste. Yo estoy convencido de que sí. Creo que la gente que hay ahora, para mi gusto, reúnen dos virtudes. Una, que están muy preparados, muy formados, no hablo a nivel de baloncesto, sino a nivel empresarial. Hay gente que está haciendo las cosas muy bien, y la gran virtud que le veo es que no hay egos. Cuando el yo no aparece tanto, eso suele funcionar. Yo creo que pueden ser dos condicionantes que hagan que, al final, esto pueda ir bien. Hay mimbres. Yo, por donde estoy, por lo que veo día a día, soy optimista. Creo que, realmente, no se si a corto, a medio o a largo plazo, pero hay gente muy buena. Hay gente trabajando muy bien. Y yo creo que, cuando hay ese puntito, volvemos a lo que hemos dicho en los ejemplos anteriores, de Montilla, de Plasencia. Cuando hay esa química, ahí se está amasando algo, ahí hay una masa madre que la puedes ver, no huele muy bien, es fea, al tacto tal, pero como la hagamos bien, la dejemos reposar, pongas buenos ingredientes. El pan puede salir fantástico. Yo soy optimista. Te vuelvo a repetir, no me gusta hablar de lo que puedo ser y no fue. No me gusta hablar de lo malo, sino de lo bueno. Y hay gente buena y preparada.

P. Al final, ya hemos hablado del Milar Córdoba, se ha creado un referente. Yo creo que hace falta eso, un club referente hacia el que todos miren, que se dejen un poco los Reinos de Taifas de otros años. Es lo que pasa en Málaga o Sevilla, que es verdad que esos son proyectos estratosféricos, o mismamente en Granada.

R. Totalmente, estoy de acuerdo contigo 100%. Además, estamos condenados a entendernos. Y creo que en el baloncesto en Córdoba hay muy buena gente. Gente muy buena. Están preparados, saben de basket y no son egoístas. Son los tres condicionantes más importantes. La sensación que tengo, mi hijo juega en Ciudad de Córdoba, mi hija en Cordobasket, yo entreno en UCB.

P. Tienes muchos puntos de vista (risas).

R. Y creo que hay gente muy válida. Si la gente quiere. Cuando estás hablando con tus jugadores, Rafa no puedo. Si tu cabeza quiere, tus piernas pueden. Yo creo que es lo que nos falta. Si queremos, lo podemos conseguir. Porque, de verdad, yo he estado fuera mucho tiempo y he visto otras ciudades. Córdoba es muy potente, nosotros nos infravaloramos. Pero cuando hablas con gente de fuera, y hablas de Córdoba, baloncestísticamente hablando, la gente se cuadra. La gente respeta mucho lo que hay aquí. Tenemos que ser capaces, ojalá más pronto que tarde, que esa predisposición de todo el mundo, de poner su talento al servicio de algo que nos supere a todos, yo creo que llegará. 

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