Luna Miguel: “Nos intentan empoderar dentro de la mierda”

Luna Miguel | MADERO CUBERO

“Imagíname: no puedo existir si no me imaginas”, escribía Nabokov fantaseando un mito en las páginas de Lolita (1955), una de las novelas más importantes del siglo XX y el molde a partir del cual se ha construido un perverso imaginario colectivo, que dice más de nosotros de lo que estamos dispuestos a admitir. Detrás de aquellas páginas había un escritor confiado en el poder de la lectura, pero que tuvo que explicar en varias ocasiones que el libro que le hizo famoso era, ni más ni menos, la historia de un abuso infantil confesada por un criminal.

Stanley Kubrick, otra mente perversa de genialidad indudable -acaso el mayor genio del séptimo arte del siglo XX-, convirtió sin embargo aquella novela en otra cosa aún más terrible. Y del diálogo entre cine y literatura surgió un arquetipo, la Lolita, cuya propia definición, de la que se habla en esta entrevista, conviene revisar para no seguir perpetuando un cliché ridículo, al tiempo que trasnochado.

De esto se ha encargado precisamente la escritora, poeta y periodista Luna Miguel (Alcalá de Henares, 1990), que acaba de publicar El funeral de Lolita (Lumen), su primera novela, una obra prosaica que parece una continuación lógica a sus poemarios y ensayos anteriores. La autora presentó la novela la semana pasada en Córdoba y sacó un rato para charlar sobre mitos y realidades del feminismo de este tiempo, sobre autores a los que conviene leer prevenido y sobre miedos y traumas que nos afectan a todos y sobre los que conviene pararse a analizar sin caer en el derrotismo y el reparto de culpabilidades.

En una comida que dio para revisar muchos mitos, Luna Miguel empieza por hablar de sí misma cuando habla de su libro. ¿Cuándo pasa una joven promesa de la poesía española a ser una realidad? Seguramente, en el momento en que ella misma lo imagina.

PREGUNTA. Me ha llamado mucho la atención al buscar la definición de Lolita, porque se la define como mujer adolescente, atractiva y seductora. No sé si eso concuerda con la Lolita de tu libro.

RESPUESTA. A ver, realmente ella es una adolescente que intenta seducir a una persona sin que sepa realmente todo lo que significa la seducción. En ese caso sí. El problema es todo lo que eso conlleva también. Que una chica joven sea seductora no quiere decir que sea la puerta para poder aprovecharse de ella. Ése es el problema que conlleva la definición. Sobre todo si tenemos en cuenta que la primera Lolita no es una mujer adolescente y seductora, sino una niña de doce años. Es curioso que exista esa definición cuando creo que tiene muchos más matices esa palabra.

P. Me llama la atención que la primera versión de Nabokov difiere mucho de la versión de Kubrick. Bajo mi punto de vista, la novela va sobre un abuso sexual, y la de película le da la vuelta a ese argumento y, al menos tal y como yo lo veo, trata de cómo una adolescente seduce a un señor mayor.

R. Sí, sí, totalmente. Además, estos días debatiendo sobre el libro y sobre Nabokov con otras personas, creo que algo que se queda fuera de las versiones cinematográficas es la fuerza de la primera persona con la que está narrada el libro. Tú con la primera persona de Humbert Humbert directamente ya puedes dudar o dejarte llevar por ese hombre. Es que el libro es una confesión y además lo pone. Y es un hombre que confiesa no solo haberse acostado con una niña, sino haberla raptado y haber, no matado a su madre, pero casi.

Él se casa con la madre de Lolita para estar más cerca de ella. Es una cosa súper perversa. Él es el que seduce además a esa madre. Si hablamos de seductores perversos, el que más seduce en el libro es él. A la madre, para poder luego quitársela de en medio, y a la que maltrata también psicológicamente y la enfrenta con su hija y la fuerza a que se peleen. Y además, se pone celoso con cualquier cosa que la niña pueda hacer.

"Para tener una fantasía sexual, antes también tienes que conocer qué conlleva esta fantasía"

P. El personaje de James Mason en la primera película no parece este seductor. De hecho  en algunos momentos de la película resulta hasta patético.

R. No, todo esto queda fuera de contexto en las versiones cinematográficas y no se aprecia apenas. Son cosas que solo adivinas si has leído el libro. Y sabemos que la gente ve más cine que lee libros. Y la Lolita se ha visto más desde el cine que desde los libros. Con todo lo que eso ha llevado. Ahí está la moda. La moda Lolita es vestirse como una niña cuando eres una mujer adulta, como si eso sirviera para atraer más a los hombres. En la pornografía, si pones Lolita te aparece un montón de porno.

P. Se ha convertido una fantasía sexual.

R. Y también al revés. Pero siempre con esta cosa del juego... Para tener una fantasía sexual, antes también tienes que conocer qué conlleva esta fantasía. Es decir, tienes que saber lo que significa. Y el problema es que muchas veces no sabemos lo que significa. Y por eso creo que Helena, la protagonista del El funeral de Lolita, no siente miedo al enamorarse de su profesor, sino que siente miedo cuando descubre todo lo que significa ser una Lolita.

P. Para desarrollar este personaje ¿has acudido a algunas lolitas?

R. Sí. Bueno, me encanta hablar de Lolita en general. Siempre estoy dispuesta a dar mi opinión al respecto, como si le importara a alguien.

P. A mí me ocurre también en general.

R. Es uno de los temas que más me apasiona y escribí una serie de artículos al respecto. Más sobre las nínfulas antes de Lolita. Porque hay muchos más ejemplos. De hecho hay un libro anterior que se llama Lolita, de un autor alemán que es como súper gótico. Va sobre un alemán que viaja aquí al sur y hay una niña gitana que se llama Lolita y él se obsesiona con ella. Y al final del cuento ella le entrega un clavel blanco que tiene un poco de sangre y que es como la interpretación de que ha perdido la virginidad. Se supone que Nabokov leyó ese cuento y de ahí recuperó el nombre. En general hay mucha literatura de nínfulas y mucha literatura post Nabokov. Así que después de escribir estos artículos me empezó a escribir gente. Y muchos me escribieron, muchas mujeres aunque también un chico, para contarme sus propias historias. Que a veces eran historias sobre todo con profesores de instituto, de universidad más bien... o de un chico que se enamora de un amigo de su padre y al final ahí hay algo. Es que es algo absolutamente común y normal, pero en algunas de estas historias se veía que el abuso era total y donde el peso de la palabra Lolita caía sobre las cabezas de esas personas.

"Toda realidad esconde alguna mentira"

P. Kubrick en la película sorteó la censura con unas fórmulas muy sugerentes aunque poéticas. Con el tiempo eso se superó y ya se ha ido a la pomada. Por ejemplo, estoy viendo El cuento de la criada y en la serie se muestran relaciones con menores de manera directa, sin necesidad de fundido a negro ni insinuaciones. Este tipo de enfoque directo, que ha generado un debate en los últimos tiempos, ¿cómo afecta a la noción del abuso?

R. Supongo que durante mucho tiempo hemos tendido a normalizar que eso ocurra e incluso al dotar de belleza en algunos casos. Pero una vez más, lo que no hay que olvidar de la Lolita de Nabokov es que todo el rato estamos viendo la confesión de él, y estamos viendo todo el rato su realidad, con sus mentiras. Porque toda realidad esconde alguna mentira, alguna interpretación de quien te la está contando. Además, una de las cosas más grandes de Nabokov es que consigue engañarte como lector. Tú consigues fiarte de Humbert Humbert. Hay muchas cosas que nos tendremos que replantear, no para censurar ni mucho menos, del arte del pasado, sino para no repetirlas. Son cosas que tenemos que ver para no repetir. A mí no me interesa censurar un cuadro de Egon Schiele para nada, lo que hay es que ampliar las miradas, el arte y la forma de representar a las mujeres.

P. Tanto estas distopías, como puede ser El cuento de la criada, como Lolita, hablan de la dominación masculina en esencia. Pero también del descubrimiento, por parte de la mujer, de la sexualidad como arma. Sin embargo, esto en la sociedad parece que no se interpreta como algo natural. ¿Qué había en la Lolita de Nabokov de feminista?

R. Yo creo que es importante leerla ahora con ojos... A ver, quedan muchas cosas por hacer y creo que la manera de mirar Lolita ahora es mirarla más allá de la relación sexual entre ellos. Y eso va a ayudar a no romantizar a ese personaje ni a pensar que ése es el modelo de ser mujer, de ser joven y seductora, y que ése es el modelo de ser hombre y seductor.

"Hay muchas cosas que nos tendremos que replantear, no para censurar ni mucho menos, del arte del pasado"

P. En ambos casos, tanto en La criada como Lolita, además, en el uso de la sexualidad que hacen las protagonistas se trata de una cuestión de supervivencia.

R. Sí. Lolita está viendo que es un tío que va a por todas y puede que llegue a pensar que puede convertirse en una mujer. ¿Y qué manera hay de convertirse en una mujer? Pues que te follen. Pasas de ser niña a ser mujer cuando ya te miran o te tocan como una mujer. A lo mejor ella llega a pensar, no sé, me lo planteo, que haciendo eso sería más libre. Pero hay una escena en la que ella se da cuenta de que eso no le ha traído la libertad, de que él sigue sin mirarla como una mujer. O sea, él no piensa que ella sea una mujer, él piensa que es su juguete. Y para nada la hecho más libre tener sexo tan joven. Al contrario, está mucho más encerrada. Probablemente, ella tenía esta pulsión de crecer, pero la mirada paternalista de él sigue estando ahí, al igual que la mirada juiciosa de todos los demás.

P. Esa mirada juiciosa es la mirada de toda la sociedad. Casi un siglo después, ese uso de la sexualidad como herramienta sigue estando mal visto, tanto por parte de hombres como por parte de mujeres.

R. Sí. Todo lo que tenga que ver con el sexo es complejo, y especialmente cuando no tiene que ver con el sexo heterosexual arquetípico. Antes mencionabas El cuento de la criada. A mí me parece brillante porque habla de una sociedad que normaliza la violación hasta el extremo. Es decir, para que haya vida, tiene que haber violaciones. Es decir: hay que controlar todo lo que tenga que ver con el cuerpo de la mujer. Sin ni siquiera estudiarlo ni cuidarlo. Es totalmente convertir a una persona en un recipiente o un instrumento y nada más. Son dos novelas que, miradas ahora, pueden darnos muchas claves sobre cuántas cosas como sociedad no deberíamos hacer o repetir.

P. Uno de los temas que tenemos que abordar es la sexualidad. Tú no te has cortado a la hora de hacerlo desde todas las vertientes.

R. Sí. No sé por qué. Es algo que me interesa.

P. Y porque es más natural de lo que lo hacemos.

R. Exactamente. Y también porque yo creía que había muy poco escrito, pero cada vez, conforme voy investigando y avanzando, te das cuenta de que hay mucho. Y ya no es solo la sexualidad, sino que es el cuerpo en sí. Ahora estamos hablando mucho del aborto espontáneo gracias a que Paula Bonet ha publicado un libro que trata este tema. Pero cuando a mí eso me pasó, que fue hace tres años y pico, cuando yo perdí el que iba a ser mi futuro hijo, me encontré con que en la literatura no había nada. Y pensé: ¿por qué no hay nada? Y me puse a buscar en Google o en librerías y parece que no hay nada. Pero luego te pones a leer a Anne Sexton, o a Sylvia Plath o a Blanca Varela, y de repente ves que en sus libros hay poemas sobre esto que te ha pasado a ti.

Y te preguntas: ¿por qué nunca nadie ha contado que este libro trata este tema? Y te vas a la contraportada y pone “una poesía femenina e intimista”. Es como que todos esos temas que le preocupan a la humanidad entera, porque un hijo lo pierdo yo pero lo pierde también mi pareja aunque no ha estado en su cuerpo, están a veces silenciados por el eslogan de la literatura femenina. No son temas femeninos, es la vida o la muerte, es nacer o no nacer. Es un tema importante y que da para reflexionar mucho, que es visceral, y que tiene el velo de que es literatura intimista de señoras.

"Pasas de ser niña a ser mujer cuando ya te miran o te tocan como una mujer"

P. A veces da la impresión de que es más un problema de publicistas. De editoriales que han visto un chollo y quieren encajonar la literatura femenina para venderla con el Venca.

R. Exacto. Hemos desestimado tanto lo que hacía o decía una mujer que incluso ahora estamos redescubriendo todos estos temas. Ahora se está publicando la literatura de Elena Garro, que antes de Gabriel García Márquez ya hacía realismo mágico. Ahora estamos leyendo a Marvel Moreno, que es una escritora colombiana brutal. Ahora estamos viendo El cuento de la criada, y gracias a la serie hemos recuperado un libro que se publicó hace muchos años. Creo que es muy necesario porque además nos ayuda a ver la cara B de una sociedad y de una historia que no conocíamos. O sea, pensar que estamos ahora descubriendo lo que escribía la mitad del mundo hace años. Nos queda mucho trabajo por hacer. Y me da mucha rabia cuando alguien dice “qué pereza”, porque yo como lectora quiero descubrir cosas nuevas todo el rato. Y esto es nuevo. Leer a todas estas personas, o releer con otra mirada a clásicos es fascinante para alguien que siente inquietud por el arte o por la literatura.

P. Yo soy solo un poco mayor que tú, pero me fascina cómo las generaciones más jóvenes me están obligando a releer lo que yo leía con otros ojos. Pienso ahora en Henry Miller, que en mi juventud era una lectura súper iniciática, y que ahora la he releído de otra manera. Eso me fascina, en parte, porque a mí me gusta releer y acercarme desde un prisma contemporáneo a los libros que han marcado mi vida.

R. Sí. Totalmente. Por ejemplo, hace no mucho, buscando vídeos de Bukowski, que lo llevo tatuado, que es la persona y el autor que me hizo enamorarme de la literatura, veo el vídeo en el que le pega la mujer...

P. Ese vídeo es tremendo. A mí también me ocurrió eso.

R. Claro, me quedé en plan: ¿qué hago ahora con esto? Porque por un lado piensas: es otra época. Bueno, antes no lo sabía, y ahora lo sé. Y lo mismo con Neruda. Neruda era un violador. Él lo reconoce en su libro de memorias, Confieso que he vivido. En Chile, de hecho, tienen la broma de Confieso que he violado. Y Neruda es Neruda. Hice un artículo hablando con distintos escritores chilenos y hay quien dice que lo que cuenta no es una violación, y quien dice que no importa y que no hay que hablar de ello. Y luego hay otra gente, de hecho algunos ultra fans de Neruda y que han trabajado para su institución, y que defendían que había que saberlo. La cosa es saberlo. Lo que no se puede hacer es ocultarlo. Es una persona que ha cambiado la literatura sudamericana, pero saber quién era no nos puede hacer daño. Si sabes cuáles son los errores de tus héroes, no es para que dejen de ser tus héroes, sino para que no lo repitas. Para que no haya que leer la biografía de un autor de hoy en la que cuente como violaba impunemente a las personas. Eso es lo que hay que evitar.

P. En este ámbito, quizá una de las personas que mejor ejemplifica esto, y que también enlaza justamente con Lolita, sea Roman Polanski. Su caso es muy paradigmático. ¿Cómo hay que posicionarse ante el arte de las personas a las que detestamos?

R. Sí. Yo respeto a la gente. Respeto a quien no quiere seguir viendo películas de Woody Allen, igual que respeto al que quiere seguir viéndolas. Y creo que es necesario saber diferenciar entre el arte y la persona, pero sabiendo que el arte es la persona y que la persona es el arte. Cuando Amazon decide no publicar este año la siguiente película de Woody Allen, suena duro, pero es el mercado. Si hay parte de su audiencia que no quiere ver su cine porque no confía en él, me parece legítimo totalmente. Y no es censura. No se le está prohibiendo, sino que se está diciendo “no quiero seguir viéndote”. Yo creo que es necesario que contemos las historias de los monstruos. Para eso existen los protagonistas y los antagonistas. Y en la vida hay monstruos y hay héroes. Pero la historia del monstruo hay que saberla para reconocerlos en la vida real.

"Todo lo que tenga que ver con el sexo es complejo"

P. Es curioso que al final sea el mercado o la economía el único baremo que marca si se van a ver o no las próximas películas de Woody Allen. Da igual la inocencia o la culpabilidad. Al final, el juez último es el mercado. Esconde una tristeza, aunque es preferible a la censura.

R. Sí, totalmente. Pero esto no es culpa del feminismo, esto es culpa del capitalismo.

P. Sí, pero es curioso porque feminismo y capitalismo a veces se posicionan de manera antagónica. ¿Son opuestos?

R. Creo que hay un peligro grande cuando ves a empresas que quieren fagocitar un poco el mensaje feminista. No sé si son opuestos porque como vivimos en un mundo capitalista, no sé qué puede ser opuesto al capitalismo dentro del capitalismo. Eso es directamente una contradicción. Van por la misma calle caminando. Pero, retomando el ejemplo de El cuento de la criada, ahí está el personaje de Tía Lidia que es una mujer que intenta empoderar a las criadas dentro de la mierda. Y yo creo que eso es lo que está pasando ahora, que muchas veces en la tele nos intentan empoderar dentro de la mierda.

El otro día vi a Maluma dando un discurso tipo “Me encantan las mujeres, viva la mujer”. Y con eso ya te crees feminista. Ser feminista no es eso. Ser feminista es tomar acciones reales. Acabar con la violencia de género, ayudar a las mujeres más pobres a que encuentren trabajo... Hay muchísimas más cosas en una sociedad en la que es muy fácil decir “soy feminista” pero muy difícil serlo. No sé si me explico. A mí me ha costado muchos años llegar a esta reflexión. Es decir, ¿qué puedo hacer yo de manera real o tangible? Escribir, mi línea editorial de Playground que es muy clara y muy básica. Todo esto se va haciendo poco a poco.

P. Ahora que mencionas este tema, me gustaría conocer tu opinión sobre el enfoque informativo que se le da a la violencia machista. Justo ahora está La Marea buscando financiación para un especial sobre este tema. ¿Cómo hay que tratar según tú en los medios las violencias machistas?

R. Fíjate, nunca había pensado en esto hasta que estuve en un congreso de periodismo al que nos invitó Intermon Oxfam. Allí había mujeres y hombres, periodistas todos, que trataban temas de feminismo. De todos los medios. Yo fui con Antonio (su pareja, editor jefe de Playground), y fue curioso porque en nuestra mesa estábamos hablando sobre cómo hablar de mujeres asesinadas, y en la de al lado, que era donde estaba él, estaban hablando de números y de cómo hacer dinero en internet, y con Facebook, y los algoritmos. Un poco lo que hablábamos antes del capitalismo y el feminismo. Era delirante. En esas jornadas justo conocí a Magda Bandera, de La Marea, y ella, con gente como Luciana Peker, una periodista argentina que me flipa, y otra colombiana, estuvieron hablando de consejos para seguir y cosas en las que no debíamos caer. Y una de las cosas más fundamentales que aprendí de esos días es que son personas, no son números. Siempre hablamos de la víctima número tal del año, como si fuéramos a romper un récord. Es terrorífico que tratemos la violencia machista como números.

Hay un trabajo brutal que ha estado haciendo Noemí López Trujillo en El Español y que consistía en contar las vidas de esas personas. Y que curioso que la echaran a ella de las primeras. Me pareció tremendo porque los periodistas que han seguido la estela que ella abrió han hecho cosas terribles sobre la víctima de La Manada. Cosas que son precisamente lo que no hay que hacer: dudar de una víctima. Dudar e insultar a esa persona. El año pasado se cumplieron 20 años del asesinato de Ana Orantes, y ella hizo un reportaje precioso. Contó su vida, una historia de pelos de punta. Súper emocionante. Y nosotros en Playground hicimos una especie de antología de poesía sobre violencia de género, porque vimos que no existía ninguna de este tipo en España. No había nada.

"Es muy fácil decir ‘soy feminista’ pero muy difícil serlo"

P. Quizá una de las claves sea ésa: dar a todas las víctimas el tratamiento que se le dio a Ana Orantes. Ponerle nombre y apellidos. Es algo que funcionaba con el terrorismo.

R. Exacto. Al final, las cosas se apagan en el cerebro. Yo no me acuerdo de los nombres de víctimas de terrorismo de Las Ramblas. La memoria va borrando eso, pero lo que no hay que borrar es el respeto por las víctimas. Por las de antes y por las nuevas. Y también hay que trabajar desde el respeto y llamar a las cosas por su nombre. No muere una mujer a manos de alguien en tal sitio. Es “asesinan a una mujer”. No es “un hombre mata a su hija porque sentía celos de lo que hacía la madre”. No. Es violencia machista porque ha matado a su hija en respuesta por lo que pueda hacer otra persona. Es delirante cómo lo tratamos a veces. Eso es también el morbo. El morbo a veces es necesario para algunas cosas, pero hay otras que no pueden ser morbosas, porque estás haciendo que sea hasta atractivo.

Esto ha ocurrido con el tema de La Manada también. Es que ellos parece que van como estrellas. Con sus gafas de sol, caminando, dando la nota. No son estrellas. Hay niños que quieren que les firmen autógrafos. ¿Pero qué me estáis contando? Y el otro día, todo el mundo echándose las manos a la cabeza por el caso de la niña ésta a la que encerraban otros niños y se corrían encima de ella. Y claro, todo el mundo empieza “¡la pornografía, la pornografía!”, que también es demencial. Pero es la pornografía y La Manada. Si se permite escuchar en casa el discurso de “éstos seguro que no han violado a esta chica”, “esto seguro que es una tontería” o “ésa seguro que disfrutó”, pues ellos lo van a repetir.

P. El problema del caso de La Manada, bajo mi punto de vista, está en que ellos mismos se llamaban violadores y bromeaban con el término.

R. Con orgullo.

P. La filtración de eso por una parte los condena, sin presunción de inocencia, y por otra parte esconde una visión muy ligera sobre un hecho muy grave. Además, ellos han contado con el respaldo de su barrio y de su familia. Por eso se ven impunes y están convencidos de que la justicia les va a dar la razón, cosa que ni siquiera yo puedo descartar hoy por hoy.

R. No, claro. A saber. ¿Fue el otro día no?

P. Coincidía el inicio precisamente con lo de las hipotecas en el Supremo.

R. Pues vaya papelón.

"Es necesario saber diferenciar entre el arte y la persona"

P. Antes hemos hablado por encima del tema. Me gustaría abordar el #metoo. Se ha hablado mucho de la industria del cine, pero no sé si en la industria editorial es tan masculinizada como la del cine y si se dan casos de abuso de poder masculino.

R. Pues la industria editorial... En Barcelona están casi todas las editoriales grandes y es curioso. Yo he estado trabajando allí. Estuve ocho años de becaria. Y ahora vuelvo mucho porque estamos trabajando con Caballo de Troya y por la novela y tal. Y es brutal cómo ha cambiado también y cada vez hay más mujeres con responsabilidad y en puestos directivos. Esto es algo que, cuando lo has vivido de cerca, notas un cambio muy bestia. Pero es cierto que en el mundo literario, no solo a nivel editorial, pasa lo que pasa en todos los mundillos. Y hay desde reseñas paternalistas... Yo por ejemplo me acuerdo de cuando publiqué El arrecife de las sirenas, que tuve una reseña en Babel que fue muy positiva, cosa que agradezco muchísimo, pero que empezaba: “A pesar de que es una chica que en las redes sociales enseña mucho”... O sea, me sorprendió ese paternalismo. Esto se sigue viendo mucho. O entrevistas que empiezan hablando del físico de las personas.

Esto en la capa más superficial. Más allá, no sé si conoces el artículo que escribí en Playground sobre las situaciones de acoso en festivales de poesía en España. Es muy bestia. Y yo ahí tuve mis momentos críticos hablando con Carlos Pardo -ex-director del festival Cosmopoética-, al que admiro mucho además, porque muchas de las historias de acoso que me contaron muchas poetas pasaron aquí. Son fuentes que siguen siendo anónimas y que a lo mejor algún día se atreven a hablar, pero pasaron aquí.

P. ¿En Cosmopoética?

R. Sí.

P. ¿Y te dieron un tirón de orejas?

R. A ver, yo tuve que llamar a todos los implicados. Y avisar a gente. A ver, no siempre depende de ellos. Depende de sus invitados y de cómo se comporte la gente. Pero sí. Lo que quiero decir es que esas cosas están ahí. Son cosas que te paralizan a la hora de hablar, porque no son mis historias y no las puedo contar hasta el final. Todo esto está ahí. Lo decía muy bien Yolanda Castaño, que decía que pertenecía a una generación en la que eran muchas chicas jóvenes haciendo cosas, y ahora ella es la única que queda yendo a sitios. Porque todas las demás han preferido quedarse en casa. Y no porque sean malas escritoras o porque no quieran salir, sino porque no quieren ir y encontrarse con mierdas que se han encontrado. Con gente babosa.

P. ¿Y tú lo has vivido también?

R. Yo durante un tiempo he dejado de ir a cosas. Pero ya me dije: “Paso”. Claro, esto lo he hablado con Miriam Reyes, te creas tu red. La propia Yolanda decía: “Yo es que organizo un festival en Galicia y quiero que la gente venga y disfrute y no que tengas que estar todo el rato apartando a alguien”. Esto yo lo he discutido con un director de un festival, que me decía: “En un contexto de cervezas y no sé qué, todo puede pasar”. Y no. No es verdad. No todo puede pasar. Y si vamos con ésas, mal.

"Muchas de las historias de acoso de que me contaron muchas poetas pasaron aquí (En Cosmopoética)"

P. Es un punto de partida bastante... Sobre todo para quién está en la situación de incomodidad.

R. A ver, que yo lo he visto. Si una poeta joven se acuesta con otro poeta, ya va a haber comentarios tipo: “Mira esta cerda”. Esto ha existido y sigue existiendo. Y yo me mato pensando qué hacer para que la gente que viene después no sufra esto. Porque esto te corta las alas para muchas cosas. ¿Por qué una poeta buena tiene que dejar de ir a sitios por miedo a que la molesten? Esto es terrible.

P. Ahora estamos viendo en este aspecto un caso maximizado que es el de Rosalía. ¿Qué se puede sacar del fenómeno desde el punto de vista feminista?

R. A ver, es que hay tantísimos factores con este tema... Lo primero que tengo que decir es que yo no entiendo de flamenco. Y ahí hay un tema en el que no puedo debatir.

P. No hace falta. Yo hablo más de ella.

R. Me parece que es una mujer que se está llevando más hostias de las que se han llevado otras personas, simplemente por tener visibilidad. Esto está ahí. Y me parece que el único miedo que tengo es que se queme demasiado rápido el fenómeno. Es el riesgo que hay, sea mujer u hombre. Eso está ahí. A un nivel completamente diferente, pero yo me acuerdo de que cuando publiqué mi primer libro, que salí en todas partes, y que yo misma pensaba “¡hostia!”.

"Hay un peligro grande cuando ves a empresas que quieren fagocitar un poco el mensaje feminista"

P. Claro, a ver cómo encajas esto.

R. Sí. Y claro, que yo no tengo un Grammy Latino. A otro nivel ¿no? Pero esta cosa de cero a cien es peligrosa porque tú mismo te puede quemar. Pero yo, por lo que sé de ella, tiene un equipo muy familiar a sus espaldas, que cuida mucho de ella, y que ella también sabe cuidarse. Y que puede que esto sea solo el inicio de una cosa constante y que nos acostumbremos a tenerla siempre ahí, brillando.

P. A mí el fenómeno me fascina. Yo todavía no he escuchado el disco. Necesito abstraerme un poco del ruido para escucharlo. Lo que me preocupa es la polarización entre los que yo llamo Rosaliebers y los haters. Y ha llegado a tal punto de que le hicieron una entrevista a María José Llergó preguntándole sobre este tema y le han llovido las hostias. Pareciera que o se opina muy ligeramente o no se puede opinar.

R. Esto también es a veces culpa del periodista. Si tú le haces una entrevista de una hora comiendo con una persona, y le preguntas una mínima cosa... Antes hablábamos de El Español, que tiene algunos titulares que van a la yugular de la persona a la que has entrevistado, pues es nocivo. Al final, cuando entrevistas a alguien es porque quieres darla a conocer. Si tú entrevistas a una cantante joven y te centras en otra persona... Si tú haces una entrevista a María José Llergó, y lo que pesa es Rosalía en esa entrevista, estás haciendo mal tu trabajo. Hay que hablar de ella y no de Rosalía.

P. En este caso tan concreto no, porque era más un reportaje con varias voces sobre el impacto en la cultura gitana, y Llergó era una más. Lo que pasa es que los Rosaliebers se han tirado al cuello. No obstante, intuyo que había cierta intencionalidad del periodista de confrontar a Llergó con Rosalía.

R. Esto es muy peligroso. Yo creo que lo que tenemos que hacer como periodistas que es hacer ver la importancia del español en el terreno musical. Porque no solo es ella. Es J Balvin, es Bad Bunny... Están conquistando las portadas de medios de música en los que nunca jamás había salido un español en esas revistas. Es impresionante lo que está consiguiendo esta gente. Y a lo mejor, a partir de ahí, se invita a hacer un trabajo de investigación más fuerte, y de ver qué está pasando y analizar el momento. Porque es un momento brillante, y es un momento político. Es decir, mientras Trump está echando a gente que habla español en su país, la música en español está conquistando su país. Lo que hay que tener claro es que, se diga lo que se diga, la responsabilidad no es de Rosalía, sino de quien habla de Rosalía.

"Es terrorífico que tratemos la violencia machista como números"

P. Las redes, en concreto, son parte activa de este fenómeno. Para bien y para mal. Tú, en tu caso, tienes el mérito de que Facebook te cerró directamente la cuenta, por un libro tuyo. No sé si hay otros casos parecidos en España.

R. El otro día, una librería publicó una foto para anunciar unos cursos de escritura sobre violencia. Era una foto de Saturno devorando a sus hijos y se la censuraron porque aparecía un culo.

P. ¿En serio? Aparece medio cuerpo mutilado y lo censuran por el culo.

R. Sí. Hay un pequeño culo. Creo que ahora por fin todos hemos visto ese culo que nunca habíamos visto anteriormente.

P. Joder, es que a mí no me viene ni la imagen. Solo recuerdo la cara de Saturno.

R. Sí. Es un niño desnudo y de espaldas. Pues fíjate la estupidez de Facebook con estas cosas. En mi caso, creo que fueron muchas cosas. Primero que llevaba mucho tiempo anunciando el libro. Y era un libro sobre masturbación femenina. Y he visto que Facebook controla el número de veces que escribes burradas. Que digo yo que anda que no hay gente poniendo todos los días burradas peores. Pero bueno, calculo que en el momento de publicar la foto de la portada, en la que había que prestar mucha atención para ver que es un chichi, pues yo creo que a lo mejor alguien denunció. Y, como llevaba muchos días hablando de la masturbación... Pues ya vieron demasiados puntos rojos.

P. Aquello fue un auténtico efecto Streisand.

R. A ver, aquello me dio una visibilidad que de otra manera no habría tenido. Es que salió hasta en Le Monde. Me llamaron hasta de una radio de Francia. Muy loco.

P. Como periodista me gustaría saber tu opinión sobre cómo hay que tratar el fenómeno de la extrema derecha. Siendo, además, de Alcalá de Henares, que tiene tradición.

R. Y de Almería, que es por donde va a entrar.

P. ¡Hostia! Doble match.

R. Sí. Creo que nos equivocamos sobre todo en pensar que la gente que vota a estos partidos es tonta. O que la gente que está detrás de estos partidos es tonta. Creo que hay gente muy inteligente que se aprovecha de gente más humilde para llegar al poder. Creo que trabajan mucho con los problemas de la gente más humilde. Trabajan mucho con la gente que no tiene trabajo y les meten en la cabeza que eso es por culpa, no de los que los de arriba que lo llevan haciendo mal mucho tiempo, sino de otra gente mucho más pobre que está viniendo. Se trabaja la cero solidaridad. Ellos tratan de vender que son solidarios con la gente que tiene pocas cosas, pero al mismo tiempo provocan odio hacia quien tiene aún menos. Y se habla de meritocracias cuando en realidad se venden sentimientos a medias.

El sentimiento de la solidaridad siempre es a medias. Porque entre nosotros, españoles y del mismo bando, tenemos que ser solidarios, pero para el que venga de fuera no. Se venden enemigos falsos. Por ejemplo, vivir desde Cataluña todo lo que he vivido sin ser catalana ha sido duro. Es que me llaman familiares preguntándome si estoy bien y me dicen “es que debe ser horrible”. Es como: “Pero si no está pasando nada”. Es decir, pasan cosas, pero no estamos todo el día hablando de esto. Se crean agendas nocivas que hacen que todos los sentimientos de verdad se pierdan. Y entonces llega un tío, un Trump o un Bolsonaro, y acaban conectando mejor que ninguno con toda esa base de gente, y por eso se llevan todo. Y además, también desde esa cosa de separar las luchas.

P. Y repartir las culpas.

R. Sí. Soy muy crítica con todo este debate de La trampa de la diversidad. Es que me da rabia ese discurso de: “Es que estabais tan centrados en el feminismo, en el LGTB y no se qué, que ha venido ahora la extrema derecha aquí a jodernos”. Pero los primeros que se van a llevar hostias son todos los trans, todas las activistas feministas a las que ya están asesinando en Brasil, y toda la gente que ya está luchando por el medio ambiente en el Amazonas. Toda esa gente ya se está llevando las primeras hostias. Y las van a matar. Es que lo dicen en su discurso. Bolsonaro dice “prefiero que mi hijo esté muerto a que sea homosexual”. Es que lo dice. Y creo que la oportunidad que perdemos es pensar que estamos fracturados desde la izquierda, cuando yo creo que no lo estamos. Simplemente es ese miedo.

"El sentimiento de la solidaridad siempre es a medias"

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