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Hay veces que la casualidad se acaba convirtiendo en un modo de vida. Cómo un simple juego de niños puede, con tiempo, esfuerzo y mucha ilusión, convertirse en una práctica deportiva perenne y arraigada con fuerza en un determinado territorio. Fue a mediados de los años 80 cuando, por mera casualidad, unos jóvenes de Benamejí comenzaron a practicar una disciplina lo más cercana posible al béisbol, o al menos, a lo que ellos entendían como béisbol. Unos inicios que, como los mismos protagonistas recuerdas, fueron absolutamente rudimentarios y en los que la gran relación presente entre lo que esos chicos jugaban y la práctica real de dicha disciplina era que, para su desarrollo, se utilizaba una pelota y un palo.

En concreto, hay una persona cuyo nombre sobresale por encima del resto y que, tal y como recuerdan desde el club, fue clave para que aquella simple diversión, que no tenía más pretensión que el entrenamiento, pasara a ser una disciplina deportiva real en forma y fondo. Antonio Espejo, natural de Benamejí pero residente en Madrid en aquellos años, fue el que terminó de dar sentido a esa idea primigenia de comenzar a jugar a un deporte sin tradición alguna en España. Hoy día sigue siendo completamente minoritario, aunque no en todos sitios. Bien es cierto que, como se pudiera intuir, son muy pocas las personas que han jugado a béisbol a lo largo de su vida en España, aunque todo lo contrario ocurre en la localidad cordobesa, donde la inmersa mayoría de los vecinos lo han práctica alguna vez en su vida, y quién no, a buen seguro que sabe cómo se juega.

Y es que hay tradiciones que emanan sin un motivo claro o aparente, simplemente surgen y se arraigan allí donde florecen. Así fue cómo en 1985 surgió el BC Benamejí, entidad que puede decirse que es la cuna del béisbol andaluz. Y más de tres décadas después, su nombre sigue sonando con más fuerza que nunca. Derribando dificultades, apostando por lo que muchos no creían hasta generar un tejido de aficionados que, a día de hoy, se erige como un pueblo de irreductibles galos que resisten ante los verdaderos deportes de masas.

A lo largo de su historia, el Benamejí BC ha tenido una evolución “lenta” pero “progresiva”, ya que “hemos pasado muchas penurias al principio, desde que Antonio (Espejo) nos inculcó esta pasión, hemos jugado en campos muy malos, que no eran de béisbol ni nada”, aunque ahora “gracias al trabajo del grupo humano que hay en el club, hemos logrado llegar a todas las categorías y tener un equipo en Primera División Nacional”. Son las palabras de Francisco Artacho, entrenador y vicepresidente de la entidad benamejicense, y el cual formó parte de aquel grupo de jóvenes que hace ya más de 30 años comenzaron a hilvanar una ilusión que ya ha trascendido a toda una población. Igualmente, reconoce que las principales dificultades para la subsistencia del club han sido que, al ser un deporte minoritario, “los desplazamientos son muy largos”, pues “cualquier desplazamiento son 300 o 500 kilómetros”, por lo que “mover cualquier categoría conlleva un gasto bastante elevado”. Con todo, instituciones como el propio Ayuntamiento de Benamejí, la Diputación de Córdoba, la Subbética y diversos patrocinadores del propio pueblo son el principal combustible para que la entidad siga sumando años de vida.

Y pese a todo, ya nadie duda de que el Benamejí BC es toda una referencia a nivel andaluz, siendo un club capital en la localidad. Seguramente, de hecho, el deporte líder de un municipio de poco menos de 5.000 habitantes, y en el que la inmensa mayoría de sus vecinos han cogido alguna vez un bate o un guante. Mientras en otros sitios, los términos que se pueden escuchar son los comunes que a cualquiera de nosotros se nos pueden venir a la mente, no es extraño escuchar allí a dos personas hablando de lanzadores, receptores o primeras o segundas bases. Incluso, alguno que otro se atreve con el pitcher y catcher. La idiosincrasia que ya ha conquistado a todos los vecinos. Y los más jóvenes, pues tampoco es de extrañar ver alguna que otra gorra o camiseta de los Dodgers, los Sox o los Yankees. Cuestión de perspectiva.

Sobre la cantera en sí del club, Artacho recuerda que “cuando Antonio Espejo llegó, lo que encontró aquí fue un grupo de chavales de 15 años, y a través de ese grupo conseguimos llegar al equipo senior”. Así, una vez que “los chavales que iniciamos el club llegamos a senior, vimos que era un proyecto bonito y empezamos a trabajar con categorías inferiores”. Aproximadamente fue en 1991 cuando el Benamejí BC comenzó a trabajar con la base y, a día de hoy, son cerca de 80 niños y niñas los que se dan cita cada tarde en las instalaciones del club, a los que habría que sumar el equipo de mayores, lo que rondaría, en definitiva, el centenar de licencias federativas. Una cifra realmente considerable para un club que ya se ha convertido en una familia. Una pasión que se contagia de padres a hijos por puro trasvase de valores.  

Y hay muchos ejemplos de ello, como puede ser el caso de Juan Bautista, uno de los jugadores del equipo sub 18, el cual se enganchó a la disciplina “hace unos cinco años” y lo hizo “por mi padre que está en el equipo senior”, así como de Pedro Lara, otro de los componentes de dicho plantel, y que empezó también “porque toda mi familia lo practicaba y viéndolos cuando venían a entrenar y demás, pues me llamó mucho la atención este deporte”.

En definitiva, para el vicepresidente, el secreto para que esto lleve 35 años funcionando es “muy sencillo”, y no es otro que “el trabajo diario de mucha gente, tanto de entrenadores, jugadores, padres, amigos, aquí trabaja todo el mundo. Si no fuera así, esto no iría a ningún lado”. Y es así como se completa un nuevo día de entrenamiento en el estadio de béisbol de Benamejí Antonio Espejo. Una instalación única en la provincia, y una de las mejores de España, y que fue inaugurada en 2010 ante las peticiones de centenares de personas que demandaban poder practicar su deporte favorito en un terreno de juego adecuado. Sin duda, gracias a todos ellos, Benamejí seguirá vibrando a golpe de bateo. Un saque que comenzó hace más de 30 años con una bola directa a la ilusión de todo el municipio. Y va de base en base.

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