De lo hermoso por sencillo; del fútbol y la vida

Ramos de flores en el lugar donde falleció Antonio Puerta | MADERO CUBERO
Con Antonio Puerta siempre presente, el cordobesismo experimenta sensaciones de Primera en el Sánchez Pizjuán

Existen sensaciones que resulta cuasi imposible explicar. Quizá por ser profundas. O tal vez porque son sencillas. Eso es lo que convierte cualquier experiencia en única, tanto como en difícil de describir. Porque es en las pequeñas cosas donde reside la magia de la vida. También del fútbol, que en ocasiones y sin que uno se dé cuenta, es el más fiel reflejo de la propia existencia. El balón rueda y en torno a él se producen situaciones que posiblemente de otro modo pueden pasar desapercibido. Un gesto nada más, con eso basta, sirve para generar grandes emociones. Un recuerdo, eso mucho más, es suficiente para crear un ambiente capaz de embargar a la más dura piedra. Todo es tan especial que uno acaba por ser un afortunado, por mucho que en un principio no lo perciba. Es un error que a veces se corrige demasiado tarde. Y sin embargo, otras veces resulta inevitable reconocer, segundo a segundo, que cuanto sucede es algo más allá de lo común.

Nada de lo expuesto falta en el Ramón Sánchez Pizjuán. Un escenario de Primera en que de repente aparece un nuevo invitado también de esa categoría. Todavía queda mucho para que empiece lo bueno, para que cada contienda tenga un interés máximo. Pero la cita en una noche de verano cualquiera tiene encanto y no deja de contar con atractivo. Los protagonistas no son tanto los habituales, sino otros. Uno a buen seguro atiende desde otro lugar. No ocupa ningún asiento del gran estadio sevillano. Ni corre la banda. No se encuentra entre los demás, pero estos sí le tienen presente. Siete años se cumplen ya de su marcha, temprana y dolorosa. Aunque Antonio Puerta sigue en Nervión. Jamás se podrá ir, porque nunca caerá en el olvido. En el día en que se le recuerda todo tiene un aspecto especial donde tiempo atrás cumpliera sus sueños y los de todos aquellos que seguían a un equipo que vestido de rival ejerce de amable anfitrión.

El Sevilla recibe al Córdoba. Los dos conjuntos comparten ya la misma categoría. Lo vuelven a hacer después de más de cuatro décadas. El tan atractivo duelo regional es nuevamente de Primera. Si bien en esta ocasión sólo se encuentran en un partido muy diferente, el mismo en que se recupera con más fuerza que nunca la figura de Puerta. Su trabajo en el fútbol tiene el fruto del recuerdo y respeto colectivos. En las pantallas, aparece su imagen. Los aficionados, de aquí o de allí, le escuchan. El silencio resulta conmovedor, tanto como la sensación de que cada alma en el Sánchez Pizjuán abraza al pequeño que es fruto de lo que hizo en la vida. De nombre Aitor, el hijo del que fuera dorsal número 16 del Sevilla se encarga de realizar un saque de honor que recibe en forma de aplauso el afecto de locales y visitantes. Tanto uno como otro son los grandes protagonistas de la noche.

Una noche en que tampoco cae en el olvido Dani Jarque. La suya es la historia de otra despedida demasiado pronta. El futbolista que militara en el Espanyol, fallecido en 2009, ocupa a lo largo de un minuto -el 21- las pantallas de un estadio que aplaude. El fútbol por momentos queda en segundo plano. Y mientras, en una esquina, allá arriba, se encuentran unos cuantos seguidores blanquiverdes que comienzan a saber cuáles son los terrenos en que verán cumplir el sueño de viajar por Primera. Ellos también tienen presentes a los que son verdaderos protagonistas de la cita. Por cierto, que lo sencillo, por ser así, se convierte en lo más hermoso. Tanto como cada flor de los dos ramos que el Córdoba coloca en junto a una de las porterías, justo en el lugar en que un instante comenzó a cambiar todo para un tal Antonio Puerta. Valiente en el campo y fuera de él. La fiesta, al final, se completa para su equipo. Pero esta vez la derrota escuece menos.

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