JUAN CARLOS LIMIA OBITUARIO
Un servidor público ejemplar y un amigo entrañable

Juan Carlos Limia

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Se nos ha ido Juan Carlos. Parece mentira. Incluso esperándolo, desde que hace dos meses recibiéramos la fatal noticia de que una enfermedad incurable estaba terminando con su vida de manera inexorable. De hecho, no ha pasado ni un solo día desde entonces, en que no lo haya tenido muy presente, con el recuerdo de tantas vivencias y conversaciones amasadas en más de veinte años de amistad entrañable. No es, por tanto, una pérdida más. Ni para mí, ni para tantas y tantas personas que lo apreciaban verdaderamente. Porque Juan Carlos era, por encima de todo, un ser humano que se hacía querer, por su bonhomía, su generosidad y su sensibilidad.

Lo conocí en la Posada del Potro, cuando estaba allí la delegación municipal de Cultura. Me pareció un tipo peculiar, atento, afable y muy interesado por cuanto tenía que ver con la cultura. Desde aquel primer encuentro conecté con él, aun sin imaginar que esa simpatía inicial sería el germen de una amistad a prueba de avatares diversos. Tanto él como quien entonces estaba al frente de la Delegación, nuestra querida amiga Angelina Costa, me hicieron sentir que estaba en casa. Les presenté el proyecto de crear un festival de piano en memoria de Rafael Orozco (quien había desaparecido pocos años antes) y todo fueron facilidades, algo que siempre agradeceré a ambos.

¡Pero quien me iba a decir que la última vez que viera a Juan Carlos fuera precisamente en un concierto de ese festival que él ayudó a crear y que no dejó de cuidar en todos estos años! En efecto, el pasado 7 de noviembre compartimos en el patio de butacas del Teatro Góngora la felicidad de tener allí a Grigory Sokolov, uno de los mejores pianistas del mundo. ¡Qué broma del destino es que nuestra despedida fuera en el día más gozoso en la historia del evento que propició que nos conociéramos! La vida misma.

Pasarán los años y no me cabe duda de que Juan Carlos seguirá siendo recordado por muchas cosas. En primer lugar, por sus valores humanos y por su compromiso inquebrantable con la cultura. También por haber sido un servidor público ejemplar, que puso el mayor empeño y su saber a lo largo de toda su trayectoria, con independencia del color político de quien gobernase la institución. Siempre con lealtad, compromiso y una capacidad de trabajo encomiables. Tanto al frente de la Delegación de Cultura, como del Instituto Municipal de las Artes Escénicas. Y será recordado, igualmente, por la pasión y entrega con las que se involucró en proyectos concretos, como la Bienal Internacional de Fotografía, el Festival de la Guitarra, el Concurso Nacional de Arte Flamenco o el mencionado Festival Rafael Orozco, entre otros.

Con todo, la huella más indeleble queda entre sus compañeros, sus amigos y, por supuesto, su querida familia. En verdad, la conmoción y la desolación de estos primeros momentos de su partida irán dejando paso al recuerdo afectuoso de un hombre bueno, que se dio con generosidad hasta el último momento y que puso su inteligencia y esfuerzo para beneficio de la comunidad. Descansa en paz, querido Juan Carlos.

Juan Miguel Moreno Calderón, director de Festival Internacional de Piano Rafael Orozco y exconcejal delegado de Cultura en el Ayuntamiento de Córdoba

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