'Patchworks': Tete Álvarez lleva su mirada iconoclasta a la diplomacia y la política a Málaga

Tete Álvarez.

La Galería JM de Málaga inaugura este sábado la exposición Patchworks, una selección de trabajos recientes del artista cordobés (aunque nacido en Cádiz) Tete Álvarez en los que ahonda en su interés por desentrañar el papel que desempeñan las imágenes en la construcción de la esfera pública, política y social, y que abunda en la línea de trabajo que ya trazara recientemente en el C3A con Escenografías (2021) para concentrar su mirada en la iconografía que decora la escena de la diplomacia internacional y de la representación política.

Ya desde sus primeros trabajos, a principios de los noventa, Tete Álvarez ha elaborado un corpus de obra que asume el protagonismo de los media y las nuevas tecnologías de la información en la configuración de una realidad que de manera progresiva ha ido suplantando a la de la experiencia cotidiana. Y su obra justamente lo que hace es “señalar esa deriva, desvelar el artificio de la impostura, camuflarse en el código discursivo e inocular una pausa”. Para Ángel Luis Pérez Villén, autor del texto crítico que acompaña a la exposición y uno de los mejores conocedores de la obra del artista gaditano, Tete Álvarez es “uno de los artistas españoles que con mayor acierto y hondura trabajan en torno a la problemática de la imagen mediática y su repercusión en el campo social y político”.

Una imagen que desde los inicios se ha reclamado siempre mestiza, “a mitad de camino entre la fotografía y el vídeo cuando se constituía físicamente como aquella y con las cualidades conceptuales de la fotografía cuando se materializaba como vídeo. Y de un desplazamiento al contiguo, de la escultura a la instalación y de vuelta a esta sin descartar la atracción por la desmaterialización, por las tecnologías de la imagen, por el net.art. Desde hace años su trabajo se significa por su celo improductivo, por su negativa a generar más imágenes, a engrosar el acervo iconográfico mediante la creación de nuevas representaciones que supongan un añadido a las ya existentes. Prefiere servirse de las existentes, de las que colmatan a diario los canales de distribución de los media, de las que se alojan en las esquinas de la red. Y con ellas hilvanar una proposición –una promesa de relectura- que se añade a la adherida en origen y que termina poniéndola en cuestión, desvelando su narrativa y los intereses que viene a servir”.

Dos son las temáticas fundamentales de la obra de Tete Álvarez en opinión de Peio Aguirre, por un lado, “la artificiosidad estereotipada de las imágenes no ya de la política, sino de la representación de lo político; por otro, la afectividad que toda imagen mediática tiene hoy en día introducida en los dispositivos más inmediatos a la gente (teléfono móvil, televisión, redes sociales)”Y tanto una como otra se manifiestan con nitidez en las obras que despliega en los espacios de JMgalería. En esta ocasión Tete Álvarez focaliza la atención en aquellos detalles organizados protocolariamente que envisten de oficialidad y representatividad los actos diplomáticos. “El protocolo como forma y horizonte último de lo político”.

Patchworks (2022), la obra que también da título a la exposición, es una instalación de impresiones sobre textil que reúne fragmentos de imágenes que componen una estampa mayor en la que cada uno de los insertos repite el motivo para crear un efecto no tanto acumulativo como monocorde. Sensación que se transmite y potencia con la presencia e insistencia de un motivo: zapatos, generalmente masculinos, sobre alfombras. Aquellos negros, si no oscuros y sin veleidad alguna en el diseño y estas reproduciendo una tipología básicamente floral y ornamental que conduce por densidad y reiteración al aturdimiento o cuando menos a la dispensa por el privilegio de la exclusividad. Estas alfombras y este calzado constituyen los elementos visibles de las escenas -extraídas de entre las imágenes que proporcionan los propios gobiernos y cancillerías a través de la plataforma Flickr- con las que se representa la iconografía asociada al poder político.

Angie, (2019) despliega como si de una carta de colores Pantone se tratase innumerables fragmentos de imágenes de la chaqueta de la excanciller alemana Ángela Merkel. Un motivo, para Pérez Villén, “en apariencia anodino pero que suscita un interés significativo en las redes sociales. Su atuendo; mejor dicho, la reiterada costumbre de repetir modelos en sus comparecencias públicas provocó su conversión en meme. Lo que hace el artista mediante un display que se ha hecho habitual en algunas de sus series –marcar el perfil del motivo principal de la representación o trazar con la obra una cota en el espacio expositivo- es señalar la paradoja de dicho fenómeno, evidenciando el fracaso promisorio de las nuevas tecnologías de la comunicación: los media como arma de disfunción comunicativa , o como afirma Peio Aguirre, ”las redes sociales como arma de distracción masiva… No sorprende que los anteriores apologetas de la revolución tecnológica sean ahora sus mayores críticos“.

En Red Carpet, (2022) y Grey Carpet, (2022) la mirada se agudiza y se concentra en la parte inferior de las imágenes protocolarias: zapatos y moquetas que se presentan sobre un mosáico de azulejos cerámicos. Esta presencia ha dejado de punzar en la composición, como sucedía en Atrezzo, y pasa a detentar el protagonismo sobre un fondo de moquetas rojas y grises. Ambas series apuntan, según Pérez Vilén, “a la uniformidad en la representación de lo político, en cuya configuración se disuelve la identidad del individuo, se unifican los intereses estéticos -zapatos cerrados, oscuros- y se evidencia la faz masculina del poder. Frente a la ductilidad cromática de las chaquetas de Ángela Merkel nos encontramos con el talante bruno con que se calzan los mandatarios mundiales”.

En Official Portrait, (2017) la intervención sobre la imagen matriz va más allá de su selección analítica y encuadre. Las figuras que aparecen centradas en la escena –retratos oficiales de altos mandatarios de la política internacional- han sido veladas totalmente por una mancha negra que reproduce su forma. No es la sombra, para Pérez Villén, “propiciatoria y redentora de Tanizaki , cargada de posibilidades, algunas adversas, cierto, pero también positivas en potencia y seminales en el florecimiento de la belleza; más bien se trata de una oscuridad nociva para el progreso, la transparencia y la luz. No es la sombra que aniquila la identidad del individuo, la que le priva de su libertad y derechos como persona, no es la sombra de los inmigantes que retrata Eric Aupol, es la sombra que solapa y niega cualquier atisbo de singularidad o empatía y que como contrapartida ofrece la masa negra de quien figura como acreedor de unos símbolos –banderas- que terminan diluyéndose en el opaco concierto coral de la globalidad.

La primera versión de Atrezzo, (2014), consistente en una serie de cibatrans (fotografías en cajas de luz) que representan escenarios de diferentes encuentros entre mandatarios, se mostró en Desplazamientos, la anterior y primera muestra individual de Tete Álvarez en la JMGalería, donde ahora concurre con una versión en video monocanal: Atrezzo, (2019). El planteamiento es el mismo, pasando de la imagen fija de la fotografía al movimiento y solapamiento de los sucesivos insertos de vídeos y audios de dichos encuentros. Imágenes y sonidos que provienen de los repositorios que los gabinetes de comunicación y que configuran un collage compuesto por fragmentos que se centran en los exornos florales que decoran las reuniones bilaterales, audiencias y entrevistas de altos dignatarios políticos extraídos de los canales de YouTube de instituciones como el Consejo de la Unión Europea, 10 Downing Street, White House, Bundestag, Quirinale, Palazzo Chigi, Moncloa, etc.

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