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Guadalupe Plata, al sur del sur

Guadalupe Plata, en concierto | SERGIO TEJERINA

Redacción Cordópolis

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El trío de Úbeda trajo su blues-rock pantanoso a una Sala Ambigú abarrotada de público

Cola para entrar al concierto, un disyóquey haciendo los prolegómenos con música del rollo y una infernal máquina de humo escupiendo bocanadas hasta hacer una atmósfera espesa. Así comenzaba la noche.

El trío defendió sobre las tablas gran parte de su último disco que se titula igual que los tres anteriores, Guadalupe Plata, para qué complicarse la vida. Bateria sorda de caja, timbal, goliat y bombo, para que más. El ritmo frenético se compone también con unas maracas y otros inventos. Guitarra afilada sobre todo trabajada en sus trastes más bajos para componer melodías recurrentes. Bajo artesanal y un barreño de zinc con un palo y cuerda, la otra parte de la formación.

Guadalupe Plata parecen salidos de una película en la que hay tiros, muchos tiros, cadillac oxidados con asientos de cuero azul y algún que otro ritual satánico en arenas de desierto. Suenan desenfrenados, con ambiente oscuro, con mucho slide, voz agonizante y un ritmo trepidante que te hace mover los pies viendo como Pedro hace sus fingerpicking.

Al humo, a las luces rojas, al sonido hipnótico y repetitivo de cada tema se sumaba de vez en cuando alguien del público soltaba pétalos de flores rojas que hacía que la escena tuviera enorme carga de intensidad, como en un ritual mexicano. Pétalos para Guadalupe. No para la virgen de la que sacan su nombre, pétalos para Guadalupe Plata.

Alrededor de hora y media de canciones cantadas como una letanía agonizante y de temas instrumentales. Calle 24, esta vez no era la canción que cantábamos de pequeños chocando las palmas, Ratas que recuerda la voz desesperada de Pedro a esas ratitas divinas de Pata Negra. Delirios en las letras y en la forma de interpretarlas.

Guadalupe no te dejan indiferente, por su apuesta sonora y estética. Ese barreño de zinc rememorando los primitivos bajos, ese ritmo repetitivo y esa voz hacen que en una cata a ciegas de discos no falles, son inconfundibles. Eso sí, hay que estar preparado para un bolo de los de Úbeda. Más que preparado, mentalizado de lo que vas a escuchar porque sino el sonido de ciénaga no te atrapará y te hundirás con él haciendo que al sexto tema te acomodes en la barra a ver como transcurre el concierto.

Córdoba lleva una temporada al sur del sur. En menos de tres meses han visitado la ciudad grupos como Furia, Pájaro, Arizona Baby, Guadalupe plata, Howe Gelb y M. Ward. Todo un círculo concentrado de rock de raíz. Quizás como decía el bueno de Silvio, “Hay más sureños, habemos muchos más”.

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