'Fuenteovejuna lo hizo': Fernando Penco vuelve al lugar de la rebelión que puso fin a la tiranía

Fernando Penco | MADERO CUBERO

El arqueólogo cordobés Fernando Penco ha empleado tres años de su vida en investigar los hechos que dan pie a su último libro, Fuenteovejuna lo hizo (Cántico), que acaba de alcanzar la tercera edición, y que aborda, desde una perspectiva histórica integral, la épica que rodea a la rebelión melariense que después dio pie al clásico teatral de Lope de Vega.

Cuenta el autor que el origen del libro está en cuando la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía le encargó reunir la documentación necesaria para la inclusión en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz de aquellos lugares que, de una forma u otra, tuvieron relación con Fuenteovejuna, obra cumbre de nuestro Siglo de Oro.

Aquel trabajo administrativo dio pie a un libro, publicado hace dos meses, en el que explora toda la geografía de la rebelión melariense, desde los remotos caminos vecinales a las calles y edificios, hoy en pie, vinculados con la figura del comendador y los trágicos sucesos ocurridos en la ya lejana y sombría noche del 22 al 23 de abril de 1476, cuando el pueblo de Fuente Obejuna, entró en la casa del comendador y le dio muerte, junto con catorce de sus hombres.

La nueva obra del autor La foto de Capa (Paso de Cebra, 2009) y de Un país llamado Cervantes: el origen judeoconverso del escritor (Almuzara, 2017), sirve para trazar un riguroso trabajo de investigación y plantear nuevos interrogantes alrededor de unos hechos mitificados, especialmente en lo que concierne al papel en la rebelión de personajes tan fascinantes como Pero Tafur, autor de Andanzas y viajes y amigo de infancia del comendador, o Alfonso de Aguilar, hermano del Gran Capitán e instigador de la revuelta.

“Sin el apoyo de Córdoba —escribe el autor—, no hubiese sido posible la muerte de Fernán Gómez de Guzmán y de catorce de sus hombres”, explica Penco, que añade que “las causas del crimen fueron económicas”, ya que, “con la pérdida de Fuente Obejuna, que pasaba a manos de Fernán Gómez de Guzmán y de la orden de Calatrava, Córdoba perdía los altos ingresos que por la Mesta recaudaba de la entonces más poblada localidad de la provincia”.

Para Penco, por muy aberrante que hoy parezca la muerte de Gómez de Guzmán, a quien ni tan siquiera lo dejaron enterrar dignamente, tras descuartizarlo, ésta habría de interpretarse desde un plano social y colectivo. “Esa forma de exhibir el cadáver como trofeo significaba que no sólo bastaba con la muerte física del adversario sino también con su muerte social: con el fin de un régimen y de una tiranía”, afirma al respecto sobre unos hechos que considera “una verdadera gesta épica”.

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