La solidaridad que regaló una segunda oportunidad a Álex

Personal implicado en la intervención | TONI BLANCO

A Álex, la vida le tenía preparada una segunda oportunidad en Córdoba. Nació hace 19 años en una zona indígena de Bolivia, con una cardiopatía congénita que le impediría vivir en unos años. El destino quiso que se cruzara en su vida María Teresa Losada, médico colombiana afincada en Bolivia y especialista en tratar a niños en un país que tiene una de las tasas más altas de mortalidad maternoinfantil. Y María Teresa, lo llevó al hospital boliviano entonces y luego a su casa, donde Álex entró para ser cuidado en el postoperatorio y de donde ya no saldría porque fue adoptado y se convirtió en su hijo.

Aquella operación en Bolivia cundo Álex contaba con cuatro años le dejó serias secuelas: su corazón no corrigió su cardiopatía y, además, se quedó ciego. Pero ahí, empezó el camino de esa segunda oportunidad que ahora Álex ha podido vivir en Córdoba. Su madre ha recorrido un periplo de centros médicos y hospitales por distintos países para que trataran al chico. La Tetralogía de Fallop con la que nació es una hipertrofia ventricular que nadie se atrevía a operar. Llegaron a España y también tocaron a la puerta de varios hospitales. Y, por fin, las puertas del Hospital Reina Sofía se les abrieron.

El seguimiento de Álex en el hospital cordobés comenzó hace ahora cinco años, cuando él tenía 14, y desde entonces hasta ahora ha tenido una serie de pruebas y un seguimiento por parte de la Unidad de Cardiología Pediátrica, especializada en patologías congénitas como la que él tenía y centro de referencia en este ámbito. Se requería que el estado del chico reuniera una serie de condiciones para ser operado y, tres viajes Bolivia-España y cinco años después, Álex ha podido ser curado por fin.

Fue el pasado 12 de julio cuando se sometió a la intervención quirúrgica que separó los dos ventrículos de su corazón que estaban juntos con un parche de su propio tejido, y se eliminó la estrechez que uno de ellos tenía, además de corregir anomalías asociadas a esta patología como la posición y la salida de la aorta. Lo que aquí se diagnostica a un bebé aún en el vientre de la madre y se opera en el primer año de vida, a Álex no le ha llegado hasta 19 años después.

Y ha sido gracias a lo que su propia madre define como “la cuerda de la solidaridad”, donde hay “quienes se arrojan abajo a rescatar a los más débiles” como fue su caso con Álex, “pero hace falta que arriba haya alguien que sostenga esa cuerda”, en referencia a los profesionales del Hospital Reina Sofía de Córdoba que accedieron a operar al chico.

A Álex le espera ahora “una vida prácticamente normal”, con varias décadas por delante garantizadas tras la operación. “Está feliz por poder jugar al fútbol”, dice su madre, aunque recuerda que la ceguera sobrevenida en aquella malograda operación en Bolivia le hace sentir triste. “Hay que repararle también el corazón emocional”, dice María Teresa.

“Hay muchos Álex. Y hay que mantener esa cuerda de la solidaridad. Sigan trayendo a más niños”, pide esta madre a la que se le queda corta la palabra “gracias” para “todo el sentimiento que hay dentro de mí y de mi hijo” hacia el personal que les ha atendido en Reina Sofía. Y a ellos, dirige una última petición: “Sigamos para adelante haciendo latir corazones, no solo de España, sino del mundo”.

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