Sequía

Arranca en Córdoba el año agrícola con menos agua desde 1995

Sequía evidente en el vaso del embalse de La Colada.

Desde hace 27 años, el campo cordobés no arrancaba un año agrícola con tan poca agua en los embalses. Este 1 de septiembre de 2022, los pantanos de la provincia de Córdoba retienen un total de 576 hectómetros cúbicos de agua, el 16,8% de su capacidad total. El año pasado, los embalses retenían 769 hectómetros cúbicos (prácticamente 200 más que ahora). En 2020, el año agrícola cordobés comenzaba con 938 hectómetros, en 2019 con 1.063 y en 2018 con 1.679.

Es decir, el año agrícola arranca con prácticamente la mitad del agua embalsada que hace dos años y tres veces menos que hace cuatro años. Pero la comparativa es aún peor con años atrás. Entre 2013 y 2014 el año agrícola solía arrancar con más de 2.900 hectómetros cúbicos en los embalses cordobeses, casi cinco veces más que ahora. Pero es que hace una década justo los embalses llegaron a estar prácticamente llenos.

La situación de sequía en la provincia es dramática. Córdoba es la provincia andaluza con el menor porcentaje de agua embalsada. Eso sí, la provincia tiene la mayor capacidad de retención de agua de toda la cuenca hidrográfica del Guadalquivir. Sus 576 hectómetros cúbicos de agua de la actualidad son por ejemplo más del doble de la que hay en la provincia de Granada.

El año hidrológico concluye el próximo 30 de septiembre. Hasta entonces, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) mantendrá el grifo abierto para los regantes que aún no hayan consumido la dotación de riego comprometida en el mes de abril. Entonces, se acordó reducir a la mitad la dotación, con un máximo total de 600 hectómetros cúbicos.

Durante el verano, ha sido precisamente el regadío el que ha vaciado los principales embalses de la provincia. El caso más significativo es el de Iznájar. A 1 de septiembre, está al 16,5% de su capacidad. Eso sí, es la mayor presa de Andalucía, por lo que en su interior aún quedan más de 161 hectómetros cúbicos de agua. El caso más extremo es el de La Breña II. Este embalse se usa únicamente para regadío (Iznájar en cambio da de beber a todo el sur de la provincia). Actualmente, en La Breña II quedan 97,5 hectómetros cúbicos. La presa está a menos del 12% de su capacidad. Pero es un nivel engañoso. En 1995 no existía La Breña II, tan solo La Breña I. Su capacidad total era esa. Es decir, ahora mismo queda tanta agua como era capaz de retener La Breña.

El gran problema está en Sierra Boyera, el embalse del que depende para beber todo el norte de la provincia. Sierra Boyera está ya a menos del 11% de su capacidad. En su interior apenas quedan 4,4 hectómetros cúbicos. Los técnicos calculan que tres hectómetros no son aprovechables, por la cantidad de limo que pueden acumular. Es decir, apenas quedaría 1,4 hectómetros en una zona que se bebe 0,3 hectómetros a la semana.

También se vigila la situación en el Martín Gonzalo, el embalse que da de beber al Alto Guadalquivir. Aquí quedan menos de tres hectómetros cúbicos. El embalse está a algo más del 16% de su capacidad total. La Confederación trabaja de manera urgente en una obra para bombear agua al embalse directamente desde el Guadalquivir, con la que se pueda salvar la situación actual.

Sequía prolongada

El Gobierno ha previsto la convocatoria para la próxima semana de la Mesa de la Sequía, con la que evaluar la situación general en la Península. Actualmente, el caso más extremo se da en el Valle del Guadalquivir.

Si no llueve de aquí a octubre, toda la cuenca del Guadalquivir entrará en situación de “sequía prolongada”. Esta es la máxima catalogación de sequía en España. En caso de ausencia de precipitaciones en los próximos dos meses, se prevé que todas las Unidades Territoriales de Escasez (UTE) de la margen derecha del Guadalquivir entren en sequía prolongada en el mes de octubre.

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