Rescatan a un inmigrante en Córdoba que se subió a los bajos de un bus en Tánger

El joven, de 35 años, ha sido trasladado hasta el hospital Reina Sofía de Córdoba por si ha inhalado gases tóxicos; cuando le den el alta le aplicarán la Ley de Extranjería

Ocho horas de viaje, cinco de ellas por carretera y tres más en barco, es lo que ha aguantado un joven de nacionalidad marroquí de 35 años en los bajos de un autobús. Sobre las 15.00 y ya en el casco urbano de Córdoba capital, el conductor de este autobús que cubre la línea entre estas dos ciudades decidió pararse en un semáforo y llamar a la Policía Nacional, al escuchar unos golpes de origen extraño procedentes de los bajos del vehículo. Según han confirmado fuentes policiales, en una postura inverosímil se halló agazapado a este joven inmigrante, que rápidamente fue rescatado de un lugar del que no podía salir por sus propios medios.

El joven, de 35 años, ha sido trasladado hasta el hospital Reina Sofía de Córdoba, donde permanece ingresado en estado de observación. De momento, se descarta que haya podido sufrir daños graves, pero sí alertan que ha podido resultar intoxicado por los gases del vehículo, por lo que seguirá un día más en el centro hospitalario.

Aunque la investigación sigue abierta, los agentes sospechan que el joven se encaramó a los bajos del autobús en la estación de Tánger. Una vez superado el ferry (son tres horas para cruzar el Estrecho de Gibraltar), el autobús pasó la frontera española en Tarifa. De ahí, el vehículo continuó viaje por autovía hasta llegar a Málaga, donde realizó una parada con el joven marroquí aún agazapado. No fue hasta la llegada al centro de Córdoba, en el Paseo de la Victoria, cuando el conductor detectó los golpes en los bajos del vehículo y decidió llamar a la Policía Nacional.

En cuanto reciba el alta, fuentes policiales han asegurado a este periódico que al joven, que carece de documentación, se le aplicará la Ley de Extranjería. Probablemente, su viaje acabará donde empezó, repatriado a Marruecos, después de jugarse la vida durante cerca de 400 kilómetros de carretera y barco en los bajos de un autobús.

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