(Des)concierto de Spalding en el Gran Teatro

Esperanza Spalding | TONI BLANCO
La atmósfera surrealista que consiguió crear la artista estadounidense con su jazz arriesgado, cautivó a un público que llenó, prácticamente, el Gran Teatro

Y cierras los ojos, te acomodas la almohada y la respiración comienza a ralentizarse. Te colocas los auriculares y la voz rasgada de Esperanza Spalding (1984. Portland) comienza a sonar, llevándote a ese momento en el que el subconsciente da rienda suelta a la imaginación, pero aún estás demasiado despierto como para materializar un sueño. Esta sensación, conocida como vigilia, fue una de las corrientes que el pintor surrealista, Salvador Dalí, fomentó.

Algo muy parecido se pudo vivir ayer en el concierto de la cantante, compositora, bajista y ganadora de un Premio Grammy, Esperanza Spalding, cuyo show destacó por ser extravagante, surrealista y lejos de dejar indiferente a nadie. Sobre todo, por que, tal y como ella aseguraba, su nuevo trabajo Emily’s D+Evolution fue concebido durante una noche de insomnio, con luna llena y mucha inspiración. El riesgo y la experimentación fueron clave en este espectáculo caracterizado por tener aires de jazz, pop, r&b, un lenguaje corporal teatral y poesía.

El Gran Teatro acogió una puesta en escena sublime, en el que cada uno de los detalles estaba preparado pero abierto a improvisación. Extremos y contradicciones fueron la base de un concierto que fue acogido por un público con cara de sorpresa, expectación, o intriga por saber qué depararía el show, que comenzó con una puesta en escena teatral, muy al estilo de Lady Gaga, con cambio de vestuario y peinado incluidos.

Sin embargo, poco a poco, la artista estadounidense se fue metiendo al público, que no sabía si amarla o levantarse de sus butacas, en el bolsillo. Los ritmos de agudos jazzeros eran el hilo conductor de las viñetas vivientes irreales, que provocaban en el público una sensación de desconcierto por no saber con qué nueva interpretación iba a sorprender esta reina de ébano. Y así fue, cuando el público se sentía a salvo en su zona de confort, los tres componentes del coro bajaron al patio de butacas y bailaron junto a los menos vergonzosos al son de Noble Nobles o Unconditional Love.

Al salir, el público seguía con una sensación de aturdimiento, se escuchaban comentarios como "Esta chica va por delante y Córdoba aún no está lista para un espectáculo tan cosmopolita" o "Ha sido brutal, ella es un espectáculo en sí. La puesta en escena me ha dejado muerta. Desde luego, no me esperaba esta actuación". Sin duda, un espectáculo sin precedentes, calificado de demasiado vanguardista o postmoderno para el Festival de la Guitarra pero que consiguió enganchar poco a poco al público.

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