Las cordobesas que fueron las primeras policías locales de España

Delfina y Dolores Tapia, primeras policias locales de España | ALEX GALLEGOS

A comienzos de 1970, las hermanas Delfina y Dolores, escucharon en la radio el anuncio de que, por primera vez, se iban a convocar plazas para que las mujeres ingresaran en la Policía Municipal de Córdoba. Poco antes, habían visto por televisión a una joven japonesa que visitaba España y era policía de tráfico. "Yo quiero ser eso", recuerda Delfina que pensó en ese momento. Y dicho y hecho, las dos hermanas -que habían "convivido con el uniforme en casa" al ser hijas de un guardia civil- solicitaron el acceso al cuerpo de seguridad local y formaron parte de la primera decena de mujeres que conformaron la primera promoción de policías locales de toda España, pioneras en la sociedad machista de la época y en una profesión masculinizada.

En un mes de academia aprendieron lo básico: el Código de Circulación, las Ordenanzas Municipales, artes marciales para su defensa personal, a montar a caballo... Y el 24 de mayo de 1970 tomaron posesión como interinas de sus plazas de policías municipales. "Nos dirigieron desde el principio para regular el tráfico, para que se nos viera. Nos querían como mujeres florero", señala Delfina para explicar que, lejos de haber sido incluidas en el cuerpo en un signo de igualdad con los hombres, la convocatoria se había puesto en marcha porque "se necesitaban más policías y, con los estudios primarios de entonces, los hombres aspiraban a otras profesiones".

El uniforme que les tocó vestir también fue especial: un modisto creó cuatro diseños y Delfina tuvo que probárselos en el Ayuntamiento para que el Pleno de la época -compuesto solo por hombres con el alcalde Guzmán Reina al frente- diera el visto bueno y eligiera uno de ellos. El seleccionado -de color azul- estaba compuesto por chaqueta y falda larga, con botas altas y bolso al hombro. "Pidieron que me sentara en una silla y cruzara las piernas, para comprobar que no se me veían las rodillas", rememora la policía. Pero en un gesto contra esa imposición, las diez mujeres acortaron el largo de sus faldas y vistieron el uniforme con las rodillas al aire, como por otra parte imperaba en la moda de los años 70.

El servicio diario de aquellas primeras mujeres de la Policía Municipal de Córdoba se centraba en la regulación del tráfico, que se hacía de manera manual en una ciudad en la que apenas había un par de semáforos. También vigilaban los edificios municipales, los mercados y las zonas transitadas por turistas. Desde el cuartel -situado entonces en Campo Madre de Dios- iban solas -no en pareja-, sin transmisores, a pie o en bus, porque "no había ni motos ni coches (para los agentes). Los coches que había eran solo para los mandos", recuerdan.

En muchas ocasiones, fueron el blanco del machismo imperante. "¡Vete a casa a fregar! ¡Vete a casa a coser calcetines!. Eso nos lo decían muchas veces los conductores desde su coche cuando nos veían regular el tráfico", dice Dolores. "A una compañera hasta le tiraron tomates desde una furgoneta".

Pero ellas recuerdan que, pese a todo, "guardamos recuerdos muy buenos. Hemos sido policías por vocación. Nosotras teníamos una profesión -eran peluqueras- y quisimos meternos a policía porque era lo que nos gustaba".  Rememoran cómo luego, poco a poco, "la mayoría de la gente estaba a nuestro favor. '¡Qué valor habéis tenido!', nos decían...".

Ahora, jubiladas ambas, Delfina y Dolores recuerdan sus años de dedicación a la Policía Local como "un trabajo muy gratificante". Después de consolidar su plaza tras la interinidad y tras un tiempo en excedencia -Delfi tuvo incluso que estar de baja todo un embarazo porque "no sabían dónde colocarme"-, ya en los años 80 cambiaron algo las cosas: el uniforme ya tenía pantalón, los agentes podían patrullar en coche o moto y hacían los servicios en pareja. "Pero el machismo ha seguido hasta ahora", incide Delfina para evidenciar que la promoción interna de las mujeres policías que ingresaron en su época se ha encontrado con mayores dificultades que los hombres en todo este tiempo.

Durante toda su carrera profesional, estas pioneras de la Policía Local han pasado por todos los servicios, desde la Sala del 092 que atendía las llamadas, a patrullar la ciudad, realizar atestados, intervenir en la Unidad de Violencia de Género o en Atención al Público. "Escuchar a la gente, poder ayudarle, esa tarea ha sido la más bonita", dice Dolores, que durante una década ha sido la voz que atendía las llamadas a la policía cordobesa.

En el otro lado de la moneda, los momentos más difíciles: "Al estar en la calle se viven muchos momentos duros", explica Delfina, a quien se le han quedado marcados varios accidentes de tráfico con víctimas jóvenes: "Son imágenes que no se olvidan", o la impotencia de atender un evidente caso de violencia de género y no poder hacer nada: "Antes no existían las leyes de ahora. Y llegabas a una casa, te la encontrabas destrozada, los muebles y todo roto, la mujer con la cara amoratada, el hombre detrás. Y decirte que allí no pasaba nada. Y no poder hacer nada...", relatan.

Y en el recuerdo también, durante todos estos años desde 1996, los nombres de María de los Ángeles y María Soledad, sus dos compañeras que fueron asesinadas en diciembre de ese año cuando perseguían a los atracadores de una oficina del Banco Santander. Recuerdan el impacto de los sucedido, las anécdotas que vivieron con ellas, el compañerismo... y el vacío que dejaron. Para Delfina, además, fue la imagen del riesgo que ella misma pudo correr: "Yo hacía grupo de patrullas con ellas. Pero entonces yo estaba de vacaciones. Si no, lo mismo me pudo pasar a mí".

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28 de mayo de 2017 - 06:15 h