Esto no es nada

Llevamos un mes encerrados en casa, se han perdido centenares de miles de puestos de trabajo, se han dejado de ganar miles de millones de euros y se ha elevado la tensión política del país a unos niveles extremos. Pero esto no es nada.

Ningún guionista enloquecido podía escribir todo lo que nos está pasando y pretender ser creíble. Absolutamente nadie se habría creído cuando se comía las uvas la pasada Nochevieja viendo Cachitos que se iba a tirar más de un mes encerrado en casa, que el sistema sanitario iba a vivir su peor crisis en un siglo, que la economía mundial se frenaría en seco, que dejarían de venir los turistas y que vería hasta colas en los supermercados.

Por eso es imposible que a día de hoy nadie sepa qué es lo que puede pasar en los próximos meses. Ni siquiera sabemos qué día podremos volver a salir a la calle. Ni cómo lo haremos. Ni siquiera quién podrá hacerlo. Muchos menos es saber cómo nos va a dejar todo esto. Cómo vamos a salir de esta. Si la crisis va a ser en V, en U o como el símbolo de Nike. Pero algo se empieza a intuir.

Está claro que nada volverá a ser como antes. Muchos empleos se habrán perdido para siempre. Otros costará recuperarlos. Y lo que es peor, todo esto habrá que pagarlo. De una u otra manera.

Como en 2008, los estados están reaccionando de la misma manera: los bancos centrales imprimen billetes y los estados se endeudan hasta las cejas. Pero a diferencia de 2008, los bancos centrales sí que están comprando la deuda de los estados. En todo el mundo... menos en Europa, donde el Banco Central Europeo lo tiene prohibido por ley.

Es decir, como en 2008 después de esto vendrá una gigantesca crisis de deuda soberana que hará muy difíciles las cosas para los países europeos... siempre y cuando Europa no decida reaccionar.

Este sábado, el primer ministro de Portugal, Antonio Costa, decía que el problema no estaba ni en el Parlamento Europeo, ni en el Consejo Europeo ni siquiera en el corazón de Bruselas. El problema estaba en Holanda. Y ya está. Y que Europa podría seguir funcionando sin Holanda, quién sabe.

Lo que empieza a quedar claro es que esto lo va a cambiar todo. Todo lo que era sólido. Y que de esta no se salva ni el euro ni Europa.

La crisis sanitaria de 2020 nos va a traer una nueva reconstrucción de los estados nación, que han descubierto que la globalización económica los deja indefensos. Japón, por ejemplo, ha aprobado un plan para que sus empresas vuelvan a fabricar en su territorio. Se acabó eso de producir barato en el Tercer Mundo. Estados Unidos ya lo está haciendo. Y me temo que muchas empresas europeas optarán por lo mismo. Volveremos a ver a Inditex montando talleres en Galicia, espero. Y la ropa volverá a costar algo más de lo que vale ahora.

Un mundo multipolar con estados nación compitiendo entre sí ya sabemos qué es lo que trae. Es historia. Que dicen que se repite.

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11 de abril de 2020 - 22:08 h