Las chicas de la Cruz Roja

Hace unos días, evocaba la película "Tres de la Cruz Roja" para hablar del ridículo en que incurría PePe Nieto ante el pintoresco presidente del Córdoba CF, en una casa, el estadio de El Arcángel, que le pertenece. Luego, conocimos que una de las cuestiones que le chulearon es el deseo de hacerle un homenaje a Miguel Reina, para tapar que acaba de despedir 25 trabajadores municipales del IMDECO. Hoy, sin embargo, elijo "Las chicas de la Cruz Roja" para hablar del modelo de política social que se vuelve a imponer en nuestra ciudad. Cuando creíamos que nuestro estado del bienestar podría responder de las necesidades básicas derivadas de la crisis, nos encontramos que volvemos a la postulación y a la caridad. Los trabajadores sociales y los programas públicos han desaparecido o se muestran inoperantes, y han dado paso al reinado de las recogidas de alimentos, las cenas benéficas o el reparto de ropa, al frente de los cuales hay, seguro, personas con buena voluntad, pero que evitan cualquier propuesta o acción de cambio político.

"Las chicas de la  Cruz Roja" se veía después de disfrutar del NODO complementándose ambos, al vender una sociedad inexistente, de XXV años de paz bajo la dictadura franquista, y donde el hambre, la falta de empleo o de vivienda se resolvían con la emigración o con la aportación caritativa de la sociedad. Concha Velasco, Tony Leblanc y las otras tres parejas potragonistas de la película de Salvia, representaban una vida amable donde el gobierno no era responsable de lo que pasaba y todo era producto de la mala suerte o de la mala cabeza de algunos. Entre sonrisas, canciones y amoríos todo se podía cambiar sin cuestionar nunca a los dirirgentes. Hoy en día, vivimos una época muy similar, en cuanto aquellos que se dedican a atender a los más necesitados se declaran "apolíticos" (o sea de derechas), aunque también colaboren gentes que se proclaman de la izquierda. De hecho, la izquierda se siente incómoda ante la falta de ideas para contraponerse a este modelo, lamentablemente, exitoso.

La Junta de Andalucía, responsable de las competencias sociales, se retuerce entre penurias de tesorería para poder mantener un sistema social público que aborde la cobertura de necesidades. El ayuntamiento, se escuda en ello para ir transfiriendo recursos a entidades que no cuestionen el origen de lo que sucede y se limiten a intentar ganarse su paraíso particular. El gobierno central, ha recortado la aportación para el programa concertado de servicios sociales, así como para dependencia y otros programas donde intervenía parcialmente. Ante esta dejación de funciones, la sociedad civil, descreída de la política, ha decidido hacer algo y el modelo que sigue es el de apoyarse en entidades humanitarias  o religiosas a las que donar su dinero o su tiempo. Y esta vuelta a que sean estas entidades quien dirijan la polìtica social, es un retroceso en la búsqueda de la solidaridad y la justicia.

A esta moda de pedirnos contribución personal, se ha sumado, de forma casi perentoria, bastantes ONGS de cooperación, que han visto recortadas también las cantidades que las administraciones les aportan, ya sea por rebaja de las mismas o por no saber si algún día van a cobrarlas. Se sienten incluso obligados a tener que justificar que las ayudas a otros países sigue siendo necesaria. La sociedad ha  olvidado que si nosotros pagamos la crisis perdiendo el empleo o la vivienda, en otros lugares más desfavorecidos, lo hacen perdiendo la vida. Sirva el ejemplo de que la Cruz Roja ha tenido que aclarar que el dinero que se recoja este año, será para nuestros pobres antes que para los de otras latitudes. Esto demuestra que vamos a una cierta autarquía social que habrá que vencer a través de una red social organizada que, además de poder dar algún servicio directo al vecindario, mantenga la crítica política, la propuesta de cambio social, que nos haga salir de este pozo.

Aporto una terna de hechos que demuestra a lo que estamos llegando. Los concejales de nuestro ayuntamiento rivalizan por demostrar que el dinero de la paga extra, que voluntariamente, aunque a regañadientes, van a dejar de cobrar, va a servir para comprar alimentos, evitar un desahucio o cualquier otra labor encomiable, en vez de exigir más eficacia a los servicios sociales municipales. UCOR dice usar el dinero que se cobra para el funcionamiento del grupo político en arreglar entuertos diversos en Las Palmeras, en vez de plantear que las instituciones atiendan esas necesidades. Es este un modelo de acción política usado por la extrema derecha en Grecia o Italia y busca el clientelismo más puro. Por último, PePe Nieto se fotografía con un grupo de mayores sin recursos para darles... ¡un calefactor! Alguno de ellos no reciben ninguna ayuda municipal permanente o siguen a la espera de ayuda a domiicilio, pero habrán cogido una oferta, ¡yo no soy tonto! y, ahora, tienen un calefactor, aunque no tengan para pagar la luz.

Al menos, entidades como ApDH sigue denunciando el imparable incremento de la exclusión social en nuestra ciudad; Stop desahucios lucha porque no se eche al vecindario de sus casas, pero exige cambios legales y políticos al mismo tiempo; y la Federación de asociaciones vecinales al-Zahara propone que el presupuesto municipal incorpore un verdadero plan social de choque. Algunos seguirán, como los protagonistas jóvenes, felices y pizpiretos de la película, fieles a su obra de caridad, mientras continúan permitiendo que gobiernen aquellos que provocan esta política social injusta.

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12 de diciembre de 2012 - 07:00 h