Como quien guarda un tesoro

Te has ido sin avisar ni despedirte, sin hacer ruido pero se nota mucho. Nos has roto un corazón que latía con tu poesía, la cual siempre nos quedará, pero nos será angustiosamente insuficiente. Algún día, estoy segura, estarás en los libros de texto que ahora manejo en clase a mi antojo, al antojo de mis gustos y de los suyos. De hecho, y lo sabías, ya estabas en "mi libro de texto" y te leía en clase y ellos, mejor que yo, también te leían. Y presumía de ser tu amiga y ellos alucinaban al saber que su "maestra" era amiga de un escritor famoso. Y un día viniste a mi centro y te conocieron y sus ojos muy abiertos aún están clavados en mi memoria, y sus preguntas y tus respuestas... y la magistral manera en que te los metiste en el bolsillo y conseguiste que sus hormonas durmieran y sus voces callaran. Les diste el recital más grande y más discreto. Y allí, conmigo, otro poeta, que ese día te conocía y desde entonces sé que también te admira. Así eres, así eras.

Guardaré como quien guarda un tesoro los libros que me regalaste, tus libros, que no me hiciste comprar y que me diste casi sin darte importancia, como quien da un refresco... y que me dedicaste con palabras que suenan a silencio.

Como los más grandes, te has ido joven, como Miguel Hernández, Lorca o Bécquer, y a la misma edad que tu vientre, con casi todo por hacer y por decir, pero dejando tras de ti una estela apabullante de talento. Gracias, gracias y mil gracias. Por tu generosidad, por tus letras, por tu esencia. Gracias por haber pasado como una estrella fugaz por el "Universo Averroes" asido de mi mano. Nunca te voy a soltar, tú no lo hagas.

P.D.: Tres días después de tu marcha, desde uno de tus tres universos, cuando empiezo a reaccionar.

María Copé Gil, profesora de Literatura del instituto Aljanadic de Posadas

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11 de enero de 2017 - 19:45 h
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