Noche de sábado. Reloj de plata

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El compositor madrileño rompe distancias con el público en el Patio de Columnas viajando por sus nueve discos de forma acústica

Calles de Madrid, noche del sábado/ Tiene suficiente para no dormir. Si había alguna canción que le apetecía tocar a Quique González el sábado en Viana, esa era Calles de Madrid. Y sin que nadie se la pidiera, se sentó al piano y la dedicó a todos los madrileños para los que esa noche era una fiesta desde Las Ventas hasta Chamberí. Días antes, el compositor se había confesado "absolutamente enamorado" de Manuela Carmena, investida alcaldesa ayer mismo, y no sabemos si González conocía el dato de que la mayoría de las entradas para su concierto cordobés se habían vendido precisamente en su ciudad vía internet. Por lo que muchos de sus vecinos abarrotaban el Patio de Columnas. Gentes venidas a pisar las calles de San Agustín la noche del sábado.

Lo que arrastra a sus seguidores por carreteras y raíles de toda la geografía es el personal, auténtico y sugerente repertorio de este músico, capaz de defenderlo igual de bien con banda de rock que a pecho descubierto, solo con guitarra, piano, armónica y voz, tal y como llegó a Córdoba con la gira Carta blanca. Quique parecía estar en el patio de su casa. Apareció de repente y se llevó a la boca 'Clase media'. Explicó que tenía una lista de peticiones realizadas por los fans para ese concierto desde las redes sociales y que cada cuál podía pedir la que quisiera. Pero ya sabía que era imposible contentar a todos.

De las tímidas peticiones del principio, que incluían el por favor, el patio acabó convertido en un griterío de mercado de abastos. El músico se quedaba con un tema de la abstracta nube de títulos de forma elegante -"¿El Rompeolas quieres?"- y ponía en marcha su proyector de imágenes. Esas polaroids que desfilan por cualquiera de sus canciones, dentro de las que algunos han vivido en determinados momentos de su vida.

Que aún tiene rock'n'roll en el pecho sigue gritándolo a los cuatro vientos y hasta forzándolo en su voz guiñando a Tom Waits al empalmar Avión en tierra con Downtown train, de Waits.

El triple salto mortal de esta gira es la imagen que devuelve el espejo de peticiones de los seguidores. Dime qué canción piden y te diré qué trayectoria tienes. Quique González lo salva incluyendo muchas de sus apetencias de esa noche (aquí fue también Los desperfectos) ante un público, que si bien demandó los hits, también quiso escuchar muchos de los tesoros escondidos en sus nueve discos. Canciones que calentaron el corazón en una más que fría noche sábado que pasó como un solo momento. En un reloj de plata.

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