“Toda mi vida está aquí”: la lucha del último tendero por mantener abierto un mercado en Córdoba
Rafael Jiménez cumple 63 años en octubre y, en dos más, se jubilará. Lleva toda la vida siendo carnicero -“más de 38 años”, cuenta- y las últimas décadas lo ha hecho en el barrio de El Naranjo de Córdoba, primero en el antiguo local y, desde que abriera en 2004, en el actual. Ahora, es el último tendero que sobrevive en este mercado donde no hay ni un solo puesto abierto más. Pero a su edad y con el horizonte de la jubilación ya próximo, el Ayuntamiento le ha comunicado su decisión de que debe abandonar su puesto en este mercado, cuyas instalaciones quieren convertir en un centro para personas mayores.
Rafael no quiere marcharse. “Lo poco que tengo, está aquí. Está toda mi vida aquí”, dice, mientras reflexiona sobre la situación en la que se encuentra, a su edad y con vista a la jubilación: “No estoy ya para arriesgar”, señala sobre lo que supondría trasladarse ahora a otro mercado, a otro barrio y hacer una nueva clientela.
En el mercado de El Naranjo hace ya tres años que es el único tendero que sobrevive. “Una pescadería y una frutería antes fueron los últimos en cerrar. Como máximo, aquí hemos estado seis o siete puestos abiertos”, constata. Pero Rafael mantiene allí su clientela -“no hay mucha venta, pero para pagar mis gastos y vivir, me da. Lo que tengo, lo tengo aquí”, reitera.
Habla con este periódico mientras atiende a una de sus clientas, Conchi, que le compra la carne y el arreglo para un cocido. Como ella, mantiene clientes fieles que acuden a su puesto -“personas mayores sobre todo, pero también ya sus hijos e incluso nietos”-, y a algunos les lleva los pedidos a casa si no pueden ir hasta allí. “Es una injusticia”, dice Conchi sobre que quieran trasladar a su carnicero: “Se están cargando los mercados, en vez de facilitarles vender aquí”. “Y hay otros lugares para el local para los mayores”, apostilla sobre la razón esgrimida para cerrar definitivamente este mercado.
Traslado a otro mercado: “Me están obligando”
Sobre la situación a la que se enfrenta, Rafael recuerda que el proceso lleva un año abierto, que la concesión del puesto “esta prescrita desde 2018, pero se callaron y nadie ha dicho nada y yo sigo pagando todos los meses. ¿Estoy en precario? Como todos los mercados menos el de La Corredera”, argumenta. Y precisa que, “oficialmente, hace tres meses que el Ayuntamiento me ha dicho que me tengo que ir”.
Acerca de la solución que le dan, confirma que sería el traslado “al mercado de La Corredera y no sé si también a otros”. Pero él no quiere irse del mercado de El Naranjo. Apunta a que los demás mercados municipales no pasan su mejor momento -“hay muchos con el 50% de los puestos vacíos”-. “Me están obligando (...) Estoy en shock”.
Desde el puesto número 4 del mercado de El Naranjo, Rafael mantiene su actividad, rodeado de persianas bajadas en el resto de instalaciones. Y junto al local cerrado y vacío del antiguo mercado, que está sin uso y donde él pensaba que ideaban instalar el centro para personas mayores.
Ahora, estudia cómo va a sortear la situación que se le presenta. “Aún no me lo creo”. Pero el Ayuntamiento ha iniciado ya el proceso administrativo para extinguir el derecho del comerciante sobre su puesto en el mercado y que sea el último tendero en cerrar definitivamente otro mercado en Córdoba.
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