El obispo de Córdoba destaca la solidaridad con Ucrania para “construir el futuro” y “no las bombas y las invasiones”

El obispo de Córdoba, Demetrio Fernández | ÁLEX GALLEGOS

El obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, se ha referido a la invasión rusa de Ucrania y ha avisado de que son actitudes, como la solidaridad, “las que construyen el futuro, no las bombas y las invasiones”, lo que le ha llevado a pedir “a Dios el don de la paz para Ucrania y para el mundo entero”.

En este sentido y en su carta semanal, recogida por Europa Press, Demetrio Fernández, tras celebrar el que “parece que estamos saliendo de ese tiempo de pandemia que nos ha tenido encogidos a todos en el alma y nos ha impedido la normal expresión de nuestra fe cristiana por las calles”, ha lamentado que, sin embargo, “no faltan motivos de preocupación”, pues “la guerra de Ucrania nos pone ante los ojos el orden mundial, que más parece un desorden”.

En ese contexto, según ha señalado el obispo de Córdoba, “prevalecen los intereses de los más fuertes, sin importar para nada el sufrimiento que la guerra trae consigo y las heridas tan hondas que dejan en toda la humanidad”.

“La guerra -ha argumentado en su carta- es siempre un fracaso de la humanidad, es un fracaso de la diplomacia, es un fracaso de las buenas relaciones internacionales. Aunque en medio de tantas cenizas aparecen preciosos testimonios de heroísmo, de patriotismo, de solidaridad. Son estas actitudes las que construyen el futuro, no las bombas y las invasiones. Pidamos a Dios el don de la paz para Ucrania y para el mundo entero”.

Por eso, según ha subrayado, “necesitamos conversión, cambiar de vida”, porque “la guerra no es solo la de los grandes potentados, sino que la guerra se fragua en el corazón de cada persona, cuando no sabe amar, cuando se instala en el conflicto, cuando hace la vida amarga a los que viven a su alrededor”.

De este modo, Demetrio Fernández, aludiendo al tiempo de Cuaresma que ya ha comenzado, ha pedido que “avancemos por el camino cuaresmal como un catecumenado que culmina en la noche de Pascua, renovando las promesas bautismales. Luchemos con Jesucristo contra el mal en el mundo y en nuestro corazón. La victoria está asegurada”.

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