¿Cuál es la situación actual del lince en Córdoba?

Un lince en el entorno del Guadalmellato, en una imagen de archivo | MADERO CUBERO
La baja variabilidad genética y la escasa población de conejos hacen que los principales esfuerzos se orienten hacia una alimentación suplementaria

Dos son las amenazas principales que sufre el lince ibérico para su supervivencia: su baja variabilidad genética y la ausencia de poblaciones de conejo, su principal alimento. La primera está provocada por el escaso número de ejemplares, lo que empuja a la fecundación entre miembros de una misma familia, lo que provoca un sistema inmune más débil y la fácil dispersión de un brote infeccioso. Pero la ausencia de conejos ya es un problema arraigado: primero la mixomatosis a partir de los años cincuenta y después, la enfermedad hemorrágica del conejo, dos enfermedades víricas que afectaron en cadena a esta población.

Ante esta situación, desde el proyecto Iberlince se está llevando a cabo un plan de choque consistente en una alimentación suplementaria para los linces. Tal y como cuenta Miguel Ángel Simón, responsable del proyecto, “lo primero que hacemos es detectar territorios donde una hembra lince tenga baja densidad de conejos. Cuando la localizamos, ponemos un cercado con conejos domésticos dentro”. De esta forma, un día a la semana, el lince “engorda” su dieta normal con este suplemento. Para evitar la sensación del animal de que la comida ha sido depositada por el hombre, el cercado es de 3.000 metros cuadrados, “lo suficientemente grande para que el lince tenga la necesidad de cazarlo y no pierda ese instinto”, cuenta Simón.

Con el objetivo de expandir las poblaciones existentes y maximizar la variabilidad genética, desde el proyecto también se está llevando a cabo la unión entre Andújar-Cardeña y la zona del Guadalmellato. Una acción “que estamos consiguiendo con éxito”, explica Simón, “ya que ya tenemos linces reproductores que se están asentando por el norte de Montoro”.

En cuanto a la población existente, los datos de 2014 apuntan que en la zona de Andújar-Cardeña hay 161 linces, de los cuales 55 hembras y 30 cachorros; y la zona del Guadalmellato cuenta con 11 hembras y 13 cachorros. Las previsiones es que en esta última zona se mantengan el número de cachorros y que en la zona Andújar-Cardeña, crezca, con motivo de esas repoblaciones llevadas a cabo.

No obstante, y aunque Iberlince actúa sobre estas dos amenazas, hay que recordar que la principal causa de mortalidad del lince es el atropello, que en 2014 se cobró la vida de 21 de los 33 felinos fallecidos. Estas cifras enlazan de nuevo con la ausencia de conejos, que lleva a los linces a una mayor dispersión en busca de comida.

Y, ¿cuál es el método usado para el censo y en qué momento se realiza? Desde 2001, la técnica utilizada es el foto-trampeo, “que consiste en barrer todo el área de presencia de la especie con cámaras trampa estratégicamente situadas”, señala Simón. Por otra parte, el censo comienza a realizarse a mediados de junio, por lo que no será hasta enero-febrero de 2016 cuando se dispongan de los datos oficiales. El porqué de esta cuestión también es claro. La época de celo de los linces comienza a finales de diciembre y se amplía hasta enero, por lo que teniendo en cuenta que el periodo de gestación es de aproximadamente 63 días, los partos empiezan a producirse a finales de marzo. “Durante los primeros meses, los cachorros permanecen escondidos, y no es hasta mediados de junio cuando empiezan a acompañar a sus madres y, por tanto, son susceptibles de ser detectados. Es por esta razón que el censo comienza a realizarse a mediados de junio”, sentencia Simón.

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