La historia de la pareja que bajó del Iryo justo antes del accidente para ir al partido del Córdoba CF

Vivos por siete minutos. Daniel y Ángela, una joven pareja residente en Córdoba, han vivido lo que muchos calificarían como un auténtico milagro. El pasado domingo viajaban en el vagón siete del Iryo siniestrado en Adamuz tras unos días en Málaga. Se bajaron en la Estación de Córdoba Julio Anguita porque él es abonado e iban justo después al partido en el que iban a enfrentarse el Córdoba CF y el Málaga CF.

En una entrevista telefónica con Cordópolis, Daniel ha comentado que era la primera vez que utilizaban los servicios de la operadora Iryo y que el trayecto no fue del todo fluido. Según su testimonio, el vagón daba los “típicos botes” debido a la velocidad, pero hubo uno en particular, poco antes de llegar a su destino, que llamó su atención. “Cuando fui a coger el equipaje, el tren dio un bote que me desequilibró”, relata este joven, quien en ese momento no le dio mayor importancia pensando que “podía ser algo normal derivado de la alta velocidad”. Al llegar a la capital cordobesa, él y su novia fueron de las pocas personas que abandonaron el vagón, dejando atrás a otros pasajeros cuyas caras, según confiesa, se les han quedado grabadas. Entre ellos, recuerda haber visto a una mujer embarazada, a varios matrimonios y a un perro que ahora está siendo buscado, Boro.

Cuando la pareja se encontraba ya en el estadio de fútbol, rodeada del ambiente previo al partido, la madre de Dani le avisó por WhatsApp sobre el descarrilamiento de un tren. “En ese momento no caí en que pudiera ser el mío”. El destino quiso que justo detrás de ellos, en la grada, se encontrara sentado un maquinista de Renfe recién jubilado que estaba comentando los detalles del accidente con su mujer casi en tiempo real. Al escuchar la conversación y ver las fotos del tren siniestrado en el móvil, Dani y Ángela se quedaron en shock: “Vimos la foto del tren y nos quedamos mirando diciendo: Este es nuestro tren, no puede ser”. Tras comprobar sus billetes y ver el número de vagón, fueron plenamente conscientes de la magnitud de lo ocurrido y de cómo esos siete minutos de diferencia salvaron sus vidas.

Pese a tener todavía “el susto en el cuerpo”, Dani se muestra firme en su convencimiento de no dejar que el miedo condicione sus vidas. “No le puedo tener miedo a viajar ni a seguir viviendo”, afirma, convencido de que, por alguna razón, ese momento fatídico no estaba destinado para ellos. La pareja -él, maestro, y ella, profesional de la sanidad- se encuentra opositando para Renfe.