<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[Cordópolis - La ciudad in situ]]></title>
    <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/temas/la-ciudad-in-situ/]]></link>
    <description><![CDATA[Cordópolis - La ciudad in situ]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://cordopolis.eldiario.es/rss/category/tag/1041329/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La ciudad congelada]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/ciudad-congelada_1_9923031.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e260cd1a-5b90-4338-b2bb-13401b234e01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ciudad congelada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Elena Lázaro y Rafael Obrero concluyen con este reportaje la serie de retratos de los barrios y lugares de Córdoba que, bajo su particular punto de vista, han realizado en el especial 'La ciudad in situ' para Cordópolis</p><p class="subtitle">Hemeroteca - Aquí puedes ver y leer todos los reportajes de 'La ciudad in situ'</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a105f3d4-893f-4be8-8b8c-97461b9c036e_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a105f3d4-893f-4be8-8b8c-97461b9c036e_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a105f3d4-893f-4be8-8b8c-97461b9c036e_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a105f3d4-893f-4be8-8b8c-97461b9c036e_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a105f3d4-893f-4be8-8b8c-97461b9c036e_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a105f3d4-893f-4be8-8b8c-97461b9c036e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a105f3d4-893f-4be8-8b8c-97461b9c036e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Camino de Carbonell"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Camino de Carbonell                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Lleva d&iacute;as helando. Lo s&eacute; porque mi ropa, la ropa que dejo preparada cada noche para vestirme a prisa antes de ir a trabajar, est&aacute; como un t&eacute;mpano. No necesito consultar el term&oacute;metro para saber que hemos descendido por el umbral de los 0 grados; s&oacute;lo tengo que mirar a trav&eacute;s de la ventana y observar a mi vecina esmerarse en retirar el hielo de la luna delantera de su coche antes de arrancar. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy, los techos de los coches parecen nevados, las alcantarillas exhalan el aliento de los bajos fondos y la hierba del descampado est&aacute; petrificada por el fr&iacute;o, robando la poca intimidad que les queda a las mascotas del barrio cuando bajan al ba&ntilde;o. A&uacute;n no he puesto un pie en la calle y ya siento que se me hielan la nariz y los pies. Yo siempre tengo fr&iacute;o en la nariz y en los me&ntilde;iques por mucha mascarilla y calcet&iacute;n que use.
    </p><p class="article-text">
        Desde la ventana esa sensaci&oacute;n es s&oacute;lo eso, una sensaci&oacute;n. En un rato, cuando abra para ventilar, s&iacute; ser&aacute; verdad, pero, hasta entonces, los muros, el doble acristalamiento y el techo mantienen mi habitaci&oacute;n a una temperatura soportable. Este a&ntilde;o no he enchufado los radiadores. Sencillamente no me puedo permitir una sorpresa facturada. Mi afici&oacute;n a la monta&ntilde;a me ha salvado y ahora transito por el pasillo hasta la cocina pertrechada como si estuviera a punto de hacer cumbre. 
    </p><p class="article-text">
        Salgo a pasear con mi perro. Caminamos por el Parque de La Asomadilla y desde arriba caigo en la cuenta de que no son s&oacute;lo los techos de los coches los que se han congelado esta ma&ntilde;ana. Mimetizadas con el paisaje del pol&iacute;gono veo las casas de las familias que viven junto al Ecoparque de Fuente de la Salud. Me pregunto c&oacute;mo pasar&aacute;n estas noches. 
    </p><p class="article-text">
        He pasado la ma&ntilde;ana en la oficina con esa idea en la cabeza &iquest;c&oacute;mo puedo bromear con la temperatura de mi casa o encontrar belleza en el hielo que ti&ntilde;e de blanco el parque cuando mis vecinos soportan las heladas apenas protegidos por una chapa?
    </p><p class="article-text">
        Al regresar a casa vuelvo a pasear con mi cachorro, pero esta vez no le dejo dirigirse al parque. Camino directa hacia el Ecoparque. A pie de calle ya no es tan f&aacute;cil ver las casas, ocultas por unas descomunales vallas publicitarias. Es como si un muro quisiera ocultar su presencia &iquest;o ser&aacute; para preservar su intimidad? Por debajo de una de esas vallas veo asomar la cabeza de un pato. No es el &uacute;nico ave: gallinas, pavos y gallos componen un improvisado corral en mitad de la ciudad. He conversado un rato con el cabeza de una de esas familias, he entendido su vida y he visto en &eacute;l el orgullo de un padre, el amor de un compa&ntilde;ero y la preocupaci&oacute;n, el temor de quien se siente extranjero en una ciudad que es tan suya como m&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        No voy a escribir su nombre ni el de su familia, no voy a contar las an&eacute;cdotas que me ha narrado y con las que he re&iacute;do a carcajadas. Esto no es periodismo informativo, esto es contar la vida y la de este hombre es, como la de cualquier hombre, la de alguien que quiere cuidar de los suyos, trabajar y vivir. Nada que no hayamos contado o dibujado antes en este mismo espacio.
    </p><p class="article-text">
        Hemos seguido paseando. De lejos veo a una mujer recoger agua en la fuente. La ayudan dos adolescentes de sonrisa y miradas amables. Al fondo, un grupo de criaturas chutan un bal&oacute;n con un bocadillo en la mano. Es la hora de la merienda, antes de hacer las tareas, antes de que se eche de nuevo la noche. 
    </p><p class="article-text">
        Apenas un par de kil&oacute;metros de all&iacute; otro grupo de casas como las de mis vecinos se esconden en uno de los rincones de otro pol&iacute;gono junto al r&iacute;o Pedroche. Tener agua corriendo junto a tu casa puede ser una ventaja buena parte del a&ntilde;o, pero en estas noches fr&iacute;as&hellip; Una de las mujeres que a esas horas preparan la cena, bromea: &ldquo;El ruido relaja, ayuda a dormir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; la dejo, entrando en su barrio, haciendo su vida, como la de cualquier mujer, la de alguien que quiere vivir. Con sus cosas, cosas de otras mujeres de otros barrios. Nada que no hayamos contado o dibujado antes en este mismo espacio.
    </p><p class="article-text">
        Empieza a anochecer. Hace fr&iacute;o en esta ciudad calurosa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rafael Obrero, Elena Lázaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/ciudad-congelada_1_9923031.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Feb 2023 04:45:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e260cd1a-5b90-4338-b2bb-13401b234e01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="378009" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e260cd1a-5b90-4338-b2bb-13401b234e01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="378009" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La ciudad congelada]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e260cd1a-5b90-4338-b2bb-13401b234e01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,barrio,frío,La ciudad in situ]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cerro Muriano: el invierno de la normalidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/cerro-muriano-invierno-normalidad_1_9819877.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ad8f6d4b-193d-4bb5-bf26-3330b84e95c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="insitu cerro muriano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada dos sábados, Elena Lázaro y Rafael Obrero se sumergen en Córdoba en el retrato de uno de sus barrios y lugares, bajo su particular punto de vista, en un trabajo especial llamado 'La ciudad in situ'</p><p class="subtitle">Hemeroteca — Aquí puedes ver y leer todos los reportajes de 'La ciudad in situ' </p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/059b63c1-3f27-4dc7-b7dc-2715540a1aa7_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/059b63c1-3f27-4dc7-b7dc-2715540a1aa7_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/059b63c1-3f27-4dc7-b7dc-2715540a1aa7_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/059b63c1-3f27-4dc7-b7dc-2715540a1aa7_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/059b63c1-3f27-4dc7-b7dc-2715540a1aa7_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/059b63c1-3f27-4dc7-b7dc-2715540a1aa7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/059b63c1-3f27-4dc7-b7dc-2715540a1aa7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Plaza Morriones en Cerro Muriano"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Plaza Morriones en Cerro Muriano                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Hay en los olores de las ma&ntilde;anas de invierno una mezcla tan compleja de matices que si mir&aacute;semos las conexiones neuronales provocadas por nuestro olfato estoy segura de que nos sorprender&iacute;a tanta actividad en la que presuntamente es la estaci&oacute;n m&aacute;s aletargada del a&ntilde;o. Las chimeneas, el suelo mojado por el roc&iacute;o, el caf&eacute;, el fr&iacute;o (porque el fr&iacute;o huele) van abri&eacute;ndose camino entre -dig&aacute;moslo- los mocos directos al nervio olfativo para provocar un batiburrillo de sensaciones, que en mi caso caminan desde la nostalgia hasta una preocupante, euf&oacute;rica y artificial ansia por vivir. Digo bien, preocupante, porque lo natural a estas alturas del a&ntilde;o es hibernar, olvidarse del mundo y esperar la primavera. Pero no, eso no pasa si vives en una ciudad en la que, a poco que te despistes, acabas metida en mitad del monte.
    </p><p class="article-text">
        Esta ma&ntilde;ana, las lega&ntilde;as y el tufillo a invierno me han llevado sin darme cuenta hasta uno de los extremos de la ciudad: Cerro Muriano, la barriada frontera que separa C&oacute;rdoba de Obejo. En la Plaza de Morriones he terminado de ali&ntilde;ar el aroma invernal con el olor de la churrer&iacute;a de las dos Anas. Cincuenta a&ntilde;os de ruedas y aceite resumidas en euro y cuarenta por dos jeringos atados a un junco.
    </p><p class="article-text">
        Los hemos devorado intentando no dejar huella en los pinceles y el cuaderno donde tomo mis notas. El sabor de la sierra al que s&oacute;lo le ha faltado el caf&eacute;, pero &iquest;d&oacute;nde acudir? &iquest;al Casinito de Obejo o al Equis en la misma frontera con C&oacute;rdoba? Resulta complicado decidir. La Ciudad in situ nos obliga a mantenernos dentro del per&iacute;metro de C&oacute;rdoba, pero, he terminado perdida entre las callejuelas, oliendo, mirando, oyendo, tocando y saboreando el l&iacute;mite de Obejo. Quiz&aacute;s se acerque el momento de retratar la provincia in situ.
    </p><p class="article-text">
        Mientras regreso oigo de fondo los disparos del campo de tiro de la base militar. Son la prueba de que la barriada sigue siendo trinchera. Tengo que creer a mi o&iacute;do porque mi vista est&aacute; cegada por la niebla de la ma&ntilde;ana, que a ratos se disipa dejando intuir la sierra y a ratos se espesa reforzando el misterio de un territorio mitificado por las leicas de Gerda Taro y Endre Friedmann, la pareja de fotorreporteros tras el pseud&oacute;nimo de Robert Capa.
    </p><p class="article-text">
        Pero esta ma&ntilde;ana nada recuerda al pasado. Esta ma&ntilde;ana cercana a la Navidad todo el mundo parece haberse dejado llevar por una preocupante ansia de vivir. En la puerta del centro de menores, un trabajador social bromea con uno de los j&oacute;venes: &ldquo;cuando llegaste no levantabas dos palmos, pero aunque has crecido sigues igual de plasta&rdquo;. Ambos r&iacute;en. En la puerta del colegio, una maestra reclama el abrazo de un alumno: &ldquo;que no nos vamos a ver tres semanas&rdquo;, argumenta. En el supermercado, Mariv&iacute; exhibe su d&eacute;cimo de loter&iacute;a: &ldquo;este a&ntilde;o cae el gordo seguro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, el invierno suena, huele y sabe a invierno. No es nostalgia, es la certeza de la normalidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ilustración: Rafael Obrero, Elena Lázaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/cerro-muriano-invierno-normalidad_1_9819877.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Dec 2022 04:45:21 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ad8f6d4b-193d-4bb5-bf26-3330b84e95c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="243401" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ad8f6d4b-193d-4bb5-bf26-3330b84e95c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="243401" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cerro Muriano: el invierno de la normalidad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ad8f6d4b-193d-4bb5-bf26-3330b84e95c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,Cerro Muriano,La ciudad in situ]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Santuario y Fuensanta: intrusas entre la hojarasca]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/santuario-fuensanta-intrusas-hojarasca_1_9764857.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/80a3c076-802e-437b-8a21-611d5e944b4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fuensanta insitu"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada dos sábados, Elena Lázaro y Rafael Obrero se sumergerán en Córdoba en el retrato de uno de sus barrios y lugares, bajo su particular punto de vista, en un trabajo especial llamado 'La ciudad in situ'</p><p class="subtitle">Hemeroteca - Aquí puedes ver y leer todos los reportajes de 'La ciudad in situ' </p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/923401bf-ae06-41d4-ab1e-9cd324bafdf9_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/923401bf-ae06-41d4-ab1e-9cd324bafdf9_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/923401bf-ae06-41d4-ab1e-9cd324bafdf9_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/923401bf-ae06-41d4-ab1e-9cd324bafdf9_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/923401bf-ae06-41d4-ab1e-9cd324bafdf9_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/923401bf-ae06-41d4-ab1e-9cd324bafdf9_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/923401bf-ae06-41d4-ab1e-9cd324bafdf9_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La Fuensanta en la ciudad in situ"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La Fuensanta en la ciudad in situ                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Estoy segura de que es aqu&iacute;. Tiene que ser aqu&iacute;. &iquest;D&oacute;nde si no se van a expedir los carn&eacute;s de cordobesismo si no es junto al Pocito de la Fuensanta? Algo me dice que en alg&uacute;n rinc&oacute;n de la Plaza del Santuario debe estar el despacho para naturalizarse en esta ciudad. He aparcado en la Avenida de la Fuensanta y atravesado la frontera hacia el Santuario escuchando el griter&iacute;o del recreo en el Fern&aacute;n P&eacute;rez de Oliva. Me he soltado el pelo, dejando que me cubra media cara para evitar ser reconocida, porque &iquest;c&oacute;mo confieso a mis cuarenta y tantas primaveras que no he pisado esta plaza en mi vida? &iquest;c&oacute;mo admito que llevo cuatro d&eacute;cadas aprovechando el Puente de la Fuensanta para alargar mis veranos? &iquest;c&oacute;mo reconozco que jam&aacute;s he tocado una campanita ni visto al caim&aacute;n? Si es que lo escribo y me tiembla el coraz&oacute;n, el dedo coraz&oacute;n digo, mientras lo tecleo. 
    </p><p class="article-text">
        Como no veo a nadie me acojo a sagrado y busco alguna indicaci&oacute;n clara entre los ex votos y las placas de reconocimiento. Nada. Ni una se&ntilde;al que me diga d&oacute;nde acreditarme como cordobesa de pro. Ni un solo lugar en el que demostrar que abro vocales y seseo con una destreza sobrehumana; ni un espacio para exhibir mis dotes como perolista; ni un minuto para sacar el senequismo a pasear. Nada, en definitiva, para poder limpiar la mancha de mi sevillana concepci&oacute;n. S&iacute;, tal y como leen, exactamente como reza el reverso de mi <em>deene&iacute;</em> , hace todas esas primaveras que les digo -en realidad oto&ntilde;os- nac&iacute; a 140 kil&oacute;metros de aqu&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Impostora perdida me siento en un escal&oacute;n pensando c&oacute;mo alcanzar la redenci&oacute;n. Desde all&iacute; observo el paseo sereno de dos vecinas. El pantal&oacute;n blanco y los suecos de la m&aacute;s joven y los pasos cortos de unos pies pesados que se arrastran por el empedrado de la m&aacute;s vieja me cuentan la historia de miles de mujeres que cuidan de miles de mujeres que envejecen. Pienso en mi propia dependencia. En ese momento tambi&eacute;n agradecer&iacute;a un brazo amigo que me sujetase para mostrarme un barrio inexplorado. Me levanto en su b&uacute;squeda. Me acerco hacia el barrendero que desde hace rato se esmera pacientemente por retirar las hojas que los pl&aacute;tanos de sombra dejan caer incesantes sobre la plaza. Antonio, treinta a&ntilde;os en la empresa municipal de limpieza y vecino de Las Lonjas, conoce el barrio a la perfecci&oacute;n. Podr&iacute;a ser el cicerone perfecto, pero hay demasiada tarea como para ayudarme con mi particular cursillo CCSE (Conocimientos constitucionales y socioculturales espa&ntilde;oles) de cordobesismo. As&iacute; que le dejo trabajar y me acerco a la panader&iacute;a de la esquina con la Calle Pocito. Un repartidor detiene la furgoneta y mientras descarga grita:
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Rafael, un bocadillo de tortilla y una cola light. Y me pones mayonesa de la vuestra, no de la del bote.
    </p><p class="article-text">
        Ante semejante alegato por la autenticidad (mayonesa DE-LA-V-U-E-S-T-R-A) y rodeada de rafaeles mi impostura resulta casi asfixiante. Para colmo de mi mal, al regresar hacia la plaza me percato del nombre del &uacute;nico bar abierto: &ldquo;Taberna de La Abuela. Comidas Caseras&rdquo;, un r&oacute;tulo que se completa con la fotograf&iacute;a de una mujer mayor a la que mi imaginaci&oacute;n, claro, ya ha situado al frente del barrio en sus a&ntilde;os m&aacute;s gloriosos. 
    </p><p class="article-text">
        Intento alejarme, pero mis pies parecen anclados al suelo. Repaso la carta: flamenqu&iacute;n, croquetas caseras, salmorejo&hellip; solomillo al tataki &iquest;solomillo al tataki? &iquest;las abuelas y los tatakis se hablan? Entretenida con el enigma no reparo en Manuel, que me ofrece ayuda.
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Disculpe, se&ntilde;ora, &iquest;la puedo ayudar? (Manuel no ha intuido nada, Manuel, con ese &ldquo;se&ntilde;ora&rdquo; ha dejado claro que ha visto claros cada uno de mis cuarenta y tantos oto&ntilde;os).
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No, yo&hellip; es que&hellip; estaba echando un vistazo&hellip; &iquest;qui&eacute;n es la mujer del r&oacute;tulo?
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi abuela Nieves
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&iquest;Y son suyas las recetas? &iquest;era del barrio?
    </p><p class="article-text">
        Nieves no s&eacute;, pero Manuel me explica que en realidad vive en Ca&ntilde;ero y que hace apenas tres a&ntilde;os que instal&oacute; su negocio en el barrio; antes estaban en la Plaza de la Magdalena (ser&aacute; por plazas, ser&aacute; por v&iacute;rgenes&hellip;). Su confesi&oacute;n suaviza mi farsa. 
    </p><p class="article-text">
        Al alejarme distingo el cartel de otro bar. Puede que las comidas tambi&eacute;n sean caseras, pero de otras casas, de otras cocinas algo m&aacute;s lejanas. Es un Kebab. Mientras lo observo, veo al ayudante de Antonio cruzar de nuevo hacia la plaza. Es Burhan. 
    </p><p class="article-text">
        El jefe le ha pedido que regrese para repasar los &uacute;ltimos rincones. A &eacute;l todo le parece bien. No ha tenido suerte con los trabajos, desde que lleg&oacute; de Rabat. &ldquo;Yo no me quejo, yo hago el trabajo que me dice el jefe y no pierdo el tiempo&rdquo;, repite con una resignaci&oacute;n equivalente a la paciencia que demuestra al retirar la hojarasca, mientras me explica que es nuevo en la empresa y que est&aacute; encantado con que le hayan asignado este barrio.&nbsp;Lleva 17 a&ntilde;os en C&oacute;rdoba. El pr&oacute;ximo 25 de diciembre cumplir&aacute; los mismos oto&ntilde;os que yo y tampoco hab&iacute;a pisado la plaza hasta que lo hizo, como Manuel desde La Magdalena; como el caim&aacute;n desde Am&eacute;rica; como esta intrusa. Y desde entonces es suya, es nuestra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena Lázaro, Rafael Obrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/santuario-fuensanta-intrusas-hojarasca_1_9764857.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Dec 2022 04:45:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/80a3c076-802e-437b-8a21-611d5e944b4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="385045" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/80a3c076-802e-437b-8a21-611d5e944b4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="385045" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Santuario y Fuensanta: intrusas entre la hojarasca]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/80a3c076-802e-437b-8a21-611d5e944b4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[La ciudad in situ,Córdoba,barrio,Fuensanta]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Brillante: vida mate]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/brillante-vida-mate_1_9723965.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e8ad8433-c8a3-4892-9ee8-52ee1c915c4b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Brillante insitu"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada dos sábados, Elena Lázaro y Rafael Obrero se sumergerán en Córdoba en el retrato de uno de sus barrios y lugares, bajo su particular punto de vista, en un trabajo especial llamado 'La ciudad in situ'</p><p class="subtitle">Hemeroteca - Aquí puedes ver y leer todos los reportajes de 'La ciudad in situ' </p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/943028af-8f9f-4e36-8ab8-aab083f1e3c1_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/943028af-8f9f-4e36-8ab8-aab083f1e3c1_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/943028af-8f9f-4e36-8ab8-aab083f1e3c1_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/943028af-8f9f-4e36-8ab8-aab083f1e3c1_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/943028af-8f9f-4e36-8ab8-aab083f1e3c1_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/943028af-8f9f-4e36-8ab8-aab083f1e3c1_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/943028af-8f9f-4e36-8ab8-aab083f1e3c1_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El Puentecillo del Brillante "
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El Puentecillo del Brillante                             </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Resulta complicado narrar la vida de una ciudad sin sesgarla por la propia experiencia, por los recuerdos e incluso los prejuicios. As&iacute; que esta semana decid&iacute; subir andando por la Avenida del Brillante olvid&aacute;ndome de las mil y una veces que recorr&iacute; ese camino en los Noventa. Me prohib&iacute; pensar en las noches de verano que empezaban con la promesa de una litrona en &ldquo;El perro&rdquo; y terminaban con un ligue nuevo en KSI500, cuando la movida en verano se trasladaba hacia la sierra. 
    </p><p class="article-text">
        La m&eacute;dica me ha prohibido la nostalgia y recetado un presentismo algo molesto pero eficaz, de manera que llegu&eacute; al cruce de El Tablero amn&eacute;sica perdida. Es posible que no est&eacute; usted valorando el esfuerzo porque he obviado un detalle: llov&iacute;a. Y ya se sabe que la f&oacute;rmula lluvia y oto&ntilde;o acaba irremediablemente en melancol&iacute;a. Pero no, insisto en que recorr&iacute; este primer tramo del Brillante atenta s&oacute;lo al momento; que alcanc&eacute; la esquina con la avenida del Calasancio sin dejar que los flashes de aquellos momentos ocuparan la pantalla de mi memoria. Ni el botell&oacute;n en la calle Roma, ni los morreos en el Granito de Oro, ni las carreras en vespino en busca de Venus. Nada, nada, doctora, s&oacute;lo el aqu&iacute; y el ahora. Porque, adem&aacute;s, observado desde El Tablero, a primera hora de la ma&ntilde;ana con el tr&aacute;fico insufrible de tanto entusiasta del coche, este barrio no brilla tanto como cuando lo tallamos desde la nostalgia. El Brillante es m&aacute;s bien mate.
    </p><p class="article-text">
        Sentada en una de las cafeter&iacute;as del cruce, mirando el reluciente y germ&aacute;nico supermercado que ocupa lo que fue la sede de Aprosub (&iexcl;Asociaci&oacute;n De Padres Y Protectores De &iexcl;Subnormales! De Cordoba &hellip; &iquest;ven como mi doctora tiene raz&oacute;n? &iquest;ven que cualquier tiempo pasado fue peor?), intento entender qu&eacute; programa de relajaci&oacute;n o mindfulness utilizar&aacute;n los conductores de esos flamantes carros para soportar la pesadilla de atravesar la avenida en cualquier direcci&oacute;n un d&iacute;a de lluvia en hora punta. Debe ser bueno su sistema porque el nivel de abstracci&oacute;n es tal que ni uno solo de ellos repara en la presencia del vendedor de pa&ntilde;uelos del sem&aacute;foro. Me sorprende la invisibilidad que ha llegado a alcanzar el hombre y me acerco a hablar con &eacute;l, pero su tenacidad es mayor: &ldquo;no puedo atenderte ahora; estoy trabajando. Ven en una hora que me quedo m&aacute;s libre&rdquo;. Eso es compromiso laboral.
    </p><p class="article-text">
        Mientras converso con el vendedor veo a don Juan (intenten quitarle el &ldquo;don&rdquo; a un maestro de su infancia, ver&aacute;n que es imposible). Cruza corriendo por el paso de cebra. Es el &uacute;nico corredor esta ma&ntilde;ana lluviosa. Porque don Juan es, como el vendedor, incombustible. No importa la meteorolog&iacute;a; don Juan seguir&aacute; corriendo Brillante arriba con el mismo tipo de zapatillas y ch&aacute;ndal que hace casi cuatro d&eacute;cadas. Pero, a pesar de este instante de pasado, me mantengo en el presente, espero a que el sem&aacute;foro vuelva a cerrar el paso a los yoguis del volante y vuelvo a mi t&eacute; verde ecol&oacute;gico de 2 euros por bolsita (r&iacute;anse del proceso inflacionista del sector energ&eacute;tico cuando unas hojillas de t&eacute; cuestan el doble que un kilo de tomates).
    </p><p class="article-text">
        De nuevo sentada en la mesa fijo la mirada en Rafael, el kioskero. En media hora le he visto salir tres veces con un peri&oacute;dico en la mano para entregarlo por la ventanilla a uno de sus clientes. A &eacute;l s&iacute; le ven, al vendedor de pa&ntilde;uelos, no. &nbsp;No distingo los peri&oacute;dicos ni las revistas desde mi mesa y pienso que ser&aacute; por la lluvia. Entonces, inevitablemente una parte de mi cerebelo me devuelve una imagen: el kiosko con decenas de publicaciones expuestas, un paseo de domingo, las campanas de la Iglesia de Cristo Rey sonando y quiz&aacute;s un bollo de leche en el Horno del Brillante. Me digo que no, que no voy a mirar atr&aacute;s, pero algo se ha desconectado ah&iacute; dentro y los recuerdos se empe&ntilde;an en salir: peri&oacute;dicos en papel, informaci&oacute;n que manchaba las manos, lectura lenta, el oficio que quise ejercer desde mi infancia: &ldquo;mam&aacute;, quiero ser periodista, de las que escriben, de las del peri&oacute;dico&rdquo;. Y lo fui y lo dej&eacute; de ser. Atrapada por la nostalgia he pasado un rato hablando con Rafael. Durante nuestra conversaci&oacute;n el goteo de clientes es lento y la media de edad alta, bastante alta. Un diario local y, como mucho, otro m&aacute;s deportivo es el lote habitual. Rafael se lamenta: &ldquo;Yo he llegado a vender aqu&iacute; un domingo cientos de diarios; ahora, con suerte, apenas pasan de un par de docenas&rdquo;. El diagn&oacute;stico es tajante: el negocio, tal y como lo conocimos, agoniza y la pandemia lo ha acelerado. La prohibici&oacute;n de compartir prensa en cafeter&iacute;as y consultas ha sido el tiro de gracia. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y el futuro? El futuro no existe. Me lo ha dicho mi doctora. As&iacute; que me he recetado doble dosis de presente. Y el presente esta ma&ntilde;ana es el mejor posible: est&aacute; lloviendo. Las gotas han devuelto algo de brillo al Brillante.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rafael Obrero, Elena Lázaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/brillante-vida-mate_1_9723965.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Nov 2022 04:45:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e8ad8433-c8a3-4892-9ee8-52ee1c915c4b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="371471" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e8ad8433-c8a3-4892-9ee8-52ee1c915c4b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="371471" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El Brillante: vida mate]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e8ad8433-c8a3-4892-9ee8-52ee1c915c4b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[La ciudad in situ,Córdoba,barrio,El Brillante]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[San Agustín: La verborrea de la hora tonta]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/san-agustin-verborrea-hora-tonta_1_9682843.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/908acb0f-0dec-442e-8e2e-106fb8e1ec4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="insitu san agustín"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada dos sábados, Elena Lázaro y Rafael Obrero se sumergerán en Córdoba en el retrato de uno de sus barrios y lugares, bajo su particular punto de vista, en un trabajo especial llamado 'La ciudad in situ'</p><p class="subtitle">Aquí puedes ver y leer todos los reportajes de 'La ciudad in situ'</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f2afbd6f-e494-4a10-a82b-50ba8b5b26f4_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f2afbd6f-e494-4a10-a82b-50ba8b5b26f4_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f2afbd6f-e494-4a10-a82b-50ba8b5b26f4_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f2afbd6f-e494-4a10-a82b-50ba8b5b26f4_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f2afbd6f-e494-4a10-a82b-50ba8b5b26f4_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f2afbd6f-e494-4a10-a82b-50ba8b5b26f4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f2afbd6f-e494-4a10-a82b-50ba8b5b26f4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Plaza de San Agustin"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Plaza de San Agustin                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Hay en las tardes de oto&ntilde;o una particular cadencia hacia la perogrullada. Es como si en las conversaciones de calles y plazas se hubieran agotado los temas interesantes, como si los tertulianos dejaran agonizar sus charlas caminando lentos hacia la hibernaci&oacute;n del palique. Eso no pasa en primavera o en verano, cuando el atardecer no es m&aacute;s que el preludio de lo que est&aacute; por llegar y las calles rebosan animadas. Con el cambio de hora de oto&ntilde;o, la vida, el Sol, la luz, es para quien madruga, no para noct&aacute;mbulos. En una tarde de oto&ntilde;o nadie sabe qu&eacute; pedir en un bar, es la hora tonta. Las terrazas se vac&iacute;an y las plazas, s&oacute;lo con un poco de suerte y por tiempo limitado, son ocupadas por criaturas jugando y estirando los minutos antes de la cena, que de un d&iacute;a para otro casi se junta con la merienda. 
    </p><p class="article-text">
        Las tardes de oto&ntilde;o no existen. Uno sale de la oficina y es noche cerrada, as&iacute; que no le queda m&aacute;s remedio que aflojar un poco la corbata y acelerar la conversaci&oacute;n con los amigos de tertulia. La conversaci&oacute;n y la velocidad de ingesta alcoh&oacute;lica. Un tercio de cerveza y un g&uuml;isqui a la hora. &Eacute;sa fue la marca personal de cada una de las cuatro corbatas que cont&eacute; esta semana en la Plaza de San Agust&iacute;n a la hora tonta entre la merienda y la cena. 
    </p><p class="article-text">
        No hubo que pegar la oreja demasiado para escuchar los asuntos que les ocupaban. A grito pelado y con <em>performance</em> incluida compartieron con toda la plaza sus pensamientos sobre el amor (&ldquo;lo que no se puede es pasar de tu mujer y llegar borracho todos los d&iacute;as a cenar&rdquo;), la amistad (&ldquo;<em>cucha</em>, yo tengo un amigo que se pide vacaciones para venir desde Albacete todos los a&ntilde;os a salir conmigo el mi&eacute;rcoles de Feria&rdquo;) y el trabajo (&ldquo;diez ofertas mejores he recibido, pero yo creo en lo que hago; yo no trabajo para ganar m&aacute;s dinero&rdquo;). Perogrulladas.
    </p><p class="article-text">
        Afortunadamente para las presentes, el dise&ntilde;o de esta plaza, reforma incluida, permite fluir el sonido sin interrumpir las confidencias de la mesa de al lado o los consejos de la sabia a su pupila, en la del fondo. El tono de las corbatas ni siquiera desentona con el griter&iacute;o de los balonazos del fondo o los ladridos del perro que reclama pasear mientras su due&ntilde;o apura el &uacute;ltimo trago de fino. 
    </p><p class="article-text">
        De alguna forma, esos cuatro corbatas representan la resistencia de quienes se niegan a aceptar el final del verano, del sol, de la vida, de la luz. Y &iquest;qu&eacute; es La Axerqu&iacute;a, sino resistencia? Resistir ante los embates de la gentrificaci&oacute;n, la multiplicaci&oacute;n milagrosa de eventos cofrades, la falta de servicios y espacios verdes. 
    </p><p class="article-text">
        He caminado a lo largo del Colodro y la calle Moriscos hasta llegar a la Plaza y he comprobado que esa resistencia se camufla mimetiz&aacute;ndose con el empedrado. La he visto vestida con una bata bajando la basura; luciendo <em>piercings</em> en un portal fumando a escondidas con la carpeta llena de apuntes al salir de la clase de ingl&eacute;s; pedaleando en familia con las bolsas de la compra en el manillar; militantes del habitar la ciudad hist&oacute;rica; activistas sin y con corbata; s&eacute;necas oto&ntilde;ales de la vida de verdad, que saben qu&eacute; pedir y de qu&eacute; hablar en la hora tonta.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena Lázaro, Rafael Obrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/san-agustin-verborrea-hora-tonta_1_9682843.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Nov 2022 04:45:33 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/908acb0f-0dec-442e-8e2e-106fb8e1ec4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="419789" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/908acb0f-0dec-442e-8e2e-106fb8e1ec4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="419789" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[San Agustín: La verborrea de la hora tonta]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/908acb0f-0dec-442e-8e2e-106fb8e1ec4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[La ciudad in situ,Córdoba]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trassierra tras la careta]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/trassierra-careta_1_9644526.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dfc002e7-1993-4d82-9ed3-c8695465373c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trassierra insitu"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada dos sábados, Elena Lázaro y Rafael Obrero se sumergerán en Córdoba en el retrato de uno de sus barrios y lugares, bajo su particular punto de vista, en un trabajo especial llamado 'La ciudad in situ'</p><p class="subtitle">Aquí puedes ver y leer todos los reportajes de 'La ciudad in situ'</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4ee76500-bc04-49dd-af10-1830a52dbe65_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4ee76500-bc04-49dd-af10-1830a52dbe65_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4ee76500-bc04-49dd-af10-1830a52dbe65_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4ee76500-bc04-49dd-af10-1830a52dbe65_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4ee76500-bc04-49dd-af10-1830a52dbe65_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4ee76500-bc04-49dd-af10-1830a52dbe65_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4ee76500-bc04-49dd-af10-1830a52dbe65_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Trassierra ciudad in situ cuadrado"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Trassierra ciudad in situ cuadrado                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        No sabr&iacute;a por d&oacute;nde empezar. Ni siquiera s&eacute; si quiero describir estas cuatro calles y mil senderos que componen la barriada de Santa Mar&iacute;a de Trassierra.
    </p><p class="article-text">
        No se pueden describir las emociones &iquest;C&oacute;mo adjetivar lo que se siente en un lugar? Trassierra no es objetivable como exige lo descriptivo. Y no lo es por varias razones.
    </p><p class="article-text">
        La primera es puramente personal y tiene que ver, como digo, con la incapacidad de quien escribe para trasladar a palabras sus sentimientos. Eso es cosa de poetas y yo, salvo alg&uacute;n pareado accidental, no controlo el arte de rimar ni siquiera el de trovar. Si insisten me limitar&eacute; a darles un par de pinceladas: silencio donde hubo ruido. Pocos entender&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La segunda raz&oacute;n para no describir Trassierra radica en la imposibilidad de captar el alma de este barrio de la periferia privilegiada de la ciudad. Se puede visitar Trassierra y creer que se conoce. Es posible caminar sus calles, perderse en las parcelaciones m&aacute;s o menos documentadas e incluso emplear una ma&ntilde;ana en el presunto coraz&oacute;n de la barriada, donde se concentran todos y cada uno de los servicios municipales por los que batall&oacute; el activismo vecinal de los ochenta: centro c&iacute;vico con sede administrativa consistorial, centro de salud, farmacia y parada de la empresa municipal de autobuses, en el bando de lo p&uacute;blico; supermercado, fruter&iacute;a, estanco, ferreter&iacute;a y bares -estos &uacute;ltimos son los &uacute;nicos que no se cuentan por unidades- del lado de lo privado, y algo m&aacute;s arriba, la parroquia, del lado de lo divino. Se puede visitar todo ello y no lograr conocer Trassierra.
    </p><p class="article-text">
        Posiblemente &eacute;sta sea la barriada m&aacute;s bipolar de toda la ciudad. Trassierra ense&ntilde;a una cara al visitante que no es cara sino careta. Existe una Trassierra de fin de semana, que es perolista y cobijo de caminantes y ciclistas, y otra oculta, que es aut&eacute;ntica. La primera es f&aacute;cil de ver. Me atrever&iacute;a incluso a describirla adjetiv&aacute;ndola como serrana, rural, verde, tranquila y estar&iacute;a mintiendo. O peor: estar&iacute;a haciendo un panfleto para quienes t&iacute;midamente empiezan a especular con ella olvidando que proteger la Sierra es proteger tambi&eacute;n sus formas de vida y no dejarse llevar por los cantos de sirena del dinero f&aacute;cil del turismo can&iacute;bal y gentrificador. Y ah&iacute; dudo que vean pasar estos pinceles y estas letras.
    </p><p class="article-text">
        El alma de Trassierra est&aacute; oculta; es infranqueable como el muro del viejo cortijo y complicada como la carretera que sube desde la ciudad. La Trassierra tras la careta esconde el alma de un barrio donde las redes se tejen entre los caminos y las casas. Es esa Trassierra la que invalida cualquier intento de conocerla o contarla &ldquo;in situ&rdquo; porque en ella, como en los pueblos peque&ntilde;os, donde quienes la habitan lo hacen en islas parceladas, tan fuerte son los lazos de ayuda como las desconfianzas. Y eso se siente si se sabe escuchar entre gestos y miradas a la hora del desayuno, cuando unos sorben el an&iacute;s y tuercen el gesto al ver llegar al forastero pidiendo churros cuando todo el mundo sabe que de lunes a viernes aqu&iacute; se desayuna pan con aceite, que los extras son para el fin de semana. Esa Trassierra se intuye escuchando una conversaci&oacute;n monosil&aacute;bica entre un cliente habitual (&ldquo;&iquest;Qu&eacute;?&rdquo;) y el ferretero (&ldquo;Ya est&aacute; ah&iacute; lo tuyo&rdquo;) o coloc&aacute;ndose en el lugar indicado en la cola del supermercado para saber qui&eacute;n recibir&aacute; visita este fin de semana. Pinceladas, en definitiva, de un barrio aut&eacute;ntico imposible de dibujar y urgente de conservar (y ah&iacute; est&aacute; la tercera).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena Lázaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/trassierra-careta_1_9644526.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Oct 2022 03:45:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/dfc002e7-1993-4d82-9ed3-c8695465373c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="354753" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/dfc002e7-1993-4d82-9ed3-c8695465373c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="354753" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Trassierra tras la careta]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/dfc002e7-1993-4d82-9ed3-c8695465373c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[La ciudad in situ,Córdoba,Trassierra]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Zoco: asfixia identitaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/zoco-asfixia-identitaria_1_9624466.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/85bd5b9f-753c-4e72-b45f-af50f7ede6e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="insitu 15 octubre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada dos sábados, Elena Lázaro y Rafael Obrero se sumergerán en Córdoba en el retrato de uno de sus barrios y lugares, bajo su particular punto de vista, en un trabajo especial llamado 'La ciudad in situ'</p><p class="subtitle">Aquí puedes ver todos los artículos de 'La ciudad in situ', barrio a barrio</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3885e03-823d-4932-b793-0e07e6a1d8ef_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3885e03-823d-4932-b793-0e07e6a1d8ef_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3885e03-823d-4932-b793-0e07e6a1d8ef_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3885e03-823d-4932-b793-0e07e6a1d8ef_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3885e03-823d-4932-b793-0e07e6a1d8ef_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f3885e03-823d-4932-b793-0e07e6a1d8ef_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f3885e03-823d-4932-b793-0e07e6a1d8ef_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="ZOCO Ciudad in situ"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                ZOCO Ciudad in situ                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        No es que no est&eacute;n. De hecho casi se acercan al centenar. Es s&oacute;lo que su presencia resulta apenas apreciable distra&iacute;da como queda la mente por el insoportable calor que sube desde el suelo. Ese suelo imposible de granito con el que alg&uacute;n d&iacute;a, all&aacute; por el tiempo en el que at&aacute;bamos los perros con longanizas e infl&aacute;bamos burbujas, decidimos que enlosetar las calles, plazas y bulevares era la mejor forma de construir el espacio com&uacute;n &iquest;Qui&eacute;n quiere un parque cuando puede disfrutar de una buena plaza de granito de la sierra para tomarse un medio y torrarse las neuronas?
    </p><p class="article-text">
        La imagen rebosa cordobesismo a raudales, pero tengo prohibido ficcionar. No les miento. No hay nadie bebiendo fino en la Plaza de Mat&iacute;as Prats. Aqu&iacute; s&oacute;lo corren r&iacute;os de horchata, granizada y helado. Porque lo de torrarse, como lo del granito, no es mentira. Dos helader&iacute;as, en la calle Jos&eacute; Mar&iacute;a Martorell, hacen su octubre -en C&oacute;rdoba es imposible que nadie haga su agosto- aliviando la carga a los padres de la cocrianza que cuidan a sus criaturas y las pasean de extraescolar en extraescolar. La parada a la sombra de los edificios resulta obligada. Les veo contemplar la infinitud gran&iacute;tica como s&eacute;necas del nuevo milenio en lo que intuyo como una clase de rutina de mindfulness consistente en soltar a las crianzas a correr por la plaza y olvidarse de mirarlas. Un cl&aacute;sico; padre que mira al infinito mientras hija se deja las rodillas al tropezar corriendo en la plaza. No hay sangre porque la superficie lisa del pavimento evitar el rasgu&ntilde;o, as&iacute; que se ahorran lavar heridas. Granito 1- Parque 0. Eso s&iacute;, el hematoma por contusi&oacute;n no se lo quita nadie. Empate t&eacute;cnico.
    </p><p class="article-text">
        He contado 28 &aacute;rboles en el per&iacute;metro que rodea la plaza en la parte donde se derrite desde hace un cuarto de siglo la escultura dedicada al periodista taurino Mat&iacute;as Prats. Viv&iacute; un a&ntilde;o a cien metros de ella y pas&eacute; cada d&iacute;a pensando en ir a colocarle un sombrero de ala ancha para ayudarle a soportar los inconvenientes del tendido al sol donde el Ayuntamiento le puso a pasar la eternidad. Verle en esa soledad asfixiante me generaba angustia. &nbsp;Al regresar esta tarde me ha alegrado ver que el Tiovivo Mariloli -instalado en la puerta del centro comercial hace 25 a&ntilde;os- se ha trasladado -obligado seg&uacute;n me cuenta el due&ntilde;o- a este lado de la plaza. Al menos ahora, la chiquiller&iacute;a le har&aacute; algo de compa&ntilde;&iacute;a a don Mat&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        He contado 28 &aacute;rboles porque me he cansado de contar y he hecho un c&aacute;lculo aproximado. Casi un centenar de &aacute;rboles intenta crecer por encima del granito. Por eso digo que no es que no est&eacute;n, es que los &aacute;rboles aqu&iacute; pasan desapercibidos. De hecho, la copa de la mayor&iacute;a no pasa del suficiente raspado en la &uacute;nica asignatura que deb&iacute;a preocuparnos es esta ciudad: la sombra. Y la Plaza del Zoco no es una excepci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        No es que me haya mudado al cambiar de rengl&oacute;n; es que, con permiso de Don Mat&iacute;as, aqu&iacute; usted, como yo, sabemos que esta plaza es la Plaza del Zoco porque es el centro comercial, o m&aacute;s bien el supermercado Deza que lo mantiene vivo, quien organiza la vida del barrio al que tampoco llama nadie Poniente, sino Zoco. Puro cordobesismo y esta vez sin ficci&oacute;n que valga. 
    </p><p class="article-text">
        Es posible que sea eso lo que haga tan popular la plaza, que no hay nada m&aacute;s cordob&eacute;s que torrarse bien y, aunque quiz&aacute;s ha llegado el momento de revisar esto de la asfixia identitaria, admito que mientras los pinceles han ido dibujando la escena he olvidado que hace rato que mi perro me reclama salir de aqu&iacute; achicharrado por la temperatura del suelo. Despierto del letargo senequista contemplativo y huimos hacia el vecino Parque de Elena Fort&uacute;n. All&iacute; no sirven helados ni hay quien eche las cuentas de los &aacute;rboles, pero poco importa cuando te puedes raspar bien las rodillas y mancharte el culo de verde como dice la poeta Bebi Fern&aacute;ndez.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ilustración: Rafael Obrero, Elena Lázaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/zoco-asfixia-identitaria_1_9624466.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Oct 2022 03:45:30 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/85bd5b9f-753c-4e72-b45f-af50f7ede6e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1162829" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/85bd5b9f-753c-4e72-b45f-af50f7ede6e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1162829" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Zoco: asfixia identitaria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/85bd5b9f-753c-4e72-b45f-af50f7ede6e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,La ciudad in situ]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[San Rafael de la Albaida: el enigma de una tarde de verano]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/san-rafael-albaida-enigma-tarde-verano_1_9302358.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4e85c67a-935c-4b48-8a29-a7d3433b0ccc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="San Rafael de la Albaida: el enigma de una tarde de verano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada dos sábados, Elena Lázaro y Rafael Obrero se sumergen en Córdoba en el retrato de uno de sus barrios y lugares, bajo su particular punto de vista, en un trabajo especial llamado 'La ciudad in situ'</p><p class="subtitle">Plaza de Electromecánicas: Veranear en “La Letro”</p><p class="subtitle">Las Margaritas: Fin de curso en la frontera</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c27738df-f255-454e-a207-e4f4e8203996_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c27738df-f255-454e-a207-e4f4e8203996_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c27738df-f255-454e-a207-e4f4e8203996_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c27738df-f255-454e-a207-e4f4e8203996_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c27738df-f255-454e-a207-e4f4e8203996_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c27738df-f255-454e-a207-e4f4e8203996_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c27738df-f255-454e-a207-e4f4e8203996_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="San Rafael de la Albaida"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                San Rafael de la Albaida                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Chicharras, fichas sobre la mesa y un coche que arranca
    </p><p class="article-text">
        Chicharras, fichas sobre la mesa y un coche que arranca
    </p><p class="article-text">
        Chicharras, fichas sobre la mesa y un coche que arranca
    </p><p class="article-text">
        De vez en cuando una puerta que se cierra y s&oacute;lo un par de veces una voz a lo lejos
    </p><p class="article-text">
        Rrrrrrrrrrrrrr, clack, clack, brrrrmmmm
    </p><p class="article-text">
        Rrrrrrrrrrrrrr, clack, clack, brrrrmmmm
    </p><p class="article-text">
        Rrrrrrrrrrrrrr, clack, clack, brrrrmmmm
    </p><p class="article-text">
        Pum
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Venga, sube al coche cari&ntilde;o que llegamos tarde&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a no quiere subir. Se acaba de despertar de la siesta. La delatan los ojos hinchados y el pelo revuelto. Hace demasiado calor para subir al coche. Por mucho que insista su madre y la anime su abuela, ella est&aacute; mejor en la calle. Ellas no lo saben, pero a su altura llega la sombra de los matorrales que recorren el canal y a la sombra ya refresca, aunque las chicharras sigan empe&ntilde;adas en seguir cantando en septiembre. Debe estar en su contrato de este a&ntilde;o. Quiz&aacute;s con las &uacute;ltimas ayudas municipales a la creaci&oacute;n art&iacute;stica las chicharras de San Rafael de la Albaida hayan pillado subvenci&oacute;n y hayan decidido cantar hasta que llegue oficialmente el oto&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Al final Luc&iacute;a sube al coche. S&oacute;lo ha puesto una condici&oacute;n irrenunciable: subir&aacute; si su madre le permite seguir con el chupete en la boca y deja de insistir en que se tome el biber&oacute;n de leche caliente.
    </p><p class="article-text">
        Salen con prisa. Brrrrmmmmm. Y dejan a las chicharras con su cantinela. Rrrrrrrrrr. Han esquivado la torre de alta tensi&oacute;n que quiebra este barrio imponiendo su presencia sin que ya nadie se inmute. Enfrente la partida contin&uacute;a. Clack, clack, las fichas de domin&oacute; sobre una de las mesas de Casa Diego &ldquo;Desde 1980&rdquo;. Una de las mesas, no, en realidad es la &uacute;nica mesa ocupada. Es la mesa de la sobremesa, la mesa de todas las mesas, la mesa de los propios del lugar, la mesa compartida por Diego, si es que es Diego quien nos sirve los refrescos con los que intentamos escuchar y mirar &ldquo;in situ&rdquo; este barrio tan enigm&aacute;tico como silencioso.
    </p><p class="article-text">
        Pum. Otra puerta se cierra. Una pareja camina mirando con extra&ntilde;eza hacia el pintor sentado junto al canal. A &eacute;l no le llega la sombra, pero resiste con el frescor de los &aacute;rboles y la promesa del atardecer. &ldquo;Qu&eacute; raro, &iquest;qu&eacute; hace aqu&iacute;?&rdquo;. No hay respuesta, s&oacute;lo aceleran el paso y cruzan el puente hacia la carretera de Trasierra. 
    </p><p class="article-text">
        San Rafael de la Albaida siempre ha sido una isla, un diminuto refugio a los pies de la sierra sin las pretensiones de otras urbanizaciones que se atrevieron a escalar por la monta&ntilde;a. No, San Rafael de la Albaida se qued&oacute; siempre mirando respetuoso la monta&ntilde;a sin poner un pie fuera. Y ahora&hellip; Ahora han ca&iacute;do las fronteras y los barrios m&aacute;s chic de la ciudad lo han rodeado cumpliendo con la osad&iacute;a de asaltar la falda de la monta&ntilde;a y utilizando el barrio como avenida para coches mastod&oacute;nticos. Todo es enorme alrededor de las azoteas de San Rafael de la Albaida: los coches de los vecinos cercanos, el Parque del Flamenco y los centros comerciales. Imagino que los &uacute;ltimos han supuesto un alivio para los habitantes de San Rafael de la Albaida, donde el comercio local brilla por su ausencia. 
    </p><p class="article-text">
        Hemos venido solos. Quisimos encontrar compa&ntilde;&iacute;a, entender este barrio, pero nadie nos ha acompa&ntilde;ado. El misterio seguir&aacute; ah&iacute;, quiz&aacute;s podamos convencer a las chicharras para que nos los cuenten o nos lo canten el pr&oacute;ximo verano.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[ACUARELA: RAFAEL OBRERO, Elena Lázaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/san-rafael-albaida-enigma-tarde-verano_1_9302358.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Sep 2022 03:45:48 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4e85c67a-935c-4b48-8a29-a7d3433b0ccc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1069147" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4e85c67a-935c-4b48-8a29-a7d3433b0ccc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1069147" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[San Rafael de la Albaida: el enigma de una tarde de verano]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4e85c67a-935c-4b48-8a29-a7d3433b0ccc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,La ciudad in situ]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Ciudad In situ' sale a la periferia en su segunda temporada]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/ciudad-in-situ-sale-periferia-segunda-temporada_1_9282772.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a52ad121-f877-4608-b61e-fccfc4709cfc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Ciudad In situ&#039; sale a la periferia en su segunda temporada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Rafael Obrero y Elena Lázaro cuentan la ciudad a través de los pinceles y las palabras</p></div><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de recorrer diez barrios entre los meses de febrero y junio y publicar sus historias en el diario Cord&oacute;polis, los creadores cordobeses Rafael Obrero y Elena L&aacute;zaro regresar&aacute;n este mes de septiembre con una nueva temporada de &ldquo;Ciudad in situ&rdquo;, el proyecto creativo que pretende ir retratando la ciudad de C&oacute;rdoba desde lugares populares, alejados de los circuitos tur&iacute;sticos. Relatos escritos por L&aacute;zaro y lugares dibujados a trav&eacute;s de los pinceles de Rafael Obrero que pretenden captar la vida real de las calles y contar las historias en el mismo momento que ocurren en un ejercicio instant&aacute;neo de narraci&oacute;n visual y escrita. Todo el ejercicio creativo nace y concluye, pues, en el mismo lugar y en el mismo momento en el que se narra.
    </p><p class="article-text">
        Como principal novedad para esta segunda temporada de relatos y dibujos, Obrero y L&aacute;zaro invitar&aacute;n a quienes habitan los diferentes barrios a guiarlos a trav&eacute;s de sus calles. Para ello, pedir&aacute;n personas voluntarias para ejercer de cicerones a trav&eacute;s de las redes sociales. En esta temporada, la &ldquo;Ciudad in situ&rdquo; prestar&aacute; especial atenci&oacute;n a la periferia visitando las barriadas de Alcolea, Trasierra, Cerro Muriano, Villarrubia, El Higuer&oacute;n y Santa Cruz. Adem&aacute;s est&aacute; previsto recorrer San Rafael de la Albaida, Zoco, Fuensanta y
    </p><p class="article-text">
        Santa Marina.
    </p><p class="article-text">
        Rafael Obrero es arquitecto, pero su ocupaci&oacute;n y su devoci&oacute;n son ahora las artes pl&aacute;sticas y la investigaci&oacute;n. Ha colaborado en varias publicaciones, impartido talleres y realizado exposiciones relacionadas con el patrimonio. Actualmente forma parte del colectivo Nadie, desde el que se proponen intervenciones que incorporan disciplinas ajenas a la pr&aacute;ctica art&iacute;stica.
    </p><p class="article-text">
        Elena L&aacute;zaro es periodista, aunque podr&iacute;a pasar por cuentista, al fin y al cabo, contar historias es lo que le ha permitido vivir. Historias breves como las de su blog Agente L&aacute;zaro en Cord&oacute;polis, historias recuperadas como las de su libro &ldquo;Un cient&iacute;fico en el armario. P&iacute;o del R&iacute;o Hortega y la historia de la ciencia espa&ntilde;ola&rdquo;, publicado por Nextdoor Publisher, o historias de ciencia como las divulgadas desde la Unidad de Cultura Cient&iacute;fica de la Universidad de C&oacute;rdoba, que coordina desde el a&ntilde;o 2011.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Redacción Cordópolis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/ciudad-in-situ-sale-periferia-segunda-temporada_1_9282772.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Sep 2022 03:50:57 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a52ad121-f877-4608-b61e-fccfc4709cfc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="299014" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a52ad121-f877-4608-b61e-fccfc4709cfc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="299014" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA['Ciudad In situ' sale a la periferia en su segunda temporada]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a52ad121-f877-4608-b61e-fccfc4709cfc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,La ciudad in situ]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Plaza de Electromecánicas: Veranear en “La Letro”]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/plaza-electromecanicas-veranear-letro_1_9155515.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/063a3772-d53b-4678-b748-fb7692d477ab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Plaza de Electromecánicas: Veranear en “La Letro”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada dos sábados, Elena Lázaro y Rafael Obrero se sumergen en Córdoba en el retrato de uno de sus barrios y lugares, bajo su particular punto de vista, en un trabajo especial llamado 'La ciudad in situ'</p><p class="subtitle">Santa Rosa: una calle de pueblo con aires de ciudad</p><p class="subtitle">Plaza de Costa Sol: Una ironía sinfónica</p><p class="subtitle">Calle Úbeda: la vida a su ritmo</p><p class="subtitle">Fátima: lógica de barrio</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/063a3772-d53b-4678-b748-fb7692d477ab_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/063a3772-d53b-4678-b748-fb7692d477ab_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/063a3772-d53b-4678-b748-fb7692d477ab_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/063a3772-d53b-4678-b748-fb7692d477ab_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/063a3772-d53b-4678-b748-fb7692d477ab_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/063a3772-d53b-4678-b748-fb7692d477ab_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/063a3772-d53b-4678-b748-fb7692d477ab_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Plaza de las Electromecánicas"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Plaza de las Electromecánicas                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Hace tanto calor sentados en este banco que si no hubiera sido por la insistencia de Rafalillo no hubiera cre&iacute;do capaz de sobrevivir en esta plaza a ning&uacute;n ser vivo. Pero &eacute;l no para de gritar:
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Mira tito, un saltamontes, un saltamontes, un saltamontes&hellip;</em>
    </p><p class="article-text">
        Su t&iacute;o no presta atenci&oacute;n ni su madre ni la se&ntilde;ora mayor que les acompa&ntilde;a en esta calurosa siesta que Rafalillo pasa saltando de poza en poza en la fuente la Plaza de la Electromec&aacute;nicas, convertida en parque acu&aacute;tico a base de imaginaci&oacute;n. Es impresionante la energ&iacute;a de esta criatura, que se sumerge una y otra vez en el agua turbia y curiosea en los bordes al acecho de cualquier insecto que se quiera sumar a sus juegos. Ahora es un saltamontes, antes las avispas y toda la tarde, las moscas. Yo misma he pasado una hora dando manotazos a las dichosas moscas. Ya s&eacute; que Antonio Machado supo hacer de ellas poes&iacute;a, pero mi capacidad literaria no pasa del post, as&iacute; que a lo m&aacute;s que llego es a parear el manotazo con alg&uacute;n que otro improperio.
    </p><p class="article-text">
        A Rafalillo, en cambio, no le molestan. Creo que su felicidad es una especie de superpoder que crea alrededor de &eacute;l un escudo protector a prueba de bombas de realidad. Me ha contado que ha venido a pasar unos d&iacute;as de veraneo a &ldquo;La Letro&rdquo; con su t&iacute;o Salvi, que media inmediatamente en nuestra conversaci&oacute;n para contarme con todo detalle c&oacute;mo le admira su sobrino y lo mucho que &eacute;l le cuida. Es evidente que el peque&ntilde;o idolatra a este muchacho tan fanfarr&oacute;n como tierno. Hemos estado charlando un rato. Y el relato realista de Salvi me ha terminado de convencer del superpoder de Rafalillo y de la eficacia de su escudo.
    </p><p class="article-text">
        La madre de Rafalillo, apenas una adolescente como su hermano, posa ante el tel&eacute;fono metida en la fuente. Son los &uacute;nicos minutos que comparte con el ni&ntilde;o dentro de esta improvisada piscina que una vez fue centro de la vida del barrio construido por la Sociedad Espa&ntilde;ola de Construcciones Electromec&aacute;nicas para sus trabajadores en C&oacute;rdoba. Hoy, la Avenida de la F&aacute;brica y las calles de alrededor son un desierto cruzado ocasionalmente por alg&uacute;n vecino que sale de casa para coger el coche. El club de matrimonios est&aacute; un par de calles m&aacute;s abajo, el economato, como el viejo cuartel de la Guardia Civil, completamente abandonados son el fiel reflejo de un pasado que no volver&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Pero cuando tienes 8 a&ntilde;os y una fuente entera para ti todo eso no importa, lo verdaderamente trascendente es que &iexcl;ha vuelto el saltamontes y otra vez que no lo has visto, tito!
    </p><p class="article-text">
        Los insectos no son los &uacute;nicos que tienen la osad&iacute;a de sacar la cabeza esta tarde. Tambi&eacute;n nos hemos cruzado con Terri, un Beagle tan inquieto como Rafalillo, al que su due&ntilde;o prefiere pasear a pesar de la temperatura antes que dejar que le eche abajo la casa. Nos hemos visto en la puerta de la Iglesia de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, donde dos hombres trabajan para acoger la primera sesi&oacute;n del cine de verano de esta temporada. Una pel&iacute;cula espa&ntilde;ola, anunciada como familiar, que aborda rid&iacute;culamente la separaci&oacute;n de un matrimonio, como si una vez echada a perder una relaci&oacute;n pudiera haber guion que la arregle.
    </p><p class="article-text">
        Una pareja de adolescentes se detiene a mirar la cartelera justo antes de sentarse en el banco que queda enfrente de la madre de Rafalillo. Estamos a punto de marcharnos. Ha empezado a soplar algo de viento. El aire que baja desde la sierra refresca la plaza. Una madre acompa&ntilde;a a su hija a los columpios. No le quita ojo de encima y atiende sol&iacute;cita todas las llamadas de atenci&oacute;n de la peque&ntilde;a. Cuando Rafael da la &uacute;ltima pincelada a su acuarela veo un saltamontes pasar frente a ellas. Nadie m&aacute;s lo ha visto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ilustración: Rafael Obrero, Elena Lázaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/plaza-electromecanicas-veranear-letro_1_9155515.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Jul 2022 03:45:30 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/063a3772-d53b-4678-b748-fb7692d477ab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2288822" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/063a3772-d53b-4678-b748-fb7692d477ab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2288822" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Plaza de Electromecánicas: Veranear en “La Letro”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/063a3772-d53b-4678-b748-fb7692d477ab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Electromecánicas,La ciudad in situ,Córdoba]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las Margaritas: Fin de curso en la frontera]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/margaritas-curso-frontera_130_9115228.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/80fc9217-f6d8-40c2-8014-33eaad35730b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las Margaritas: Fin de curso en la frontera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada dos sábados, Elena Lázaro y Rafael Obrero se sumergen en Córdoba en el retrato de uno de sus barrios y lugares, bajo su particular punto de vista, en un trabajo especial llamado 'La ciudad in situ'</p><p class="subtitle">Santa Rosa: una calle de pueblo con aires de ciudad</p><p class="subtitle">Plaza de Costa Sol: Una ironía sinfónica</p><p class="subtitle">Calle Úbeda: la vida a su ritmo</p><p class="subtitle">Fátima: lógica de barrio</p><p class="subtitle">Parque Figueroa: el ágora de las intrépidas</p><p class="subtitle">La Ribera de la vida perdida</p><p class="subtitle">El Naranjo: la autenticidad sentida</p><p class="subtitle">Cañero: la vida sabe a polo flash</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/80fc9217-f6d8-40c2-8014-33eaad35730b_source-aspect-ratio_50p_1050873.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/80fc9217-f6d8-40c2-8014-33eaad35730b_source-aspect-ratio_50p_1050873.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/80fc9217-f6d8-40c2-8014-33eaad35730b_source-aspect-ratio_75p_1050873.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/80fc9217-f6d8-40c2-8014-33eaad35730b_source-aspect-ratio_75p_1050873.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/80fc9217-f6d8-40c2-8014-33eaad35730b_source-aspect-ratio_default_1050873.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/80fc9217-f6d8-40c2-8014-33eaad35730b_source-aspect-ratio_default_1050873.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/80fc9217-f6d8-40c2-8014-33eaad35730b_source-aspect-ratio_default_1050873.jpg"
                    alt="Margaritas"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Margaritas                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        No lo he podido evitar. Ha sido escuchar los primeros acordes y frenar en seco &iquest;estoy oyendo <em>Gaudeamus Igitur</em>&nbsp;en mitad de la Colonia de la Paz?
    </p><p class="article-text">
        Como si estuvieses en el mism&iacute;simo Hamel&iacute;n he seguido la m&uacute;sica montada en la bici hasta llegar a la puerta de la Escuela Infantil Las Margaritas. Por las rejas del patio veo la escena que lo explica todo. Tres maestras preparan a un grupo de criaturas para la actuaci&oacute;n final de la Fiesta de Fin de Curso. Es jueves, deben ser los ensayos finales. La <a href="https://www.youtube.com/watch?v=alcOSoY5vpA" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">versi&oacute;n infantil de la letra</a>&nbsp;resulta bastante m&aacute;s comprensible y si me apuran humana. Al verme, una de las maestras detiene la m&uacute;sica. No me extra&ntilde;a &iquest;A qui&eacute;n se le ocurre ponerse a mirar ni&ntilde;os desde la calle ocult&aacute;ndose tras una reja?
    </p><p class="article-text">
        Salgo por la esquina hasta la carretera de Trasierra, la calle que separa la Colonia de la Paz del barrio de Las Margaritas. O eso cre&iacute;a. Despu&eacute;s de leer el nombre de la Escuela Infantil prefiero asegurarme y pregunto a una vecina.
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;Disculpa &iquest;esto es Margaritas o La Paz?
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&iexcl;Esto es la Colonia de la Paz!- responde sorprendida ante semejante duda.
    </p><p class="article-text">
        Resulta curioso c&oacute;mo los barrios marcan nuestras identidades. El gesto de la vecina guardaba algo de ofensa &iquest;A qui&eacute;n se le ocurre confundir la Colonia de la Paz con las Margaritas?
    </p><p class="article-text">
        Cuando salgo a la carretera deja de ser una calle. Ahora, el camino a Trasierra me parece una frontera entre un barrio y otro. Siempre he pensado que Las Margaritas ha pasado demasiado tiempo encerrada entre fronteras y que el soterramiento de las v&iacute;as, la reurbanizaci&oacute;n del Vial y la ampliaci&oacute;n del Distrito Norte fueron la mejor pol&iacute;tica social para el barrio y, sin embargo, esa respuesta me hace dudar. Miro hacia el norte e intuyo los nuevos edificios construidos junto a la Ronda. S&oacute;lo hay que girar la cabeza para ver los &aacute;ticos del Vial y pienso que las fronteras siguen ah&iacute;, manteniendo a Las Margaritas como una isla de puro cordobesismo identitario. La imagen mental no es gratis. Me ha ayudado una mujer que tararea algo como &ldquo;Julio Romero de Torres pint&oacute; a la mujer morena, con los ojos de misterio y el alma llena de pena&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ella tambi&eacute;n ensaya para una Fiesta de Fin de Curso, la que la Asociaci&oacute;n de Mujeres Talita Kum celebra esa misma tarde en el sal&oacute;n de usos m&uacute;ltiples de la Parroquia de las Margaritas. Herminia, Pili, Pepi, &Aacute;ngela, Joaqui, Ana, Filo, Luc&iacute;a, May, Mary, Carmen y Rafi saldr&aacute;n a escena <a href="https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=pfbid0MD1ck2MdG55B37oXGXGWURFWbE1q6ePtdV7mayGbNPZFQRy2EwaB4ZpNZwSmTXDWl&amp;id=770262493" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">para interpretar &ldquo;Amor&rdquo;, la obra que han estado preparando todo el a&ntilde;o en sus clases de teatro bajo la direcci&oacute;n de Irene</a>. Doce actrices con tanta vida dentro que se le sale en cada gesto y en cada palabra de su interpretaci&oacute;n. Son vecinas de este barrio, las mismas que a estas horas de la ma&ntilde;ana cruzan los emblem&aacute;ticos patios del barrio con la compra del d&iacute;a; las que regresan del trabajo al que salieron cuando a&uacute;n no hab&iacute;a amanecido; las que interrumpen la jornada para desayunar en la plaza; las que se detienen a charlar con el joven senegal&eacute;s que despacha en el supermercado; las que acompa&ntilde;an a sus hijas al m&eacute;dico mientras explican por tel&eacute;fono el motivo de la ausencia escolar; las que habitan la isla; las que cuidan. Y son sus caras y su manera de moverse en el barrio lo que me han hecho reconocer algo familiar en este barrio de frontera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Salud no est&aacute; en el grupo de Talita Kum, pero tambi&eacute;n ha empezado a cogerle el gustillo a esto de la interpretaci&oacute;n. Lo suyo es la c&aacute;mara y tiktok. Me ha estado ense&ntilde;ando los v&iacute;deos que ha hecho para envi&aacute;rselos a su nieta mientras espera que el juez dicte sentencia y pueda verla en semanas alternas. Nos hemos estado poniendo al d&iacute;a. Han pasado muchos a&ntilde;os desde la &uacute;ltima fiesta de fin de curso en la que nuestras criaturas actuaron juntas por &uacute;ltima vez. Hemos recordado el tiempo en el que ambas cruzamos las fronteras.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena Lázaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/margaritas-curso-frontera_130_9115228.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Jun 2022 03:45:06 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/80fc9217-f6d8-40c2-8014-33eaad35730b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1066384" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/80fc9217-f6d8-40c2-8014-33eaad35730b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1066384" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las Margaritas: Fin de curso en la frontera]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/80fc9217-f6d8-40c2-8014-33eaad35730b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,Margaritas,La ciudad in situ]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cañero: la vida sabe a polo flash]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/canero-vida-polo-flash_130_9071331.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/68fffc37-415f-4d29-8993-74f866f1c4d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cañero: la vida sabe a polo flash"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada dos sábados, Elena Lázaro y Rafael Obrero se sumergen en Córdoba en el retrato de uno de sus barrios y lugares, bajo su particular punto de vista, en un trabajo especial llamado 'La ciudad in situ'</p><p class="subtitle">El Naranjo: la autenticidad sentida</p><p class="subtitle">La Ribera de la vida perdida</p><p class="subtitle">Parque Figueroa: el ágora de las intrépidas</p><p class="subtitle">Fátima: lógica de barrio</p><p class="subtitle">Calle Úbeda: la vida a su ritmo</p><p class="subtitle">Plaza de Costa Sol: Una ironía sinfónica</p><p class="subtitle">Santa Rosa: una calle de pueblo con aires de ciudad</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/215723d0-c638-43fa-89b1-8e4396a22770_4-3-aspect-ratio_50p_0_x1110y871.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/215723d0-c638-43fa-89b1-8e4396a22770_4-3-aspect-ratio_50p_0_x1110y871.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/215723d0-c638-43fa-89b1-8e4396a22770_4-3-aspect-ratio_75p_0_x1110y871.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/215723d0-c638-43fa-89b1-8e4396a22770_4-3-aspect-ratio_75p_0_x1110y871.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/215723d0-c638-43fa-89b1-8e4396a22770_4-3-aspect-ratio_default_0_x1110y871.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/215723d0-c638-43fa-89b1-8e4396a22770_4-3-aspect-ratio_default_0_x1110y871.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/215723d0-c638-43fa-89b1-8e4396a22770_4-3-aspect-ratio_default_0_x1110y871.jpg"
                    alt="Plaza de Cañero"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Plaza de Cañero                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <a href="https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/vaciando-ciudad-cordoba-cuatro-barrios-ganan-poblacion_1_9028360.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">He le&iacute;do con preocupaci&oacute;n el &uacute;ltimo informe sobre la evoluci&oacute;n de los barrios de C&oacute;rdoba</a>, as&iacute; que esta vez decido caminar hasta Ca&ntilde;ero para ir poniendo el ojo y la oreja en las calles que separan mi barrio del que nos toca retratar. Nunca sabe una d&oacute;nde puede estar la historia. Parece buena idea comprobar &ldquo;in situ&rdquo; -lo nuestro- esa sangr&iacute;a que al parecer est&aacute;n sufriendo los barrios hist&oacute;ricos mientras se llenan las zonas residenciales que rodean la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Recorro Almog&aacute;vares, Marrubial, Avd. Barcelona y Libia, no cabe m&aacute;s casticismo en un paseo de una tarde casi asfixiante del final de la primavera. Ya s&eacute; que los datos son los datos y que no hay quien discuta que los barrios del siglo XX, con su hacinamiento, sus calles ruidosas de comercio local y estrechas aceras, no quedan igual en la foto de perfil que los impolutos residenciales del XXI, con sus bajos ajardinados, amplias aceras y mastod&oacute;nticos centros comerciales; que no puede una lucir igual de importante en el todocamino aparcado en el descampado que sigue siendo la acera de los impares de la Ronda del Marrubial que delante de la &uacute;ltima promoci&oacute;n con vistas a la sierra.
    </p><p class="article-text">
        Que ya s&eacute; que los datos aseguran que la ciudad crece hacia el campo mientras se vac&iacute;a en su centro, pero en mi paseo lo que veo son calles llenas, gente entrando y saliendo de los comercios, nada que ver con esas avenidas casi fantasmas de edificios repletos de personas aisladas en sus flamantes salones. Ser&aacute; que las gafas contra la presbicia no me dejan ver bien de lejos, pero veo m&aacute;s muertas aquellas zonas que los barrios que se supone que agonizan.
    </p><p class="article-text">
        En eso pienso mientras bajo por la calle Pablo Ruiz Picasso. Bueno, en eso y en si debo nombrar o no a Ca&ntilde;ero con<a href="https://www.elplural.com/politica/un-juez-ordena-que-la-plaza-de-un-popular-barrio-cordobes-lleve-el-nombre-de-un-sanguinario-franquista_221504102" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&nbsp;el nombre que el movimiento memorialista no ha logrado borrar</a>. Pues bien, un asunto y otro desaparecen de un plumazo al llegar a la Plaza y colocarme delante de la Iglesia de San Vicente Ferrer.
    </p><p class="article-text">
        La historia in situ no hablaba de abandono de un barrio con 70 a&ntilde;os de historia; tampoco del obispo que lo construy&oacute; ni el fascista que eligieron para nombrarlo.
    </p><p class="article-text">
        La Plaza de Ca&ntilde;ero por la tarde es un puro griter&iacute;o de criaturas que corren detr&aacute;s de una pelota, se lanzan globos de agua, escalan los naranjos, peinan mu&ntilde;ecas, cambian estampas y chulean de bici nueva. Ahora que lo escribo s&iacute; que parece una historia del pasado, pero una vez descartada la posibilidad de ser parte de alg&uacute;n tipo de anomal&iacute;a del espacio-tiempo, estoy segura de que lo que vi y escuch&eacute; en Ca&ntilde;ero aquella tarde de primavera fue la vida real.
    </p><p class="article-text">
        En la vida real, Rub&eacute;n va directo a pedir gusanitos, mientras su hermana Estrella emplea m&aacute;s de cinco minutos en analizar bien todas las posibilidades que ofrece un quiosco de chucher&iacute;as para acabar decidi&eacute;ndose por un polo flash &iquest;o era flan?&nbsp;(<a href="https://twitter.com/raeinforma/status/1256977196742094850" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no lo sabe la RAE, lo voy a saber yo</a>).
    </p><p class="article-text">
        En la vida real un padre acude a secarle las l&aacute;grimas para que se levante tras caer de culo y pueda seguir chutando, por cierto, directo hacia la cabeza de una intrusa con boli y cuaderno sentada junto a rarito con pinceles.
    </p><p class="article-text">
        En la vida real, las campanas tocan para llamar al rezo pero ni dios entra en misa.
    </p><p class="article-text">
        En la vida real, Ana pide un euro para sacar una bola de regalo en una de las maquinitas de la helader&iacute;a y su madre le grita con una acentazo colombiano la respuesta m&aacute;s cordobesa que se puede dar: &ldquo;eso es un <strong>pego</strong>&nbsp;que no sirve para nada&rdquo;. Si eso no es integraci&oacute;n que venga la Unesco y lo vea.
    </p><p class="article-text">
        En la vida real, Mar&iacute;a increpa a Adriana argumentando seriamente: &ldquo;si eres de Segundo A &iquest;c&oacute;mo te va a gustar un ni&ntilde;o de Segundo B? Eso es imposible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la vida real, tambi&eacute;n hay familias que cr&iacute;an a sus criaturas en una plaza al sol y no en una burbuja de nueva construcci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena Lázaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/canero-vida-polo-flash_130_9071331.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jun 2022 03:45:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/68fffc37-415f-4d29-8993-74f866f1c4d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="174936" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/68fffc37-415f-4d29-8993-74f866f1c4d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="174936" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cañero: la vida sabe a polo flash]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/68fffc37-415f-4d29-8993-74f866f1c4d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,La ciudad in situ]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Naranjo: la autenticidad sentida]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/naranjo-autenticidad-sentida_130_9029580.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a70cceac-d903-4a08-a50e-0e36f3f5c31c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Naranjo: la autenticidad sentida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada dos sábados, Elena Lázaro y Rafael Obrero se sumergen en Córdoba en el retrato de uno de sus barrios y lugares, bajo su particular punto de vista, en un trabajo especial llamado 'La ciudad in situ'</p><p class="subtitle">La Ribera de la vida perdida</p><p class="subtitle">Parque Figueroa: el ágora de las intrépidas</p><p class="subtitle">Fátima: lógica de barrio</p><p class="subtitle">Calle Úbeda: la vida a su ritmo</p><p class="subtitle">Plaza de Costa Sol: Una ironía sinfónica</p><p class="subtitle">Santa Rosa: una calle de pueblo con aires de ciudad</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a70cceac-d903-4a08-a50e-0e36f3f5c31c_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a70cceac-d903-4a08-a50e-0e36f3f5c31c_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a70cceac-d903-4a08-a50e-0e36f3f5c31c_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a70cceac-d903-4a08-a50e-0e36f3f5c31c_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a70cceac-d903-4a08-a50e-0e36f3f5c31c_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a70cceac-d903-4a08-a50e-0e36f3f5c31c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a70cceac-d903-4a08-a50e-0e36f3f5c31c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El Naranjo"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El Naranjo                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En C&oacute;rdoba hay censados 80000 &aacute;rboles; 25000 son naranjos, pero s&oacute;lo un barrio ha merecido el nombre de El Naranjo. Ignoro la raz&oacute;n y tampoco me he entretenido en averiguarla. Quiz&aacute;s porque no la necesite; a lo mejor porque no es tan f&aacute;cil desenmara&ntilde;ar la verdadera vida de los barrios. 
    </p><p class="article-text">
        A simple vista, en este extremo del Distrito Norte no hay m&aacute;s c&iacute;tricos que en otras partes de la ciudad. Tampoco he encontrado en sus calles alg&uacute;n ejemplar de naranjo cuya singularidad ayudase a explicar la metonimia. No hay a priori nada excepcional en este lugar y, sin embargo, la originalidad de El Naranjo es sencillamente incuestionable. El Naranjo es distinto porque se siente distinto. 
    </p><p class="article-text">
        El Naranjo es una isla de mitad de un oc&eacute;ano de urbanizaciones m&aacute;s o menos aburguesadas, a pesar de las cuales o, quiz&aacute;s, gracias a las que ha podido mantener su autenticidad, su identidad de pueblo en mitad de la ciudad. El Naranjo es todo lo que no son quienes lo rodean.
    </p><p class="article-text">
        No hay imponentes casas ni chal&eacute;s con jardines como en El Brillante; ni manzanas de siamesas e impersonales viviendas adosadas como en Mirabueno. De hecho, visto desde el Parque de la Asomadilla, El Naranjo es un amasijo de edificios que se amontonan en ca&oacute;tica geometr&iacute;a. El Naranjo es lo dionis&iacute;aco, frente a lo apol&iacute;neo del trazado perfecto de la urbanizaci&oacute;n vecina. Y, sin embargo, paseado una ma&ntilde;ana de s&aacute;bado, ese caos arquitect&oacute;nico es, posiblemente, el lugar m&aacute;s apacible de la ciudad. El espacio perfecto para la desconexi&oacute;n urbanita, con permiso de las barriadas perif&eacute;ricas. 
    </p><p class="article-text">
        La vida es lenta en El Naranjo. Los vecinos se cruzan y se saludan mientras las tropas intrusas observamos sentados en la Plaza de Bellavista. Es f&aacute;cil distinguirnos. Somos los del ch&aacute;ndal, las botas o los pedales; los que elegimos El Naranjo para reconectar despacito al bajar de la sierra y antes de regresar al asfalto. Entre nosotros se confunden quienes visitan las instalaciones deportivas del barrio, liguillas de cualquier deporte que se pueda practicar siendo menor de edad. Entre el polideportivo, la plaza y la parroquia se podr&iacute;a escribir la historia de estas calles y seguramente seguir&iacute;amos sin conocerlo.
    </p><p class="article-text">
        El Naranjo est&aacute; demasiado acostumbrado a las visitas de fines de semana. Quiz&aacute;s por eso en la ma&ntilde;ana que hemos pasado aqu&iacute; no he logrado encontrar una historia propia. Quiz&aacute;s el alma de este barrio est&eacute; oculta como el naranjo que le da su nombre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[ILUSTRACIÓN: Rafael Obrero, Elena Lázaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/naranjo-autenticidad-sentida_130_9029580.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 May 2022 03:45:21 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a70cceac-d903-4a08-a50e-0e36f3f5c31c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2187273" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a70cceac-d903-4a08-a50e-0e36f3f5c31c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2187273" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El Naranjo: la autenticidad sentida]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a70cceac-d903-4a08-a50e-0e36f3f5c31c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,La ciudad in situ]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Ribera de la vida perdida]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/ribera-vida-perdida_130_8991081.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d9c35a52-c61e-42ef-8fb0-14caf0a50147_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Ribera de la vida perdida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada dos sábados, Elena Lázaro y Rafael Obrero se sumergen en Córdoba en el retrato de uno de sus barrios y lugares, bajo su particular punto de vista, en un trabajo especial llamado 'La ciudad in situ'</p><p class="subtitle">Santa Rosa: una calle de pueblo con aires de ciudad</p><p class="subtitle">Plaza de Costa Sol: Una ironía sinfónica</p><p class="subtitle">Calle Úbeda: la vida a su ritmo</p><p class="subtitle">Fátima: lógica de barrio</p><p class="subtitle">Parque Figueroa: el ágora de las intrépidas</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d9c35a52-c61e-42ef-8fb0-14caf0a50147_4-3-aspect-ratio_50p_1047869.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d9c35a52-c61e-42ef-8fb0-14caf0a50147_4-3-aspect-ratio_50p_1047869.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d9c35a52-c61e-42ef-8fb0-14caf0a50147_4-3-aspect-ratio_75p_1047869.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d9c35a52-c61e-42ef-8fb0-14caf0a50147_4-3-aspect-ratio_75p_1047869.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d9c35a52-c61e-42ef-8fb0-14caf0a50147_4-3-aspect-ratio_default_1047869.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d9c35a52-c61e-42ef-8fb0-14caf0a50147_4-3-aspect-ratio_default_1047869.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d9c35a52-c61e-42ef-8fb0-14caf0a50147_4-3-aspect-ratio_default_1047869.jpg"
                    alt="Ciudad In situ Ribera"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ciudad In situ Ribera                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        He venido casi obligada. El empe&ntilde;o de retratar la vida real de una ciudad es inversamente proporcional a las ganas de visitar el casco hist&oacute;rico, convertido este mes de mayo, m&aacute;s que nunca, en un escenario de cart&oacute;n piedra para instagramers y despedidas de solter&iacute;a. Acaba de pasar el fin de semana de cruces y el tufillo a or&iacute;n et&iacute;lico todav&iacute;a flota en el ambiente. 
    </p><p class="article-text">
        He bajado en bici, as&iacute; que me he ahorrado pisar sobre los restos de las meadas de media Espa&ntilde;a (turismo nacional creo que lo llaman). El caso es que la esperanza de una buena tormenta que licue tal cantidad de urea me reconcilia con las callejuelas y plazas que desembocan donde hemos quedado.
    </p><p class="article-text">
        Se me va pasando el enfado mientras el traqueteo del empedrado me recuerda que deber&iacute;a haber inflado las ruedas antes de salir. Eso o cambiar el sill&iacute;n por uno bien acolchado. De pronto pienso c&oacute;mo ser&iacute;a que alguien tuviera la brillante idea de cambiar ese pavimento por unos buenos bloques de granito o un s&oacute;lido y liso hormigonado. Son ideas peregrinas que aparecen en mi cabeza cuando el culo no me deja pensar. 
    </p><p class="article-text">
        Por fin llego al r&iacute;o. En cuanto pongo rueda en el carril bici vuelvo a discernir con claridad.&nbsp;Ya no hace falta que cambien el empedrado. Mi culo y yo llegamos ilesos hasta el ensanche del Paseo de la Ribera una vez superado el cruce con la entrada hacia la Plaza del Potro en direcci&oacute;n hacia el Molino de Martos. He tenido tiempo suficiente para perdonar a la ciudad hist&oacute;rica y mi alma de barriada se alegra de haber cedido y aceptado pasar la tarde junto a la escalinata.
    </p><p class="article-text">
        El karma debe estar de mi parte porque mi clemencia se ve recompensada nada m&aacute;s aparcar. &iquest;No quer&iacute;as autenticidad y C&oacute;rdoba castiza? Pues toma dos tazas, bueno tazas, no, dos gallinas. Andan sueltas picoteando las migas que han ca&iacute;do de las mesas del restaurante La Tinaja. A esas horas, entresemana y con el cielo tronando no hay veladores montados, as&iacute; que las <em>pitas</em> campan a sus anchas hasta que Javier las recoge y con una vara las dirige hacia la puerta donde intuyo que debe estar el corral.
    </p><p class="article-text">
        La estampa no puede ser m&aacute;s costumbrista, pero estamos en mayo as&iacute; que cualquier imagen por extempor&aacute;nea que sea cuela, aunque doy fe de que las gallinas del dibujo no son una recreaci&oacute;n imaginada o forzada por los pinceles. Las gallinas existen y son propiedad de la familia P&eacute;rez, la misma que desde mitad del siglo XX regenta la carpinter&iacute;a situada en la plaza.
    </p><p class="article-text">
        Javier es hijo de Javier P&eacute;rez y nieto de Miguel P&eacute;rez y como todos los hombres de su familia ha crecido entre maderas, barnices y fresas (de las que moldean puertas y muebles). Habla poco. Trabaja en silencio restaurando una puerta del convento de San Jer&oacute;nimo. Tienen tarea pendiente: puertas y ventanas de casas con solera y cortijos cuyos due&ntilde;os se empe&ntilde;an en conservar. Desde Jos&eacute; de Nazaret es un oficio para gente paciente. Quiz&aacute;s por eso no asombra la serenidad con la que esta familia enfrenta desde hace unos a&ntilde;os la batalla legal contra el plan municipal que pretende echar abajo su negocio para facilitar la construcci&oacute;n de un hotel. 
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, as&iacute; de simple: el imperio del ocio tur&iacute;stico aplastando los &uacute;ltimos vestigios de vida vecinal en una zona en la que los &uacute;nicos negocios que funcionan est&aacute;n pensados para quienes est&aacute;n de paso. En la C&oacute;rdoba hist&oacute;rica o bebes o comes o te alojas, pero no se te ocurra vivir.
    </p><p class="article-text">
        Curro, uno de los &uacute;ltimos vendedores de antig&uuml;edades de la Plaza de la Corredera, escucha el relato que Javier nos hace de la situaci&oacute;n. Suele echar las tardes viendo trabajar a los P&eacute;rez. Atiende en silencio las explicaciones y con una t&iacute;mida, casi imperceptible, sonrisa y un discreto alzado de hombros asiente resignado a la desaparici&oacute;n de un estilo de vida: &ldquo;soy el &uacute;ltimo&rdquo;, acierto a o&iacute;rle decir. Los peque&ntilde;os comercios y otros negocios han ido desapareciendo de la zona a la misma velocidad con la que los locales se han ido transformando en bares o restaurantes m&aacute;s o menos fotografiables. La vecindad resiste como puede los embates de veladores y fiestas varias mientras suplican un par&eacute;ntesis de descanso.
    </p><p class="article-text">
        Un trueno nos saca de la conversaci&oacute;n, empieza a llover y encontramos refugio en uno de esos lugares que, como las gallinas, resisten sin sucumbir a los cantos del negocio f&aacute;cil del turismo can&iacute;bal: el Bar Amapola, el Amapola, que contin&uacute;a fiel a la buena m&uacute;sica. He esperado escuchando a Lou Reed, que insiste en que &ldquo;is such a perfect day&rdquo;. Me siento junto a la ventana esperando a que pase la tormenta. Miro mi bici empaparse en la puerta del Parking de Bodegas Campos. Observo el sill&iacute;n chorreando. La vuelta ser&aacute; dura. Intento imaginar c&oacute;mo quedar&aacute; la plaza si sigue adelante el plan del nuevo hotel, sin gallinas, sin carpinter&iacute;a, bien hormigonada y caigo en la cuenta de que alguien ha debido pensar tambi&eacute;n con el culo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[ILUSTRACIÓN: RAFAEL OBRERO, Elena Lázaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/ribera-vida-perdida_130_8991081.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 May 2022 03:45:50 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d9c35a52-c61e-42ef-8fb0-14caf0a50147_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="978864" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d9c35a52-c61e-42ef-8fb0-14caf0a50147_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="978864" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Ribera de la vida perdida]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d9c35a52-c61e-42ef-8fb0-14caf0a50147_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,Ribera,La ciudad in situ]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Parque Figueroa: el ágora de las intrépidas]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/parque-figueroa-agora-intrepidas_130_8955902.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1882b2e9-7e63-4298-ba4b-adb91b8d22f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Parque Figueroa: el ágora de las intrépidas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada dos sábados, Elena Lázaro y Rafael Obrero se sumergen en Córdoba en el retrato de uno de sus barrios y lugares, bajo su particular punto de vista, en un trabajo especial llamado 'La ciudad in situ'</p><p class="subtitle">Todos los reportajes de 'La ciudad in situ'</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1882b2e9-7e63-4298-ba4b-adb91b8d22f4_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1882b2e9-7e63-4298-ba4b-adb91b8d22f4_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1882b2e9-7e63-4298-ba4b-adb91b8d22f4_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1882b2e9-7e63-4298-ba4b-adb91b8d22f4_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1882b2e9-7e63-4298-ba4b-adb91b8d22f4_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1882b2e9-7e63-4298-ba4b-adb91b8d22f4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1882b2e9-7e63-4298-ba4b-adb91b8d22f4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Parque Figueroa"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Parque Figueroa                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La escena parece hecha a prop&oacute;sito, como si hubiera sido preparada por un guionista que pensara iniciar con una secuencia sencilla, cotidiana, para meterse en un flashback a partir del que narrar su historia. 
    </p><p class="article-text">
        Dos hombres conversan en mitad de la plaza. Uno de ellos, el anciano, est&aacute; sentado en un banco y sujeta una garrota de madera con la empu&ntilde;adura adornada con tachuelas met&aacute;licas. El otro, que tambi&eacute;n peina canas, se mantiene de pie y escucha atento. Mientras charlan tiene un ojo puesto en su nieto, que hace rato que ha ideado la manera de subirse a la casetilla de la luz si romperse la crisma.
    </p><p class="article-text">
        Desde el banco, Antonio vuelve a narrar por en&eacute;sima vez c&oacute;mo logr&oacute; escapar de las balas cuando los fascistas, ayudados por la Guardia Mora, llegaron a su pueblo.
    </p><p class="article-text">
        - Aquellos moros s&iacute; que eran malos y no los pobres que vienen ahora. Aquellos ven&iacute;an a por el oro, le dieron permiso para saquear. Los de ahora vienen a buscarse el pan y a trabajar.
    </p><p class="article-text">
        - Y con lo chico que eras &iquest;c&oacute;mo te libraste?
    </p><p class="article-text">
        -Corriendo todo lo que pude por una vereda entre los olivos hasta que llegu&eacute; al lado de los rojos, que tambi&eacute;n disparaban. Las balas silbaban por todos lados
    </p><p class="article-text">
        - Qu&eacute; horror, Antonio
    </p><p class="article-text">
        -Ya te digo, hijo: la gente no sabe el miedo que se pasa en una guerra (se detiene) y en lo que viene despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Pero no hay flashback, ni fundido a negro. El di&aacute;logo termina cuando el nieto cae al suelo. No hay drama. Se sacude las rodillas y a otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Antonio se despide y baja hacia la calle Marino Alonso Infantas. Ha dejado atr&aacute;s la Plaza de la Marina, que a esas horas ha empezado a llenarse de criaturas. Ignoro la raz&oacute;n y, probablemente, sea igualmente fruto de la casualidad como la conversaci&oacute;n con la que el barrio del Parque Figueroa me ha dado la bienvenida, pero lo cierto es que salvo el aventurero de la casetilla de la luz, todas las criaturas que corren ahora por la plaza son ni&ntilde;as. 
    </p><p class="article-text">
        Amaia y Elvira compiten por llegar al otro extremo de la plaza con sus patinetes; Naiara escala la valla que rodea el parque infantil para subir al techo del castillo. Su madre, sentada en la mesa de al lado, se resigna y comenta con una amiga que no teme que se caiga, s&oacute;lo que se abran los puntos de sutura que le dieron el fin de semana pasado cuando se raj&oacute; el tobillo con un hierro mientras pateaba naranjas con su primo. Creo que en el cerebro de Naiara, aquella herida ya est&aacute; cicatrizada porque no parece que la posibilidad de que se reabra haya hecho mella en su &aacute;nimo. Apenas levanta un metro del suelo y ya ha logrado saltar. 
    </p><p class="article-text">
        Al fondo, adivino la trenza de otra ni&ntilde;a agit&aacute;ndose de un lado a otro mientras chuta a base de derechazos estrellando la pelota contra el muro de la iglesia que centra la distribuci&oacute;n de la plaza. Es mejor patear hacia ese lado. De hacerlo al contrario corre el riesgo de que la pelota ruede hasta la verja que rodea la piscina p&uacute;blica del barrio.
    </p><p class="article-text">
        No llevo ni cinco minutos en el Parque Figueroa y ya he encontrado la palabra que mejor lo explica: humanidad. Todo en este barrio est&aacute; hecho a escala humana. Quienes lo dise&ntilde;aron hace como medio siglo, los arquitectos y urbanistas Rafael de la Hoz, Gerardo Olivares y Jos&eacute; Chastang, ya sab&iacute;an que a los <em>sapiens</em> lo que nos va en el &aacute;gora, el foro, el lugar de encuentro donde conversar y contar nuestras batallitas al pr&oacute;jimo o el espacio donde rompernos la crisma (o no) mientras jugamos. No se me ocurre otro lugar en esta ciudad que ejemplifique mejor c&oacute;mo deber&iacute;an ser los barrios para facilitarnos la vida: los coches fuera de la calle, las plazas anchas y luminosas, las casas sin exceder altura, con jardines a su entrada y el comercio bajo soportales que resguarden de la lluvia y la can&iacute;cula, seg&uacute;n nos toque. Es que tan bien se pens&oacute; el Parque cuando nadie hablaba del urbanismo humanista, verde y sostenible, que cuando &eacute;ste se ha hecho mainstream, el Figueroa se ha convertido en el barrio m&aacute;s moderno a este lado del Guadalquivir. Hasta la enorme piscina com&uacute;n y compartida tiene m&aacute;s sentido que las min&uacute;sculas albercas <em>cool </em>de otras zonas cercanas levantadas hace bastantes menos d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        Ignoro si el anciano, el abuelo del aventurero, las intr&eacute;pidas de la plaza o sus madres son conscientes del privilegio de habitar un lugar as&iacute;. Es posible que lo sean y s&oacute;lo guarden silencio para evitar precisamente que alguien venga con su boli o sus pinceles a escribir o pintarles c&oacute;mo es su barrio &iexcl;C&oacute;mo si no lo supieran!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena Lázaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/parque-figueroa-agora-intrepidas_130_8955902.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Apr 2022 03:45:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1882b2e9-7e63-4298-ba4b-adb91b8d22f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="212609" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1882b2e9-7e63-4298-ba4b-adb91b8d22f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="212609" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Parque Figueroa: el ágora de las intrépidas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1882b2e9-7e63-4298-ba4b-adb91b8d22f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,Figueroa,La ciudad in situ]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fátima: lógica de barrio]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/fatima-logica-barrio_130_8918269.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f27d09cb-5120-46f7-8af2-41fe491c6f76_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fátima: lógica de barrio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada dos sábados, Elena Lázaro y Rafael Obrero se sumergen en Córdoba en el retrato de uno de sus barrios y lugares, bajo su particular punto de vista, en un trabajo especial llamado 'La ciudad in situ'</p><p class="subtitle">Calle Úbeda: la vida a su ritmo</p><p class="subtitle">Plaza de Costa Sol: Una ironía sinfónica</p><p class="subtitle">Santa Rosa: una calle de pueblo con aires de ciudad</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f27d09cb-5120-46f7-8af2-41fe491c6f76_4-3-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f27d09cb-5120-46f7-8af2-41fe491c6f76_4-3-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f27d09cb-5120-46f7-8af2-41fe491c6f76_4-3-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f27d09cb-5120-46f7-8af2-41fe491c6f76_4-3-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f27d09cb-5120-46f7-8af2-41fe491c6f76_4-3-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f27d09cb-5120-46f7-8af2-41fe491c6f76_4-3-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f27d09cb-5120-46f7-8af2-41fe491c6f76_4-3-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fátima"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fátima                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Si no fuera por los forros <em>quechua</em>&nbsp;y las zapatillas <em>kalenji</em>&nbsp;podr&iacute;an pasar por una comisi&oacute;n delegada del Consejo de Seguridad de la ONU. Sentadas a la mesa, con los caf&eacute;s todav&iacute;a humeantes, esta pandilla de #se&ntilde;orasque analiza el conflicto internacional provocado por Putin con el mismo desparpajo con el que critica al paisano que acaba de saludarlas y con la serenidad con la que llaman la atenci&oacute;n a la camarera para que se apure con las tostadas.
    </p><p class="article-text">
        Vale, quiz&aacute;s exagere y no lleguen a comisi&oacute;n delegada, pero para <em>think tank</em>&nbsp;les da. En su argumentaci&oacute;n hay m&aacute;s sentido com&uacute;n y reflexi&oacute;n que en cualquiera de las tertulias televisivas que a esa misma hora intoxican a millones de personas desde los magazines matinales de las teles generalistas. La geopol&iacute;tica desde la Avenida Virgen de F&aacute;tima se construye en ch&aacute;ndal y en el tiempo que transcurre entre que acabas el caf&eacute; y media y pides la ca&ntilde;a y el aperitivo. Eso que los snobs llaman <em>brunch</em>&nbsp;y en rom&aacute;n paladino es una sentada en toda regla.
    </p><p class="article-text">
        El orden del d&iacute;a atiende hoy a la Guerra en Ucrania como asunto prioritario, pero hay espacio para comentar el retraso municipal en la limpieza de las naranjas que se acumulan en las aceras, la inflaci&oacute;n en la cesta de la compra, la incomodad de las bragas de croch&eacute; que usaban en la infancia y no s&eacute; qu&eacute; problema sobre el n&uacute;mero exacto de integrantes del grupo C&aacute;ntico. Ah&iacute; ha sido exactamente el momento en el que me he rendido a sus pies: &iquest;c&oacute;mo se puede llevar una conversaci&oacute;n de la guerra a la poes&iacute;a utilizando como transici&oacute;n el precio de la bacala&iacute;lla, que cuesta ya tanto como la pijota? Puro magisterio conversacional.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la panda de se&ntilde;oras alcanza el nivel antisistema total y se arrancan a apuntar al capitalismo como &uacute;nica causa de las guerras y la ruina de medio mundo, empiezo a imaginarlas corriendo con c&oacute;cteles molotov en la mano y por fin me explico lo del ch&aacute;ndal y las zapatillas. Es curioso, pero en ese momento asustan m&aacute;s que el grupo de musculados y tatuados veintea&ntilde;eros que ha ocupado la mesa que tengo a mi espalda. La chavalada ha resultado ser una pandilla de blanditos sorprendidos por lo impresionante que fue ver a la chica que qued&oacute; primera en las pruebas del curso de agente de seguridad. La an&eacute;cdota no tiene desperdicio. Seg&uacute;n cuenta uno de ellos, el examen consist&iacute;a en entrar en una sala oscura, localizar al sospechoso e inmovilizarlo. A &eacute;l le cost&oacute; un rato. La chica tard&oacute; bastante menos. Fue la &uacute;nica que encendi&oacute; la luz antes de empezar. He tenido que girarme descaradamente para ver sus caras. R&iacute;en y, lo mejor, lo hacen bromeando sobre su masculinidad. Yo s&oacute;lo he podido pensar que la aspirante a guardia deb&iacute;a de ser la nieta de alguna de las #se&ntilde;orasque analizan el mundo.
    </p><p class="article-text">
        En la mesa directiva de este lobby se puede entrar y salir de la escena sin dar muchas explicaciones. En el rato que me he sentado frente a ellas han entrado dos asesoras y salido tres de la conversaci&oacute;n sin que a simple vista el grupo parezca cambiar mucho ni se resienta la discusi&oacute;n. La primera ha llegado resoplando tras salvar el desnivel que separa la avenida Carlos III de la Avenida de F&aacute;tima, en esa cuesta eterna que es la calle Arcos de la Frontera. No es la &uacute;nica a la que le falta el aire al llegar a esta esquina.
    </p><p class="article-text">
        He calculado que la media debe andar en unas tres personas asfixiadas cada cinco minutos. Las hay que salvan la altura con ayuda de un bast&oacute;n, del brazo de alguien o en el carrito de la compra. Cualquier apoyo es poco cuando se trata de hacer cumbre. El esfuerzo -quiz&aacute;s exagerado por la &eacute;pica de la narraci&oacute;n- merece la pena. El barrio de F&aacute;tima es el &uacute;nico desde el que mires al punto cardinal que mires, siempre ves el campo. Unos horizontes que hacen parecer a este barrio de calles anchas un lugar especialmente abierto, respirable. Aqu&iacute;, mis disculpas al activismo vecinal que desde hace a&ntilde;os batalla precisamente por alejar de aqu&iacute; a la cercana f&aacute;brica de cementos que contamina el barrio. Aunque la suciedad no est&aacute; s&oacute;lo en el aire.
    </p><p class="article-text">
        F&aacute;tima es un geom&eacute;trico conjunto de calles paralelas y perpendiculares impolutas entre las que se esconde un laberinto de pasajes y peque&ntilde;as plazas a modo de oasis para el descanso. Sin embargo, la falta de civismo de algunos ha convertido esos espacios en un campo de minas antipersona a base de excrementos caninos. He estado a punto de incorporarme a la mesa de debate para sumar el asunto a la agenda, pero me he percatado que el atuendo de esta ma&ntilde;ana no me iba a permitir mimetizarme con las se&ntilde;oras, as&iacute; que el asunto &ldquo;recoja usted su mierda, caballero&rdquo; ha quedado fuera del orden del d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El quiosquero me ha dado el pie, pero tampoco he sido capaz de aprovecharlo. Le he o&iacute;do abroncar a dos adolescentes cuando el perro que paseaban ha levantado la pata sobre la portada de National Geographic. Es la edici&oacute;n de enero, con el volc&aacute;n de La Palma en plena erupci&oacute;n. Ahora que lo pienso, igual el animal s&oacute;lo quer&iacute;a echar una mano. El kiosco de Paco hace las veces de consigna para los mensajeros que no encuentran a nadie en casa al hacer sus entregas. Dos paquetes le han dejado mientras yo trataba de decidir cu&aacute;l de los libros de segunda mano que tiene a la venta iba a llevarme. Le he preguntado si sab&iacute;a que las empresas de mensajer&iacute;a pagan por convertirse en punto de recogida, pero a Paco no le interesa ya echarse m&aacute;s obligaciones a la espalda. Pide poco el quiosquero; detalles sin importancia como que sus vecinos eviten que sus perros le meen las revistas que tiene expuestas en el suelo. Parece l&oacute;gico. Tanto como encender la luz para ver bien lo que haces, tanto como que todas las guerras se hacen por dinero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[ILUSTRACIÓN: RAFAEL OBRERO, Elena Lázaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/fatima-logica-barrio_130_8918269.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Apr 2022 03:45:22 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f27d09cb-5120-46f7-8af2-41fe491c6f76_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2128797" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f27d09cb-5120-46f7-8af2-41fe491c6f76_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2128797" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Fátima: lógica de barrio]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f27d09cb-5120-46f7-8af2-41fe491c6f76_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,Fátima,La ciudad in situ]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Plaza de Costa Sol: Una ironía sinfónica]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/plaza-costa-sol-ironia-sinfonica_130_8842506.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f4a0e004-2ce7-4e2a-8557-96378b16fb2b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Plaza de Costa Sol: Una ironía sinfónica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada dos sábados, Elena Lázaro y Rafael Obrero se sumergerán en Córdoba en el retrato de uno de sus barrios y lugares, bajo su particular punto de vista, en un trabajo especial llamado 'La ciudad in situ'</p><p class="subtitle">Santa Rosa: una calle de pueblo con aires de ciudad</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a0e004-2ce7-4e2a-8557-96378b16fb2b_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a0e004-2ce7-4e2a-8557-96378b16fb2b_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a0e004-2ce7-4e2a-8557-96378b16fb2b_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a0e004-2ce7-4e2a-8557-96378b16fb2b_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a0e004-2ce7-4e2a-8557-96378b16fb2b_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a0e004-2ce7-4e2a-8557-96378b16fb2b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f4a0e004-2ce7-4e2a-8557-96378b16fb2b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Costa Sol."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Costa Sol.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Allegro</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        El cami&oacute;n de congelados da tres vueltas mientras espera que la furgoneta del pan deje libre una de las plazas de aparcamiento. Cuando Pedro ve otro hueco se lanza a cuchillo mientras en el retrovisor se refleja amenazante la camioneta de las bebidas. En el furor de la maniobra ha estado a punto de tirar al suelo al conductor de un patinete, que, curtido en el peligro de las v&iacute;as compartidas, ha sabido esquivar el golpe con la camioneta y con el <em>rider</em> que pedalea hasta la tienda de m&oacute;viles para recoger un pedido. Pedro tiene poco tiempo para descargar y evitar la multa. La pintura amarilla que rodea la fuente principal de la plaza es la se&ntilde;al inequ&iacute;voca de que aqu&iacute; las cosas no son como dicta la norma, sino como obliga la vida. Y la vida obliga a hacer el reparto con prisas.
    </p><p class="article-text">
        La camioneta de bebidas ha tomado el relevo en el tiovivo de veh&iacute;culos de reparto que es la Plaza de Costa Sol a media ma&ntilde;ana. Gira una y otra vez a la espera de que Pedro acabe de entregar su mercanc&iacute;a en la pescader&iacute;a, donde la clientela se acumula esperando su turno y el pescadero grita para pedirle que apile las cajas junto el mostrador. De reojo ve c&oacute;mo la panadera despide al repartidor y levanta la mano para avisar al encargado de la cafeter&iacute;a. En menos de un minuto ya ha empezado a descargar. Ha llegado tarde. La cafeter&iacute;a est&aacute; abarrotada y los camareros no dan abasto. Ahora le tocar&aacute; esperar a que alguno encuentre tiempo de firmar el albar&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Adagio</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        El repartidor de bebidas espera con la carga sobre la carretilla mientras aprovecha para echar un vistazo a la pantalla del tel&eacute;fono. Se ha quedado en la &uacute;nica esquina en la que da el sol a esas horas, la que conecta la plaza con la calle Alcalde Sanz Noguer, donde una eterna fila de taxis y conductores ha convertido la acera en un sol&aacute;rium. Ni un solo cliente, pero &iquest;qui&eacute;n los necesita cuando los rayos ultravioleta te calientan el cuerpo en una g&eacute;lida ma&ntilde;ana de invierno? 
    </p><p class="article-text">
        Es posible que el repartidor est&eacute; repasando la ruta que le queda por completar, pero parece m&aacute;s probable que se haya dejado enredar por esos ladrones de tiempo que habitan nuestros m&oacute;viles. Al menos eso parece a juzgar por la sonrisa que se ha dibujado en su cara y por la velocidad con la que desplaza su dedo &iacute;ndice por la pantalla. Pero &eacute;l no es el m&aacute;s r&aacute;pido a este lado del cedro del Atlas que preside la escena. Un &aacute;rbol impresionante y llor&oacute;n en mitad del caos de tr&aacute;fico. A pocos metros del cedro un grupo de estudiantes desayuna parsimonioso mientras deslizan los dedos por sus pantallas con una agilidad que supera con creces al operario. Ni unos ni el otro reparan en la excepcionalidad de los 24 metros de altura de un &aacute;rbol hu&eacute;rfano en un barrio, Ciudad Jard&iacute;n, que naci&oacute;, creci&oacute; y envejeci&oacute; alardeando en su apellido de su mayor defecto: no contar con un cent&iacute;metro de jard&iacute;n en sus calles. Y a pesar de lo inerte del escenario, la vida brota a raudales en la Plaza de Costa Sol.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Scherzo </strong>
    </p><p class="article-text">
        El tiempo lento de los estudiantes con resaca y los taxistas al sol contrasta con el nerviosismo de un joven subsahariano que mira inquieto a un lado y otro de la plaza mientras escucha una nota de voz en su tel&eacute;fono. Se ha detenido junto a uno de los tres vendedores de cupones de la Plaza. Tres vendedores de la Once y uno de Loter&iacute;a Nacional en unos pocos metros cuadrados, la prueba definitiva de ese impuesto oculto que pagan por los pobres por so&ntilde;ar ser ricos. Y en esta Plaza sobran sue&ntilde;os: los de quienes creyeron que Ciudad Jard&iacute;n ser&iacute;a un vergel cuando eligieron el barrio para instalarse despu&eacute;s de cruzar un Oc&eacute;ano; los de &Aacute;ngeles cuando eligi&oacute; el nombre de Niza para una cafeter&iacute;a en una plaza bautizada con otra costa menos glamourosa que la Cote D&rsquo;azur; los de Jos&eacute; Mar&iacute;a, el propietario del &uacute;nico puesto techado de la Once, que todav&iacute;a espera ver recuperar las ventas tras la &uacute;ltima crisis; los de Lola, una joven china que atiende en el centro de manicura mientras cuida de su criatura en la trastienda &iquest;y los del chico subsahariano?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Coda</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me he acercado. Quiero ayudarle, pero desconf&iacute;a. Necesita saber d&oacute;nde hay una parada de taxi. Le acompa&ntilde;o hasta ella, pero le advierto que en C&oacute;rdoba las distancias son cortas, que el gasto puede no merecer la pena. No quiere contarme su vida. &ldquo;Voy muy lejos&rdquo;, me despacha. Nada en Costa Sol es lo que parece. Un cedro no hace un bosque, ni si quiera un jard&iacute;n; Niza no est&aacute; en la Costa de Sol ni aqu&iacute; hay mar; comprar loter&iacute;a no te convierte el rico; &eacute;l no va lejos, viene de lejos. Le observo desde la plaza. Sigue mandando notas de voz. Ha recorrido la fila de taxistas al sol tres veces. Se asoma al locutorio, pasa por delante de la carnicer&iacute;a Halal, no se detiene. Est&aacute; buscando a alguien. Quiero ayudarle, pero no necesita un taxi, necesita una vida. Ojal&aacute; la consiga. Alguien ha venido a recogerlo y se marcha dejando la plaza atr&aacute;s mientras una furgoneta acelera para esquivar a una bici y buscar d&oacute;nde detenerse. Empieza a girar.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[ILUSTRACIÓN: RAFAEL OBRERO, Elena Lázaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/local/plaza-costa-sol-ironia-sinfonica_130_8842506.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Mar 2022 04:45:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f4a0e004-2ce7-4e2a-8557-96378b16fb2b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2097626" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f4a0e004-2ce7-4e2a-8557-96378b16fb2b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2097626" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Plaza de Costa Sol: Una ironía sinfónica]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f4a0e004-2ce7-4e2a-8557-96378b16fb2b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,ciudad jardín,La ciudad in situ]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
