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    <title><![CDATA[Cordópolis - Los astros y los días]]></title>
    <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/]]></link>
    <description><![CDATA[Cordópolis - Los astros y los días]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[A propósito de Habermas]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/proposito-habermas_132_13082775.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9bd72b0d-e91b-416f-b576-ccdc407c061a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A propósito de Habermas"></p><p class="article-text">
        La muerte del intelectual alem&aacute;n J&uuml;rgen Habermas a los 96 a&ntilde;os el pasado 14 de marzo ha dado lugar a la publicaci&oacute;n de numerosos art&iacute;culos que resaltan el innegable valor de su legado. El reconocimiento de la figura de Habermas ha trascendido su pa&iacute;s natal al ser considerado uno de los intelectuales europeos de mayor relevancia de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. El eco de su obra en Espa&ntilde;a le llev&oacute; a recibir en 2003 el Premio Pr&iacute;ncipe de Asturias en el &aacute;rea de Ciencias Sociales.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un intelectual comprometido con su tiempo</strong></h2><p class="article-text">
        En los art&iacute;culos publicados tras su fallecimiento se destaca su dilatada trayectoria acad&eacute;mica en un campo muy amplio, que abarca desde la filosof&iacute;a moral a la sociolog&iacute;a pol&iacute;tica y la filosof&iacute;a del derecho (con influencia de autores como Kant, Marx, Weber, Arendt, Adorno o Rawls).
    </p><p class="article-text">
        Su carrera se inici&oacute; en 1956 en la Escuela de Frankfurt (entonces centro de referencia del marxismo cr&iacute;tico), diversificando m&aacute;s tarde su horizonte te&oacute;rico y anal&iacute;tico en otras universidades alemanas, donde desarrollar&aacute; una intensa actividad docente e investigadora.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de sus aportaciones de tipo acad&eacute;mico, cabe resaltar tambi&eacute;n su compromiso social y pol&iacute;tico, habiendo participado de forma activa en muchos de los debates surgidos en torno a los temas y acontecimientos que marcaron su &eacute;poca. Por ejemplo, en la segunda mitad del siglo XX, estuvo presente en el debate con los historiadores sobre las causas del ascenso del nazismo en Alemania; tambi&eacute;n debati&oacute; directamente con los estudiantes en las revueltas de los a&ntilde;os setenta; dio la bienvenida al colapso del socialismo real en los pa&iacute;ses del este europeo; observ&oacute; con inter&eacute;s la emergencia del ecologismo y los partidos verdes; apoy&oacute; sin ambages la reunificaci&oacute;n alemana, aunque con matices por el modo como se produjo&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, se ha destacado la constante presencia de Habermas, con ensayos y tribunas de opini&oacute;n, en algunos de los debates m&aacute;s significativos del actual siglo XXI. Mostr&oacute;, por ejemplo, su preocupaci&oacute;n por la partitocracia y sus efectos perversos en las democracias parlamentarias y observ&oacute; con inter&eacute;s la emergencia de nuevos movimientos sociales (sobre todo, el feminista, al que le hab&iacute;a prestado poca atenci&oacute;n en sus a&ntilde;os anteriores). Adem&aacute;s, analiz&oacute; con escepticismo la evoluci&oacute;n de una socialdemocracia que asum&iacute;a sin reparos los principios neoliberales y se impregnaba de valores identitarios alejados de su legado universalista.
    </p><p class="article-text">
        Apoy&oacute; la &uacute;ltima gran ampliaci&oacute;n de la UE, pero expresando los riesgos que una adhesi&oacute;n tan acelerada y guiada por una l&oacute;gica m&aacute;s econ&oacute;mica que pol&iacute;tica pod&iacute;a representar para el avance de la integraci&oacute;n europea. Mantuvo, no sin cr&iacute;ticas, un firme apoyo al estado de Israel mostrando su preocupaci&oacute;n por la deriva expansionista y autoritaria de sus &uacute;ltimos gobiernos. Observ&oacute; con atenci&oacute;n, y apoy&oacute;, el creciente proceso migratorio hacia los pa&iacute;ses europeos, si bien fue consciente del reto social y pol&iacute;tico que supon&iacute;a gestionar el multiculturalismo que ello representaba. Finalmente, y ya casi a las puertas de su fallecimiento, particip&oacute; en la controversia sobre el modo de afrontar la invasi&oacute;n de Ucrania por los ej&eacute;rcitos de Putin&hellip;
    </p><p class="article-text">
        La amplitud del pensamiento de Habermas y la curiosidad intelectual que siempre tuvo le llevaron incluso a participar en debates sobre la religi&oacute;n, como el que tuvo lugar en 2004 en la Academia de M&uacute;nich con el cardenal Ratzinger sobre la importancia de la fe y la necesidad del di&aacute;logo entre creyentes y no creyentes.
    </p><p class="article-text">
        Como puede verse por lo antes se&ntilde;alado, su trayectoria cubre un amplio espacio intelectual, existiendo una estrecha relaci&oacute;n entre el Habermas fil&oacute;sofo y cient&iacute;fico social, y el Habermas comprometido con la realidad de su tiempo. Esa relaci&oacute;n fue tan intensa, que resulta dif&iacute;cil separar las dos dimensiones, dado que, al igual que la obra acad&eacute;mica de Habermas est&aacute; influida por el activismo que le caracteriz&oacute;, su compromiso social y pol&iacute;tico es una proyecci&oacute;n de aqu&eacute;lla, retroaliment&aacute;ndose ambas.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Entre lo anal&iacute;tico y lo normativo</strong></h2><p class="article-text">
        Sus grandes aportaciones est&aacute;n formadas por obras como <em>Historia cr&iacute;tica de la opini&oacute;n p&uacute;blica </em>(1962),<em> Conocimiento e inter&eacute;s </em>(1968)<em>, Teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa </em>(1981),<em> Conciencia moral y acci&oacute;n comunicativa </em>(1983),<em> Facticidad y validez </em>(1992)<em>, El futuro de la naturaleza humana </em>(2003) o <em>Entre naturalismo y religi&oacute;n</em> (2005).
    </p><p class="article-text">
        Algunos de esos trabajos se limitan a <em>analizar</em> la realidad social sin que Habermas haga de un modo expl&iacute;cito ninguna recomendaci&oacute;n de naturaleza <em>normativa</em>, procurando que su posicionamiento pol&iacute;tico e ideol&oacute;gico quede al margen del an&aacute;lisis y evitando as&iacute; el sesgo valorativo del que hablara Weber medio siglo antes. Por ello, estos trabajos de Habermas pueden calificarse de descriptivos y/o explicativos en lo que se refiere a su car&aacute;cter epistemol&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, en su <em>Teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa</em> (donde plantea la tesis de la deliberaci&oacute;n p&uacute;blica en lo que &eacute;l denomina la &ldquo;esfera de la vida&rdquo; y que viene a ser lo que otros autores hab&iacute;an denominado la &ldquo;sociedad civil&rdquo;), Habermas no se limita a describir y explicar lo que ocurre en la realidad, sino que propone herramientas de intervenci&oacute;n social, cruzando se ese modo la l&iacute;nea que separa lo cient&iacute;fico de lo pol&iacute;tico. Es ah&iacute;, en ese cruce donde radica gran parte del atractivo de su obra, pero tambi&eacute;n su debilidad.
    </p><p class="article-text">
        En el citado trabajo, y en l&iacute;nea con los enfoques del &ldquo;republicanismo c&iacute;vico&rdquo;, hace un juicio cr&iacute;tico de las democracias contempor&aacute;neas, y nos dice lo que <em>debe</em> hacer el <em>buen ciudadano</em> para recuperar el funcionamiento de un sistema social y pol&iacute;tico que Habermas considera degradado. Es, por tanto, su teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa (y la tesis de la deliberaci&oacute;n) una teor&iacute;a valorativa (normativa) m&aacute;s cercana a la filosof&iacute;a moral y a la &eacute;tica que a la sociolog&iacute;a, si bien parad&oacute;jicamente es la que ha tenido mayor resonancia social e impacto sociol&oacute;gico.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La tesis de la deliberaci&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        A continuaci&oacute;n, y en mi condici&oacute;n de soci&oacute;logo, me centrar&eacute; en la tesis de la deliberaci&oacute;n por ser, como digo, la que mayor eco ha tenido en los c&iacute;rculos sociales y pol&iacute;ticos. Esta teor&iacute;a ha servido de sustento moral a los grupos que enarbolan la bandera cr&iacute;tica contra el deterioro de la democracia y la colonizaci&oacute;n de la sociedad civil (la esfera de la vida) por la econom&iacute;a (mercado capitalista) y por el aparato burocr&aacute;tico del Estado.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Habermas (muy en l&iacute;nea con el legado kantiano), la deliberaci&oacute;n y el di&aacute;logo racional entre los ciudadanos son la base esencial para el buen funcionamiento de la democracia, acu&ntilde;ando el t&eacute;rmino &ldquo;patriotismo constitucional&rdquo; para caracterizar el consenso deliberativo. Para Habermas, en una sociedad cada vez m&aacute;s compleja, con identidades plurales y culturas diversas, s&oacute;lo es posible la convivencia poni&eacute;ndonos de acuerdo (deliberando) en torno a un conjunto de valores y normas comunes, encarnados en el marco constitucional democr&aacute;ticamente establecido (un patriotismo menos esencialista y m&aacute;s pragm&aacute;tico).
    </p><p class="article-text">
        De alg&uacute;n modo, lo que se propone Habermas es una reactivaci&oacute;n del viejo ideal de los valores universales de la Ilustraci&oacute;n, si bien circunscritos ahora a un conjunto m&iacute;nimo de valores y normas sobre los que, en su opini&oacute;n, cabe el consenso.
    </p><p class="article-text">
        Su teor&iacute;a sobre la deliberaci&oacute;n ha venido us&aacute;ndose para sustentar (y legitimar) nuevas formas de participaci&oacute;n social y pol&iacute;tica que superen las limitaciones y deficiencias de las democracias liberales, basadas, sobre todo, en el ejercicio del voto. La apuesta por nuevas f&oacute;rmulas de participaci&oacute;n directa, como los foros y asambleas ciudadanas, los consejos consultivos, los presupuestos participativos o el uso del refer&eacute;ndum como democracia desde abajo, han encontrado en las ideas de Habermas un anclaje para legitimar su puesta en marcha.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Sobre la vigencia de la tesis deliberativa de Habermas</strong></h2><p class="article-text">
        Sobre la teor&iacute;a de la deliberaci&oacute;n cabe preguntarse, no obstante, si el modo como concibe Habermas las relaciones entre los individuos y entre los grupos de intereses en las sociedades actuales se ajusta o no a la compleja realidad social de hoy como para sustentar las f&oacute;rmulas innovadoras que se proponen en el &aacute;mbito de la gobernanza de los asuntos p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia nos dice que no es as&iacute;, y que la concepci&oacute;n que tiene Habermas de una ciudadan&iacute;a guiada por la <em>virtud</em> y por la <em>voluntad</em> de cooperar est&aacute; muy alejada de lo que ocurre en la realidad. Las deficiencias de las f&oacute;rmulas participativas a la hora de su puesta en marcha nos conducen, al menos, a dudar de la viabilidad pr&aacute;ctica de la teor&iacute;a habermasiana de la deliberaci&oacute;n. Ejemplos del bajo nivel de participaci&oacute;n ciudadana en las experiencias de democracia directa indican que algo falla, al igual que ocurre con la deriva autoritaria y burocr&aacute;tica de movimientos surgidos inicialmente de la libre y abierta deliberaci&oacute;n social y pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Da la impresi&oacute;n de que, en la democracia contempor&aacute;nea, se impone una l&oacute;gica de intereses que acaba concentrando el poder en unas &eacute;lites dotadas de eficaces estructuras verticales de coordinaci&oacute;n imperativa. A diferencia de lo que planteaba Habermas, la deliberaci&oacute;n efectiva no se produce entre los ciudadanos, sino entre unas c&uacute;pulas organizativas, desiguales entre s&iacute;, pero cada una ostentando en su propio &aacute;mbito una cuota de poder con capacidad para ser movilizada (dirigentes de los partidos pol&iacute;ticos, l&iacute;deres sindicales, representantes de las organizaciones patronales, &eacute;lites de las grandes corporaciones&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, otras teor&iacute;as como la del <em>corporatismo</em> (neo-corporativismo) aportan, en mi opini&oacute;n, mejores explicaciones al funcionamiento real de las sociedades contempor&aacute;neas que la teor&iacute;a normativa de Habermas sobre la deliberaci&oacute;n. Son, adem&aacute;s, teor&iacute;as centradas s&oacute;lo en analizar el papel de las grandes corporaciones de intereses observando que es a trav&eacute;s de ellas como funciona el mundo de hoy; se limitan, por tanto, a mostrar c&oacute;mo es la realidad y no c&oacute;mo deber&iacute;a ser.
    </p><p class="article-text">
        Existen, sin duda, &aacute;mbitos de deliberaci&oacute;n horizontal (y desde abajo) en el sentido habermasiano, tal como puede observarse en muchos &aacute;mbitos del &ldquo;mundo de la vida&rdquo; (el tercer sector, el cooperativismo, las asociaciones c&iacute;vicas y culturales, las comunidades religiosas&hellip;) Pero no parece que esa rica y diversa din&aacute;mica deliberativa, que puede analizarse mejor desde enfoques te&oacute;ricos no valorativos (como el del capital social o relacional), tenga efectos reales en el funcionamiento de las democracias. Y menos a&uacute;n tras constatar las limitaciones de las nuevas tecnolog&iacute;as para ampliar el espacio de influencia de la ciudadan&iacute;a en los asuntos p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        Internet (y las redes sociales propiciadas por ella) abren, en efecto, espacios de deliberaci&oacute;n (<em>sociedad red</em>, que dir&iacute;a Castells), pero no en el sentido que hab&iacute;a previsto Habermas en torno a un conjunto compartido de valores universales y de normas comunes. Los de ahora son espacios fragmentados, seg&uacute;n las preferencias y las identidades de cada individuo (religiosas, culturales, &eacute;tnicas, sexuales&hellip;), unos espacios que, adem&aacute;s, tienen un fuerte potencial de exclusi&oacute;n (cancelaci&oacute;n) hacia el que no pertenece al mismo grupo, tal como el propio Habermas admiti&oacute;, no sin amargura, en sus &uacute;ltimas entrevistas.
    </p><p class="article-text">
        El cuestionamiento de un sistema universal de valores apelando a la autonom&iacute;a personal y la libertad individual, e incluso el revisionismo de los marcos constitucionales, son, en definitiva, indicadores de que la deliberaci&oacute;n libre y abierta de la que habla Habermas tiene m&aacute;s de deseo que de realidad en el mundo de hoy, un riesgo &eacute;ste que suelen correr las teor&iacute;as de car&aacute;cter normativo, como son algunas de las suyas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/proposito-habermas_132_13082775.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Mar 2026 19:05:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A propósito de Habermas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Abuelas en el Vial Norte]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/abuelas-vial-norte_132_13050517.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9d5d57a5-f1b3-492b-8ce6-2d9d4ea3e5cf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Abuelas en el Vial Norte"></p><p class="article-text">
        Tras varios meses de lluvia, volvieron los d&iacute;as soleados de marzo, aunque no con la continuidad deseada. Parece como si el invierno no quisiera irse del todo.
    </p><p class="article-text">
        Ya se han podado los rosales, y pronto las primeras flores cubrir&aacute;n de una alfombra multicolor los parterres del Vial Norte.
    </p><p class="article-text">
        Picotean los mirlos en los parques y ya brotan las yemas del azahar en los naranjos. Es el preludio de la primavera.
    </p><p class="article-text">
        Como cada d&iacute;a, tres mujeres de cabello blanco y rostro avejentado est&aacute;n sentadas en los poyetes de la rosaleda. Son Carmen, Matilde y Dolores.
    </p><p class="article-text">
        Las tres son viudas y les falta poco para cumplir los 90 a&ntilde;os. A&uacute;n se sienten con fuerzas como para acudir all&iacute; solas sin necesidad de que un familiar las acompa&ntilde;e.
    </p><p class="article-text">
        Viven cerca y solo tienen que cruzar la avenida. Cada una lleva un coj&iacute;n para acomodarse a la dureza de la piedra del poyete. Solo se conocen de verse desde hace tiempo en ese lugar.
    </p><p class="article-text">
        Las une, sobre todo, el deseo de encontrarse para hablar de sus cosas, de los recuerdos que a&uacute;n tienen del pueblo de donde cada una procede, de sus antiguos sue&ntilde;os y quimeras.
    </p><p class="article-text">
        Ninguna pudo estudiar, y desde que se casaron, su trabajo estuvo siempre en el hogar, en los cuidados, en sus labores, como se dec&iacute;a entonces. Trabajaron duro, muy duro, sin recompensa alguna, pero tampoco la esperaban. Lo hicieron porque era lo que hab&iacute;a que hacer.
    </p><p class="article-text">
        Han vivido cambios que han sabido asimilar bien, y todas utilizan tel&eacute;fono m&oacute;vil, de esos con teclas grandes. Carmen incluso se mueve con facilidad por las redes sociales por haber asistido a los cursos de inform&aacute;tica que imparten los centros c&iacute;vicos.
    </p><p class="article-text">
        Todas coinciden en que el mayor de esos cambios es el que se ha producido en las mujeres, y lo ven en sus propias hijas y nietas. Es el &uacute;nico cambio que de verdad ha perdurado, comentan. Todos los dem&aacute;s han acabado en sue&ntilde;os rotos, se lamenta Matilde.
    </p><p class="article-text">
        Observan a los j&oacute;venes de cuerpos atl&eacute;ticos que pasan haciendo <em>running</em> o paseando a sus perros. Se fijan, sobre todo, en las chicas j&oacute;venes, alegres como lo eran ellas hace muchos a&ntilde;os, pero m&aacute;s libres y desenfadadas que entonces, comenta Dolores.
    </p><p class="article-text">
        El cielo se ha cubierto de nubes y amenaza lluvia. Las tres mujeres se levantan y se marchan a sus casas con el coj&iacute;n bajo el brazo. Hace algo de fr&iacute;o y ya no se est&aacute; tan bien en el paseo. Adem&aacute;s, pronto ser&aacute; la hora del almuerzo.
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente, vuelven a verse en el mismo sitio. Tampoco parece que saldr&aacute; el sol hoy, pero es mayor el deseo de verse. Es domingo 8 de marzo, pero para ellas es como otro d&iacute;a cualquiera si no fuera por los restos de pasquines de la gran manifestaci&oacute;n que acaba de celebrarse.
    </p><p class="article-text">
        No est&aacute; Dolores, pero ni Carmen ni Matilde preguntan qu&eacute; le habr&aacute; pasado. La ausencia y la p&eacute;rdida son ya parte de sus vidas. Hoy se est&aacute;, pero ma&ntilde;ana qui&eacute;n sabe.
    </p><p class="article-text">
        Se acerca otra mujer, tambi&eacute;n mayor como ellas, a la que no hab&iacute;an visto antes. Es Elo&iacute;sa, que lleva un peque&ntilde;o lazo morado en la solapa, y un coj&iacute;n bajo el brazo.
    </p><p class="article-text">
        Se sienta en el poyete, y juntas reanudan la conversaci&oacute;n del d&iacute;a anterior.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/abuelas-vial-norte_132_13050517.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Mar 2026 20:08:39 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un pacto por las infraestructuras]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/pacto-infraestructuras_132_12978415.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/90b026d0-391e-4b86-aa13-89e1dd3e3ec3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un pacto por las infraestructuras"></p><p class="article-text">
        Uno de los valores innegables de las democracias es el respeto de los derechos humanos y las libertades individuales. A eso habr&iacute;a que a&ntilde;adir los sistemas de bienestar asociados a ellas, como fuente de legitimaci&oacute;n social en la medida en que se extienden al conjunto de la poblaci&oacute;n. En ese sentido, no hay otro sistema pol&iacute;tico que las supere.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, las democracias tienen un flanco d&eacute;bil. Me refiero a la dificultad de los gobiernos para afrontar desaf&iacute;os de medio y largo plazo, ya que, atrapados por los ciclos electorales, el horizonte de sus pol&iacute;ticas suele ser muy corto. Sin duda que el electoralismo tiene efectos positivos por cuanto se ponen en marcha pol&iacute;ticas coyunturales que, sin la presi&oacute;n de las urnas, no se llevar&iacute;an a cabo. No quiere esto decir que no se planteen asuntos de mayor alcance, pero lo cierto es que, en esos casos, suelen priorizarse aquellas pol&iacute;ticas que tienen un impacto directo e inmediato en la opini&oacute;n p&uacute;blica para as&iacute; poder ser rentabilizadas electoralmente.
    </p><p class="article-text">
        El reverso de todo esto es que las reformas que exigen pol&iacute;ticas de medio y largo plazo (como las relativas a las infraestructuras) suelen aplazarse <em>sine die</em>, aunque el diagn&oacute;stico de los problemas est&eacute; claro. Incluso los gobiernos con suficiente apoyo parlamentario se resisten a afrontar este tipo de reformas (siempre complejas) debido a su escaso r&eacute;dito electoral y al coste pol&iacute;tico que pueda suponerles. S&oacute;lo acuerdos de estado entre los grandes partidos permitir&iacute;an abordar estas reformas estructurales sac&aacute;ndolas de la l&oacute;gica electoralista.
    </p><p class="article-text">
        Esta reflexi&oacute;n viene a cuento por los graves sucesos acontecidos en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en nuestro pa&iacute;s, y muy especialmente en las &uacute;ltimas semanas. Tales sucesos han puesto en valor los servicios p&uacute;blicos (UME, hospitales, servicio de bomberos, guardia civil, fuerzas de seguridad&hellip;), adem&aacute;s de mostrar la solidaridad y cooperaci&oacute;n ciudadana. Pero han puesto tambi&eacute;n ante el espejo las carencias de algunas infraestructuras y la deficiencia de algunas pol&iacute;ticas, tanto nacionales, como auton&oacute;micas y locales.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n afectados por la oleada de borrascas que asola gran parte de nuestro territorio, y sin olvidar el tr&aacute;gico accidente ferroviario de Adamuz o la <em>dana </em>de Valencia, cunde el des&aacute;nimo en gran parte de la poblaci&oacute;n. A ello se le suma el caos en los trenes de alta velocidad y de cercan&iacute;a, que, por diversos motivos, est&aacute;n dejando tirados a miles de usuarios. Si a eso unimos el recuerdo de los graves incendios forestales del pasado verano, el des&aacute;nimo se transforma en indignaci&oacute;n al ver c&oacute;mo se desmoronan algunas de nuestras grandes infraestructuras por falta de la debida prevenci&oacute;n y por la insuficiente atenci&oacute;n a su mantenimiento.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que, salvo honrosas excepciones, no se ve intenci&oacute;n en nuestros pol&iacute;ticos de abordar unos problemas que, al igual que el de la vivienda, afectan a la realidad de la ciudadan&iacute;a. Enfrascados en in&uacute;tiles debates parlamentarios y en un tacticismo electoralista, se aparcan las reformas de tipo estructural que ser&iacute;an necesarias para que estas dram&aacute;ticas situaciones no vuelvan a repetirse.Veamos algunos ejemplos.
    </p><p class="article-text">
        Ante un oto&ntilde;o e invierno tan lluviosos, tendremos en verano una masa enorme de vegetaci&oacute;n en nuestros montes, que ser&aacute; pasto de las llamas si no se procede a su correspondiente limpieza y desbroce. Cuando cesen las lluvias, ser&aacute; el momento de esas tareas de mantenimiento, pero para eso los servicios forestales deber&aacute;n estar dotados del equipamiento adecuado y de una estructura profesionalizada, hoy inexistente en muchas Comunidades Aut&oacute;nomas. &iquest;Se est&aacute; pensando ya en ello?
    </p><p class="article-text">
        Otro ejemplo es el relativo a las zonas inundables. Existen ya estudios t&eacute;cnicos solventes que nos indican qu&eacute; zonas tienen riesgo elevado de ser inundadas si se produjeran nuevas crecidas de los r&iacute;os. Pero la realidad es que no se tienen muy en cuenta esos informes, y se contin&uacute;a con pol&iacute;ticas permisivas de edificaci&oacute;n en esas zonas, cuyas consecuencias se pagan cuando llega el temporal. Una pol&iacute;tica estructural adecuada ser&iacute;a ordenar el territorio evitando edificar en dichas zonas inundables, e incluso no restaurando las casas que han sido afectadas, promoviendo su traslado a otras m&aacute;s seguras. Ese tipo de pol&iacute;ticas tiene su coste, tanto econ&oacute;mico, como pol&iacute;tico, pero hay que abordarlas.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, y aunque parezca inoportuno se&ntilde;alarlo en estos d&iacute;as tan lluviosos, hay que recordar que Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s mediterr&aacute;neo, y que debemos prepararnos para cuando regresen los periodos de sequ&iacute;a. Es una realidad que los pantanos, llenos ahora, pronto se ir&aacute;n vaciando. Por ello, deber&iacute;a utilizarse el actual momento de bonanza para hacer un adecuado mantenimiento y restaurar los desperfectos que puedan observarse, como la colmataci&oacute;n que afecta a algunos de nuestros embalses o las p&eacute;rdidas en las conducciones.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n habr&iacute;a que afrontar los siempre retrasados planes hidrol&oacute;gicos para facilitar el trasvase entre cuencas y dentro de cada cuenca. Ahora, sin la presi&oacute;n de la escasez de los recursos h&iacute;dricos, ser&iacute;a un buen momento para abrir ese debate. Pero me temo que, una vez m&aacute;s, una pol&iacute;tica estructural tan inc&oacute;moda y necesaria como &eacute;sa quedar&aacute; aparcada por falta de consenso entre los grandes partidos pol&iacute;ticos, m&aacute;s preocupados por las pr&oacute;ximas contiendas electorales.
    </p><p class="article-text">
        Y qu&eacute; decir de nuestras infraestructuras viarias. El citado accidente de Adamuz ha colmado, no obstante, el vaso de las deficiencias de un sistema de transporte que, hasta ahora, ven&iacute;a siendo nuestro orgullo y un elemento fundamental de la reputaci&oacute;n de Espa&ntilde;a en el mundo. Son deficiencias que ven&iacute;an arrastr&aacute;ndose desde hace a&ntilde;os, a ra&iacute;z sobre todo del aumento del n&uacute;mero de trenes de alta velocidad en unas infraestructuras viarias de m&aacute;s de treinta a&ntilde;os de uso, y necesitadas de un buen sistema de mantenimiento.
    </p><p class="article-text">
        Como dice el refranero, &ldquo;a grandes males, grandes remedios&rdquo;, pero para aplicarlos se necesita una visi&oacute;n de pa&iacute;s, una perspectiva de medio y largo plazo, que s&oacute;lo es posible aparcando esos grandes temas de la l&iacute;cita confrontaci&oacute;n electoral, como se hizo en el Pacto de Toledo con las pensiones, hoy, por desgracia, finiquitado.
    </p><p class="article-text">
        Ahora ser&iacute;a necesario un gran pacto por las infraestructuras. Recursos hay, tanto nacionales como europeos, y siempre queda la v&iacute;a del endeudamiento. &iquest;Estar&aacute;n nuestros pol&iacute;ticos a la altura de tan urgente desaf&iacute;o?
    </p><p class="article-text">
        De ello depende el apoyo a una democracia que los ciudadanos juzgan cada vez m&aacute;s por sus resultados y menos por los valores que encarna. Asimismo, la falta de respuesta a los grandes problemas del pa&iacute;s es la puerta por donde entran los populismos de cualquier signo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/pacto-infraestructuras_132_12978415.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Feb 2026 19:04:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un pacto por las infraestructuras]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mundo de Trump y 'El cuento de la criada']]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/mundo-trump-cuento-criada_132_12930495.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e2ef845-7827-4010-8dad-bcdcd13601de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El mundo de Trump y &#039;El cuento de la criada&#039;"></p><p class="article-text">
        <em>The Handmaid&rsquo;s Tale</em> (El cuento de la criada) es una novela de Margaret Atwood, publicada en 1985 en ingl&eacute;s. En el pr&oacute;logo de su edici&oacute;n en castellano (2019), la autora canadiense nos dice que los grandes cambios geopol&iacute;ticos tras la II Guerra Mundial le hicieron pensar en la posibilidad de que la deriva totalitaria de los pa&iacute;ses del Este europeo pudiera suceder tambi&eacute;n en las democracias occidentales, por muy inveros&iacute;mil que pareciese entonces. Esa inquietud le llev&oacute; a elegir como tema de su novela la conversi&oacute;n de una sociedad de robustas e innegables ra&iacute;ces democr&aacute;ticas en un r&eacute;gimen totalitario.
    </p><h2 class="article-text">Contexto y contenido de la novela de Atwood</h2><p class="article-text">
        La novela de Atwood se public&oacute; justo en la &eacute;poca en que el escritor brit&aacute;nico George Orwell hab&iacute;a situado su c&eacute;lebre distop&iacute;a <em>1984 </em>(aqu&eacute;lla en la que acu&ntilde;&oacute; figuras hoy tan conocidas como el &ldquo;gran hermano&rdquo; o el &ldquo;ministerio de la verdad&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Posteriormente, se traslad&oacute; al cine y al teatro, y en 2017 se estren&oacute; como serie de &eacute;xito en una plataforma televisiva, recibiendo ese a&ntilde;o cinco galardones de los premios Emmy. Dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, Atwood publicar&iacute;a una segunda parte, con el t&iacute;tulo <em>Testaments </em>(traducida en castellano como &ldquo;Los testamentos&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Mientras que Orwell situaba su distop&iacute;a totalitaria en un espacio geopol&iacute;tico de influencia brit&aacute;nica, Atwood ubica en EE.UU. su novela <em>El cuento de la criada</em>. En ella narra c&oacute;mo, en respuesta a amenazas externas (reales o imaginarias), un golpe de estado destruye la democracia americana e instala en ese pa&iacute;s una rep&uacute;blica teocr&aacute;tica de nombre &ldquo;Gilead&rdquo;, dirigida por grupos fundamentalistas religiosos inspirados en el puritanismo.
    </p><p class="article-text">
        A resultas de ello, y en un contexto de crisis clim&aacute;tica, fuerte descenso de la natalidad, caos y desorden, m&aacute;s o menos provocado desde las esferas del poder, se declara la ley marcial, se suspenden las garant&iacute;as constitucionales, se elimina el pluralismo pol&iacute;tico, se violan los derechos civiles y se atenta contra las libertades p&uacute;blicas (en especial, las de las mujeres, reducidas a funciones dom&eacute;sticas y de procreaci&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        No es mi prop&oacute;sito narrar aqu&iacute; el contenido de la novela de Atwood, sino expresar el sentimiento de perturbaci&oacute;n que me gener&oacute; su lectura y el impacto que me caus&oacute; la serie televisiva. El cuidado que pone la autora en los elementos narrativos (paisaje, edificios, vestuario&hellip;) para que todos sean f&aacute;cilmente identificables con la realidad de una ciudad americana de hoy (y que son bien respetados en su versi&oacute;n televisiva), hace que la historia nos resulte cre&iacute;ble a pesar de la indudable ficci&oacute;n e inventiva que hay en ella.
    </p><p class="article-text">
        Con ese estilo y un sentido asombroso de la premonici&oacute;n, la escritora canadiense plantea en su novela una historia que, si bien parec&iacute;a inveros&iacute;mil cuando la public&oacute; (mediados de los a&ntilde;os ochenta), hoy nos resulta inquietante en muchos aspectos, a la vista de los &uacute;ltimos hechos acontecidos en el mundo, y en concreto en los EE.UU. Es por ese motivo que hago referencia a la novela de Atwood en este art&iacute;culo.
    </p><h2 class="article-text">El mundo de Trump</h2><p class="article-text">
        Ya con el asalto al Capitolio en enero de 2021 por los seguidores del entonces derrotado Donald Trump, se encendieron todas las alarmas sobre el germen totalitario inoculado por el <em>trumpismo</em> en las filas del Partido Republicano. La victoria de Biden y los cuatro a&ntilde;os de gobierno del Partido Dem&oacute;crata actuaron como un placebo, haciendo que no se le diera la importancia debida al cambio profundo que se estaba produciendo en la sociedad norteamericana.
    </p><p class="article-text">
        El germen totalitario segu&iacute;a estando ah&iacute;, sin haber sido eliminado del todo, y prueba de ello ser&iacute;a el regreso de Trump en enero de 2025 a la presidencia de los EE.UU. con su movimiento MAGA (<em>Make America Great Again</em>) a&uacute;n m&aacute;s militante y expansivo que antes. Es con lo sucedido en este primer a&ntilde;o del segundo mandato de Trump que la novela de Atwood se convierte en una historia m&aacute;s veros&iacute;mil de lo que pudo pensarse cuando se public&oacute; hace m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        El control del poder judicial; la ocupaci&oacute;n militar de algunas ciudades americanas por la guardia nacional; la brutal persecuci&oacute;n de los migrantes por la polic&iacute;a del ICE a la vista de todos; el acoso a las universidades d&iacute;scolas con el <em>trumpismo</em>; las acusaciones sin pruebas contra pol&iacute;ticos del Partido Dem&oacute;crata; las burlas histri&oacute;nicas del propio presidente Trump sobre sus antecesores y otros mandatarios de pa&iacute;ses supuestamente aliados; la amenaza de suspender las elecciones intermedias (previstas para noviembre)&hellip; son s&oacute;lo algunas muestras de la deriva totalitaria que se est&aacute; dando en el gobierno de la que, hasta ahora, ven&iacute;a siendo la democracia m&aacute;s antigua del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la ruptura del orden internacional (con la intervenci&oacute;n ilegal en Venezuela o Somalia, la amenaza de anexi&oacute;n de Groenlandia y Canad&aacute;, o el aviso de intervenci&oacute;n en Ir&aacute;n) es un claro prop&oacute;sito del gobierno Trump de imponer la ley de la fuerza por encima de la carta de Naciones Unidas, una entidad que los propios EE.UU. ayudaron a crear tras la II Guerra Mundial, y que, con sus imperfecciones, ha estado rigiendo el mundo desde 1947. Es un escenario inimaginable hace s&oacute;lo unos a&ntilde;os, pero que hoy es una realidad que nos causa indignaci&oacute;n y tambi&eacute;n impotencia al ver las dificultades de reacci&oacute;n de nuestros gobiernos, paralizados ante una situaci&oacute;n que parece superarlos.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, en ese contexto, la UE, que carece de una pol&iacute;tica com&uacute;n de defensa y asuntos exteriores, comienza a reaccionar. El acuerdo con Mercosur firmado el 17 de enero en Paraguay (a&uacute;n pendiente de ratificaci&oacute;n) y el anunciado con la India son una apuesta clara de la UE por el multilateralismo, frente al discurso proteccionista de Trump y su amenaza arancelaria. Asimismo, la firme defensa de la soberan&iacute;a de Groenlandia expresa tambi&eacute;n el deseo de la UE de no dejarse anonadar por las soflamas del presidente norteamericano y de disuadirle en la ejecuci&oacute;n de sus amenazas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, estas reacciones se dan en un contexto de fr&aacute;gil cohesi&oacute;n interna de la UE, socavada precisamente por el marco divisivo creado por el propio Trump en las relaciones internacionales y por su injerencia en la pol&iacute;tica europea a trav&eacute;s de partidos afines al ideario <em>trumpista.</em>
    </p><h2 class="article-text">Reflexiones finales</h2><p class="article-text">
        Leer la novela de Atwood <em>El cuento de la criada</em>, pero, sobre todo, ver la serie de televisi&oacute;n, a&uacute;n m&aacute;s impactante, resultan dos experiencias perturbadoras, pues lo que parec&iacute;a inveros&iacute;mil cuando se editaron, adquiere en los tiempos actuales visos de verosimilitud.
    </p><p class="article-text">
        A veces se dice, como una frase hecha para uso coloquial, que &ldquo;la realidad supera la ficci&oacute;n&rdquo;. Pero hay ocasiones, como ahora, en que ese aserto adquiere un alto grado de certeza al ver c&oacute;mo suceden cosas que jam&aacute;s pod&iacute;amos imaginar que ocurrir&iacute;an, tal como alerta la propia Atwood en el pr&oacute;logo de su inquietante novela, situada, como he se&ntilde;alado, en los EE.UU.
    </p><p class="article-text">
        En estos &ldquo;tiempos recios&rdquo; (como titula Vargas Llosa una de sus &uacute;ltimas novelas), s&oacute;lo cabe esperar que los l&iacute;mites del poder funcionen en la democracia estadounidense; que act&uacute;en los contrapesos institucionales que John Adams (segundo presidente de los EE.UU.) procur&oacute; que se incluyeran en la Constituci&oacute;n, convencido como estaba de que &ldquo;es preferible una sociedad de leyes a una sociedad de reyes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cabe esperar tambi&eacute;n que sea la sociedad civil norteamericana la que se movilice contra el uso arbitrario del poder pol&iacute;tico, tal como hizo la poblaci&oacute;n de las <em>trece colonias</em> contra el imperio brit&aacute;nico hace ahora justo 250 a&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/mundo-trump-cuento-criada_132_12930495.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jan 2026 20:00:20 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[El legado de la Biblia]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/legado-biblia_132_12844072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2788797c-8eab-4286-baea-5305a3f0a20b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x94y34.jpg" width="1200" height="675" alt="El legado de la Biblia"></p><p class="article-text">
        En&nbsp;los &uacute;ltimos a&ntilde;os, los medios de comunicaci&oacute;n se vienen haciendo eco de un resurgir del inter&eacute;s por los temas religiosos. Es un fen&oacute;meno general que se expresa, adem&aacute;s, en diversos &aacute;mbitos culturales, y que va m&aacute;s all&aacute; de las pr&aacute;cticas tradicionales asociadas a la Semana Santa en regiones como la andaluza.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, el &uacute;ltimo y excelente disco <em>Lux </em>de la cantante Rosal&iacute;a tiene un claro componente de misticismo, adem&aacute;s de una evidente est&eacute;tica religiosa. Asimismo, art&iacute;culos como &ldquo;El giro cat&oacute;lico&rdquo; de Diego Garrocho (publicado en <em>El</em>&nbsp;<em>Pa&iacute;s</em>, el pasado 27 de octubre), o el monogr&aacute;fico de <em>The Conversation </em>(del 15 de noviembre), tratan de esa tem&aacute;tica. Tambi&eacute;n libros como &ldquo;El loco de Dios en el fin del mundo&rdquo; (2025), de Javier Cercas, o &ldquo;El enigma de Dios&rdquo; (2025), de Pedro G. Cuartango, se adentran en los temas religiosos desde diversos &aacute;ngulos. Y lo mismo sucede con pel&iacute;culas como &ldquo;Los domingos&rdquo;, de Alauda Ruiz de Az&uacute;a, que est&aacute; teniendo gran &eacute;xito de taquilla y que trata de la vocaci&oacute;n religiosa de una joven adolescente.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto genera cierta perplejidad en determinados c&iacute;rculos de opini&oacute;n a los que les cuesta entender las causas de este fen&oacute;meno en una sociedad en apariencia tan secularizada como la actual. Para unos, el resurgir de lo religioso es s&oacute;lo una moda pasajera, algo impostado e inducido por intereses comerciales. Para otros, sin embargo, es reflejo de un cambio m&aacute;s profundo en el sistema de valores de las j&oacute;venes generaciones, inmersas en un mundo abducido por las tecnolog&iacute;as digitales y marcado por una combinaci&oacute;n de m&uacute;ltiples identidades no f&aacute;cil de gestionar a nivel individual.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;El Dios de nuestros padres&rdquo;</h2><p class="article-text">
        En esa misma l&iacute;nea, aunque desde una &oacute;ptica diferente, cabe situar el libro &ldquo;El Dios de nuestros padres&rdquo; (Ed. Harper Collins, 2025) de Aldo Cazzullo, escritor italiano y conocido periodista de <em>La Stampa </em>y el <em>Corriere della Sera</em>. Es un libro que est&aacute; teniendo gran &eacute;xito de ventas (con un mill&oacute;n de ejemplares vendidos) y que acabo de leer en su versi&oacute;n espa&ntilde;ola. Aprovechando los d&iacute;as de Navidad, con esa mezcla de fiesta, emociones y recogimiento, comentar&eacute; el libro de Aldo Cazzullo, una excelente aproximaci&oacute;n a la Biblia y al legado que representa para nuestra cultura.
    </p><p class="article-text">
        El libro se lo dedica a sus padres y a todas esas generaciones que, como dice el autor, &ldquo;vivieron bajo la mirada de Dios&rdquo;. En la introducci&oacute;n comenta que se le ocurri&oacute; escribirlo cuando, cuidando de su padre enfermo, cogi&oacute; la Biblia que siempre ten&iacute;a en la mesilla de noche y se puso a leerla despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os sin hacerlo. Nos dice tambi&eacute;n que, en aquellos d&iacute;as en los que ve&iacute;a apagarse la vida de su padre, la lectura de la Biblia le reconfortaba y trasladaba a la infancia, a esos a&ntilde;os en los que las historias b&iacute;blicas le parec&iacute;an fascinantes, si bien reconoce que esos mismos textos le parecen hoy inveros&iacute;miles e incluso trasnochados para una mente tan racional como la suya. Del esfuerzo por comprender el significado de la Biblia y trasladarlo a los tiempos actuales surgi&oacute;, en opini&oacute;n del autor, la idea de escribir este libro.
    </p><p class="article-text">
        El libro de Cazzullo trata, sobre todo, del Antiguo Testamento, con referencias muy puntuales a la vida de Jes&uacute;s y los Evangelios. De hecho, s&oacute;lo relata del Nuevo Testamento algunos pasajes sobre el tema de la resurrecci&oacute;n de la carne (por ejemplo, cuando Jes&uacute;s resucit&oacute; a su amigo L&aacute;zaro), un tema &eacute;ste que apenas est&aacute; presente en el <em>corpus </em>del juda&iacute;smo y que diferencia a ambas religiones.
    </p><p class="article-text">
        Su prop&oacute;sito con la publicaci&oacute;n del libro es, como dice el autor, reafirmar la importancia de la Biblia para todas las personas que se han formado en la cultura judeo-cristiana, una cultura que, con sus injertos grecolatinos y germ&aacute;nicos, impregna el lenguaje cotidiano de los europeos y tambi&eacute;n de otros pueblos influidos por aqu&eacute;lla. De hecho, nuestro santoral est&aacute; lleno de nombres b&iacute;blicos (Eva, David, Esther, Jes&uacute;s, Joaqu&iacute;n, Mois&eacute;s, Daniel, Ana, Jos&eacute;, Pedro, Jacob&hellip;) y hay frases tan habituales, como &ldquo;pasar las de Ca&iacute;n&rdquo;, &ldquo;tener m&aacute;s paciencia que Job&rdquo;, &ldquo;hacer una traves&iacute;a del desierto&rdquo;, &ldquo;ser como un man&aacute; ca&iacute;do del cielo&rdquo;, &ldquo;tener la fuerza de Sans&oacute;n&rdquo; o &ldquo;venderse por un plato de lentejas&rdquo;, cuyo significado s&oacute;lo puede entenderse recurriendo al legado de la Biblia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Imagen del libro.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">La Biblia, como legado cultural</h2><p class="article-text">
        El arte cl&aacute;sico europeo est&aacute; impregnado de im&aacute;genes inspiradas en la Biblia, y muchas de sus obras no pueden comprenderse sin conocer las escenas y personajes representados en ella. Es el caso, por citar s&oacute;lo unos pocos ejemplos, de las esculturas del <em>Mois&eacute;s </em>o el <em>David </em>de Miguel &Aacute;ngel en Roma o Florencia, respectivamente, o de sus frescos de la Capilla Sixtina del Vaticano; tambi&eacute;n, del mural <em>La &uacute;ltima cena </em>de Leonardo da Vinci en la bas&iacute;lica de Santa Mar&iacute;a de las Gracias de Mil&aacute;n, o el cuadro <em>David vencedor de Goliat </em>de Caravaggio, que se encuentra en el museo del Prado de Madrid.
    </p><p class="article-text">
        Algo similar ocurre con la literatura, donde obras como <em>El Cantar de los Cantares </em>(que inspir&oacute; la poes&iacute;a de San Juan de la Cruz) o el <em>Eclesiast&eacute;s</em>&nbsp;(que tanto influy&oacute; en la obra de santa Teresa de Jes&uacute;s o incluso en las meditaciones de fil&oacute;sofos paganos como el emperador romano Marco Aurelio), s&oacute;lo pueden entenderse recurriendo al reinado de Salom&oacute;n. Asimismo, <em>La Divina Comedia </em>de Dante (s. XIV) o, ya en el s. XX, la novela de William Faulkner <em>Absal&oacute;n, Absal&oacute;n, </em>la voluminosa <em>Jos&eacute; y sus hermanos </em>de Thomas Mann, o <em>Sa&uacute;l ante Samuel</em>&nbsp;de Juan Benet, requieren adentrarse en la Biblia para comprender mejor su significado.
    </p><p class="article-text">
        En la m&uacute;sica cl&aacute;sica, una &oacute;pera tan c&eacute;lebre como el <em>Nabuco </em>de Verdi no puede entenderse sin conocer la historia del destierro del pueblo hebreo en Babilonia. Lo mismo sucede con las &oacute;peras <em>Salom&eacute;</em>&nbsp;de Richard Strauss o <em>Sans&oacute;n y Dalila </em>de Saint-Sa&euml;ns, que requieren saber algo de esos personajes hist&oacute;ricos. Incluso en una m&uacute;sica tan popular como el flamenco, encontramos las llamadas &ldquo;sevillanas b&iacute;blicas&rdquo;, con letras alusivas a pasajes del Antiguo Testamento (como la c&eacute;lebre escena del rey David y su amante Betsab&eacute;).
    </p><p class="article-text">
        Ya sea uno creyente, agn&oacute;stico o ateo, los pasajes b&iacute;blicos son parte, en definitiva, de nuestro acervo cultural. Por ello, comparto la opini&oacute;n de Aldo Cazzullo cuando dice que conocer el significado de la Biblia nos ayuda a mejor comprender nuestra cultura en una &eacute;poca, como la actual, en la que nadie o muy pocos la leen, aunque, como he se&ntilde;alado, haya un creciente inter&eacute;s por los asuntos religiosos (que no b&iacute;blicos). No obstante, los que hemos nacido en pueblos de Andaluc&iacute;a, como Puente Genil, donde la Semana Santa es una Jerusal&eacute;n viviente, con cientos de figuras representando en sus calles escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, somos una excepci&oacute;n por cuanto conocemos bien la Biblia y nos gusta contarla.
    </p><p class="article-text">
        Pero ahora que ha pasado la moda de las grandes pel&iacute;culas de temas b&iacute;blicos (<em>Los Diez Mandamientos, Ben-Hur</em>, <em>Quo Vadis, El Pr&iacute;ncipe de Egipto</em>&hellip;) lo cierto es que poca gente se interesa, por ejemplo, por la historia de Ca&iacute;n y Abel, como tampoco por la de No&eacute;, el arca y el diluvio universal. Se ignora la historia de los primeros patriarcas (Abraham, Isaac y Jacob) o la de Mois&eacute;s, Aar&oacute;n y Josu&eacute; (que liberaron al pueblo hebreo del yugo egipcio y lo guiaron por el desierto hasta llegar a la tierra prometida). Pocos saben quien fue Judit, la hero&iacute;na que cort&oacute; la cabeza al general Holofernes, o quien Esther, la joven hebrea que logr&oacute; con sus ruegos ante el rey persa Asuero el final del destierro del pueblo jud&iacute;o en Babilonia. Tampoco se conoce la historia de Tob&iacute;as, el pez y el arc&aacute;ngel Rafael, que suele figurar como santo protector de muchas ciudades con r&iacute;o, entre ellas C&oacute;rdoba.
    </p><p class="article-text">
        Son historias bien contadas en el libro de Cazzullo, pero que poco o nada les dicen a los j&oacute;venes de hoy, cuyo universo de ideas y valores est&aacute; formado por otro tipo de referencias. La intenci&oacute;n de Cazzullo con su libro no es, por tanto, hacer proselitismo, lo que ser&iacute;a absurdo en un mundo tan secularizado como el actual. Su objetivo es m&aacute;s simple, y tiene mucho que ver con lo evocador y lo sentimental, adem&aacute;s de tener una finalidad pedag&oacute;gica. Para el escritor italiano es un modo de rendir homenaje a la generaci&oacute;n de nuestros padres y abuelos, que tuvo a la Biblia como uno de los ejes b&aacute;sicos de su formaci&oacute;n religiosa (de ah&iacute; el t&iacute;tulo del libro), reactivando as&iacute; el &ldquo;hilo de la memoria&rdquo; que dir&iacute;a la soci&oacute;loga francesa Dani&egrave;le Hervieu-L&eacute;ger.
    </p><h2 class="article-text">Una historia novelada de la Biblia</h2><p class="article-text">
        En su estudio sobre los textos b&iacute;blicos, Cazzullo elige la novela como estilo literario, pues entiende que la Biblia es, sobre todo, un relato, una narraci&oacute;n que puede contarse de forma &aacute;gil y amena si se eliminan pasajes complejos y oscuros, m&aacute;s dados a la interpretaci&oacute;n de rabinos, te&oacute;logos y especialistas.
    </p><p class="article-text">
        Al ser la Biblia una de las grandes obras de la literatura universal, junto a la <em>Iliada </em>y<em>&nbsp;</em>la <em>Odisea</em>, la <em>Eneida</em><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>, </em></span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">el</span>&nbsp;<em>Majabh&aacute;rat, </em>el <em>Cor&aacute;n </em>o el <em>Cantar de los Nibelungos, </em>sus textos pueden leerse con independencia de cu&aacute;les sean las creencias de cada lector. Al igual que ocurre con esas otras obras cl&aacute;sicas, la Biblia nos ense&ntilde;a mucho sobre la complejidad de la naturaleza humana y el modo de relacionarse con el misterio de lo desconocido e incomprensible.
    </p><p class="article-text">
        Aunque los cinco libros que componen el Antiguo Testamento (el <em>Pentateuco </em>para los cristianos) son, sobre todo, palabra e historia del pueblo jud&iacute;o, y as&iacute; los trata el juda&iacute;smo como parte fundamental de la <em>Tor&aacute;</em>, el mensaje de la Biblia es universal. En opini&oacute;n de Cazzullo, que comparto, la Biblia trasciende al propio pueblo hebreo hasta el punto de ser referencia para las otras grandes religiones monote&iacute;stas. Sin duda lo es para el cristianismo, que, como sabemos, surgi&oacute; del propio juda&iacute;smo, pero tambi&eacute;n para el islam, que se considera heredero del legado b&iacute;blico y acepta como suyos muchos de sus personajes (Brahim, Ishaq, Ismail, Jakub, Musa&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, a trav&eacute;s de lo que le sucede al pueblo jud&iacute;o, la Biblia nos dice c&oacute;mo son los seres humanos en general, con sus virtudes y sus vicios, sus deseos y tentaciones, su tendencia a hacer el bien, pero tambi&eacute;n a comportarse como unos malvados. Eso mismo ocurre con las grandes tragedias griegas de Esquilo, S&oacute;focles y Eur&iacute;pides, recreadas dos mil a&ntilde;os despu&eacute;s por Shakespeare, donde se retrata la naturaleza del ser humano, sus pasiones y debilidades, sus miserias y grandezas, m&aacute;s all&aacute; de los lugares geogr&aacute;ficos donde se desarrollan.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, el libro de Cazzullo es una obra interesante y amena sobre la Biblia, y su gran &eacute;xito puede deberse al resurgir ya comentado de los temas religiosos. En todo caso, es un libro que nos acerca a nuestras ra&iacute;ces culturales y que debe leerse desprendi&eacute;ndonos de los prejuicios religiosos (y tambi&eacute;n pol&iacute;ticos) que hoy pueden generarnos los textos b&iacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        Sea como fuere, la lectura de la Biblia debe hacerse situando los hechos que narra en el contexto hist&oacute;rico (pol&iacute;tico y cultural) en que fueron escritos. S&oacute;lo as&iacute;, y tal como sucede con todos los textos antiguos, podremos captar su verdadero significado y entender mejor actitudes y comportamientos que, sin duda, nos resultan desfasados e inveros&iacute;miles para un lector tan racional y secularizado como el de hoy.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/legado-biblia_132_12844072.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Dec 2025 18:56:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El legado de la Biblia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fosforito, un cantaor “total”]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/fosforito-cantaor-total_132_12770630.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1645316e-916b-4a32-b689-27fe75d53ccc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fosforito, un cantaor “total”"></p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s dif&iacute;cil de un artista es lograr una identidad propia que lo diferencie de los dem&aacute;s. En pintura, hay cuadros que, con solo ver la paleta de sus colores, sabemos identificar a su autor (es un Caravaggio, decimos, un Renoir, un Picasso, un Antonio L&oacute;pez&hellip;) Lo mismo sucede en literatura, en la que hay novelistas o poetas cuyo estilo los distingue con solo leer las primeras l&iacute;neas de sus libros (Machado, Lorca, Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Mars&eacute;, Matute, Benet&hellip;).
    </p><p class="article-text">
        En el flamenco, Antonio Fern&aacute;ndez D&iacute;az, Fosforito, ha sido uno de esos artistas con identidad propia gracias a la singularidad de una voz &uacute;nica e inconfundible. Su voz, tel&uacute;rica, ronca y rajada, como salida de las entra&ntilde;as de la tierra, es lo que distingu&iacute;a su cante del de los dem&aacute;s. Era o&iacute;r los primeros compases y ya se sab&iacute;a que quien cantaba era &eacute;l, el cantaor de Puente Genil; el ganador de todas las secciones del Concurso Nacional de Cante Jondo de C&oacute;rdoba de 1956 (que daba continuidad al m&iacute;tico concurso de Granada de 1922, organizado por Falla y Garc&iacute;a Lorca); el galardonado con la Llave de Oro del Cante en 2005 y con tantos premios y distinciones m&aacute;s. La singularidad de su voz solo es comparable a la que ten&iacute;an cantaores como Manolo Caracol, Valderrama, Camar&oacute;n o Morente, entre otros, o la Ni&ntilde;a de los Peines, la Paquera o Carmen Linares, inconfundibles tambi&eacute;n a la hora de cantar flamenco.
    </p><p class="article-text">
        Con motivo de su fallecimiento el pasado jueves en M&aacute;laga a los 93 a&ntilde;os, se est&aacute; escribiendo mucho, y bien, sobre Fosforito, no solo por los especialistas, sino tambi&eacute;n por los aficionados al flamenco que han disfrutado de la singularidad de su cante. Se destaca, sobre todo, la hondura de su voz, la honestidad de su carrera art&iacute;stica, la amplitud de su discograf&iacute;a y el gran conocimiento que ten&iacute;a de los cantes antiguos, a los que contribuy&oacute; a recuperar. Algunos se&ntilde;alan de &eacute;l que es el &uacute;ltimo de los cl&aacute;sicos del flamenco, y creo que llevan raz&oacute;n.
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                    alt="Fosforito, cuando ganó el Nacional, en el centro de una imagen en la que aparecen: De pie, Vargas Araceli Hijo, El Seco de Puente Genil, González Climent, Francisco Salinas, Muñoz Molleda, Ricardo Molina, Manolo Santos, José Salazar, Niño Ricardo y Vargas Araceli;  en cuclillas El Moreno de Paymogo, Gaspar de Utrera, Julián de Córdoba, El Niño de Vélez y El Cuchara."
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                Fosforito, cuando ganó el Nacional, en el centro de una imagen en la que aparecen: De pie, Vargas Araceli Hijo, El Seco de Puente Genil, González Climent, Francisco Salinas, Muñoz Molleda, Ricardo Molina, Manolo Santos, José Salazar, Niño Ricardo y Vargas Araceli;  en cuclillas El Moreno de Paymogo, Gaspar de Utrera, Julián de Córdoba, El Niño de Vélez y El Cuchara.                            </span>
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        No me propongo aqu&iacute; abundar en datos ya resaltados de su biograf&iacute;a en estos d&iacute;as de justo reconocimiento (ver el excelente art&iacute;culo de Juan Velasco en <em>Cordopolis</em>, titulado <a href="https://cordopolis.eldiario.es/cultura/marca-cantaor-larguisimo-fosforito-ocurrio-morente-cantes-volvieron-escuela_130_12765559.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fosforito. La marca de un cantaor largu&iacute;simo)</a>. Su biograf&iacute;a ha sido, adem&aacute;s, representada incluso en el teatro con la obra <em>Nazareno y olivares</em>, de David Pino, o en forma de historia ilustrada en el libro infantil de c&oacute;mic <em>Fosforito, un genio de la m&uacute;sica</em>, de &Aacute;lvaro de la Fuente. Hay tambi&eacute;n un excelente video de <em>Canal Sur</em>, <em>Fosforito, una historia de flamenco</em>, realizado por su hijo Alejandro, en el que cuenta su vida y trayectoria art&iacute;stica.
    </p><p class="article-text">
        El prop&oacute;sito de este art&iacute;culo es m&aacute;s modesto. Solo pretendo en estas l&iacute;neas expresar como un mero aficionado las sensaciones que me ha producido la obra de un artista, como Fosforito, al que siempre he considerado un cantaor &ldquo;total&rdquo;, entendiendo por ello su amplio dominio de todos los palos del flamenco. Quiz&aacute; en ese aspecto no haya habido otro cantaor como &eacute;l de tan amplio repertorio y con un sentido tan afinado y variado del comp&aacute;s. Siendo payo, cantaba los cantes gitanos como si fuera uno de ellos; si cantaba alegr&iacute;as o tangos, lo hac&iacute;a tan bien como si hubiera nacido en el barrio de Santa Mar&iacute;a de C&aacute;diz; si soleares o seguiriyas, no desmerec&iacute;a de los grandes cantaores sevillanos de Triana, Mairena, Marchena o Utrera&hellip; y as&iacute; pod&iacute;amos seguir con la grana&iacute;na, la malague&ntilde;a, la ca&ntilde;a y el polo, los caracoles o los cantes de levante que tan bien dominaba (mineras, cartageneras, tarantos&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        Puede que en alg&uacute;n palo espec&iacute;fico encontremos cantaores que nos gusten m&aacute;s que Fosforito, pero no hay otro con tanta variedad como &eacute;l. Chano Lobato era insuperable en los tangos y alegr&iacute;as de C&aacute;diz; Antonio Mairena fue un maestro de la sole&aacute;, y Chocolate de la seguiriya; Jos&eacute; Menese cantaba la petenera o la mariana como los &aacute;ngeles; Camar&oacute;n bordaba la buler&iacute;a, y Antonio Ranchal era &uacute;nico cantando las alegr&iacute;as de C&oacute;rdoba o los fandangos de Lucena, por citar solo algunos ejemplos. Tal vez Poveda pueda asemej&aacute;rsele en cuanto a la amplitud de su repertorio.
    </p><p class="article-text">
        Lo singular de Fosforito era, no obstante, su curiosidad sin l&iacute;mite y su af&aacute;n por descubrir nuevos cantes, recre&aacute;ndolos con su propio estilo acompa&ntilde;ado a la guitarra por Pepe Habichuela o Paco de Luc&iacute;a. Eso le imprime un car&aacute;cter enciclop&eacute;dico a su obra, y es lo que explica el reconocimiento un&aacute;nime que en vida recibi&oacute; y que en estos d&iacute;as lo reiteran tanto los cantaores de su generaci&oacute;n, como los j&oacute;venes, consider&aacute;ndolo un maestro del flamenco por lo mucho que supo transmitir y ense&ntilde;ar.
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                Fosforito, en la portada de su primer disco oficial                            </span>
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        Nacido, como he comentado en Puente Genil en 1932, Fosforito se afinc&oacute; en M&aacute;laga (en Alhaur&iacute;n), donde vivi&oacute; gran parte de su vida, junto a su familia. Sin renunciar a sus ra&iacute;ces pontanas, su sentido universal y abierto le llev&oacute; a identificarse con otros pueblos y ciudades. Prueba de ello es el hecho de ser hijo predilecto de su pueblo natal e hijo adoptivo de M&aacute;laga y C&oacute;rdoba. Fue, adem&aacute;s de cantaor, un excelente guitarrista, que incluso en ocasiones se acompa&ntilde;aba a s&iacute; mismo (en estos d&iacute;as ha circulado un video dom&eacute;stico en el que se ve a Fosforito cantando soleares y acompa&ntilde;&aacute;ndose de su propia guitarra).
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, fue un hombre curioso e inquieto en todo lo relacionado con el arte, m&aacute;s all&aacute; de su l&oacute;gica vinculaci&oacute;n con el flamenco. En el museo de La Posada de El Potro en C&oacute;rdoba puede verse una larga entrevista en la que trata de otras m&uacute;sicas, apostando por el car&aacute;cter universal del flamenco y por la rica diversidad de sus estilos. Adem&aacute;s, y sin tener formaci&oacute;n literaria alguna, Fosforito escrib&iacute;a, con una hondura l&iacute;rica reconocida por poetas como Pablo Garc&iacute;a Baena, las letras de muchos de sus cantes, regal&aacute;ndolas a otros cantaores con su generosidad tan caracter&iacute;stica (&ldquo;estaba pensando en ti/empez&oacute; a rendirme el sue&ntilde;o/ y llorando me dorm&iacute;&rdquo;, letra para sole&aacute; que le dio a El Pele para que la cantara). Ya retirado de los escenarios, impart&iacute;a conferencias sobre flamenco en centros culturales y universidades, y todo ello con una sabidur&iacute;a encomiable para un autodidacta como &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Era tambi&eacute;n un magn&iacute;fico saetero, demostrando su maestr&iacute;a el Viernes Santo por la ma&ntilde;ana en las calles de su pueblo al paso de la imagen de Jes&uacute;s Nazareno. Queda en el recuerdo de los pontanos la participaci&oacute;n de un jovenc&iacute;simo Fosforito en &ldquo;<em>La Pasi&oacute;n seg&uacute;n San Mateo, por saetas</em>&rdquo;, grabada en 1954 a iniciativa de mi t&iacute;o Francisco Moyano, junto a otros cantaores locales como Ni&ntilde;o Hierro o El Seco, y con la direcci&oacute;n del periodista Mat&iacute;as Prat. En esa grabaci&oacute;n radiof&oacute;nica, reeditada hace unos a&ntilde;os, se recorren los distintos pasajes de la pasi&oacute;n de Cristo a trav&eacute;s de saetas seleccionadas del rico patrimonio que atesoran las corporaciones b&iacute;blicas (cuarteles) de la Semana Santa de Puente Genil.
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                Capilla ardiente de Fosforito en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga.                            </span>
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        Y, para terminar, me permitir&eacute; una referencia m&aacute;s personal. Hace unos a&ntilde;os, en una de esas corporaciones de la Semana Santa pontana (en concreto, en <em>La Espina</em>, &nbsp;&nbsp;a la que pertenezco) estuvo invitado a la comida del Viernes Santo el maestro Fosforito, ya retirado del cante, pero a&uacute;n conservando una lucidez extraordinaria. El presidente de la corporaci&oacute;n, que no sab&iacute;a nada de flamenco, pero que conoc&iacute;a mi afici&oacute;n, me pidi&oacute; que me sentara durante la comida al lado del maestro para poderlo atender debidamente.
    </p><p class="article-text">
        Fue una delicia o&iacute;rle contar de forma pausada, y sin ning&uacute;n tipo de engolamiento, su vida y su carrera art&iacute;stica, su transitar por tablaos y festivales y su respeto por el legado de muchos cantaores que le precedieron y de los que aprendi&oacute;. Pero, sobre todo, me impresion&oacute; su modernidad, su apertura a las nuevas formas flamencas, su comprensi&oacute;n por el af&aacute;n de muchos j&oacute;venes cantaores por innovar estableciendo puentes con otras m&uacute;sicas. Y todo ello me lo dec&iacute;a con una voz ya apagada y gastada por los a&ntilde;os y por el esfuerzo de tantas noches a la intemperie que, como dec&iacute;a, te dejaban rota la garganta y que explican que ahora, a&ntilde;ad&iacute;a, &ldquo;la tenga llena de telara&ntilde;as&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Fue ese un recuerdo que conservo del Fosforito ya mayor y retirado de los festivales y escenarios. Como tambi&eacute;n conservo en mi memoria otro recuerdo de sesenta a&ntilde;os antes, cuando, siendo yo un ni&ntilde;o, fui con mi amigo Guillermo y su padre, gran aficionado flamenco, a escucharlo cantar al tablao Las Cuevas que hab&iacute;a en Torremolinos. El asombro de esa noche del verano de 1966 escuchando a Fosforito en la oscuridad m&aacute;gica de aquella cueva natural, es algo que no olvidar&eacute; nunca, pues de ah&iacute; naci&oacute; mi afici&oacute;n por el cante flamenco.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/fosforito-cantaor-total_132_12770630.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Nov 2025 20:37:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fosforito, un cantaor “total”]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Geopolítica y revisionismo histórico]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/geopolitica-revisionismo-historico_132_12744526.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fc02855f-f651-4af4-9f6f-658aa79a417f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Geopolítica y revisionismo histórico"></p><p class="article-text">
        El pasado 31 de octubre se inaugur&oacute; en el Instituto Cervantes en Madrid una gran muestra de arte mexicano, titulada &ldquo;La mitad del mundo. Las mujeres en el M&eacute;xico ind&iacute;gena&rdquo;. En ese acto, Jos&eacute; Manuel Albares, ministro espa&ntilde;ol de Asuntos Exteriores, se&ntilde;alaba que, &ldquo;como toda historia humana, la conquista de M&eacute;xico tiene claroscuros&rdquo;, a&ntilde;adiendo que ha &ldquo;habido dolor e injusticia hacia los pueblos originarios&rdquo; y que &ldquo;justo es reconocerlo y lamentarlo&rdquo;. Finaliz&oacute; su intervenci&oacute;n afirmando que &ldquo;esa es parte de nuestra historia compartida&rdquo; y que &ldquo;no podemos ni negarla ni olvidarla&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa declaraci&oacute;n, bastante obvia y que no dice nada que no sepamos, est&aacute; siendo, sin embargo, criticada por algunos grupos de opini&oacute;n en nuestro pa&iacute;s, que la consideran una rendici&oacute;n inadmisible a las insistentes exigencias de perd&oacute;n por parte del gobierno mexicano respecto a la conquista espa&ntilde;ola del imperio azteca. Entienden estos grupos que no tiene ning&uacute;n sentido culparnos ahora por los males que pudieron causar nuestros antepasados hace cinco siglos. Se&ntilde;alan, en realidad, que tanto Hern&aacute;n Cort&eacute;s, como los castellanos que le acompa&ntilde;aron en la toma de la ciudad de Tenochtitl&aacute;n, tienen lazos de parentesco m&aacute;s cercanos con la generaci&oacute;n de criollos que impuls&oacute; la independencia de M&eacute;xico en 1821 y con gran parte de la actual poblaci&oacute;n mexicana, que la que tienen con la espa&ntilde;ola de hoy. En todo caso, afirman que, puestos a abrir ese debate, habr&iacute;a que poner tambi&eacute;n en la balanza de la historia el legado positivo que dejaron los espa&ntilde;oles (un idioma com&uacute;n, numerosas ciudades, universidades, mestizaje&hellip;), tal como es incluso reconocido por un sector nada desde&ntilde;able de los intelectuales mexicanos (Octavio Paz y Carlos Fuentes, entre otros).
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha valorado la declaraci&oacute;n del ministro Albares como una forma de reparar el da&ntilde;o causado a los ind&iacute;genas y, de paso, compensar lo que entienden fue un desaire de Espa&ntilde;a hacia M&eacute;xico al no responder como debieran ni el gobierno ni la Casa Real a la petici&oacute;n formal de perd&oacute;n que hizo su antecesor L&oacute;pez Obrador. La presidenta Sheinbaum considera positiva la declaraci&oacute;n del ministro como &ldquo;un primer paso&rdquo; para recomponer las deterioradas relaciones entre los dos pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        Esto nos indica la estrecha relaci&oacute;n que hay entre pol&iacute;tica y revisionismo hist&oacute;rico, evidente en el caso mexicano a ra&iacute;z, sobre todo, de la llegada a la presidencia de la rep&uacute;blica de partidos como MORENA, que tiene en la rehabilitaci&oacute;n del indigenismo un eje fundamental de su discurso. Desde la presidencia de C&aacute;rdenas (1934-1940), nunca hab&iacute;a habido tanto inter&eacute;s, al menos ret&oacute;rico, por los temas indigenistas, como lo hubo con la llegada de L&oacute;pez Obrador (2018-2024) y ahora con Claudia Sheinbaum, en un af&aacute;n por revisar la historia y construir la identidad nacional mexicana sobre la base del legado ind&iacute;gena m&aacute;s que del mestizaje entre pueblos, razas y culturas.
    </p><p class="article-text">
        El problema del revisionismo hist&oacute;rico es que nunca se sabe d&oacute;nde poner los l&iacute;mites temporales ni tampoco est&aacute; siempre claro identificar en qu&eacute; consiste el agravio causado de unos pueblos sobre otros. La Historia no tiene l&iacute;mites temporales fijos, por lo que pueden establecerse cortes y periodos a conveniencia, y seg&uacute;n criterios no siempre consensuados ni siquiera en la propia comunidad cient&iacute;fica. Tampoco el agravio est&aacute; siempre bien determinado, por cuanto la historia de los pueblos es una combinaci&oacute;n de luces y sombras y todo depende de donde se pone la mirada: un pueblo visto como conquistador puede verse como liberador si se cambia el foco del an&aacute;lisis, al igual que pueden descubrirse trazos de sangre nada ejemplares en las banderas que enarbolan los que se presentan como adalides de la civilizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Respecto a los l&iacute;mites temporales, hay quien en el caso espa&ntilde;ol fija, por ejemplo, el comienzo de nuestra historia en la llegada de los romanos como fuerza civilizadora de la poblaci&oacute;n ibera. Otros la sit&uacute;an tras la Reconquista en la fr&aacute;gil unidad de los reinos de Castilla y Arag&oacute;n, ignorando el largo periodo musulm&aacute;n de varios siglos en nuestro territorio, lo que ha dado pie a un intenso debate sobre la identidad espa&ntilde;ola, no s&oacute;lo hist&oacute;rico (Am&eacute;rico Castro <em>versus</em>&nbsp;S&aacute;nchez Albornoz), sino tambi&eacute;n pol&iacute;tico, y que llega incluso a nuestros d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de M&eacute;xico, hay quienes fijan el comienzo de su historia moderna en la independencia respecto de la corona espa&ntilde;ola, mientras que otros consideran necesario abarcar el extenso periodo del virreinato de la Nueva Espa&ntilde;a para mejor entender la actual sociedad mexicana. M&aacute;s recientemente, proliferan quienes se remontan al imperio azteca e incluso al de los pueblos anteriores (olmecas, mayas, zapotecas&hellip;), reivindicando, sin cr&iacute;tica alguna de la indudable barbarie de aquel imperio precolombino, la importancia del legado ind&iacute;gena para la identidad nacional de M&eacute;xico y silenciando tres siglos de presencia espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, y m&aacute;s all&aacute; del debate sobre los l&iacute;mites temporales, est&aacute; el hecho de que, a lo largo de la historia, siempre ha habido pa&iacute;ses sometidos y conquistados por otros, teniendo todos los imperios una indudable componente de barbarie a la hora de imponerse sobre las poblaciones nativas. En un excelente librito de poco m&aacute;s de cien p&aacute;ginas, titulado <em>Pueblos e imperios</em>&nbsp;y que acabo de leer, el historiador brit&aacute;nico Anthony Pagden sintetiza con rigor y de forma amena la formaci&oacute;n de los imperios europeos occidentales. Muestra c&oacute;mo en todos ellos hay siempre una mezcla de civilizaci&oacute;n y barbarie, de mestizaje y exterminio, de destrucci&oacute;n y creaci&oacute;n, lo que explicar&iacute;a c&oacute;mo, a trav&eacute;s del predominio tecnol&oacute;gico o de una superior capacidad de organizaci&oacute;n militar o administrativa, unos pueblos se extinguen o son asimilados por nuevas culturas, mientras otros surgen y se desarrollan hasta declinar engullidos por el devenir de la historia dando paso a nuevos imperios.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, resulta tan dif&iacute;cil hacer una valoraci&oacute;n que contente a todos a la hora de juzgar los hechos hist&oacute;ricos, en especial los relativos a la expansi&oacute;n de los imperios europeos. Hay numerosos ejemplos de ello, seleccionados como en un men&uacute; a la carta seg&uacute;n las conveniencias pol&iacute;ticas. Adem&aacute;s de la valoraci&oacute;n que pueda hacerse de lo que supuso el imperio romano para los pueblos sometidos o asimilados, tenemos ejemplos m&aacute;s recientes, y que son objeto de controversia, como la prolongada y nada pac&iacute;fica presencia &aacute;rabe en la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica, la citada conquista espa&ntilde;ola de gran parte del continente americano, el dominio colonial brit&aacute;nico en la India o Kenia, las invasiones napole&oacute;nicas del territorio europeo, la expansi&oacute;n desp&oacute;tica de los imperios austr&iacute;aco y zarista y del otomano por gran parte de la Europa central y oriental&hellip; En todos esos casos hay mezcla de barbarie y civilizaci&oacute;n, de tal modo que se pueden elegir ejemplos de una y otra caracter&iacute;stica de los imperios para valorar lo sucedido e incluso para revisar su legado.
    </p><p class="article-text">
        La Historia, as&iacute; con may&uacute;scula, hay que dejarla en manos de los historiadores, que son los que disponen de los medios y m&eacute;todos adecuados para conocer c&oacute;mo sucedieron los acontecimientos hist&oacute;ricos. Si ha de revisarse, debe hacerse en ese &aacute;mbito y seg&uacute;n los hallazgos de la historiograf&iacute;a, pero no en otro. Todo lo que sea imponer desde fuera interpretaciones de los hechos hist&oacute;ricos se ha demostrado poco eficaz; de ah&iacute; la desconfianza en la utilidad de las pol&iacute;ticas de memoria, sobre todo si se aprueban sin un amplio consenso capaz de integrar en torno a ellas al conjunto de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al modo de interpretar las relaciones, siempre complejas, entre los pa&iacute;ses, es algo que corresponde al terreno de la geopol&iacute;tica, como ocurre con las relaciones de Espa&ntilde;a con pa&iacute;ses de tanta importancia estrat&eacute;gica como Marruecos, cuyos v&iacute;nculos de cooperaci&oacute;n y amistad trascienden el &aacute;mbito de la confrontaci&oacute;n hist&oacute;rica, al igual que sucede ahora con M&eacute;xico. En este sentido, las declaraciones del ministro Albares pueden ser aceptables si se valoran desde el &aacute;mbito de la geopol&iacute;tica y en la medida en que sean &uacute;tiles para recomponer las relaciones pol&iacute;ticas de Espa&ntilde;a con M&eacute;xico, dos pa&iacute;ses con una historia com&uacute;n de tres siglos, y con importantes flujos comerciales, adem&aacute;s de culturales. Asimismo, puede leerse en esa misma l&iacute;nea geopol&iacute;tica la concesi&oacute;n de dos de los premios Princesa de Asturias 2025 a entidades y artistas mexicanos (el Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a y la fot&oacute;grafa Graciela Iturbide) y del &uacute;ltimo Premio Cervantes al escritor Gonzalo Celorio, tambi&eacute;n mexicano.
    </p><p class="article-text">
        Pero ser&iacute;a err&oacute;neo, como hacen algunos c&iacute;rculos de opini&oacute;n de nuestro pa&iacute;s, juzgar las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores como un intento de revisar la historia de la conquista de M&eacute;xico por Espa&ntilde;a, puesto que es algo que est&aacute; fuera de sus competencias y que pertenece al &aacute;mbito de los historiadores. El ministro ha ejercido de pol&iacute;tico y como tal hay que juzgar su intervenci&oacute;n en el acto del 31 de octubre en la sede del Instituto Cervantes en Madrid.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/geopolitica-revisionismo-historico_132_12744526.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Nov 2025 19:02:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Geopolítica y revisionismo histórico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Libros y flores en Córdoba]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/libros-flores-cordoba_132_12709595.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2b540561-f346-45f1-a79d-305f887f506b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Libros y flores en Córdoba"></p><p class="article-text">
        Como si de un Sant Jordi se tratara, C&oacute;rdoba ha convertido los d&iacute;as previos a la fiesta de San Rafael en una semana de flores y libros.
    </p><p class="article-text">
        Es un acierto la coincidencia del evento internacional Flora y de la Feria del Libro en la &uacute;ltima semana de octubre. Tal coincidencia hace que la ciudad sea en estos d&iacute;as un paseo itinerante entre el paisaje Floral de lugares emblem&aacute;ticos y el paisaje literario de los estantes de libros frente al Gran Teatro.
    </p><p class="article-text">
        En un mundo virtual y digitalizado como el actual, todo puede verse y leerse con un simple click sin salir de casa en nuestras <em>tablets</em>, <em>ebook</em>&nbsp;o <em>smartphones</em>. Pero sigue siendo necesario que haya mundos de cercan&iacute;a al aire libre como los que representa un evento como Flora o la Feria del Libro.
    </p><p class="article-text">
        En Flora, la vegetaci&oacute;n se puede ver de cerca e incluso tocar, apreci&aacute;ndose la capacidad art&iacute;stica de los autores de las obras expuestas, unas obras en las que se combinan flores, ramas y follaje en proyectos imaginativos. Se puede sentir su impacto visual en sinton&iacute;a con el entorno donde se ubica, ya sea el imponente reloj de sol de la Diputaci&oacute;n y la salida al bello patio de arcos y columnas del palacio de la Merced, ya sea la magia rom&aacute;ntica de Viana o el silencio intimista de Orive o del Museo Arqueol&oacute;gico. Es una visita para los sentidos.
    </p><p class="article-text">
        Algo similar ocurre con la Feria del Libro, pero en otros aspectos. En ella, lo que destaca es la cercan&iacute;a entre escritores y lectores, la oportunidad de comentar sus libros, la ilusi&oacute;n de que estampen su firma con una dedicatoria personalizada. En fin, literatura de cercan&iacute;a en un mundo donde lo digital nos aproxima, pero tambi&eacute;n nos aleja.
    </p><p class="article-text">
        La colaboraci&oacute;n de algunos comercios en el programa Flora OFF, entre ellos algunas librer&iacute;as, permite una s&iacute;ntesis entre los dos eventos. Sus paredes y anaqueles de libros se cubren con cuadros de tema Floral como si fueran jardines verticales.
    </p><p class="article-text">
        Si en futuras ediciones, Flora se prolongara un d&iacute;a m&aacute;s, el d&iacute;a de San Rafael ser&iacute;a la fiesta cordobesa del libro y las flores, como Sant Jordi en Barcelona, pero con peroles.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/libros-flores-cordoba_132_12709595.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Oct 2025 18:01:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Libros y flores en Córdoba]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Álvaro Mutis, un refugio literario]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/alvaro-mutis-refugio-literario_132_12640905.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e644cbdd-e2cb-43b2-8671-633da908f765_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Álvaro Mutis, un refugio literario"></p><p class="article-text">
        Hay escritores que nos zarandean cuando leemos sus libros, ya sea por la tensi&oacute;n que nos provoca su lectura o por el esfuerzo que tenemos que hacer para comprenderlos. Me ocurre con Juan Benet y Javier Mar&iacute;as, tambi&eacute;n con Murakami, Faulkner o Thomas Mann, por citar s&oacute;lo algunos casos.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hay otros autores a los que volvemos una y otra vez, buscando en ellos un refugio literario. En poes&iacute;a me suele ocurrir con Antonio Machado, al que acudo cada cierto tiempo para releerlo, encontrando siempre en sus libros un remanso de calma y sosiego. Volver al mundo de Machado es, adem&aacute;s, un modo de reactivar el gusto por la l&iacute;rica cuando se lleva alg&uacute;n tiempo sin leer poes&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de la narrativa, me sucede algo similar con el escritor colombiano &Aacute;lvaro Mutis, tal vez porque, adem&aacute;s de novelista, es tambi&eacute;n poeta. Como una modesta contribuci&oacute;n a <em>Cosmopo&eacute;tica 2025</em>, y dado que acabamos de pasar el equinoccio de oto&ntilde;o (el 22 de septiembre), voy a evocar en este art&iacute;culo algunas de las sensaciones que me produce la obra de este escritor de tierras equinocciales nacido en Bogot&aacute; en 1923 y fallecido en Ciudad de M&eacute;xico en 2013.
    </p><h2 class="article-text">Algunos datos biogr&aacute;ficos</h2><p class="article-text">
        Mutis es autor de una serie de novelas que, salvo <em>La mansi&oacute;n de Arauca&iacute;ma</em>, tienen por protagonista directo o indirecto a Maqroll el Gaviero, un personaje de ficci&oacute;n creado por el propio escritor. Su apodo &ldquo;el gaviero&rdquo; se debe a que, de joven, Maqroll estuvo enrolado en un barco ballenero, siendo all&iacute; el encargado de subirse al m&aacute;stil de la gavia (vela mayor) para escrutar el horizonte.
    </p><p class="article-text">
        Antes de adentrarse en la narrativa, public&oacute; varios libros de poes&iacute;a, entre ellos <em>Los elementos del desastre</em> (donde aparece la primera referencia al Gaviero en su poema &ldquo;Oraci&oacute;n de Maqroll&rdquo;) y <em>Summa</em> (poemario centrado tambi&eacute;n en este personaje emblem&aacute;tico). Por el conjunto de su obra, recibi&oacute; galardones como el Pr&iacute;ncipe de Asturias de las Letras (1987), el Neustadt (2002) o el Cervantes (2002).
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;lvaro Mutis vivi&oacute; en el seno de una familia de diplom&aacute;ticos, siendo su padre embajador de Colombia en varios pa&iacute;ses europeos. Ello le llev&oacute; a viajar por el mundo desde ni&ntilde;o, alternando los meses de estudio en Europa (en Bruselas) con estancias temporales en la finca cafetalera de su abuelo materno, sita en el departamento de Tolima, en la regi&oacute;n andina. De tales vivencias, escribir&iacute;a Mutis que &ldquo;todo lo que he escrito est&aacute; destinado a celebrar, a perpetuar, ese rinc&oacute;n de la tierra caliente del que emana la sustancia misma de mis sue&ntilde;os, mis nostalgias, mis terrores y mis dichas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De sus estudios humanistas y el dominio de varios idiomas, le quedar&iacute;a una amplia cultura, que le ser&iacute;a &uacute;til para trabajar en el &aacute;rea de las relaciones p&uacute;blicas en algunas compa&ntilde;&iacute;as multinacionales. Sinti&oacute;, adem&aacute;s, una especial pasi&oacute;n por la historia, que trasladar&iacute;a en sus novelas al personaje Maqroll el Gaviero, su <em>alter ego</em>.
    </p><p class="article-text">
        Como lector empedernido, Maqroll llevar&aacute; siempre consigo en sus largas traves&iacute;as algunos libros, que leer&aacute; a la luz de una vela en el camarote o de una desvencijada l&aacute;mpara de gas, ya sea la biograf&iacute;a de San Francisco de As&iacute;s (del dan&eacute;s J. Jorgensen) o algo de historia francesa del <em>Ancien R&eacute;gime. </em>No se entregaba a la lectura por &ldquo;razones literarias, sino por la necesidad de entretener de alg&uacute;n modo el incansable ritmo de sus desplazamientos y la variada suerte de sus navegaciones&rdquo;.	
    </p><h2 class="article-text">La saga de Maqroll el Gaviero</h2><p class="article-text">
        La serie de Maqroll est&aacute; formada por siete novelas que pueden leerse por separado, pues no siguen un orden cronol&oacute;gico ni tem&aacute;tico. En ellas se narran las peripecias del Gaviero a lo largo del mundo, ya sean contadas por &eacute;l mismo o por el propio narrador a partir de lo que le escuch&oacute; en sus diversos encuentros con Maqroll. Son, en efecto, peripecias m&aacute;s que aventuras (tribulaciones las llama Mutis) por su car&aacute;cter imprevisible y errante y por la carencia en ellas de &eacute;pica alguna.
    </p><p class="article-text">
        A bordo de un <em>tramp steamer</em> (carguero itinerante), el paisaje vital del Gaviero lo formar&aacute;n sus paradas en los puertos de las m&aacute;s variadas ciudades costeras (Amberes, Estambul, Port Said, Hamburgo, Panam&aacute;, Ostende, Barcelona, Beirut, El Pireo, Marsella&hellip;), adem&aacute;s de sus diversas singladuras en lanchones por los grandes r&iacute;os de la Amazon&iacute;a. S&oacute;lo en contadas ocasiones emprender&aacute; negocios tierra adentro, como los que se relatan en la novela &ldquo;Amirbar&rdquo;, nombre de una mina de oro en la cordillera colombiana donde Maqroll fracasa, como le ocurre siempre que se aparta de su medio natural, del mar y los r&iacute;os navegables.
    </p><p class="article-text">
        En la primera novela de la saga emerge un Maqroll ya maduro, cincuent&oacute;n, atormentado por un sinf&iacute;n de recuerdos y &ldquo;azotado por las internas borrascas de origen incierto, viejas ya de tantos a&ntilde;os sin rumbo ni asidero, pero ahora patentes en su mirada de profeta sin palabras ni mensaje&rdquo;. Estaba convaleciente entonces de una herida en la pierna bajo el cuidado de Flor Est&eacute;vez, la due&ntilde;a de la tienducha &ldquo;La Nieve del Almirante&rdquo; en una angosta carretera del p&aacute;ramo andino. Repuesto de sus heridas f&iacute;sicas, pero no de las sentimentales, que le acompa&ntilde;an siempre, Maqroll se enrola en un lanch&oacute;n que navega corriente arriba del r&iacute;o Xurand&oacute;, con el fin de recoger madera de un aserradero para transportarla r&iacute;o abajo.
    </p><p class="article-text">
        En esa traves&iacute;a, Maqroll escribe con su pu&ntilde;o y letra un diario que el narrador (Mutis) encontrar&aacute; a&ntilde;os m&aacute;s tarde escondido en los pliegues de un libro de historia francesa que adquiere en una vieja librer&iacute;a de Barcelona. A trav&eacute;s de ese diario, firmado por el propio Maqroll, y de otros documentos que va agrupando, el narrador nos acerca a la figura del Gaviero, mostr&aacute;ndonos un personaje entre fatalista y esc&eacute;ptico, a la vez que tierno y sensible con las pocas mujeres que cautivaron su coraz&oacute;n, pero que nunca lograron retenerlo a su vera.
    </p><p class="article-text">
        Una de esas mujeres es la citada Flor Est&eacute;vez; la otra es Ilona, la triestina con la que se reencontr&oacute; bajo las lluvias tropicales en la ciudad de Panam&aacute;, y que da t&iacute;tulo a la segunda novela de la saga (&ldquo;Ilona viene con la lluvia&rdquo;). En la tercera, &ldquo;Un bel morir&rdquo;, la mujer que le cautiva es la joven Amparo Mar&iacute;a en un contexto de contrabando de armas en la cordillera andina, si bien es la ciega y ya madura do&ntilde;a Empera la que le proteger&aacute; y le aconsejar&aacute; en esas peligrosas circunstancias.
    </p><p class="article-text">
        El Maqroll que describe Mutis es una persona culta, amante de la lectura, decepcionado de cualquier sue&ntilde;o ut&oacute;pico, y esc&eacute;ptico sobre las bondades del progreso, lo que le da un car&aacute;cter entre conservador y tradicionalista a su pensamiento. Es un Maqroll nihilista y descre&iacute;do que se asemeja al Meursault de <em>L&rsquo;&eacute;tranger </em>de Camus y, en ciertos aspectos, al nost&aacute;lgico Bradom&iacute;n de las sonatas de Valle-Incl&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El Gaviero es, adem&aacute;s, una persona solitaria que s&oacute;lo conf&iacute;a en un grupo muy reducido de amigos, destacando sobre todos el liban&eacute;s Abdul Bashur, leal hasta la muerte, socio en mil negocios, so&ntilde;ador de nav&iacute;os y protagonista de la sexta novela de la saga.
    </p><h2 class="article-text">Una literatura bals&aacute;mica</h2><p class="article-text">
        La literatura de &Aacute;lvaro Mutis contrasta, por su sencillez, con la de otros autores latinoamericanos, como Garc&iacute;a M&aacute;rquez, de quien fue gran amigo a pesar de sus diferencias ideol&oacute;gicas y de estilo, y al que ayud&oacute; a publicar su primera novela, tal como reconoce agradecido el propio Gabo en sus memorias &ldquo;Vivir para contarla&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La de Mutis es una literatura sin estridencias, sin apenas armaz&oacute;n narrativo. La vida de los personajes y sus quehaceres fluye en sus p&aacute;ginas con una lentitud que puede resultar desesperante, pero que, si uno se deja llevar, acaba siendo placentera y bals&aacute;mica, como gotas de agua cayendo lentamente en el coraz&oacute;n del lector. Ah&iacute; radica la clave para calificar la obra de &Aacute;lvaro Mutis de refugio literario, como ese lugar donde quedarse a reposar sin prisas buscando la calma y el sosiego.
    </p><p class="article-text">
        No importa haber le&iacute;do las siete novelas de la saga para regresar de nuevo a Maqroll el Gaviero, quien nos invita, una vez m&aacute;s, a subir con &eacute;l corriente arriba a bordo de esos lanchones ajados y herrumbrosos que surcan el r&iacute;o imaginario del Xurand&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Contemplar a trav&eacute;s del estilo pausado de Mutis el lento fluir de las aguas y escuchar el sonido m&aacute;gico de la selva o el viento cortante del p&aacute;ramo en las tierras equinocciales, deja en el lector una sensaci&oacute;n de serenidad que es, a mi juicio, la impronta de su prosa inigualable.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/alvaro-mutis-refugio-literario_132_12640905.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Sep 2025 17:58:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Álvaro Mutis, un refugio literario]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La imposición del “relato”]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/imposicion-relato_132_12616642.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/311c53eb-a4dc-4eb5-8a3d-28ce596edb29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La imposición del “relato”"></p><p class="article-text">
        La frase &ldquo;dato mata relato&rdquo; viene a decir que una informaci&oacute;n objetiva y bien documentada es el mejor modo de contrarrestar las interpretaciones parciales y simplistas sobre hechos sociales complejos. Sin embargo, no siempre ha sido as&iacute;, y a lo largo de la historia tenemos ejemplos en los que las medias verdades, e incluso la mentira, se han impuesto sobre la verdad objetiva basada en datos, y eso en &eacute;pocas donde no exist&iacute;an las redes digitales.
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo de ello es la difusi&oacute;n del relato de la &ldquo;pu&ntilde;alada por la espalda&rdquo; que difundi&oacute; la derecha alemana tras la derrota en la Gran Guerra y que sirvi&oacute; a Hitler para construir su discurso nacionalista acusando a la socialdemocracia (y en general a la nueva Rep&uacute;blica de Weimar) de traicionar los intereses del pa&iacute;s germano. Otro buen ejemplo es el relato de la &ldquo;victoria mutilada&rdquo;, que utiliz&oacute; Mussolini para inspirar el discurso victimista del fascismo italiano y basar su pol&iacute;tica imperialista en Libia y Abisinia.
    </p><p class="article-text">
        Son dos ejemplos que sacudieron el rumbo de la historia en una &eacute;poca en que s&oacute;lo exist&iacute;a la radio y la prensa escrita como medios de difusi&oacute;n de las noticias, adem&aacute;s de la mayor o menor capacidad de seducci&oacute;n de los l&iacute;deres pol&iacute;ticos a la hora de activar las emociones de la poblaci&oacute;n. Tambi&eacute;n en esa &eacute;poca, y en posteriores, cuando a&uacute;n no hab&iacute;amos entrado en la era digital, hab&iacute;a <em>fake news</em>, mentiras y bulos, adem&aacute;s de opiniones lanzadas sin preocuparse de que fuesen o no veraces por personas que el fil&oacute;sofo norteamericano Harry Frankfurt denomin&oacute; <em>bullshits </em>en un c&eacute;lebre art&iacute;culo publicado en 1986 (y que cita Isabel Croixet en su columna de <em>El Pa&iacute;s</em>&nbsp;del pasado 18 de septiembre).
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad, el problema se agudiza con el uso generalizado de las tecnolog&iacute;as digitales, que hace que vivamos hoy en un estado patol&oacute;gico de inmediatez, rayano con la ansiedad. El miedo a perderse algo (s&iacute;ndrome FOMO: <em>Fear Of Missing Out</em>) y el af&aacute;n desmedido por acumular informaci&oacute;n nos provocan una situaci&oacute;n que est&aacute; m&aacute;s cerca del mundo de las emociones que del an&aacute;lisis razonado de los hechos. En un contexto en cierto modo parad&oacute;jico como &eacute;se, en el que apenas tenemos tiempo para una lectura serena y en el cual las noticias y opiniones s&oacute;lo reciben atenci&oacute;n unos minutos, se impone el <em>relato</em>&nbsp;(lo narrativo) sobre el <em>dato</em>&nbsp;(lo informativo), es decir, la emoci&oacute;n sobre la raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esto sucede en muchos &aacute;mbitos del debate p&uacute;blico. En un terreno que conozco bien, como es la agricultura, el relato sobre el deterioro general de las rentas agrarias no se ajusta a los datos ni a la realidad de un sector muy heterog&eacute;neo y din&aacute;mico en el que coexisten agricultores en evidente situaci&oacute;n de dificultad, junto a otros que obtienen ping&uuml;es ganancias. Pero es un atractivo relato victimista que tiene impacto y que activa la ira de los agricultores hasta el punto de provocar esas grandes movilizaciones de protesta que demonizan la UE y que hacen de la PAC la culpable de sus problemas.
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo cabe decir del relato sobre la Agenda 2030, vilipendiada como el mal de nuestro tiempo por determinados c&iacute;rculos de opini&oacute;n y enaltecida por otros sin apenas haberse le&iacute;do. Asimismo, el relato sobre el v&iacute;nculo entre delincuencia e inmigraci&oacute;n es otro que no se corresponde con los datos de la fiscal&iacute;a, convirtiendo en categor&iacute;a lo que, cuando sucede, no pasa de ser una mera situaci&oacute;n anecd&oacute;tica. Son todos ellos ejemplos actuales de temas complejos en los que, sin embargo, se impone en el debate p&uacute;blico el <em>relato </em>sobre el an&aacute;lisis razonado.
    </p><p class="article-text">
        Es en el &aacute;mbito de la pol&iacute;tica donde este asunto adquiere, no obstante, una especial relevancia, debido a su efecto multiplicador sobre la opini&oacute;n p&uacute;blica. Los pol&iacute;ticos de cualquier partido, y salvo muy contadas excepciones, est&aacute;n m&aacute;s pendientes de trasladar en las redes digitales el mensaje simple, directo y mordaz que les preparan sus asesores (el <em>relato</em>), que de argumentar con <em>datos</em>&nbsp;sobre los temas de actualidad. Los pocos pol&iacute;ticos que se preocupan por el <em>dato</em>, que los hay, son vistos como una <em>rara avis</em>, digna de respeto, pero que reciben escaso inter&eacute;s en unos medios de comunicaci&oacute;n m&aacute;s atentos a resaltar la confrontaci&oacute;n que la cooperaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esto explica que, en el d&iacute;a a d&iacute;a de la pol&iacute;tica, y en su mim&eacute;tica traslaci&oacute;n a las tertulias televisivas, se refleje un grado de polarizaci&oacute;n que, si bien no se corresponde con el estado real de la sociedad civil, acaba siendo &eacute;sta impregnada por dicha confrontaci&oacute;n. Esto es algo com&uacute;n a una gran mayor&iacute;a de pa&iacute;ses (miremos a nuestra vecina Francia o a EE.UU.), y Espa&ntilde;a no es ninguna excepci&oacute;n. La sociedad espa&ntilde;ola est&aacute;, sin duda, polarizada, pero como muchas otras de nuestro entorno.
    </p><p class="article-text">
        Hay, sin duda, motivos sobrados para la polarizaci&oacute;n, <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">destacando factores relativos a la desigualdad social y econ&oacute;mica en sus distintas dimensiones, como son la corrupci&oacute;n, la precarizaci&oacute;n laboral, la vivienda o la toma de posici&oacute;n ante complejos conflictos a nivel internacional (Gaza, sobre todo). Adem&aacute;s, en el caso concreto de nuestro pa&iacute;s, la amnist&iacute;a a los implicados en el </span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>proc&eacute;s,</em></span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;">&nbsp;la quita de la deuda o la financiaci&oacute;n singular de Catalu&ntilde;a, a&ntilde;ade un plus de tensi&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        El problema es que, en el ef&iacute;mero mundo digital de hoy, el <em>relato </em>tiene m&aacute;s impacto en la opini&oacute;n p&uacute;blica que el <em>dato</em>, siendo dif&iacute;cil contrarrestarlo. A ello no ayuda que muchos medios de comunicaci&oacute;n est&eacute;n, por lo general, m&aacute;s interesados en resaltar en sus titulares lo llamativo e impactante (y si es negativo mejor, aunque no pase de ser una mera an&eacute;cdota) que no en difundir informaci&oacute;n documentada y basada en datos sobre un determinado tema.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, resulta necesaria la tarea de los cient&iacute;ficos y de aquellos periodistas que transmiten en sus columnas informaci&oacute;n seria y rigurosa, contribuyendo con datos a una mejor comprensi&oacute;n de temas complejos. Tambi&eacute;n cada vez son m&aacute;s necesarios espacios digitales que, aprovechando el potencial difusor de las nuevas tecnolog&iacute;as (podcast, montajes audiovisuales&hellip;), difundan ese tipo de informaci&oacute;n veraz y objetiva e impulsen debates serios y razonados (por ejemplo, en los temas agrarios y rurales cabe mencionar <em>EfeAgro,</em>&nbsp;as&iacute; como la plataforma <em>Tierra</em>&nbsp;de Cajamar o los &oacute;rganos de difusi&oacute;n de sindicatos como UPA y FADEMUR).
    </p><p class="article-text">
        No cabe resignarse, por tanto, a la imposici&oacute;n del relato en un mundo dominado por las tecnolog&iacute;as digitales, sino utilizar esas mismas herramientas para neutralizarlo con an&aacute;lisis rigurosos, si bien adaptados a los nuevos gustos de los potenciales usuarios. Saturados de tanta informaci&oacute;n superficial, cada vez son m&aacute;s los ciudadanos que demandan an&aacute;lisis serenos y razonados, por lo que es deber del periodismo responsable y del mundo acad&eacute;mico comprometido con la veracidad de los datos, satisfacer esas demandas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/imposicion-relato_132_12616642.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Sep 2025 18:13:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La imposición del “relato”]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fin del verano con haikús]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/verano-haikus_132_12565752.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d3d145f9-0808-4ee0-b493-7270da9b4af3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fin del verano con haikús"></p><p class="article-text">
        Cuando termina el mes de agosto, tenemos la sensaci&oacute;n de que finaliza el verano. Amanece m&aacute;s tarde, la trayectoria del sol es cada d&iacute;a m&aacute;s corta y m&aacute;s inclinada y, por suerte, sus rayos calientan menos, apareciendo nubes en el cielo como anuncio de las primeras lluvias de oto&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Es un cambio de estaci&oacute;n que muchos reciben resignados al significar la vuelta al trabajo, y otros contentos por recuperar las viejas rutinas tras los largos meses del est&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado escrib&iacute; mis primeros <em>haik&uacute;s</em>, esos breves poemas japoneses en los que el impulso l&iacute;rico se concentra en s&oacute;lo tres versos: de cinco, siete y cinco silabas. Es una poes&iacute;a m&aacute;s contemplativa, que narrativa, en la que el poeta plasma en esos tres versos, simples y sencillos, la emoci&oacute;n sentida ante el movimiento de las olas en el mar, el paso de un velero por la bah&iacute;a, el vuelo de una bandada de gaviotas o el paisaje de una alborada con Venus y J&uacute;piter resisti&eacute;ndose a perder su fulgor al amanecer.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o he vuelto a escribir <em>haik&uacute;s</em>. Me permito compartir algunos de ellos, como despedida y cierre de un verano que he vivido en familia a orillas del Mediterr&aacute;neo. Ha sido un verano tranquilo, si bien conmovido por las noticias de los incendios que han asolado nuestros bosques y la persistencia de dramas y tragedias fuera de nuestras fronteras.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El mar se mece/
entre pliegues dorados…/
pasa un velero./</p>
          </div>

  </blockquote><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Surca los mares…/
y, al compás de la brisa,/
mueve sus alas./</p>
          </div>

  </blockquote><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Barcos pesqueros…/
bandadas de gaviotas/
siguen su estela./</p>
          </div>

  </blockquote><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Rompen las olas/
cual corceles de plata/
en la ensenada…</p>
          </div>

  </blockquote><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Falsas cometas/
en los tejados blancos…/
palomas que huyen./</p>
          </div>

  </blockquote><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Luna de alpaca…/
azucena de nácar/
de madrugada./</p>
          </div>

  </blockquote><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Playas vacías,/
caletas solitarias…/
fin del verano./</p>
          </div>

  </blockquote>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/verano-haikus_132_12565752.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Aug 2025 18:03:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fin del verano con haikús]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Refugios climáticos urbanos]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/refugios-climaticos-urbanos_132_12536191.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2275a037-4801-4331-b264-dca4d8af120e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Refugios climáticos urbanos"></p><p class="article-text">
        Este verano est&aacute; siendo extremo en C&oacute;rdoba y otras ciudades andaluzas en cuanto a las temperaturas, con periodos continuados por encima de los 40 &ordm;C. Esto significa que, solo en determinadas horas se puede andar por las calles o pasear por los parques y jardines: hasta el mediod&iacute;a como mucho y a partir de las 21:00, aun cuando la temperatura supera la treintena de grados en esos momentos.
    </p><p class="article-text">
        En esta situaci&oacute;n, acompa&ntilde;ada este a&ntilde;o por el incendio de una parte (por fortuna, menor) de la Mezquita-Catedral, los refugios clim&aacute;ticos adquieren una gran importancia para el viandante. Lo son, sobre todo, para los que superan cierta edad, y m&aacute;s si van acompa&ntilde;ados de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, como es el caso de muchos abuelos, que aprovechan hasta la &uacute;ltima sombra de los parques infantiles antes de que llegue la calima.
    </p><p class="article-text">
        Cuando a partir de esas horas ya no es posible cobijarse en los Jardines de Orive ni tampoco bajo la arboleda del parque Cruz Conde o de los Jardines de la Agricultura, buscamos otros refugios antes de encerrarnos en nuestras casas. Algunos los encuentran en las grandes superficies comerciales por disponer de aire acondicionado, aunque solo sea por el tiempo limitado del horario comercial y no cuenten siempre con lugares de ocio para los m&aacute;s peque&ntilde;os. Otros, sin la compa&ntilde;&iacute;a familiar, se refugian, sean o no creyentes, en los espacios de penumbra y recogimiento de las iglesias. Los hay que acuden a los centros c&iacute;vicos, por lo general bien equipados.
    </p><p class="article-text">
        En nuestra ciudad, las bibliotecas (la provincial y las municipales) est&aacute;n siendo refugio clim&aacute;tico ideal para estos d&iacute;as t&oacute;rridos. En la Biblioteca Provincial Grupo C&aacute;ntico, que es la que m&aacute;s frecuento, puede encontrarse un nutrido grupo de abuelos con sus nietos o de padres y madres con sus hijos en la secci&oacute;n de<em> bebeteca,</em> un luminoso espacio di&aacute;fano, situado en la planta baja con su gran cristalera que da al parque.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Altas temperaturas en Córdoba                            </span>
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        Las peque&ntilde;as mesas est&aacute;n llenas de cuentos infantiles que los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as leen ayudados por sus padres o abuelos. Es una aut&eacute;ntica algarab&iacute;a infantil la que se re&uacute;ne all&iacute; a partir del mediod&iacute;a. El excelente personal de la biblioteca gestiona la situaci&oacute;n lo mejor que puede, siempre con simpat&iacute;a, paciencia y esmero, colocando de nuevo los libros en los estantes y dando informaci&oacute;n a quienes se la solicitan.
    </p><p class="article-text">
        Es una pena que esta biblioteca cierre en agosto a las 14:00, a diferencia de lo que ocurre en la Central, Antonio Gala, que es de dependencia municipal y que s&iacute; abre su aula de estudio por las tardes para suerte de los estudiantes. Comprendo que su personal tiene derecho a tomarse las vacaciones veraniegas, pero podr&iacute;an buscarse soluciones imaginativas para que Grupo C&aacute;ntico permanezca abierta hasta las 21:00. Por ejemplo, podr&iacute;a concertar con la uUniversidad alg&uacute;n tipo de acuerdo de colaboraci&oacute;n para que los estudiantes del Grado de Informaci&oacute;n y Documentaci&oacute;n desarrollen all&iacute; sus pr&aacute;cticas o realicen actividades de voluntariado reforzando el personal disponible.
    </p><p class="article-text">
        Las previsiones nos dicen que tendremos que acostumbrarnos a estas olas de calor, pues han venido para quedarse. Mientras no encontremos la v&iacute;a m&aacute;s efectiva de mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero, que son su causa principal y que llevar&aacute; su tiempo, no queda m&aacute;s remedio que adaptarnos a esta nueva situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, los poderes p&uacute;blicos deber&iacute;an buscar f&oacute;rmulas de adaptaci&oacute;n al nuevo contexto de calentamiento global, ampliando, por ejemplo, las &aacute;reas de arbolado, aumentando el n&uacute;mero de piscinas p&uacute;blicas, hoy muy escaso, o modificando el dise&ntilde;o de muchas de nuestras plazas y avenidas, inh&oacute;spitas por el empleo abusivo del granito.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n deber&iacute;an impulsarse soluciones m&aacute;s inmediatas, como las antes comentadas de refugio clim&aacute;tico para los meses de verano en algunas de sus dependencias. Recordemos que m&aacute;s de un tercio de la poblaci&oacute;n permanece en la ciudad durante ese periodo cr&iacute;tico de calor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/refugios-climaticos-urbanos_132_12536191.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Aug 2025 18:01:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Refugios climáticos urbanos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La familia Ephrussi y los netsuke japoneses]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/familia-ephrussi-netsuke-japoneses_132_12494358.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/73de2a0c-c2e1-4fb7-a8c8-2cea81b165e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La familia Ephrussi y los netsuke japoneses"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        <em>La liebre con ojos de &aacute;mbar</em> (edit. Acantilado, 2010) es una excelente biograf&iacute;a novelada, escrita por Edmund de Waal, ceramista brit&aacute;nico y sexta generaci&oacute;n de la familia Ephrussi.
    </p><p class="article-text">
        Narra la historia de su familia, una familia jud&iacute;a de Odesa dedicada inicialmente al comercio de cereales y convertida m&aacute;s tarde en una influyente saga de banqueros y coleccionistas de arte en el Par&iacute;s y la Viena de la segunda mitad del siglo XIX. Competidores de los Rothschild, el emporio financiero de los Ephrussi no sobrevivi&oacute;, sin embargo, a la persecuci&oacute;n nazi, sobre todo la rama vienesa de la familia, perdiendo su patrimonio econ&oacute;mico y art&iacute;stico durante la <em>Anschluss</em> (anexi&oacute;n de Austria) y la segunda guerra mundial.
    </p><p class="article-text">
        El eje conductor de la narraci&oacute;n es una colecci&oacute;n de 264 <em>netsuke </em>japoneses que pasan de una generaci&oacute;n a otra en el seno de la familia Ephrussi. Los <em>netsuke </em>son peque&ntilde;as miniaturas (de animales, sobre todo) que sol&iacute;an utilizar los japoneses del siglo XVII como cabezas de alfiler para sujetar a la faja del kimono el <em>injo </em>(una cajita plana donde se guardaba diverso material de uso cotidiano). Inicialmente, los <em>netsuke</em> eran de bamb&uacute;, pero con el tiempo acabaron siendo esculpidos en marfil o porcelana, erigi&eacute;ndose en objetos de arte y signo de distinci&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        La historia la narra, como he se&ntilde;alado, Edmund de Waal, &uacute;ltimo depositario de la colecci&oacute;n de <em>netsuke</em>, y lo hace con un estilo cercano al de los libros de viaje, invitando al lector a adentrarse en el convulso mundo europeo de final del siglo XIX y primera mitad del XX.
    </p><p class="article-text">
        Comienza con su antepasado el t&iacute;o Charles, que fue el primero de la saga Ephrussi en interesarse por el arte japon&eacute;s en el Par&iacute;s de 1870, comprando la colecci&oacute;n de <em>netsuke</em> a un marchante parisino de arte<em>. </em> Uno de esos netsuke era &ldquo;la liebre con ojos de &aacute;mbar&rdquo; que da t&iacute;tulo al libro de Waal.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de interesarse por el arte japon&eacute;s, Charles Ephrussi era editor de la prestigiosa <em>Gazette des Beaux Arts</em> y escrib&iacute;a en ella rese&ntilde;as sobre exposiciones de pintura, prestando una especial atenci&oacute;n a los primeros impresionistas (Manet, Renoir, Monet, Pissarro, Deg&aacute;s&hellip;) con los que tuvo estrechas relaciones de amistad, hasta el punto de aparecer incluso en algunos de sus cuadros. Adem&aacute;s, Charles Ephrussi mantuvo una fuerte amistad con escritores como Proust, quien se inspir&oacute; en su figura para alguno de los personajes de la c&eacute;lebre novela &ldquo;En busca del tiempo perdido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque Charles era un jud&iacute;o at&iacute;pico, pues no se dedicaba a las finanzas como el resto de su familia, no pudo evitar que le alcanzara la creciente oleada antisemita que se extendi&oacute; por Francia desde finales de los a&ntilde;os 1880 y que culminar&iacute;a en el caso Dreyfus (un <em>affaire</em> que polariz&oacute; la sociedad francesa como nunca antes hab&iacute;a ocurrido). El asunto del capit&aacute;n jud&iacute;o Dreyfus, acusado de espionaje para Alemania, sirvi&oacute; para orquestar en Francia una fuerte campa&ntilde;a antisemita, que rompi&oacute; viejas amistades y dividi&oacute; a familias enteras.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, Charles envi&oacute; en marzo de 1899 como regalo de boda la colecci&oacute;n de <em>netsuke </em>a su primo Viktor, que viv&iacute;a en Viena, la otra sede del negocio financiero de los Ephrussi. Al igual que suced&iacute;a en Par&iacute;s, la Viena de final del XIX estaba tambi&eacute;n infestada de un ambiente antisemita, centrado no s&oacute;lo contra los banqueros, sino que se extend&iacute;a al conjunto de la comunidad jud&iacute;a. Los <em>netsuke</em> pasaron al vestidor de Emmy (la esposa de Viktor), donde jugaba con sus hijos usando las peque&ntilde;as figuras de animales para contarles cuentos. De ese modo, los <em>netsuke </em>se mudaron del mundo culto y refinado parisino del t&iacute;o Charles al mundo vien&eacute;s de Emmy y sus hijos (Elisabeth, Rudolf e Iggie), formando parte de los cuentos infantiles, junto a <em>Las mil y una noches, Simbad el marino</em> o las <em>Rubayat </em>persas de Omar Jayam.
    </p><p class="article-text">
        Ese mundo vien&eacute;s se vendr&aacute; abajo en 1918 con la Gran Guerra, la muerte del emperador Francisco Jos&eacute;, la disoluci&oacute;n del imperio y la instauraci&oacute;n de una rep&uacute;blica austriaca, fr&aacute;gil, inestable y convulsa. El mundo de los Ephrussi (con Viktor al frente del negocio familiar vienense) se ve acosado por el feroz antisemitismo que se instala en Viena en los a&ntilde;os 1930 bajo el empuje de los movimientos pangerm&aacute;nicos, para los cuales un pa&iacute;s disminuido como Austria no era viable como no fuera integr&aacute;ndose en el proyecto del nuevo Reich alem&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los tres hijos de Viktor y Emmy se dispersan por diversos pa&iacute;ses, y los <em>netsuke </em>permanecer&aacute;n olvidados en el palacio de los Ephrussi. All&iacute;, en marzo de 1938, ser&aacute;n testigos de la dimisi&oacute;n del canciller austriaco Schuschnigg y de la formaci&oacute;n de un gobierno proalem&aacute;n, que facilita la anexi&oacute;n de Austria al III Reich y la entrada triunfal de Hitler en Viena. Ser&aacute;n tambi&eacute;n testigos de la persecuci&oacute;n de los jud&iacute;os y el asalto y despojo del palacio de los Ephrussi por parte de j&oacute;venes del partido nazi austriaco y por las SS, as&iacute; como su requiso final por las nuevas autoridades.
    </p><p class="article-text">
        Viktor y Emmy logran salir de Viena con intenci&oacute;n de reunirse en Inglaterra con su hija Elisabeth, casada con el holand&eacute;s Hendrik de Waal y residente en la ciudad de Tunbridge Wells al sur de Londres. Emmy morir&aacute; antes de llegar, y Viktor vivir&aacute; con su hija hasta marzo de 1945, habiendo podido ver antes a sus otros hijos Iggie y Rudolf, que vienen como soldados con el ej&eacute;rcito norteamericano en el desembarco de Normand&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Terminada la guerra, Elisabeth hace una visita al palacio Ephrussi, transformado entonces en sede de las oficinas del gobierno norte americano en la Viena ocupada, y all&iacute; le comentan que en una de las dependencias vive una anciana que, seg&uacute;n dice, ha estado al servicio de la familia. Era Anna, la criada de su madre Emmy y ni&ntilde;era de todos ellos, quien le dice con l&aacute;grimas en los ojos que tiene algo que darle: es la colecci&oacute;n de <em>netsuke </em>que ella hab&iacute;a ido sacando uno a uno de la vitrina durante la ocupaci&oacute;n nazi y guard&aacute;ndolos debajo del colch&oacute;n de su cama. Emocionada y agradecida, Elisabeth se los lleva a Londres, donde ella desarrollar&aacute; una larga carrera literaria como poeta y novelista hasta su muerte en 1991.
    </p><p class="article-text">
        Iggie, su hermano, entra a trabajar en una empresa suiza de comercio internacional, que le ofrece irse de misi&oacute;n al Congo o a Jap&oacute;n. Antes de decidirse, viaja en octubre de 1947 a Tunbridge Wells para ver a Elisabeth y consultarle la decisi&oacute;n a tomar. Ella le ense&ntilde;a la colecci&oacute;n de <em>netsuke, </em>y, al acariciar con sus dedos las peque&ntilde;as piezas de marfil, se le activan los recuerdos infantiles, y con un nudo en la garganta le dice a su hermana que quiere quedarse con los <em>netsuke</em>: &ldquo;me ir&eacute; a Jap&oacute;n, pues ya es hora de llevarlos de vuelta, de que regresen al hogar de donde vinieron&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Iggie vivir&aacute; en Tokio desde diciembre de 1947 hasta su muerte en 1994, y ser&aacute; testigo de la reconstrucci&oacute;n de Jap&oacute;n. En 1991, Edmund de Waal (nieto de su hermana Elisabeth y autor de la novela) realiza una estancia en Tokio becado por una fundaci&oacute;n brit&aacute;nica de arte, y entrar&aacute; en contacto con el t&iacute;o Iggie, recibiendo a su muerte como legado los <em>netsuke, </em>que llevar&aacute; a Inglaterra y los depositar&aacute; en su taller de cer&aacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Su padre, Victor de Waal, pastor de la iglesia anglicana, le animar&aacute; a escribir la historia de los Ephrussi a trav&eacute;s de los <em>netsuke, </em>poniendo a disposici&oacute;n de Edmund los numerosos documentos que hab&iacute;a conservado en el archivo familiar, adem&aacute;s de las muchas fotos y recuerdos atesorados por su madre, la obstinada y perseverante abuela Elisabeth.
    </p><p class="article-text">
        Rastreando los lugares por donde pas&oacute; la colecci&oacute;n de los <em>netsuke, </em>Edmund descubrir&aacute; sus propias ra&iacute;ces, sacando del olvido una familia, los Ephrussi, la suya, zarandeada por los vientos de la historia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/familia-ephrussi-netsuke-japoneses_132_12494358.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Jul 2025 19:06:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La familia Ephrussi y los netsuke japoneses]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trenes de otro tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/trenes-tiempo_132_12465324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/921e6591-b7e2-44ea-b04c-825cad6e2c30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trenes de otro tiempo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A Juan Francisco Polo, nieto de ferroviarios.</p></div><p class="article-text">
        Los problemas cada vez m&aacute;s frecuentes en el tr&aacute;fico ferroviario de nuestro pa&iacute;s hacen rememorar situaciones que pens&aacute;bamos ya superadas. Ello demuestra que las indudables mejoras producidas en los servicios p&uacute;blicos durante los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os necesitan continuas inversiones econ&oacute;micas para asegurar su nivel de eficiencia y mantener su calidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una mirada hacia atr&aacute;s</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aunque en los a&ntilde;os 1960 ya circulaban locomotoras di&eacute;sel y el&eacute;ctricas, nuestras estaciones de ferrocarril a&uacute;n ten&iacute;an el rancio aspecto (grises, sucias y cubiertas de holl&iacute;n) de cuando los trenes eran propulsados por m&aacute;quinas de vapor.
    </p><p class="article-text">
        Mi pueblo, Puente Genil, hab&iacute;a sido uno de los nudos ferroviarios m&aacute;s importantes de Andaluc&iacute;a al haber estado all&iacute; el dep&oacute;sito de vapor que alimentaba las viejas locomotoras. El Puente de Hierro, construido en 1876 por el ingeniero franc&eacute;s Lemoniez, posibilitaba que el ferrocarril cruzara el r&iacute;o Genil, compitiendo en majestuosidad con el viejo puente de tres arcos de mamposter&iacute;a que le daba nombre al municipio.
    </p><p class="article-text">
        La Renfe era en esos a&ntilde;os la principal fuente de empleo en Puente Genil, y muchos de mis compa&ntilde;eros del instituto laboral eran hijos de ferroviarios, siguiendo algunos de ellos la tradici&oacute;n familiar en sus caminos profesionales. 
    </p><p class="article-text">
        Algo similar ocurr&iacute;a en muchos otros pueblos donde la historia local estaba muy asociada a la de los que trabajaban en el mundo del tren. Revisores, maquinistas, jefes de estaci&oacute;n, fogoneros, guardafrenos&hellip; sin olvidar a los guardav&iacute;as o a los que se encargaban de subir y bajar las barreras en los numerosos pasos a nivel, formaban parte del paisaje social de estas localidades.
    </p><p class="article-text">
        Por su dise&ntilde;o moderno y su avanzada tecnolog&iacute;a, el tren Talgo era ya entonces una excepci&oacute;n en la anquilosada red nacional de los ferrocarriles espa&ntilde;oles (Renfe), si bien, por su elevado precio y su reducido trazado, no era accesible al conjunto de la poblaci&oacute;n. Sin embargo, el gran potencial del Talgo se ve&iacute;a limitado por la obsolescencia de nuestra estructura viaria, sufriendo parones y retrasos como cualquiera de los viejos trenes que a&uacute;n circulaban por el territorio.
    </p><p class="article-text">
        De esos viejos trenes, recuerdo el que llamaban &ldquo;catal&aacute;n&rdquo;, que sal&iacute;a antes de la medianoche de la bella estaci&oacute;n neomud&eacute;jar de Plaza de Armas de Sevilla, con parada en C&oacute;rdoba y en muchos otros pueblos, y que llegaba a Barcelona bien entrada la ma&ntilde;ana del d&iacute;a siguiente. Recib&iacute;a el nombre de &ldquo;sevillano&rdquo; en su viaje de retorno a la ciudad hispalense o de &ldquo;malague&ntilde;o&rdquo; si el destino era M&aacute;laga, marcados con la huella de la emigraci&oacute;n andaluza a Catalu&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        De aquellos a&ntilde;os, tambi&eacute;n recuerdo el popular &ldquo;ferrob&uacute;s&rdquo;, esa especie de autob&uacute;s de dos o tres vagones sobre ra&iacute;les, que, con su t&iacute;pico bamboleo, un&iacute;a los pueblos de la provincia con la capital. En esos trenes, que sal&iacute;an al amanecer, viajaban, junto al resto de viajeros, los &ldquo;cosarios&rdquo;, gente que viv&iacute;a de llevar y traer &ldquo;cosas&rdquo; y de hacer gestiones en la ciudad por encargo del vecindario de los pueblos.
    </p><p class="article-text">
        El Talgo era, por tanto, una anomal&iacute;a en el paisaje fosilizado de los viejos trenes de larga distancia y de los ferrobuses de cercan&iacute;as, de maletas atadas con cuerdas y adioses desgarrados en los andenes umbr&iacute;os de los a&ntilde;os 1960 y 1970. Era el Talgo un tren moderno, pero atrapado en una cultura y una red ferroviaria anticuadas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La modernidad subida al AVE</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por eso, es oportuno decir que Espa&ntilde;a entr&oacute; realmente en la modernidad con la alta velocidad (AVE), cuya implantaci&oacute;n signific&oacute;, a diferencia de lo sucedido con el Talgo, una reforma integral de nuestra red viaria y un profundo cambio cultural.
    </p><p class="article-text">
        El primer AVE uni&oacute; Madrid con Sevilla coincidiendo con la Expo de 1992, gracias al empe&ntilde;o de que as&iacute; fuera por parte del entonces gobierno socialista (es c&eacute;lebre la frase del vicepresidente Alfonso Guerra cuando dijo que el primer destino del AVE ten&iacute;a que ser Sevilla porque si no, jam&aacute;s llegar&iacute;a al Sur).
    </p><p class="article-text">
        Su posterior expansi&oacute;n al resto del pa&iacute;s transform&oacute; y mejor&oacute; el trazado de nuestras v&iacute;as, de tal forma, que, gracias a ello, y salvo en algunos lugares, como Extremadura y regiones septentrionales, pudo reducirse sensiblemente el tiempo del viaje. Adem&aacute;s, signific&oacute; la construcci&oacute;n de nuevas y modernas estaciones (algunas bien es cierto que innecesarias), sustituyendo las viejas y rancias de anta&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Pero, sobre todo, la llegada del AVE hizo que nuestra cultura ferroviaria se impregnara del orden y la puntualidad de que hab&iacute;a carecido hasta entonces. Los trenes de media y larga distancia (como los Avant, los Alvia o los Talgo) mejoraban la calidad de su servicio por contagio de la moderna cultura introducida por el AVE y por la renovaci&oacute;n del trazado.
    </p><p class="article-text">
        Fue tal el cambio, que sent&iacute;amos orgullo patrio viendo c&oacute;mo llegaban y sal&iacute;an a su hora los trenes, algo inaudito. Adem&aacute;s, ve&iacute;amos c&oacute;mo mejoraba la limpieza tanto de los vagones, como de las propias estaciones, tan habituales a la mugre y la cochambre. Espa&ntilde;a cambiaba por fin, aunque al precio de desaparecer muchas l&iacute;neas interiores que hab&iacute;an conectado los pueblos a trav&eacute;s del tren y que, desde entonces, s&oacute;lo tendr&iacute;an al autob&uacute;s como medio de transporte dentro de la provincia.
    </p><p class="article-text">
        El AVE era una parte del cambio que asoci&aacute;bamos a la democracia y la modernidad (la otra era la sanidad) y que nos equiparaba con Europa. Y lo hicimos tan bien aprovechando los fondos europeos, que sac&aacute;bamos pecho cada vez que le dec&iacute;amos a alg&uacute;n extranjero que Espa&ntilde;a estaba ya a la altura de pa&iacute;ses como Francia o Alemania en transporte ferroviario, y que hab&iacute;amos superado a Italia o Reino Unido.
    </p><p class="article-text">
        Junto a la reforma del sistema sanitario, el AVE era la joya de nuestra incipiente democracia, llegando a ser la segunda red de alta velocidad m&aacute;s extensa del mundo, con m&aacute;s de 3.500 km (s&oacute;lo por detr&aacute;s de China, veinte veces m&aacute;s grande en superficie que Espa&ntilde;a).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Retorno al pasado</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero he aqu&iacute; que, desde hace unos a&ntilde;os, nuestro sistema ferroviario se ha ido deteriorando hasta l&iacute;mites inimaginables. Hoy vivimos los viajes en ferrocarril como un retorno al pasado, a otro tiempo que cre&iacute;amos superado.
    </p><p class="article-text">
        Antes, el cl&aacute;sico par&oacute;n en Despe&ntilde;aperros por la maldita catenaria era algo que d&aacute;bamos por descontado cada vez que cog&iacute;amos el tren en Madrid con direcci&oacute;n a Andaluc&iacute;a. Asum&iacute;amos como algo habitual los retrasos en las salidas y las inciertas horas de llegada. Tanto era as&iacute;, que se prefer&iacute;a utilizar el coche o ir el d&iacute;a anterior a la ciudad de destino para asegurarnos llegar a la reuni&oacute;n a la hora prevista.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, hemos vuelto a esa incertidumbre, y con demasiada e insoportable frecuencia asistimos a retrasos y cancelaciones de los modernos trenes de alta velocidad, como si las estaciones del ferrocarril se hubieran convertido en lugares donde reina el caos y el desorden. Hay quienes vuelven de nuevo a coger el autom&oacute;vil para sus desplazamientos a fin de asegurarse llegar a la hora deseada a sus destinos.
    </p><p class="article-text">
        Se dice que es por falta de inversiones en las infraestructuras, desbordadas por el aumento de viajeros y del n&uacute;mero de compa&ntilde;&iacute;as ferroviarias que utilizan nuestra red de transporte por ferrocarril (Ave, Iryo, Ouigo, Avlo&hellip;); los sindicatos lo atribuyen a recortes en el personal encargado de la conservaci&oacute;n y el mantenimiento; en otros casos, ha sido, por ejemplo, el robo de cobre, o el apag&oacute;n el&eacute;ctrico&hellip; En fin, es una confluencia de factores que dan la sensaci&oacute;n de estar viajando en trenes modernos de hoy, pero con funcionamiento de otro tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Aunque estos problemas se dan tambi&eacute;n en otros pa&iacute;ses, lo cierto es que, en el nuestro, al habernos acostumbrado en muy poco tiempo (una generaci&oacute;n) al bienestar que nos proporciona la alta velocidad y la mejora del resto de la red viaria, el actual deterioro del servicio se vive con mayor indignaci&oacute;n y una buena dosis de justificado cabreo. Es un malestar que se exacerba cuando estamos en el and&eacute;n esperando el tren que no sale a su hora o encerrados en un AVE detenido en un descampado por haberse ca&iacute;do de nuevo la maldita catenaria.
    </p><p class="article-text">
        El malestar se dirige, como no pod&iacute;a ser menos, a los pol&iacute;ticos que tienen la responsabilidad de que funcionen los servicios p&uacute;blicos. Por eso, es urgente tomar medidas para que los ferrocarriles vuelvan a funcionar con la eficacia debida, pues si no, corremos el riesgo de que su declive se vaya identificando con el deterioro de nuestro sistema de bienestar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Reflexiones finales</strong>
    </p><p class="article-text">
        Puede que, en t&eacute;rminos ideol&oacute;gicos, las democracias se justifiquen por sus valores intr&iacute;nsecos (libertades, pluralismo, alternancia, separaci&oacute;n de poderes&hellip;) Pero, en la pr&aacute;ctica, el apoyo que reciben depende de sus efectos en el bienestar de los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Y eso vale para todos los servicios b&aacute;sicos, sea la vivienda, la sanidad, la educaci&oacute;n, la seguridad, la asistencia social, la energ&iacute;a, la alimentaci&oacute;n o el transporte. Para algunos puede que la democracia vaya de ideas y valores, pero para la gran mayor&iacute;a de los ciudadanos va de que esos servicios p&uacute;blicos est&eacute;n garantizados y funcionen de forma adecuada.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a entr&oacute; en la modernidad con el AVE; no salgamos de ella viendo un paisaje de abandono y degradaci&oacute;n que nos recuerda al de otros tiempos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/trenes-tiempo_132_12465324.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Jul 2025 18:30:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Trenes de otro tiempo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,Tren,opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ofrenda al sol]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/ofrenda-sol_132_12403993.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b0ba1f8d-5888-462e-a371-acc9ddaf83e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ofrenda al sol"></p><p class="article-text">
        Amanece en esta noche del solsticio y ya est&aacute; la peque&ntilde;a Luc&iacute;a esperando impaciente la llegada de su padre. Apenas ha cumplido los dos a&ntilde;os y ya ha memorizado la hora a la que &eacute;l entra en su habitaci&oacute;n y la coge amorosamente en brazos para sacarla a pasear en el cochecito que le regalaron sus padrinos cuando naci&oacute;. Sabe tambi&eacute;n Luc&iacute;a que su madre se levantar&aacute; algo m&aacute;s tarde, despu&eacute;s de una noche en vela d&aacute;ndole el pecho a su hermano Hugo, nacido hace solo un mes. A Luc&iacute;a le basta con o&iacute;r el sonido de la radio de su padre para ponerse de pie en la cuna y agarrarse nerviosa a los barrotes saltando y brincando.
    </p><p class="article-text">
        Han salido al paseo mar&iacute;timo y su padre empuja el cochecito, comenzando el <em>running </em>que suele hacer todos los d&iacute;as a esas horas tan tempranas. Corre a buen ritmo, respirando de forma acompasada como el deportista experimentado que es. Luc&iacute;a va sentada en la sillita con el cuerpo erguido hacia delante, sintiendo en su rostro la fresca brisa del mar y contemplando el cielo que ya empieza a alborear. Mira al frente como si estuviera en la locomotora de un tren que recorre toda la costa y su padre fuera el maquinista.
    </p><p class="article-text">
        Al llegar al espig&oacute;n, varios pescadores le sonr&iacute;en y le hacen algunas caranto&ntilde;as sin dejar por ello de mirar el cimbreo de sus ca&ntilde;as clavadas entre las rocas del acantilado, pendientes de que alg&uacute;n pez muerda el anzuelo. Grupos de adolescentes con caras de haber trasnochado esperan silenciosos la salida del sol, y un grupo de mayores hace ejercicios de taich&iacute; siguiendo las instrucciones de una joven monitora.
    </p><p class="article-text">
        A la peque&ntilde;a Luc&iacute;a le deslumbra el resplandor que ya anuncia el amanecer, y tiene que cerrar los ojos. Es como si entrara en una estaci&oacute;n llena de luz. Una vez all&iacute;, en el espig&oacute;n, su padre la baja de la sillita, la lleva en brazos hasta la caleta solitaria y se sientan los dos en la orilla. Luc&iacute;a apoya la espalda en las piernas fuertes y poderosas de su padre, sintiendo c&oacute;mo el mar va mojando lentamente sus diminutos pies con ese oleaje suave tan caracter&iacute;stico de los primeros d&iacute;as del verano.
    </p><p class="article-text">
        Justo cuando el sol ha salido por levante con su fuego intenso y rojizo inconfundible, su padre se pone de pie y alza en brazos a Luc&iacute;a mirando hacia el horizonte por donde salen los primeros rayos. Parece como si la estuviera ofreciendo al sol y a los dioses marinos para que la llenen de energ&iacute;a y viertan en su peque&ntilde;o cuerpo de &aacute;ngel un manantial de salud y sabidur&iacute;a. Es una ofrenda luminosa de vida, de amor y ternura.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os m&aacute;s tarde, Luc&iacute;a, ya joven estudiante de Bellas Artes, revivir&iacute;a ese primer recuerdo infantil leyendo emocionada las memorias de Pablo Neruda <em>Confieso que he vivido</em>. En ellas, el poeta chileno evocaba los viajes en la locomotora de su padre descubriendo el sol, la lluvia y el intenso colorido de la naturaleza conforme el tren se abr&iacute;a paso entre los bosques de la Araucan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, en los lienzos que expone Luc&iacute;a en La Recova se refleja la m&aacute;gica explosi&oacute;n de colores de su paleta, como un arco iris extendido sobre el mar. Contemplando la luz que impregna la sala, piensa Luc&iacute;a en el influjo de aquellos luminosos d&iacute;as ya lejanos de verano, en los que su padre la llevaba a ver amanecer en la playa solitaria del espig&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/ofrenda-sol_132_12403993.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Jun 2025 18:25:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ofrenda al sol]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El viejo roble]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/viejo-roble_132_12361058.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7cdfeec5-18af-43d2-9144-5b44bdcb49f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El viejo roble"></p><p class="article-text">
        <em>The Old Oak</em> (El viejo roble) es el nombre de la taberna de un pueblo minero del nordeste de Inglaterra. Es tambi&eacute;n el t&iacute;tulo de la &uacute;ltima pel&iacute;cula de Ken Loach, el director brit&aacute;nico muy conocido por sus films comprometidos con las causas sociales y por su cr&iacute;tica dura y feroz de un capitalismo salvaje y sin control. Pel&iacute;culas como <em>&ldquo;I, Daniel Blake&rdquo;, &ldquo;Sorry, we missed you&rdquo; </em>o<em> &ldquo;Lady bird, lady bird&rdquo;, </em>por citar s&oacute;lo algunas de su extensa filmograf&iacute;a, dan fe de su compromiso social.
    </p><p class="article-text">
        Admito que, si bien he visto muchas de sus pel&iacute;culas, todas ellas interesantes, no es Loach un director de mi gusto, pues veo en su obra m&aacute;s documentalismo que cine, y eso es algo que me retrae a la hora de valorarlas. Sin embargo, me ha conmovido <em>The Old Oak</em>, estrenada en 2023 y que, seg&uacute;n ha anunciado el propio Loach (a punto de cumplir los 90 a&ntilde;os de edad) cierra su carrera como director.
    </p><p class="article-text">
        No es mi intenci&oacute;n hacer aqu&iacute; un an&aacute;lisis cinematogr&aacute;fico de su film, pues s&oacute;lo soy un simple aficionado. S&oacute;lo quiero exponer algunas de las sensaciones que me ha producido <em>The Old Oak, </em>y comentar lo que, en mi opini&oacute;n, puede ense&ntilde;arnos la historia que se cuenta en esa pel&iacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero a resaltar es su gran sencillez y autenticidad, algo muy com&uacute;n en el cine de Loach. <em>The Old Oak </em>es una pel&iacute;cula sencilla, desnuda y directa, con personajes (muchos de ellos aficionados) que transmiten de forma natural el drama de sus vidas, la pasi&oacute;n de sus anhelos, la nostalgia por los sue&ntilde;os truncados, la ira de su indignaci&oacute;n o el temblor de sus miedos, pero tambi&eacute;n la esperanza en recuperar algo de la dignidad perdida, tanto a nivel individual como colectivo. Adem&aacute;s, y como es de esperar en Loach, puede verse en su pel&iacute;cula mucha ternura y solidaridad entre perdedores, intentando comprender las razones del que no piensa como t&uacute;. Es tambi&eacute;n un retrato descarnado sobre los efectos del capitalismo global en este peque&ntilde;o pueblo del condado de Durham, que bien podr&iacute;a ser cualquier otro del ancho mundo.
    </p><p class="article-text">
        La taberna <em>The Old Oak</em>, que regenta Tommy Joe Ballantyne (TJ, lo llaman sus amigos), es lugar de encuentro de los viejos mineros del pueblo, que, rodeados de fotos de las grandes huelgas de mediados de los a&ntilde;os 1980, recuerdan con nostalgia la lucha sindical por unos derechos que acabaron en derrota al cerrarse las minas durante el gobierno de Margaret Thatcher. En la trastienda de la taberna, permanecen como reliquias de ese pasado pancartas, banderas y enseres de aquellos tiempos de lucha.
    </p><p class="article-text">
        TJ fue entonces uno de aquellos luchadores, y ahora, desde la barra de su taberna <em>The Old Oak,</em> es testigo del desamparo y abandono que sufre el pueblo (los negocios locales se cierran, los edificios se venden a grandes fondos de inversi&oacute;n, los j&oacute;venes no tienen futuro, el sistema educativo y sanitario se degrada&hellip;) Las viejas ilusiones y esperanzas se ahogan en los vasos de cerveza que TJ sirve a sus amigos de siempre, observando con impotencia la amargura y la resignaci&oacute;n que anida en el coraz&oacute;n de todos ellos, sombras de lo que fueron hace treinta a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Pero he aqu&iacute;, que, en 2016, en pleno debate sobre el Brexit, llegan al pueblo varias familias sirias acogidas por el gobierno brit&aacute;nico como refugiados que huyen del r&eacute;gimen de Al Assad y que buscan emprender una nueva vida. Reciben asistencia social y econ&oacute;mica del programa de ayuda al refugiado, siendo escolarizados sus hijos en la escuela local.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la precariedad de la gente del pueblo es tal, que, compar&aacute;ndose con las familias sirias (de las que creen saberlo todo, pero sobre las que todo ignoran), tienen la sensaci&oacute;n de que los refugiados son mejor tratados que ellos por el gobierno, pues reciben atenci&oacute;n y ayudas a las que la poblaci&oacute;n local no tiene acceso. La xenofobia, el racismo y el odio al inmigrante se va extendiendo, y TJ lo observa oyendo las conversaciones de sus amigos en las mesas ya ajadas de <em>The Old Oak. </em>Ve con inquietud c&oacute;mo va surgiendo una ola de incomprensi&oacute;n y violencia, verbal e incluso f&iacute;sica, contra las familias sirias, actitud que la dirigen contra el propio TJ por colaborar con los servicios sociales que atienden a los refugiados. Todo ello favorecido, adem&aacute;s, por las <em>fake news</em> y los bulos que inundan las redes sociales y que muestran a los sirios como unos privilegiados del sistema p&uacute;blico de bienestar.
    </p><p class="article-text">
        Yara, la hija mayor de una de las familias sirias, es fot&oacute;grafa, culta y con buen dominio del ingl&eacute;s, que,  con su simpat&iacute;a, intenta ganarse el favor del vecindario captando con su c&aacute;mara escenas de la vida local. Entabla amistad con TJ y una asistente social, y entre los tres deciden activar la adormecida vida del pueblo organizando eventos en <em>The Old Oak</em> con la intenci&oacute;n de abrir puentes y facilitar la relaci&oacute;n entre la poblaci&oacute;n local y los refugiados sirios. Es un modo de recuperar la esperanza en un ambiente desolado y marcado por el recelo y la desconfianza. Pero aun as&iacute; lo intentan, porque &ldquo;sin esperanza mi coraz&oacute;n dejar&iacute;a de latir&rdquo;, dice TJ. Esta es la historia que cuenta Loach en su pel&iacute;cula, cuya trama completa no desvelo para no hacer de <em>spoiler </em>m&aacute;s de lo que ya lo estoy haciendo.
    </p><p class="article-text">
        Respecto a la ense&ntilde;anza que puede extraerse del film de Loach, me ha resultado muy ilustrativo el mensaje de que all&iacute; donde falla el sistema de bienestar, como ocurre en el pueblo minero del condado de Durham, y donde la pol&iacute;tica es incapaz de cubrir las necesidades b&aacute;sicas de la poblaci&oacute;n local, es f&aacute;cil que los populismos y los mensajes xen&oacute;fobos encuentren un espacio favorable para expandirse.
    </p><p class="article-text">
        Gente de naturaleza solidaria y bragada en la lucha sindical por los derechos sociales, c&oacute;mo es la que se re&uacute;ne todos los d&iacute;as en <em>The Old Oak, </em>se siente ahora abandonada por los poderes p&uacute;blicos. Los antiguos luchadores se transforman en gente temerosa que buscan en el diferente, en este caso el refugiado sirio, un modo de sacar el odio y el resentimiento que tienen dentro.
    </p><p class="article-text">
        Es una historia que puede encontrarse en muchos pueblos y barriadas desatendidas por los limitados recursos de las pol&iacute;ticas de bienestar, as&iacute; como entre grupos que se sienten v&iacute;ctimas de un sistema que los abandona a su suerte. Son lugares que no aparecen en las estad&iacute;sticas oficiales sobre el crecimiento econ&oacute;mico y la renta, pero donde germina la semilla de la xenofobia y el populismo.
    </p><p class="article-text">
        He visto el film <em>The Old Oak </em>mientras le&iacute;a la estupenda biograf&iacute;a sobre Mussolini y el fascismo, escrita por Antonio Scurati, y no he podido evitar ver cierto paralelismo entre el ascenso de los reg&iacute;menes totalitarios y el fracaso de las democracias en asegurar la cohesi&oacute;n social y el bienestar econ&oacute;mico de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula de Loach es una muestra sencilla, descarnada y directa por su desnudez, de lo ocurrido en un peque&ntilde;o pueblo del nordeste de Inglaterra, asolado por el declive y la precariedad. Pero es tambi&eacute;n un aviso de lo que sucede, o puede suceder, en muchos otros lugares cuando el fulgor de las grandes cifras econ&oacute;micas no nos deja ver esas <em>zonas ciegas</em> donde crece el miedo y el resentimiento.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/viejo-roble_132_12361058.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Jun 2025 18:13:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El viejo roble]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una fábula rural y cervantina]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/fabula-rural-cervantina_132_12311854.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/38955abe-ecb4-43ac-8d04-f67d0c29f1b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x258y393.jpg" width="1200" height="675" alt="Una fábula rural y cervantina"></p><p class="article-text">
        A&uacute;n con el eco del d&iacute;a de San Isidro, que los agr&oacute;nomos celebramos el 15 de mayo como nuestro patr&oacute;n y la gente del campo festeja en muchos pueblos rurales, me permito comentar la novela de Pablo Santiago Chiquero &ldquo;<em>Cervantes para cabras y Marx para ovejas</em>&rdquo; (editorial Maclein y Parker, 2021). Me la regal&oacute; un amigo, asiduo miembro de un club de lectura al que me insiste que vaya, pero a lo que me resisto, pues no soy muy dado a leer bajo la presi&oacute;n del calendario.
    </p><p class="article-text">
        El libro, de t&iacute;tulo sorprendente, es inclasificable, pues m&aacute;s que una novela, es una f&aacute;bula. Y, como ocurre en toda fabulaci&oacute;n, hay fantas&iacute;a desbordante, figuras y mitos que no son reales (pero que lo parecen), lecciones morales (moralejas) sobre el amor, la vida, el honor, la dignidad, la cooperaci&oacute;n, la solidaridad&hellip; y hay tambi&eacute;n humor. Es por ello una f&aacute;bula muy cervantina, escrita por el autor (cordob&eacute;s de Valenzuela) con un estilo ameno y brillante, y titulando los distintos cap&iacute;tulos al modo como Cervantes titula los de su obra magna sobre el ingenioso hidalgo de la Mancha.
    </p><p class="article-text">
        Trata del valor de la lectura como terapia, como remedio de salvaci&oacute;n, y lo hace a trav&eacute;s de una historia surrealista, rayana en el realismo m&aacute;gico, que el autor consigue hacerla cre&iacute;ble. Narra la historia de Mateo, un joven inteligente y despabilado de Abra, pueblo imaginario del interior rural de la provincia de C&oacute;rdoba. Obligado, tras la muerte de su padre, a abandonar los estudios y dedicarse a pastorear el reba&ntilde;o de cabras y ovejas de la familia, Mateo decide un d&iacute;a encamarse, falto de aliciente y est&iacute;mulo para seguir viviendo en un pueblo tan anodino y mon&oacute;tono como el suyo.
    </p><p class="article-text">
        Tal era la gravedad de su desquicio, que no hab&iacute;a forma alguna de que Mateo se levantara de la cama y asumiera sus deberes consigo mismo y su familia, ni siquiera con su novia Conchita. Se pasaba todo el d&iacute;a dormido o en vigilia pasiva para desesperaci&oacute;n de los que le quer&iacute;an. Su madre, preocupada por la actitud indolente de su hijo, y ante el riesgo de la ruina familiar, acude desesperada a don L&aacute;zaro, maestro republicano formado en la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza, y reci&eacute;n llegado al pueblo poco despu&eacute;s del 14 de abril de 1931.
    </p><p class="article-text">
        Al conocer el caso, el maestro don L&aacute;zaro se interesa por &eacute;l y decide sacar al joven de su mal aplic&aacute;ndole la lectura como la mejor medicina. Comienza recomend&aacute;ndole <em>El Quijote</em>, de Miguel de Cervantes, que el joven Mateo lee con fruici&oacute;n. Las disparatadas ocurrencias de don Quijote y las sentencias de Sancho Panza son como un espejo para el joven, hasta el punto de que le hace recuperar la cordura, volviendo al cuidado del reba&ntilde;o. Qu&eacute; mejor profesi&oacute;n que &eacute;sta de pastor para leer, piensa el renacido Mateo al comprobar las muchas horas muertas que pasa con el ganado en la sierra.
    </p><p class="article-text">
        Mientras pastorea a las cabras y las ovejas por los parajes agrestes de Sierra Morena, Mateo va leyendo en voz alta los distintos cap&iacute;tulos de <em>El Quijote</em>, disfrutando con las andanzas de Alonso Quijano y su sabio escudero Sancho Panza. Compara el amor de Don Quijote por Dulcinea con el que &eacute;l siente por su novia Conchita, a la que se esmera por recuperar despu&eacute;s de haberla perdido por su lamentable decisi&oacute;n de encamarse.
    </p><p class="article-text">
        Su gusto por la lectura en voz alta, le lleva incluso a leer el libro cervantino en la plaza p&uacute;blica de Abra ante sus paisanos, analfabetos en su mayor&iacute;a, pero absortos y abducidos por el modo como el joven Mateo cuenta las aventuras del Caballero de la Triste Figura.
    </p><p class="article-text">
        Dado el buen resultado que tiene la lectura en el &aacute;nimo de Mateo, don L&aacute;zaro le recomienda leer <em>El Capital</em>, de Karl Marx, libro complejo y dif&iacute;cil, le avisa, pero necesario para comprender c&oacute;mo funciona el mundo. Mateo a duras penas entiende el extra&ntilde;o libro que el bueno de don L&aacute;zaro le ha sugerido, perdi&eacute;ndose entre las sesudas afirmaciones del fil&oacute;sofo alem&aacute;n. Pero conforme avanza su lectura, se va quedando con lo fundamental: la desigualdad debida al diferente reparto de la riqueza; la lucha de clases ocasionada por ello; el dominio del capital; la explotaci&oacute;n de los m&aacute;s d&eacute;biles&hellip; Y as&iacute; se lo transmite Mateo a sus vecinos de Abra.
    </p><p class="article-text">
        La lectura en voz alta ante su reba&ntilde;o de esos dos libros llevar&aacute; al joven Mateo a observar la reacci&oacute;n de sus animales. Y ve, o se imagina que ve, algo sorprendente, y es que las cabras se interesan m&aacute;s por la obra de Cervantes, mir&aacute;ndole fijamente cuando les lee <em>El Quijote, </em>y las ovejas por <em>El Capital </em>de Marx. Observa, adem&aacute;s, que, desde que les lee en voz alta ambos libros, la producci&oacute;n de leche, carne y lana ha aumentado. Don L&aacute;zaro, el maestro, ve en ello un hecho asombroso, digno de ser estudiado por la ciencia, y organiza toda una campa&ntilde;a para difundir el fen&oacute;meno entre sus conocidos de la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Luego, sigue una serie de peripecias en Abra, que no cuento aqu&iacute; para no desvelar la trama de la f&aacute;bula. Son sucesos de un atractivo fascinante, como la creaci&oacute;n de la comuna agr&iacute;cola <em>La &iacute;nsula Esperanza</em>, impulsada por Mateo en los meses previos al estallido de la Guerra Civil.
    </p><p class="article-text">
        El narrador tiene la habilidad de mantener el tono l&iacute;rico y de f&aacute;bula de la narraci&oacute;n hasta su desenlace final, procurando no perder ese tono a pesar de los tr&aacute;gicos acontecimientos que tienen lugar en el pa&iacute;s a partir de julio de 1936. Como si de un Macondo se tratara, Abra es un mundo separado y aparte, al que s&oacute;lo le llega el eco de lo que sucede fuera de &eacute;l, pero del que sus habitantes no podr&aacute;n evadirse.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de la reciente y afamada novela de David Ucl&eacute;s &ldquo;<em>La pen&iacute;nsula de las casas vac&iacute;as</em>&rdquo; (2024), con la que puede apreciarse cierta similitud por lo que ambas tienen de f&aacute;bula, la de Pablo S. Chiqueros, publicada tres a&ntilde;os antes, es menos pretenciosa que aqu&eacute;lla y no se sale del estricto marco del pueblo de Abra. Ello no s&oacute;lo no le quita un &aacute;pice de calidad literaria, sino que quiz&aacute; est&eacute; ah&iacute;, en ese peque&ntilde;o escenario rural, donde radica su fuerza narrativa, una fuerza hacia dentro, hacia lo m&aacute;s profundo de las relaciones humanas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/fabula-rural-cervantina_132_12311854.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 May 2025 18:01:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una fábula rural y cervantina]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Regreso (por unas horas) al pasado]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/regreso-horas-pasado_132_12268648.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4e030652-53c6-4e65-a087-84b596e7cb83_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Regreso (por unas horas) al pasado"></p><p class="article-text">
        Como si el pasado se hubiera hecho presente, el apag&oacute;n del lunes 28 de abril tuvo un gran impacto en la poblaci&oacute;n. Para los m&aacute;s j&oacute;venes fue, sobre todo, un impacto emocional al ser la primera vez que viv&iacute;an un suceso de tales caracter&iacute;sticas. En otras ocasiones ha habido cortes puntuales de luz que han afectado a pueblos y barriadas enteras, pero nunca de una magnitud tan extendida como esta vez por todo el territorio peninsular. En cuesti&oacute;n de minutos se pas&oacute; de la incredulidad (al recibir extra&ntilde;os mensajes de WhatsApp de amigos y familiares desde lugares lejanos preguntando si ten&iacute;amos luz) al asombro (al confirmarse que el apag&oacute;n era en todo el pa&iacute;s, y que incluso afectaban tambi&eacute;n a Portugal).
    </p><p class="article-text">
        Menos mal que pudo restaurarse el fluido el&eacute;ctrico con relativa rapidez, y lo que pod&iacute;a haber sido un drama qued&oacute; en una desagradable incomodidad, a&uacute;n mayor en el caso de las personas que tuvieron que soportar horas de angustia en trenes, metro o ascensores. Tanto las fuerzas de seguridad, como los servicios de protecci&oacute;n civil funcionaron y, una vez m&aacute;s, la cooperaci&oacute;n y solidaridad ciudadana estuvo a la altura.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la inevitable controversia pol&iacute;tica, dejemos que los expertos emitan los informes pertinentes sobre las causas de lo ocurrido, y que la justicia investigue los casos de fallecimiento provocados de forma directa o indirecta por el apag&oacute;n. Confiemos tambi&eacute;n en que se tomen las medidas oportunas para que no se repita un suceso similar, haciendo m&aacute;s robusto nuestro sistema el&eacute;ctrico con mejoras en las interconexiones europeas y en los ajustes entre las distintas fuentes de generaci&oacute;n de energ&iacute;a (t&eacute;rmica, hidroel&eacute;ctrica, gas, nuclear, solar, e&oacute;lica&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute;, en este art&iacute;culo, s&oacute;lo me propongo evocar algunos recuerdos que me provocaron aquellas horas de apag&oacute;n en las que parec&iacute;a que regres&aacute;bamos al pasado ante la sonrisa ir&oacute;nica de los m&aacute;s mayores. Dependemos tanto de la tecnolog&iacute;a digital, que bastaron unas horas de corte del suministro el&eacute;ctrico para sentirnos desvalidos al ver c&oacute;mo dejaban de funcionar internet, las gasolineras, los electrodom&eacute;sticos, el tel&eacute;fono m&oacute;vil, la televisi&oacute;n o los mandos a distancia; s&oacute;lo el <em>whatshapp</em>&nbsp;funcionaba y no bien del todo.
    </p><p class="article-text">
        En ese tiempo, corrimos despavoridos a las tiendas y bazares de los chinos a comprar velas y cerillas, pilas y linternas, e incluso fuimos a alguna ferreter&iacute;a buscando un infernillo de gas para poder cocinar algo de forma improvisada. Arramplamos con los alimentos precocinados del Eroski, Carrefour o Mercadona y, por supuesto con el papel higi&eacute;nico, haciendo acopio de todo ello para hacer frente a una situaci&oacute;n que no sab&iacute;amos cu&aacute;nto se prolongar&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo se manten&iacute;an activos aquellos negocios que nunca renuncian a disponer de grupos electr&oacute;genos previendo situaciones como &eacute;sta. Ramiro, mi amigo agricultor, me dijo por WhatsApp que en su pueblo tambi&eacute;n estaban teniendo problemas, pues est&aacute;n tan digitalizados como en las ciudades, pero que a su granja no le faltaba la luz gracias al generador de diesel, y que pudo orde&ntilde;ar las vacas como todos los d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Sacamos el viejo transistor de pilas del caj&oacute;n, y una vez m&aacute;s la radio fue nuestro principal aliado evitando el silencio informativo. Se hizo de noche, y un manto de oscuridad cubri&oacute; calles y plazas como nunca antes hab&iacute;a ocurrido, descubriendo sobre nuestra ciudad un cielo sorprendentemente estrellado. Algunos pudieron ver por primera vez la Osa Mayor y localizar la estrella polar desde la terraza de su edificio. A trav&eacute;s de las ventanas, s&oacute;lo se ve&iacute;a el parpadeo de las velas o la luz tenue de las linternas en un juego de sombras chinescas.
    </p><p class="article-text">
        Era como si regres&aacute;ramos al pasado, a un tiempo que cre&iacute;amos superado, al menos en las confortables ciudades del primer mundo, pero que cat&aacute;strofes de diversa &iacute;ndole se encargan todos los d&iacute;as de recordarnos la fragilidad de nuestras vidas (danas, tsunamis, terremotos, volcanes, guerras, pandemias, nevadas&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        En mi caso, todo eso me traslad&oacute; por unas horas a los a&ntilde;os finales de 1950, cuando pasaba los veranos en el lagar de mis abuelos. No ten&iacute;amos agua corriente ni luz el&eacute;ctrica, y todo respond&iacute;a a un orden natural, inimaginable para las j&oacute;venes generaciones de hoy. El agua se sacaba del pozo con cubetas, gracias a la energ&iacute;a que nos proporcionaba el molino de viento, produciendo un sonido m&aacute;gico al giro de sus aspas. La ropa se lavaba en los lebrillos de piedra que hab&iacute;a en la parte trasera del lagar, poni&eacute;ndose a secar entre las ramas de los grandes &aacute;rboles que circundaban el caser&iacute;o y que le daban sombra en las horas m&aacute;s duras del est&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Nos despert&aacute;bamos con el sol de la amanecida y desayun&aacute;bamos leche de la vaca que orde&ntilde;aba Frasquito, y pan con aceite de la damajuana o con miel de las colmenas que hab&iacute;a en la era. Com&iacute;amos los frutos del n&iacute;spero, el nogal y la higuera, as&iacute; como del almendro, el peral y las dos grandes palmeras que daban jugosos d&aacute;tiles.
    </p><p class="article-text">
        Por las ma&ntilde;anas ven&iacute;a el buhonero a vendernos pan, arenques y alguna fruta del tiempo, sobre todo melones y sand&iacute;as, y unos melocotones redondos que desprend&iacute;an un aroma penetrante con s&oacute;lo olerlos. Tres veces a la semana nos tra&iacute;an un enorme bloque de hielo, que se part&iacute;a con martillos y punzones de hierro, y cuyos trozos met&iacute;amos en dos peque&ntilde;as neveras para conservar los alimentos antes de cocinarlos en los fogones de le&ntilde;a de olivo.
    </p><p class="article-text">
        Merode&aacute;bamos por los alrededores del lagar hasta la hora del almuerzo, subidos a la burra Berenjena o montando en bicicleta por los caminos hasta acercarnos al pinar donde recog&iacute;amos la resina que exudaba de los troncos y que conserv&aacute;bamos en una lata para hacer goma. En ocasiones, si descubr&iacute;amos alg&uacute;n escarabajo despistado lo guard&aacute;bamos tambi&eacute;n en botes de cristal observando absortos su enigm&aacute;tico movimiento.
    </p><p class="article-text">
        Tras la siesta, en la que los mayores dorm&iacute;an y los ni&ntilde;os jug&aacute;bamos a nuestro aire con la &uacute;nica condici&oacute;n de guardar silencio, tom&aacute;bamos de merienda un hoyo de aceite con az&uacute;car o sal, y a veces incluso una j&iacute;cara de chocolate. Sal&iacute;amos de nuevo por los senderos hacia los lagares vecinos para jugar con otros ni&ntilde;os de nuestra edad, no sin antes pararnos a coger alg&uacute;n racimo de uvas ya casi maduras en los sarmientos. Y as&iacute;, hasta la ca&iacute;da de la tarde, cuando el sol se ocultaba por poniente y las sombras ca&iacute;an sobre los campos, dejando claro y di&aacute;fano un cielo plagado de estrellas.
    </p><p class="article-text">
        Sentados al fresco de la noche en la explanada, escuch&aacute;bamos el run-run de las historias que contaban los mayores sin enterarnos muy bien a qu&eacute; se refer&iacute;an, atra&iacute;dos m&aacute;s por el <em>cri-cri</em>&nbsp;de los grillos o el ulular de los b&uacute;hos y los mochuelos en los olivos. Cuando la abuela comenzaba a rezar en voz alta el rosario, se hac&iacute;a el silencio y s&oacute;lo se escuchaban los padrenuestros y avemar&iacute;as y el <em>ora pro nobis</em>&nbsp;de la letan&iacute;a, roto en ocasiones por el ronquido de alguno de los presentes, que anunciaba el momento de irse a dormir.
    </p><p class="article-text">
        La oscuridad inundaba entonces el interior del caser&iacute;o, gui&aacute;ndonos por la tenue luz de la palmatoria que sol&iacute;a llevar el abuelo o de los carburos de olor a huevo podrido. Del suelo de los pasillos y los dormitorios se erig&iacute;an como peque&ntilde;os fantasmas las sombras parpadeantes de las mariposillas de cart&oacute;n flotando en tazas de aceite.
    </p><p class="article-text">
        La imagen de sombras y oscuridad y el cielo negro y estrellado en una ciudad siempre luminosa y brillante, es lo que, la noche del apag&oacute;n, me ha hecho evocar, hechizado, aquellos a&ntilde;os de infancia, regresando a un mundo ya pret&eacute;rito, pero a&uacute;n vivo en nuestros corazones.
    </p><p class="article-text">
        En la madrugada del martes volvi&oacute; la luz a nuestras casas, a las calles, plazas y avenidas de nuestros pueblos y ciudades. Con ella, hemos recuperado la calma y la aparente seguridad con la que vivimos, pero el apag&oacute;n nos ha hecho tambi&eacute;n conscientes de la vulnerabilidad de nuestras vidas fr&aacute;giles y azarosas. Si, a veces, se suele decir que la vida pende de un hilo, nunca hemos visto tan cerca como ahora la veracidad de esa sentencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/regreso-horas-pasado_132_12268648.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 May 2025 18:24:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Regreso (por unas horas) al pasado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,apagón,opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Semana Santa andaluza: Una mirada desde la Sociología]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/semana-santa-andaluza-mirada-sociologia_132_12209511.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fb04be71-cd6f-4956-8914-2e96282d4b67_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Semana Santa andaluza: Una mirada desde la Sociología"></p><p class="article-text">
        La Semana Santa andaluza es muy diversa, y en cada lugar tiene su propia singularidad, hasta el punto de creer que la de nuestro pueblo es &uacute;nica. Sin embargo, es m&aacute;s lo que la une que lo que la diferencia, dando lugar a un bien cultural propio de Andaluc&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El hecho de que la Semana Santa se celebre en la misma &eacute;poca del a&ntilde;o (en torno al equinoccio de primavera) y en todos los lugares de nuestra geograf&iacute;a, siguiendo, adem&aacute;s, pautas bastante comunes (desfiles procesionales en los que se conmemora la pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n de Jesucristo), le da tal unidad expresiva, que la convierte en una de las manifestaciones m&aacute;s genuinas de Andaluc&iacute;a. En el Bar&oacute;metro Andaluz de Cultura, realizado por el IESA en 2012, dos de cada tres andaluces la identificaban como la expresi&oacute;n m&aacute;s caracter&iacute;stica de la cultura andaluza.
    </p><p class="article-text">
        Sea como fuere, la Semana Santa es una celebraci&oacute;n que a pocos andaluces deja indiferentes, ya sea para vivirla con fervor religioso, ya sea para denostarla como una tradici&oacute;n de dif&iacute;cil anclaje en unos tiempos tan secularizados como los actuales. No le es indiferente, por supuesto, al que, guiado por la fe, asiste a los cultos religiosos y participa de forma activa en los desfiles procesionales; pero tampoco al que, sin ser creyente, disfruta escuchando esos d&iacute;as las marchas musicales o contemplando desde un balc&oacute;n o desde la calle el paso de las im&aacute;genes en sus tronos o bajo palio. Ni siquiera son indiferentes a ella los que critican a las cofrad&iacute;as por ocupar de forma cada vez m&aacute;s invasiva el espacio p&uacute;blico, causando constantes molestias a los vecinos.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de todo eso, no puede ignorarse que, en torno a la Semana Santa, se desarrolla una intensa actividad econ&oacute;mica en forma de talleres de orfebrer&iacute;a e imaginer&iacute;a o de costura y bordados de mantos, t&uacute;nicas y faldones&hellip; A ello hay que a&ntilde;adir la actividad generada en sectores como la hosteler&iacute;a y la restauraci&oacute;n en fechas como &eacute;stas que atraen a muchos visitantes for&aacute;neos y que son fuente de riqueza y empleo en cada pueblo o ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, cabe se&ntilde;alar que la Semana Santa es un evento en el que se ven implicadas las entidades p&uacute;blicas de cada localidad, con independencia de la ideolog&iacute;a pol&iacute;tica del gobierno municipal, autorizando la modificaci&oacute;n de las ordenanzas en materia de ruido, limpieza, tr&aacute;fico, recogida de residuos&hellip; para facilitar el paso de los desfiles procesionales.
    </p><p class="article-text">
        Es por todo eso que la Semana Santa andaluza suele ser calificada por los antrop&oacute;logos de &ldquo;hecho social total&rdquo;, t&eacute;rmino acu&ntilde;ado hace un siglo por el franc&eacute;s Marcel Mauss para denominar aquellos eventos en los que confluyen no s&oacute;lo aspectos religiosos, sino tambi&eacute;n culturales, econ&oacute;micos, sociales e incluso pol&iacute;ticos.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Fuente de identidad cultural</strong></h2><p class="article-text">
        En un contexto de pluralidad de identidades (fragmentadas, fluidas e inestables) tan t&iacute;pico de las sociedades <em>l&iacute;quidas </em>que caracterizan a la modernidad contempor&aacute;nea (seg&uacute;n expresi&oacute;n del soci&oacute;logo polaco Zygmunt Bauman), la Semana Santa es para muchos andaluces un importante escenario de reafirmaci&oacute;n de la <em>identidad afectiva</em>.
    </p><p class="article-text">
        Son d&iacute;as en los que muchas personas, m&aacute;s all&aacute; de su adscripci&oacute;n ideol&oacute;gica o creencia religiosa, se <em>sienten</em>, aunque s&oacute;lo sea por esas fechas, parte de un <em>grupo</em> en el que depositan un intenso caudal de afectos, emociones y lealtades (costaleros, cofrades, nazarenos, bandas de cornetas, santeros, grupos de tambores, cuarteles&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        En la Semana Santa andaluza, al igual que ocurre en otras regiones con eventos del mismo tenor (fallas, fiestas de moros y cristianos, carnavales, ferias, sanfermines&hellip;), se fortalece un <em>nosotros grupal </em>(comunitario), en el que confluyen tanto la dimensi&oacute;n familiar, como la de fraternidad y amistad. Es lo que los soci&oacute;logos denominamos un capital social tipo <em>bonding </em>(el que cohesiona internamente una comunidad).
    </p><p class="article-text">
        No obstante, cabe preguntarse por qu&eacute; la reafirmaci&oacute;n de esa dimensi&oacute;n afectiva de la identidad se produce en Andaluc&iacute;a de manera tan intensa en torno a la Semana Santa y no en otros eventos de car&aacute;cter festivo (como el Roc&iacute;o, la feria o la Navidad) en los que tambi&eacute;n se observan evidentes rasgos identitarios. Sin duda que en ello tiene que ver el hecho, antes se&ntilde;alado, de ser la Semana Santa una celebraci&oacute;n que tiene lugar al mismo tiempo y en todos los lugares de Andaluc&iacute;a, y con unas pautas comunes (exteriorizaci&oacute;n en los espacios p&uacute;blicos) que le dan unidad a su diversidad aumentando su impacto social.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La secularizaci&oacute;n de lo religioso</strong></h2><p class="article-text">
        Algunos importantes antrop&oacute;logos (Moreno Navarro, Rodr&iacute;guez Becerra&hellip;) se&ntilde;alan que en eso tiene mucho que ver el singular proceso de secularizaci&oacute;n de lo religioso que se ha dado en la sociedad andaluza. Con ello quieren indicar que, en Andaluc&iacute;a, y a diferencia de lo ocurrido en otras regiones espa&ntilde;olas, el indudable avance de lo secular no ha hecho desaparecer los rituales populares asociados a las im&aacute;genes y s&iacute;mbolos religiosos, sino todo lo contrario, habi&eacute;ndolos incluso integrado desprendi&eacute;ndolos de su componente sacra.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, en Andaluc&iacute;a, la simbolog&iacute;a religiosa sigue estando muy presente todos los d&iacute;as del a&ntilde;o en ambientes secularizados, ya sea mediante nombres alusivos a la Semana Santa en la denominaci&oacute;n de cooperativas, empresas y sociedades econ&oacute;micas diversas, ya sea con la presencia de calendarios cofradieros, cuadros y fotograf&iacute;as de cristos y v&iacute;rgenes que adornan las paredes de bares, comercios, despachos profesionales, clubes deportivos&hellip; o en su importante papel en los bancos de alimentos y otras obras asistenciales. Tambi&eacute;n se nota en la participaci&oacute;n de las cofrad&iacute;as y hermandades en otros eventos, como la cabalgata de reyes magos o las casetas de feria, adem&aacute;s de en los numerosos v&iacute;deos, blogs y p&aacute;ginas web que inundan hoy las redes de internet con estos temas, o en plataformas como &ldquo;Caminos de Pasi&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A lo se&ntilde;alado por la antropolog&iacute;a cabe a&ntilde;adir otros factores de tipo m&aacute;s sociol&oacute;gico, tales como los siguientes: el car&aacute;cter festivo-primaveral de la Semana Santa; el potencial que tiene la fe religiosa en la conciencia de mucha gente (con sus diversos significados); la fuerza emotiva de la m&uacute;sica sacra y la saeta flamenca; la exaltaci&oacute;n de la hermandad a trav&eacute;s de los rituales t&iacute;picos de esos d&iacute;as (entre ellos, el comensalismo); y, sobre todo, el escrupuloso respeto de las tradiciones (nuevas y viejas) que convierten esos rituales en una exacta repetici&oacute;n anual de hechos y comportamientos sociales, y cuya llegada se espera como una liturgia en la que reactivar afectos y emociones. Esos factores tambi&eacute;n existen, como he se&ntilde;alado, en otros eventos festivos, pero al estar &eacute;stos circunscritos a grupos o localidades concretas (como ocurre con el Roc&iacute;o o con los carnavales de C&aacute;diz) o expresarse en el &aacute;mbito familiar y privado (como es el caso de las celebraciones navide&ntilde;as), no tienen el significado tan extensivo que adquiere la Semana Santa en la sociedad andaluza.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Tradici&oacute;n y modernidad</strong></h2><p class="article-text">
        Gracias a todo ese conjunto de factores, la Semana Santa se mantiene hoy muy presente en Andaluc&iacute;a, habi&eacute;ndose incorporado a la vida cotidiana de muchos andaluces sin que eso les haya impedido avanzar en los valores t&iacute;picos de las sociedades modernas (individualismo, diversidad sexual, libertad religiosa, tolerancia&hellip;) De ese modo, tradici&oacute;n y modernidad coexisten hoy en torno a la Semana Santa, debido al citado proceso de secularizaci&oacute;n de lo religioso, pero tambi&eacute;n gracias al entorno de sociabilidad y cercan&iacute;a que se produce en muchos pueblos andaluces en esos d&iacute;as. En tal contexto, el <em>yo</em> <em>individual </em>se integra, como he se&ntilde;alado, en un <em>nosotros grupal </em>que contribuye a llenar los espacios vac&iacute;os (fragmentados y difusos) de la vida moderna.
    </p><p class="article-text">
        La funcionalidad de esos rituales para afrontar tales avatares es lo que explica la presencia de muchos j&oacute;venes (de distinto sexo y condici&oacute;n social) en la Semana Santa andaluza, algo que puede resultar sorprendente para no pocos observadores. Participando en las cofrad&iacute;as, hermandades, corporaciones b&iacute;blicas o grupos de tambores y cornetas, muchos de estos j&oacute;venes compatibilizan, sin problemas y sin ning&uacute;n tipo de disonancia cognitiva, su moderno rol profesional (cosmopolita) con el deseo de construir un relato identitario propio. Ello les permite conservar el sentimiento de pertenencia a su grupo primario (pueblo, barrio, amigos, familia&hellip;) reactivando una especie de &ldquo;hilo de la memoria&rdquo; (t&eacute;rmino acu&ntilde;ado por la soci&oacute;loga francesa Dani&egrave;le Hervieu-L&egrave;ger) que les vincula con las ra&iacute;ces y tradiciones locales y con las generaciones que les precedieron.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Entre el cambio, la continuidad y la innovaci&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        La Semana Santa de Andaluc&iacute;a es una expresi&oacute;n cultural viva, y por eso est&aacute; sometida a los cambios que tienen lugar en su entorno social, impregn&aacute;ndose de nuevas percepciones y expectativas, as&iacute; como de las nuevas actitudes y comportamientos de la poblaci&oacute;n. Su extensi&oacute;n a nuevos espacios sociales es, sin duda, una muestra de su pujanza, pero supone tambi&eacute;n la incorporaci&oacute;n de novedosos elementos de expresividad (en las im&aacute;genes, en la m&uacute;sica, en el vestuario, en los itinerarios&hellip;) y de nuevas formas de participaci&oacute;n (como la presencia cada vez mayor de las mujeres como sujetos no pasivos, sino activos de la Semana Santa), que suponen una ruptura con lo tradicional.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, esos cambios reafirman la creciente aspiraci&oacute;n de autonom&iacute;a de las hermandades, cofrad&iacute;as y corporaciones b&iacute;blicas respecto de las autoridades eclesi&aacute;sticas, algo que ha sido conquistado hist&oacute;ricamente con esfuerzo en un marco de gradual separaci&oacute;n entre el poder secular y el religioso, pero que a&uacute;n permanece en un terreno difuso (sobre todo, en el caso de las cofrad&iacute;as). Ello provoca no pocas tensiones a la hora de determinar, por ejemplo, la propiedad del valioso patrimonio ornamental y art&iacute;stico generado por las aportaciones de sus miembros (varales, tronos, palios, potencias, mantos bordados, coronas&hellip;) Asimismo, se producen tensiones en todo lo relativo al rumbo a seguir por la Semana Santa y las pautas morales y est&eacute;ticas que la rigen.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto hay que situar, por ejemplo, la organizaci&oacute;n, con el apoyo de ciertos sectores de las cofrad&iacute;as, de procesiones &ldquo;magnas&rdquo; fuera de los d&iacute;as de Semana Santa, en su af&aacute;n por reafirmar la presencia de lo religioso en un espacio cada vez m&aacute;s secularizado. En ese mismo sentido hay que situar tambi&eacute;n la creciente participaci&oacute;n de sacerdotes como pregoneros en los actos institucionales que inician los d&iacute;as de esta fiesta mayor, algo que no era habitual en unos actos que han tenido siempre un claro marchamo civil.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la ya mencionada secularizaci&oacute;n de la sociedad andaluza hace que los eventos asociados a la Semana Santa ya no sean vistos como una expresi&oacute;n exclusiva, genuina e intocable de la religi&oacute;n, y ni siquiera como una manifestaci&oacute;n de religiosidad popular cada vez m&aacute;s cuestionada por su tradicionalismo desde c&iacute;rculos laicos. Tales eventos est&aacute;n cada vez m&aacute;s sometidos al escrutinio de la opini&oacute;n p&uacute;blica en funci&oacute;n de los efectos que tienen sobre el funcionamiento de la vida cotidiana en nuestros pueblos y ciudades durante esos d&iacute;as, lo que es fuente de tensiones a la hora de distinguir entre el espacio p&uacute;blico y el espacio privado.
    </p><p class="article-text">
        Como se&ntilde;alaba en un art&iacute;culo que publiqu&eacute; sobre este mismo tema en 2016, &ldquo;todos esos cambios rompen con las pautas tradicionales de la Semana Santa, la hacen m&aacute;s plural y menos exclusivista, pero la enriquecen de otro modo, no siempre al gusto de todos. Es en esa tensi&oacute;n entre tradici&oacute;n y modernidad, entre secularizaci&oacute;n y religiosidad, donde debe enmarcarse hoy la Semana Santa de Andaluc&iacute;a. De esa tensi&oacute;n extrae sus principales energ&iacute;as, pero tambi&eacute;n surgen de ella elementos que hacen m&aacute;s compleja su gesti&oacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/semana-santa-andaluza-mirada-sociologia_132_12209511.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Apr 2025 17:58:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Semana Santa andaluza: Una mirada desde la Sociología]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Equinoccio de primavera]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/equinoccio-primavera_132_12163333.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fefd7375-c495-4322-8bc2-b2aa54180967_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Equinoccio de primavera"></p><p class="article-text">
        Los equinoccios (<em>aequinoctium</em>) no son hoy tan populares como los solsticios (<em>solstitium</em>), que solemos festejar con las hogueras de San Juan (en la noche m&aacute;s corta del a&ntilde;o, al inicio del verano) o con el inicio de la Navidad (en la noche m&aacute;s larga, al comenzar el invierno). Algunas personas, con af&aacute;n de resaltar el sentido secular de esas fiestas y desprenderlas de su significado religioso, saludan incluso su llegada con un &ldquo;feliz solsticio&rdquo; (en vez del habitual Feliz Navidad), enfatizando la a&uacute;n vigencia simb&oacute;lica de ese fen&oacute;meno astron&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, los equinoccios, no siendo hoy tan celebrados como tales, s&iacute; lo eran en la antig&uuml;edad, cuando al llegar el equinoccio de primavera se festejaba el final del invierno y se invocaba a las diosas de la fertilidad y la agricultura para que protegieran los campos y las cosechas (Cibeles, Dem&eacute;ter, Ceres&hellip;) Recuerdos de esas celebraciones pueden verse en las fiestas de marcado aire rural que a&uacute;n se celebran por estas fechas en algunos pueblos, e incluso en el sincretismo religioso de la Semana Santa, considerada por muchos antrop&oacute;logos como fiesta de la primavera.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Significado astron&oacute;mico</strong></h2><p class="article-text">
        En todo caso, los equinoccios son un importante suceso astron&oacute;mico, que nos ayuda a conocer el movimiento anual de traslaci&oacute;n de nuestro planeta alrededor del sol y el lento movimiento de <em>precesi&oacute;n</em>&nbsp;que, como una peonza, realiza sobre s&iacute; mismo el eje de rotaci&oacute;n de la Tierra. En la fecha de los equinoccios, el sol se sit&uacute;a justo en la l&iacute;nea del ecuador terrestre, teniendo los d&iacute;as y las noches la misma duraci&oacute;n. Uno de los equinoccios (20-21 de marzo) abre la estaci&oacute;n de la primavera, y el otro (20-21 de septiembre) la del oto&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Esos d&iacute;as, un observador que estuviera situado en alg&uacute;n lugar del ecuador terrestre y alzara sus ojos al cielo del mediod&iacute;a, ver&iacute;a que el sol est&aacute; justo en el c&eacute;nit, comenzando a declinar a partir de esa fecha al Este o al Oeste, seg&uacute;n sea el equinoccio de primavera o el de oto&ntilde;o. El pasado 20 de marzo a las 10.01 horas tuvo lugar el equinoccio de la primavera de este a&ntilde;o 2025. Desde entonces, las noches se acortar&aacute;n y los d&iacute;as se alargar&aacute;n hasta llegar a su m&aacute;xima duraci&oacute;n en el solsticio de junio.
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos astrol&oacute;gicos, el equinoccio de primavera recibe el nombre de &ldquo;punto de Aries&rdquo; porque, cuando fue identificado hace 2.500 a&ntilde;os por babilonios y griegos, el sol se situaba en esa fecha de marzo justo sobre la constelaci&oacute;n de Aries, siendo por ello el primero de los signos del zodiaco. Recordemos que cada signo del zodiaco significa que, durante el mes correspondiente, el sol est&aacute; en la constelaci&oacute;n que lleva su nombre: Aries (marzo), Tauro (abril), G&eacute;minis (mayo), C&aacute;ncer (junio), Leo (julio), Virgo (agosto), Libra (septiembre), Escorpio (octubre), Sagitario (noviembre), Capricornio (diciembre), Acuario (enero) y Piscis (febrero). Por eso, y parad&oacute;jicamente, la &uacute;nica que no se ve por la noche es la constelaci&oacute;n que corresponde al signo zodiacal de ese mes.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, debido a la ya citada lenta <em>precesi&oacute;n</em>&nbsp;del eje de la Tierra, resulta que, en su movimiento aparente, todas las constelaciones zodiacales se han desplazado un mes respecto al momento en que babilonios y griegos crearon los signos del zodiaco. Esto significa que, en la actualidad, estos signos no se corresponden con los meses que le asignamos, sino que tienen un desfase de un mes. Pero, aun as&iacute;, se mantiene la antigua convenci&oacute;n y seguimos nombrando los signos del zodiaco seg&uacute;n el viejo orden mensual de las constelaciones.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, y a&uacute;n a sabiendas del error que se comete, continuamos llamando &ldquo;punto de Aries&rdquo; al d&iacute;a del equinoccio que da entrada a la primavera, cuando en realidad hoy el sol est&aacute; sobre la constelaci&oacute;n de Piscis en esa fecha de marzo. Lo mismo ocurre en el equinoccio oto&ntilde;al, que seguimos denominando &ldquo;punto de Libra&rdquo; cuando sabemos que en esa fecha (20-21 de setiembre) el sol est&aacute; situado en la constelaci&oacute;n de Virgo.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La estaci&oacute;n de los relojes de sol&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        Sea como fuere, lo cierto es que, a partir del equinoccio de primavera, el sol reina en todo su esplendor al ir prolong&aacute;ndose la duraci&oacute;n del d&iacute;a, aumentando el n&uacute;mero diario de horas de exposici&oacute;n solar.
    </p><p class="article-text">
        Este equinoccio es, adem&aacute;s, el comienzo de la etapa preferida por los amantes de los relojes de sol, cuya asociaci&oacute;n se ha reunido, por cierto, el pasado fin de semana en C&oacute;rdoba bajo los auspicios de un gran aficionado a la gnom&oacute;nica, Esteban Mart&iacute;nez Almir&oacute;n, autor del excelente libro <em>Relojes de sol (andaluces) hist&oacute;ricos, </em>publicado hace s&oacute;lo unos meses.
    </p><p class="article-text">
        Con la llegada del equinoccio de primavera, empieza a iluminarse la piedra del reloj de sol que constru&iacute; hace a&ntilde;os en uno de los patios del IESA, en el viejo edificio de la &ldquo;Casa de las Pavas&rdquo; de C&oacute;rdoba. Y as&iacute; estar&aacute; hasta el final del verano, cuando regrese el equinoccio de oto&ntilde;o el d&iacute;a 21 de septiembre. Entonces el astro solar se retirar&aacute; de nuevo, dejando el reloj de sol sin la luz de sus rayos hasta el retorno de la primavera.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>LUCEM DEMONSTRAT UMBRA</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>(Al reloj de sol del IESA)</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Ya luce su esplendor la primavera</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>en los patios helados y sombr&iacute;os,</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>y ya el sol regresa con su brillo</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>a las vetustas paredes del IESA.</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Un reloj que hibernaba a&uacute;n dormido</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>entre las verdes hojas de la yedra,</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>se aviva al sentir en su alma de piedra</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>el tibio calor del astro engre&iacute;do.</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Es el retorno de un ciclo de vida</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>que vierte su luz por abril y mayo</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>llenando calles, plazas y avenidas.</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Hasta que pase el est&iacute;o, sus rayos</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>saetear&aacute;n la delgada espadina</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>marc&aacute;ndole firme a la sombra su trazo</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>y a nosotros, el tiempo y su rutina.</strong></em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/equinoccio-primavera_132_12163333.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Mar 2025 19:09:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Equinoccio de primavera]]></media:title>
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