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    <title><![CDATA[Cordópolis - Blogópolis]]></title>
    <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/]]></link>
    <description><![CDATA[Cordópolis - Blogópolis]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Ser y cuerpo]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/tenden-ciosa/cuerpo_132_13319800.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/18146756-12c5-459b-87de-3afdf16d73a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ser y cuerpo"></p><p class="article-text">
        Podr&aacute;n decir misa, tacharme de materialista, desatar vientos de arena y ceniza sobre mis atrevidos labios, siempre aficionados a la idea s&uacute;bita y despeinada que pasa por alto filosof&iacute;as, teolog&iacute;as y dem&aacute;s. As&iacute;, sostengo y firmemente creo que la clave de la existencia humana gira y girar&aacute; en torno al cuerpo, ampliamente considerado. El cuerpo mueve el mundo, los mercados, las religiones, los eventos deportivos, los festivales, las revoluciones, las guerras, la industria alimentaria, las toneladas de fertilizantes, los metros cuadrados a mill&oacute;n de lo inmobiliario, el dividendo de IKEA e Inditex, la factura del aire acondicionado, los mares de bebidas energ&eacute;ticas, las tarjetas sanitarias, los desabastecimientos de Ozempic.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Oh, el cuerpo, que puede estar sano y joven, ser arm&oacute;nico y bello, normativo y despampanante, y, a pesar de todo, traernos a maltraer. No es como el alma, amasada de esp&iacute;ritu o flato celeste y ang&eacute;lico, que se hace con ella cualquier cosa magn&iacute;fica: migrarla, sanarla, afirmar que sobrevive a los universos de tiempo y su cada nuevo recomenzar; sino que, al cuerpo, en cambio, es preciso alimentarlo, cuidarlo en su salud (el hardware y el software, chicha y mente), vestirlo, ejercitarlo, descansarlo, nutrirlo en su apetito de comida y horas de sue&ntilde;o, en su dimensi&oacute;n sexual, f&iacute;sica, motivacional. Activarlo, tambi&eacute;n, en su funci&oacute;n reproductiva, pues las personas no nacen en naves industriales gestantes. Mientras tanto, las &eacute;lites mundiales, normalmente bastante irracionales e injustas, no acaban de gestionar con amorosa humanidad el cuerpo y lo demogr&aacute;fico y, menos a&uacute;n, los derechos humanos, de cuya violaci&oacute;n alertan cuerpos masacrados, torturados, heridos, desaparecidos, discriminados, explotados, mermados, contaminados, intoxicados, por distintas y seculares violencias.
    </p><p class="article-text">
        No me explico la raz&oacute;n de no otorgar su esencial sitio al cuerpo: que si importan m&aacute;s la mente, la capacidad de pensar y razonar; que si el esp&iacute;ritu y las almas residenciados en lo ignoto; que si el m&aacute;s all&aacute;. &iexcl;Alto aqu&iacute;! Repasar&eacute; lo escrito arriba. Es l&oacute;gico que como animales racionales concedamos al pensamiento su pedestal, a pesar de que cuanto se piensa y se promete acaba demasiadas veces en el reino de lo inacabado, lo frustrado, lo desnaturalizado, lo c&iacute;nicamente pervertido, lo descafeinado de sus ambiciosas intenciones. Sin embargo, tanto esfuerzo en desviar la m&aacute;s inteligente, profunda y siempre actualizada atenci&oacute;n al cuerpo levanta sospechas.
    </p><p class="article-text">
        Revela, en fin, que las fuerzas que se arrogan la construcci&oacute;n de moldes con los que dirigir y explicar el curso de la historia pretenden escamotear lo corporal, hurtarnos nuestra soberan&iacute;a, individual y de especie, sobre el cuerpo. Lo que incluye una tarea &eacute;tica y consciente de abrir debates sobre nuevas corporeidades, en relaci&oacute;n al cuerpo humano gen&eacute;ticamente modificado, hibridado con tecnolog&iacute;as, longevo como quiz&aacute;s ilusoriamente desean presidentes a&ntilde;osos de grandes potencias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es curioso c&oacute;mo triunfa una renacida espiritualidad -se mira al cielo y a lo mejor se nos pasan cambios trascendentes que se est&aacute;n dando en lo terrenal-. C&oacute;mo la IA se presenta, en general, cual genio de una l&aacute;mpara maravillosa, casi inmaterial, cuando tras ella existen toneladas de materias primas y cantidades inmensas de energ&iacute;a. Da que pensar c&oacute;mo lo rob&oacute;tico avanza desde de los drones hacia los asistentes de compa&ntilde;&iacute;a con forma humana para personas mayores o los atletas imbatibles dise&ntilde;ados por China. Parecen entes o bien juguetes de remota aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica. &iquest;Pero es realmente as&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        Lo empaquetan todo, m&aacute;s o menos, donde la ciencia ficci&oacute;n -siempre visionaria-, y lindando con parcelas filos&oacute;ficas posthumanistas que, personalmente, no acabo de ver claras, pero el cuerpo humano, sus extensiones artificiales y la decisi&oacute;n de otorgar o no corporeidad humanoide a la inteligencia artificial o bajo cu&aacute;les condiciones hacerlo, es la cuesti&oacute;n medular de este siglo. Que no decidan sin consultarnos. La &eacute;tica, la ciencia, la democracia tienen que ir de la mano. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Fernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/tenden-ciosa/cuerpo_132_13319800.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Jun 2026 08:55:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ser y cuerpo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[opinión,inteligencia artificial,sociedad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escuelas de música]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/escuela-musica_132_13317569.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/280428c5-3dec-4907-a016-42982020947f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Escuelas de música"></p><p class="article-text">
        El pasado mi&eacute;rcoles presenci&eacute; por primera vez en el sal&oacute;n de actos de la Diputaci&oacute;n el acto de fin de curso de la <em>Escuela de M&uacute;sica de C&oacute;rdoba</em>, una escuela de iniciativa privada que dirige la pianista rusa Tatiana Karzhina, afincada en nuestra ciudad desde hace veinticinco a&ntilde;os. El coro &ldquo;Soy tu Voz&rdquo;, al que pertenezco desde hace s&oacute;lo unos d&iacute;as, hab&iacute;a sido invitado a cerrar el acto, y por eso tuve ocasi&oacute;n de escuchar a los distintos alumnos de la Escuela.
    </p><p class="article-text">
        El acto me sorprendi&oacute; gratamente y me llam&oacute; la atenci&oacute;n por varias razones. La primera, sin duda, por el resultado del trabajo bien hecho con los alumnos, que se reflejaba en actuaciones verdaderamente brillantes: algunas al piano, otras con instrumentos de viento (como el tromb&oacute;n de varas) y cuerda (viol&iacute;n y guitarra) o de percusi&oacute;n. Hubo, adem&aacute;s, interpretaciones de canto con arias de &oacute;pera, tangos o alguna canci&oacute;n regional.
    </p><p class="article-text">
        La segunda raz&oacute;n radica en la dimensi&oacute;n pedag&oacute;gica de este tipo de escuelas, mostrando ser un aut&eacute;ntico centro de formaci&oacute;n, donde prima sobre todo el esfuerzo sin importar la mayor o menor calidad del alumno para salir al escenario. Hubo alguno que incluso se qued&oacute; bloqueado en medio de la actuaci&oacute;n, pero no importaba, pues ah&iacute; estaba Tatiana para transmitirle calma.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, me llam&oacute; la atenci&oacute;n la muestra intergeneracional de la Escuela, con int&eacute;rpretes muy j&oacute;venes, a&uacute;n adolescentes, junto a adultos que casi rozaban los cincuenta a&ntilde;os. Tambi&eacute;n jubilados que descubr&iacute;an por primera vez la m&uacute;sica o la retomaban como afici&oacute;n nunca desarrollada. Tampoco faltaban quienes ya en la senectud siguen gozando del canto, aunque su voz ya no sea la de sus a&ntilde;os juveniles.
    </p><p class="article-text">
        Verdaderamente emotiva fue la actuaci&oacute;n de Antonio, el alumno de m&aacute;s edad de la Escuela, con m&aacute;s de 90 a&ntilde;os y con dificultades para subir las escaleras del escenario. Cant&oacute; la estremecedora canci&oacute;n rusa &ldquo;Las grullas&rdquo;, un homenaje del poeta Rasul Gamzatov (de la regi&oacute;n caucasiana de Daguest&aacute;n), con m&uacute;sica del ucranio Yan Frenkel, a los soldados que quedan insepultos en el campo de batalla y que se convierten en grullas para que no nos olvidemos de ellos y est&eacute;n siempre en nuestro recuerdo.
    </p><p class="article-text">
        Es un lujo tener en C&oacute;rdoba escuelas de m&uacute;sica de iniciativa privada como &eacute;sta de la profesora Tatiana Karzhina, y otras que me constan existen en nuestra ciudad, pues ejercen una interesante funci&oacute;n complementaria de los conservatorios profesionales y superiores. Y es un lujo no s&oacute;lo por lo que ellas significan de ense&ntilde;anza de la m&uacute;sica, sino por lo que suponen tambi&eacute;n de aprendizaje en valores.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro coro cerr&oacute; el acto con cuatro canciones (Branquias, Mar&iacute;a La Portuguesa, Granada y Nese Galia Vodu), dirigidas por Alexander Dolgov, tambi&eacute;n afincado en nuestra ciudad desde hace treinta a&ntilde;os, y capaz de convertir, con su saber y bonhom&iacute;a, &ldquo;Soy tu Voz&rdquo; en una gran familia.
    </p><p class="article-text">
        Fue una tarde de homenaje a la m&uacute;sica, al talento, sin duda. Pero tambi&eacute;n un tributo a la pasi&oacute;n de quienes ven en el hecho de cantar o tocar un instrumento el modo de sentir emociones o descubrir vocaciones dormidas. O tambi&eacute;n, por qu&eacute; no, un tributo a quienes ven en la m&uacute;sica la ocasi&oacute;n de reinventarse cuando la vida les ha golpeado y sienten la necesidad de encontrar un camino para reanudarla.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de escuelas ofrecen la oportunidad para todo ello, aprovech&eacute;moslas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Moyano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/los-astros-y-los-dias/escuela-musica_132_13317569.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2026 18:01:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Escuelas de música]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Crees que te afectará la subida del tipos de interés del BCE?]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/mi-educacion-financiera/crees-afectara-subida-tipos-interes-bce_132_13310821.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5da242d0-3ea1-47ef-a285-12ce86c432b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Crees que te afectará la subida del tipos de interés del BCE?"></p><p class="article-text">
        El panorama de la vivienda en Espa&ntilde;a acaba de dar un giro importante. Tras tres a&ntilde;os de tregua, el Banco Central Europeo (BCE) no nos ha&nbsp;sorprendido con una <strong>subida de los tipos de inter&eacute;s de 25 puntos b&aacute;sicos, situ&aacute;ndolos en el 2,25%</strong> que ya se anticipaba.
    </p><p class="article-text">
        El Eur&iacute;bor, &iacute;ndice al que se referencian las hipotecas a tipo de inter&eacute;s variable en Espa&ntilde;a, ya cerr&oacute; <strong>mayo por encima del 2,80</strong>%, afectar&aacute; en la pr&oacute;xima revisi&oacute;n a todos los que tengan una hipoteca a tipo de inter&eacute;s variable o tipo mixto y les toque revisar.
    </p><p class="article-text">
        Esta decisi&oacute;n llega forzada por las tensiones geopol&iacute;ticas en Oriente Pr&oacute;ximo y el encarecimiento de la energ&iacute;a, factores que han disparado las previsiones de inflaci&oacute;n en la eurozona hasta el 3% para este a&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Te afecta si tienes o buscas hipoteca?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La respuesta r&aacute;pida ser&iacute;a, s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        El impacto en la financiaci&oacute;n, tanto para familias como para empresas,&nbsp;es inmediato y endurecer&aacute; las condiciones de los pr&eacute;stamos:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Hipotecas variables:</strong> Si te toca revisi&oacute;n en los pr&oacute;ximos meses, prep&aacute;rate para un incremento en tu cuota mensual.&nbsp;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        El Eur&iacute;bor reaccionar&aacute; al alza contagiado por este movimiento del BCE, de hecho ya se ha ido anticipando y no es descabellado que llegue a tocar el 3%.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Hipotecas fijas y mixtas:</strong> Los bancos ya est&aacute;n encareciendo su oferta comercial.&nbsp;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Si estabas negociando una hipoteca, las tasas atractivas que ve&iacute;amos meses atr&aacute;s por debajo del 2% ya han empezado a desaparecer r&aacute;pidamente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; pasar&aacute; con el precio de la vivienda?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aunque el encarecimiento de los pr&eacute;stamos hipotecarios suele enfriar la demanda de compra, los precios en Espa&ntilde;a muestran una resistencia tremenda tras encadenar subidas de doble d&iacute;gito en el arranque del a&ntilde;o por la falta de oferta de viviendas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a partir de ahora entraremos en una fase de <strong>frenazo en el volumen de compraventas</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Al costar m&aacute;s financiarse, muchos compradores particulares se ver&aacute;n expulsados del mercado, lo que a medio plazo deber&iacute;a estabilizar los precios o, al menos, frenar su escalada agresiva en las principales capitales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El precio de la vivienda impide que con un sueldo medio se pueda ahorrar el 30% necesario para poder optar a solicitar una hipoteca a unos precios prohibitivos para la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pasar&aacute; hasta final de este a&ntilde;o 2026?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier León]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/mi-educacion-financiera/crees-afectara-subida-tipos-interes-bce_132_13310821.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jun 2026 17:59:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Crees que te afectará la subida del tipos de interés del BCE?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,hipoteca,Economia,opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Alguien entiende algo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/analisis-morfoilogico/alguien-entiende_132_13309982.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6a3983cd-e7dd-4d9a-8572-220816e9a9dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Alguien entiende algo?"></p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El Ayuntamiento ofrece 300.000 euros por los tres cines de verano</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Miguel Ángel Torrico</span>
                                        <span>—</span> Portavoz del Gobierno municipal
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Usted lee el entrecomillado que encabeza la p&aacute;gina y se siente orgulloso del compromiso de su Ayuntamiento con la cultura. S&iacute;, se&ntilde;or. Un equipo de gobierno que defiende una tradici&oacute;n popular arraigada desde hace d&eacute;cadas y la blinda frente a la especulaci&oacute;n inmobiliaria y el fen&oacute;meno creciente de la gentrificaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No hace falta que les recuerde las virtudes excepcionales del cine de verano. La cervecita fresca a la ca&iacute;da de la tarde, las patatas fritas de Moyano, el cielo abierto en pleno casco urbano, la brisa sanadora de agosto y Harrison Ford desafiando uno tras otro los contratiempos del celuloide. Eso sin contar los beneficios clim&aacute;ticos de ese inmenso oasis sin asfaltar y los usos deportivos, sociales y vecinales de un espacio privilegiado en el centro hist&oacute;rico.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien. Ese es el titular. La realidad, en cambio, es un sainete. El Ayuntamiento, en efecto, ofreci&oacute; la semana pasada al nuevo propietario de los cines 300.000 euros por adquirirlos. Eso es cierto. Pero lo hizo tres meses despu&eacute;s de renunciar al derecho municipal de tanteo y retracto que le asiste por tratarse de bienes protegidos. Y un a&ntilde;o despu&eacute;s de que sus anteriores propietarios le ofrecieran igualmente comprar los tres cines por 400.000 euros, seg&uacute;n certifica un escrito con registro de entrada el 3 de marzo de 2025 firmado por Esplendor Cinemas.
    </p><p class="article-text">
        Es decir: en poco m&aacute;s de un a&ntilde;o, el Ayuntamiento de C&oacute;rdoba ha rechazado ejercer su derecho al tanteo y retracto para incorporar al patrimonio p&uacute;blico un tesoro cultural de valor incalculable. Desde el fallecimiento de Mart&iacute;n Ca&ntilde;uelo, hace tres a&ntilde;os, la pervivencia de los tres cines de verano pende de un hilo. En todo este tiempo, nuestro excelent&iacute;simo equipo de Gobierno se ha dedicado a jugar al despiste. Eso en el mejor de los casos. En el peor, ha empleado el dinero de los contribuyentes en financiar festivales privados de m&uacute;sica con sumas que multiplican por cuatro el precio de los cines.
    </p><p class="article-text">
        Y usted se preguntar&aacute;: si el Ayuntamiento ofrece 300.000 euros por los tres cines, &iquest;por qu&eacute; diablos no los compra? Muy sencillo: porque ya no valen 300.000 euros. Su nuevo propietario adquiri&oacute; los solares por esa cantidad en marzo pasado y el se&ntilde;or alcalde rechaz&oacute; comprarlos cuando ten&iacute;a derecho preferente. &iquest;Por qu&eacute;? No tenemos la menor idea. &iquest;Y por qu&eacute; quiere comprarlos ahora? Averig&uuml;e usted.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que cuando sent&oacute; al titular de los cines la semana pasada en el despacho municipal, el se&ntilde;or Amil le inform&oacute; de que ya ten&iacute;a sobre la mesa una oferta por 850.000 euros del ala. Si el alcalde Bellido fuera un agente inmobiliario, a estas horas estar&iacute;a vendiendo palomitas en la Feria.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No vamos a entrar en la subasta&rdquo;, asegur&oacute; sin mover un m&uacute;sculo de la cara el portavoz municipal, se&ntilde;or Torrico. Para tratarse de un partido que abraza con frenes&iacute; la econom&iacute;a de mercado, nuestro excelent&iacute;simo Gobierno local no parece haber demostrado demasiada habilidad en el arte de la compraventa. Mientras tanto, todo parece indicar que este a&ntilde;o tampoco habr&aacute; cervecita fresca a la luz de la luna. Y ya van dos. &iquest;Alguien entiende algo?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Aristóteles Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/analisis-morfoilogico/alguien-entiende_132_13309982.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jun 2026 04:00:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Alguien entiende algo?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mundiales]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/audiencia-publica/mundiales_132_13307894.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4db5b1c8-bb1f-4867-80e9-e51604e8cf94_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mundiales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Se puede ser m&aacute;s o menos futbolero, pero es dif&iacute;cil discutir que acontecimientos como los mundiales &mdash;ocurre algo parecido con los juegos ol&iacute;mpicos&mdash; sirven para ir configurando, poco a poco, el calendario de recuerdos en el que, d&iacute;a tras d&iacute;a, se va convirtiendo nuestra vida.
    </p><p class="article-text">
        El primer mundial del que tengo constancia plena es el de Italia 90. Ten&iacute;a diez a&ntilde;os y vi los partidos &mdash;no me pregunten por alineaciones o por resultados, ni me interesaban entonces ni tampoco ahora&mdash; en la peque&ntilde;a tienda de electrodom&eacute;sticos que ten&iacute;a mi padre, concretamente en alguno de aquellos televisores con enormes tubos de imagen cuyos principales atractivos y novedades para la clientela eran que contaban con mando a distancia y que se ve&iacute;an en perfecto color, ideal para el verde del c&eacute;sped.
    </p><p class="article-text">
        Ninguno de los dos era muy aficionado al &ldquo;deporte rey&rdquo;, pero cada cuatro a&ntilde;os esa cita, aunque fuera de fondo mientras nos ocup&aacute;bamos de otras tareas, iba marcando el paso del tiempo: los siguientes dos mundiales &mdash;USA y Francia&mdash; me pillaron en el instituto, el de Corea en la universidad y as&iacute; sucesivamente con otros tantos momentos relevantes: mis primeros juicios, los primeros pasos de mis hijas, promesas incumplidas, peligros que no se materializaron, grandes derrotas y peque&ntilde;as victorias. D&iacute;as de espinas y rosas.
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo, vamos descubriendo que ni avanzamos en l&iacute;nea recta ni nos movemos en c&iacute;rculos. Casi nada en esta vida, aunque nos empe&ntilde;emos, se deja atrapar en conceptos cerrados, y vivir parece que conjuga, entre otras cosas, un poco de aquellas dos alternativas: creemos que nos movemos hacia delante &mdash;y de alguna manera lo hacemos&mdash;, pero tambi&eacute;n volvemos una y otra vez a los mismos lugares y a los mismos momentos, que, aunque nos resultan familiares, ya no son exactamente iguales. Cada verano que retorna se asemeja y es diferente al anterior; cada invierno trae un fr&iacute;o que nos recuerda al pasado, pero que nos va helando de una forma desconocida hasta entonces. Pareciera, pues, que vivir es caminar en espiral, avanzar dando c&iacute;rculos, pasar una y otra vez por una casilla de salida que es y que no es la que cre&iacute;amos conocer. 
    </p><p class="article-text">
        Este mundial, como todos, tiene su repetici&oacute;n y su novedad. Es el primero en el que mi padre no est&aacute;. Y, por esta vez, s&iacute; que me doy cuenta de que ya nada va a ser siempre igual. Que la vida va en serio &mdash;escribi&oacute; el poeta&mdash; uno lo empieza a comprender demasiado tarde. 
    </p><p class="article-text">
        Disfruten de este Mundial 2026. Habr&aacute; otros similares, pero pueden ser muy distintos a este. Lo de menos es el f&uacute;tbol.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Vilaplana]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/audiencia-publica/mundiales_132_13307894.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Jun 2026 18:01:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mundiales]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Córdoba 2026: ¿ciudad soberana o colonia de Silicon Valley?]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/el-blog-del-lector/cordoba-2026-ciudad-soberana-colonia-silicon-valley_132_13301843.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c253fb41-ce3f-44c4-a3e5-99e24e42345e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Córdoba 2026: ¿ciudad soberana o colonia de Silicon Valley?"></p><p class="article-text">
        C&oacute;rdoba es una superposici&oacute;n de civilizaciones, un palimpsesto de estratos que comienza con el comercio tart&eacute;sico de metales y alcanza hoy su capa digital. Bajo el modelo de Smart City, este nuevo estrato pretende erigirse como una malla invisible que promete optimizar recursos mediante la interconexi&oacute;n de datos, pero plantea una duda razonable: &iquest;es la tecnolog&iacute;a un medio para el ciudadano o un fin para la captura de soberan&iacute;a t&eacute;cnica? En la pr&aacute;ctica, la Smart City se despliega como un stack o pila de capas tecnol&oacute;gicas que van desde los sensores en nuestras calles hasta la inteligencia artificial que toma decisiones. El riesgo no es la tecnolog&iacute;a en s&iacute;, sino que este &laquo;cerebro digital&raquo; se convierta en una infraestructura cerrada. C&oacute;rdoba corre el riesgo de pasar de ser una ciudad soberana a ser una ciudad gestionada bajo licencia. 
    </p><p class="article-text">
        El objetivo de este escrito es analizar c&oacute;mo este modelo digital cambia la naturaleza ontol&oacute;gica de C&oacute;rdoba; es decir, la esencia misma de lo que significa ser una ciudad. Debemos comprender que hoy, al mismo tiempo que se construye una calle o se instala una infraestructura, se est&aacute; creando un espacio p&uacute;blico virtual. Esta dimensi&oacute;n no es una ficci&oacute;n; es una expansi&oacute;n de la realidad de C&oacute;rdoba que agranda nuestra ciudad hacia lo digital. Como advierte el experto en soberan&iacute;a tecnol&oacute;gica Evgeny Morozov, el peligro es que no estamos viendo este nuevo territorio como lo que es: un espacio p&uacute;blico. Al contratar servicios que dependen de las Big Tech (gigantes de Silicon Valley como Google, Microsoft o Amazon) para gestionar estos datos, el Ayuntamiento cede la soberan&iacute;a de un espacio que deber&iacute;a ser tan p&uacute;blico como el suelo que pisamos. 
    </p><p class="article-text">
        Si este modelo de dependencia le resulta familiar, es porque nuestra tierra lleva dos mil a&ntilde;os sufriendo la misma maldici&oacute;n extractiva. El paralelismo entre los algoritmos actuales y la gesti&oacute;n del mineral en la Corduba romana es asombroso. En el siglo I d.C., la tecnolog&iacute;a punta era el conocimiento metal&uacute;rgico para fundir el cobre de nuestra Sierra: el aes Cordubense. Los yacimientos de Cerro Muriano o las fundiciones de Trassierra no eran de los cordobeses, sino de los publicani (grandes sociedades de capitalistas de Roma) gestionados por conductores (contratistas privados) que actuaban como las Big Tech de hoy. Pero la red era a&uacute;n m&aacute;s vasta: en el norte de la provincia, el yacimiento de Do&ntilde;a Rama (Belmez) revela que &eacute;ramos el principal polo de plomo del mundo occidental. Lingotes marcados con las siglas &laquo;S S&raquo; de la Societas Sisaponensis, una poderosa corporaci&oacute;n citada por Cicer&oacute;n, demuestran que C&oacute;rdoba era el cerebro log&iacute;stico de una red que exportaba recursos por todo el Mediterr&aacute;neo. Seg&uacute;n investigaciones de la UCO, esta empresa ten&iacute;a su capital y sede en Corduba, desplegando una compleja infraestructura de personas y recursos entre el Guadiato y el Valle de Alcudia. C&oacute;rdoba pon&iacute;a el mineral y el sudor; Roma y las corporaciones se quedaban con el valor a&ntilde;adido de la moneda y el control de la red.&ldquo; 
    </p><p class="article-text">
        En el siglo X, C&oacute;rdoba rompi&oacute; este ciclo convirti&eacute;ndose en un centro de soberan&iacute;a del conocimiento. Aquella Qurtuba fue una &laquo;Smart City&raquo; primitiva: mientras el resto de Europa carec&iacute;a de infraestructuras b&aacute;sicas, nuestra ciudad dise&ntilde;aba su propia inteligencia urbana. Un ejemplo magistral es la Noria de la Albolafia, una proeza de ingenier&iacute;a que alimentaba una red hidr&aacute;ulica propia, o el sofisticado sistema de alcantarillado y pavimentaci&oacute;n que hac&iacute;a de C&oacute;rdoba una ciudad funcional. Aquella tecnolog&iacute;a no era alquilada; era fruto de un saber local que se exportaba al mundo. Sin embargo, en 1856, la historia volvi&oacute; a la senda extractiva con el tren. Mientras la ingenier&iacute;a brit&aacute;nica de Cochrane &amp; Co. levantaba estructuras como el popularmente conocido puente de Hierro sobre el arroyo de Pedroches, alzado en 1873 en las inmediaciones de Mirabueno, grandes compa&ntilde;&iacute;as de capital extranjero como la MZA se hac&iacute;an con las concesiones. En este mismo entorno de Chinales, el escoc&eacute;s Duncan Shaw fundaba en 1861 la F&aacute;brica de Plomo de Pozo Ancho, una industria que durante casi un siglo extrajo valor dejando tras de s&iacute; hitos como el cementerio protestante del Arroyo de las Piedras para sus empleados ingleses. C&oacute;rdoba puso la tierra y la mano de obra, pero el &laquo;cerebro&raquo; del negocio y los beneficios viajaron de vuelta a los bancos de Londres y Par&iacute;s. Cuando el modelo entr&oacute; en crisis, las empresas se marcharon dejando una infraestructura obsoleta que el Estado tuvo que nacionalizar en 1941, dando origen a la RENFE, mientras la fundici&oacute;n de Shaw era finalmente derribada en 1959. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy, en 2026, el mineral es nuestra existencia misma convertida en c&oacute;digo. Para entenderlo, basta observar nuestra &laquo;sombra digital&raquo; cotidiana. Al caminar por C&oacute;rdoba, generamos una media de 288 registros de nuestra ubicaci&oacute;n exacta al d&iacute;a. Al entrar en el casco hist&oacute;rico, una red de cerca de un centenar de sensores y c&aacute;maras inteligentes, financiada con fondos europeos para convertirnos en un &laquo;Destino Inteligente&raquo;, procesa ya nuestra presencia. En milisegundos, el sistema descompone la imagen: estima la edad, registra el color o la marca de nuestra ropa, e identifica si portamos un tel&eacute;fono m&oacute;vil en la mano o una bolsa de una compra reciente. Esta densa malla, que suma desde las c&aacute;maras de control de acceso hasta los nuevos dispositivos 360&ordm; dotados de inteligencia artificial, no busca nuestra seguridad, sino convertir nuestro movimiento en un flujo de datos predecible.
    </p><p class="article-text">
        Esta transformaci&oacute;n no es una hip&oacute;tesis; ya opera de forma silenciosa en los 100.000 contadores de Emacsa (bajo tecnolog&iacute;a de Schneider Electric y AVEVA), en los 1.000 sensores de SADECO y en los 220 cruces semaf&oacute;ricos inteligentes. C&oacute;rdoba est&aacute; siendo diseccionada en bits antes de que hayamos decidido qui&eacute;n posee el bistur&iacute;. Al delegar la gesti&oacute;n de estos servicios esenciales en algoritmos opacos, el Ayuntamiento privatiza de facto la l&oacute;gica de funcionamiento de nuestra propia infraestructura. La eficiencia t&eacute;cnica es hoy el envoltorio de una renuncia: la entrega de nuestra biograf&iacute;a urbana a una inteligencia alquilada que decide, sin transparencia, c&oacute;mo fluye el agua o c&oacute;mo se recoge nuestra basura. 
    </p><p class="article-text">
        Esta din&aacute;mica se observa en diversos nodos donde el suelo p&uacute;blico y la tecnolog&iacute;a privada convergen. En centros deportivos como GO fit, la infraestructura t&eacute;cnica permite una monitorizaci&oacute;n constante a trav&eacute;s de llaves digitales y lectores de huella dactilar. Debemos entender que estos registros biom&eacute;tricos no son simples llaves de paso; son par&aacute;metros de nuestra salud, nuestro esfuerzo, frecuencia card&iacute;aca y rendimiento,  convertidos en datos. Este uso de la biometr&iacute;a sit&uacute;a al centro en una zona de alta fricci&oacute;n legal: seg&uacute;n la normativa vigente de la Agencia Espa&ntilde;ola de Protecci&oacute;n de Datos (AEPD), la obligatoriedad de la huella es sancionable si no se ofrece una alternativa no invasiva al usuario. Cualquier abonado tiene el derecho de exigir un m&eacute;todo de acceso que no capture su identidad biol&oacute;gica, como una tarjeta f&iacute;sica o un c&oacute;digo, obligando al centro a ofrecer una opci&oacute;n que respete la soberan&iacute;a que empieza, literalmente, en la punta de nuestros dedos. Al vincularse a Mutua Madrile&ntilde;a, el sistema cae bajo la Ley de IA de la UE (AI Act). La gravedad es m&aacute;xima: nuestra biometr&iacute;a y datos de salud viajan a servidores en Italia para ser procesados fuera de nuestra jurisdicci&oacute;n. C&oacute;rdoba exporta el pulso de sus ciudadanos a miles de kil&oacute;metros, un flujo invisible que el Anexo III (5.b) de la normativa clasifica como de &laquo;alto riesgo&raquo; por su potencial impacto en la valoraci&oacute;n de perfiles financieros. 
    </p><p class="article-text">
        Es imperativo aclarar que no se trata de una acusaci&oacute;n de uso, sino de se&ntilde;alar una arquitectura de riesgo que requiere transparencia absoluta. Especial atenci&oacute;n merece la infancia en programas como GO fit Kids, donde la normalizaci&oacute;n de la biovigilancia debe ser auditada bajo el prisma de los derechos del menor. Del mismo modo, en grandes superficies como El Corte Ingl&eacute;s o La Sierra, tecnolog&iacute;as de WiFi Tracking mapean nuestros recorridos, convirtiendo el derecho a la ciudad en un producto de mercado. 
    </p><p class="article-text">
        Pero la sombra digital llega hasta nuestras c&eacute;lulas. En el Imibic y el Biobanco del Hospital Reina Sof&iacute;a, miles de cordobeses entregamos nuestras muestras biol&oacute;gicas, desde nuestra sangre hasta tejidos de nuestros &oacute;rganos, para investigar enfermedades. Es un acto altruista, pero aqu&iacute; se produce la mayor &laquo;sustracci&oacute;n&raquo; de valor. El sistema funciona como una refiner&iacute;a: el ciudadano pone el ADN, el m&eacute;dico p&uacute;blico pone el trabajo, pero el producto final, el algoritmo que predice un tumor, acaba blindado por patentes extranjeras. Estamos regalando el &laquo;crudo&raquo; biol&oacute;gico para luego comprar la gasolina a precio de oro. Es la misma trampa de nuestro aceite de oliva: vendemos el granel para que otros lo envasen y nos lo vendan como lujo. 
    </p><p class="article-text">
        Es en este proceso de refinamiento donde reside la verdadera trampa del aprendizaje: el valor real para estas empresas no es el dato bruto de hoy, sino el Modelo Digital que esculpen con nosotros. Cada vez que el sistema &laquo;lee&raquo; nuestro esfuerzo en el gimnasio o nuestra respuesta a un tratamiento, su Inteligencia Artificial aprende. Una vez extra&iacute;da la esencia, la empresa puede permitirse el lujo de borrar nuestros registros para cumplir la ley; ya nos han vaciado de su verdadero valor. Se quedan con la L&oacute;gica del Modelo: una &laquo;m&aacute;quina de predecir&raquo; que es propiedad de grandes grupos corporativos. El dato es el rastro; el modelo es el due&ntilde;o del rastro. A este extractivismo se suma la Burbuja de Beneficios (Earnings Bubble), una espiral donde las Big Tech inflan sus balances compr&aacute;ndose servicios entre s&iacute;. Si estas tecnol&oacute;gicas extranjeras se vienen abajo por el estallido de una burbuja alimentada por la especulaci&oacute;n, C&oacute;rdoba corre el riesgo de repetir el error del ferrocarril de 1859. Aquella inversi&oacute;n p&uacute;blica millonaria, realizada en plena fiebre de capitales privados, nos dej&oacute; una red fragmentada y una soberan&iacute;a secuestrada por entidades en quiebra que el Estado tuvo que rescatar d&eacute;cadas despu&eacute;s. Hoy, el peligro es el mismo: financiar con dinero p&uacute;blico, esos 7,6 millones de euros de fondos europeos, una infraestructura de sensores y algoritmos que, si la burbuja estalla, se convertir&aacute; en un cementerio de chatarra digital; una ciudad cuya gesti&oacute;n b&aacute;sica habr&aacute; quedado hu&eacute;rfana de inteligencia propia y atrapada en una &laquo;caja negra&raquo; sin soporte t&eacute;cnico. 
    </p><p class="article-text">
        Frente a esta inercia, hoy emerge la alternativa soberana: el proyecto ALIA. Esta infraestructura p&uacute;blica de IA, desarrollada en el Barcelona Supercomputing Center (Centro Nacional de Supercomputaci&oacute;n), permite que instituciones como la Universidad de C&oacute;rdoba (UCO) desarrollen soluciones locales utilizando una base tecnol&oacute;gica auditable. Sin embargo, la soberan&iacute;a real no es un simple cambio de manos del dato; para evitar que la dictadura corporativa sea sustituida por una sinarqu&iacute;a burocr&aacute;tica, este estrato digital debe ser radicalmente abierto y auditable por la sociedad civil. Debemos comprender que la soberan&iacute;a no se alquila al Estado, se ejerce desde la propiedad f&iacute;sica y criptogr&aacute;fica del dato por parte del individuo. Solo bajo este control ciudadano cobra sentido el potencial de este modelo: si un cordob&eacute;s pudiera integrar sus datos biom&eacute;tricos de GO fit en su Carpeta Ciudadana, ese rastro dejar&iacute;a de ser un activo cautivo en un silo privado y pasar&iacute;a a ser una herramienta de autonom&iacute;a personal. La soberan&iacute;a real implica el derecho a la trazabilidad y propiedad del dato: que cada registro generado por el ciudadano lleve una marca de origen que lo identifique como su due&ntilde;o leg&iacute;timo.  
    </p><p class="article-text">
        Esto permitir&iacute;a una portabilidad efectiva: que el ciudadano pueda descargar su historial cl&iacute;nico y deportivo de su gimnasio en un formato abierto y seguro para llevarlo a su m&eacute;dico de elecci&oacute;n o a centros de an&aacute;lisis independientes, permitiendo que su informaci&oacute;n sea analizada por quien &eacute;l decida y no solo por el algoritmo que la captur&oacute;. Al poseer el dato y su clave de cifrado, el cordob&eacute;s deja de ser un sujeto monitorizado para ser el due&ntilde;o de su biograf&iacute;a cl&iacute;nica. Incluso la sanidad local, nutri&eacute;ndose directamente de la inteligencia procesada en este Nodo de Soberan&iacute;a Local, podr&iacute;a proponer chequeos preventivos a colectivos con riesgo cardiovascular bas&aacute;ndose en patrones de actividad real. C&oacute;rdoba debe usar el proyecto ALIA para crear este Modelo Digital Local.  
    </p><p class="article-text">
        Nos acercamos a un horizonte decisivo. En agosto de 2026, cuando finalicen los plazos de implantaci&oacute;n de estos sistemas, el Ayuntamiento tendr&aacute; la &uacute;ltima oportunidad de ser garante de esta soberan&iacute;a mediante la Auditor&iacute;a de Algoritmos, la creaci&oacute;n de Nodos de Soberan&iacute;a Local y la Protecci&oacute;n del Aprendizaje. La plataforma digital &uacute;nica de 7,6 millones de euros no puede ser el precio de nuestra servidumbre. Si C&oacute;rdoba protege con celo sus cuatro declaraciones de Patrimonio de la Humanidad, es hora de entender que este estrato digital es nuestra herencia presente. Por ello, el &laquo;Modelo Digital de C&oacute;rdoba&raquo; debe ser declarado Bien de Inter&eacute;s P&uacute;blico. No podemos permitir que el espejo matem&aacute;tico de nuestra ciudad sea una propiedad privada. Una ciudad que fue faro del conocimiento en el siglo X no puede permitirse ser una colonia digital en el siglo XXI. La &laquo;inteligencia&raquo; de nuestra ciudad debe ser patrimonio de sus ciudadanos, y nuestra biometr&iacute;a una propiedad privada e inalienable, o ser&aacute; una nueva forma de servidumbre. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pancho Gamero, Blogópolis Opinión]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/el-blog-del-lector/cordoba-2026-ciudad-soberana-colonia-silicon-valley_132_13301843.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2026 17:57:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El odio de la extrema derecha también monetiza]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/el-dique/odio-extrema-derecha-monetiza_132_13302768.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/264629d1-0c66-4b88-9cda-32c9e5e7b0d6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El odio de la extrema derecha también monetiza"></p><p class="article-text">
        El odio pol&iacute;tico contempor&aacute;neo no circula solamente como ideolog&iacute;a. Circula tambi&eacute;n como mercanc&iacute;a. La extrema derecha digital no se limita a producir discursos racistas, mis&oacute;ginos, xen&oacute;fobos, transf&oacute;bicos, islam&oacute;fobos o autoritarios. Tambi&eacute;n produce atenci&oacute;n, tr&aacute;fico, datos, audiencias, segmentaci&oacute;n y beneficio econ&oacute;mico. Su poder no reside &uacute;nicamente en lo que dice, sino en la capacidad de convertir el resentimiento en interacci&oacute;n, y la interacci&oacute;n en valor.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo, el discurso de odio fue entendido sobre todo como un problema moral, jur&iacute;dico o pol&iacute;tico. Se preguntaba qui&eacute;n insultaba, qui&eacute;n amenazaba, qui&eacute;n discriminaba y qu&eacute; limites deb&iacute;a imponer la Ley o la esfera p&uacute;blica. Pero en la era de las plataformas digitales, esa pregunta resulta insuficiente.&nbsp;Tambi&eacute;n hay que preguntar qui&eacute;n gana dinero cuando el odio se viraliza. Qui&eacute;n se beneficia de la indignaci&oacute;n permanente. Qui&eacute;n monetiza el miedo al inmigrante, la obsesi&oacute;n con el cuerpo de las mujeres, la persecuci&oacute;n de las personas trans, la islamofobia, el antisemitismo, el racismo o la nostalgia autoritaria.
    </p><p class="article-text">
        El odio de la extrema derecha se ha adaptado perfectamente a la econom&iacute;a de la atenci&oacute;n. Las plataformas digitales premian aquello que retiene al usuario, provoca reacci&oacute;n y genera circulaci&oacute;n. El contenido extremo, escandaloso o humillante suele producir m&aacute;s comentarios, m&aacute;s respuestas, m&aacute;s r&eacute;plicas y m&aacute;s tiempo de permanencia. La indignaci&oacute;n funciona como combustible. El insulto se convierte en engagement.&nbsp;La provocaci&oacute;n se convierte en estrategia. El enemigo pol&iacute;tico se convierte en recurso narrativo.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de afirmar que las plataformas &ldquo;inventaron&rdquo; la extrema derecha. Ser&iacute;a una explicaci&oacute;n simple y falsa, ya que las tradiciones autoritarias, racistas y nacionalistas tienen una historia larga. Lo que ha cambiado es el ecosistema t&eacute;cnico y econ&oacute;mico en el que esas tradiciones circulan. Hoy, el odio puede ser empaquetado como contenido, distribuido como entretenimiento, medido como rendimiento y monetizado como audiencia. La violencia simb&oacute;lica encuentra as&iacute; una infraestructura especialmente eficaz.
    </p><p class="article-text">
        La extrema derecha digital conoce bien esa l&oacute;gica. Por eso muchas de sus formas actuales no aparecen siempre como propaganda explicita. A menudo se presentan como humor, iron&iacute;a, datos, defensa de la libertad de expresi&oacute;n, protecci&oacute;n de la infancia, critica a lo &ldquo;pol&iacute;ticamente correcto&rdquo; o simple &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo;. Esta ambig&uuml;edad es rentable. Permite decir y desmentir al mismo tiempo. Permite atacar cuerpos y colectivos concretos mientras se conserva una apariencia de debate leg&iacute;timo. Permite activar a una comunidad militante y, simult&aacute;neamente, atraer a un p&uacute;blico m&aacute;s amplio mediante la provocaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El meme, el video corto, el directo, el titular incendiario, el podcast conspirativo o la cuenta an&oacute;nima forman parte de un mismo circuito. En ese circuito, cada cuerpo convertido en amenaza produce valor. El migrante es presentado como invasor; la persona trans, como peligro para infancia; la feminista, como enemiga de los hombres; el musulm&aacute;n, como amenaza civilizatoria; el pobre como carga; el joven racializado, como sospechoso. Estos cuerpos no s&oacute;lo son odiados, son utilizados como materia prima de una econom&iacute;a pol&iacute;tica del miedo.
    </p><p class="article-text">
        La monetizaci&oacute;n del odio opera en varios niveles. En primer lugar, mediante publicidad y tr&aacute;fico. Los contenidos extremistas o paraextremistas generan visitas, visualizaciones, suscripciones y presencia continua. Incluso cuando son criticados, amplificados o denunciados, pueden beneficiarse de la circulaci&oacute;n que producen. La l&oacute;gica de la pol&eacute;mica favorece al provocador. Cuanto m&aacute;s rechazo genera, m&aacute;s visible se vuelve.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, el odio monetiza mediante la construcci&oacute;n de marcas personales. Influencers pol&iacute;ticos, comentaristas, agitadores digitales o supuestos &ldquo;disidentes&rdquo; convierten la radicalizaci&oacute;n en identidad comercial. Venden libros, cursos, conferencias, canales privados, productos, consultor&iacute;as, donaciones o acceso exclusivo a comunidades cerradas. La figura del perseguido resulta especialmente rentable. Cuando m&aacute;s se presenta a alguien como censurado por el sistema, m&aacute;s puede fidelizar a una audiencia que se siente atacada, humillada o desplazada.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, el odio produce datos. Cada clic, comentario, reacci&oacute;n, pausa, b&uacute;squeda o compartido ayuda a perfilar usuarios. Las plataformas aprenden qu&eacute; indigna, qu&eacute; excita, qu&eacute; asusta y qu&eacute; divide. El cuerpo del usuario tambi&eacute;n entra en ese circuito. Sus emociones, sus h&aacute;bitos, sus miedos, sus afinidades pol&iacute;ticas, sus inseguridades y sus deseos se transforman en se&ntilde;ales interpretables. La extrema derecha no s&oacute;lo difunde mensajes; contribuye a reproducir mercados de atenci&oacute;n segmentada.
    </p><p class="article-text">
        En cuarto lugar, el odio alimenta las industrias de la seguridad y la vigilancia. Cuando ciertos cuerpos son construidos como amenaza, se abren oportunidades econ&oacute;micas para quienes ofrecen protecci&oacute;n, control, frontera, biometr&iacute;a, polic&iacute;a predictiva, moderaci&oacute;n automatizada, seguros, consultor&iacute;as de riesgo o tecnolog&iacute;a de identificaci&oacute;n. El discurso que convierte al otro en peligro puede terminar justificando mercados enteros dedicados a administrarlo.
    </p><p class="article-text">
        Por eso la pregunta por el odio no puede separarse de la pregunta por el beneficio. El racismo, la misoginia o la islamofobia no son &uacute;nicamente residuos ideol&oacute;gicos del pasado. En el presente digital, tambi&eacute;n pueden funcionar como activos econ&oacute;micos. No porque todo odio nazca directamente del dinero, sino porque muchas infraestructuras contempor&aacute;neas est&aacute;n preparadas para extraer valor de la hostilidad. La plataforma no necesita compartir la ideolog&iacute;a de la extrema derecha para beneficiarse de sus efectos. Le basta con que produzca actividad.
    </p><p class="article-text">
        Esta es una de las paradojas m&aacute;s graves de la esfera p&uacute;blica digital. Las plataformas pueden declarar pol&iacute;ticas contra el odio y, al mismo tiempo, beneficiarse indirectamente de los comportamientos que dicen combatir. Pueden moderar ciertos excesos visibles mientras conservan intactos los incentivos que premian la polarizaci&oacute;n.&nbsp;Pueden retirar una publicaci&oacute;n concreta y seguir recomendando contenidos que empujan al usuario hacia comunidades cada vez m&aacute;s radicalizadas. Pueden presentarse como espacios neutrales mientras organizan t&eacute;cnicamente qu&eacute; se ve, qu&eacute; se oculta, qu&eacute; se repite y qu&eacute; se monetiza.
    </p><p class="article-text">
        La extrema derecha aprovecha esa contradicci&oacute;n. Sabe que la censura parcial puede convertirse en prueba de persecuci&oacute;n. Sabe que la expulsi&oacute;n de una plataforma puede utilizarse para migrar a otra con una comunidad m&aacute;s fiel. Sabe que la pol&eacute;mica produce identidad. Sabe que cada esc&aacute;ndalo confirma ante sus seguidores la existencia de un enemigo poderoso: las elites, los medios, el feminismo, los inmigrantes, las minor&iacute;as, las instituciones, la universidad, la izquierda, lo &ldquo;woke&rdquo;. Su econ&oacute;mica afectiva depende de mantener vivo ese conflicto.
    </p><p class="article-text">
        Pero el problema no se reduce a los l&iacute;deres visibles. Tambi&eacute;n hay una participaci&oacute;n distribuida. Miles de usuarios producen, traducen, adaptan, comentan y difunden contenidos de odio sin recibir dinero directamente. Sin embargo, su trabajo gratuito alimenta el sistema. Generan datos, entrenan algoritmos, sostienen comunidades, amplifican narrativas y aumentan el valor de determinadas cuentas, canales o plataformas. La militancia digital puede ser voluntaria, pero sus efectos pueden ser monetizados por otros.
    </p><p class="article-text">
        Esto obliga a repensar la responsabilidad. No basta con identificar al sujeto que pronuncia el insulto. Hay que mirar la cadena completa: qui&eacute;n dise&ntilde;a la plataforma, qui&eacute;n vende la publicidad, qui&eacute;n recomienda el contenido, qui&eacute;n mide la interacci&oacute;n, qui&eacute;n financia al creador, qui&eacute;n convierte la pol&eacute;mica en noticia, qui&eacute;n recoge los datos y qui&eacute;n transforma la inseguridad social en negocio. El odio digital es un fen&oacute;meno pol&iacute;tico, pero tambi&eacute;n infraestructural.
    </p><p class="article-text">
        Las soluciones tampoco pueden limitarse a borrar palabras ofensivas. La moderaci&oacute;n de contenidos es necesaria, pero insuficiente. Si el modelo econ&oacute;mico sigue premiando la reacci&oacute;n extrema, el odio encontrar&aacute; nuevas formas de aparecer: eufemismos, c&oacute;digos, memes, iron&iacute;as, estad&iacute;sticas manipuladas, campa&ntilde;as coordinadas o discursos aparentemente t&eacute;cnicos. El problema no est&aacute; s&oacute;lo en el contenido visible, sino en los incentivos que convierten la hostilidad en rendimiento.
    </p><p class="article-text">
        Frente a esto, es necesario desplazar la discusi&oacute;n. Preguntar &uacute;nicamente &ldquo;&iquest;Debe permitirse este discurso?&rdquo; deja fuera una parte esencial del problema. Tambi&eacute;n hay que preguntar: &iquest;Por qu&eacute; este discurso se recomienda?, &iquest;Por qu&eacute; este discurso es rentable? &iquest;Qu&eacute; cuerpos se convierten en mercanc&iacute;a pol&iacute;tica?, &iquest;Qu&eacute; empresas se benefician de su circulaci&oacute;n?, &iquest;Qu&eacute; industrias se fortalecen cuando el miedo se normaliza?
    </p><p class="article-text">
        El odio de la extrema derecha se monetiza porque se inserta en un ecosistema que convierte la atenci&oacute;n en valor y la diferencia en conflicto explotable. Su eficacia no depende s&oacute;lo de convencer, sino de activar. No necesita que todos crean plenamente en su ideolog&iacute;a: le basta con que reaccionen, compartan, discutan, teman o permanezcan conectados. En esa econom&iacute;a, incluso el rechazo puede ser rentable.
    </p><p class="article-text">
        Comprender esto no implica reducir la extrema derecha a un simple negocio. Sus proyectos pol&iacute;ticos son reales, sus efectos sobre la vida de las personas son concretos y sus violencias no desaparecen por estar mediadas por plataformas. Pero precisamente por eso es necesario mirar tambi&eacute;n su dimensi&oacute;n econ&oacute;mica. All&iacute; donde hay odio viral, suele haber tambi&eacute;n una arquitectura de monetizaci&oacute;n. All&iacute; donde un cuerpo es convertido en amenaza, alguien puede estar convirtiendo esa amenaza en audiencia, en datos o en mercado.
    </p><p class="article-text">
        La extrema derecha contempor&aacute;nea no s&oacute;lo disputa el poder mediante partidos, discursos y movimientos. Tambi&eacute;n lo disputa mediante infraestructuras de visibilidad. Aprende a hacerse rentable, a volverse recomendada, a presentarse como entretenimiento, a transformar la humillaci&oacute;n en marca y a convertir la violencia simb&oacute;lica en producto. Por eso combatir el odio exige desactivar las condiciones que lo hacen lucrativo.
    </p><p class="article-text">
        Mientras el miedo sea una fuente de tr&aacute;fico, mientras la humillaci&oacute;n genera engagement, mientras el racismo pueda presentarse como dato, mientras la misoginia pueda venderse como rebeld&iacute;a y mientras la persecuci&oacute;n de cuerpos vulnerables produzca dinero, el odio seguir&aacute; encontrando formas de circular. La pregunta decisiva no es s&oacute;lo por qu&eacute; se odia, sino qui&eacute;n cobra cuando ese odio se expande.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sergio Gracia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/el-dique/odio-extrema-derecha-monetiza_132_13302768.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2026 17:57:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El odio de la extrema derecha también monetiza]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la Empresa de Escala a la Empresa Aumentada con IA]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blog/medios-ia-y-negocio-aprender-del-cambio/empresa-escala-empresa-aumentada-ia_132_13301607.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/64e19a81-2113-4c7b-999e-7eae8a62bc1c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la Empresa de Escala a la Empresa Aumentada con IA"></p><p class="article-text">
        Ayer noche le&iacute; un interesante art&iacute;culo publicado en <em>El Confidencial</em> sobre la conocida Paradoja de Solow. Una reflexi&oacute;n econ&oacute;mica que lleva d&eacute;cadas sobre la mesa y que, resumida de forma sencilla, plantea una cuesti&oacute;n aparentemente extra&ntilde;a: &iquest;c&oacute;mo es posible que tecnolog&iacute;as tan transformadoras como los ordenadores, Internet o el software hayan tardado tanto en reflejarse en las estad&iacute;sticas de productividad?
    </p><p class="article-text">
        Mientras le&iacute;a el art&iacute;culo, me di cuenta de que lo que realmente me llamaba la atenci&oacute;n no era la paradoja econ&oacute;mica en s&iacute;, era otra cosa; supongo ser&aacute; porque&nbsp;no soy economista. Llevo m&aacute;s de veinticinco a&ntilde;os trabajando en entornos digitales, ayudando a empresas a adaptarse a cambios tecnol&oacute;gicos, desarrollando modelos de negocio y observando c&oacute;mo cada gran transformaci&oacute;n tecnol&oacute;gica termina alterando la forma en que las organizaciones compiten&nbsp;y leyendo aquella reflexi&oacute;n pens&eacute; que quiz&aacute; estamos haci&eacute;ndonos la pregunta equivocada.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez el verdadero cambio que estamos viviendo no tiene que ver &uacute;nicamente con la productividad, sino que tiene que ver con la capacidad porque la inteligencia artificial no est&aacute; cambiando solamente la forma en que realizamos determinadas tareas, est&aacute; transformando las reglas sobre las que se constru&iacute;a el crecimiento empresarial.
    </p><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas existi&oacute; una l&oacute;gica relativamente estable, casi b&aacute;sica, que consist&iacute;a en que si una empresa quer&iacute;a crecer necesitaba m&aacute;s personas, m&aacute;s estructura, m&aacute;s recursos, m&aacute;s inversi&oacute;n y m&aacute;s tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Las mejoras de eficiencia exist&iacute;an, por supuesto, pero el crecimiento manten&iacute;a una relaci&oacute;n bastante directa con el tama&ntilde;o de la organizaci&oacute;n, es decir, crec&iacute;an aumentado sus recursos. Hoy esa relaci&oacute;n empieza a comportarse de forma diferente, y eso tiene implicaciones enormes.
    </p><p class="article-text">
        Por primera vez una peque&ntilde;a organizaci&oacute;n puede acceder a capacidades que hist&oacute;ricamente estaban reservadas a grandes corporaciones, una pyme puede analizar mercados globales, generar contenidos de alta calidad, desarrollar propuestas comerciales avanzadas, puede automatizar procesos complejos, disponer de asistentes especializados, hasta puede construir sistemas capaces de trabajar de forma coordinada. Y todo eso puedo hacerlo con una inversi&oacute;n infinitamente menor de la que habr&iacute;a necesitado hace apenas unos a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Eso no es una mejora incremental, es un cambio estructural.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Empresa de Escala constru&iacute;a su ventaja competitiva a trav&eacute;s del tama&ntilde;o, cuanto m&aacute;s recursos acumulaba, mayor era su capacidad. La Empresa Aumentad sigue una l&oacute;gica diferente, ya que utiliza la IA para multiplicar capacidades, permitiendo hacer m&aacute;s, decidir m&aacute;s r&aacute;pido y competir de otra manera sin necesidad de crecer al mismo ritmo en estructura.
    </p><p class="article-text">
        La capacidad deja de depender exclusivamente del tama&ntilde;o y empieza a depender tambi&eacute;n de la inteligencia disponible y eso cambia la forma de competir, deber&iacute;a de cambiar la forma de organizarse, de crecer, pero sobre todo, cambia la forma de entender qu&eacute; es una empresa
    </p><p class="article-text">
        Llevo meses escribiendo sobre conceptos como Econom&iacute;a Aumentada, Inteligencia Empresarial Acumulada o Tasa de Amplificaci&oacute;n Productiva (TAP), no porque crea que necesitemos nuevos t&eacute;rminos para todo, m&aacute;s bien&nbsp;porque tengo la sensaci&oacute;n de que estamos intentando describir fen&oacute;menos nuevos utilizando palabras que pertenecen a una realidad anterior.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una persona puede multiplicar varias veces su capacidad gracias a la IA, no estamos hablando &uacute;nicamente de eficiencia, o cuando un equipo puede ejecutar proyectos que antes requer&iacute;an estructuras mucho mayores, no estamos hablando &uacute;nicamente de automatizaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si una organizaci&oacute;n puede crecer sin aumentar proporcionalmente sus recursos, tampoco estamos hablando &uacute;nicamente de productividad, parece que estamos hablando de capacidad, y esa nueva capacidad se traslada a la organizaci&oacute;n, la competitividad y la adaptaci&oacute;n. Esa es,&nbsp;en mi opini&oacute;n,&nbsp;una de las claves de todo lo que est&aacute; ocurriendo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La conversaci&oacute;n sobre la inteligencia artificial suele centrarse en herramientas, qu&eacute; modelo utilizar, desarrollar este u otro agente, automatizar tal o cual procesos o si ya podemos comenzar a delegar, pero sospecho que la conversaci&oacute;n realmente importante es otra.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n no es qu&eacute; puede hacer la IA,&nbsp;es qu&eacute; puede llegar a ser una organizaci&oacute;n cuando incorpora esa capacidad a su estructura. S&iacute;, suena imponente, pero as&iacute; lo veo yo. La tecnolog&iacute;a, por s&iacute; sola, nunca transforma empresas, lo que transforma empresas son las nuevas capacidades que la tecnolog&iacute;a pone a su disposici&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Internet no cambi&oacute; el mundo porque conectara ordenadores, sino porque permiti&oacute; crear organizaciones, mercados y modelos de negocio que antes eran imposibles. Yo siempre digo que Internet se a&ntilde;adi&oacute; a la empresa y mejoro la conexi&oacute;n con el exterior, mientras que la IA no se a&ntilde;ade, se integra, multiplicando lo que ya est&aacute;. No estamos simplemente ante una nueva herramienta.
    </p><p class="article-text">
        Estamos ante una nueva capa de capacidad econ&oacute;mica, una capa que afecta a la velocidad, al conocimiento, a la coordinaci&oacute;n, a la ejecuci&oacute;n, al aprendizaje y a la toma de decisiones. Esta es la raz&oacute;n por lo que la&nbsp;pregunta m&aacute;s interesante para los pr&oacute;ximos a&ntilde;os no ser&aacute; qui&eacute;n utiliza m&aacute;s inteligencia artificial, ni siquiera qui&eacute;n automatiza m&aacute;s procesos, la verdadera pregunta ser&aacute; otra.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; organizaciones ser&aacute;n capaces de convertir esta nueva capacidad en una ventaja competitiva real? La diferencia entre empresas no estar&aacute; &uacute;nicamente en la tecnolog&iacute;a que compren, sino en su capacidad para reorganizarse alrededor de ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; ah&iacute; encontremos una explicaci&oacute;n distinta a la famosa Paradoja de Solow. El problema nunca fue que la tecnolog&iacute;a no generara valor, lo que ocurre es que observ&aacute;bamos una transformaci&oacute;n mucho m&aacute;s profunda de lo que parec&iacute;a, una que no cambiaba &uacute;nicamente la productividad, sino que estaba cambiando lo que las organizaciones pod&iacute;an llegar a ser.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa conversaci&oacute;n, en mi opini&oacute;n, acaba de empezar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Raúl Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blog/medios-ia-y-negocio-aprender-del-cambio/empresa-escala-empresa-aumentada-ia_132_13301607.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2026 08:01:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De la Empresa de Escala a la Empresa Aumentada con IA]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Veinte años de las tertulias 'Café con letras']]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/el-blog-del-lector/veinte-anos-tertulias-cafe-letras_132_13300766.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d0ba0327-3dde-425e-b1d1-7a9df8dfabe8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x657y386.jpg" width="1200" height="675" alt="Veinte años de las tertulias &#039;Café con letras&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Cuando hace justo veinte a&ntilde;os, a finales de mayo de 2006, nos reun&iacute;amos en C&oacute;rdoba un grupo de personas a comentar la novela <em>Demian</em> de Herman Hesse, en el caf&eacute; Espa&ntilde;ol, no podr&iacute;amos predecir que aquella conversaci&oacute;n inicial se prolongar&iacute;a hasta hace solo unos d&iacute;as, esta vez en l&iacute;nea, cuando coment&aacute;bamos otra novela: <em>Volver a casa</em> de Yaa Gyasi. Entre ambas, cientos de libros y de encuentros al amparo de unas lecturas que han sido foco de aprendizaje y de amistad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace veinte a&ntilde;os, Paco, &Aacute;ngel, Rosauro y Carlos fundamos la tertulia literaria <em>Caf&eacute; con letras</em>, fantaseando con que el proyecto transcender&iacute;a al tiempo y al espacio, m&aacute;s como un anhelo colectivo que con una hoja de ruta clara. Hab&iacute;a algo de sue&ntilde;o desmedido y cierto exceso de compromiso para unos muchachos que en la veintena cre&iacute;an en el poder transformador de la literatura. Sent&iacute;amos que aquello que est&aacute;bamos creando solo podr&iacute;a durar si era a golpe (tras golpe) de novela, poes&iacute;a o teatro. En la l&iacute;nea de salida, qued&oacute; el n&uacute;mero cero de la revista literaria del mismo nombre y que pas&oacute; inadvertida por la atm&oacute;sfera cultural de C&oacute;rdoba, pero que quiz&aacute; no tuviera otro fin que el servir de armaz&oacute;n para lo que vendr&iacute;a despu&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y por el camino tambi&eacute;n quedaron los bares y tabernas que nos vieron discutir con vehemencia hasta que <em>El astronauta</em> y la c&aacute;lida amabilidad de Pablo nos acogieron para convertirse en nuestro hogar durante much&iacute;simos a&ntilde;os.&nbsp;Actualmente, el devenir de los tertulianos nos ha obligado a sacar provecho de las nuevas tecnolog&iacute;as, para que nuestras voces se escuchen desde Europa, Am&eacute;rica o &Aacute;frica, pero siempre habitando el c&aacute;lido ambiente que da la literatura compartida. Y si bien los puntos geogr&aacute;ficos han ido variando, desde primera hora fue la diversidad lo que defini&oacute; a unos lectores que surg&iacute;an de la historia, la medicina, el periodismo, la ingenier&iacute;a, la ense&ntilde;anza, la administraci&oacute;n, o el tejido asociativo cordob&eacute;s. Como se puede comprobar, gente sin formaci&oacute;n acad&eacute;mica y espec&iacute;fica en literatura, pero que por eso mismo ha sabido leer y comentar sin complejos, con una naturalidad y una frescura que todav&iacute;a es la esencia de nuestros encuentros. Eso junto con la curiosidad y las ganas incombustibles de seguir aprendiendo. &iquest;Pero qu&eacute; nos hemos ense&ntilde;ado unos a otros y qu&eacute; nos han ense&ntilde;ados los libros?
    </p><p class="article-text">
        Durante estas dos d&eacute;cadas de <em>Caf&eacute; con letras</em> hemos le&iacute;do a los cl&aacute;sicos (Dostoivesky, Beckett, o Woolf), a contempor&aacute;neos de casi todos los continentes (Mo-yan, Wajdi Mouawad, o Mary Karr) o a integrantes del pante&oacute;n patrio (Gamoneda, Valle-Incl&aacute;n o Alfonso Sastre). Hemos recorrido selvas desconocidas, habitado ciudades imaginadas, mares embravecidos y desiertos descarnados. Y hemos aprendido, por ejemplo, que el poder, cualquiera que sea su origen, corrompe y embrutece, que los actos de sometimiento y humillaci&oacute;n impactan a todos por igual, o que las personas no son materia de comercio. Tambi&eacute;n que podemos reconocernos a nosotros mismos en otros horizontes, en la diversidad de culturas y pueblos visitados mediante la imaginaci&oacute;n. Y que ciertos valores pueden hacer mejor a cualquier sociedad. Porque, sobre todo, la tertulia nos ha permitido ver una misma realidad desde las distintas perspectivas de sus miembros y nos ha descubierto visiones que hubieran pasado inadvertidas sin este tremendo ejercicio de empat&iacute;a que es escuchar al otro y hacer el esfuerzo de comprenderlo. Y es precisamente a eso a lo que nos hemos dedicado Paco, &Aacute;ngel, Rosauro, Carlos, Vero, Tani, Giuseppe, las Elenas, Pura, Yolanda, Eva, Raquel, Miguel, Luca, Luciano, &Aacute;ngela, Cecilia o Itziar&hellip; y todos aquellos (&iexcl;han sido tantos!) que alguna vez han pasado por estos encuentros, donde nos orgullece decir que siempre hemos tenido abiertas las puertas para todo el que ha querido asomarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gracias a <em>Caf&eacute; con letras</em> por iluminar ese trayecto en el que adem&aacute;s, y como da&ntilde;o colateral, no hemos tenido m&aacute;s remedio que hacernos amigos. Y gracias por demostrar que en C&oacute;rdoba sigue siendo venero de proyectos culturales humildes, pero s&oacute;lidos y de largo aliento. Que la vida nos regale otros veinte a&ntilde;os de tanta dicha entre amigos, quiz&aacute; todav&iacute;a algo locos e inconscientes, pero felices de saber que en ese espacio literario hay un refugio del mundo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&Aacute;ngel Remis, Elena Cobos y Rosauro Varo, miembros de las tertulias &ldquo;Caf&eacute; con letras&rdquo;</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Blogópolis Opinión]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/el-blog-del-lector/veinte-anos-tertulias-cafe-letras_132_13300766.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Jun 2026 17:56:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Veinte años de las tertulias 'Café con letras']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Iván y Hadoum': los cuerpos atravesados]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/blogopolis-quien-teme-a-thelma-y-louise/ivan-hadoum-cuerpos-atravesados_132_13301143.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5076b373-6c42-4682-bf39-a39c2ea39c44_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Iván y Hadoum&#039;: los cuerpos atravesados"></p><p class="article-text">
        En una &eacute;poca en la que se ha hecho tan frecuente hablar de vulnerabilidad, me temo que tal vez para esquivar la potencia pol&iacute;tica de t&eacute;rminos como subordinaci&oacute;n o desigualdad, pareciera, sin embargo, que el frenes&iacute; de los discursos y la aceleraci&oacute;n comunicativa nos impidieran darnos cuenta de que todas y todos somos seres corp&oacute;reos y, por tanto, crepusculares, inacabados, siempre en tr&aacute;nsito. De ah&iacute; que todos los procesos de exclusi&oacute;n social atraviesen justamente los cuerpos y se traduzcan en heridas que, desde lo f&iacute;sico y lo emocional, acaban teniendo la radicalidad propia de lo pol&iacute;tico. Quiz&aacute;s ante la furia de las identidades trinchera hemos ido prescindiendo, o como m&iacute;nimo situando en un lugar secundario, la experiencia brutal que supone saberse un sujeto con las alas m&aacute;s cortas o, dicho de otra manera, con la dignidad en entredicho. Una realidad que, por cierto, deber&iacute;amos tener presente ante un pr&oacute;ximo 28 de junio que no deber&iacute;a olvidar que tanto la vindicaci&oacute;n como la celebraci&oacute;n pasa por los cuerpos m&uacute;ltiples e imperfectos. O sea, lo m&aacute;s opuesto a las demandas crueles de felicidad con que el mercado, tambi&eacute;n el de la diversidad, nos nubla la mente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De todo ello nos habla uno de los debuts cinematogr&aacute;ficos m&aacute;s reveladores de la temporada. Me refiero a <em>Iv&aacute;n y Hadoum</em>, el primer largometraje del almeriense Ian de la Rosa, que cuando era adolescente, y se llamaba Rosa, ya les dijo a sus padres que quer&iacute;a ser director de cine. La pel&iacute;cula, que tan facilonamente podr&iacute;amos explicar como una suerte de Romeo y Julieta en la Almer&iacute;a de los invernaderos, tiene la gran virtud de mostrarnos esa parte de la realidad que no solemos mirar, incluso me atrever&iacute;a a decir que nos molesta mirar, y que tiene que ver con&nbsp;las condiciones de precariedad que genera un sistema que, atravesado por las jerarqu&iacute;as de clase y por el orden binario de g&eacute;nero, provoca exclusiones y sit&uacute;a a muchos sujetos al borde de la dignidad. La historia de amor entre Iv&aacute;n,&nbsp;un chico trans, convertido a su vez en el &ldquo;hombre de su casa&rdquo;, con toda la carga de sost&eacute;n que eso tiene en un mundo todav&iacute;a patriarcal, y Hadoum, la joven hispano-marroqu&iacute; que no se conforma con las cartas marcadas para ella, nos lleva de la mano por territorios sobre los que, privilegiados, a veces sentamos c&aacute;tedra sin ton ni son. Esa, supongo que para muchos, &ldquo;extra&ntilde;a pareja&rdquo;, nos interpela, sin necesidad de subrayados did&aacute;cticos, sobre la pr&aacute;ctica del pluralismo de cuerpos, deseos y opciones. En un mundo en el que, m&aacute;s all&aacute; de las conquistas formales que se traducen, con suerte, en leyes, la efectividad de los derechos depende del disfrute de unas condiciones socio-econ&oacute;micas y culturales que sostengan nuestra autonom&iacute;a. En este sentido, el periplo de Iv&aacute;n y Hadoum es la historia de ese proceso de conquista de&nbsp;su autonom&iacute;a para, desde ella, ser capaces de manejar el tim&oacute;n de sus vidas. Una autonom&iacute;a que siempre es relacional y que, por tanto, est&aacute; condicionada por los entornos familiares, las culturas de referencia y, por supuesto, la posesi&oacute;n de los recursos necesarios para escapar de las dependencias.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de mostrarnos una realidad todav&iacute;a escasamente visible en el cine, la de las masculinidades trans, Ian de la Rosa es valiente en su apuesta por hacer cine &ldquo;social&rdquo;, una etiqueta que no siempre se traduce en narraciones capaces de elevarse por encima de lo documental, al tiempo que cuida con mimo esos &ldquo;peque&ntilde;os&rdquo; espacios &ndash; como los que representan las familias de los dos protagonistas &ndash;&nbsp;que tan bien nos explican c&oacute;mo nuestra autopercepci&oacute;n es siempre parte de una realidad colectiva. Y, todo ello, claro, en ese entorno casi m&aacute;gico que es siempre Almer&iacute;a, el Sur tan ignorado de Agust&iacute;n G&oacute;mez Arcos, y no solo desde el punto de vista de los mares de pl&aacute;stico o de las soledades del desierto, sino tambi&eacute;n de ese mar y esas rocas en las que los cuerpos, los cuerpos de Iv&aacute;n y Hadoum, nos muestran cicatrices y posibilidades, deseo y ternura. Un espejo frente al que evidenciar que la normalidad siempre es un ejercicio de furia del poderoso y, en paralelo, un refugio para que quienes nos creemos ilusamente a salvo de la hermosa vulnerabilidad que nos define. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Octavio Salazar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/blogopolis-quien-teme-a-thelma-y-louise/ivan-hadoum-cuerpos-atravesados_132_13301143.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Jun 2026 17:55:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Iván y Hadoum': los cuerpos atravesados]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las ocho mejores notas]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/la-ultima-oportunidad/ocho-mejores-notas_132_13296698.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0fb1c42f-3045-42b7-8615-c13d2ff2db3d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las ocho mejores notas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Irene Pozo, la mejor nota de la PAU en Córdoba con un 10 en varias asignaturas y en Bachillerato</p></div><p class="article-text">
        Hace muchos a&ntilde;os, un profesor de Literatura de Fern&aacute;n N&uacute;&ntilde;ez, Miguel &Aacute;ngel Toledano, me explic&oacute; la causa por la que tanta gente del pueblo hab&iacute;a estudiado y prosperado. E incluso los que no hab&iacute;an podido sacarse una carrera, hab&iacute;an emprendido, con tremendo &eacute;xito: &ldquo;Cuando eres joven, aqu&iacute; solo hay dos salidas: o el campo o estudiar&rdquo;. Y no, no conozco a nadie que en aquellos a&ntilde;os considerase trabajar en el campo como la mejor opci&oacute;n, por una infinidad de razones.
    </p><p class="article-text">
        El pasado Martes de Feria, en una biblioteca llena hasta reventar, David Ucl&eacute;s contaba lo que le dijo su padre el d&iacute;a que lo dej&oacute; en C&oacute;rdoba para que estudiase Traducci&oacute;n: si los estudios no iban bien, su futuro era ser guardia civil o los olivos que cultivaba su familia desde hac&iacute;a d&eacute;cadas. 
    </p><p class="article-text">
        Por desgracia, la mayor parte de los alumnos que se matriculan en la educaci&oacute;n p&uacute;blica lo hacen porque no pueden hacerlo en un concertado o un privado. Si no, no tengo duda de que m&aacute;s del 80% optar&iacute;a por esta opci&oacute;n. En la concincia de los padres siempre pesar&aacute; que la concertada o la privada siempre va a ser una opci&oacute;n mejor, que abra m&aacute;s puertas y que genere menos problemas. Cuando al menos en igualdad de condiciones parece que es exactamente al rev&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Esta semana hemos conocido las notas de la PAU en C&oacute;rdoba, la antigua Selectividad, que tantos hicimos y sufrimos, y que tantos recuerdos nos trae. Las ocho mejores notas de la PAU en C&oacute;rdoba son de estudiantes de la educaci&oacute;n p&uacute;blica. Un tercio de los estudiantes cordobeses est&aacute;n matriculados en la concertada o la privada. Pr&aacute;cticamente la mitad de los centros escolares de la provincia son ya o concertados o privados. La proporci&oacute;n no es la misma que el resultado de la PAU.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del clich&eacute; de que en la concertada o privada las notas son m&aacute;s flexibles que en la p&uacute;blica (algo que est&aacute; por demostrar y en lo que no creo), hay varios factores diferenciales que hacen que la p&uacute;blica tenga mejores resultados. El primero es que a&uacute;n hoy sigue teniendo mejores recursos, paga mejor a sus profesores, que tienen que superar unas oposiciones cada vez m&aacute;s complicadas. Pero para m&iacute; el m&aacute;s importante es que para muchos estudiantes es, como el t&iacute;tulo de esta columna, la &uacute;ltima oportunidad.
    </p><p class="article-text">
        Estoy cansado de una frase que se repite mucho en el turbocapitalismo que viene de Estados Unidos: para hacerte rico antes tienes que haberte arruinado dos o tres veces. Los que venimos de abajo sabemos que en la vida real solo hay una oportunidad, que no se va a volver a repetir.
    </p><p class="article-text">
        En la p&uacute;blica toca madurar mucho antes y saber que es ahora o nunca. Que si no sacas nota, no vas a poder hacer lo que realmente te gusta. Y que equivocarse es un lujo que no te puedes permitir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso Alba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/la-ultima-oportunidad/ocho-mejores-notas_132_13296698.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 17:40:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las ocho mejores notas]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Cuestión de atención. Más que mirar]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/en-azafate/cuestion-atencion-mirar_132_13299935.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/888c3cbc-25c2-4820-be01-df238b9fadf2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuestión de atención. Más que mirar"></p><p class="article-text">
        No s&eacute; si es el destino en esa especie de confluencia de factores que hacen que algo ocurra en el momento que tiene que ocurrir y darte cuenta de ello.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En vez de ir andando al trabajo, ese d&iacute;a lo haces en el coche de alguien que te deja en una esquina. Al doblar, te topas con un amigo que hace mucho tiempo que no ves y te paras a charlar. Mientras hablas, llama tu atenci&oacute;n el escaparate de libros que hay detr&aacute;s de tu interlocutor, una librer&iacute;a a la que nunca has entrado. Y, entre todos, un libro capta tu mirada. Tiene en la portada un s&iacute;mbolo grande en japon&eacute;s. Y t&uacute; has ido a Jap&oacute;n hace muy poco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Das un breve repaso con tu amigo a los &uacute;ltimos a&ntilde;os de vuestras vidas y la conversaci&oacute;n deriva, como ahora casi siempre, en hablar de esa jubilaci&oacute;n en la que ya se hallan instalados muchos de tus coet&aacute;neos. No puedes dejar de mirar aquel libro. Cuando te despides, decides saber de qu&eacute; trata. Entras a la librer&iacute;a y lo pides.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La secci&oacute;n interior de la portada habla de la autora y ves que se trata de una mujer japonesa. Interesante. Te dices. Y entonces lees que es su obra p&oacute;stuma y que &ldquo;juega un papel esencial en<em> Perfect Days (2023)</em>, la pel&iacute;cula de Win Wenders aclamada por la cr&iacute;tica y nominada al &Oacute;scar a la mejor pel&iacute;cula internacional de 2024&rdquo;. A&uacute;n m&aacute;s interesante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vas entonces a la contraportada y aparece la rese&ntilde;a sobre el libro de un se&ntilde;or japon&eacute;s que no tienes ni idea de qui&eacute;n es, pero que ha escrito &ldquo;el fruto de sus andanzas son estas deslumbrantes memorias que iluminan el paisaje, la historia y la cultura japoneses, y que nos hablan de la belleza, la p&eacute;rdida, la fugacidad y los ciclos de la naturaleza y la vida&rdquo;. Bueno, parece que alguien te est&aacute; leyendo el pensamiento sobre todo esto que desde hace tiempo tanto te interesa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, abres por una p&aacute;gina cualquiera y tu mirada va directa a esta l&iacute;nea &ldquo;sin poder evitarlo, pens&eacute; en la rapidez con que estaba envejeciendo, pero me dije: &rdquo;Espera, todav&iacute;a es pronto para renunciar&ldquo;.&nbsp;&iquest;Es tu propio pensamiento? No, no puede ser. Es solo un libro que ha topado conmigo - te dices-. Enmarcas las cejas con un gesto de perplejidad contenida y entonces te fijas en el siguiente p&aacute;rrafo de la misma p&aacute;gina y lees en voz alta:&nbsp;&rdquo;en ocasiones, puedo realizar de improviso y con facilidad lo que no he sido capaz de hacer durante a&ntilde;os&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la vida ocurren cosas. Es verdad que, en mi caso, siempre fui una observadora natural. Tal vez por eso veo cosas. Aunque suene a pel&iacute;cula de miedo. Cuando alguien ve&iacute;a solo un &aacute;rbol, yo ve&iacute;a la forma de su tronco y el musgo de su corteza para descubrir, mucho despu&eacute;s, que donde est&aacute; ese musgo es donde est&aacute; el norte &iexcl;Qu&eacute; importante es no perder nunca el norte! Hasta los &aacute;rboles lo saben.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy no quiero contarles nada m&aacute;s. Solo que hay una confluencia de factores, aparentemente imprevistos, a los que hay que prestar atenci&oacute;n. La atenci&oacute;n es de las cosas m&aacute;s importantes de la vida. Ya nos lo dec&iacute;an en la escuela: &ldquo;ni&ntilde;a estate atenta&rdquo;. Y resulta que ahora tambi&eacute;n el <em>mindfulness </em>consiste<em>&nbsp;</em>en eso, en practicar la atenci&oacute;n. Para m&iacute; siempre estuvo todo ah&iacute; afuera. A tu alrededor. Solo hab&iacute;a que saber escuchar las se&ntilde;ales. Y mira que a veces son demasiadas, pero lamentablemente miramos a otro lado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sal&iacute; de la librer&iacute;a con aquel libro en la mano, apret&aacute;ndolo muy fuerte como si alguien me hubiera dicho que de &eacute;l depend&iacute;a mi vida. Y no, mi vida depende de m&iacute;, pero tambi&eacute;n de la atenci&oacute;n que presto a unas cosas y el desprecio al que someto otras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Les dejo. Tengo lectura por delante y una pel&iacute;cula que ver.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Magdalena Entrenas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/en-azafate/cuestion-atencion-mirar_132_13299935.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 17:40:24 +0000]]></pubDate>
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