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    <title><![CDATA[Cordópolis - Blogópolis / Punky con chaqueta]]></title>
    <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/blogopolis-punky-con-chaqueta/]]></link>
    <description><![CDATA[Cordópolis - Blogópolis / Punky con chaqueta]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Katiuskas amarillas contra las trincheras]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/blogopolis-punky-con-chaqueta/katiuskas-amarillas-trincheras_132_13582767.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/13c1eb9d-7e3a-4810-8f5a-7ab343158a2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2017y2009.jpg" width="1200" height="675" alt="Katiuskas amarillas contra las trincheras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Segunda semana ordenando neuronas en voz alta</p></div><p class="article-text">
        Me encanta Micah P. Hinson, un tipo peculiar de Memphis que un d&iacute;a termin&oacute; viviendo en el extrarradio madrile&ntilde;o sin dominar el idioma. Conoc&iacute; a Micah por casualidad en un festival de tantos y literalmente me explot&oacute; el cerebro este cantautor y guitarrista de americana y de indie. Desde entonces, cuando el ruido exterior se vuelve insoportable y mi cabeza no frena, me meto en mi cuarto de pensar y pongo en bucle Micah P. Hinson and the Gospel of Progress. Este yanki at&iacute;pico es ya casi de mi sangre por todo lo que me ha sacudido por dentro.
    </p><p class="article-text">
        Y ha sido precisamente hoy, haci&eacute;ndole rodar por en&eacute;sima vez al cubo, cuando me ha entrado el impulso irrefrenable de escribir sobre tres cosas que no tienen que ver o quiz&aacute;s si: el barro, las botas katiuskas y los libros. Un combo infantil que deber&iacute;a ser obligatorio para capear esta adultez a veces tan pesada, tan intensita.
    </p><p class="article-text">
        Con el disco sonando de fondo, el barro, las botas katiuskas y los libros solo pod&iacute;a irme de cabeza a una estanter&iacute;a a manosear un libro de la enorme Gloria Fuertes. Y, claro, me ha dado por escribir sobre ella. Hab&iacute;a que traer a esta mesa a una embajadora suprema del punk (aunque ella no lo supiera).
    </p><p class="article-text">
        Mi amor por ella, sin yo entenderlo del todo entonces, surgi&oacute; hace muchos a&ntilde;os, de peque&ntilde;o, cuando apareci&oacute; en casa un libro de tapas gastadas, supongo que regalado por alguien con muy buen ojo, titulado <em>La momia tiene catarro</em>. Aquellas p&aacute;ginas me abrieron una puerta a un lugar del que ya no quise salir. Porque mucho antes de que el Do It Yourself (hazlo por ti mismo) tuviera nombre en ingl&eacute;s o se vendiera en manuales de modernidad, hubo una mujer en Espa&ntilde;a que lo encarn&oacute; sin rodeos, sin cresta y con una corbata bien anudada.
    </p><p class="article-text">
        Y es que Gloria Fuertes no escrib&iacute;a para ni&ntilde;os. Escrib&iacute;a para quien quisiera entender.
    </p><p class="article-text">
        Y quien no, que pasara de largo.
    </p><p class="article-text">
        Naci&oacute; en Madrid, en 1917, en el barrio de Lavapi&eacute;s, entre costuras, hambre y demasiadas realidades. Su padre era conserje, su madre costurera. Ella, tercera de seis hermanos, aprendi&oacute; pronto que la vida no iba a regalarle nada. Y aun as&iacute;, ella le regal&oacute; a la vida poes&iacute;a, rebeld&iacute;a, ternura y risa.
    </p><p class="article-text">
        Porque lo suyo no fue solo escribir: fue resistir con un l&aacute;piz entre los dientes.
    </p><p class="article-text">
        A los 5 a&ntilde;os escribi&oacute; su primer poema. A los 14, el primero serio. A los 15 muri&oacute; su madre y empez&oacute; a trabajar. Fue mujer, fue pobre, fue lesbiana y fue poeta en una Espa&ntilde;a que no sab&iacute;a qu&eacute; hacer con ninguna de esas cosas. La marginaron por todas partes. Y aun as&iacute;, no se call&oacute; nunca.
    </p><p class="article-text">
        Fue autodidacta, lectora voraz, obrera de la palabra. En los a&ntilde;os m&aacute;s grises del franquismo, cuando a las mujeres se las quer&iacute;a en la cocina y con la boca cerrada, ella ya montaba en vespino, vest&iacute;a con corbata y pantalones y hablaba claro de igualdad, de ecolog&iacute;a, de feminismo, de antimilitarismo y de libertad. Y no en abstracto. No con met&aacute;foras vac&iacute;as para gustar a los acad&eacute;micos. Lo dec&iacute;a directo. Cortito. Y al cuello.
    </p><p class="article-text">
        Porque su poes&iacute;a no era para exhibirse en una vitrina. Era para lanzarla como piedra envuelta en papel de regalo del Corte Ingl&eacute;s. Ella escrib&iacute;a como hablaba, y hablaba como viv&iacute;a. Sin dobleces. Con ternura salvaje. Con rimas como bofetadas dulces.
    </p><p class="article-text">
        Y s&iacute;, se hizo famosa en los 70 por la televisi&oacute;n, por <em>Un globo, dos globos, tres globos</em>, por sus cuentos, por su voz ronca y sus versos sencillos. Pero que no se equivoque nadie: Gloria no fue una escritora infantil. Fue una poeta gigante que decidi&oacute; hablarle tambi&eacute;n a los ni&ntilde;os, quiz&aacute;s porque los adultos ya ven&iacute;an demasiado contaminados.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En vista de lo visto me desvisto, me desnudo a m&iacute; misma y me mantengo, me encanta este tener lo que no tengo&rdquo;, escribi&oacute; una vez. En esa sola frase estaba todo: la risa, el dolor, la lucidez, la met&aacute;fora y el zarpazo.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, su figura resurge. Por suerte. Porque su poes&iacute;a es urgente.
    </p><p class="article-text">
        Porque nos sigue recordando que se puede ser tierna sin ser blanda.
    </p><p class="article-text">
        Que se puede ser sencilla sin ser simple. Que se puede ser poeta sin pedir permiso.
    </p><p class="article-text">
        Gloria Fuertes fue punk con coletas, sabia sin c&aacute;tedra, poeta sin pedestal.
    </p><p class="article-text">
        Muri&oacute; en 1998, pero no se fue.
    </p><p class="article-text">
        Se qued&oacute; en cada ni&ntilde;o que no encaja.
    </p><p class="article-text">
        En cada mujer que no calla.
    </p><p class="article-text">
        En cada verso que no rima, pero golpea.
    </p><p class="article-text">
        Porque ella no so&ntilde;&oacute; con escribir. Escribi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y con eso ya lo cambi&oacute; todo.
    </p><p class="article-text">
        Y tal vez por eso leer a la Fuertes hoy no es parapetarse en una trinchera, sino mandarla a tomar viento fresco. La trinchera es c&oacute;moda, huele a rancio y te da la ilusi&oacute;n cobarde de estar a salvo mientras le tiras barro al de enfrente. Nos urge una militancia del entendimiento que nos desmonte el numerito. Toca apagar de un zarpazo la voracidad sorda de las pantallas, mandar a la mierda el insulto f&aacute;cil de teclado y romper esta adicci&oacute;n enfermiza a querer tener raz&oacute;n a costa de dinamitar al que piensa distinto. Nos hemos vuelto unos adultos solemnes, rabiosos, aburridos y absurdamente previsibles.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a un buen momento para invitar a pensar y a parar un segundo a tanto presidente, diputado, alcalde, concejal y dem&aacute;s puestos de lo p&uacute;blico. A toda esa gente a la que le hemos dado las llaves del barco. Que se miren al espejo antes de entrar al pleno y se hagan la pregunta sin anestesia: &iquest;est&aacute;n haciendo realmente lo que deben hacer por las personas, lo que los despachos de sus partidos les mandan hacer, o lo que de verdad, en el fondo de su conciencia, creen que deber&iacute;an hacer? Hablemos. Dej&eacute;monos de argumentarios enlatados y hablemos de verdad. Yo pago los caf&eacute;s si quieren.
    </p><p class="article-text">
        Porque el verdadero pelotazo, la patada al tablero m&aacute;s salvaje, es regresar de golpe al patio de recreo. Volver a ese espacio sin dogmas ni banderas donde jug&aacute;bamos a las canicas, al bal&oacute;n o al escondite con quien se pusiera a tiro, sin pedirle credenciales ni preguntar de qu&eacute; pie cojeaba. A esa &eacute;poca en la que la &uacute;nica urgencia real era levantar construcciones imposibles con nuestras propias manos y con el barro de un charco, agachados, codo con codo, calzando unas botas katiuskas amarillas. Sin pedir permiso, sin manuales de instrucciones y sin miedo a mancharnos hasta las cejas.
    </p><p class="article-text">
        Volvamos a tocar tierra. Volvamos a mirar al de al lado a los ojos, mandando a paseo el cinismo y la sospecha previa. Quememos el arsenal de prejuicios y recuperemos esa sabidur&iacute;a encendida de Gloria: esa forma peleona, directa, tierna y absolutamente libre de pasar de sus reglas. Porque ah&iacute;, con las manos manchadas de barro del de verdad y lejos de la histeria colectiva de la red, es donde les reventamos el juego. Y donde, sin darnos ni cuenta, nos volvemos a salvar.
    </p><p class="article-text">
        PD: Si te has quedado con ganas de bucear en su trinchera, por enorme suerte, atino y talento, la editorial Blackie Books public&oacute; un libro maravilloso sobre ella: <em>El libro de Gloria Fuertes. Antolog&iacute;a de poemas y vida</em>. Hazte un favor y cons&iacute;guelo en una librer&iacute;a de barrio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sergio Tejerina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/blogopolis-punky-con-chaqueta/katiuskas-amarillas-trincheras_132_13582767.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Oct 2026 18:01:02 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Aún estamos a tiempo de hacernos preguntas]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/blogopolis-punky-con-chaqueta/tiempo-hacernos-preguntas_132_13547850.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b19dfd2-36f9-4a0d-82de-a97b7a612f53_16-9-discover-aspect-ratio_default_1152308.jpg" width="800" height="450" alt="Aún estamos a tiempo de hacernos preguntas"></p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Siempre me gustaron las cosas que no sab&iacute;a si me gustaban. Las revistas de los domingos, por ejemplo. Aquello de abrir un suplemento dominical y encontrarte, sin orden ni concierto, con reportajes de arquitectura japonesa, recetas imposibles o entrevistas a gente que parec&iacute;a estar siempre en un tren hacia ning&uacute;n sitio. Me flipaba. Era como husmear en un caj&oacute;n de sastre cultural.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces tengo ese vicio: acercarme a los tochos de papel como si fueran templos. Entrar y salir. No siempre con sentido. De aquellos suplementos, estos complejos.
    </p><p class="article-text">
        Esta secci&oacute;n quincenal nace hoy que cumplo 50 a&ntilde;os desde ah&iacute;: desde ese lugar donde me reconcilio con mis traumas. Desde la voz de un ni&ntilde;o que no fue editor de una revista dominical, pero que al menos ahora se atreve a escribir como si lo fuera.
    </p><p class="article-text">
        Por eso he decidido empezar a escribir con mi alter ego &ldquo;Punky con Chaqueta&rdquo;. Una compilaci&oacute;n caprichosa y arbitraria de cosas que me parecen interesantes, necesarias o absurdamente trascendentales. Cosas que he ido pensando mientras he paseado a Manteca, mi amad&iacute;simo compa&ntilde;ero, que ha sido m&aacute;s terapeuta que perro. Cada dos semanas sacar&eacute; a pasear a personajes, libros, discos, an&eacute;cdotas y cosas varias punk que me saltan a la cara en ocasiones o que encuentro buceando entre dimes y diretes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;por qu&eacute; llamarlo <em>punky con chaqueta</em> entonces y no <em>peque&ntilde;o cat&aacute;logo de varietes modernas</em>?
    </p><p class="article-text">
        Respuesta sencilla: a menudo en mis charlas pregunto qu&eacute; es ser punk y las respuestas mayoritariamente se van a la cresta, al cuero, a la m&uacute;sica&hellip; Ser punk hoy en d&iacute;a es m&aacute;s que eso.
    </p><p class="article-text">
        El punk naci&oacute; a finales de los 70 en Inglaterra como un portazo en toda la cara a la industria. Un &laquo;hasta aqu&iacute;&raquo;. <em>The Sex Pistols</em> y <em>The Ramones</em> dijeron que ya bastaba de dinosaurios del rock controlando qu&eacute; sonaba, qui&eacute;n grababa y c&oacute;mo hab&iacute;a que peinarse. Fue una rebeli&oacute;n pura contra las normas, una patada al tablero con compases r&aacute;pidos, tres acordes y letras que dol&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        De esa quema naci&oacute; su verdadero motor: el Do It Yourself (DIY) o el &laquo;Hazlo t&uacute; mismo&raquo;. Cuestionar el virtuosismo y sustituirlo por las ganas. Se acab&oacute; pedir permiso a un gran estudio. Tres chavales con m&aacute;s actitud que t&eacute;cnica se sub&iacute;an a un escenario a tocar sin intermediarios, huyendo de moldes y de est&eacute;ticas impuestas.
    </p><p class="article-text">
        El punk no fue un capricho est&eacute;tico. Naci&oacute; de la crisis brutal de los 70: paro, inflaci&oacute;n, incertidumbre y una sociedad rota por algunas costuras. &iquest;Te suena? La semilla se plant&oacute; hace cuatro d&eacute;cadas en garitos mugrientos sin internet.
    </p><p class="article-text">
        Por eso toca reivindicar el punk hoy. Sin necesidad de calzarte una chupa de cuero ni cortarte el pelo a tijeretazos. Ser punk hoy es una actitud: dejar de esperar a que alguien venga a resolverte la vida, sacudirse la inercia y ponernos a hacer las cosas por nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Y como no todo va a ser trauma, tambi&eacute;n habr&aacute; algo de propuesta aqu&iacute;. Una especie de &ldquo;Do It Yourself emocional&rdquo; con posos de caf&eacute; y pegatinas de vinilo. Una forma de decirnos que se puede ser punky, aunque lleves chaqueta. Que se puede cuestionar todo sin gritar, romper moldes sin romper cosas.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que gracias por estar leyendo.
    </p><p class="article-text">
        Esto no pretende ser un manual. Esto es un paseo. Un leer para no se sabe muy bien qu&eacute;. Quince minutos para un no ten&iacute;a ni idea, un ya me lo sab&iacute;a, un no me interesa o un volver&eacute; m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y sobre todo, espero que al menos te den ganas de poner algo de m&uacute;sica, abrir algo de beber y pensar un ratito que s&iacute;, que a&uacute;n estamos a tiempo de hacernos preguntas.
    </p><p class="article-text">
        P.D.: Como esto va de empezar las cosas con la actitud adecuada y sin pedir permiso, te dejo un regalo de salida. Siempre que me toca ponerme el sombrero de <em>ponecanciones</em> (que no DJ) y abrir una de mis sesiones, arranco exactamente con la misma p&iacute;ldora de energ&iacute;a hace a&ntilde;os y a&ntilde;os: <em>Oh Mandy</em> de The Spinto Band. Dale al <em>play</em>, s&uacute;bele el volumen sin miedo y que empiece el baile.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sergio Tejerina]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Sep 2026 18:01:48 +0000]]></pubDate>
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