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    <title><![CDATA[Cordópolis - Alejandra Vanessa]]></title>
    <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/autores/alejandra-vanessa/]]></link>
    <description><![CDATA[Cordópolis - Alejandra Vanessa]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Érase una vez Zaragoza...]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-zaragoza_1_7152163.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/939739a6-0c61-4cd5-abb0-1c684b6da424_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        El pasado treinta y uno de agosto recib&iacute; una carta, v&iacute;a Facebook, que me emocion&oacute;. Volver la vista atr&aacute;s es bueno a veces, cantaba Karina, y pensar en todo el camino recorrido hasta ahora da un poco de v&eacute;rtigo. Cuando creces y cumples a&ntilde;os de la mano de amigos queridos de los que tanto aprendes y a los que tanto admiras, la vida se vuelve maravillosa, tambi&eacute;n lo dijo alguien.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Queridos amigos:
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o, Eclipsados cumple 10 a&ntilde;os (madre m&iacute;a), as&iacute; que se nos ha ido la cabeza y hemos decidido montar un fiest&oacute;n recital con nuestros autores y los amigos que m&aacute;s hab&eacute;is significado a lo largo de este tiempo.&nbsp;El plan es este: elegimos un s&aacute;bado entre todos. Comenzamos la sesi&oacute;n a media tarde y hasta que el cuerpo aguante... (yo estoy mayor, ya sab&eacute;is).&nbsp;Necesitaremos un poema, de los vuestros, vuestro preferido, porque editaremos una breve antolog&iacute;a para ese d&iacute;a (s&iacute;, para nosotros, porque somos as&iacute;).&nbsp;No se nos ocurre mejor forma que celebrar estos diez a&ntilde;os que con vosotros, y queremos que sea un d&iacute;a especial para todos.
    </p><p class="article-text">
        Os quieren,
    </p><p class="article-text">
        Nacho, Ra&uacute;l y Ux&uacute;e (comit&eacute; de festejos del 10&ordm; aniversario)&raquo;
    </p><p class="article-text">
        Por fin, ha llegado el d&iacute;a, nos vemos este fin de semana con un grito de guerrilla:
    </p><p class="article-text">
        [audio mp3=&ldquo;https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/11/cumplea&ntilde;os-feliz-cumplea&ntilde;os-feliz.mp3&rdquo;][/audio]
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-zaragoza_1_7152163.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Nov 2013 06:03:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Érase una vez Zaragoza...]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Érase una vez Majaneque...]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-majaneque_1_7152164.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e0c44749-28f4-4e0a-95db-b2ae951db680_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez un ni&ntilde;o tan t&iacute;mido, tan t&iacute;mido, tan t&iacute;mido, que qui&eacute;n lo conoc&iacute;a pensaba: &ldquo;qu&eacute; raro, raro, raro&rdquo; (util&iacute;cese el tono del Papuchi, fallecido padre de Julio Iglesias). Este ni&ntilde;o se llamaba Francisco Javier Montoro y viv&iacute;a en el pueblo de Majaneque, que t&eacute;cnicamente es una barriada cercana al municipio de Villarrubia, rondando la zona del emblem&aacute;tico aeropuerto de C&oacute;rdoba.
    </p><p class="article-text">
        La vida en Majaneque era c&oacute;moda, &ldquo;vivir en un sitio apartado de la ciudad&rdquo;, pero tambi&eacute;n un poco aburrida. Si eras un ni&ntilde;o y no te gustaba jugar al f&uacute;tbol, ya no quedaban muchas m&aacute;s opciones de ocio, y el transporte resultaba un poco complicado. En otras palabras, pod&iacute;as dividir Majaneque a partes iguales en tranquila y aburrida.
    </p><p class="article-text">
        El instituto lo estudi&oacute; en C&oacute;rdoba, iba y ven&iacute;a todas las ma&ntilde;anas, as&iacute; que pronto comenz&oacute; a descubrir cosas. Al finalizar las clases quedaba con sus amigos, iba al conservatorio donde tomaba clases de piano, a la escuela de idiomas, &ldquo;la cosa era no estar parado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los ni&ntilde;os de Majaneque estaban m&aacute;s cerrados en c&iacute;rculos, iban al instituto del pueblo de al lado. Fran ve&iacute;a en C&oacute;rdoba a gente m&aacute;s variada, m&aacute;s diversa (es incluso una cuesti&oacute;n de estad&iacute;stica). En Majaneque, lo que hac&iacute;a uno lo hac&iacute;a todo el mundo, &ldquo;la gente es m&aacute;s igual en los pueblos&rdquo;. En C&oacute;rdoba, al ser un poquito m&aacute;s grande, si no le gustaba lo que hac&iacute;a un grupo, pod&iacute;a unirse a otro. Por ejemplo, en Villarrubia los ni&ntilde;os jugaban al f&uacute;tbol, y a &eacute;l no le gustaba, en C&oacute;rdoba pod&iacute;a ir con otros ni&ntilde;os al cine; y la ciudad le proporcionaba m&aacute;s actividades o excursiones, &ldquo;estaba m&aacute;s entretenido&rdquo;. Durante un tiempo incluso visitaba una Asociaci&oacute;n de J&oacute;venes que hab&iacute;a en un centro c&iacute;vico cercano al instituto.
    </p><p class="article-text">
        De peque&ntilde;o, Fran era el t&iacute;pico ni&ntilde;o que no ten&iacute;a amigos en el cole. Adem&aacute;s era &ldquo;muy repelente&rdquo;, muy empoll&oacute;n, muy de quedarse en el recreo leyendo solo y no salir a jugar. Fue en la &eacute;poca del instituto cuando, al encontrar gente m&aacute;s af&iacute;n, se abri&oacute; un poco m&aacute;s y se volvi&oacute; m&aacute;s simp&aacute;tico, &ldquo;ahora soy una persona dicharachera&rdquo;, pero de peque&ntilde;o &ldquo;una ratilla de biblioteca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con su hermano, m&aacute;s deportista, se llevaba muy bien pero les gustaban tambi&eacute;n cosas diferentes. De peque&ntilde;os se pasaban el d&iacute;a jugando con la bicicleta, &ldquo;ten&iacute;amos una cada uno y la cog&iacute;amos&rdquo;. Cuando crecieron, a partir de los doce a&ntilde;os o as&iacute;, se distanciaron porque el c&iacute;rculo de amigos de ambos era muy distinto.
    </p><p class="article-text">
        Su pasi&oacute;n por los libros se hizo patente desde las primeras clases. Las maestras de Villarrubia le suger&iacute;an libros y su madre se los compraba porque sab&iacute;a que es lo que le gustaba. Por eso mismo lo apuntaron al conservatorio y le compraron un piano, &ldquo;mi madre siempre ha intentado estimularme con las cosas que me gustaban&rdquo;. Cuando &eacute;l contaba s&oacute;lo con tres a&ntilde;os le dijeron a su madre que lo llevaran al psic&oacute;logo: &ldquo;este ni&ntilde;o no juega al f&uacute;tbol, este ni&ntilde;o no hace nada&rdquo;, le insist&iacute;an,&nbsp;ech&aacute;ndose las manos a la cabeza. El psic&oacute;logo, hombre sabio, le recomend&oacute; que lo dejase tranquilo, que cada uno ten&iacute;a sus gustos&nbsp;y que no le diese mayor importancia.
    </p><p class="article-text">
        Digamos que todos estos rasgos eran los que marcaban su personalidad, una personalidad muy fuerte y marcada. De hecho, en el colegio, con esos mismos tres a&ntilde;os, les mandaron colorear una virgen &ldquo;y yo dec&iacute;a que no lo quer&iacute;a pintar&rdquo;, empez&oacute; a llorar como un descosido y tuvieron que llamar a la madre y todo, &ldquo;era raro, yo era un ni&ntilde;o muy raro, yo era muy raro, yo era muy raro muy raro&rdquo;, y raro en el mal sentido porque puede gustarte algo pero puedes ser m&aacute;s tolerante con la gente, conste que no lo digo yo, que Fran me lo ha contado. Para deciros que ni una trastada hizo de ni&ntilde;o...&nbsp;&ldquo;las hago m&aacute;s ahora&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una cosa que le encantaba de peque&ntilde;o era ir a misa. Lo pon&iacute;an a leer y le gustaba mucho porque le parec&iacute;a una cosa muy bonita y las mujeres mayores le dec&iacute;an &ldquo;oy, qu&eacute; bien lee, qu&eacute; bien lee la Biblia&rdquo;, y a su madre: &ldquo;To&ntilde;i, tu hijo lee la Biblia de bien y qu&eacute; bueno es&rdquo;, y eso le flipaba. Porque, est&aacute; claro, Fran ten&iacute;a la autoestima muy baja, &ldquo;por eso quiz&aacute;s me relacionaba poco&rdquo;, as&iacute; que cualquier palabra bonita referida a &eacute;l le entusiasmaba. Con ocho o nueve a&ntilde;os dec&iacute;a que iba a ser cura pero luego se dio cuenta de que hab&iacute;a m&aacute;s cosas y ya la Iglesia dej&oacute; de pisarla.
    </p><p class="article-text">
        La fiesta m&aacute;s conocida de Majaneque es la verbena popular que se monta en verano, &ldquo;como en el resto de barriadas&rdquo;. Sin embargo, la fiesta que &eacute;l m&aacute;s disfrutaba era la Navidad. Todos los ni&ntilde;os ped&iacute;an por las puertas chucher&iacute;as o dinero, &ldquo;aqu&iacute; en la ciudad no pides por el centro el aguinaldo&rdquo;, son el tipo de costumbras bonitas que en los pueblos se siguen conservando y que si, en una ciudad alg&uacute;n d&iacute;a las hubo, se han ido perdiendo o sustituyendo por moderneces.
    </p><p class="article-text">
        Vivir en Majaneque le ha hecho valorar las dos caras de la moneda. Vivir en la capitales est&aacute; genial porque hay mucho movimiento, pero tambi&eacute;n aprecia estar tranquilo, que la gente se conozca toda y tenga mucha relaci&oacute;n. Por ejemplo, si en la ciudad te pones malo, vas a la calle y a lo mejor la vecina se entera; en Majaneque se entera toda la calle, todo el mundo te pregunta y &ldquo;con todos tienes conversaci&oacute;n&rdquo;. Si una persona mayor se pone mala y no tiene coche, &ldquo;seguro que la lleva alguien al m&eacute;dico o al hospital&rdquo;. Majaneque le ha ense&ntilde;ado a valorar la ayuda entre unos y otros, a conocer a los vecinos cuando ha llegado a una ciudad por si necesitan algo, ayudarlos. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque ha sido muy feliz con todo lo descubierto fuera, no puede olvidar su bonito arroyo, su agente y sus gallinas, los animales, el huerto grande de la abuela, &ldquo;el ambiente rural que hay en Majaneque&rdquo;. La calle invadida por los juegos con sus primos, &ldquo;no pasan muchos coches&rdquo;, las manos de su abuelo en los tomates, recolectando en la huerta, &eacute;l perdido entre los &aacute;rboles...
    </p><p class="article-text">
        El campo, con sus ruidos y sus silencios.
    </p><p class="article-text">
        Pincha y escucha c&oacute;mo&nbsp;<a href="https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/11/todos-los-vecinos-unidos-.mov" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">todos los vecinos unidos</a>&nbsp;lucharon contra el fuego en casa de Fran.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-majaneque_1_7152164.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Nov 2013 06:07:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Érase una vez Majaneque...]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Érase una vez Fuente Obejuna...]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-fuente-obejuna_1_7153808.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d734a3fc-4e26-4faa-a70b-b82a4138c1c9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez &ldquo;la rubilla del Cano&rdquo;, &eacute;rase una vez un rabo de lagartija, &eacute;rase la mellariense m&aacute;s noble, ingenua y traviesa de toda Fuente Obejuna, &eacute;rase una vez Mari. Mari ten&iacute;a tres hermanos y, aunque todos eran muy buenos, no se sabe c&oacute;mo, cuando menos acordaban, estaban metidos en un l&iacute;o de aqu&iacute; te espero. 
    </p><p class="article-text">
        En el camino de casa al colegio y del colegio a casa pod&iacute;a ocurrir de todo, siempre hab&iacute;a algo que los entreten&iacute;a. En el pueblo hab&iacute;a dos colegios y, como ambos estaban alejados de su casa, el total de los ni&ntilde;os del barrio se reun&iacute;an para ir juntos. Sol&iacute;an cruzarse con agricultores que descargaban la mercanc&iacute;a, por ejemplo, al t&iacute;o Co&ntilde;&oacute;n. El t&iacute;o Co&ntilde;&oacute;n, que en realidad se llamaba Antonio, llenaba su tractor de nabos, y ellos se sub&iacute;an en lo alto para com&eacute;rselos, &ldquo;que no nos gustaban ni nada&rdquo; y cuando el hombre los pillaba y les llamaba la atenci&oacute;n, sal&iacute;an todos pitando porque tambi&eacute;n &eacute;l sal&iacute;a corriendo tras ellos. De modo que llegaban pronto al colegio, &ldquo;pero porque &iacute;bamos todo el camino corriendo, asustados toda la tarde&rdquo;, pensando que el hombre iba a ir a buscarlos al colegio. A las cinco, cuando sal&iacute;an de la escuela, paraban para subirse en un carro de los que llevaban las yuntas, &ldquo;y nos sub&iacute;amos y nos pase&aacute;bamos, nos balance&aacute;bamos&rdquo; hasta que alguno se accidentaba porque le pillaba el carro debajo. Cuando llegaban a la casa, tocaba merendar, hacer las tareas &ldquo;que termin&aacute;bamos a las tantas porque est&aacute;bamos m&aacute;s pendientes de salirnos a la calle&rdquo;, un ba&ntilde;o, la cena y a acortarse hasta el d&iacute;a siguiente.
    </p><p class="article-text">
        Mari y sus hermanos jugaban mucho en la calle, &ldquo;tambi&eacute;n en el patio&rdquo;, pero siempre al aire libre. Cualquier cosa les ven&iacute;a bien: las mu&ntilde;ecas y las piedras. Detr&aacute;s de su casa, que estaba en la entrada del pueblo, y desde donde se ve&iacute;a la ermita, hab&iacute;a un corral&oacute;n, una casa se&ntilde;orial abandonada, en ruinas, que era el lugar preferido de todos los ni&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        La amiga m&aacute;s mejor amiga de Mari era Chari, siempre estaban juntas. Las hermanas de Chari eran mucho mayores y viv&iacute;an en Reus. Cuando se enteraban de que iban de visita al pueblo, &iexcl;&iexcl;era una fiesta!! Le tra&iacute;an barbies, y Mari s&oacute;lo ten&iacute;an Nancys, as&iacute; que &iexcl;vaya novedad! Solo una cosa le pesa de su amistad y es un enfado que las separ&oacute; durante la adolescencia. Chari ri&ntilde;&oacute; con la hermana de Mari y &eacute;sta sali&oacute; a defender a la de su sangre. Mira que Chari se disculp&oacute; y todo, pero el orgullo pudo sobre la nobleza de aquella y no la perdon&oacute;, &ldquo;eso no me lo perdono yo tampoco&rdquo;, dice Mari ahora. Ahora se llevan estupendamente, y se quieren mucho, y recuerdan la historia con risas.
    </p><p class="article-text">
        Durante la adolescencia se juntaban cuatro amigas, hasta que empezaron a echarse novio y casarse, la primera con dieciocho, la segunda con diecinueve y Mari, la &uacute;ltima, con veintiuno. Lo pasaban muy bien: si no hab&iacute;a una fiesta, la inventaban. En Navidad aprovechaban: la Nochebuena, la Navidad, la Nochevieja, el A&ntilde;o Nuevo y los Reyes. Recuerda sobre todo con cari&ntilde;o el d&iacute;a de Reyes. &ldquo;Los Reyes Magos&rdquo; pon&iacute;an todos los juguetes de la casa, los viejos y los nuevos, &ldquo;para que el escenario estuviese muy vistoso&rdquo;. A ellos les hac&iacute;a ilusi&oacute;n esconderse debajo de la mesa para ver si pillaban a su madre... ejem... ustedes saben a lo que me refiero, no vaya a estar leyendo alg&uacute;n ni&ntilde;o y le descubramos el invento, ya cuando sospechaban algo, o cuando sus hermanos le dijeron..., &ldquo;yo no me lo cre&iacute;a&rdquo;. La madre se daba cuenta y les apagaba la luz o los asustaba para que se fuesen a dormir.
    </p><p class="article-text">
        En Semana Santa, el domingo de Resurrecci&oacute;n, asist&iacute;an al revoloteo de bandera. Las personas mayores, hombres grandotes y fuertes, se encargaban de revolotearla, &ldquo;porque las banderas eran enormes, hab&iacute;a tres o cuatro&rdquo;, y los socios de las hermandades de la Semana Santa decid&iacute;an qui&eacute;n era el ganador. Pon&iacute;an como unas tracas, pasado el domingo, y cuando &eacute;stas reventaban ca&iacute;an juguetes, y all&iacute; se mataban por coger &ldquo;nada, a lo mejor una pelotita o cualquier historia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las excursiones al campo eran casi diarias: buscaban setas y hongos. Con las primeras aguas se met&iacute;an en las huertas, hasta el fango, si la tierra estaba mojada. Con las bicicletas, &ldquo;ya grandecitas&rdquo;, visitaban unas minas cuyo acceso estaba prohibido, &ldquo;porque ten&iacute;an mucho peligro&rdquo;, con gran cantidad de galer&iacute;as y pozos, &ldquo;&iacute;bamos a trastear&rdquo;. En una ocasi&oacute;n, un grupo de quince o diecis&eacute;is nenes y nenas, se acercaron a la Mina de la Porcelana. Mientras unos beb&iacute;an esto y lo otro, el resto entr&oacute; en la mina con una linterna. Buscaban murci&eacute;lagos en las galer&iacute;as, &ldquo;el trasteo&rdquo;, pero cuando Mari mir&oacute; hacia atr&aacute;s y vio d&oacute;nde estaba, ella que ten&iacute;a claustrofobia, y todo lo que hab&iacute;an andado, sali&oacute; corriendo porque se ahogaba. A los dos o tres d&iacute;as siguientes su padre dijo en casa: &ldquo;pues me ha dicho fulanito de copas, que la mina de la porcelana se ha hundido&rdquo;. Casi le da a Mari un patat&uacute;s, pensar que por apenas dos d&iacute;as les pod&iacute;a haber ca&iacute;do encima a ellos.
    </p><p class="article-text">
        Los pozos eran tambi&eacute;n v&iacute;ctimas de su entretenimiento e imprudencia: asomarse a ellos y saltarlos, chiquitos, redonditos y con brocal, que es la pared que los rodea, bajitos y de piedra, con un di&aacute;metro de metro y medio o dos metros. En casa de una amiga ya le ten&iacute;an cogida la triqui&ntilde;uela, &ldquo;no nos lleg&oacute; a pasar nada porque Dios no quiso&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Antes par&iacute;an las gatas y las tiraban donde cayeran. La casa abandonada donde jugaban, la casa de Adelita, &ldquo;que le dicen&rdquo;, ten&iacute;a una arboleda muy grande. Era un recinto cerrado con adobe ya ca&iacute;do, un tronco seco cruzaba el centro del pozo y la casa. Ellos pensaban que para que los gatitos que se encontraban vivos o reci&eacute;n paridos de las gatas no sufrieran, lo mejor era liarlos en un trapo y lanzarlos al pozo, &ldquo;hond&iacute;simo&rdquo;. Aquel d&iacute;a que nunca olvidar&aacute;, le toc&oacute; a ella subir al &aacute;rbol. Cuando empez&oacute; a subir apareci&oacute; su madre: &ldquo;Mari, b&aacute;jate que vamos a ir a casa de la t&iacute;a y no s&eacute; qu&eacute;, b&aacute;jate que tengo prisa&rdquo;, se lo dec&iacute;a despacio para que no se cayera. Conforme baj&oacute;, le peg&oacute; tal somanta que cuando la recuerda se le pone hasta mala cara, &ldquo;no tengo trauma, pero no se me va a olvidar en la vida&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que m&aacute;s motivaba a Mari era que le dijesen lo bien que hac&iacute;a las cosas de mayores. Mientras su madre hac&iacute;a la compra, ella limpiaba la casa. Con diez a&ntilde;os Mari quer&iacute;a ir a comprar, &ldquo;como mi amiga Chari, que iba a la plaza con el carro y al m&eacute;dico a por las recetas del padre&rdquo;, y su madre: &ldquo;pero si ahora no necesito ninguna receta&rdquo;. Tal era su insistencia que finalmente le preparaba varios cartones. Ped&iacute;a n&uacute;mero, agarraba el carrito y su lista de la compra y: &ldquo;&iquest;detr&aacute;s de qui&eacute;n vamos?&rdquo;, &ldquo;buenos d&iacute;as, buenos d&iacute;as, don Teodoro&rdquo;, &ldquo;mire, que ven&iacute;a a que me recetara esto o lo otro&rdquo;. Eso de llegar con sus mandados y sus recetas, eso de que visitar al m&eacute;dico, eso de que &ldquo;yo hab&iacute;a hecho cosas que hac&iacute;an los mayores&rdquo;, era su mayor ilusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;C&oacute;mo han cambiado los tiempos! A Mari le hubiera gustado que sus hijas tambi&eacute;n disfrutasen de la libertad de los juegos del pueblo, &ldquo;lo que yo disfrut&eacute;&rdquo;, nunca tuvo un momento de aburrimiento, jugaba con lo que hubiese en ese momento, &ldquo;&iexcl;&iexcl;hasta con las pinzas de la ropa!!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que m&aacute;s le gustar&iacute;a a Mari es recuperar la bonita plaza del pueblo, a la que hace unos a&ntilde;os obraron y convirtieron en una plaza moderna: toda descubierta, su banco ruso de azulejos, sus escaleras de piedras y chinos, la escalinata y la barandilla de piedra como abalaustrada y la enorme escalera. Tantos momentos en esa plaza, tantos recuerdos en sus bancos, y desde arriba la torre, la plaza de abastos, la iglesia coronando el otro lado del pueblo... y su memoria.
    </p><p class="article-text">
        Pincha, escucha e implora&nbsp;<a href="https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/09/Virgen-Santa-Virgen-Pura-apru%C3%A9bame-esta-asignatura.mov" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Virgen Santa, Virgen Pura, apru&eacute;bame esta asignatura</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-fuente-obejuna_1_7153808.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 Nov 2013 06:03:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Érase una vez Fuente Obejuna...]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Érase una vez Cosmopoética...]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-cosmopoetica_1_7153807.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a094d0e2-d987-4b9d-9bb8-7b2db309d136_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez Cosmopo&eacute;tica en C&oacute;rdoba, habr&aacute; que preguntarle a los poetas en&nbsp;https://cordopolis. es/ciudad-cultural/ y, si quieres verlos,&nbsp;http://www. cosmopoetica. es/galeria/galerias-2013
    </p><p class="article-text">
        Y ya me cuentan...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-cosmopoetica_1_7153807.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Oct 2013 08:56:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Érase una vez Cosmopoética...]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Érase una vez Santa Cruz...]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-santa-cruz_1_7153809.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7e66a0f3-f494-48eb-8149-804865522d29_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez un ni&ntilde;o con la mirada llena de timidez y la cabeza repleta de ideas. Su nombre era Fernando y viv&iacute;a en un pueblecito de C&oacute;rdoba, t&eacute;cnicamente una barriada, llamado Santa Cruz. No siempre fue as&iacute;; a la barriada, me refiero. Hace ya unos cuantos a&ntilde;os, no demasiados, siendo Fernando ni&ntilde;o, la barriada pertenec&iacute;a al municipio de Montilla pero, tras votaci&oacute;n popular, los santacruce&ntilde;os decidieron pertenecer a la capital de la provincia. Los adultos estaban entusiasmados, &ldquo;ostras, vamos a pertenecer a C&oacute;rdoba&rdquo;. Sin embargo, el clamor se desvaneci&oacute; pronto. El sistema de autobuses, que deb&iacute;a instaurarse como el de cualquier otra barriada, se rigi&oacute; como el de un pueblo, y esto dificultaba las comunicaciones.
    </p><p class="article-text">
        Hasta los diez u once a&ntilde;os que vivi&oacute; en Santa Cruz, a Fernando la vida le result&oacute; c&oacute;moda y confortable. Normalmente pasaba mucho tiempo en casa con sus tres hermanas, pero, sobre todo, con la que se llevaba tan solo dos o tres a&ntilde;os, que era la sombra la otra del uno y el uno la de la otra. Despu&eacute;s crecieron y las ni&ntilde;as se distanciaron para relacionarse m&aacute;s entre ellas. Recuerda Fernando un acontecimiento que marc&oacute; ese antes y despu&eacute;s. En aquella &eacute;poca sus padres ten&iacute;an una casa muy grande y el patio era la zona de juegos preferida. All&iacute; jugaban, se peleaban, ellas lo disfrazaban de ni&ntilde;a, &ldquo;las cosas que hacen tus hermanas&rdquo;, y as&iacute;. &Eacute;l las chinchaba, a cada una por separado, &ldquo;porque era bruto y les pod&iacute;a&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a que se quedaron los cuatro solos en casa y las hermanas aprovecharon el momento sin padres: acorralamiento, inmovilizaci&oacute;n y... &iexcl;&iexcl;guerra de cosquillas!! Al final cumplieron su objetivo y Fernando se rindi&oacute; con un &ldquo;puedo prometer y prometo que no os chincho m&aacute;s&rdquo;. Y como si nada, como cada tarde, su sombra y &eacute;l subieron una vez m&aacute;s a la plaza del pueblo, que en aquel entonces ten&iacute;a mucha actividad, y jugaron a matar y a las cuatro esquinas, &ldquo;ese juego no recuerdo bien c&oacute;mo era&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En Santa Cruz hab&iacute;a muy pocos ni&ntilde;os, &ldquo;de mi edad solo cuatro&rdquo;, y uno de ellos apenas aparec&iacute;a por clase. Proven&iacute;a de una familia de tradici&oacute;n, ejem, &ldquo;alegre&rdquo;, con diecis&eacute;is hermanos y, al parecer, prefer&iacute;a su nave y a sus hermanos o las motos a asistir a clase. S&oacute;lo de vez en cuando iba el director a buscarlo. Los otros dos eran Antonio el malo y Antonio el bueno, el primero se portaba peor y el segundo era el bueno. De todos modos, Fernando sol&iacute;a relacionarse m&aacute;s con las ni&ntilde;as, entre otros motivos, porque arrasaban en n&uacute;mero. S&oacute;lo fue casi al final de su estancia all&iacute; que empez&oacute; a juntarse con Antonio el bueno, &ldquo;hac&iacute;amos trabajos para el colegio&rdquo;. Vamos, que Fernando pasaba de l&iacute;os. 
    </p><p class="article-text">
        Su &uacute;nica pero m&iacute;tica trastada con los ni&ntilde;os la llamaban La Ruta del Correctivo. Consist&iacute;a en coger piedras y recorrer el pueblo lanz&aacute;ndolas a las casas de los que ellos consideraban m&aacute;s personajes. El m&aacute;s divertido era uno que viv&iacute;a en una cochera con su bota de vino. Estaba separado &ldquo;o divorciado&rdquo; y, claro, &ldquo;eso en el pueblo no pasaba&rdquo;. Cuando golpeaban su puerta, &eacute;l respond&iacute;a: &ldquo;Ahhhh, me hab&eacute;is dado, pues ahora voy a contestar yo m&aacute;s fuerte&rdquo;. El hombre cog&iacute;a un palo y apaleaba su propia cochera en&eacute;rgicamente mientras gritaba: &ldquo;Mirad, yo soy m&aacute;s fuerte&rdquo;. Cuando se cansaba, ellos segu&iacute;an el recorrido golpeando las casas de los tres o cuatro m&aacute;s que les parec&iacute;an personajes.
    </p><p class="article-text">
        Fernando recuerda que algunos ni&ntilde;os hac&iacute;an chozas en el campo. &Eacute;l nunca tuvo una porque, como dec&iacute;a, no se juntaba mucho con los ni&ntilde;os. Un d&iacute;a, unos cuantos le dijeron: &ldquo;hemos hecho una pandilla y montado una choza&rdquo;. As&iacute; que fue a visitarla, &ldquo;una vez la vi me pareci&oacute; grand&iacute;sima&rdquo;. La montaron en el campo, en un almac&eacute;n propiedad del t&iacute;o de Fernando, que ten&iacute;a una empresa constructora. All&iacute; se amontonaban un mont&oacute;n de cajas y a uno se le ocurri&oacute; empezar a hacer huecos en las mismas. Dentro de la choza prend&iacute;an fuegos, hasta que un d&iacute;a el fuego se dispar&oacute; y ardieron todas las cajas de madera, &ldquo;yo no fui part&iacute;cipe de la trastada&rdquo;, se disculpa, &ldquo;solo pas&eacute; por all&iacute; un par de veces, &iexcl;era espectacular!, ten&iacute;a habitaciones y todo&rdquo;, queda pensativo e insiste nost&aacute;lgico y admirado: &ldquo;&iexcl;espectacular!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La mejor fiesta, la Navidad y, sobre todo, la Noche Vieja. En cuarto o quinto de EGB ya hizo su primera celebraci&oacute;n entre amigos. Comenzaban un d&iacute;a antes porque ten&iacute;an que preparar la casa o la cochera, comprar la comida y bebida, &ldquo;pero sin alcohol&rdquo;. El primer a&ntilde;o fue en la cochera de un ni&ntilde;o un a&ntilde;o m&aacute;s peque&ntilde;o que &eacute;l y empezaron los arreglos &iexcl;una semana antes! Digamos que de noche de Noche Vieja, nada, m&aacute;s bien semana de Noche Vieja. A la fiesta se un&iacute;a la madre del due&ntilde;o de la casa, claro. La fiesta consist&iacute;a en darse un paseo por el resto de fiestas, luego volv&iacute;as a la tuya, volv&iacute;as a dar un paseo, volv&iacute;as a tu fiesta, si hab&iacute;a fuego estabas alrededor de la candela, el que hab&iacute;a empezado a fumar se fumaba un cigarro, y as&iacute; hasta que amanec&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La romer&iacute;a tambi&eacute;n estaba en el top de fiestas populares. Se desarrollaba en el puente antiguo, el que pasa por las cercan&iacute;as del pueblo. Fernando conserva una foto de entonces en la romer&iacute;a, la recuerda y esboza una sonrisa. Las ni&ntilde;as se vest&iacute;an de flamencas y lo que se llevaba era pasar el d&iacute;a en el campo: los adultos con los adultos y los ni&ntilde;os con los ni&ntilde;os. &Eacute;stos buscaban espacios rec&oacute;nditos a ojos de los mayores. En una ocasi&oacute;n encontraron un sitio &ldquo;muy chulo&rdquo;, aquello estaba lleno de vegetaci&oacute;n, pero lo limpiaron pacientemente. &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;? Un grupo de ni&ntilde;os m&aacute;s grandes los desterr&oacute; de aquel lugar, &ldquo;pero encontramos otro y nos lo pasamos muy bien tambi&eacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si piensa en aquellos a&ntilde;os en su pueblo, no puede evitar acordarse de los personajes entra&ntilde;ables. Recuerda a Paco Cano, que ten&iacute;a una tienda y una vez lo entrevistaron para la revista del pueblo, &ldquo;nos encantaban sus historietas de c&oacute;mo mat&oacute; a cien lobos o cuando se cay&oacute; al pozo... ve&iacute;a que despertaba la atenci&oacute;n y exageraba para nosotros, &iexcl;dec&iacute;a del gran eclipse que era un hombre!&rdquo;. Se acuerda del &ldquo;Chala&rdquo;, que dec&iacute;an que estaba chalado pero era muy inteligente. Se rumoreaba que construy&oacute; una avioneta y un televisor. En una ocasi&oacute;n, adolescente Fernando, &ldquo;yo tendr&iacute;a unos quince a&ntilde;os&rdquo;, el Chala se compr&oacute; un libro de MS2 o no s&eacute; qu&eacute;, y en la discoteca del pueblo le dijo: &ldquo;Fernando, he descubierto por fin que todo son ceros y unos, todo son ceros y unos&rdquo;. El pobre Chala se suicid&oacute;, &ldquo;una persona especial y con una mente tan creativa frustrado por las acotaciones que le da el pueblo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Muy peque&ntilde;o, con unos diez a&ntilde;os su familia se traslad&oacute; a C&oacute;rdoba para que tanto &eacute;l como sus hermanas pudiesen continuar sus estudios. Su llegada a C&oacute;rdoba fue como la llegada tambi&eacute;n de todos sus amigos puesto que regresaba cada fin de semana a Santa Cruz con la mochila repleta de m&uacute;sica o revistas de la tienda TIPO. As&iacute;, si ellos iban a C&oacute;rdoba la pod&iacute;an comprar, &ldquo;de otro modo no pod&iacute;an&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al principio lo que m&aacute;s echaba de menos era la sensaci&oacute;n de pertenencia. La familiaridad de las calles, salir de casa y que todo el mundo le conociese, ten&iacute;a una identidad pero en C&oacute;rdoba casi se convirti&oacute; en &ldquo;miedo&rdquo;. Un lugar m&aacute;s grande donde nada le pertenec&iacute;a ni a nada pertenec&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora, sin embargo, a&ntilde;ora la naturaleza y la tranquilidad. Quiz&aacute;s disfrute esa situaci&oacute;n inversa de conocimiento con su peque&ntilde;o, que sea &eacute;l quien descubra en Santa Cruz los valores evidentes de sosiego y vegetaci&oacute;n que C&oacute;rdoba no le puede aportar. Y los imagino a los tres -Fernando, Sure, Mar&iacute;a Jos&eacute;- bajo la luz tenue de la tarde, conociendo los peque&ntilde;os rincones, &ldquo;ah&iacute; pap&aacute; montaba su romer&iacute;a&rdquo;, compartiendo los juegos, &ldquo;&iquest;de verdad no recuerdas el de las cuatro esquinas?&rdquo;, mimetiz&aacute;ndose en los acentos, incluso, fugazmente.
    </p><p class="article-text">
        Pincha y escucha el descubrimiento de Fernando,&nbsp;<a href="https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/09/el-primer-ordenador.mov" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el primer ordenador</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-santa-cruz_1_7153809.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Sep 2013 06:03:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Érase una vez Santa Cruz...]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Érase una vez CERRADO POR VACACIONES, volvemos el 19 de septiembre, molesten las disculpas]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-cerrado-vacaciones-volvemos-19-septiembre-molesten-disculpas_1_7153810.html]]></link>
      <description><![CDATA[]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-cerrado-vacaciones-volvemos-19-septiembre-molesten-disculpas_1_7153810.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Aug 2013 06:03:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Érase una vez CERRADO POR VACACIONES, volvemos el 19 de septiembre, molesten las disculpas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Érase una vez Montemayor...]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-montemayor_1_7153811.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e52a4856-b008-49d4-bd70-d9334f22ae9b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        <em>[En la imagen, Fernando con trabajadores en su peluquer&iacute;a </em><a href="https://www.facebook.com/cortaycambia.fernando" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Corta y Cambia</a><em>]</em>
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez un ni&ntilde;o con nombre de artista: Fernando Alcaide Mata. Desde peque&ntilde;o supo que su vida estar&iacute;a inspirada en la creaci&oacute;n, pero no fue hasta los <em>diecialgo</em> que descubri&oacute; el Arte Terapia, una terapia guiada por cinco elementos del arte: la escritura, la fotograf&iacute;a, la pintura, el teatro y la danza. Poco a poco conoci&oacute; a gente interesada en el crecimiento personal de estas terapias m&aacute;s alternativas, y empez&oacute; a conocer nuevas posibilidades y un magn&iacute;fico camino por explorar. El Arte Terapia le ense&ntilde;&oacute; a no acomodarse a lo que ten&iacute;a, sino a buscar metas nuevas, a recorrer su camino, a adivinar lo que quer&iacute;a en cada momento, lo que necesitaba, le dio pistas de lo que quer&iacute;a hacer con su vida. Y fue entonces cuando decidi&oacute; marcharse de su pueblo, Montemayor, para buscar otras aventuras.
    </p><p class="article-text">
        Fernando empez&oacute; a trabajar desde muy joven en una peluquer&iacute;a de su pueblo, &ldquo;t&uacute; sabes, t&uacute; empiezas siempre en los bajos de tu casa o en la cochera de tu padre&rdquo;. Su vida era muy c&oacute;moda, ganaba mucho dinero y, como viv&iacute;a con sus padres, &ldquo;como buen hijo que era&rdquo;, apenas ten&iacute;a gastos. Un d&iacute;a, de repente, apareci&oacute; una chica de Barcelona en su peluquer&iacute;a, quer&iacute;a peinarse para la boda en Montemayor de un familiar. &Eacute;l se dio cuenta de que la muchacha no paraba de hacerle preguntas y observar muy f&iacute;jamente cada uno de sus movimientos, hasta que le desvel&oacute; qu&eacute; es lo que se le hab&iacute;a ocurrido: &ldquo;Mira, Fernando, busco estilistas en Barcelona, te necesito en dos d&iacute;as, &iquest;te vienes?&rdquo;. Y en dos d&iacute;as desmont&oacute; la peluquer&iacute;a y se plant&oacute; en Barcelona.
    </p><p class="article-text">
        Al tiempo se traslad&oacute; a M&aacute;laga y, finalmente, decidi&oacute; volver un poquito m&aacute;s cerca de sus ra&iacute;ces, a C&oacute;rdoba capital. Fernando necesitaba el calor de gente que lo quisiera, amigos y familiares, y de eso en C&oacute;rdoba le sobraban, y lo decidi&oacute; as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Fernando sali&oacute; de Montemayor, a quien m&aacute;s ech&oacute; de menos fue a su madre, pero con el tiempo se ha dado cuenta de que, aunque cada dos por tres viaja a su pueblo para visitar a la familia, la gente se acostumbra un poco a vivir sin ti, cada uno tiene sus planes, tiene su vida y &ldquo;la gente se acostumbra a vivir sin ti, es l&oacute;gico&rdquo;, aunque las personas queridas siempre est&aacute;n ah&iacute;. Lo que m&aacute;s echa de menos es el d&iacute;a a d&iacute;a de su familiares, por ejemplo, el de sus abuelos, &ldquo;veo a mis abuelos envejecer y no los veo a diario, veo a mis primos crecer y no los veo a diario. Se lamenta de que tiene sobrinos muy cercanos que apenas lo conocen, te miran como al familiar extra&ntilde;o por la lejan&iacute;a, &rdquo;llegas all&iacute; y te das cuenta de que para esa gente nueva t&uacute; eres un desconocido&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Todas las carencias y virtudes que le caracterizan se las debe a la educaci&oacute;n recibida en Montemayor, le han hecho quien es. Una familia humilde que ha trabajado en el campo y en la hosteler&iacute;a, dos hermanos &ldquo;Juan que viene detr&aacute;s m&iacute;a y To&ntilde;i que es la peque&ntilde;a&rdquo;, y la muy buena relaci&oacute;n que siempre ha mantenido con ellos, incluso sus primas, con la que compart&iacute;a juegos y travesuras por la cercan&iacute;a de la edad (un d&iacute;a casi lo asfixian por hacer el pino).
    </p><p class="article-text">
        Las fiestas eran un elemento imprescindible en la vidilla cultural y tradicional del pueblo, sin duda. Las m&aacute;s esperadas, la Feria del pueblo, la Nochevieja, y la Romer&iacute;a porque te daban carta libre para volver a casa, &ldquo;pod&iacute;as beber esa noche y te daba tiempo a que se te pasase la papa&rdquo;, cosas de la edad.
    </p><p class="article-text">
        Nochevieja de ni&ntilde;o la pasaba en casa de su abuela &Aacute;ngeles, &ldquo;que hoy en d&iacute;a ya no vive&rdquo;, su madre, su abuela y su titi. No era una noooocheeee... digaaaaamoooos... loca: despu&eacute;s de las uvas, se acostaba todo el mundo. Hasta la primera fiesta que organizaron en una cochera que les prestaron o alquilaron. Esa primera noche le permitieron acostarse a las dos de la ma&ntilde;ana, &ldquo;&iexcl;y eso era ya un privilegio!&rdquo;. Llenaron la cochera con bolsas de basura y con pintura verde pintaron manos en las bolsas. Compraron bebidas alcoh&oacute;licas y muy poca comida, cosas de la edad. En el colegio, y en el pueblo m&aacute;s, tienes una pandilla que es la de todo el colegio, &ldquo;te juntas las dos clases&rdquo; que son casi sesenta personas, y todos se juntaron en aquella cochera, &ldquo;se recuerda muy bonita, se guardan muy buenos recuerdos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Feria y la Romer&iacute;a eran, sin embargo, sus fiestas m&aacute;s esperadas. En la Feria de Montemayor, el nivel en trajes de flamenca y de estilismo, en general, es muy elevado, la gente va muy arreglada y &ldquo;casi nadie repite traje de un a&ntilde;o a otro&rdquo;. Aunque Fernando no era muy entendido, s&iacute; que sabe que la ganader&iacute;a y los caballos ten&iacute;an fama fiera de los l&iacute;mites de Montemayor, y &ldquo;dicen que es la m&aacute;s grande de C&oacute;rdoba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Romer&iacute;a comienza la noche de antes. Las carrozas guardan su sitio para la procesi&oacute;n, &ldquo;pueden salir unas setenta u ochenta&rdquo;. En las carrozas todos participan, &iexcl;&iexcl;hasta los gatos!! Los amigos cogen su tractor y decoran el remolque. Cada pandilla del pueblo prepara una, desde personas de sesenta a&ntilde;os hasta adolescentes de dieciocho: van primero los caballos que participan en el concurso de caballos y despu&eacute;s las carrozas, que van decoradas con motivos del pueblo, de San Isidro o de patios andaluces. El pueblo casi llega a rodearse de carrozas, &ldquo;cuando van por mitad del camino de la romer&iacute;a, algunas a&uacute;n no han salido del pueblo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Fernando termina cada tarde la jornada de trabajo en su peluquer&iacute;a &ldquo;Corta y cambia&rdquo;. Echa el cerrojo. Cruza la carretera y ya est&aacute; en la orilla del Guadalquivir. Como en uno de tantos paseos por el mirador de su pueblo, se sienta y enciende un cigarro. Ya est&aacute; anocheciendo. Recuerda el paseo de Montemayor un d&iacute;a de lluvia, brillante el reflejo de las farolas y los arcos del ayuntamiento.
    </p><p class="article-text">
        De pronto, el paso de un ni&ntilde;o con un cartucho de churros le recuerda las sopaipas de su abuela, &ldquo;ese aceite ya hirviendo&rdquo; y su abuela echando la masa de la sopaipa. Su abuela estira con el rodillo la masa, harina, agua y sal, estira con un rodillo, el aceite caliente, harina, agua y sal, su abuela, el chocolate o el az&uacute;car.
    </p><p class="article-text">
        La abuela, que fr&iacute;e sopaipas, con las manos calientes de las abuelas, para el nieto.
    </p><p class="article-text">
        Pincha, escucha y descubre lo que es la paciencia con <a href="https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/07/Seis-horas-esperando-un-metro.mov" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">seis horas esperando un metro</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-montemayor_1_7153811.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Jul 2013 08:59:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Érase una vez Montemayor...]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Érase una vez El Carpio...]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-carpio_1_7153812.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/17c3440e-f0ac-45aa-960f-234218f8a98d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez una ni&ntilde;a a la que de su pueblo no la sacaban ni a patadas. Aunque pas&oacute; por poblaciones tan dispares como Madrid, Algeciras, Cabra y Sevilla, Lidia siempre volv&iacute;a regularmente a su pueblo natal: El Carpio. Su &uacute;ltima residencia la estableci&oacute; en C&oacute;rdoba capital, porque su marido era cordob&eacute;s, y porque C&oacute;rdoba no deja de ser un pueblo, &ldquo;t&uacute; est&aacute;s en un sem&aacute;foro con el carrito del ni&ntilde;o y la mujer de al lado: oy, qu&eacute; bonito, oy, qu&eacute; tiene hambre, oy, que est&aacute; llorando, oy qu&eacute; no se cu&aacute;ntos&rdquo;. Seg&uacute;n Lidia, esa cercan&iacute;a es muy de pueblo.
    </p><p class="article-text">
        De ni&ntilde;a viv&iacute;a en las afueras del pueblo. Sus padres ten&iacute;an all&iacute; una tienda en la carretera general, que antes era la nacional. Podr&iacute;a decirse que su hermano y ella viv&iacute;an solos en esa casa, como aislados, porque la carretera estaba delante del pueblo. As&iacute; que el objetivo diario era pasar la jornada en casa de su abuela, que viv&iacute;a en el pueblo, &ldquo;recuerdo sobre todo los veranos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la &ldquo;civilizaci&oacute;n&rdquo; se juntaban todos los ni&ntilde;os del pueblo, daba igual la edad que tuvieses, y se formaban bandos seg&uacute;n las calles, &ldquo;estos son los de la calle La Cuerda, estos son los del barrio Morente...&rdquo;. Ellos iban a la calle de su abuela y eran de esa calle, aunque no viviesen all&iacute;. &ldquo;Ahora veo las edades con otra perspectiva&rdquo;, Lidia piensa que jugaba con ni&ntilde;os de dos, tres, cuatro e incluso cinco a&ntilde;os m&aacute;s peque&ntilde;os que ella y cinco a&ntilde;os por encima. Cuando jugaban al esconder, al que se la quedaba, se la quedaba toda la noche. Ya ves, contaba uno y los restantes veintitantos corr&iacute;amos cuesta arriba. La gran ilusi&oacute;n del juego era sencilla: t&uacute; te escond&iacute;as en la esquina, que no te pillaba seguro, seguro, pero escuchabas &ldquo;ostras, que viene&rdquo;, y a correr al pelot&oacute;n. El juego de la pelota era de lo m&aacute;s reclamado, eso s&iacute;, &iexcl;ay del que le tocase abajo!, &ldquo;eso era un tema&rdquo;. El Carpio es un pueblo ubicado en una cuesta, por decirlo de alg&uacute;n modo, as&iacute; que cada vez que tiraban la pelota corr&iacute;a cuesta abajo, &ldquo;se te iba media noche en ir a buscarla&rdquo;. Con sentimientos encontrados, Lidia me dice: &ldquo;ya es un pueblo pero m&aacute;s de ciudad, las mam&aacute;s se llevan a los ni&ntilde;os al parque&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Otro tema era el de las abuelas. Los nenes pasaban toda la tarde y media noche en la calle, y mientras las abuelas tomando el fresco. En verano, El Carpio se transformaba en un pueblo de abuelas: las calles llenas de abuelas, las cuestas llenas de abuelas. De modo que si t&uacute; sal&iacute;as a la plaza con amigas, toda la cuesta te la tirabas &ldquo;buenas noches&rdquo;, ellas; &ldquo;buenas noches&rdquo;, las abuelas; &ldquo;buenas noches&rdquo;, ellas, &ldquo;buenas noches&rdquo;, las abuelas; cada tres casas se juntaban unas cuantas.
    </p><p class="article-text">
        La vuelta a casa era otro tema. Con el tiempo construyeron el puente pero antes ten&iacute;as que cruzar la v&iacute;a a trav&eacute;s de un paso a nivel, para llegar al otro lado del pueblo. Lidia volv&iacute;a con su hermano y el hombre que estaba en el paso a nivel los cruzaba, &ldquo;venga, ahora, cruzad, hasta que no vea yo a vuestra madre en la puerta no me muevo&rdquo;. Su madre los iba a buscar y cruzaba la carretera con ellos, &ldquo;te sent&iacute;as muy arropado&rdquo;, sab&iacute;an que si te pasa algo siempre habr&iacute;a alguien para ayudarte.
    </p><p class="article-text">
        Desde el comienzo de la primaria hasta octavo de E.G.B. su clase fue la misma. Incluso en el instituto, en el municipio vecino, casi todos cayeron en el mismo grupo. La uni&oacute;n hizo la fuerza. &ldquo;&Eacute;ramos un grupo muy espabilado&rdquo;, de hacer muchas cosas, como la cruz de mayo. La primera les sali&oacute; un poco &ldquo;pachanguera&rdquo; pero en la segunda montaron barra y todo.
    </p><p class="article-text">
        Dentro del grupo, su mejor amiga del alma, &eacute;sa a la que tienes la necesidad de contarle todo y de que todo te lo cuente, se hizo militar con diecisiete a&ntilde;os y se fue a Cartagena, as&iacute; que la amistad se enfri&oacute; un poco. Ahora es marine en Rota. 
    </p><p class="article-text">
        Unos de los grandes temas era el de las aventuras con su hermano. Cuando no convenc&iacute;an a los padres para que los pasasen al otro lado, a casa de la abuela, les tocaba trastear el d&iacute;a, inventar. Sus padres vend&iacute;an cer&aacute;mica y flores, adem&aacute;s, montaban coronas para los difuntos que apilaban en la zona del almac&eacute;n. Jugando una ma&ntilde;ana los dos, les parec&iacute;o una idea magn&iacute;fica colocar una silla junto a dos de las columnas de coronas de esparto, antes eran de esparto, y meterse dentro. Lo malo es que no contaron con que ten&iacute;an que salir. Se pusieron a jugar &ldquo;porque nos llev&aacute;bamos nuestros playm&oacute;bil y todo&rdquo;, sin echar cuentas de que en alg&uacute;n momento tendr&iacute;an que salir, &ldquo;y nosotros tan contentos&rdquo;. Cuando su madre se percat&oacute; de que los ni&ntilde;os no estaban por ninguna parte se asust&oacute; much&iacute;simo: &ldquo;ay, mis ni&ntilde;os, que se me han ido para la carretera&rdquo;, y por todos sitios los buscaba. A ellos no encontraron mejor soluci&oacute;n que dar empujones desde dentro hasta que cayeron todos los aros, &ldquo;todo el patio lleno de aros&rdquo;. Cuando su madre los encontr&oacute;, se alegr&oacute; tanto que ni les ri&ntilde;&oacute; ni nada, al contrario, se ech&oacute; a re&iacute;r y les advirti&oacute;: &ldquo;vosotros haced lo que quer&aacute;is, pero de puertas para dentro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En otra ocasi&oacute;n, saltaron al campo de f&uacute;tbol, y lo mismo. &ldquo;Hab&iacute;a una <em>pareilla&rdquo;</em> y colocaron piedras para alcanzar la parte superior y saltar. El problema: por un lado hab&iacute;a una altura y por el otro lado, otra. Estuvieron un buen rato dando vueltas al campo pensando en c&oacute;mo salir. Finalmente, aporrearon la puerta de entrada gritando, &ldquo;&iexcl;&iexcl;abueloooo, abueloooooo, que no podemos saliiiiiir!!&rdquo;. El abuelo los escuch&oacute;, busc&oacute; una escalera y los sac&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, lo que m&aacute;s les gustaba era investigar: &ldquo;mam&aacute;, que nos vamos&rdquo;, ellos, &ldquo;a d&oacute;nde vais&rdquo;, la madre, &ldquo;vamos a investigar&rdquo;. Sal&iacute;an a la parte trasera de la tienda, donde hab&iacute;a una imprenta. Los de la imprenta tiraban ah&iacute; los recortes. Cuando hac&iacute;an carteles de pegatinas, los cortaban con la gillotina y tiraban los restos. El af&aacute;n de los ni&ntilde;os era recogerlos todos, &ldquo;pero nos los llevamos todos, todos, &iexcl;&iquest;ehhhhh?!&rdquo;. A lo mejor se presentaban con bolsones, &ldquo;nos dedic&aacute;bamos a despegar y pegarlos en donde se nos ocurr&iacute;a&rdquo; hasta que se les acababan o les re&ntilde;&iacute;an, y entonces sal&iacute;an corriendo. &ldquo;Cuando &iacute;bamos a investigar nos present&aacute;bamos con cualquier cosa&rdquo;, me dice con media sonrisilla.
    </p><p class="article-text">
        En otra, su madre estaba pintando un dormitorio y el hermano y su muy mejor amiga se mancharon las manos con la pintura para decorar el cuarto contiguo. Cuando terminaron, las manos se las limpiaron en la colcha de la cama. Al entrar un rato despu&eacute;s Lidia se le ocurri&oacute; la fat&iacute;dica idea de tocar la colcha y se manch&oacute; las manos de pintura, pobre... &ldquo;&iquest;Pero qu&eacute; hab&eacute;is hechoooo?&rdquo;, &ldquo;&iexcl;&iexcl;que yo no he sido, mam&aacute;aaa!!, &iexcl;&iexcl;que yo no he sidoooo&rdquo;. Lidia, sali&oacute; a la calle detr&aacute;s de su amiga y la calent&oacute; con la mano abierta, y la otra a defenderse tambi&eacute;n con la mano abierta, hasta que cogi&oacute; una piedra y rompi&oacute; la luna del coche del padre de Lidia, menuda liaron las dos.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que m&aacute;s vuelve loca a lidia de su pueblo son las fiestas, &ldquo;mi pueblo otra cosa no tiene, pero fiestas...&rdquo;: la Virgen de la Cabeza de la que es hermana, la romer&iacute;a del Cerro, el Patr&oacute;n, San Isidro, el Corpus, carnaval con las comparsas, la semana santa con las cofrad&iacute;as, las romer&iacute;as con las hermandades, &ldquo;t&uacute; te apuntas a todo porque los eventos sociales est&aacute;n relacionadas con esas cosas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La que m&aacute;s, la que m&aacute;s es la del patr&oacute;n, que se celebra los d&iacute;as dos y tres de mayo, &ldquo;y m&aacute;s el d&iacute;a dos que el tres&rdquo;. El d&iacute;a dos t&uacute; te vistes de gitana; bajas a escuchar misa (hay un quinario que termina el d&iacute;a dos); acompa&ntilde;as al se&ntilde;or para arriba; vas cant&aacute;ndole el himno y sevillanas; cuando llegan a la glorieta, donde hay una figura del patr&oacute;n, se le hace una ofrenda de flores, sobre todo de mano de los ni&ntilde;os; despu&eacute;s se sube un poquito m&aacute;s, hasta la casa de la hermandad de la Morenita y all&iacute; canta el coro de la Morenita unas sevillanas dedicadas al Patr&oacute;n; luego, cuando suben a la plaza, a todas las mujeres que han subido vestidas de gitana, ya muchachas grandecitas, le reparten vengalas grandes, se abre un camino en el centro de la plaza a ambos lados, con mucho silencio y respeto, de una forma muy natural, nos es que la gente sepa lo que hay que hacer, es que te nace, los corazones se encogen unos minutos, las emociones m&aacute;s recientes campan a sus anchas. Cuando el patr&oacute;n llega a la plaza apagan todas las luces y encienden las vengalas, &ldquo;es lo m&aacute;s emotivo que puede ocurrir en todo el a&ntilde;o&rdquo;. Adem&aacute;s, &ldquo;es una sensaci&oacute;n que es solo de all&iacute;&rdquo; y llora el de al lado, el de enfrente y el que se gira para esconder en un pa&ntilde;uelo la lagrimilla. El &uacute;nico d&iacute;a que est&aacute; el patr&oacute;n en el pueblo. Y si hablamos del momento del grupo Los Rompeolas, ni te cuento. &ldquo;Los recuerdo desde que era chica&rdquo;, le escribieron una canci&oacute;n y &ldquo;eso es hincharte de llorar&rdquo; porque la letra cuenta cosas del pueblo relacionadas con el patr&oacute;n, &ldquo;cuando llega el patr&oacute;n empiezan con la musiquita y ya te mueres&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La fiesta del patr&oacute;n es lo que Lidia m&aacute;s ha echado de menos cuando ha estado fuera de El Carpio, la fiesta del Patr&oacute;n y el &ldquo;voy a c&aacute; la&rdquo;. El rito: 
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;&iexcl;Mamaaaaa, que ya estoy aqu&iacute;!!
    </p><p class="article-text">
        - &iexcl;&iexcl;Titaaaaaa!! &iexcl;&iexcl;&iquest;Est&aacute;is ah&iacute;iiii?!! &iexcl;&iexcl;&iquest;Os ven&iacute;s al mercadilloooooo?!!
    </p><p class="article-text">
        - &iexcl;&iexcl;&iquest;Y la mamaaaaaa?!!
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;&iexcl;&iquest;En ca' la Pacaaaaa?!!
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;&iexcl;Pues voy a ver qu&eacute; haceeeeeeen!!
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;&iexcl;En ca' la Conchaaaaaaa!!
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;&iexcl;Pues yo voy a cruzaaaaaaaar!! &iexcl;&iexcl;A ver qu&eacute; haceeeeeen!! 
    </p><p class="article-text">
        Pueden traducir las exclamaciones en decibelios y las conversaciones en marujeo y, por supuesto, todo desde la calle, porque para qu&eacute; usar el porterillo habien vozarr&oacute;n. Si vas a comprar, te tiras tres horas porque cada tres metros te paran: &ldquo;Ay, &iquest;que ha venido tu ni&ntilde;a?&rdquo;, &ldquo;Ay, que se ha tra&iacute;do al ni&ntilde;o&rdquo;, &ldquo;Ay, qu&eacute; grande est&aacute; el nene&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque Lidia echa de menos algunas cosas, y en alguna ocasi&oacute;n haya escuchado a Los Rompeolas desde el lejano Madrid, a trav&eacute;s del m&oacute;vil, l&aacute;grima incluida, en C&oacute;rdoba se siente muy bien arropada, se conserva esa cercan&iacute;a que caracteriza a los pueblos de la campi&ntilde;a porque &ldquo;C&oacute;rdoba es un pueblo grande&rdquo;. Y no muy grande, apunto yo.
    </p><p class="article-text">
        Pincha y saborea <a href="https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/07/El-serranito.mov" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el rico serranito</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-carpio_1_7153812.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jul 2013 13:33:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Érase una vez El Carpio...]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Érase una vez una cordobesa en la capital: Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-cordobesa-capital-madrid_1_7153813.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez una ni&ntilde;a que nunca quiso convertirse en adulta. Aunque viv&iacute;a en la ciudad de C&oacute;rdoba, la mayor&iacute;a de las personas que la conoc&iacute;an afirmaban que &ldquo;esta ni&ntilde;a vive en la parra&rdquo;. Ella no entend&iacute;a muy bien lo que le quer&iacute;an decir: &ldquo;pero si una parra es incomod&iacute;sima&rdquo;. Y as&iacute; pasaba los d&iacute;as, entre el mundo de los mortales y el suyo personal. Desconozco si cruzaba alg&uacute;n tipo de portal que la transportase o si ambas dimensiones coexist&iacute;an, sin interrumpirse la una a la otra. El caso es que parec&iacute;a que interpretase y experimentase la vida de una forma... de una forma... digamos distinta. Esta ni&ntilde;a se llamaba Alejandra.
    </p><p class="article-text">
        Aunque Alejandra hab&iacute;a viajado en bastantes ocasiones fuera de C&oacute;rdoba, cada vez que sal&iacute;a de la ciudad se convert&iacute;a en la primera vez. Como la ni&ntilde;a que va de excursi&oacute;n a los Villares con el colegio, el d&iacute;a de antes casi no dorm&iacute;a. Repasaba mil veces la maleta. Obligaba a su madre a que le aconsejase ropa que llevar, &ldquo;pero hija, si luego lo que te digo me dices que no&rdquo;. Cortaba las u&ntilde;as de sus pies. Y se peinaba con cuidado el flequillo.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un viaje que la marc&oacute; especialmente: &ldquo;DOS SEMANAS EN MADRID&rdquo;., porque eran dos semanas y porque estar&iacute;a sola, independiente, a su aire, con sus cosas... &ldquo;&iexcl;&iexcl;ay, madre, que tengo que coger el metro!!&rdquo;, &ldquo;&iexcl;&iexcl;ay, madre, pero qu&eacute; metro!!&rdquo;, &ldquo;&iexcl;&iexcl;ay, madre, pero qu&eacute; metro!!&rdquo;, &ldquo;&iexcl;&iexcl;ay, madre, qu&eacute; es un metro!!&rdquo;. Cada peque&ntilde;o paso, un mundo. Y no es que Alejandra fuese una &ldquo;lilanga&rdquo;, como le dir&iacute;a su cu&ntilde;ada Laura, sino una fan&aacute;tica de la intensidad del drama. Del mismo modo, el furror la pose&iacute;a ante nimias tales como &ldquo;mather of the beautiful love!! &iexcl;&iexcl;Esta calle tiene dos carriles en cada sentido!! Esto en C&oacute;rdoba es una avenida. Aqu&iacute; todo a lo grande, qu&eacute; ciudad, qu&eacute; magnificencia. Ohhhh... un perrito madrile&ntilde;o...&rdquo;, y as&iacute; con todo.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que les parecer&aacute; incre&iacute;ble, que exagero. Sin embargo, cuando acaben de ver, leer y escuchar este art&iacute;culo me dar&aacute;n la raz&oacute;n. He investigado concienzudamente para obtener un estudio pormenorizado de las acciones de esta cordobesa de capital en la capital espa&ntilde;ola. El &uacute;nico problema con el que se encontrar&aacute;n es con la traducci&oacute;n. La informaci&oacute;n que les expongo son anotaciones del diario personal de Alejandra, por lo que aparecen en su idioma. Propuse a Cord&oacute;polis buscar a un especialista para traducirlo pero el presupuesto se sal&iacute;a de madre (no es f&aacute;cil encontrar traductores tan especializados).
    </p><p class="article-text">
        Todo comenz&oacute; en un ba&ntilde;o. Una visionaria predijo el viaje y grab&oacute; mi nombre, como la canci&oacute;n de Roc&iacute;o Jurado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Aqu&iacute; los animales son diferentes, de los poros emergen cristales brillantes.
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        Los ciudadanos se comunican contigo mediante mensajes encriptados: &ldquo;... chuparla bien&rdquo;. 
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        Eso s&iacute;, se preocupan mucho por tu salud.
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        Los autobuses son peque&ntilde;as saunas internacionales, muy saludables para la piel.
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        Todos los ciudadanos son reyes y se montan su propio trono.
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                6. El trono del váter                            </span>
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        Los ciudadanos son muy altos y construyen los ba&ntilde;os a medida.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                7. Pipí de puntillas                            </span>
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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando explican algo, al principio, se ponen muy serios pero enseguida dicen algo que te hace sonre&iacute;r. Les gusta el caf&eacute;. Y los labios rojos.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El caf&eacute; lo toman en las alturas para que se oxigene.
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            <span class="title">
                9. Café en la terraza                            </span>
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        A veces da miedo. Y se l&iacute;an las cosas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                10. Lío en Sol                            </span>
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        &iexcl;&iexcl;La revoluci&oacute;n!!
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                10.1 Ocupación Poética                            </span>
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        Y te cruzas con dientes afilados.
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                11. Drácula                            </span>
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        Pero, de repente, el genio de la l&aacute;mpara y...
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        &hellip; te regala su nombre.
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                13. Autógrafo Ramone                            </span>
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        &iexcl;&iexcl;Lo he descubierto!! &iexcl;&iexcl;El LIMBO!!
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                14. Lámparas                            </span>
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        Salas de cine personalizado. Cu&aacute;nto avance.
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        &iexcl;&iexcl;Impresoras 3D!! Cu&aacute;nto avance.
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        Objetos 3D. Sobrevivir&aacute;n al New Big Bang. 
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        Y a la lluvia &aacute;cida de libros.
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        Usan gafas 3D. Con ellas se ve en tres dimensiones. Cu&aacute;nto avance.
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        Dato inquietante: cuando recuperas tus gafas, el <em>efecto 3D</em> te dura unas horas. El <em>efecto 3D </em>controla el movimiento de tu rostro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                20. Fotomatón                            </span>
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        Su generosidad no tiene l&iacute;mites...
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                21. Te regalo mi poesía por la voluntad                            </span>
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        Y, al otro lado, pincha y escucha&nbsp;<a href="https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/07/el-sonido-de-un-McDonald-madrile%C3%B1o.mov" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el sonido de un McDonald madrile&ntilde;o</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-cordobesa-capital-madrid_1_7153813.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jul 2013 23:04:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Érase una vez una cordobesa en la capital: Madrid]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[CERRADO TEMPORALMENTE por abandono del hogar, volvemos la semana próxima]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/cerrado-temporalmente-abandono-hogar-volvemos-semana-proxima_1_7153826.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez una Alejandra Vanessa,&nbsp;<em>cordobesa de los pies a la cabesa,</em> en Madrid... La semana que viene en todos sus ordenadores. &nbsp;Desde los momentos m&aacute;s bizarros a los m&aacute;s emotivos. Disculpen las molestias.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/cerrado-temporalmente-abandono-hogar-volvemos-semana-proxima_1_7153826.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Jun 2013 06:03:08 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[CERRADO TEMPORALMENTE por abandono del hogar, volvemos la semana próxima]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Érase una vez Villaharta...]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-villaharta_1_7153827.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec345328-135c-4b58-9d1c-063352c427b1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez una vez una m&aacute;quina del tiempo con forma de PC Astra del 88, y un ni&ntilde;o dentro que tararea la banda sonora del video juego &ldquo;Alex Kid&rdquo;. Este ni&ntilde;o se llama Paquito y lo que m&aacute;s le gusta es la vida Gandumbi [m&aacute;s detalles de esta forma de vida en el audio], porque &ldquo;la vida Gandumbi es la vida mejor&rdquo;, en su pueblo: Villaharta.
    </p><p class="article-text">
        A Paquito ning&uacute;n lazo familiar le un&iacute;a a su pueblo. Fueron a vivir all&iacute; porque su padre comenz&oacute; a trabajar en la central t&eacute;rmica que hab&iacute;a cerca. As&iacute; fue hasta que &eacute;l cumpli&oacute; ocho a&ntilde;os y su hermana entr&oacute; en primero de B.U.P. Los transportes eran un mundo y se estilaba trasladar el domicilio a C&oacute;rdoba cuando los hijos comenzaban la secundaria. As&iacute; que el nuevo destino de sus dos hermanos mayores, sus padres y el suyo propio fue C&oacute;rdoba. 
    </p><p class="article-text">
        Durante la semana permanec&iacute;an en la capital, pero en cuanto sal&iacute;an el viernes de los respectivos centros escolares, regresaban a Villaharta hasta el domingo por la noche. El fin de semana era lo m&aacute;s esperado por Paquito en toda la semana, &ldquo;por incre&iacute;ble que pueda parecer&rdquo;, ya que el pueblo contaba tan solo con seiscientos metros, &ldquo;medidos con una moto de una a otra punta&rdquo;, no m&aacute;s de diez calles. En cuanto a la poblaci&oacute;n, &eacute;l nunca hubiese podido desfilar a quintos por ser el &uacute;nico nacido en el a&ntilde;o mil novecientos ochenta y uno. De hecho, no quiso celebrar all&iacute; su comuni&oacute;n porque con cuatro ni&ntilde;as nada m&aacute;s le daba un poco de corte. 
    </p><p class="article-text">
        Poco importaba, sin embargo, para tener los dos mejores amigos del mundo. Juntos constitu&iacute;an un tr&iacute;o de jefes invencible: jefe UNO, jefe DOS, jefe TRES. Con este sistema pol&iacute;tico, cada d&iacute;a le tocaba a uno de ellos llevar la batuta de jefe principal. &ldquo;No recuerdo desde cuando los conozco, desde que tengo uso de raz&oacute;n siempre han estado en mi vida&rdquo;, as&iacute; que su marcha a C&oacute;rdoba &ldquo;para m&iacute; fue un shock&rdquo;. Cuando sal&iacute;a del colegio a las cinco de la tarde, el escopetazo de salida lo marcaba la vuelta de su padre del trabajo. Soltaba la mochila y, hala, a desaparecer al campo y a jugar al f&uacute;tbol hasta que se encend&iacute;an las farolas.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los grandes entretenimientos de los tres jefes era el del bus. Al d&iacute;a solo entraba uno que ven&iacute;a de Pozoblanco. Pasaba por una lonja, &ldquo;que le llam&aacute;bamos&rdquo;, un paseo con barandilla, y &ldquo;la cosa era salir corriendo detr&aacute;s cantando: la Alsina de Espa&ntilde;a, la Alsina de Espa&ntilde;a&rdquo;, ni recuerda a qu&eacute; ven&iacute;a. En el campo, &ldquo;pelearnos con aceitunas&rdquo;, en el pueblo, &ldquo;jugar al f&uacute;tbol setenta horas al d&iacute;a a las tres de la tarde en verano sin camiseta&rdquo;, negros como el tiz&oacute;n se pon&iacute;an. Un d&iacute;a se fueron a hacer una presa en un arroyo sin echar cuentas del tiempo. Despu&eacute;s de horas y horas aparecieron, medio pueblo estaba busc&aacute;ndolos y diciendo &ldquo;&iquest;esta gente donde se ha metido?&rdquo;. Y, en realidad, se encontraban a veinte metros o poco m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En la plaza del pueblo, cuando eran peque&ntilde;os, ten&iacute;an que pasar cada media hora por los bancos donde se sentaban sus padres, para que supieran que estaban bien. Al principio iban todos, pero cuando pas&oacute; el tiempo mandaban a uno para dar el parte. Si estaban muy cansados, pero sus padres no, se hac&iacute;an la t&iacute;pica camita con dos sillas y se acostaban en ella. Y, c&oacute;mo no, el juego de la mezcla de restos de cocacolas y fantas, arg!
    </p><p class="article-text">
        En el colegio hab&iacute;a clases con cursos mezclados, segundo y tercero de E.G.B. juntos, con un total de quince ni&ntilde;os aproximadamente. Un a&ntilde;o incluso tuvieron que dar clase en un despacho, cuatro o cinco alumnos. En C&oacute;rdoba, sin embargo, un solo curso eran unos treinta y ocho, &ldquo;Dios m&iacute;o, si yo no he visto a tanto ni&ntilde;o junto en mi vida&rdquo;. Las normas, adem&aacute;s, cambiaban. El primer d&iacute;a de clase en C&oacute;rdoba se sent&oacute; en un sitio y al d&iacute;a siguiente en otro, y le dijeron que no, que &ldquo;aqu&iacute; tienes tu sitio fijo y no te puedes sentar en otro&rdquo;. Todo le parec&iacute;a un mundo porque, desde el pueblo, la gente iba de excursi&oacute;n a Galer&iacute;as Preciados. Parece que estamos hablando de los a&ntilde;os cuarenta pero la realidad es que &eacute;l conoc&iacute;a a ni&ntilde;os en Villaharta que viv&iacute;an en cortijos y cuando llov&iacute;a se quedaban incomunicados, o no pod&iacute;an ir al colegio porque no pod&iacute;an cruzar el arroyo ya que los llevaba el abuelo en burro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Imagen de Paco de niño                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        La Feria se convirti&oacute; en una de las fiestas m&aacute;s esperadas. Visitaban todas las de los pueblos de alrededor. Una vez en El Vacar contaron treinta y s&eacute;is personas incluy&eacute;ndose a ellos, que no eran de all&iacute;, a los camareros y a los m&uacute;sicos. En Villaharta, sin embargo, veraneaba much&iacute;sima gente de todas partes de Espa&ntilde;a: Barcelona, Valencia, Madrid... A algunos los empaquetaban el uno de julio porque los met&iacute;an en el tren con los abuelos y &iexcl;hala! De hecho, uno de sus mejores amigos es valenciano. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, la Asociaci&oacute;n que ten&iacute;an contaba con m&aacute;s de cien miembros, a pesar de los seiscientos habitantes reales de Villaharta. La Asociaci&oacute;n organizaba un viaje a la playa y era pr&aacute;cticamente la &uacute;nica vez que sal&iacute;an del pueblo en todo el verano. &ldquo;Era un viaje muy curioso&rdquo; porque, por ejemplo, llegaban unos cincuenta a Marbella y cada uno sal&iacute;a por un lado. Sin embargo, cuando llegaban las cinco de la ma&ntilde;ana, &ldquo;nadie sabe por qu&eacute;&rdquo;, por arte de magia estaba todo el mundo metido en el mismo local: &ldquo;vamos a ver, qu&eacute; hacemos todos en el mismo bar en el Puerto Ban&uacute;s&rdquo;. En uno de los viajes dejaron a dos en el albergue y ni el hermano de uno ni el primo de otro se dieron cuenta, estaban llegando ya a Punta Umbr&iacute;a y ellos en Huelva.
    </p><p class="article-text">
        Cuando no ten&iacute;an una fiesta, ten&iacute;an el Campeonato de F&uacute;tbol Sala, que lo inventaron ellos: sus amigos y &eacute;l. M&aacute;s tarde lo retom&oacute; el Ayuntamiento y ya lleva unas trece o catorce ediciones. Coexist&iacute;an varios equipos en el pueblo as&iacute; que en el Campeonato decid&iacute;an qui&eacute;n era el m&aacute;s fuerte, &ldquo;el a&ntilde;o pasado necesitamos cafeteras para aguantar el nubarr&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n celebraban una romer&iacute;a muy curiosa: la Romer&iacute;a de la Fiesta de Resurrecci&oacute;n, antes en domingo y ahora en s&aacute;bado. Curiosa porque esta romer&iacute;a no ten&iacute;a santo. Toda la familia se iba al campo a hacer perolete, pescar ranas y &ldquo;a emborracharnos a escondidas con litros y litros de tinto con lim&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la candelaria pasaban semanas arrancando tomillos, &ldquo;entonces hab&iacute;a muchos&rdquo;, y te ense&ntilde;aban a hacer tu haz con una cuerda. Iban acumul&aacute;ndolos hasta el dos de febrero, que se hac&iacute;an las hogueras, &ldquo;a ver qui&eacute;n hac&iacute;a la hoguera m&aacute;s grande&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En los pueblos el sentido de la imaginaci&oacute;n se desarrolla, &ldquo;t&uacute; tienes que inventarte la diversi&oacute;n&rdquo;. Ten&iacute;an un amigos con un chalet que estaba a dos kil&oacute;metros. Iban andando, luego en bici, luego en moto y finalmente en coche. Sus padres trabajaban fuera y se iban all&iacute; todas las ma&ntilde;anas de verano a ba&ntilde;arse en la piscina y a hincharse de comer napolitanas. &Eacute;sa era toda la diversi&oacute;n. Si ten&iacute;an suerte, alguien los recog&iacute;a en coche y los sub&iacute;a al pueblo a las tres de la tarde. Si no, como buenamente pod&iacute;an, volv&iacute;an con el calor del verano.
    </p><p class="article-text">
        Aquello s&iacute; eran de verdad vacaciones, una vida completa: la vida gandumbi. Todo lo hac&iacute;an juntos, hasta zamparse el famoso montadito de lomode la plaza del pueblo, que era el rey y un placer infinito para el olfato y paladar, con su salsa de ajo, en todas las fiestas. En la Feria hab&iacute;a quien tomaba de madrugada churros, pero la mayor&iacute;a &ldquo;tiraba por el montadito&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El grupo que se juntaba era muy bueno, pero cada vez es m&aacute;s complicado reunirlos a todos, y eso que algunas viajan desde las Islas y se reservan dos semanas al a&ntilde;o de vida Gandumbi. Qui&eacute;n pudiera, qui&eacute;n no los entiende. Necesitan recuperar esa sensaci&oacute;n de libertad, de coger la mochila, el bocadillo y &ldquo;ya volver&eacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/06/Imagen-de-Paco-de-ni%C3%B1o.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&nbsp;</a>
    </p><p class="article-text">
        Pincha y aprende como llevar una vida&nbsp;<a href="https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/06/Vida-Gandumbi.mov" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Vida Gandumbi</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-villaharta_1_7153827.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Jun 2013 12:33:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Érase una vez Villaharta...]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Érase una vez Fernán Núñez...]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-fernan-nunez_1_7153828.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/af5c9ae7-1827-4c09-a511-891e425087da_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez un ni&ntilde;o llamado Alfonso. Ey, por ah&iacute; va: &iexcl;Alfonso!, &iexcl;&iexcl;Alfonsoo!!, &iexcl;&iexcl;Alfonsooo!! #&amp;%$@# Ejem, &eacute;rase una vez un ni&ntilde;o llamado Alfonso al que, en su pueblo, Fern&aacute;n N&uacute;&ntilde;ez, todos lo conoc&iacute;an como Cuesta, su segundo apellido, por el abuelo materno, que era el taxista. Ey, Cuesta. &ldquo;Ey, Alejandra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este ni&ntilde;o era un ni&ntilde;o normal, un ni&ntilde;o normal rural, y no un bal&oacute;n de f&uacute;tbol. Me explico. &iquest;Creen ustedes en las reencarnaciones? Alfonso Alba Cuesta perfectamente podr&iacute;a haberse reencarnado en un bal&oacute;n de f&uacute;tbol. Es m&aacute;s, si alg&uacute;n d&iacute;a muere, esto suceder&aacute;. Me explico. La gran pasi&oacute;n de Alfonso era jugar al f&uacute;tbol. Por las ma&ntilde;anas asist&iacute;a al colegio, la vuelta a casa, el almuerzo, las cosas normales de cada d&iacute;a. Ahora bien, cuando el reloj marcaba las cuatro de la tarde, eso significaba que ya ten&iacute;a permiso para salir de casa: A JUGAR AL F&Uacute;TBOL. Pod&iacute;a pasarse horas y horas, hasta las diez de la noche o la hora de &ldquo;&iexcl;&iexcl;Alfonnnsooooo!!, a casa&rdquo;, que marcaba el reloj de la madre, sin caer en el m&aacute;s m&iacute;nimo agotamiento. A este tipo de partidos lo denominaron &ldquo;street soccer&rdquo;, vamos, f&uacute;tbol en la calle, de aqu&iacute; te pillo y aqu&iacute; mismo te monto una porter&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Consist&iacute;an en partidos imposibles en los que participaban al mismo tiempo cincuenta ni&ntilde;os: veinticinco contra veinticinco. En ocasiones, partidos extremos en los que no establec&iacute;an sistema de juego, todos los jugadores corr&iacute;an detr&aacute;s del bal&oacute;n, y en los que el final de juego eran el agotamiento o la hora de la cena. Porque de primero a quinto de E.G.B. no se estudiaba, &ldquo;yo no estudiaba, asist&iacute;a a clase y eso era suficiente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tan importante era el f&uacute;tbol para Alfonso que recuerda un diario, objetos que solo se encuentran en las mudanzas, en el que escribi&oacute; dos entradas. Una de ellas, con fecha de mil novecientos ochenta y algo, versaba as&iacute;: &ldquo;hoy he marcado un gol por toda la escuadra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La infancia de un ni&ntilde;o rural es &ldquo;libertad infinita&rdquo;. Cuando estudiaba parvulitos, por ejemplo, Alfonso caminaba de una punta a otra del pueblo solo. Por la tarde s&iacute; lo recog&iacute;a su abuelo, pero con tres o cuatro a&ntilde;os su familia ten&iacute;a total tanquilidad de que no le suceder&iacute;a nada malo.
    </p><p class="article-text">
        Desde chiquitito un ni&ntilde;o descubre muchos enigmas de la vida en un pueblo, sabe valorar de d&oacute;nde vienen las cosas, &ldquo;la vida de la gente est&aacute; en la infancia, todo est&aacute; en la infancia&rdquo;. Y los animales y las plantas crecen a la vez que t&uacute;, est&aacute;s en contacto con ellos. La muerte no te la ocultan, al contrario, te familiarizan y cuando sufres una de alguien conocido te sientes m&aacute;s cerca de comprenderla.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es muy noble este ni&ntilde;o&rdquo;, dec&iacute;a su padre y, sin embargo, en m&aacute;s de un berenjenal se vio envuelto. En una ocasi&oacute;n, un mi&eacute;rcoles de ceniza, sal&iacute;an de la Iglesia de Santa Marina, que es la Iglesia de Fern&aacute;n N&uacute;&ntilde;ez, con la cruz a&uacute;n en la frente todav&iacute;a y vieron pasar un cami&oacute;n por delante de la puerta. Sin pens&aacute;rselo m&aacute;s de una mil&eacute;sima de segundo, ser&iacute;an entre diez y catorce ni&ntilde;os, empezaron a correr y se subieron en la parte de atr&aacute;s hasta que llegaron a Montemayor. &ldquo;&iexcl;Ueeee!&rdquo;, clamor general, &ldquo;hemos llegado, ueeeeeeeee&rdquo;, &eacute;xito. Volvieron andando los tres kil&oacute;metros y medio que los separaban del pueblo, guiados por uno de los ni&ntilde;os, que conoc&iacute;a el camino. Nadie se dio cuenta de nada, ni el camionero.
    </p><p class="article-text">
        Los treinta kil&oacute;metros que distancia Fern&aacute;n N&uacute;e&ntilde;ez de C&oacute;rdoba, ahora veinticuatro con la autov&iacute;a, eran toda una odisea, como una excursi&oacute;n. Adem&aacute;s, cuando se viajaba a C&oacute;rdoba se iba al Hospital, y hab&iacute;a que vestirse bien porque se iba a C&oacute;rdoba. Pero las excursiones chulas eran a la huerta. Su padre era agricultor y, en algunas ocasiones, primos, hermanos, amigos y su t&iacute;a Feli lo acompa&ntilde;aban. Iban todos en un dos caballos furgoneta: sus padres en los asientos delanteros y el resto en la parte de atr&aacute;s. El juego durante el trayecto era matar a las ara&ntilde;as que iban saliendo, &ldquo;para que te hagas una idea de c&oacute;mo era el coche&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entonces lo ve&iacute;a todo gigantesco y todo le parec&iacute;a sorprendente. Desde la huerta, abajo, se ve&iacute;a todo el pueblo, arriba, con sus encantadoras casas blancas y sus tejas &aacute;rabes, vistas que hoy se han convertido en asfalto y arquitectura aleatoria. Las fuentes abastec&iacute;an de agua la plantaci&oacute;n de hortalizas por la gravedad. Tambi&eacute;n esto ha cambiado y la sequedad del campo solo permite sembrar trigo y girasol. Una vez recolectaban las hortalizas maduras, la abuela las vend&iacute;a en el mercado de abastos, &ldquo;es curioso recordar a mi padre cargando en el cami&oacute;n las hortalizas que m&aacute;s tarde mi abuela&nbsp;vender&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Durante el verano de segundo a tercero de B.U.P., Alfonso tuvo un escarmiento por sacar malas notas. Ayudar&iacute;a a su padre todas las vacaciones en la huerta: mover pacas de paja de cincuenta kilos a las cinco de la tarde en una nave de uralita, &ldquo;no he bebido m&aacute;s agua en mi vida&rdquo;. Nunca m&aacute;s volvi&oacute; a suspender una sola asignatura.
    </p><p class="article-text">
        De los animales sab&iacute;a bien c&oacute;mo apa&ntilde;ar los pollos. &Eacute;l los sujetaba fuerte de las patas para que la abuela &ldquo;los abriese y les sacase las tripas y los limpiara&rdquo;. Hab&iacute;a visto en muchas ocasiones parir a las vacas, y se vio tambi&eacute;n otras tantas sorteado por los aires de mano de alg&uacute;n becerrito.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, los protagonistas de la historia que tiene m&aacute;s grabada a fuego de su infancia son los perros. &Eacute;l ten&iacute;a tres a&ntilde;os y estaba en la huerta con su madre. En la huerta de al lado, separada por un camino de unos setenta metros como mucho, &ldquo;o menos, cincuenta&rdquo;, estaba su padre con unos primos haciendo un perol. Entonces le dijo su madre, a saber si ten&iacute;a ya harta a la pobre mujer, &ldquo;anda a ver a ver a pap&aacute; que est&aacute; all&iacute; en tal sitio&rdquo;. Cuando fue para all&aacute; andando &ldquo;todo chico&rdquo; le saltaron unos perros. Un primo suyo ten&iacute;a una &ldquo;puenca&rdquo;, como se dice en el pueblo a la podenca, y una perra de caza. &ldquo;Lo que recuerdo perfectamente es que ten&iacute;a un collar de p&uacute;as&rdquo; y era la l&iacute;der de la manada de perros que por all&iacute; rondaban. Empezaron a correr detr&aacute;s de &eacute;l y cuando vio a unos ocho perros de frente, tambi&eacute;n &eacute;l empez&oacute; a correr el camino de vuelta, &ldquo;que yo no he corrido m&aacute;s en mi vida&rdquo;, y corr&iacute;a descalzo &ldquo;no s&eacute; si se me cayeron las zapatillas o es que no las llevaba&rdquo;. Milagrosamente lleg&oacute; a su casa. Se cerr&oacute; en el lugar m&aacute;s alto que ten&iacute;an y se sent&oacute; en el suelo hecho un ovillo. A&uacute;n parec&iacute;a sentir la respiraci&oacute;n de la perra en su cuello. Fue el padre quien le salv&oacute; de una tragedia. Desde lejos se dio cuenta de todo, tir&oacute; una piedra a la podenca y acert&oacute; en la cabeza. Lo pasaron mal &ldquo;hay que ver la que se le pod&iacute;a haber liado al ni&ntilde;o&rdquo;, se lamentaban y alegraban al mismo tiempo por el final feliz.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, su infancia fue muy chula. Y la adolescencia tampoco estuvo mal, &ldquo;un adolescente normalito&rdquo;. Le gustaba leer, el deporte, la pol&iacute;tica... &iquest;Perdona? La pol&iacute;t&iacute;ca, adolescente, &iquest;normal? Su abuelo lo inici&oacute;. Cuando ten&iacute;a cuatro a&ntilde;os lo sentaba frente al televisor para escuchar el telediario y le preguntaba &ldquo;&iquest;qui&eacute;n es &eacute;se?&rdquo;, y &eacute;l &ldquo;Felipe Gonz&aacute;lez&rdquo;, y el abuelo &ldquo;&iquest;y &eacute;se?&rdquo;, y &eacute;l &ldquo;Ronald Reagan&rdquo;. Un d&iacute;a, en uno de esos telediarios, Manuel Fraga dijo: &ldquo;nosotros somos el pueblo&rdquo;. Y &eacute;l se sorprendi&oacute; much&iacute;simo: &ldquo;pero el pueblo es esto, &iquest;no?&rdquo;. Alfonso se refer&iacute;a a Fern&aacute;n N&uacute;&ntilde;ez. Entonces pregunt&oacute; a su padre si Fraga se refer&iacute;a al pueblo, a su pueblo, y su padre le respondi&oacute;: &ldquo;claro, Fern&aacute;n N&uacute;&ntilde;ez, &eacute;ste es el pueblo del que habla&rdquo;. Le estaba vacilando, ri&eacute;ndose, pero es que para Alfonso no exist&iacute;a otro mundo que no fuera el pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Las tradiciones nunca han sido santo muy de su devoci&oacute;n, nunca mejor dicho, pero la fiesta, as&iacute; en general, no le disgustaba en absoluto por lo que, como todos los adolescentes, estaba contando los d&iacute;as para que llegase agosto y con &eacute;l su Feria. Luego estaba la romer&iacute;a de San Isidro, patr&oacute;n del campo, el quince de mayo. Nunca participaba de las procesiones ni nada de eso pero un a&ntilde;o, como excepci&oacute;n, su pandilla dise&ntilde;&oacute; una carroza que mostraba todo lo contrario a las habituales. Le pusieron un nombre atrevido para los tiempos: &ldquo;San Isidro punto com&rdquo;, cree recordar, y la m&uacute;sica que se escuchaba en ella no era la de las sevillanas, que estaba prohibida en su carreta, sino la de grupos como Los H&eacute;roes del Silencio, Ska-P y Iron Maiden. Imaginaos la interferencia: &ldquo;mira la cara a cara... que yo no tengo la culpa de verte caaaaaaeeerrrr&rdquo;, &ldquo;algo se muere en el alma cuando... i danced with the dead&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los tiempos han cambiado, y los espacios, incluso &eacute;l, pero los recuerdos permanecen intactos, y el poso de la infancia, &ldquo;que todo lo es en una persona&rdquo;, sigue haciendo de las suyas: son las cinco de la ma&ntilde;ana y un ni&ntilde;o de unos cinco a&ntilde;os acompa&ntilde;a a pap&aacute; a regar la huerta, viste una camisa de manga corta del padre que casi le cubre los codos, se desperezan los gallos, ponen las gallinas, se remueven las vacas. Hoy ser&aacute; un d&iacute;a de sol, bicicletas, canicas y, como no, de f&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        Pincha y escucha la verdadera historia de&nbsp;<a href="https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/06/los-churrascados.mov" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los churrascados</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-fernan-nunez_1_7153828.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Jun 2013 09:46:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Érase una vez Fernán Núñez...]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Érase una vez un cordobés zaragozano...]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-cordobes-zaragozano_1_7153830.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b476e91f-967b-4804-871a-cd0e512f0152_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez un sal&oacute;n m&aacute;s bien ochentero y cordob&eacute;s dentro de una fotograf&iacute;a. En esta fotograf&iacute;a aparecen en primera fila dos ni&ntilde;os y una ni&ntilde;a de la misma edad con rasgos muy parecidos. Tambi&eacute;n otros ni&ntilde;os, pero qu&eacute; nos importan. Detr&aacute;s, los adultos entrelazan brazos y parentescos entre s&iacute;. Alberto, el ni&ntilde;o de dos, tiene ahora mismo esa fotograf&iacute;a en las manos. Acaba de recuperarla de un libro de la colecci&oacute;n azul del Barco de Vapor y piensa: &ldquo;Mi recuerdo de C&oacute;rdoba es casi una consecuencia de los viajes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la casa de Alberto, los beb&eacute;s llegaban de tres en tres, por eso, &eacute;l, su hermano y su hermana nacieron el mismo d&iacute;a -minuto arriba, segundo abajo- en un Hospital de Zaragoza. Cientos de kil&oacute;metros lo separaban de C&oacute;rdoba, pero litros de sangre materna lo acercaban a la tierra del flamenqu&iacute;n y el salmorejo. A&uacute;n no lo sab&iacute;a pero su destino le aguardaba en C&oacute;rdoba, porque &eacute;l s&iacute; lleg&oacute; a C&oacute;rdoba.
    </p><p class="article-text">
        Aunque su madre naci&oacute; en la capital cordobesa, fue muy poco el tiempo que permaneci&oacute; all&iacute;, y son escasos los recuerdos que conserva de esa parte de la infancia. Junto a lo trillizos y al esposo, volvi&oacute; a Andaluc&iacute;a para visitar a la familia, &ldquo;de mis viajes a C&oacute;rdoba de peque&ntilde;o recuerdo poquito&rdquo;, se esfuerza Alberto. Rehace un mapa en su cabeza y se&ntilde;ala dos localidades con un c&iacute;rculo que se parece mucho a un coraz&oacute;n: La Esca&ntilde;uela, el pueblo jienense donde viv&iacute;an sus abuelos y desde donde viajaban hacia C&oacute;rdoba, la segunda localidad, para visitar a los t&iacute;os. La salida era casi de madrugada y el regreso casi de noche, tan peque&ntilde;os los tres. Por buen comportamiento, &ldquo;no nos hac&iacute;amos pis ni nada&rdquo;, al d&iacute;a siguiente los llevaban a un mercadillo en el que, como premio, les compraban &ldquo;unos juguetes y cosas as&iacute;&rdquo;. De eso si se acuerda.
    </p><p class="article-text">
        A C&oacute;rdoba le unen &ldquo;muy buenos amigos y mis ra&iacute;ces&rdquo;, explica. Orgulloso saborea con el lenguaje un flamenqu&iacute;n con patatas y un cazo de salmorejo. Se enorgullece del &ldquo;modo en que me hacen sentir los cordobeses, siempre parte de su grupo&rdquo;. Esto me choca porque ya conocemos la fama de la cordosiesa y de... ejem, reconozcamos que a veces somos un poco rancios con la gente de fuera pero, claro, es que a uno le bastan dos minutos con Alberto para querer adoptarlo y ser su amigo por siempre jam&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Siempre quiso conocer la Feria de Nuestra Se&ntilde;ora de la Salud y este a&ntilde;o ha cumplido su sue&ntilde;o. &iquest;Qu&eacute; esperaba de esta fiesta? Pues lo que cualquier cordob&eacute;s de pro, &ldquo;diversi&oacute;n, alegr&iacute;a y jolgorio&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; se llev&oacute; adem&aacute;s de todo esto? Pues lo que cualquier cordob&eacute;s de pro, &ldquo;unas pocas agujetas y otras tantas fotos rid&iacute;culas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, no hay duda de que su sino era volver a C&oacute;rdoba. Si no, expl&iacute;quenme la casualidad de que justo en Madrid se haga amigo de dos chicas que, miren ustedes, eran cordobesas. Y de ah&iacute; a la Mezquita, las Tendillas y el Corte Ingl&eacute;s -puntos cardinales de C&oacute;rdoba- s&oacute;lo quedaba un paso, y de ah&iacute; al &ldquo;color, la viveza, la alegr&iacute;a, las ganas de salir y salir y sentir el d&iacute;a y disfrutarlo en C&oacute;rdoba&rdquo; s&oacute;lo un tren de larga distancia.
    </p><p class="article-text">
        Vamos, en pocas palabras, que Alberto es m&aacute;s cordob&eacute;s que Sandok&aacute;n y Manolete juntos. He dicho.
    </p><p class="article-text">
        Pincha y escucha el drama que aconteci&oacute; a Alberto en un taxi cordob&eacute;s,&nbsp;<a href="https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/06/No-sin-mi-celular.m4a" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">NO sin mi celular</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-cordobes-zaragozano_1_7153830.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Jun 2013 06:03:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Érase una vez un cordobés zaragozano...]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Érase una vez la Feria de Nuestra Señora de la Salud...]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-feria-senora-salud_1_7153829.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d38132aa-852d-41fb-8921-0a534139a893_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez la Feria de Nuestra Se&ntilde;ora de la Salud, pero &eacute;rase la de todos ustedes. Esta semana dejo el micr&oacute;fono abierto para que suban a este humilde blog, ya sea a trav&eacute;s de un texto o enlace a un audio, una imagen o un v&iacute;deo, su propio &ldquo;Ahora despu&eacute;s&rdquo; en la Feria de C&oacute;rdoba 2013.
    </p><p class="article-text">
        Yo dejo el chiringuito CERRADO POR GITANILLAS, REBUJITOS Y COCHES DE TOPE, no sin animarles a que pinchen y escuchen para abrir apetito con las <a href="https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/05/Hamburguesas-Uranga.mp3" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hamburguesas Uranga</a>, mmmmm...
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-feria-senora-salud_1_7153829.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 May 2013 12:45:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Érase una vez la Feria de Nuestra Señora de la Salud...]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Érase una vez Cerro Muriano...]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-cerro-muriano_1_7153831.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/55c45716-02f9-47b3-92cf-eafa53dc6ac7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez un peque&ntilde;o constructor de caba&ntilde;as nacido en la mitad de Cerro Muriano que pertenece al municipio de Obejo, que no a la barriada propiamente de Cerro Muriano. Era conocido con el nombre de Rafa, y hoy en d&iacute;a por &ldquo;qui&eacute;n me ha visto y qui&eacute;n me ve&rdquo;, y &eacute;sta es su peculiar historia vivida, casi toda fuera, a caballo entre el pueblo y la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Para las caba&ntilde;as, su camarilla y &eacute;l acarreaban palos durante una semana y pico, tomaban prestados los martillos de las abuelas, las puntillas, y montaban su <em>caba&ntilde;&oacute;n</em>. Una vez terminada, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s pod&iacute;an hacer? Entraban, colocaban algunos trastos, se sentaban en el suelo, comentaban el buen trabajo que hab&iacute;an realizado entre todos y &ldquo;&iexcl;qu&eacute; aburrimiento!&rdquo;, la tiraban y a montar otra. 
    </p><p class="article-text">
        De muy ni&ntilde;o, ya casi ni lo recuerda, lo matricularon en una guarder&iacute;a dirigida por monjas y en la que estudiaban ni&ntilde;os y ni&ntilde;as internos, de todas las edades, de padres drogodependientes y cosas as&iacute;. &Eacute;l iba y ven&iacute;a, com&iacute;a con ellos, las monjas le tiraban de las patillas, le hac&iacute;an la moto con las orejas, brrrrumm, brrrrumm. La primaria, sin embargo, la estudi&oacute; en un centro de C&oacute;rdoba, as&iacute; que entre semana estaba en la ciudad y los fines de semana disfrutaba del pueblo. Hasta que entr&oacute; en B.U.P. y la edad le permiti&oacute; subir y bajar cada d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Esta peculiaridad marc&oacute; su forma de relacionarse con los amigos: amigos de entre semana y amigos de fin de semana. En el pueblo eran muy pocos los de su edad, tres o cuatro chicas, el resto, o mayores o peque&ntilde;os, y &eacute;l se juntaba siempre con los peque&ntilde;itos. 
    </p><p class="article-text">
        Su infancia en el pueblo la pas&oacute; fenomenal: ten&iacute;a espacio para correr, para coger la bicicleta sin coches, para buscar al&uacute;as en pandilla o para ir de perol al campo, &ldquo;y tu madre te hac&iacute;a con la mano porque te ve&iacute;a desde la casa, porque dabas un paso y ya pisabas campo&rdquo;, y se ba&ntilde;aba en el pantano, &ldquo;aunque estaba prohibido&rdquo;, y jugaba con la pelota enfrente de su casa, al <em>resconder</em>, a pillar, &ldquo;a lo que t&uacute; quisieras&rdquo;, con mucha m&aacute;s libertad en los juegos, porque al criarse todos en casas, &ldquo;abr&iacute;as la puerta de la casa y ya estabas en la calle&rdquo;. Sin embrago, algunas aventuras, por no estar presente en Cerro Muriano durante toda la semana, se las perd&iacute;a: visitar las siete cuevas, por ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        Lo que m&aacute;s gustaba a estos chiquillos eran los palos. En la candelaria, ooootra vez a acarrearlos, &iexcl;y de qu&eacute; manera! Montaban un cerro que a ellos les parec&iacute;a que rozase el cielo. Sal&iacute;an los vecinos, los padres de todos y asaban choricito y otras cosas ricas. &iquest;El momento m&aacute;s m&aacute;gico? Cuando los padres de todos los amigos se juntaban y cantaban o contaban historias y otras tonter&iacute;as. Vamos, nada alejado de lo que ellos mismos inventaban en sus juegos. &ldquo;Oy, mi padre cantando&rdquo;, el momento de la sorpresa, de la cercan&iacute;a, de la admiraci&oacute;n desde los siete u ocho a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Una base militar tan cerca de Cerro Muriano, por supuesto, no pod&iacute;a dejarlos indiferentes. En la &eacute;poca que &eacute;l vivi&oacute; ya hab&iacute;a autobuses que bajaban a la ciudad y los soldados no ten&iacute;an que pernoctar all&iacute;. Se desplazaban a C&oacute;rdoba porque los del pueblo les sub&iacute;an p&iacute;caramente los precios. Recuerda algunas movidas &ldquo;con el rollo de las nenas&rdquo; pero desde su filtro de ni&ntilde;o. De adolescente trabaj&oacute; en la cantina de los militares algunos veranos. Llegaban todos al mismo tiempo, &ldquo;doscientos o trescientos t&iacute;os y t&iacute;as al pelote&rdquo;, con la misma hora de entrada y salida, con las misma ganas de desayunar. &ldquo;No s&eacute; c&oacute;mo all&iacute; son capaces&rdquo;, sobre todo, las mujeres de la cocina, &ldquo;son m&aacute;quinas a la hora de memorizar&rdquo;. Porque all&iacute; no se usaban papeles, todo era a base de vociferar &ldquo;un bocadillo de tortilla, un bocadillo de no s&eacute; qu&eacute;&rdquo;, y Rafa se dedicaba solo a pedir. Presenci&oacute; cosas que s&oacute;lo en la cantina de un cuartel militar pueden presenciarse: &ldquo;a un soldado beberse una lata de cerveza en tres o cuatro segundos y preguntarse c&oacute;mo ha sido capaz el t&iacute;o&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por ellos era la Romer&iacute;a de la Virgen de Santa B&aacute;rbara, patrona de los militares. &ldquo;All&iacute; nadie cree en Dios o esa es mi sensaci&oacute;n&rdquo;, pero a todo el mundo le gustan los peroles. En la Romer&iacute;a, la gente exclamaba: &ldquo;s&iacute;, la Virgen, la Virgen, y y y...&rdquo;, pero solo la sub&iacute;an unos cuantos y el resto &ldquo;a su perol&rdquo;. En los llanos no cab&iacute;a ni un alfiler.
    </p><p class="article-text">
        Siente que su adolescencia en Cerro Muriano fue dif&iacute;cil, pobre y aburrida. El Muriano le ense&ntilde;&oacute; a beber muy pronto, a fumar, nada bueno, &ldquo;pero es lo que me ense&ntilde;&oacute;&rdquo; y el lema que si no bebes, no te los pasas bien. &ldquo;Por no haber no hab&iacute;a ni mujeres&rdquo;, se lamenta. Ahora han hecho un polideportivo y tambi&eacute;n una piscina, y parece que han abierto los deportes a las chicas, ya que antes el f&uacute;tbol estaba reservado a los chavales.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aquello es como un submundo, una burbuja en la que entras y es muy complicado salir porque se crea una especie de Gran Hermano&rdquo;. La gente de all&iacute; se crea una fuerza y son importantes en el pueblo pero, a algunos de ellos, si los sacas del mismo, se convierten en uno m&aacute;s y les cuesta relacionarse en el resto, han perdido su rol.
    </p><p class="article-text">
        Cuando sea mayor, e incluso a d&iacute;a de hoy, si tuviese un trabajo, a Rafa no le importar&iacute;a vivir en Cerro Muriano. Qui&eacute;n pudiera volver al no hacer nada con los colegas sentado en un parque o tirado en el mismo campo, no molestar a nadie ni que nadie te moleste a ti, despu&eacute;s de coger n&iacute;scalos o esp&aacute;rragos. Y recuperar el mejor remedio contra el cabreo: salir al campo y liarse a pegar voces, porque &ldquo;en C&oacute;rdoba si haces eso te llaman loco, aqu&iacute; tambi&eacute;n pero no te ven&rdquo;. Y desde el mirador de la Ermita, con el olor de los pinos, vislumbrar los fuegos de la Feria de C&oacute;rdoba, por ejemplo, libre, como un p&aacute;jaro que liberaron de un <em>pisojaula </em>en una calle de C&oacute;rdoba.
    </p><p class="article-text">
        Pincha, escucha, sufre y sorpr&eacute;ndete con&nbsp;<a href="https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/05/La-romer%C3%ADa-que-casi-acaba-en-tragedia-quien-te-ha-visto-y-quien-te-ve.mov" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La romer&iacute;a que casi acaba en tragedia, quien te ha visto y quien te ve</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-cerro-muriano_1_7153831.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 May 2013 11:43:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Érase una vez Cerro Muriano...]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Érase una vez Alcaracejos...]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-alcaracejos_1_7153832.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c15b404a-f66e-4400-8625-d41eb62277a8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        &Eacute;ranse una vez tres hermanos involucionados: Jaime, Juan Jos&eacute; y Mariconchi. &ldquo;&iquest;Involucionados? Esta chiquilla, cada vez trata peor a los invitados&rdquo;, pensar&aacute;n. Pero no. Involucionados en el arte del ahora te quiero mucho y dentro de un rato todo lo contrario, &ldquo;las mismas ganas de matarnos desde el primer d&iacute;a&rdquo;, por cabezones y porrones. Desde que tuvieron uso de raz&oacute;n, recuerdan chincharse sin parar y quererse con locura al mismo nivel, no han cambiado.
    </p><p class="article-text">
        Nacieron los tres en Sevilla, de uno en uno tres a&ntilde;os seguidos, porque su padre trabajaba en la mina del municipio de Aznalc&oacute;llar, Sevilla. Cuando &ldquo;la chica&rdquo; cumpli&oacute; tres decidieron regresar a Alcaracejos con la idea de pasar un tiempo con la familia. En septiembre le renovar&iacute;an contrato, pero hasta entonces lo dejaban parado durante unos meses. Cu&aacute;l fue su sorpresa al llegar a Alcaracejos: el abuelo materno, relojero de oficio, les ofreci&oacute; un restaurante de su propiedad. Despu&eacute;s de mucho pensarlo, no pudieron responder otra cosa que: &ldquo;Se llamar&aacute; Bar Tic Tac, en honor al abuelo&rdquo;. Y despu&eacute;s lleg&oacute; el Hostal, y s&oacute;lo les falta montar una discoteca.
    </p><p class="article-text">
        Tic Tac era el t&iacute;pico local que cumple todos los requisitos de un negocio familiar, &ldquo;recuerde la edad que recuerde, siempre nos veo en la cocina o echando una mano en la barra&rdquo;, desde el fin de las clases a los fines de semana, festivos, periodos vacacionales...
    </p><p class="article-text">
        Su infancia fue tranquila e inocente. En el pueblo los ni&ntilde;os viv&iacute;an en la calle, ten&iacute;an libertad para salir sin que nada malo les ocurriese. Ellos no sal&iacute;an porque ten&iacute;an que estar en el bar pero, como era un sitio de ocio donde iba la gente, tampoco lo echaban en falta. Se relacionaban con todo el mundo de otra manera. La infancia en un bar es dura: t&uacute; est&aacute;s trabajando mientras la gente est&aacute; trabajando y est&aacute;s trabajando cuando la gente disfruta. Para lo bueno y para lo malo, la infancia en el bar fue complicada. En definitiva, tres cr&iacute;os que cog&iacute;an rutinas de adulto: se levantaban por la ma&ntilde;ana, iban al colegio, al instituto o lo que sea, ven&iacute;an del colegio, echaban un rato en el bar, &ldquo;lo que tuvieras que hacer&rdquo;, com&iacute;an, las tareas y por la noche a rematar en el bar. Hoy en d&iacute;a lo entienden porque implicarse en el negocio de tal manera les permiti&oacute; cursar estudios universitarios a los tres.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, ni para eso se separaron, de la mano los hermanos, como los guitarristas de Mar&iacute;a Dolores Pradera, como el tr&iacute;o Calaveras: los tres Ingenieros T&eacute;cnicos de Obras P&uacute;blicas. Y como su infancia fue un poco particular, con diecisiete o dieciocho a&ntilde;os, cuando se instalaron universitariamente en Belmez, vivieron todo lo que les toc&oacute; vivir &ldquo;y todo lo que no has vivido antes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Alcaracejos cuenta con aproximadamente mil quinientos habitantes, cuatro negocios de hostales y, en sus mejores tiempos, &iexcl;catorce bares! Como centro del Valle de los Pedroches, es zona de paso donde representantes, gente de carretera, trabajadores y peregrinos buscan un lugar de reposo. De hecho, en clase no eran los &uacute;nicos con negocios similares, pero ninguno vivi&oacute; la hosteler&iacute;a de la forma que ellos.
    </p><p class="article-text">
        El colegio fue donde conoc&iacute;an a la gente, &ldquo;donde has jugado y te has relacionado&rdquo;. A veces llegaban tarde a clase porque se quedaban dormidos y a su madre le tocaba repartir notas tipo &ldquo;Estimado profesor...&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y como eran ni&ntilde;os, al fin y al cabo, lo que no jugaban en la calle lo jugaban en el bar, sobre todo en la parte de arriba, donde ten&iacute;an un sof&aacute; y una ducha, para descansar y refrescarse. A Jaime le encantaba jugar al escondite, esconderse detr&aacute;s de una cortina, por ejemplo, ejem, perd&oacute;n, quise decir, puntualiza Mariconchi: &ldquo;Esconderse no, escaquearse&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El juego estrella: los sustos en el almac&eacute;n, junto a la terraza, justo pegada al bar, donde ten&iacute;an la bebida y en invierno estaba m&aacute;s oscuro que la cueva de un murci&eacute;lago. En una ocasi&oacute;n, viendo en el bar una pel&iacute;cula de miedo, El exorcista, tendr&iacute;an ocho, nueve y diez a&ntilde;os, &ldquo;y nos encantaban las pelis de terror, y las viv&iacute;amos con toda la intensidad&rdquo;, mand&oacute; el padre a Jaime a por agua, una garrafa de 8 litros. Se apresur&oacute; con la tensi&oacute;n de que se perd&iacute;a la pel&iacute;cula y de &ldquo;a si me va a salir algo por aqu&iacute;...&rdquo;. Juan Jos&eacute; sali&oacute; justo detr&aacute;s y se escondi&oacute; al lado de un Ford Granada que ten&iacute;an, &ldquo;ya ves t&uacute; si hace a&ntilde;os&rdquo; y en el instante en el que sali&oacute; Jaime del almac&eacute;n salt&oacute; del coche, &ldquo;buahhhh, &iquest;has visto lo que ha hecho...?&rdquo;. Del susto, cogi&oacute; la garrafa y se la lanz&oacute;, en noviembre o diciembre que estaban, aquello se revent&oacute; y form&oacute; un charco gigante que lo puso todo chorreando. De una u otra manera, no dejas de ser ni&ntilde;o est&eacute;s donde est&eacute;s. Y vuelve a la carga Mariconchi: &ldquo;el Jaime es que escaqueaba mucho, que si vengo del servicio, que si vengo de...&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por no hablar de las bromas a los novatos. En otra ocasi&oacute;n, su padre encarg&oacute; a un chaval que estaba trabajando con ellos: &ldquo;Ll&eacute;gate al fulano de copas y le dices que te devuelva la m&aacute;quina de pelar gambas, que se la dej&eacute; la semana pasada y todav&iacute;a no me la ha devuelto&rdquo;. &ldquo;Mi padre un cabr... pero que el otro m&aacute;s todav&iacute;a&rdquo;, no se le ocurri&oacute; otra cosa al buen hombre que guardarle en una mochila un soporte de sombrilla, de los de hormig&oacute;n, al joven empleado, &ldquo;Ea, dile que ah&iacute; la tiene&rdquo;. Siempre hay alguien que te supera.
    </p><p class="article-text">
        Lo del p&aacute;jaro fue improvisado. A Jaime le regal&oacute; un compa&ntilde;ero un p&aacute;jaro al que alimentaba con papilla. Se cre&iacute;a que era su novio y cuando se le acercaba alguna amiga, el p&aacute;jaro iba con toda la mala leche a picar, &ldquo;se lo llevan los demonios&rdquo;. El caso es que un d&iacute;a la madre abri&oacute; la jaula para no s&eacute; qu&eacute; y el p&aacute;jaro se escap&oacute; volando directo al comedor, donde estaba la gente comiendo. Se pas&oacute; el rato subiendo y reposando en la cabeza de los comensales hasta que de puro aburrimiento par&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        De adolescentes sus salidas las condicionaban los horarios del bar, sin embargo, cuando bajaban la persiana no se perd&iacute;an ni una sola fiesta ni una sola feria de la zona. Y cuando sal&iacute;an se com&iacute;an el mundo, aunque al d&iacute;a siguiente tuviesen que madrugar y trabajar durante diez horas seguidas.
    </p><p class="article-text">
        En el pueblo la gente es participativa, falta que organicen cualquier cosa para que todo el mundo se anime y salga a la calle y, si es una iniciativa del pueblo, mejor responden. Se entrega much&iacute;simo en muchos sentidos porque su fiesta la comparten con todos, tambi&eacute;n contigo si est&aacute;s trabajando, trabajando pero con una sonrisa porque es lo que la gente te transmite, &ldquo;si ves a la gente feliz, t&uacute; trabajas contento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando eran ellos chiquillos, durante la Feria alquilaban una casetilla en el Real, que llamaban &ldquo;La Pos&aacute;&rdquo; porque antiguamente era un caser&iacute;o grande que funcionaba como posada. Esos d&iacute;as se repart&iacute;an: unos en el bar, otros en la caseta.
    </p><p class="article-text">
        Pero la mejor fiesta que recuerdan, sin duda, es el lunes de Pascua y campo en el merendero, &uacute;nico d&iacute;a de cierre al a&ntilde;o del Tic Tac. De hecho, es fiesta local y todo el mundo se va al merendero p&uacute;blico. Es la traca final a la Semana Santa porque el domingo de Resurrecci&oacute;n coincide con el d&iacute;a de la patrona del pueblo, la Virgen de Gu&iacute;a. La mujeres cantan y Alcaracejos huele a p&oacute;lvora con los hermanos, que son much&iacute;simos, lanzando tiros al aire por las calles desde la ma&ntilde;ana hasta la tarde. El lunes, &ldquo;lo t&iacute;pico&rdquo;, dicen, mucho comer barbacoa, castillos hinchables, va un grupo de m&uacute;sica... Llegas a primera hora de la ma&ntilde;ana y te vas a &uacute;ltima hora de la noche, &ldquo;son los lunes al sol&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entre risas, Jaime y Mariconchi recuerdan un d&iacute;a de campo a Juanjos&eacute; bailando con Mariluz, que es una chica que lleva en la cocina desde hace diez a&ntilde;os y es como de la familia, bailando, &ldquo;ellos que son tal para cual, vamos, dos polos opuestos&rdquo;, se parte Mariconchi.
    </p><p class="article-text">
        Y, como no, la nueva tradici&oacute;n que los j&oacute;venes han instaurado: la cutreprocesi&oacute;n. Cogen unos pal&eacute;s, suben a Kuman, que es un muchacho noriego, pelirrojo, le ponen un mantillo como si fuese la Virgen, coge la postura y hacen una procesi&oacute;n a nivel r&uacute;stico, &iexcl;lo suben hasta la ermita!, &iexcl;con cornetas y todo!
    </p><p class="article-text">
        Mariconchi y Jaime tienen la suerte de volver cada fin de semana a Alcaracejos, &ldquo;con el trabajo de all&iacute; nos mantenemos aqu&iacute;&rdquo;. Por lo que cada semana se oxigenan de ciudad y de pueblo. Nos traen lo bueno de all&iacute;, se llevan lo agradable de aqu&iacute;. Quiz&aacute;s eso explique el buen rollo que transmiten.
    </p><p class="article-text">
        Ellos no lo saben pero, mientras hablan, los observo con coraz&oacute;n de hermana y admiro en silencio su forma de expresar con los hoyuelos, el iris, los decibelios de su risa, su amistad de hermanos. No s&eacute; si ser&aacute; la consecuencia de tantas horas juntos, en lo bueno y en lo malo, o si es la esencia de pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Pincha y escucha c&oacute;mo Jaime nos canta&nbsp;<a href="https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/05/la-carta-del-bar-el-Tic-Tac.mov" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la carta del bar el Tic-Tac</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-alcaracejos_1_7153832.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 May 2013 06:03:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Érase una vez Alcaracejos...]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Érase una vez Villanueva de Córdoba...]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-villanueva-cordoba_1_7153833.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d67aadd8-26f8-43b3-b111-b0b56c1a66bd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez un ni&ntilde;o de sonrisa t&iacute;mida y alma de carcajada. Un ni&ntilde;o con una bicicleta verde y verde campo a la vista por recorrer. Un ni&ntilde;o un poquito enmadrado, un mundo por delante a la vuelta de la esquina y un fondo olor a eucalipto. &Eacute;rase una vez un ni&ntilde;o que naci&oacute; en Villanueva de C&oacute;rdoba y al que llamaron Juan Javier R&iacute;os Erruzo.
    </p><p class="article-text">
        En Villanueva Juanja llevaba &ldquo;una vida muy de pueblo&rdquo;. Por la ma&ntilde;ana estudiaba en el instituto y por la tarde quedaba con los amigos, cog&iacute;an las bicis para dar una vuelta por los caminos y &ldquo;hacer el cafre un poco por el pueblo&rdquo;. Durante aquellos a&ntilde;os la naturaleza era un pilar muy importante en sus vidas, los grandes momentos ten&iacute;an lugar en el campo: las romer&iacute;as, las merendolas, los paseos confidentes y las dem&aacute;s cosas bonitas. Viv&iacute;a en un micromundo muy positivo, con mucha calidad de vida aunque la oferta fuese menor que en la ciudad. Tan a gusto se sent&iacute;a all&iacute; que cuando se march&oacute; con dieciocho a&ntilde;os para continuar sus estudios, ten&iacute;a miedo de &ldquo;qu&eacute; va a ser de m&iacute; en la ciudad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La adolescencia le marc&oacute; profundamente. De peque&ntilde;ete era un ni&ntilde;o muy recogido, muy de casa, t&iacute;mido e introvertido. Al llegar al instituto se desinhibi&oacute; mucho e incluso pas&oacute; a ser la mar de simp&aacute;tico. Como era otra vida diferente que antes no hab&iacute;a vivido, &ldquo;fui m&aacute;s yo, m&aacute;s alegre&rdquo;. Irremediablemente, entr&oacute; en la temid&iacute;sima por los padres EDAD DEL PAVO: &ldquo;&iexcl;Juan Javier, deja ya de decir gilp...!&rdquo;, le re&ntilde;&iacute;a su padre. Por suerte o desgracia, la edad del pavo se le cort&oacute; de ra&iacute;z a consecuencia de un accidente de moto que tuvo: fractura del maxilar superior + placa de titanio. Todo porque iba por la calle como los locos, sin casco ni nada. Ah&iacute; se dijo: &ldquo;Juan Javier, &iquest;qu&eacute; est&aacute;s haciendo? P&aacute;rate un poco...&rdquo;, y continu&oacute; con la misma alegr&iacute;a pero con el pavo aparcado.
    </p><p class="article-text">
        Hoy d&iacute;a, en Villanueva de C&oacute;rdoba hay cine y teatro puntualmente, pero en ese entonces, ser&iacute;an los a&ntilde;os noventa, en un pueblo de diez mil habitantes, que no es chico pero tampoco grande, los divertimentos de la juventud eran simples: salir con los amigos a pegarle patadas al bal&oacute;n a la calle, &ldquo;que te ri&ntilde;an los vecinos&rdquo;, a jugar al lata-lata en la puerta de tu casa, &ldquo;que te ri&ntilde;an los vecinos&rdquo;, quedar un s&aacute;bado tempranito los amigos con las bicis para pasear, que te ri&ntilde;an... ay, no, por eso no te re&ntilde;&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        Ser&aacute; porque el pueblo ten&iacute;a menos recursos que la ciudad, cuando Juan Javier visitaba C&oacute;rdoba (iba puntualmente al dentista) miraba a los ni&ntilde;os con recelo &ldquo;ten&eacute;is de todo y yo no tengo nada&rdquo;, pero con todo y con eso &eacute;l era feliz con aquella vida. Los ni&ntilde;os cordobeses podr&iacute;an tener muchas cosas pero ninguno la sensaci&oacute;n de libertad absoluta que vivir en un pueblo permite a los ni&ntilde;os: las jornadas en el pantano durante la primavera al lado de las v&iacute;as del AVE con tu bocata, por ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        Si hablamos de fiestas, la fundamental para &eacute;l es la romer&iacute;a de mayo en honor a la Virgen de Luna, que comparten con Pozoblanco, y que viene con una Feria chica. &ldquo;Es preciosa porque est&aacute;n los campos en flor&rdquo;. Una romer&iacute;a para compartir un perol con la familia y los amigos debajo de una encina. Una fiesta muy sana en la que incluso confidencias compart&iacute;an con los amigos.
    </p><p class="article-text">
        Las navidades no las viv&iacute;an tan festiva y alborotadamente como en C&oacute;rdoba, todo era all&iacute; m&aacute;s austero y discreto, pero con mucho encanto. La esencia navide&ntilde;a: pasear con los amigos &ldquo;por esas calles&rdquo; y reunirse en la casa de uno entorno a la candela para tomar unos polvorones.
    </p><p class="article-text">
        La Feria de agosto no puede quedarse atr&aacute;s, incluso la de los pueblos vecinos. Se celebra en una zona que se llama &ldquo;El Calvario&rdquo;, lugar caracter&iacute;stico porque est&aacute; lleno de eucaliptos. Cuando Juanja pasea por otros lugares y le llega aroma a eucalipto, su mente se va a la Feria de Villanueva con sus padres a mediod&iacute;a de m&aacute;s peque&ntilde;ito, con los amigos bailando sevillanas o por las noches con su hermana, &ldquo;nos dejaban un ratito hasta las doce de la noche y nos reun&iacute;amos en el palo de la Feria&rdquo;, donde todo el mundo quedaba para recoger a sus ni&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Ay, de las Ferias de los pueblos de alrededor, &iquest;qu&eacute; ser&iacute;a de los veranos sin la ruta de las Ferias? En una ocasi&oacute;n sus amigos y &eacute;l fueron a la Feria de Pedroche, dorm&iacute;an en el campo de un amigo, pero el coche lo dejaron en las afueras para evitar el foll&oacute;n del gent&iacute;o. Entraron en Pedroche andando y &ldquo;t&uacute; sabes, noche de feria, un amigo se li&oacute; con una, en f&iacute;n, que vamos a recogernos&rdquo;. As&iacute; que decidieron volver al coche, que aparcaron en lo alto de una curva. Para llegar ten&iacute;an que atravesar una carreterita que hac&iacute;a una curvita y desde la que se ve&iacute;a el pueblo, una curvita como la que aparece en el anuncio del turr&oacute;n, vamos. A esas alturas y con el pavo no muy lejos, estaban ya afectadillos, unos m&aacute;s que otros, y el campo que ten&iacute;an que atravesar estaba totalmente oscuro. Cuando echaron a andar, el que iba primero dijo al rato: &ldquo;&iexcl;que me he ca&iacute;do&rdquo;, &ldquo;pues vaya tela&rdquo;, se quej&oacute; el segundo y al momento: &ldquo;puf, adi&oacute;s, que yo tambi&eacute;n me he ca&iacute;do&rdquo;, y se cay&oacute; el segundo, y al caer tambi&eacute;n el tercero, Juanja, que iba el &uacute;ltimo, pens&oacute;: &ldquo;este t&iacute;o est&aacute; gilip... c&oacute;mo se puede haber ca&iacute;do&rdquo;, y toma, se cay&oacute; &eacute;l tambi&eacute;n. A uno le tuvieron que dar puntos, otro se ara&ntilde;&oacute; y, desde entonces, se les conoce en el grupo de quince amigos como los cuatro que se cayeron.
    </p><p class="article-text">
        Pasado el tiempo, a sus veintinueve a&ntilde;os, Juanja recuerda y siente Villanueva de C&oacute;rdoba en la paz y sosiego de la dehesa con el encinar. Echa en falta la comida de mami (uno nunca deja de enmadrarse) y los bollos de canela, riqu&iacute;simos para tomar en el desayuno. Pero lo que m&aacute;s le pone la piel de gallina, el olor que le hace sentirse en un hogar, un hogar que es su casa y son sus calles, es el de la le&ntilde;a de encina de los braseros desde que baja del coche. Cada vez que puede va a Villanueva porque all&iacute; tiene pr&aacute;cticamente a todos sus amigos, por el buen rollo que se respira, porque si quieres ver a alguien s&oacute;lo tienes que salir a la calle y tocar a su puerta y porque &ldquo;si no pudiera ir me doler&iacute;a en el alma&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
         Pincha, escucha e il&uacute;strate con el&nbsp;<a href="https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/05/Diccionario-jarote.mov" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Diccionario jarote</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-villanueva-cordoba_1_7153833.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 May 2013 06:03:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Érase una vez Villanueva de Córdoba...]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Éranse una vez Las Afueras...]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/eranse-vez-afueras_1_7153834.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/edc7fab1-79a3-4f16-bd3f-5145ec7b86d5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez un ni&ntilde;o de pelo muy moreno y coraz&oacute;n muy blanco. Viv&iacute;a muy cerca de Las Afueras, donde los autom&oacute;viles buscan un catre donde descansar. Siempre perd&iacute;a las llaves y las buscaba en los poemas. A pesar de la soledad, regresaba siempre con sus dudas a la edad del autom&oacute;vil y all&iacute; ve&iacute;a el futuro en la er&oacute;tica de los arrendatarios. Pronunciaba cada erre cinco veces antes de abatir los asientos y abrazaba los labios con sudor en el vientre.
    </p><p class="article-text">
        A veces pensaba &ldquo;hasta de lo mismo harta harta! harta dices?&rdquo;, y todo se volv&iacute;a color post coitum. Y buscaba en un mapa la calle del poeta Gil de Biedma, por descubrir un refugio sin precontrato. Demasiadas horas, setenta y dos, soportaba con ginebra Besos y un cuaderno lleno de cines, platos fregados, urgencias y orgasmos... paradero desconocido.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo guarda en un buz&oacute;n: las citaciones judiciales, la vida, la pura coincidencia e incluso un cerdo. Escondi&oacute; el buz&oacute;n entre dos ciudades cada vez m&aacute;s alejadas, para que se curase con los a&ntilde;os. Y un diez de enero sac&oacute; todo del buz&oacute;n y lo meti&oacute; en un cubo de basura, con las palabras y el papel de aluminio.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, cogi&oacute; un pu&ntilde;ado de golosinas, encamin&oacute; sus pasos a la home sweet home, cont&oacute; hacia todas partes: n&uacute;mero seis, n&uacute;mero nueve, n&uacute;mero trece, n&uacute;mero cero, y puls&oacute; el bot&oacute;n &ndash;para siempre&ndash; de REC.
    </p><p class="article-text">
        Estar en las afueras tambi&eacute;n es estar dentro.
    </p><p class="article-text">
        Pincha y escucha el&nbsp;<a href="https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/05/poema-Las-Afueras.mov" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">poema Las Afueras</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/eranse-vez-afueras_1_7153834.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 May 2013 11:33:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Éranse una vez Las Afueras...]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Érase una vez Palma del Río...]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-palma-rio_1_7153835.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez un ni&ntilde;o muy espigado y espabilado que se llamaba C&eacute;sar Morales. Naci&oacute; en Palma del R&iacute;o, un pueblo cordob&eacute;s ubicado en el bajo Guadalquivir, donde las personas mayores eran conocidas por todo el mundo. Aunque a los ni&ntilde;os y los adolescentes, no los reconoc&iacute;a cualquiera a golpe de vista, bastaba con que un adulto le preguntase: &ldquo;&iquest;ni&ntilde;o o ni&ntilde;a, t&uacute; de qu&eacute; familia eres?&rdquo; y solo por la voz o el parecido era capaz de ubicarlo: &ldquo;ah, ya te he sacado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Palma del R&iacute;o era un pueblo de casas abiertas. Podr&iacute;a decirse que la casa de C&eacute;sar era una casa sin puerta en la famosa calle S&aacute;nchez, en la que viv&iacute;an sus seis hermanos, su padre, su madre, una t&iacute;a que no era su t&iacute;a sino una de esas viuda de posguerra y que su padre acogi&oacute;. Una casa donde mucha gente del pueblo iba a ver la tele. &ldquo;Hijos m&iacute;os, no tenemos ni un duro&rdquo;, dec&iacute;a siempre el padre, pero eso s&iacute;, tuvieron una de las primeras teles.
    </p><p class="article-text">
        Entre los paisanos no exist&iacute;a el t&eacute;rmino generosidad porque no era necesario. Por ejemplo, en su calle hab&iacute;a casas familiares de clase media, casas de vecinos, de gitanos o de braceros que ven&iacute;an de campa&ntilde;a de agr&iacute;cola y &ldquo;en mi casa todos eran bienvenidos&rdquo;. Su madre no permit&iacute;a que alguien se marchase sin al menos una rebanada de pan con aceite y az&uacute;car o pan con chocolate, &ldquo;cuando ten&iacute;amos chocolate para todos&rdquo;. La generosidad era lo normal, una generosidad menos sofisticada que la actual pero m&aacute;s real, ten&iacute;an menos pero repart&iacute;an m&aacute;s entre los necesitados. A los pobres de solemnidad, pobres andrajosos que acud&iacute;an con ropas hechas jirones y olores que &ldquo;conservo en mi retina&rdquo;, se les daba comida, porque dinero poco se ten&iacute;a: &ldquo;mam&aacute;, mam&aacute;, que hay un pobre&rdquo;, avisaba C&eacute;sar a su madre con un poco de miedo, &ldquo;no porque me fuesen a hacer nada&rdquo;, confiesa ahora record&aacute;ndolos con perspectiva hist&oacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        C&eacute;sar recuerda la vida en el pueblo all&aacute; por los sesenta como un mundo id&iacute;lico, a pesar de las limitaciones pol&iacute;ticas, de la falta de recursos culturales y de las estrecheces econ&oacute;micas. Huele a&uacute;n el azahar, &ldquo;puede parecer un t&oacute;pico pero es una realidad absoluta&rdquo;, y saborear las naranjas con sus padres a la Huerta del <em>Piment&aacute;</em>, al lado del Genil. En invierno, los d&iacute;as que no ten&iacute;an clase por la tarde iban a montarse en los naranjos y a &ldquo;jartarnos de naranjas&rdquo;, que le siguen encantado. Al otro lado del margen del r&iacute;o iban a hacer peroles cordobeses que es lo que all&iacute; llamaban &ldquo;jiras&rdquo;. Y a la sierra, con su bosque mediterr&aacute;neo repleto de encinas, a comer bellotas. Y c&oacute;mo olvidar el olor a limpio de la ropa de los domingos para ir a misa de doce a la Parroquia. Era una &eacute;poca un poco gris pero su madre, que era una mujer muy adelantada a su tiempo, los vest&iacute;a con modelos que ella misma cos&iacute;a a partir de los que le indicaba Jos&eacute; V&iacute;ctor Rodr&iacute;guez Caro, Victorio de los modistos Victorio y Lucchino, del que sus hermanos mayores eran muy amigos.
    </p><p class="article-text">
        Ahora nos duchamos todos los d&iacute;as pero en aquella &eacute;poca ni siquiera hab&iacute;a agua corriente, se abastec&iacute;an de los aguadores que pasaban por las calles cargados con carros y c&aacute;ntaros, de modo que el olor a limpieza pura no era tan de diario. &iquest;Y las pipas en el cine de verano? &iquest;Y la primera cerveza Cruzcampo &ldquo;de esas peque&ntilde;itas, un quinto&rdquo;? El color del carnaval donde todo el mundo se vest&iacute;a con mucha m&aacute;s imaginaci&oacute;n, estirando los limitad&iacute;simos recursos. El olor a cera e incienso de la Semana Santa. La gente viv&iacute;a para trabajar, solo descansaban el domingo, o ni siquiera eso, as&iacute; que las fiestas las viv&iacute;an intensamente.
    </p><p class="article-text">
        A los dieciocho a&ntilde;os decidi&oacute; continuar sus estudios en C&oacute;rdoba y despu&eacute;s en Sevilla para convertirse en un gran Fil&oacute;logo Ingl&eacute;s, ya que &ldquo;la vida en un pueblo es un microcosmos donde un adolescente que tenga inquietudes se ve un poco... no en una jaula, pero s&iacute; como en un zoo&rdquo;, y eso le ocurr&iacute;a a &eacute;l, el pueblo se le quedaba corto. No ten&iacute;an acceso como ahora se tiene a la cultura, entre otros factores porque Espa&ntilde;a sufr&iacute;a un sistema dictatorial. &Eacute;l tuvo la suerte de ser el quinto de cinco hermanos que estudiaban en Madrid o en Sevilla, y uno de ellos viv&iacute;a en Londres. No obstante, ten&iacute;a amistades en Palma del R&iacute;o con muchas inquietudes, lo que los un&iacute;a para charlar y crear mundos de ficci&oacute;n, revoluciones cotidianas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando lleg&oacute; a C&oacute;rdoba, ech&oacute; de menos el ambiente familiar, sentirse acogido y reconocido siempre en una peque&ntilde;a sociedad donde su familia era bastante conocida, &ldquo;aqu&iacute; no conoc&iacute;as a nadie&rdquo;. Sin embargo, despu&eacute;s de visitar ciento y no s&eacute; cu&aacute;ntas m&aacute;s ciudades de todo el mundo, ha descubierto que, cuando viajas, t&uacute; te trasladas en coordenadas espaciales pero tambi&eacute;n en coordenadas temporales, cronol&oacute;gicas. Por ejemplo, cuando desde la Espa&ntilde;a de los a&ntilde;os setenta t&uacute; viajabas a Reino Unido, realizabas un viaje hacia el futuro. Te encontrabas con una serie de elementos que en Espa&ntilde;a no exist&iacute;an: un videoclub, los primeros m&oacute;viles, variedad en las cadenas de televisi&oacute;n, &ldquo;aqu&iacute; solo hab&iacute;a una o dos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, cuando viajas a un pa&iacute;s que est&aacute; menos desarrollado econ&oacute;micamente que el tuyo, haces un viaje a la infancia, a la adolescencia. En la India, en ciertos pueblos, ha vivido lo mismo que en Palma del R&iacute;o all&aacute; por los sesenta, cuando al pueblo llegaban algunas familias de emigrantes o extranjeros. Ahora, cuando va a esos peque&ntilde;as aldeas &ldquo;causamos la misma expectaci&oacute;n que a nosotros nos causaban las francesas y somos tratados con ese mismo cari&ntilde;o&rdquo;, con esa misma solidaridad real, con may&uacute;sculas, may&uacute;sculas, SOLIDARIDAD, con que &ldquo;nosotros hemos tratado a esos extranjeros que ven&iacute;an a nuestro pueblo&rdquo;. Cada vez que viaja a Etiop&iacute;a, tambi&eacute;n, a pesar de la diferencia en los rasgos, en el color de la piel, en la lengua con la que nos comunicamos, regresa a su adolescencia, vuelve a sentir el clima de un pueblo en la Espa&ntilde;a de los a&ntilde;os sesenta y setenta,. Situaciones en paralelo: nosotros en dos mil trece y ellos en mil novecientos veinte o treinta.
    </p><p class="article-text">
        Fue una &eacute;poca tan dura como hermosa, ricos en humanidad y pobres en recursos econ&oacute;micos. &ldquo;&iquest;En qu&eacute; puesto del ranking estamos de pa&iacute;ses desarrollados?&rdquo;, se pregunta C&eacute;sar y apunta: &ldquo;pero, &iquest;desde qu&eacute; punto de vista: el econ&oacute;mico o el humano?&rdquo;. Y nos quedamos los dos pensativos, asintiendo tontamente con la cabeza sin saber qu&eacute; decir, conociendo la respuesta verdadera.
    </p><p class="article-text">
        Pincha y escucha la travesura que sali&oacute; bien cara a la familia de C&eacute;sar:&nbsp;<a href="https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/04/Incendio-en-la-c%C3%A1mara.mov" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Incendio en la c&aacute;mara</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-palma-rio_1_7153835.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Apr 2013 06:03:23 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Érase una vez Palma del Río...]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Érase una vez Belmez...]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-belmez_1_7153836.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &Eacute;rase una vez una ni&ntilde;a llamada Mar&iacute;a de padres belmezanos, abuelos belmezanos, bisabuelos belmezanos, belmezana ella. A los cinco a&ntilde;os, sin embargo, destinaron a su padre de Belmez a otro municipio en su funci&oacute;n de juez. Y digo Belmez, pueblo agudo acabado en -z, &ldquo;que Belmez ser&aacute; <em>B&eacute;lmez </em>cuando Jerez sea <em>J&eacute;rez</em>&rdquo;. Volv&iacute;an a la finca del abuelo muy de vez en cuando, por eso los recuerdos est&aacute;n algo difusos. Para colmo, les pill&oacute; de por medio la Guerra Civil, que los afinc&oacute; en Cordoba durante a&ntilde;os desde su partida en septiembre del a&ntilde;o 1935.
    </p><p class="article-text">
        Por todo esto y porque la tierra siempre tira, Mar&iacute;a dedic&oacute; su tesina al pueblo: &ldquo;Geograf&iacute;a Humana y Econ&oacute;mica&rdquo;. Fue una de las primeras estudiantes que en C&oacute;rdoba escrib&iacute;an la escrib&iacute;a porque hasta entonces se estilaba la rev&aacute;lida. Con la ayuda de su abuelo, que llevaba minas de carb&oacute;n, detall&oacute; la forma de vida de los mineros, c&oacute;mo el pueblo se fue poblando&nbsp;poco a poco con &eacute;stos, la diferencia tan grande que hab&iacute;a con respecto al grupo de agricultores y ganaderos. Los primeros abastec&iacute;an sus casas con el cultivo de las huertas, otros eran los due&ntilde;os de las tierras y llevaban m&aacute;s ganado. La carne, por ejemplo, no era algo que se utilizara mucho entre agricultores. Luego empezaron las matanzas y as&iacute; el minero pod&iacute;a participar tambi&eacute;n del embutido, que se llevaba para el almuerzo. Las matanzas se convirtieron en algo grande. Los alimentos resultantes se dejaban secar en el <em>doblao</em> de la casa donde tambi&eacute;n colgaban melones que duraban hasta el d&iacute;a de Navidad. Un potaje no hab&iacute;a forma de calentarlo en la mina, as&iacute; que hasta en el modo de alimentaci&oacute;n se diferenciaban.
    </p><p class="article-text">
        Las minas, recuerda, tienen en la actualidad un aspecto diferente. Antes constru&iacute;an galer&iacute;as y &ldquo;ahora da pena ver el ambiente porque ves el hueco&rdquo;, son excavaciones al aire libre y para eso tienes que hacer hondonadas grandes. Una de las cosas m&aacute;s caracter&iacute;sticas en las minas es la prohibici&oacute;n grande de fumar, pero algunos fumaban a pesar del peligro que supon&iacute;a. El cigarro lo encend&iacute;an con la l&aacute;mpara con la que se alumbraban, lo que pod&iacute;a ocasionar una explosi&oacute;n. Cuando entraban por la ma&ntilde;ana, al comienzo de la jornada, el capataz prend&iacute;a y echaba una peque&ntilde;a mecha para comprobar que no hubiese escape de gases. Que hab&iacute;a, se sal&iacute;an. Que no, a trabajar se ha dicho.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de salir tan joven de Belmez, y aunque ella declare lo contrario, Mar&iacute;a tiene muchos recuerdos de su infancia. Lo primero que se le viene a la cabeza es el r&iacute;o &ldquo;Albardao, que se llamaba&rdquo; y las chicas de la casa lavando la ropa en la orilla, &ldquo;incluso la tend&iacute;an en la hierba y se la llevaban ya seca&rdquo;. Hab&iacute;a una parte del Guadiato que pasaba cerca donde se ba&ntilde;aban algunas veces porque hab&iacute;a una balsa, un poco peligrosa para la edad que ten&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        En el pueblo viv&iacute;a normalmente solo el abuelo, que ten&iacute;a noventa a&ntilde;os y muri&oacute; con noventa y seis. En la familia todos han sido muy longevos excepto sus padres, que murieron con setenta y dos, una de las hermanas gemelas de su madre cumpli&oacute; noventa y nueve y a la otra le faltaron unos d&iacute;as para cumplir los cien a&ntilde;os. &iexcl;Una de las hermanas de su abuelo lleg&oacute; a a los cien! Con Mar&iacute;a sumaban nueve hermanos: dos hermanas mayores, luego un var&oacute;n, ella la de m&aacute;s en medio, m&aacute;s tres varones y las dos ni&ntilde;as gemelas. Estaba en un sitio en el que ni con las mayores ni con las peque&ntilde;as. Muchas veces se quedaba colgada y sal&iacute;a con sus padres, les dec&iacute;a: &ldquo;me voy con vosotros&rdquo;, y su madre se re&iacute;a &ldquo;ya est&aacute; aqu&iacute; el ojito&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Imag&iacute;nate los juegos en esa casa, &iexcl;si eran una pandilla! La ni&ntilde;as constru&iacute;an pesos con las cajas de crema de los zapatos: tres agujeritos a una, tres agujeritos a otra, una cuerdecita y ah&iacute; pesaban las hojas del eucalipto, que era el pescado, las piedrecitas eran el contrapeso. Los ni&ntilde;os con las cajas de zapatos montaban carritos, con sus ruedas y todo. Las cintas de las m&aacute;quinas de escribir, &ldquo;el carrete, vamos&rdquo; los utilizaban como yoy&oacute;s. Y el di&aacute;bolo se convirti&oacute; en el juego estrella, &ldquo;el que ten&iacute;a m&aacute;s habilidad lo cog&iacute;a bien y el que no, no&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Recuerda los anafres, r&eacute;plicas peque&ntilde;itas de las cocinas antiguas que sol&iacute;an tener las casta&ntilde;eras o donde las mujeres hac&iacute;an los jeringos. Las llenaban de carb&oacute;n con mucho cuidadito y lo prend&iacute;an, les daban unos garbanzos o lo que sea para que lo cocieran &ldquo;y ten&iacute;amos nuestros pucheritos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hab&iacute;a r&eacute;plicas de vajillas de porcelana con tacitas, soperitas... una verdadera moner&iacute;a. Antes de que ella llegase a conocerlo, el abuelo materno regal&oacute; a sus hermanas mayores unas mu&ntilde;ecas de porcelana que la madre guard&oacute; cuidadosamente en el armario. &ldquo;&iquest;Esto qu&eacute; es? &iexcl;?Esto no se lo he regalado yo a mis ni&ntilde;as para que mis ni&ntilde;as jueguen?!&rdquo;, dec&iacute;a el abuelo, &ldquo;ay, pap&aacute;, es que son de porcelana&rdquo;, la madre lament&aacute;ndose. Las caritas eran de porcelana y daba una pena enorme d&aacute;rselas a una criatura chica que enseguida pod&iacute;a quebrarlas.
    </p><p class="article-text">
        Por las tardes, en lugar de quedarse en la casa, sal&iacute;an a pasear y a ver pasar el Saure, que era el autob&uacute;s de viajeros (de la marca Saure), como una distracci&oacute;n enorme, &ldquo;eso ten&iacute;a mucha cosa&rdquo;. Otras tardes iban al campo, tend&iacute;an una manta y pon&iacute;an su caf&eacute; y pan frito, &ldquo;cuando desayuno pan frito por las ma&ntilde;anas, me acuerdo siempre de esa manta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las primeras veces que volvi&oacute; al pueblo fue por la Feria con diecis&eacute;is o diecisiete a&ntilde;os. Como eran tant&iacute;simos primos hermanos, formaban r&aacute;pido la fiesta en casa de los abuelos e iban a las verbenas o cosa as&iacute;, pero lo viv&iacute;an como otra festividad, nada especial. A veces iban en un coche particular o en el autob&uacute;s pero, sobre todo, en el tren. Circulaba tan lento que pod&iacute;as bajarte en cualquier momento. Este tren no era un tren cualquiera, ten&iacute;a una pendiente superior a la habitual, m&aacute;s empinada de lo normal para subir la cuesta de El Muriano, y las curvas m&aacute;s radio del que deb&iacute;an. &ldquo;Vaya matraca de tren... las v&iacute;as han estado funcionando hasta hace unos a&ntilde;os y el ej&eacute;rcito cree que alguna que otra vez tambi&eacute;n las ha usado&rdquo;. Los recuerdos que conserva de las fiestas son muy familiares y entretenidos, &ldquo;no como ahora son las fiestas&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Ya tiene muy poca relaci&oacute;n con Belmez porque no vive casi nadie de la familia all&iacute;. Las cosas han cambiado en relaci&oacute;n a lo que ella recuerda. Por ejemplo, su madre hac&iacute;a en hornazo de maravilla: pan con una levadura especial en el que pon&iacute;as unos huevos enteros, los met&iacute;as al horno y se coc&iacute;an por pascuas. Alguna vez le han tra&iacute;do del pueblo hornazo comprado pero no le recuerdan a los de su &eacute;poca, no sabe si porque su madre los hac&iacute;a especiales &ldquo;o a m&iacute; me parec&iacute;a que eran especiales, mi madre era muy buena cocinera&rdquo;. Y la vista de antes: llegando al pueblo ve&iacute;as la llanura grande, al fondo la mole donde est&aacute; el castillo, las torretas de las minas, eso era esencia. Al cambiar la direcci&oacute;n de la carretera &ldquo;para buscarle la cosa al castillo tienes que hacer un poco de filigrana&rdquo;. Se pierden las vistas pero en el coraz&oacute;n siempre quedan los recuerdos del olor fuerte a petromar y la calidez de la luz no el&eacute;ctrica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pincha y escucha una historia de las que ponen la piel de gallina:&nbsp;<a href="https://cordopolis.es/ahora-despues/files/2013/04/De-c%C3%B3mo-Belmez-frente-a-B%C3%A9lmez-salv%C3%B3-una-vida.mov" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">De c&oacute;mo Belmez frente a B&eacute;lmez salv&oacute; una vida</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandra Vanessa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/ahora-despues/erase-vez-belmez_1_7153836.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Apr 2013 13:03:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Érase una vez Belmez...]]></media:title>
    </item>
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