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    <title><![CDATA[Cordópolis - Sergio Tejerina]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Loquillo o la revancha del dandi de negro]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cultura/musica/loquillo-revancha-dandi-negro_129_13370919.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c7626e9d-e4ee-4801-a3c3-a922e5b64157_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Loquillo o la revancha del dandi de negro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">José María Sanz salda con creces su deuda con Córdoba en una noche de rock, galones y extremada elegancia sobre las tablas de La Axerquía</p></div><p class="article-text">
        El barcelon&eacute;s Loquillo aterriz&oacute; este jueves en C&oacute;rdoba con su gira <em>Corazones Legendarios</em>. Esta aventura, que originalmente naci&oacute; en su cabeza como un proyecto de homenaje &iacute;ntimo al magnetismo oscuro del &aacute;lbum <em>Legendary Hearts</em> de su admirado Lou Reed y ha terminado mutando en otra cosa: un disco espectacular que es una colecci&oacute;n de himnos en la que se cruzan las voces de un mont&oacute;n de amigos de todo pelaje, desde Leiva y Dani Mart&iacute;n hasta el mism&iacute;simo Raphael o las gamberras de las Hinds. 
    </p><p class="article-text">
        El Loco sali&oacute; a escena con ese empaque &uacute;nico de dandi taciturno, plantando su imponente silueta de negro azabache en un escenario que, m&aacute;s que un altar, parec&iacute;a su propio bast&oacute;n de mando. Hab&iacute;a ganas, muchas ganas. Y es que el rock tiene memoria, y el p&uacute;blico cordob&eacute;s no olvidaba que en la edici&oacute;n de 2021 de este mismo festival, El Loco tuvo que abandonar el escenario de forma abrupta debido a una inesperada afon&iacute;a. Pero este pasado jueves por la noche, Loquillo se resarci&oacute; por completo de aquella espina clavada. Lo hizo tirando de galones y demostrando que lleva a&ntilde;os ejerciendo de aut&eacute;ntico dandi sobre las tablas. Porque un dandi, tal y como dice la RAE, es ese <em>hombre que se distingue por su extremada elegancia y buenos modales</em>, y el barcelon&eacute;s elev&oacute; esa definici&oacute;n a la categor&iacute;a de arte rockero: actitud impecable, saber estar, elegancia innata y esa mirada afilada que te atraviesa sin quitarse las gafas de sol.
    </p><p class="article-text">
        Viendo los primeros movimientos y ese empaque de caballero del escenario, la memoria me peg&oacute; un viaje de los m&iacute;os. Me acord&eacute; de que uno de los primeros regalos que recuerdo hacer en mi vida fue a mi amada hermana: un casete doble del directo <em>&iexcl;A por ellos... que son pocos y cobardes!</em> de Loquillo y los Trogloditas. Aquella cinta la compr&eacute; en el mercadillo de los martes de Ciudad Jard&iacute;n, cuando la Avenida Gran V&iacute;a Parque todav&iacute;a era de tierra y los puestos copaban dos d&iacute;as a la semana toda la calle. Para un cr&iacute;o de esa edad, patearse aquel laberinto de lonas, griter&iacute;o y olor a pl&aacute;stico era como entrar en un universo Walt Disney castizo. Ya entonces, entre tup&eacute;s de barrio y casetes piratas, se intu&iacute;a que el tipo no era un rockero cualquiera; hab&iacute;a una b&uacute;squeda de la distinci&oacute;n que el tiempo ha terminado por madurar y asentar.
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                El concierto de Loquillo en el 45º Festival de la Guitarra de Córdoba, en imágenes                            </span>
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        Arrancaron contundentes, desgranando hits sin ambages y cortes m&aacute;s desconocidos para parte de la masa que anhelaba el mundo karaoke, pero con la clase de quien sabe que los buenos modales en escena tambi&eacute;n implican respeto absoluto al oficio. La primera frase de <em>Las calles de Madrid</em> sirvi&oacute; de declaraci&oacute;n de intenciones: aqu&iacute; se ven&iacute;a a repasar casi medio siglo de historia del rock en espa&ntilde;ol, una colecci&oacute;n de himnos generacionales que forman parte de nuestro mapa emocional. Doble bombo en la bater&iacute;a, saxof&oacute;n,  acorde&oacute;n, teclados, guitarras y bajo, para hacer rugir la Axerqu&iacute;a, toda una troupe de 6 personas en el escenario. Igor Pascual, Laurent Castagnet, Josu Garc&iacute;a, Alfonso Alcal&aacute;, Dani Herrero y German San Mart&iacute;n como equipo ciclista para ayudar a Don Jos&eacute; Mar&iacute;a a subir el Tourmalet.
    </p><p class="article-text">
        Cuando est&aacute;s a cinco metros de un mito viviente que domina los tiempos con esa prestancia, te das cuenta de que los a&ntilde;os le han sentado de maravilla. La madurez sobre las tablas se nota en los pliegues de la voz y en el control absoluto y caballeroso de los impulsos de una concurrencia que rozaba el &eacute;xtasis. 
    </p><p class="article-text">
        El cl&iacute;max y la apoteosis final llegaron, como no pod&iacute;a ser de otra manera, con <em>Ritmo de garaje</em> y <em>Cadillac Solitario</em>. Una noche magistral de las de recordar, de las de sentir el pellizco en el est&oacute;mago de la m&uacute;sica en directo. Una noche de ver en escena todo lo que est&aacute; sonando sin sonidos enlatados, una noche de rock and roll con un auditorio con m&aacute;s canas, m&aacute;s barriguitas, menos pelo, las letras de Whatsapp grandes grandes pero con la misma ilusi&oacute;n y camisetas negras de hace m&aacute;s de 40 a&ntilde;os.
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                El concierto de Loquillo en el 45º Festival de la Guitarra de Córdoba, en imágenes                            </span>
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        A estas alturas del partido, uno ya no sabe muy bien d&oacute;nde termina la persona y d&oacute;nde empieza el personaje. Pero, visto lo visto sobre el escenario, quiz&aacute;s tampoco nos importe demasiado saberlo. A m&iacute;, particularmente, nunca me ha gustado acercarme demasiado al artisteo de camerino; prefiero mantener intacto ese halo de misterio y evitar que las miserias cotidianas del d&iacute;a a d&iacute;a me contaminen el recuerdo. Yo prefiero quedarme con el dandi, con el mito impecable que vi el jueves.
    </p><p class="article-text">
        Termina el bolo, escuchas algo de m&uacute;sica en el Ambig&uacute; y de vuelta a casa piensas que ma&ntilde;ana toca ir a casa de mis pap&aacute;s, asaltar el trastero y rebuscar entre las estanter&iacute;as anal&oacute;gicas hasta encontrar ese viejo casete comprado en el mercadillo. Oler el papel sobado de la car&aacute;tula, rescatar un bol&iacute;grafo Bic del caj&oacute;n, meterlo en uno de los engranajes de la cinta y empezar a girarlo manualmente para rebobinar el pl&aacute;stico. Si mientras lees estas l&iacute;neas acabas de ver esa imagen con total nitidez entre TDKs y Maxells varias, no le deis m&aacute;s vueltas: t&uacute; tambi&eacute;n estudiaste EGB. 
    </p><p class="article-text">
        Larga vida al Loco y a los rebobinados constantes. Larga vida a esa eclosi&oacute;n rockabilly indomable que un buen d&iacute;a nos pill&oacute; a contrapi&eacute;, de la mano del flequillo salvaje de Brian Setzer y sus Stray Cats en la radio, y que en esta bendita C&oacute;rdoba de provincias terminamos de gastar en la pista de los Keep on Rocking, d&aacute;ndole cera a las suelas entre tup&eacute;s de laca, cuero crujiente y una urgencia juvenil que no sab&iacute;a de KPls ni de algoritmos.
    </p><p class="article-text">
        Con Di&ocirc;h.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sergio Tejerina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cultura/musica/loquillo-revancha-dandi-negro_129_13370919.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jul 2026 09:51:26 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Siloé: La liturgia del neón, el refugio de las canciones y la fe del domingo]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cultura/siloe-liturgia-neon-refugio-canciones-fe-domingo_129_13358622.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4f80012b-e128-43fa-b104-007cd1c32faa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x449y729.jpg" width="1200" height="675" alt="Siloé: La liturgia del neón, el refugio de las canciones y la fe del domingo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Siloé y Conociendo Rusia transforman el Festival de la Guitarra de Córdoba en una ceremonia de pop maximalista, fe de estadio y costumbrismo de tres actos</p><p class="subtitle">Fotogalería - Siloé en el Festival de la Guitarra, en imágenes</p></div><p class="article-text">
        Domingo por la noche. El Festival de la Guitarra de C&oacute;rdoba enfilando el ecuador y el term&oacute;metro d&aacute;ndonos un repaso de grados ascendente. El ambiente flotando en esa extra&ntilde;a calma que precede al lunes, mientras el p&uacute;blico &mdash;una curiosa mezcla de indies de toda la vida, camisas de flores y p&uacute;blico sobrevenido al mundo de los festivales &mdash; abarrotaba el recinto buscando una dosis de comuni&oacute;n colectiva antes de que la rutina nos vuelva a post-poner la vida. Todo el papel vendido desde hace tiempo, de hecho el &uacute;nico no hay billetes del festival.
    </p><p class="article-text">
        Quienes me conocen saben que me encantan los domingos. Como dijo Standstill, <em>La vida es domingo</em>. Esa es, sin duda, una de las frases que m&aacute;s habr&eacute; escrito en mi vida. Los domingos siempre fueron mis d&iacute;as de bajar a comprar tres peri&oacute;dicos y sus suplementos  para entretener la resaca o las largas noches de La Comuna o el Underground donde hac&iacute;a un poco de todo y nada a la vez. Incluso en alguna ocasi&oacute;n tuve mis <em>domingos astrom&aacute;nticos </em>que cantan los Love of lesbian. Pero siempre han sido d&iacute;as de sentarme a escribir en mi libreta de anotar la vida, organizar la semana y empezar a comerme el mundo el lunes a primera hora. En mi teor&iacute;a particular, los domingos dividen a las personas en dos mitades exactas: las que desean empezar el lunes con la ilusi&oacute;n de estar vivas una semana m&aacute;s, o las que se hunden al ver que queda una semana menos de su vida. El domingo por la noche nos pone a todos frente al espejo. Cada uno que elija bando.
    </p><p class="article-text">
        Pero este domingo toc&oacute; concierto, poner m&uacute;sica con Groenlandiers, hacer esta cr&oacute;nica y trastocar los planes de este se&ntilde;or mayor de 49 a&ntilde;os. Reto: Silo&eacute; y Conociendo Rusia en directo.
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                El concierto de Siloé en el Festival de la Guitarra                            </span>
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        Para abrir boca, el festival nos trajo un telonero internacional de &uacute;ltima hora: Conociendo Rusia, el proyecto que el argentino Mateo Sujatovich comanda desde 2018. Apareci&oacute; con esa presencia esc&eacute;nica tan deudora del rock argentino de alcurnia, el que te mece entre la melancol&iacute;a porte&ntilde;a y el estribillo perfecto.
    </p><p class="article-text">
        Y  tras un breve descanso apareci&oacute; Fito Robles y se hizo la luz. Literalmente. Dos personas al estilo benedictino fueron quitando las telas rojas que cubr&iacute;an los instrumentos en medio de m&uacute;sica vocal sacra. El magnetismo fue inmediato. Qui&eacute;n recuerde los inicios de este chaval palentino de San Mam&eacute;s de Campos, que se fogue&oacute; en los micros abiertos de Valladolid huyendo de la etiqueta del &ldquo;cansautor&rdquo; ac&uacute;stico, sabe que su fe no es un decorado de Instagram. El nombre de Silo&eacute; es el estanque donde Cristo cur&oacute; a un ciego, y Fito oficia el concierto con la convicci&oacute;n del que te invita a sumergirte en sus canciones para salvarte del ruido diario.
    </p><p class="article-text">
        Pero el intimismo dur&oacute; lo que tarda en entrar un sintetizador bien cargado de graves. Tras una intro con toques electr&oacute;nicos, son&oacute; <em>Terrorismo emocional</em> y aquello mut&oacute; por completo. Sobre las tablas, presidiendo la escenograf&iacute;a junto al guitarrista y productor Xavi Road y el bater&iacute;a Jaco Betanzos, una cruz de ne&oacute;n gigante gobernaba la noche, dividiendo el show en una suerte de tres actos milim&eacute;tricamente calculados. Ya no est&aacute;bamos en un concierto folk; est&aacute;bamos en una rave post-eucarist&iacute;a, un ritual EDM de alto impacto dise&ntilde;ado para reventar grandes estadios y festivales.
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                El concierto de Siloé en el Festival de la Guitarra                            </span>
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        El setlist, de veinte temas clavados, funcion&oacute; como una apisonadora s&oacute;nica. Cayeron <em>Las palabras</em>, <em>Si me necesitas ll&aacute;mame</em>, <em>Esa estrella</em> y <em>Reza por mi</em>. Es fascinante analizar sociol&oacute;gicamente el fen&oacute;meno Silo&eacute; y ver c&oacute;mo este tr&iacute;o de Valladolid se ha convertido en una de las propuestas que m&aacute;s <em>sold out </em>cuelga de la escena musical espa&ntilde;ola. Han dibujado su evoluci&oacute;n impecable: pasaron de la solemnidad ac&uacute;stica de <em>La verdad</em> (2016) y <em>La luz</em> (2018), al quiebro electr&oacute;nico de <em>Metr&oacute;polis</em> (2020) y <em>Paradiso</em> (2021).
    </p><p class="article-text">
        Lo que presenciamos fue la puesta de largo de Terrorismo emocional, un &aacute;lbum cargado de himnos instant&aacute;neos destinados a ser coreados en grandes recintos. Pop con estribillos digeribles, guitarras de &eacute;pica contenida a lo Vetusta Morla y una energ&iacute;a maximalista, consolidando su estatus en la primera l&iacute;nea del pop y el rock independiente nacional.
    </p><p class="article-text">
        Hubo tiempo para la zapatilla pura. Cuando enfilaron su versi&oacute;n de <em>Personal Jesus</em> de Depeche Mode, el recinto se convirti&oacute; en una pista de baile masiva, el momento m&aacute;s bailable y liberador de toda la noche, antes de conectar con la nostalgia de Heroes del silencio. La ejecuci&oacute;n instrumental de la banda es limpia, pulcra, impecable. Si bien para los menos devotos puede pecar de una estructura demasiado predecible, el fan entregado cant&oacute; a pleno pulm&oacute;n, fundi&eacute;ndose con la banda en un &uacute;nico grito.
    </p><p class="article-text">
        Agradecimientos a su oficina cordobesa, RIFF y a una joven criatura que subi&oacute; al escenario para explicar Fito que tras diversos problemas de la vida hab&iacute;a cambiado su nombre en el registro por el de la banda.
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                El concierto de Siloé en el Festival de la Guitarra                            </span>
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        Para la traca final, los Silo&eacute; volvieron a romper la distancia de seguridad cantando de cerca: <em>Todos los besos</em>. El eco artificial de su voz, grandioso y &eacute;pico, flot&oacute; sobre la juder&iacute;a mientras miles de personas botaban.
    </p><p class="article-text">
        Silo&eacute; ha sabido leer los tiempos de la m&uacute;sica de consumo r&aacute;pido. Han cambiado los micros abiertos por un dise&ntilde;o de producci&oacute;n masivo, fotog&eacute;nico y eficaz. Nos hemos vuelto menos dogm&aacute;ticos y m&aacute;s hedonistas, y un domingo por la noche, que te pinchen un show empaquetado para hacerte olvidar las facturas del lunes deshacer llenar una Axerqu&iacute;a, aunque uno eche de menos un poco m&aacute;s de barro, peligro y alma sobre el escenario.
    </p><p class="article-text">
        Y hablando de alma, peligro y de lo que se echa de menos sobre las tablas... Aprovechando que baja la marea inicial del festival, un recado directo a la direcci&oacute;n del Festival de la Guitarra de C&oacute;rdoba: otro a&ntilde;o m&aacute;s, otra d&eacute;cada entera que se nos escurre entre los dedos sin contar con el enorme, brutal y sangrante talento que late en los locales de ensayo de esta ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Y ojo, que no reclamo un chovinismo barato ni una cuota de palmadita en la espalda por el mero hecho de compartir c&oacute;digo postal. Reclamo un escaparate real, con luz y taquilla, para bandas guitarreras de verdad (que no se me enfaden otras disciplinas ni el bendito conservatorio). Esta ciudad ruge en los m&aacute;rgenes y tiene nombres propios capaces de partir escenarios: el post-hardcore internacional de Viva Belgrado, la frescura descarada de Los Primos Chicos o Fuentenueva, el ritmo infeccioso de Flying Cumbias, el magnetismo de Volpina o nuestros White Stripes patrios que son Lady Coulson, entre otros muchos que se dejan la salud pagando el alquiler del local. 
    </p><p class="article-text">
        La guitarra tambi&eacute;n se muerde, se&ntilde;ores programadores. Menos inercia de cat&aacute;logo y m&aacute;s mirar a la calle.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sergio Tejerina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cultura/siloe-liturgia-neon-refugio-canciones-fe-domingo_129_13358622.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Jul 2026 08:55:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Siloé: La liturgia del neón, el refugio de las canciones y la fe del domingo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Festival de la Guitarra,rock,Concierto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sanguijuelas del Guadiana y Los Aslándticos: el cemento que pega los azulejos de la memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cultura/sanguijuelas-guadiana-aslandticos-cemento-pega-azulejos-memoria_129_13353275.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d8caa22d-37c5-4acd-8342-15569a7d8c6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sanguijuelas del Guadiana y Los Aslándticos: el cemento que pega los azulejos de la memoria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Concierto doble en el que los veteranos cordobeses y los jóvenes extremeños levantan un mural de costumbrismo mutante, rumba y distorsión en el Festival de la Guitarra
</p><p class="subtitle">Fotogalería - Las imágenes del concierto</p></div><p class="article-text">
        Hubo un tiempo en que algunos productos en los pueblos se anunciaban con azulejos. Antes de que las marquesinas, los leds y los algoritmos decidieran qu&eacute; deb&iacute;amos mirar, las fachadas de los almacenes agr&iacute;colas luc&iacute;an orgullosas aquellas placas, entre otras, de Nitrato de Chile, aut&eacute;nticos collages cer&aacute;micos donde una tipograf&iacute;a imposible promet&iacute;a cosechas m&aacute;s abundantes. Eran publicidad, s&iacute;, pero tambi&eacute;n una declaraci&oacute;n de principios: aqu&iacute; se trabaja la tierra. Aqu&iacute; todav&iacute;a merece la pena quedarse.
    </p><p class="article-text">
        Sanguijuelas del Guadiana ha entendido mejor que nadie aquella est&eacute;tica. No es casualidad que la hayan convertido en bandera gr&aacute;fica de una banda que ha hecho exactamente lo mismo que aquellos anuncios: reivindicar el terru&ntilde;o sin convertirlo en un decorado de postal ni en un lamento permanente. Han cambiado el fertilizante por canciones y el esmalte por Instagram, pero el mensaje sigue siendo el mismo.
    </p><p class="article-text">
        Para pegar con fuerza los azulejos de la memoria colectiva, hace falta una masa que resista el paso del tiempo. Nada mejor para eso que el cemento rudo, industrial y de toda la vida de la f&aacute;brica Asland. Justo all&iacute;, a la sombra gris de sus silos, ten&iacute;an hace ya muchos a&ntilde;os su local de ensayo Los Asl&aacute;ndticos.
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                Concierto de Los Aslándticos                            </span>
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        Y la jugada en el Festival de la Guitarra fue perfecta. Si la noche necesitaba un aglutinante definitivo para que la fiesta no se desmoronase, los cordobeses pusieron la mezcla exacta. Jugar en casa siempre tiene ese plus de electricidad en el ambiente.
    </p><p class="article-text">
        Arranc&oacute; la noche con el equipo local en estado de gracia. No era para menos: Los Asl&aacute;ndticos est&aacute;n de celebraci&oacute;n. Veinte a&ntilde;os desde aquel <em>El mundo est&aacute; fatal de los nervios</em> se dice pronto, pero mantenerse con esa frescura en el panorama independiente exige una resistencia estoica, casi de obrero del metal. La banda celebra este aniversario redondo con <em>20 A&ntilde;os fatal de los nervios</em>, un disco que combina revisiones de sus temas m&aacute;s emblem&aacute;ticos con canciones in&eacute;ditas que demuestran que la maquinaria sigue perfectamente engrasada. La banda de Bueno Rodr&iacute;guez, Alberto Invern&oacute;n y Jorge Carmona defiende &mdash;y demuestra con creces directo tras directo&mdash; que, por encima de la nostalgia facilona, este cumplea&ntilde;os funciona como una reafirmaci&oacute;n de identidad absoluta. 
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        Salieron a morder el escenario con esa energ&iacute;a indomable que los caracteriza, demostrando que su f&oacute;rmula de vitalismo ilustrado sigue tan viva como el primer d&iacute;a. Lo de Los Aslandticos es otro tipo de collage: el de la C&oacute;rdoba perif&eacute;rica, la que no sale en los folletos tur&iacute;sticos de la Mezquita pero que late con una fuerza descomunal en los barrios. 
    </p><p class="article-text">
        Desplegaron su artiller&iacute;a habitual de optimismo canalla y ritmos cruzados, hilando un setlist donde <em>De momento</em>, <em>Mi primer d&iacute;a</em> o <em>La receta</em> funcionaron como aut&eacute;nticas inyecciones de dopamina para un p&uacute;blico que ya estaba entregado a la causa del baile.
    </p><p class="article-text">
        Verlos conectar con la plaza es entender que el cemento de su antigua f&aacute;brica no solo sirvi&oacute; para levantar bloques de pisos; sirvi&oacute; para fraguar un sonido propio, inconfundible, que se adhiere a la piel y te obliga a saltar aunque el term&oacute;metro pida clemencia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Concierto de Sanguijuelas del Guadiana                            </span>
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        Entre C&oacute;rdoba y Casas de Don Pedro apenas hay un cambio de pigmento. Donde Andaluc&iacute;a luce el verde, blanco y verde, Extremadura cambi&oacute; hace siglos ese &uacute;ltimo color verde por el negro heredado de la taifa de Badajoz. Lo dem&aacute;s es una conversaci&oacute;n interminable entre pueblos que comparten dehesas, jornales, emigraciones, bares donde el caf&eacute; sigue costando poco y esa sospecha permanente de que el talento siempre tiene que marcharse para que alguien lo tome en serio.
    </p><p class="article-text">
        De pronto aparece un grupo como Sanguijuelas del Guadiana desde la siberia extreme&ntilde;a y dinamita el relato. Una escenograf&iacute;a que reproduce su cochera del pueblo con un cartel de <em>Se vend&iacute;a</em> y un frigor&iacute;fico lleno de latas de cerveza.
    </p><p class="article-text">
        No ven&iacute;an al Festival de la Guitarra a demostrar nada. Eso ya lo hicieron hace meses llenando salas por todo el pa&iacute;s. Ven&iacute;an a confirmar que lo suyo ha dejado de ser una promesa para convertirse en un fen&oacute;meno popular. Y eso se not&oacute; desde <em>100 amapolas</em>, donde el p&uacute;blico ya cantaba como quien vuelve a casa despu&eacute;s de demasiado tiempo. <em>Yesca</em> hizo exactamente lo que promete su nombre: prender fuego a cualquier distancia entre escenario y patio de butacas.
    </p><p class="article-text">
        Hay grupos que mezclan estilos. Sanguijuelas mezclan geograf&iacute;as. En una misma canci&oacute;n caben la verbena, el drum'n'bass, la rumba, un sintetizador pasado de vueltas, la sombra de Extremoduro, una tarde de feria, Los Chichos, una litrona caliente y el orgullo de pronunciar &ldquo;Casas de Don Pedro&rdquo; delante de cientos de personas sin pedir perd&oacute;n por el acento. Lo suyo no es folklore actualizado. Es costumbrismo mutante.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Concierto de Sanguijuelas del Guadiana                            </span>
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        Mientras sonaban <em>El estandarte</em>, <em>Quiero parecer</em> o <em>Jaribe</em>, daba la impresi&oacute;n de que el Festival de la Guitarra se hab&iacute;a mudado durante una hora a cualquier plaza extreme&ntilde;a un s&aacute;bado de agosto. Despu&eacute;s lleg&oacute; <em>La brecha</em>, y aquello dej&oacute; de parecer un concierto para convertirse en una romer&iacute;a electr&oacute;nica donde daba igual venir de C&oacute;rdoba, de Villanueva de C&oacute;rdoba, de Pozoblanco o de la Siberia Extreme&ntilde;a. Durante un rato todos hablamos el mismo idioma.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces apareci&oacute; <em>Revol&aacute;</em>. Poco que decir cuando temblaba el recalentado suelo del Teatro de la Axerqu&iacute;a con m&aacute;s de 1.500 personas botando. Es probablemente la mayor victoria de Sanguijuelas del Guadiana: haber conseguido que miles de chavales vuelvan a pronunciar el nombre de sus pueblos con la cabeza alta.
    </p><p class="article-text">
        Acerc&aacute;ndose el final, con <em>Llevadme a mi Extremadura</em> no son&oacute; como un ejercicio de nostalgia. Son&oacute; como una frontera que desaparec&iacute;a delante de nuestros ojos. Porque si algo qued&oacute; claro en C&oacute;rdoba es que Andaluc&iacute;a y Extremadura llevan siglos compartiendo mucho m&aacute;s que una raya en el mapa. Comparten el mismo barro en las botas, el mismo humor de supervivencia y la misma man&iacute;a de convertir la precariedad en fiesta.
    </p><p class="article-text">
        Hubo una comuni&oacute;n total entre la propuesta cruda y rural de las Sanguijuelas y la explosi&oacute;n urbana y colorida de los cordobeses. Dos formas de entender la resistencia cultural que, al final de la noche, terminaron encajando como piezas de una misma estructura.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos azulejos que mirar y cemento de sobra para aguantar el tir&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Concierto de Sanguijuelas del Guadiana                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Sergio Tejerina]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jul 2026 07:56:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sanguijuelas del Guadiana y Los Aslándticos: el cemento que pega los azulejos de la memoria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Festival de la Guitarra,Córdoba,Concierto,Música]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Love of Lesbian nunca ha sido una banda de conejos blancos]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cultura/musica/love-of-lesbian-sido-banda-conejos-blancos_129_13349956.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ccea88ec-50a0-4399-839f-4d9cc536abac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Love of Lesbian nunca ha sido una banda de conejos blancos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El grupo catalán, con diez discos de estudio a sus espaldas, inauguró este miércoles el escenario del Teatro de la Axerquía en esta edición 45 Festival de la Guitarra de Córdoba</p><p class="subtitle">Love of Lesbian en el Festival de la Guitarra, en imágenes</p></div><p class="article-text">
        S&iacute;, lo que has le&iacute;do en el titular: Love of Lesbian nunca ha sido una banda de conejos blancos. Lo suyo siempre ha sido sacar de la chistera cosas mucho m&aacute;s improbables. Primero fue cambiar de idioma cuando ya hab&iacute;an firmado tres discos en ingl&eacute;s e, incluso, telonear a The Cure. Despu&eacute;s, reinventarse pr&aacute;cticamente en cada &aacute;lbum sin dejar de sonar a ellos mismos. M&aacute;s tarde, convertir un grupo de pop en una peque&ntilde;a orquesta capaz de llenar el escenario de m&uacute;sicos, pantallas, colores, teclados y matices. Y, por &uacute;ltimo, lograr lo que muy pocos consiguen: que un festival entero entre en modo karaoke sin que aquello parezca una verbena chusquera.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, esa misma chistera es la que Santi Balmes -cantante- y los suyos llevan bajo el brazo (y literalmente sobre la cabeza) durante esta <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/love-of-lesbian-anuncia-retira-escenarios-25-anos-hora-bajar-telon-tiempo_1_13025439.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">gira de despedida</a> ,o de par&oacute;n, que con Love of Lesbian nunca se sabe si el truco termina cuando baja el tel&oacute;n,. Un descanso indefinido que llega despu&eacute;s de m&aacute;s de veinticinco a&ntilde;os girando casi sin respirar.
    </p><p class="article-text">
        Porque uno entiende que incluso los mejores magos necesitan guardar los naipes un tiempo.
    </p><p class="article-text">
        No hab&iacute;a drama en el ambiente. Hab&iacute;a gratitud y mucho calor (afectivo y ambiental, por supuesto). Hasta el propio Balmes pidio al p&uacute;blico que sacara sus abanicos, contemplando el patio de butacas desde el escenario y asegurando, maravillado, que desde arriba &ldquo;parec&iacute;an mariposas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde el arranque con <em>Ej&eacute;rcito de salvaci&oacute;n</em>, seguido por <em>Cuando no me ves</em> o <em>Bajo el volc&aacute;n</em>, qued&oacute; claro que la noche no iba de presentar un disco. Iba de celebrar una colecci&oacute;n de canciones que llevan m&aacute;s dos d&eacute;cadas acompa&ntilde;ando vidas ajenas. Love of Lesbian hace tiempo que dej&oacute; de tocar para su p&uacute;blico. Ahora toca con &eacute;l. Da igual que suene <em>1999</em>, <em>Club de fans de John Boy</em>, <em>La hermandad</em> o <em>All&iacute; donde sol&iacute;amos gritar</em>. La banda apenas empieza el verso y el resto lo hace un auditorio entero convertido en un gigantesco coro.
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                Concierto de Love of Lesbian en el Festival de la Guitarra                            </span>
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        Y eso no ocurre por casualidad.
    </p><p class="article-text">
        Las canciones de los catalanes siempre han tenido esa extra&ntilde;a capacidad de hablar de derrotas sin resultar derrotistas. Del amor cuando ya se ha roto. De la nostalgia antes incluso de que exista. De los domingos por la tarde, de las conversaciones que nunca ocurrieron, de los mensajes que jam&aacute;s se enviaron. Han conseguido que varias generaciones encuentren refugio en letras que parecen escritas cinco minutos despu&eacute;s de que la vida te pegue un bofet&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Entre canci&oacute;n y canci&oacute;n aparecieron los Love de siempre. Pa&ntilde;uelo palestino colgado del pie de micr&oacute;fono del guitarrista Juli&aacute;n Saldarriaga, un gesto silencioso pero rotundo que casa con el discurso de la banda y con la reflexi&oacute;n acerca de la llegada de la ultraderecha que hizo Santi ya casi terminando el concierto.
    </p><p class="article-text">
        Tras la aparici&oacute;n en pantalla de una pregrabada Rigoberta Bandini para defender a d&uacute;o <em>Contradicci&oacute;n</em>, el concierto agradeci&oacute; un necesario apag&oacute;n tecnol&oacute;gico. Lleg&oacute; el turno del momento ac&uacute;stico con <em>un d&iacute;a en el parque</em>; un par&oacute;n donde el grupo se liber&oacute; de la esclavitud de los <em>in-ears</em> y las claquetas digitales que tanto encorsetan los directos de hoy en d&iacute;a, permitiendo que la canci&oacute;n fluyera con la pureza de anta&ntilde;o
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, uno de los mayores picos emocionales de la noche lleg&oacute; cuando la banda invit&oacute; a Pope, bajista de Supersubmarina, al escenario para interpretar <em>Viento de cara</em>. Verlo all&iacute;, arropado por la banda y la ovaci&oacute;n atronadora del p&uacute;blico, convirti&oacute; el concierto en un acto de justicia po&eacute;tica y resiliencia musical.
    </p><p class="article-text">
        La noche avanz&oacute; sobre un escenario ocupado por siete m&uacute;sicos en escena, tres cuartas partes de aforo vendido y ciento veinte minutos de bolo con un bis, generando esa monta&ntilde;a rusa emocional, ese equilibrio entre la tragedia y el humor que lleva a&ntilde;os sosteniendo el universo Love of Lesbian sin que se derrumbe.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute;, inevitablemente, me acord&eacute; de otra &eacute;poca.
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                Concierto de Love of Lesbian en el Festival de la Guitarra                            </span>
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        Nunca olvidar&eacute; aquellos a&ntilde;os en los que era un fan casi militante de la banda. Cuando viajar a Madrid para las m&iacute;ticas fiestas DemoSc&oacute;picas de Mondo Sonoro era casi una peregrinaci&oacute;n obligatoria. All&iacute; tocaban los grupos que todav&iacute;a estaban por venir. Los que a&uacute;n peleaban por llenar peque&ntilde;as salas y hoy encabezan festivales. Recuerdo perfectamente esa noche a unas maravillosas semi desconocidas Russian Red y La Bien Querida y a Love of Lesbian sobre aquel escenario en 2008 y, sobre todo, al bater&iacute;a. No pod&iacute;a tocar. Andaba con muletas y una escayola en la pierna, pero all&iacute; estaba, animando cada canci&oacute;n como si fuera un ultra en un mundial de f&uacute;tbol. Aquella imagen dec&iacute;a mucho m&aacute;s de la banda que cualquier entrevista: siempre encontraron la manera de seguir adelante aunque hubiera que cambiar las reglas del juego.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso este par&oacute;n no suena a despedida. Suena a otro truco m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        P.D.&nbsp;Que s&iacute;, que lo de los macro conciertos y festivales est&aacute; genial, pero no te olvides querida persona que est&aacute;s leyendo estas l&iacute;neas de las salas de conciertos. Sin ellas nunca hubieras llegado a ver en escenarios como este a bandas como estas. Consume salas.
    </p><p class="article-text">
        P.D. (muy personal, perm&iacute;teme la licencia)&nbsp;Reconozco que cuando Ricky Falkner (bajista y productor de gran parte de los discos <em>lesbianos) </em>est&aacute; en un escenario, bien sea con Standstill, con Ivan Ferreiro, con sus Egon Soda o con cualquier banda, el resto de m&uacute;sicos, a veces, para mi, pasa a un segundo plano. Gracias Ricky por producir este &uacute;ltimo disco a mis adorados Viva Belgrado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sergio Tejerina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cultura/musica/love-of-lesbian-sido-banda-conejos-blancos_129_13349956.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Jul 2026 06:51:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,Cultura,Música,Festival de la Guitarra]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Burbujas y mantitas]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/dos-en-groenlandia/burbujas-mantitas_132_9624420.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e415d1c6-3bf6-4ff3-9652-ea848168e7c8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Burbujas y mantitas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A veces exploto burbujas, a veces estoy debajo de mantitas…</p></div><p class="article-text">
        A aquel hombre le gustaba explotar las burbujas del embalaje que traen los frigor&iacute;ficos. Las explotaba como v&aacute;lvula de escape a sus situaciones cotidianas, para recordar que, en todo momento, pod&iacute;a estallar su burbuja para tener los pies pegados a la tierra, para volar y que nadie le molestara mientras se entreten&iacute;a con aquellos trozos de pl&aacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Aquel hombre dedicaba gran parte de su tiempo a buscar pliegos de pl&aacute;stico de burbuja en los contenedores, en las cunetas de los grandes almacenes, en las partes de atr&aacute;s de las tiendas de electrodom&eacute;sticos, en cualquier parte.
    </p><p class="article-text">
        Una vez conseguido el bot&iacute;n lo transportaba a su casa con cuidado de no explotar ni una sola de sus burbujas. Para ello, lo abrazaba con la delicadeza que se abraza el primer amor en las calles oscuras y hac&iacute;a eses en su transitar, esquivando al resto de seres que ven&iacute;an en direcci&oacute;n contraria. &Eacute;l ten&iacute;a una misi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una vez llegado al portal de su casa, abr&iacute;a a duras penas la puerta de la calle y la empujaba con su pierna derecha. Se introduc&iacute;a lentamente permiti&eacute;ndose el placer de hacer sonar algunas explosiones al rozar la barandilla de la escalera.
    </p><p class="article-text">
        El ritual de la explosi&oacute;n s&oacute;lo pod&iacute;a realizarse en casa. El ritual de la explosi&oacute;n s&oacute;lo pod&iacute;a realizarse con la m&uacute;sica adecuada. Explosiones a ritmo de indie patrio sentado en el sof&aacute; del sal&oacute;n de casa, con la mirada perdida de quien sabe que va a pagar alg&uacute;n peaje en su vida por cada decisi&oacute;n que deba tomar.
    </p><p class="article-text">
        Aquel hombre viv&iacute;a en burbujas cada cierto tiempo. En burbujas de felicidad, en c&aacute;psulas as&iacute;ncronas y atemporales. Viv&iacute;a en sus burbujas y eso le hac&iacute;a feliz.
    </p><p class="article-text">
        Al fin y al cabo, benditos aquellos que han pasado al menos un minuto en una burbuja, en la burbuja.
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo, me descubro haciendo listas de m&uacute;sica que llamo MANTITAS porque supongo que alg&uacute;n d&iacute;a las escuchar&eacute; debajo de unas s&aacute;banas o de una mantita en su defecto. A veces, tambi&eacute;n las pongo para trabajar concentrado, relajado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya s&eacute; que no es lo mismo que explotar burbujas de pl&aacute;stico, pero cada uno se abstrae como puede, como quiere. Hoy empieza la serie de MANTITAS que espero te hagan vivir al menos durante 20 canciones en una burbuja, en tu burbuja.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sergio Tejerina]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Oct 2022 04:00:50 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Verano y abrazos (o no)]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/dos-en-groenlandia/verano-abrazos-no_132_9320969.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8ea9e013-c762-4ab1-af41-26dcbcd2fe4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Verano y abrazos (o no)"></p><p class="article-text">
        El verano llega a su fin, todo lo que empieza tambi&eacute;n acaba. Chanquete muere por estas fechas como desde hace algo m&aacute;s de 40 a&ntilde;os&nbsp; y en el fondo todos morimos un poco cada fin de verano.
    </p><p class="article-text">
        El verano son los recuerdos bonitos, los recuerdos Instagram, el verano amable, pero tambi&eacute;n son los recuerdos de los mojitos no tomados, de los pacharanes derrochados, de los besos no dados, de los bailes no bailados, de los conciertos no vistos y de lo mucho hablado. El ansia viva.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el verano termina es como cuando te quedas parado en la estaci&oacute;n viendo como el tren sale sin t&iacute; por unos minutos, esa sensaci&oacute;n de vac&iacute;o, de no encontrar sof&aacute;s donde dormir la siesta, de desasosiego, de &ldquo;estoy puteado&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Esto no es nada nuevo, viene de lejos, viene de esos veranos que terminaban con despedidas a amigos y primos en el parque, viene de esos veranos que terminaban con despedidas a esos amores fugaces y escondidos tan celebrados. Veranos terminados con colecci&oacute;n de pulseras de festivales y morenos que se van diluyendo al ritmo de los fluorescentes de las oficinas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El verano siempre en nuestra retina es de color azul, azul playa, azul cielo al atardecer, azul hidropedal, azul bal&oacute;n de nivea. Por eso y porque no todo es azul, sobre todo cuando termina el verano, esta lista de canciones va de amores desencontrados como en las pel&iacute;culas de Antena 3, de veranos terminados, de canciones que odian el color azul, de las miserias que todos arrastramos al encaminarnos al oto&ntilde;o y de canciones que me he inflado de escuchar este verano con mi moderno altavoz bluetooth al borde de la piscina a horas intempestivas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sergio Tejerina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/dos-en-groenlandia/verano-abrazos-no_132_9320969.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Sep 2022 04:00:29 +0000]]></pubDate>
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