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    <title><![CDATA[Cordópolis - Rafael Obrero]]></title>
    <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/autores/rafael-obrero/]]></link>
    <description><![CDATA[Cordópolis - Rafael Obrero]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Santuario y Fuensanta: intrusas entre la hojarasca]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/santuario-fuensanta-intrusas-hojarasca_1_9764857.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/80a3c076-802e-437b-8a21-611d5e944b4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fuensanta insitu"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada dos sábados, Elena Lázaro y Rafael Obrero se sumergerán en Córdoba en el retrato de uno de sus barrios y lugares, bajo su particular punto de vista, en un trabajo especial llamado 'La ciudad in situ'</p><p class="subtitle">Hemeroteca - Aquí puedes ver y leer todos los reportajes de 'La ciudad in situ' </p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La Fuensanta en la ciudad in situ                            </span>
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        Estoy segura de que es aqu&iacute;. Tiene que ser aqu&iacute;. &iquest;D&oacute;nde si no se van a expedir los carn&eacute;s de cordobesismo si no es junto al Pocito de la Fuensanta? Algo me dice que en alg&uacute;n rinc&oacute;n de la Plaza del Santuario debe estar el despacho para naturalizarse en esta ciudad. He aparcado en la Avenida de la Fuensanta y atravesado la frontera hacia el Santuario escuchando el griter&iacute;o del recreo en el Fern&aacute;n P&eacute;rez de Oliva. Me he soltado el pelo, dejando que me cubra media cara para evitar ser reconocida, porque &iquest;c&oacute;mo confieso a mis cuarenta y tantas primaveras que no he pisado esta plaza en mi vida? &iquest;c&oacute;mo admito que llevo cuatro d&eacute;cadas aprovechando el Puente de la Fuensanta para alargar mis veranos? &iquest;c&oacute;mo reconozco que jam&aacute;s he tocado una campanita ni visto al caim&aacute;n? Si es que lo escribo y me tiembla el coraz&oacute;n, el dedo coraz&oacute;n digo, mientras lo tecleo. 
    </p><p class="article-text">
        Como no veo a nadie me acojo a sagrado y busco alguna indicaci&oacute;n clara entre los ex votos y las placas de reconocimiento. Nada. Ni una se&ntilde;al que me diga d&oacute;nde acreditarme como cordobesa de pro. Ni un solo lugar en el que demostrar que abro vocales y seseo con una destreza sobrehumana; ni un espacio para exhibir mis dotes como perolista; ni un minuto para sacar el senequismo a pasear. Nada, en definitiva, para poder limpiar la mancha de mi sevillana concepci&oacute;n. S&iacute;, tal y como leen, exactamente como reza el reverso de mi <em>deene&iacute;</em> , hace todas esas primaveras que les digo -en realidad oto&ntilde;os- nac&iacute; a 140 kil&oacute;metros de aqu&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Impostora perdida me siento en un escal&oacute;n pensando c&oacute;mo alcanzar la redenci&oacute;n. Desde all&iacute; observo el paseo sereno de dos vecinas. El pantal&oacute;n blanco y los suecos de la m&aacute;s joven y los pasos cortos de unos pies pesados que se arrastran por el empedrado de la m&aacute;s vieja me cuentan la historia de miles de mujeres que cuidan de miles de mujeres que envejecen. Pienso en mi propia dependencia. En ese momento tambi&eacute;n agradecer&iacute;a un brazo amigo que me sujetase para mostrarme un barrio inexplorado. Me levanto en su b&uacute;squeda. Me acerco hacia el barrendero que desde hace rato se esmera pacientemente por retirar las hojas que los pl&aacute;tanos de sombra dejan caer incesantes sobre la plaza. Antonio, treinta a&ntilde;os en la empresa municipal de limpieza y vecino de Las Lonjas, conoce el barrio a la perfecci&oacute;n. Podr&iacute;a ser el cicerone perfecto, pero hay demasiada tarea como para ayudarme con mi particular cursillo CCSE (Conocimientos constitucionales y socioculturales espa&ntilde;oles) de cordobesismo. As&iacute; que le dejo trabajar y me acerco a la panader&iacute;a de la esquina con la Calle Pocito. Un repartidor detiene la furgoneta y mientras descarga grita:
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Rafael, un bocadillo de tortilla y una cola light. Y me pones mayonesa de la vuestra, no de la del bote.
    </p><p class="article-text">
        Ante semejante alegato por la autenticidad (mayonesa DE-LA-V-U-E-S-T-R-A) y rodeada de rafaeles mi impostura resulta casi asfixiante. Para colmo de mi mal, al regresar hacia la plaza me percato del nombre del &uacute;nico bar abierto: &ldquo;Taberna de La Abuela. Comidas Caseras&rdquo;, un r&oacute;tulo que se completa con la fotograf&iacute;a de una mujer mayor a la que mi imaginaci&oacute;n, claro, ya ha situado al frente del barrio en sus a&ntilde;os m&aacute;s gloriosos. 
    </p><p class="article-text">
        Intento alejarme, pero mis pies parecen anclados al suelo. Repaso la carta: flamenqu&iacute;n, croquetas caseras, salmorejo&hellip; solomillo al tataki &iquest;solomillo al tataki? &iquest;las abuelas y los tatakis se hablan? Entretenida con el enigma no reparo en Manuel, que me ofrece ayuda.
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Disculpe, se&ntilde;ora, &iquest;la puedo ayudar? (Manuel no ha intuido nada, Manuel, con ese &ldquo;se&ntilde;ora&rdquo; ha dejado claro que ha visto claros cada uno de mis cuarenta y tantos oto&ntilde;os).
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No, yo&hellip; es que&hellip; estaba echando un vistazo&hellip; &iquest;qui&eacute;n es la mujer del r&oacute;tulo?
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi abuela Nieves
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&iquest;Y son suyas las recetas? &iquest;era del barrio?
    </p><p class="article-text">
        Nieves no s&eacute;, pero Manuel me explica que en realidad vive en Ca&ntilde;ero y que hace apenas tres a&ntilde;os que instal&oacute; su negocio en el barrio; antes estaban en la Plaza de la Magdalena (ser&aacute; por plazas, ser&aacute; por v&iacute;rgenes&hellip;). Su confesi&oacute;n suaviza mi farsa. 
    </p><p class="article-text">
        Al alejarme distingo el cartel de otro bar. Puede que las comidas tambi&eacute;n sean caseras, pero de otras casas, de otras cocinas algo m&aacute;s lejanas. Es un Kebab. Mientras lo observo, veo al ayudante de Antonio cruzar de nuevo hacia la plaza. Es Burhan. 
    </p><p class="article-text">
        El jefe le ha pedido que regrese para repasar los &uacute;ltimos rincones. A &eacute;l todo le parece bien. No ha tenido suerte con los trabajos, desde que lleg&oacute; de Rabat. &ldquo;Yo no me quejo, yo hago el trabajo que me dice el jefe y no pierdo el tiempo&rdquo;, repite con una resignaci&oacute;n equivalente a la paciencia que demuestra al retirar la hojarasca, mientras me explica que es nuevo en la empresa y que est&aacute; encantado con que le hayan asignado este barrio.&nbsp;Lleva 17 a&ntilde;os en C&oacute;rdoba. El pr&oacute;ximo 25 de diciembre cumplir&aacute; los mismos oto&ntilde;os que yo y tampoco hab&iacute;a pisado la plaza hasta que lo hizo, como Manuel desde La Magdalena; como el caim&aacute;n desde Am&eacute;rica; como esta intrusa. Y desde entonces es suya, es nuestra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena Lázaro, Rafael Obrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/santuario-fuensanta-intrusas-hojarasca_1_9764857.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Dec 2022 04:45:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[La ciudad in situ,Córdoba,barrio,Fuensanta]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[San Agustín: La verborrea de la hora tonta]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/san-agustin-verborrea-hora-tonta_1_9682843.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/908acb0f-0dec-442e-8e2e-106fb8e1ec4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="insitu san agustín"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada dos sábados, Elena Lázaro y Rafael Obrero se sumergerán en Córdoba en el retrato de uno de sus barrios y lugares, bajo su particular punto de vista, en un trabajo especial llamado 'La ciudad in situ'</p><p class="subtitle">Aquí puedes ver y leer todos los reportajes de 'La ciudad in situ'</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Plaza de San Agustin                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Hay en las tardes de oto&ntilde;o una particular cadencia hacia la perogrullada. Es como si en las conversaciones de calles y plazas se hubieran agotado los temas interesantes, como si los tertulianos dejaran agonizar sus charlas caminando lentos hacia la hibernaci&oacute;n del palique. Eso no pasa en primavera o en verano, cuando el atardecer no es m&aacute;s que el preludio de lo que est&aacute; por llegar y las calles rebosan animadas. Con el cambio de hora de oto&ntilde;o, la vida, el Sol, la luz, es para quien madruga, no para noct&aacute;mbulos. En una tarde de oto&ntilde;o nadie sabe qu&eacute; pedir en un bar, es la hora tonta. Las terrazas se vac&iacute;an y las plazas, s&oacute;lo con un poco de suerte y por tiempo limitado, son ocupadas por criaturas jugando y estirando los minutos antes de la cena, que de un d&iacute;a para otro casi se junta con la merienda. 
    </p><p class="article-text">
        Las tardes de oto&ntilde;o no existen. Uno sale de la oficina y es noche cerrada, as&iacute; que no le queda m&aacute;s remedio que aflojar un poco la corbata y acelerar la conversaci&oacute;n con los amigos de tertulia. La conversaci&oacute;n y la velocidad de ingesta alcoh&oacute;lica. Un tercio de cerveza y un g&uuml;isqui a la hora. &Eacute;sa fue la marca personal de cada una de las cuatro corbatas que cont&eacute; esta semana en la Plaza de San Agust&iacute;n a la hora tonta entre la merienda y la cena. 
    </p><p class="article-text">
        No hubo que pegar la oreja demasiado para escuchar los asuntos que les ocupaban. A grito pelado y con <em>performance</em> incluida compartieron con toda la plaza sus pensamientos sobre el amor (&ldquo;lo que no se puede es pasar de tu mujer y llegar borracho todos los d&iacute;as a cenar&rdquo;), la amistad (&ldquo;<em>cucha</em>, yo tengo un amigo que se pide vacaciones para venir desde Albacete todos los a&ntilde;os a salir conmigo el mi&eacute;rcoles de Feria&rdquo;) y el trabajo (&ldquo;diez ofertas mejores he recibido, pero yo creo en lo que hago; yo no trabajo para ganar m&aacute;s dinero&rdquo;). Perogrulladas.
    </p><p class="article-text">
        Afortunadamente para las presentes, el dise&ntilde;o de esta plaza, reforma incluida, permite fluir el sonido sin interrumpir las confidencias de la mesa de al lado o los consejos de la sabia a su pupila, en la del fondo. El tono de las corbatas ni siquiera desentona con el griter&iacute;o de los balonazos del fondo o los ladridos del perro que reclama pasear mientras su due&ntilde;o apura el &uacute;ltimo trago de fino. 
    </p><p class="article-text">
        De alguna forma, esos cuatro corbatas representan la resistencia de quienes se niegan a aceptar el final del verano, del sol, de la vida, de la luz. Y &iquest;qu&eacute; es La Axerqu&iacute;a, sino resistencia? Resistir ante los embates de la gentrificaci&oacute;n, la multiplicaci&oacute;n milagrosa de eventos cofrades, la falta de servicios y espacios verdes. 
    </p><p class="article-text">
        He caminado a lo largo del Colodro y la calle Moriscos hasta llegar a la Plaza y he comprobado que esa resistencia se camufla mimetiz&aacute;ndose con el empedrado. La he visto vestida con una bata bajando la basura; luciendo <em>piercings</em> en un portal fumando a escondidas con la carpeta llena de apuntes al salir de la clase de ingl&eacute;s; pedaleando en familia con las bolsas de la compra en el manillar; militantes del habitar la ciudad hist&oacute;rica; activistas sin y con corbata; s&eacute;necas oto&ntilde;ales de la vida de verdad, que saben qu&eacute; pedir y de qu&eacute; hablar en la hora tonta.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena Lázaro, Rafael Obrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/san-agustin-verborrea-hora-tonta_1_9682843.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Nov 2022 04:45:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[San Agustín: La verborrea de la hora tonta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La ciudad in situ,Córdoba]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los patios son mentira]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/patios-son-mentira_129_7934966.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6859bf55-f9f7-4944-b540-a84da5d2ac45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los patios son mentira"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Opinión - El ilustrador y arquitecto Rafael Obrero escribe sobre el centenario del Concurso de los Patios de Córdoba</p></div><p class="article-text">
        El Concurso de Patios comienza a celebrarse en 1922 por iniciativa municipal, institucionalizando una tradici&oacute;n popular en la que las vecinas compet&iacute;an sanamente entre ellas por tener el patio m&aacute;s vistoso de la calle. Se realizaba un sobre esfuerzo en mayo, cuando las plantas est&aacute;n en su m&aacute;ximo esplendor floral, pero el trabajo era continuo durante todo el a&ntilde;o. Se trabajaba en el patio por necesidad, esta es la clave y la raz&oacute;n de una afirmaci&oacute;n tan gruesa como la del t&iacute;tulo.
    </p><p class="article-text">
        Debemos contextualizar aquel principio de siglo XX con un par de apuntes. Las casas de vecinos o casas patio eran construidas espec&iacute;ficamente para su arrendamiento a las clases populares que llegaban a la ciudad desde el campo, transformando casas solariegas, conventos u hospitales, para ser utilizadas como viviendas comunitarias; o bien, construyendo desde cero, ocupando solares de antiguas casas en ruinas, almacenes, huertos o cuadras. Se produc&iacute;a una sobreocupaci&oacute;n del espacio porque las familias arrendaban una habitaci&oacute;n, o &ldquo;sala&rdquo;, &uacute;nica. Estas familias eran polinucleares, pod&iacute;an convivir en el mismo espacio varias generaciones o servir de alojamiento temporal a otros familiares. Algunos testimonios hablan de diez personas en una sola habitaci&oacute;n. En este contexto, el patio se convierte en la &uacute;nica estancia digna de la vivienda, donde poder recibir, compartir y festejar. De ah&iacute;, la necesidad de procurar que ese espacio estuviera cuidado, limpio y &ldquo;montado&rdquo; de forma acogedora y bella. Para profundizar m&aacute;s en estas claves, recomiendo una lectura sosegada al libro &ldquo;Fundamentos para una gesti&oacute;n tur&iacute;stica sostenible de la Fiesta de los patios de C&oacute;rdoba&rdquo; de Rosa Colmenarejo.
    </p><p class="article-text">
        Llegamos al siglo XXI y seg&uacute;n la UNESCO, &ldquo;la Fiesta de los Patios de C&oacute;rdoba promueve la funci&oacute;n del patio como lugar de encuentro intercultural y fomenta un modo de vida colectivo sostenible, basado en el establecimiento de v&iacute;nculos sociales s&oacute;lidos y de redes de solidaridad e intercambios entre vecinos, estimulando al mismo tiempo la adquisici&oacute;n de conocimientos y el respeto por la naturaleza&rdquo;.&nbsp;&iquest;Qu&eacute; queda de eso?. Hay un desajuste entre esos valores dignos de protecci&oacute;n y los que ahora dominan el universo de los patios: la mercantilizaci&oacute;n (leg&iacute;tima, por supuesto), y la musealizaci&oacute;n de los espacios, donde s&oacute;lo es posible una visita apresurada sin posibilidad de convivir, compartir o festejar. Reconozcamos que la Fiesta de los Patios de hoy no tiene nada que ver con la del siglo pasado, no podemos seguir viviendo instalados en esa mentira.
    </p><p class="article-text">
        Es l&oacute;gico pensar que una actividad tan ligada a la sociolog&iacute;a de un pueblo, cambie con el tiempo y este cambio no deber&iacute;a ser motivo de preocupaci&oacute;n si la evoluci&oacute;n hubiera sido para transformar la Fiesta en algo interesante, rico en experiencias, conectado con lo contempor&aacute;neo, sin embargo el recorrido ha devenido en una banalizaci&oacute;n, una c&aacute;scara vac&iacute;a, sin fiesta ni colectividad.
    </p><p class="article-text">
        Hay una peque&ntilde;a resistencia compuesta por algunos patios como el de Virginia en calle Frailes o Cristina en plaza de las Tazas, patios de puertas abiertas, deseosos de que la gente tome el patio, proponga actividades, lo use como lugar de encuentro, pero desgraciadamente son minor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Hay luz por tanto, hay otros modos de afrontar la cultura del patio sin abandonar el hilo argumental iniciado hace un siglo. Para ello hace falta que la administraci&oacute;n reconozca que no se puede gestionar este tesoro desde una simple acci&oacute;n funcionarial, es necesario que se reflexione y se proponga de modo continuo durante todo el a&ntilde;o en los muy diversos factores que influyen en la Fiesta. Los patios no son s&oacute;lo el concurso, tambi&eacute;n son el Festival, y sobre todo, la vida que se desarrolla en su seno. Es necesario potenciar las iniciativas que tiendan a recuperar el caser&iacute;o abandonado que nos rodea, habitarlo, reactivarlo, entender los modos de vida actuales y compatibilizarlos con la Fiesta. Ese foro se llama Fundaci&oacute;n Patios de C&oacute;rdoba y llevamos diez a&ntilde;os de retraso esperando su constituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las calles est&aacute;n llenas de colas interminables de gente esperando a entrar a los patios y eso es lo que cuenta para algunos gestores p&uacute;blicos y cuidadores de patios. Pero como ciudad no podemos conformarnos con un &eacute;xito tan superficial y cortoplacista como ese. Exijamos y trabajemos porque los patios sean espacios cargados de experiencias e intercambios, sean motor de transformaci&oacute;n de nuestros barrios, afan&eacute;monos en conseguir que los patios sean, de nuevo, algo aut&eacute;ntico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rafael Obrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/patios-son-mentira_129_7934966.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 May 2021 03:50:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los patios son mentira]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,patios]]></media:keywords>
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