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    <title><![CDATA[Cordópolis - Plomo en los bolsillos]]></title>
    <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/]]></link>
    <description><![CDATA[Cordópolis - Plomo en los bolsillos]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La gente guapa estuvo en Córdoba]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/gente-guapa-estuvo-cordoba_1_7152346.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d511d74a-5f5b-4b82-8780-8f77f089fac1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        Alcanzaba el Sol una posici&oacute;n alta en plena tarde, a eso de las cinco, y la treintena de grados daba un sudorcillo brillante a las frentes, eso que Ruiz Quintano llama el &ldquo;calor omeya&rdquo;. Don &Aacute;lvaro Domecq apuraba el gintonic apoyado, desde la silla, en la pared de La Marquesa, y el sombrero cordob&eacute;s le daba el aire grave de una instituci&oacute;n. Fuera esperaban mientras los excluidos por la distancia de seguridad y los aforos reducidos, tipos sin copa, desarmados sin rev&oacute;lver en el <em>saloon</em>, que ver&iacute;an la corrida totalmente sobrios, a media hora para que empezara. A uno de los parroquianos lo echaron una vez dentro, y yo solo pens&eacute; en la excusa que le pondr&iacute;a a la mujer por llegar tan pronto.
    </p><p class="article-text">
        No hab&iacute;a antitaurinos ni los medios de comunicaci&oacute;n que los cubren, y m&aacute;s de uno contento por no tener que desempolvar los porqu&eacute;s enrevesados de algo tan f&aacute;cil como una afici&oacute;n. El ambiente habitual del clavel y el puro y del chaval en n&aacute;uticos con camisa hortera de coderas, vestido como de comuni&oacute;n en Utrera, quedaba en segundo plano ante la presencia de la <em>gente guapa</em>, tan de Umbral, despreocupada, ociosa y con &aacute;nimo peregrino. Venidas de muchas partes, alguno se bajaba la mascarilla al paso de las m&aacute;s patifinas, que dejaban en el ambiente la fragancia dulce e intensa de la geometr&iacute;a perfecta de la belleza.
    </p><p class="article-text">
        Se consum&iacute;a la expectaci&oacute;n en los aleda&ntilde;os de la plaza, si bien descafeinada de personas, la falta de costumbre pand&eacute;mica hac&iacute;a vibrar el recuerdo de que hubo un tiempo en el que form&aacute;bamos una comunidad. Cayetana &Aacute;lvarez de Toledo, escoltada por Emilia Landaluce, era el <em>photocall</em>&nbsp;andante de esa Espa&ntilde;a indecisa entre el PP y Vox. Si, ya en la plaza, era f&aacute;cil divisarla desde cualquier parte del tendido, la blusa roja en la barrera era una baliza para el espectador. Por si alguien no se hab&iacute;a dado cuenta de su presencia, Morante se encarg&oacute; de brindarle un toro, qui&eacute;n sabe si en acto de partido, para despejar cualquier duda de que la rubia d&iacute;scola y aristocr&aacute;tica del PP con acento porte&ntilde;o all&iacute; estaba.
    </p><p class="article-text">
        Una vez escuchado el himno nacional, el pase&iacute;llo rompi&oacute; con responsabilidad, desde los dos matadores que se bat&iacute;an el cobre hasta Kike Paellas, la joven promesa de los areneros, que celebr&oacute; entusiasmado la faena al quinto. Juan Ortega, torero cl&aacute;sico de esta nueva generaci&oacute;n de matadores con carrera, justific&oacute; su presencia y su cartel de torero revelaci&oacute;n de la temporada con el capote, replicando con personalidad por lentas ver&oacute;nicas un quite al torero de la Puebla; que sac&oacute; la casta de figura del toreo para justificar el precio de la entrada, del hotel y del AVE.
    </p><p class="article-text">
        El evento rompi&oacute; el tedio de una ciudad en pandemia en la que no pasa nada. Algo Springfield. La <em>gente guapa</em>&nbsp;cen&oacute; algo y volvi&oacute; a su casa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso Alba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/gente-guapa-estuvo-cordoba_1_7152346.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Oct 2020 08:26:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La gente guapa estuvo en Córdoba]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Blanco]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/blanco_1_7152345.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Fue una noche en la barra del <em>Martin&acute;s</em>, el bar de Georgetown donde Kennedy le pidi&oacute; matrimonio a Jackie, hace cuatro a&ntilde;os, pocos d&iacute;as antes de que Trump ganase las elecciones. Robert Andrews, un tipo de unos 80 a&ntilde;os, ex boina verde republicano, le expuso a Gistau el porqu&eacute;, a su juicio, necesitaban un tipo como Trump en el Despacho Oval: &ldquo;En el mundo del futuro los Estados Unidos no necesitar&aacute;n un Nobel de la Paz, sino un tipo a los que los dem&aacute;s crean cuando te diga al tel&eacute;fono que te va a volar el culo. Necesitamos un hijo de puta y Trump es el mayor de todos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es el discurso grosero y result&oacute;n que cautiv&oacute; a una Am&eacute;rica profunda desafecta con Washington. Todo lo que representaba Hillary. Gente que sent&iacute;a peligrar &ldquo;el estilo de vida americano&rdquo;. Un se&iacute;smo populista con r&eacute;plica en todo el mundo. La Casa Blanca ha sido estos a&ntilde;os la baliza de una <em>alt right</em>&nbsp;mundial que ha visto en el estilo Bannon la manera ideal de librar la guerra cultural a las causas buenistas. En la otra trinchera, la oposici&oacute;n global que avist&oacute; en Trump el ogro retr&oacute;grado y derechista contra el que agruparse. Movimientos como el <em>Me Too</em>&nbsp;o <em>Black Lives Matter</em>&nbsp;que se han desarrollado con conducta de brigada. Conmigo o contra m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay otro sentimiento. Lo describe Bret Easton Ellis en <em>Blanco</em>&nbsp;(Random House, 2019): el anti anti-trumpismo. El del ciudadano harto del bombardeo sistem&aacute;tico de causas ajenas a su d&iacute;a a d&iacute;a y obligado a la militancia diaria contra las injusticias mundiales. Ese que se siente inc&oacute;modo cuando le llaman <em>fascista</em>&nbsp;por no revisitar su c&oacute;digo de conducta y adecuarlo a la nueva moral posmoderna. La rapsodia socialdem&oacute;crata que extiende el error del individuo a la sociedad entera. Una mirada al pasado que acaba por censurar cl&aacute;sicos como <em>Lo que el viento se llev&oacute;</em>&nbsp;y establece requisitos de diversidad racial y de inclusi&oacute;n para poder optar al Oscar. Cortapisas est&eacute;ticos que refundan las nociones del arte, infect&aacute;ndolo de ideolog&iacute;a. El &eacute;xito de <em>Moonlight</em>.
    </p><p class="article-text">
        Lejos del perfil del votante republicano &ndash; Ellis es homosexual y ha sido un pol&eacute;mico progresista &ndash; la actitud anti trumpista lo desvincul&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s del seno dem&oacute;crata. Partida en dos y con los consensos destruidos, un tuit era suficiente para pedir explicaciones a las filias de un amigo. Uno y otro han desbaratado un modelo de civilizaci&oacute;n que cuando se resfr&iacute;a acaba en pandemia para eso que llamaban Occidente. La misma que se ha llevado a Trump por delante.
    </p><p class="article-text">
        Con la victoria de Biden ambas trincheras se han quedado hu&eacute;rfanas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso Alba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/blanco_1_7152345.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Nov 2020 08:01:21 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Blanco]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las niñas]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/ninas_1_7156506.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1a8198dc-8794-4bd9-9e20-96680b368b4f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        Le digo a Roberto, el portero, que me gust&oacute; mucho <em>Las ni&ntilde;as</em>, la &oacute;pera prima de Pilar Palomero a la que Boyero no encuentra fallos. Roberto, un h&iacute;brido entre Tarantino y Paquito el del videoclub, lee sobre cine negro espa&ntilde;ol, un libro gordo como un <em>tomahawk</em>&nbsp;de La Finca, y levanta la cabeza de su tratado para decirme que lo mejor es que, cuando castigan a la ni&ntilde;a por montar en moto, el <em>travelling</em>&nbsp;de la c&aacute;mara solo sigue a la ni&ntilde;a, ni al tipo que la est&aacute; sacando de su ni&ntilde;ez de chicle para despu&eacute;s del cigarrillo compartido ni a la moto. Roberto analiza estas y muchas otras cosas desde la trinchera de la porter&iacute;a, desde una Espa&ntilde;a que lo condena a padecer la pobreza de su vocaci&oacute;n pero la felicidad de su afici&oacute;n, y por donde no paran de pasar libros y revistas casi tan <em>posteables</em>&nbsp;como una relaci&oacute;n de Maluma.
    </p><p class="article-text">
        A In&eacute;s se le reflejaba la s&aacute;bana santa del cine en los ojos con el brillo que se produce cuando lo que se est&aacute; contando ah&iacute; es la arqueolog&iacute;a de la infancia. Son unos recortes situacionales elegidos con gusto, cre&iacute;bles, y hay poco de la teatralizaci&oacute;n en la que se suele caer cuando los actores &ndash; actrices &ndash; son un grupo de ni&ntilde;os, aun no consumidos por el poder igualatorio del <em>smartphone</em>&nbsp;de una &eacute;poca en la se sal&iacute;a a vivir la ciudad. A las ni&ntilde;as les resulta todo picante, una marquesina con un &ldquo;p&oacute;ntelo, p&oacute;nselo&rdquo; es el universo lejano y ajeno que pierde misticismo investigando en el caj&oacute;n de la mesita de noche de alg&uacute;n padre.
    </p><p class="article-text">
        Las ni&ntilde;as se sientan a escuchar un cassette en un corro como si escucharan psicofon&iacute;as de un m&aacute;s all&aacute; y se pintan los labios con el &aacute;nimo del que se los tat&uacute;a. Rezan con devoci&oacute;n, fuman los primeros cigarrillos y se hacen amigas para, fingiendo ser adultas, aprender a serlo.
    </p><p class="article-text">
        Hay mucho de Holden Caulfield en Celia, la protagonista de la pel&iacute;cula, un campo de centeno por el que todos acabamos precipit&aacute;ndonos, la extradici&oacute;n en caliente de la patria de la ni&ntilde;ez, como siempre, a trav&eacute;s del trauma de la noticia. En un acto se pierde la espontaneidad inocente y entran en juego prejuicios adultos rid&iacute;culos y contaminantes. Crecer es no parar de traicionarse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso Alba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/ninas_1_7156506.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Oct 2020 10:26:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las niñas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por decir algo]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/decir_1_7156507.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Ya saben ustedes que el mundo est&aacute; fatal: no hace falta ni que lean los peri&oacute;dicos ni que escuchen la radio. Mucho menos que yo se lo diga o que vean el telediario, al punto que hasta Antena 3 se ha puesto pesimista, no suena el <em>Sugar, Sugar</em>&nbsp;de <em>Los Archies</em>&nbsp;de fondo y lejos quedan ya las cocteleras de noticias que a m&iacute; me parec&iacute;an interesant&iacute;simas, titulares del tipo &ldquo;el chihuahua m&aacute;s peque&ntilde;o del mundo&rdquo;. Siempre se han criticado mucho estas noticias, pero ay de un Belmonte m&aacute;s informado morfol&oacute;gicamente de esta cosa: se compr&oacute; un chihuahua en M&eacute;xico y desembarc&oacute; en Espa&ntilde;a con un mast&iacute;n. Supongo que ser&iacute;a de ese tipo de cosas de las que uno se va dando cuenta poco a poco, como liarse con un travesti en una discoteca. A un amigo m&iacute;o le pas&oacute; y fue parte de su aprendizaje.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; decirles de la pandemia. Tengo una colecci&oacute;n de primeros p&aacute;rrafos buen&iacute;simos. Y no es porque sean m&iacute;os, pero son para llevarse premio de varias diputaciones y vivir como un maldito unos pocos meses, aunque me tuviera que acostar a las una. Lo que pasa es que no llego al segundo p&aacute;rrafo porque nadie los leer&iacute;a, se publiquen aqu&iacute; o en el BOE. Ya lo dec&iacute;a Walter Burns en <em>Primera plana</em>: &ldquo;&iquest;qui&eacute;n diablos va a leer el segundo p&aacute;rrafo?&rdquo;. La &uacute;nica informaci&oacute;n donde pincha la gente es c&oacute;mo diferenciar el covid, la gripe y el resfriado, que ya se hace mejor que el porque, el por qu&eacute; y el porqu&eacute;, un desaf&iacute;o nacional por conseguir. Ahora parecen las noticias preguntarle a uno lo que est&aacute; pasando en vez de dec&iacute;rselo. &iquest;No saben lo que ha pasado?
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n tengo que decirles que me estoy mudando a Madrid en un proceso que va durando ya varios meses. Mi sueldo de autoproclamado corresponsal de este peri&oacute;dico en la capital ser&aacute; el mismo que ven&iacute;a arrastrando como colaborador intermitente en mi condici&oacute;n de trabajador fatigable. Ya dijo Camba que Espa&ntilde;a era un pa&iacute;s de <em>pensaores</em>. Informarles que Madrid sigue bebiendo y que los provincianos nos sentimos como gigantes entre pigmeos, importantes de la noche a la ma&ntilde;ana, y nos bebemos a Madrid. Si antes pensaba que Madrid era el centro de Espa&ntilde;a por pura casualidad geogr&aacute;fica ahora me doy cuenta de que no, Madrid centrifuga los nacionalismos perif&eacute;ricos en la coctelera igualatoria del trabajo y de la gente guapa. A golpe de confinamiento uno consigue concentrar lo que se estiraba antes hasta las siete para beb&eacute;rselo antes de las una. Como la Inglaterra despu&eacute;s de la guerra: un lugar que se beb&iacute;a en cuatro horas lo que antes hac&iacute;a en doce. Lo que se le ocurra a Illa y al tipo ese de jers&eacute;is con pelotillas, ese Griezmann demacrado que hace g&aacute;rgaras con gravilla.
    </p><p class="article-text">
        Es una vida <em>smart</em>&nbsp;y lum&iacute;nica, que no luminosa, donde ya no queda quien se levante a la hora del almuerzo. Estamos condenados a estar todo el d&iacute;a despiertos, centinelas de la pandemia, esquivando la PCR. As&iacute; que lo que le legislan a uno son sus horarios: anhelo de cualquier gobierno totalitario. La gente va perdiendo sus puestos de trabajo y pierde la costumbre de cobrar, aunque por lo menos tambi&eacute;n la de pagar: todav&iacute;a no me he dejado un euro en <em>Richelieu</em>.
    </p><p class="article-text">
        Les podr&iacute;a decir muchas cosas. Voy a empezar un M&aacute;ster de algo que me dec&iacute;an que no ten&iacute;a salidas. Y es verdad que no tiene: llevo cuatro meses sin escribir aqu&iacute; y todav&iacute;a no me echan. Salidas no hay, pero tampoco entradas. No se cobra, pero tampoco hay que pagar. Nadie escribe, es una tonter&iacute;a habiendo <em>emojis</em>&nbsp;y <em>Tinder</em>. Y si creen que no les he dicho nada Garc&iacute;a M&aacute;rquez escribi&oacute; un art&iacute;culo con mi edad haciendo algo parecido y acab&oacute; ganando el Nobel. Esos son mis referentes, por decir algo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso Alba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/decir_1_7156507.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Sep 2020 07:58:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Por decir algo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Maradona en Sevilla]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/maradona-sevilla_1_7156508.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9d594a13-3888-44bf-8170-211adee2edb3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        En el &uacute;ltimo <em>Informe Robinson</em>&nbsp;&ndash; el primero despu&eacute;s de la muerte de Michael, el m&aacute;s querido de los guiris patrios &ndash; se hace un recorrido del paso de Maradona por el Sevilla FC. La ciudad viv&iacute;a todav&iacute;a con la resaca fresca de la ilusi&oacute;n noventera de la Expo, con los Curros abandonados por las calles como las pelucas en la Exposici&oacute;n Universal de Knoxville, cuando uno de los dos equipos que se reparten los sentimientos de la ciudad como un c&aacute;rtel se dej&oacute; el resto para traer a un jugador que, aunque adicto a la coca&iacute;na, que merm&oacute; sus poderes como la kryptonita, representaba el m&aacute;ximo talento futbol&iacute;stico jam&aacute;s visto.
    </p><p class="article-text">
        En un club todav&iacute;a con el h&aacute;ndicap de tener a Monchi en el banquillo y no en la direcci&oacute;n deportiva, lejano aun el ambicioso equipo de la canci&oacute;n del Arrebato, la llegada de Maradona supuso un r&eacute;cord de abonados, adem&aacute;s de la divisi&oacute;n del vestuario en dos niveles de exigencias: Diego y el resto. Bilardo ten&iacute;a que tocar las teclas de un tipo gre&ntilde;udo y redondo que se baj&oacute; del aeropuerto de Sevilla vestido de g&aacute;ngster, en las postrimer&iacute;as de una carrera que, quiz&aacute;s, se empez&oacute; a disipar demasiado pronto. Maradona, despu&eacute;s de clavar su pica en M&eacute;xico, acab&oacute; siendo el mes&iacute;as de una religi&oacute;n en la que no cre&iacute;a, escondido bajo una epidermis triunfal y aupado a los cielos por una naci&oacute;n que, como Sony &ldquo;Sweet&rdquo; Sullivan, se espesa la saliva del f&uacute;tbol en la boca para tener algo que comer.
    </p><p class="article-text">
        Se ve en el documental como queda alguna reminiscencia de chico t&iacute;mido, de cebollita, en alguna espor&aacute;dica justificaci&oacute;n de tono suave delante de las alcachofas. Algo inaudito en la figura decadente y fr&aacute;gil del Maradona que nos regala la memoria reciente. Un tipo turbio siempre al borde de la muerte e incapaz de proponer nada en ning&uacute;n vestuario. Pero predomina el Diego canchero, falt&oacute;n, perseguido por el campo como un bandido al que le silban las balas de cerca.
    </p><p class="article-text">
        Si muy lejos de aquel nivel ins&oacute;lito en un futbolista, el del gol contra Inglaterra que desempolvar&aacute;n las civilizaciones futuras como un vestigio del mundo antiguo, el paso de Maradona es de todo menos ins&iacute;pido. Hay destellos de un jugador que justificaba el precio de la entrada en un pu&ntilde;ado de partidos. Afirma Prieto, compa&ntilde;ero del Pelusa aquella temporada, que los enamorados de Maradona lo vieron de verdad en el 2-0 que el equip&oacute; le endos&oacute; al Madr&iacute; de Benito Floro en el Pizju&aacute;n. Al final del partido se ve a un Maradona exultante ante las c&aacute;maras y en comuni&oacute;n con una grada festiva, consciente de la haza&ntilde;a como el le&oacute;n que ofrece a la manada a su presa.
    </p><p class="article-text">
        Dur&oacute; poco. A Diego le acab&oacute; poniendo del Nido un detective, que regateaba como a un central, al punto de presentarse &eacute;ste en las redacciones de los diarios de Sevilla buscando pistas de un hombre &ldquo;imposible de acostar a las doce y media&rdquo;, perdido en el sofrito de pies de las discotecas y en una peregrinaci&oacute;n de ida y vuelta a las Tres Mil. Multado por el club y sentado en el banquillo por circular a 160 por Sevilla, acab&oacute; rescindiendo su contrato de cuatro a&ntilde;os con el equipo.
    </p><p class="article-text">
        El que fuera su preparador f&iacute;sico, Fernando Signorini, sob&oacute;n con el espa&ntilde;ol como solo un argentino puede serlo, describe a Maradona como un gitanillo con algo de andaluz, con duende, de Lorca. Cuenta de un conocido que le pregunt&oacute; una vez c&oacute;mo ser&iacute;a Diego con la cabeza de Platini. Signorini le contest&oacute; que Platini.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso Alba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/maradona-sevilla_1_7156508.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2020 07:55:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Maradona en Sevilla]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Balada de trinchera]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/balada-trinchera_1_7156509.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d109a81c-19a4-4c98-882d-4b0a6c2346c2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        En un cap&iacute;tulo de Los Soprano, Pauli Gualtieri, sienes blancas, le dice a Christopher Moltisanti c&oacute;mo calcular el tiempo que uno va a pasar en el Purgatorio antes de ser aceptado en el Cielo, desparasitado como un caniche: son tantos a&ntilde;os como sumen los pecados mortales multiplicados por cincuenta y los veniales por veinticinco. Tras aplicar la f&oacute;rmula, le sal&iacute;an unos seis mil a&ntilde;os. Para los italoamericanos de Newark, hijos de los hijos de los hijos que hicieron cola en Ellis Island, es un San Patricio eterno habitado por irlandeses borrachos donde es imposible ganar una mano a las cartas.
    </p><p class="article-text">
        Pienso a menudo en estas cuentas, sobre todo ahora. Llevaba un par de a&ntilde;os sin visitarlo, lo hab&iacute;a dejado de escuchar como si tuviera la m&uacute;sica alta y nos separara un tabique. Yo viv&iacute;a en Madrid, aunque segu&iacute;a mandando a <em>Cord&oacute;polis</em>&nbsp;algunas columnas que &eacute;l hab&iacute;a dejado de leer. Ahora era la silueta de su cad&aacute;ver marcada en tiza sobre el sof&aacute;. Cuando mi madre abri&oacute; la puerta con una fuente de gachas, John Wayne todav&iacute;a no hab&iacute;a terminado de atizar a su cu&ntilde;ado en <em>El hombre tranquilo</em>. Es curioso que tanto las gachas como &eacute;l estaban todav&iacute;a calientes. Al poco rato, tras el grito de mi madre y el sonido de las gachas contra el suelo, las vecinas asomaban la cabeza por la puerta en una jerarqu&iacute;a de altura, como los Dalton. Me hace gracia pensar c&oacute;mo alcanzar&iacute;a a meter maltrecho, como herido detr&aacute;s de una roca tras un tiroteo, la cinta en el v&iacute;deo.
    </p><p class="article-text">
        El viejo Lucio hab&iacute;a desarrollado su instinto como un perezoso: su supervivencia se basaba en ser cada vez m&aacute;s lento, casi imperceptible. Las pocas veces que abr&iacute;a las ventanas lo hac&iacute;a sin que nadie lo viera. Las pocas bolsas de la compra y los muchos cartones de Ducados se las dejaba una hermana en la puerta del bajo donde viv&iacute;a y no respond&iacute;a al timbre aunque al otro lado de la puerta aguardase Ava Gardner. Los vecinos solo conoc&iacute;an su voz de una vez que espant&oacute; a unos mormones a bastonazos una tarde de verano en que lo interrumpieron miserablemente mientras ve&iacute;a el Trofeo Carranza. Como las Torres Gemelas, todo el que lo hab&iacute;a visto sab&iacute;a d&oacute;nde estaba.
    </p><p class="article-text">
        Hasta que no abri&oacute; la puerta yo pensaba que ese piso era el cuarto de los contadores, o algo parecido. Antes, los chavales del barrio hab&iacute;amos especulado con muchas otras teor&iacute;as. La que m&aacute;s peso tuvo fue la del puticlub. El Maluco hab&iacute;a hecho las pesquisas necesarias y afirmaba que los hombres m&aacute;s sospechosos del barrio sal&iacute;an sudando de mi portal a horas extra&ntilde;&iacute;simas y mirando a ambos lados como cruzando la Gran V&iacute;a. Descartamos esa idea cuando descubrimos que el puticlub estaba en el tercero: una colombiana enorme nos ense&ntilde;&oacute; las tetas desde el balc&oacute;n bajo la promesa de hacernos unos aut&eacute;nticos hombres. La desilusi&oacute;n fue tal que ni barajamos la oferta.
    </p><p class="article-text">
        El misterio se fue desvaneciendo y a m&iacute; ya poco me importaba aquella puerta que miraba como un jarr&oacute;n mientras esperaba el ascensor. Estar&iacute;a all&iacute; por romper la monoton&iacute;a del gotel&eacute;, pensaba, hasta que una madrugada, esperando el ascensor con un cart&oacute;n pringoso de churros, apoy&eacute; la cabeza en la puerta y empec&eacute; a darle testarazos como si fuera un central italiano. La puerta se abri&oacute; y los churros, mi infancia y yo ca&iacute;mos al vac&iacute;o. Mire hacia arriba mientras el fantasma de mi ni&ntilde;ez me observaba:
    </p><p class="article-text">
        &ndash; &iquest;Entonces no es el puti? &ndash; fue lo &uacute;ltimo que alcanc&eacute; a decir antes de recibir un bastonazo. La historia de los mormones era cierta. Los churros no frenaron el golpe.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso Alba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/balada-trinchera_1_7156509.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 May 2020 08:53:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Balada de trinchera]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nueva normalidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/nueva-normalidad_1_7156511.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3b2b467d-5f92-4e5c-bd6b-3143782ef544_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="| MADERO CUBERO"></p><p class="article-text">
        Que una muerte es una tragedia y un mill&oacute;n de muertes es una estad&iacute;stica lo dijo Stalin. En nuestro caso es menos de un mill&oacute;n, apenas unas decenas de miles, agrupados en una curva que incide en la conciencia colectiva como un cartelito de &ldquo;prohibido pasar&rdquo; en el pomo de la puerta. Mientras, los muertos se disuelven por el sumidero de los lavabos de la Moncloa, temiendo uno morirse y empotrarse en la curva como un toro entrando a Estafeta.
    </p><p class="article-text">
         S&aacute;nchez sali&oacute; a rueda de prensa ayer para prometer una Nueva Normalidad, que ser&aacute; algo parecido a la nueva normalidad que se produce en una relaci&oacute;n las semanas despu&eacute;s de perdonar unos cuernos. Supongo que formar&aacute; parte de una nueva estrategia de comunicaci&oacute;n consistente en formular mensajes con ant&oacute;nimos que, al menos, desplaza la anterior tendencia a la redundancia.
    </p><p class="article-text">
         Mientras S&aacute;nchez intenta camelarte con su mensaje, con una voz ronca en la que me reconozco en la puerta de Bamb&uacute; a las cinco de la ma&ntilde;ana, la Nueva Normalidad avanza con modernas formas imaginativas para que todo parezca otra cosa. El fact-checking ha determinado que salir a correr es el deporte perfecto, neutro y sin olor a sobaco, as&iacute; que el Gobierno nos pondr&aacute; a dar vueltas a la manzana como h&aacute;msters en una rueda. Habr&aacute; que tener especial cuidado con los runner-cocas, colectivo bautizado por Ernesto Sevilla como los exfiesteros que deciden, de un d&iacute;a para otro, empezar a hacer deporte jug&aacute;ndose el infarto. Habr&aacute; que estar atentos a c&oacute;mo evoluciona esa curva.
    </p><p class="article-text">
         En la Nueva Normalidad no habr&aacute; conciertos en el WiZink ni fondos llenos en los estadios ni San Isidro, temeridades del hombre del antiguo r&eacute;gimen, que no se quedaba en casa, inconsciente de su posible seroprevalencia. Tampoco discotecas, ya que el virus se podr&iacute;a montar una rave en las bocas de los m&aacute;s desconfinados.
    </p><p class="article-text">
         Para ir al cine habr&aacute; que pedir cita, dejando uno de poder comprar una entrada por el reclamo publicitario del cartel mientras pasea. Se har&aacute;n reposiciones de pel&iacute;culas que animen al hombre moderno en su prop&oacute;sito de la no-relaci&oacute;n, como La ventana indiscreta y N&aacute;ufrago.
    </p><p class="article-text">
         Montaigne fund&oacute; el ensayo encerrado en una habitaci&oacute;n, as&iacute; que &ndash; como escribi&oacute; Vila-Matas &ndash; puede decirse que el sujeto moderno no surgi&oacute; en contacto con el mundo, sino en dependencias cerradas a solas consigo mismos. En algo se parece esta Nueva Normalidad, que nos acota los mapas como a Truman: todo m&aacute;s all&aacute; de la provincia son las Islas Fidji. Pero no ser&eacute; yo quien caiga en el bulo de afirmar que la antigua normalidad sea mejor que la nueva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso Alba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/nueva-normalidad_1_7156511.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Apr 2020 09:49:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nueva normalidad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El gol de Vinícius]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/gol-vinicius_1_7156513.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1d94b927-7347-4368-956a-7f06659411e7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        Vin&iacute;cius carga a sus espaldas con la mitolog&iacute;a del mejor equipo del mundo con 19 a&ntilde;os, despu&eacute;s de que Cristiano evangelizara Europa y se erigiera en un Teodosio vikingo. El Madrid lucha contra un ciclo en el que su m&aacute;s laureada legi&oacute;n ya roza el retiro en el Olimpo como si Florentino, convertido en Marco Aurelio, depositara sus manos en sus hombros, d&aacute;ndole la libertad, una alcachofa de Real Madrid TV y tickets para refrescos. Estas transiciones se pueden tornar v&iacute;ricas, como el AC Mil&aacute;n del coronavirus de la d&eacute;cada pasada, que dej&oacute; al club para competir en la Play Station y tirar los penaltis con Shevchenko. Ahora vagan en el exilio europeo como un le&oacute;n sin dominio.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Vini pisa el &aacute;rea se desactiva como si los tedax le hubieran cortado el cable rojo, sabiendo c&oacute;mo ha llegado hasta all&iacute; con solo mirar la estela de contrarios y espinilleras que deja a su paso, con los defensas choc&aacute;ndose como una banda de g&aacute;nsters en una pelea de pel&iacute;cula de Bruce Lee. Tiene el regate que le faltaba a Cristiano, que hac&iacute;a las bicicletas de un pastor alem&aacute;n en una parcela, pero no quema la guitarra como el portugu&eacute;s, que en los partidos/conciertos le montaban pogos en las gradas de Chamart&iacute;n para celebrarle los goles.
    </p><p class="article-text">
        Sabiendo la asignatura pendiente del brasile&ntilde;o con el gol, Kroos y Piqu&eacute; le indicaron las pautas. El alem&aacute;n le agit&oacute; el dedo como un municipal en un atasco, ense&ntilde;ando que tambi&eacute;n se puede jugar al f&uacute;tbol con las manos, y Vini corri&oacute;, con el coche y la media en la cabeza siempre preparados para atracar el banco, hacia Ter Stegen. Piqu&eacute; le dej&oacute; v&iacute;a libre al jugador para volver a fallar, prefiriendo evitar el pase a un compa&ntilde;ero con m&aacute;s fuerza en los empeines. Cuando el brasile&ntilde;o dispar&oacute;, el central desvi&oacute; al fondo de la porter&iacute;a una pelota que iba al portero, quiz&aacute; cansado del juego sob&oacute;n del Barcelona de Seti&eacute;n, que es una nana futbol&iacute;stica para los ni&ntilde;os del proc&egrave;s. Vini se fue al c&oacute;rner y ofreci&oacute; al Bernab&eacute;u su primera presa.
    </p><p class="article-text">
        Vin&iacute;cius ser&iacute;a el jugador que Florentino querr&iacute;a fichar si no lo hubiera fichado ya, jugando en vertical todos los partidos, cumpliendo la relaci&oacute;n amor/odio con la grada fundamental para triunfar de blanco eucar&iacute;stico. Puede ser el primer delantero brasile&ntilde;o amamantado en el club que llegue a cuajar, algo que ten&iacute;a casi en exclusividad Can Barsa. Mientras esto pasa, tendr&aacute; que seguir afilando el colmillo, presentando presas al madridismo mientras aprende a quemar la guitarra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso Alba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/gol-vinicius_1_7156513.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Mar 2020 11:19:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El gol de Vinícius]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una carta a Cielo Drive]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/carta-cielo-drive_1_7156516.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f316bcd9-8413-46b8-bdbf-bc9471a0c349_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        &iexcl;Miguel&oacute;n! &iexcl;Pelusa! &iquest;C&oacute;mo vas? 
    </p><p class="article-text">
        Perdona por tardar tanto en escribirte. Hab&iacute;a un cronista polaco muy famoso que acud&iacute;a a los lugares cuando las c&aacute;maras hab&iacute;an levantado el campo, cuando la devastaci&oacute;n hab&iacute;a pasado y los puestos de perritos calientes se montaban en otra parte intoxicada de suceso. Yo me promet&iacute; un despliegue informativo &ldquo;hist&oacute;rico&rdquo;, como dicen en los telediarios, dentro de m&iacute;, no solo para no olvidar de lo que de ti ya sab&iacute;a, sino para tener novedades. Saber cosas nuevas de ti me consolaba. Era como si estuvieras haciendo las Am&eacute;ricas y llegaran cantos de un mito que conquista el Oeste en la fiebre del oro. 
    </p><p class="article-text">
        Bueno, ah&iacute; sigo. Acabo de abrir el <em>word</em> que empec&eacute;, que hasta ahora he cre&iacute;do definitivo para un novel&oacute;n que te hiciera justicia dentro de diez a&ntilde;os o cosa as&iacute;, y resulta que parezco Jack Torrance en el hotel de <em>El Resplandor</em>, volvi&eacute;ndose loco en bata y calzoncillos. 
    </p><p class="article-text">
        Hablamos mucho de ti, hermano, como de un Will Hunting que abandon&oacute; el barrio en un BMW blanco, con los discos que aquel verano 16&acute; en la guantera del coche, cantando <em>Estadio Azteca</em> de resaca al filo del Atl&aacute;ntico, en un Zihuatanejo eterno; como de un t&iacute;o &ndash; esto me fascina mucho de ti &ndash; que jam&aacute;s dej&oacute; de ser ni m&aacute;s inteligente ni m&aacute;s guapo, en una autopista camino de Cielo Drive, con el techo del coche abierto, el vientazo ech&aacute;ndole un pulso a tu pelo y mordi&eacute;ndote las u&ntilde;as desde el me&ntilde;ique con las gafas de sol en la nuca. All&iacute; te espera una casa que habr&iacute;as montado blanca y cubista y piscina a ras de suelo, con tu sueldazo de gran profesional liberal. Yo te imagino as&iacute;, vestido de etiqueta debajo de una bata blanca, como los grandes dentistas, con tu dandismo esteta y natural.
    </p><p class="article-text">
        La felicidad es una r&aacute;faga, hermano, que se siente, &aacute;lgida, pocas veces en la vida. Nace de la placidez y el convencimiento del momento y recorre el cuerpo con una brisa. A m&iacute; a me pasaba contigo. La casa de Montilla, el cortijo junto a la piscina, los vasos de Pepsi desgastados de Rivaldo y Roberto Carlos, tu padre o Antonio, el jardinero, apareciendo por all&iacute;, la mesa larga donde nos sub&iacute;amos como vikingos en una taberna, la <em>electrocaseta</em>; la mesa de pingpong al fondo con el h&aacute;ndicap del viento y la lidia con los perros enormes y comelimones que gast&aacute;is los Prieto Mart&iacute;nez son mis puertas del Para&iacute;so. Esas puertas de maderas nobles y altas de las pel&iacute;culas de Lubitsch, que dir&iacute;a Garci. Un viejo que hac&iacute;a pel&iacute;culas, Pelusa, que hay que explic&aacute;rtelo todo.
    </p><p class="article-text">
        Gracias por compartir todo esto con nosotros, por darnos una parte de la vida a la que no opt&aacute;bamos y que a veces no merecimos por comportarnos como un Congreso de Ultra Sur, siempre causando desperfectos en una casa tan hermosa que pod&iacute;a estar en Montilla o en Alabama, donde la amistad cog&iacute;a tanto peso se pod&iacute;a tocar. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Sabes que el m&oacute;vil de tu padre me llama solo? Me aparece <em>Paco Padre</em> en pantalla y, con su voz tan caracter&iacute;stica de Pepe Domingo Casta&ntilde;o, me dice: <em>&Aacute;ngel, &Aacute;ngel, que esto yo no s&eacute; qu&eacute; es, padre, que yo no te he llamado</em>. A m&iacute; me flipa, porque s&eacute; que eres t&uacute;. He llorado en soledad, fuera de la patria de la ni&ntilde;ez, muy pocas veces, todas por ti, y en mitad de un llanto me llam&oacute; <em>Paco Padre</em>. O sea, t&uacute;. He visto tantas pel&iacute;culas que cuando te fuiste te buscaba por todas partes, esper&aacute;ndote a lo lejos de una calle a lo Morgan Freeman en <em>Como Dios</em>, levant&aacute;ndote en ala del sombrero con un gui&ntilde;o. Todo de buen rollo. Hollywood nos hace creer que en los reflejos o en las estrellas, juntando los puntos luminosos como en el dorso de una caja de <em>Chocapic</em>, se puede uno comunicar con un amigo. Desde luego, es mejor que no buscarlo en un sitio. Gracias por esas llamadas.
    </p><p class="article-text">
        Cambiando de tema, Alex se est&aacute; quedando calvo. Haz un milagro y ponle pelo o algo si puedes, macho. Si no ya lo har&aacute;n los turcos. Es una pelusilla enmara&ntilde;ada que conquista su cr&aacute;neo d&iacute;a a d&iacute;a hac&iacute;a dentro. Si tuviese el pelo largo ser&iacute;a Santiago Segura en marroqu&iacute;. Por lo dem&aacute;s, sigue siendo ese Modric de la amistad que manda wasaps como si fuese un pase a tres dedos con el exterior de la bota. Gonzalo me flipa con su alopecia, estoy deseando que se saque ya las oposiciones de poli para que sea como un Carl Winslow blanco, pegando porrazos en el trasero en los ascensos del C&oacute;rdoba en las Tendillas. 
    </p><p class="article-text">
        El s&aacute;bado nos vamos todos a Bodegas Campos &ndash; calidad, <em>manete</em> &ndash; a honrarte y recordarte. Lo hablamos el Cabeza, me niego a llamarle &Aacute;lvaro, y yo un d&iacute;a, y el t&iacute;o se ha ocupado de todo. Menudo <em>wedding planner</em>. Hemos dicho que hay que ir en chaqueta, como a ti te gustar&iacute;a, y avisados est&aacute;n tus amigos de Granada y del erasmus, tranquilo. Gran tipo tu amigo Germ&aacute;n, ahora te lleva en la paletilla tatuado. Adem&aacute;s me recuerda un poco al Lillo con ojeras de panda a lo Pepe Sancho.
    </p><p class="article-text">
        Dale fortaleza, esa brisa que te he dicho antes, a tus padres y a tu hermano. Tu madre vive de llorarte. S&aacute;cale una sonrisa y dale ganas de vivir, que poco a poco ir&aacute; cogiendo, aunque sea todo tan jodido sin ti. 
    </p><p class="article-text">
        Te voy contando. Ya te devolver&eacute; los 15 euros que te deb&iacute;a, cuando t&uacute; me devuelvas los sesenta a&ntilde;os de amistad que me robaste. 
    </p><p class="article-text">
        Te quiero con toda mi alma, 
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;ngel y <em>La Banda del Choco</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso Alba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/carta-cielo-drive_1_7156516.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Feb 2020 14:18:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una carta a Cielo Drive]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lastras]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/lastras_1_7156517.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e701448f-24b7-42b6-9cd5-bb572f267b1c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        Adriana Lastra es una barrabrava del PSOE, una fan incondicional de su partido que empu&ntilde;a del tallo la rosa sin espinas &ndash; la dulzura de la socialdemocracia &ndash; con una devoci&oacute;n futbolera. El PSOE es su afici&oacute;n. He conocido mucho barrabrava del PP en sus juventudes, cuando militaba <em>teenager</em> en ellas, y los que siguen si&eacute;ndolos son ahora <em>lastras</em> del partido, con cargo, sueldo, tuiter, fachaleco e im&aacute;n en la nevera. Aunque la cumbre del <em>merchandising</em> partidero la ha reventado Vox. Vivir de la pol&iacute;tica es bastante f&aacute;cil si uno se incuba imberbe en la sede del partido. Es la facilidad del estar, no la del ser. 
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; me neg&oacute; la opini&oacute;n sobre el aborto, comiendo un bocadillo de chopped camino de Antequera, un compa&ntilde;ero de partido que ahora est&aacute; de <em>lastra</em> para Moreno Bonilla en la Junta. &ldquo;Prefiero no pronunciarme&rdquo;, me dijo el personaje. El problema no era una indefinici&oacute;n suya, sino del partido, y &eacute;l no quer&iacute;a ser un Gallard&oacute;n prematuro, claro, aun en la incubadora. Yo le palme&eacute; la espalda para que pasara el trago, porque si dif&iacute;cil es para uno definirse en estas cosas, m&aacute;s lo es cuando alguien se tiene que definir por ti. 
    </p><p class="article-text">
        Arrimadas ense&ntilde;&oacute; y se ensa&ntilde;&oacute; con el curr&iacute;culum de Lastra cuando esta hablaba el d&iacute;a de la cabalgata, como si vestida de maga repartiera juanolas de napalm en vez de caramelos de caja de ahorros. Quien fuera un le&oacute;n del Congreso para darle los buenos d&iacute;as a In&eacute;s por las ma&ntilde;anas, con esa sonrisa constitucionalista, entre Jerez y el Paseo de Gracia. En las redes, trinchera repartida por familias camorristas, alguno sac&oacute; que Stefan L&ouml;fven, primer ministro sueco, por lo visto, tampoco tiene estudios, creando una nueva brecha social entre todos: las personas que tienen carrera y las que no. Esto abre un nuevo escenario; seguramente, esta d&eacute;cada sea la de defender los derechos de las personas sin carrera, tarea m&aacute;s f&aacute;cil que sacarse una. Una nueva causa que representa una mayor&iacute;a social.
    </p><p class="article-text">
        Adriana Lastra comenz&oacute; Antropolog&iacute;a Social &ndash; existe esa carrera &ndash; pero no la termin&oacute;. Desconocemos si su faceta literaria nos ha privado de un nuevo Nigel Barley, aunque, pecando de antrop&oacute;logo inocente, creo que, a los 19 &ndash; ya siendo secretaria general de las juventudes del partido en Ribadesella &ndash; jugaba mucho m&aacute;s a la pol&iacute;tica que estudiaba. Yo comprendo lo de Adriana porque era igual a esa edad, por mucha novela y mucha radio. Lastra, simplemente, no termin&oacute; la carrera porque para aprobar hay que estudiar. 
    </p><p class="article-text">
        Lo preocupante de Lastra no es su curr&iacute;culum, sino su af&aacute;n de protagonismo, su <em>House of Cards</em> en bluray encima de la tele. Lo descubr&iacute; cuando le dijo a Arrimadas que &ldquo;en pol&iacute;tica hay algo peor que estar en la oposici&oacute;n, estar en la irrelevancia&rdquo;. Pues s&iacute;, Adriana, hay cosas mucho peores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso Alba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/lastras_1_7156517.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Jan 2020 20:18:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lastras]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Irredento Van Basten]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/irredento-basten_1_7156518.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fc15a1c7-058d-48d2-ab8d-9053c029d2b1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        A Rafael Garc&iacute;a Serrano lo echaron del <em>Arriba</em>, peri&oacute;dico oficial del r&eacute;gimen, en los 60 por fascista, imag&iacute;nense, en un tardofranquismo y en un peri&oacute;dico del que afirm&oacute; &ldquo;est&aacute; lleno de futuros dem&oacute;cratas de toda la vida&rdquo;. Lo cuenta Enric Gonz&aacute;lez en un art&iacute;culo en <em>Jot Down</em> en 2012: <em>Irredentos</em>. Gonz&aacute;lez militaba en la extrema izquierda en aquellos a&ntilde;os, pero el primer peri&oacute;dico que abr&iacute;a al llegar a la redacci&oacute;n era el <em>Arriba</em>. Lo hac&iacute;a porque escrib&iacute;a Garc&iacute;a Serrano, un fascista que ten&iacute;a &ldquo;una prosa sublime, a la vez l&iacute;rica y violenta&rdquo;. Lo abr&iacute;a por el estilo, por la literatura.
    </p><p class="article-text">
        Me acord&eacute; de Garc&iacute;a Serrano y del art&iacute;culo de Enric jugando a la play. En el FIFA hay un modo de juego donde puedes jugar por internet con ni&ntilde;os pajeros b&aacute;varos o tarados neozelandeses comprando los jugadores que quieras. Es como una liga m&aacute;ster <em>online</em>, para los puristas. Resulta que hay jugadores leyenda: puedes correr la banda con Roberto Carlos o tirar las faltas con Rivaldo. Tambi&eacute;n, si te toca, puedes vender a Guardiola para correr la banda con Roberto Carlos o tirar las faltas con Rivaldo. Pero lo que no puedes ya es meter goles con Van Basten, que era lo que m&aacute;s ilusi&oacute;n me hac&iacute;a del juego. El mejor gol de Benzema en el Madrid es el que meti&oacute; en Pamplona al Osasuna, porque es casi igual que el de Van Basten a la URSS en la final de la Eurocopa del 88: una volea sin &aacute;ngulo a la escuadra contraria. Un bodeg&oacute;n en <em>technicolor</em> que revent&oacute; a m&aacute;s de una rep&uacute;blica socialista sovi&eacute;tica como una bomba de hidr&oacute;geno.
    </p><p class="article-text">
        En una entrevista en <em>Fox Sports</em>, donde comentaba Marco Van Basten, entrevistaron a un entrenador alem&aacute;n del Heracles Armelo, un equipo holand&eacute;s. El entrevistador, al que se le aprecia cierto compadreo con Van Basten, chapurrea el alem&aacute;n y solventa la entrevista como puede. Cuando acaba, al bueno de Marco no se le ocurre otra cosa que soltar un &ldquo;Sieg Heil&rdquo;, que ser&iacute;a lo &uacute;nico que sabe en alem&aacute;n. Autom&aacute;ticamente, en directo, pidi&oacute; disculpas ante unas redes sociales que ard&iacute;an ante el gazapo. &ldquo;Solo quer&iacute;a ridiculizar el alem&aacute;n de Hans&rdquo;, afirm&oacute; el astro holand&eacute;s, del que ya sabemos que es uno de los mejores delanteros de la historia y un torpe que puede llegar a decir barbaridades.
    </p><p class="article-text">
        Es un consuelo que la mayor&iacute;a de la gente tenga algo en com&uacute;n con Van Basten, aunque lo que hay que conseguir es que los ni&ntilde;os hagan sus remates. Por lo menos que se lo metan a su primo en la tele de la cocina. Una cosa que antes se pod&iacute;a, pero ya no. Enric Gonz&aacute;lez habla de aquellos columnistas irredentos, irreductibles e irremplazables; profesi&oacute;n y cualidades que tienen que ver mucho con los delanteros buenos. Que lo echen de la <em>Fox</em>, pero no del FIFA. Antes &eacute;ramos m&aacute;s libres porque pod&iacute;amos meter goles con Van Basten.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Merino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/irredento-basten_1_7156518.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Dec 2019 17:12:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Irredento Van Basten]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[González no juega en el Betis]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/gonzalez-no-juega-betis_1_7156519.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7519c2e8-17a3-47e2-8213-6cfd085672a3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        Lo normal cuando un jugador del C&oacute;rdoba encara la frontal del &aacute;rea y chuta, despu&eacute;s de haber regateado a alg&uacute;n rival, es que la mande al Eroski o a saque de banda. La gente se lleva las manos a la cabeza e insulta, pero luego se viene arriba y anima. Mi t&iacute;o Manolo describ&iacute;a la situaci&oacute;n a la perfecci&oacute;n: &ldquo;Si la hubiera metido no jugar&iacute;a en el C&oacute;rdoba, estar&iacute;a en el Betis&rdquo;, mientras doblaba infinidad de veces una esquina de la revista del partido. Son esos segundos que pasan entre el insulto y el aplauso los que el espectador de El Arc&aacute;ngel tarda en asimilar el aforismo. A mi t&iacute;o, entre la retranca y el estoicismo de campi&ntilde;a, esas situaciones le divert&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        El domingo, antes del gol del M&eacute;rida, Gonz&aacute;lez fall&oacute; a porter&iacute;a vac&iacute;a lo que supondr&iacute;a adelantarse en el marcador a un equipo comatoso, con la &ldquo;unidad productiva&rdquo;, que vayan a saber ustedes qu&eacute; es eso, a subasta. La pelota le llego botando, creo, pero muy poquito, y con la porter&iacute;a vac&iacute;a era m&aacute;s dif&iacute;cil fallarla que meterla. El escudo pesa demasiado y fall&oacute;, cumpli&oacute; la segunda de las posibilidades antes descrita e hizo un golpeo de interior-tal&oacute;n . La gente se revolv&iacute;a en sus asientos y <em>el catorse</em>, como se le nombraba en la grada, no sab&iacute;a d&oacute;nde meterse. El hombre que ten&iacute;a delante dijo que era como Fabi&aacute;n, pero en malo. Y es que si la hubiera metido jugar&iacute;a en el Betis. A m&iacute; me entraron ganas de comprarme su camiseta.
    </p><p class="article-text">
        Un fin de semana crec&iacute; y no volv&iacute; al estadio con mi t&iacute;o. Abandon&eacute; al equipo como se deja de ir a misa, en una de esas traiciones inconscientes. Empec&eacute; a ir con mis amigos cuando nos jug&aacute;bamos ascensos o descensos, cantando el himno como impostores. Recuerdo salir del estadio una vez entre risas, y verlo a lo lejos saliendo a paso liger&iacute;simo por el Arenal, entre una multitud quejumbrosa muy representativa, una Espa&ntilde;a sencilla en la que creo. Musit&eacute; lo que el general MacArthur en el Bata&aacute;n. <em>Volver&eacute;</em>.
    </p><p class="article-text">
        El C&oacute;rdoba nos hace mejores. Me dio lo que me hubiera dado Flaubert de haberlo le&iacute;do: literatura desde el aburrimiento. Es una buena manera de crecer abonar a un ni&ntilde;o a una grada, entre pipas e irracionalidades, vinculando la actualidad a lo deportivo, poniendo la parab&oacute;lica como la radio monstruosa de aquel cuento de Cheever. Escuchando a los mayores problemas lejan&iacute;simos, para volver luego, a&ntilde;os despu&eacute;s, a evadirse, a perder el individualismo estresante durante un par de horas.
    </p><p class="article-text">
        En la cola compr&eacute; la revista que hicieron los periodistas deportivos de la ciudad que siguen al club. La imagen de los chavales vendiendo la revista subiendo y bajando las escaleras por la grada me supo a plaza de toros, cuando la gente le&iacute;a papel. En el descanso la abr&iacute; y le&iacute; un par de art&iacute;culos. Eran las historias de nostalgia e incertidumbre del al que le quieren robar los domingos dej&aacute;ndolos viudos.
    </p><p class="article-text">
        Cuenta Nacho Carretero, en el <em>Informe Robinson</em> del Cambados de Sito Mi&ntilde;anco, que cuando los adictos a la hero&iacute;na mor&iacute;an en aquella Galicia ochentera de pico y papela, las madres, con retranca calidade, suspiraban de alivio porque por lo menos as&iacute; sab&iacute;an d&oacute;nde estaban sus hijos. El C&oacute;rdoba no puede morir, pero por lo menos sabremos que una parte de nosotros estar&aacute; all&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Merino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/gonzalez-no-juega-betis_1_7156519.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Nov 2019 14:03:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[González no juega en el Betis]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Abuelos]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/abuelos_1_7156520.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/87a6dd17-8432-4ea7-8588-51f161747c2a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        El sal&oacute;n estaba partido en dos, donde la tele y los sof&aacute;s y el comedor, donde gateaba entre sus sillas tapizadas. All&iacute; estaba, en una esquina, el cuadro de mi abuelo, que m&aacute;s que un cuadro era mi abuelo. Yo me sentaba all&iacute; a mirarlo, esperando a que me gui&ntilde;ara un ojo o me pusiera morritos, o algo, como un Marcelino, pan y vino, sin pan y sin vino. Cerraba los ojos y contaba. Uno, dos, tres. Los abr&iacute;a a ver si pasaba algo, invoc&aacute;ndolo de alguna manera. Nada. Era uno de esos retratos que parece que te miran desde cualquier &aacute;ngulo; yo cre&iacute;a que era algo m&aacute;gico, que mov&iacute;a los ojos como los cuadros de la familia Addams, hasta que descubr&iacute; aquello de los efectos &oacute;pticos. Cuando se remodel&oacute; el sal&oacute;n, se fue mi abuelo y ahora no s&eacute; d&oacute;nde est&aacute;. Eso sucedi&oacute; durante el zapaterismo, que a &eacute;l no le hubiera gustado nada. Yo creo que se quit&oacute; de en medio.
    </p><p class="article-text">
        Si este abuelo m&iacute;o era un cuadro, el otro era un busto. Yo me asomaba al despacho y lo ve&iacute;a en una estanter&iacute;a en alto, en otra esquina. Blanqu&iacute;simo y cabez&oacute;n sobre una peana. Pensaba que ser&iacute;a un hombre important&iacute;simo que se tendr&iacute;a tallado para mirarse, como en un espejo roto e inmutable. Al cabo de los a&ntilde;os me enter&eacute; de que aquel busto era de G&oacute;ngora e hil&eacute; todo: que el busto hubiera sido suyo era m&aacute;s de Sergio Ramos que de G&oacute;ngora, o sea, mi abuelo, al que dedic&oacute; su vida, un libro y una c&aacute;tedra en su instituto para acabar siendo su &aacute;lter ego modernista. Ahora tampoco s&eacute; d&oacute;nde est&aacute;n, ninguno de los dos.
    </p><p class="article-text">
        Mis abuelas eran m&aacute;s normales, ni cuadros ni bustos: se&ntilde;oras de carne y hueso con cardado de derechas y un rosario entre manos que murieron nonagenarias. M&aacute;s que abuelas eran instituciones, un emblema cristalino y cierto que, desde un sof&aacute;, gobernaban familias como se gobiernan los pa&iacute;ses. Llenaban el sal&oacute;n como un escenario del BBK, pero sin moverse, y te agarraban tu mano con la suya, venosa como un mapa, como una papisa cat&oacute;lica y pulcra que te mira a los ojos con la profundidad de los a&ntilde;os, con unas pupilas kilom&eacute;tricas y huecas hacia dentro que eran agujeros negros del recuerdo.
    </p><p class="article-text">
        La muerte de mi abuela m&aacute;s longeva me pas&oacute; como un Sputnik, me cont&oacute; Joaqu&iacute;n, al lado del avi&oacute;n en el que viajaba para ir a verla en sus &uacute;ltimas. Mi abuela muri&oacute; estando yo en el Mediterr&aacute;neo, porque me gusta el juego y el vino y tengo alma de marinero. Yo siempre he llegado tarde y me he ido pronto, ya sea para un caf&eacute;, una cita o para despedir a una abuela.
    </p><p class="article-text">
        Explicar la funci&oacute;n de un nieto es algo absurdo, pero la de un abuelo es complicad&iacute;simo, porque todos somos nietos pero no todos abuelos. A m&iacute; llegar a mayor, con o sin nietos, me parece ya un hito. Una combinaci&oacute;n de cuidado personal y suerte que vaya usted a saber. La muerte en la gente anciana tiene la misma tragedia que una comedia. Canto las muertes dulces y tard&iacute;as como goles hacia dentro. Adem&aacute;s, ando en el alambre del que todav&iacute;a no tiene ni cuadro ni busto ni cardado, condiciones fundamentales para ser abuelo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Merino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/abuelos_1_7156520.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Oct 2019 13:17:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Abuelos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ensoñación de Curro Romero]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/ensonacion-curro-romero_1_7156521.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/08778fa7-8961-488b-b478-00cb3a5054c1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el Tribunal Supremo el <em>proc&eacute;s</em> ha sido una &ldquo;mera enso&ntilde;aci&oacute;n&rdquo;, un &ldquo;artificio enga&ntilde;oso&rdquo; usado a merced de pol&iacute;ticos, ya oficialmente sediciosos, para culminar su proyecto segregacionista. Ayer un chaval en la tele se tuvo que remontar a su abuela para encontrar amigos de la familia &ldquo;que se sintieran espa&ntilde;oles&rdquo;. &Eacute;l no los tiene. Apelaba al di&aacute;logo, con esa mitad de la poblaci&oacute;n que margina relacionalmente, como soluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El 10 de marzo de 1998, Jos&eacute; Domingo Ru&iacute;z Florencio, conductor en una empresa de saneamientos, fue despedido despu&eacute;s de insultar a un cliente al sentirse profundamente ofendido tras un comentario sobre Curro Romero &ldquo;en tono jocoso&rdquo;. &ldquo;Quien tenga cojones que me diga eso a la cara&rdquo;, espetaba el currista encendido como una cerilla despu&eacute;s de escuchar aquello sobre el diestro de Camas, que toreaba muy pocas corridas ese a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Un vigilante jurado que presencio la ri&ntilde;a evit&oacute; que la cosa llegara a las manos. Jos&eacute; Domingo, eso s&iacute;, se despach&oacute; a gusto contra el impertinente cliente: &ldquo;cabr&oacute;n&rdquo;, &ldquo;hijo de puta&rdquo; y &ldquo;cornudo&rdquo; fueron algunos de los calificativos que le dedic&oacute; al hombre, que, s&iacute; es cierto, ten&iacute;a un gusto p&eacute;simo para elegir a sus toreros. La empresa, en virtud del art&iacute;culo 54.2 del Estatuto de los Trabajadores, despidi&oacute; al fervoroso currista alegando justa causa. Adem&aacute;s, el trabajador ya hab&iacute;a sido amonestado con anterioridad, unos a&ntilde;os antes, por un altercado parecido.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el trabajador recurri&oacute; el despido, y no solo el centro de arbitraje le dio la raz&oacute;n, sino que tambi&eacute;n el Juzgado de lo Social. El conflicto acab&oacute; en el TSJA, tras recurrir la empresa &ndash; Arance Sevilla S.L. &ndash;, en un tribunal presidido por don Santiago Romero de Bustillo, una reconocida personalidad de Sevilla, tambi&eacute;n currista, que blind&oacute; el currismo jurisprudencialmente con la siguiente argumentaci&oacute;n jur&iacute;dica:
    </p><p class="article-text">
        <em>(&hellip;) las personas que all&iacute; estaban, esto es, clientes habituales, sabedores de la afici&oacute;n del demandante y de su sentimiento currista, que es indudable y notoriamente altruista en favor del diestro, arraigado y profundo como el que m&aacute;s, creador de una ilusi&oacute;n permanente, de una esperanza incondicional y de una forma de entender la vida, por lo que exige el m&aacute;ximo respeto de quienes no -o s&iacute;- lo tienen y, cuando se falta a &eacute;l, es previsible la reacci&oacute;n ardorosamente defensiva de quien l&oacute;gica y naturalmente se considera ofendido, como le ocurri&oacute; al demandante durante su trabajo en la ocasi&oacute;n de autos que, por ende, no fue ofensor sino todo lo contrario, de ah&iacute; que su comportamiento no pueda incluirse en el art. 54.2.c) del Estatuto de los Trabajadores, dado que adem&aacute;s no se produjo pelea ni alteraci&oacute;n alguna en el centro de trabajo de la demandada, todo lo cual conduce a la desestimaci&oacute;n del recurso.</em>
    </p><p class="article-text">
        Hoy, las calles de Barcelona arden a manos de miles de chavales que se toman la independencia como el currismo, seguidores de una religi&oacute;n creadora de una ilusi&oacute;n permanente, de una esperanza incondicional y de una forma de entender la vida.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia entre Torra y Curro es que Curro, cuando quer&iacute;a, pon&iacute;a a todo el mundo de acuerdo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Merino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/ensonacion-curro-romero_1_7156521.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Oct 2019 08:35:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ensoñación de Curro Romero]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La niña sueca]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/nina-sueca_1_7156522.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec68c888-a059-4ff3-86c4-f268e5c24233_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        Greta Thunberg es la ni&ntilde;a sueca con s&iacute;ndrome de Asperger que las Naciones Unidas han elegido para salvar el mundo en un nuevo caso de telegenia. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo se atreven? Me han robado mis sue&ntilde;os&rdquo;, espetaba la joven activista desde un altar, sermoneando como Labordeta, sin bigote y sin a&ntilde;os, a la plana mayor de los l&iacute;deres mundiales en la cumbre del clima celebrada en Nueva York esta semana.
    </p><p class="article-text">
        La imagen de la jornada fue la expresiva cara de odio &ndash;ce&ntilde;o fruncido, boquita pi&ntilde;onera y ojos achinados&ndash; que mostraba la chica ante el paso de Trump en esta cumbre important&iacute;sima que dejar&aacute; todo como estaba. Ahora se ense&ntilde;a a odiar desde muy pronto, cuando todav&iacute;a no se sabe lo que es odiar. El histri&oacute;nico presidente americano, despu&eacute;s del emotivo discurso de la ni&ntilde;a, con la entrecortada voz de a quien le han robado la infancia, contestaba con una ni&ntilde;er&iacute;a ir&oacute;nica a trav&eacute;s de un tuit: &ldquo;Parece una ni&ntilde;a muy feliz&rdquo;. La controversia la ha marcado el tuit.
    </p><p class="article-text">
        Es este un caso muy siniestro, coactivo, en el que unos padres, una sociedad y unas instituciones globales irresponsables convierten a una ni&ntilde;a con problemas ps&iacute;quicos en una mitinera con impacto global, alimentando los motivos de su infelicidad &ndash;como as&iacute; dice ella que se siente&ndash; y sus obsesiones. Una McCaully Culkin de la causa que no sabremos c&oacute;mo llevar&aacute; no estar en el centro del hurac&aacute;n: tiene seis millones de seguidores en Instagram.
    </p><p class="article-text">
        La<em> performance</em> fue brutal: una flotilla de catorce barcos de la ONU escolt&oacute; su nave, ecol&oacute;gicamente sostenible, desde Suecia hasta Nueva York, donde se baj&oacute; con sus <em>toyss</em> luciendo un anorak con su nombre, como Mourinho. El equipo de los buenos. Coger un avi&oacute;n contamina, pero robarle dos semanas de clase a una chica no importa cuando ya la han promocionado al primer equipo del activismo profesional.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica ha llevado el infantilismo a cotas tan altas que ya solo puede ser interpretada por ni&ntilde;os, almas puras y por corromper, blanqu&iacute;simas, y con buen nivel de ingl&eacute;s desde la guarder&iacute;a. Este cyberactivismo posmodernista es capaz de corromper una causa noble como el cambio clim&aacute;tico con una maniobra propia de Frank Underwood.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje sufriente de Greta ha sido difundido masivamente. Ahora la ni&ntilde;a corre el riesgo de morir, como John Coffey en <em>La Milla Verde</em>, contaminada por todos nosotros. Ella no tiene la culpa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Merino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/nina-sueca_1_7156522.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Sep 2019 11:27:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La niña sueca]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sardinas]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/sardinas_1_7156523.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b0ee795-81c8-4d61-8495-1d9ee9bca3c6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        17 de mayo de 1918. Pla se sienta a contemplar el mar en Llafranc, Gerona, junto a dos amigos <em>del pa&iacute;s</em>. Abandonado a su convalecencia despu&eacute;s de ver arar un pay&eacute;s, se queja de que, con la llegada del verano, hay m&aacute;s polvo. Aquello le desagrada. Por la noche, en una taberna, le ponen por delante para cenar una fuente enorme de sardinas &ndash; &ldquo;gordas, frescas, vivas&rdquo; &ndash; y, por lo que cuenta, se puso hasta las manillas. &ldquo;Las sardinas me hacen chorrear los sentimientos, me debilitan la raz&oacute;n y pueblan mi imaginaci&oacute;n de formas llenas de gracia&rdquo;, dice. Como para no quererlo. Como para no darle la raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Camba profundiza m&aacute;s en el tema, pocos a&ntilde;os despu&eacute;s, en una de sus <em>gastrof&aacute;bulas</em> de La Casa del L&uacute;culo. Una aut&eacute;ntica oda a la sardina de la que soy partidario. Afirma que se largar&iacute;a con todos los fondos que le confiasen, en el caso de ser el cajero cualquiera de una sociedad cualquiera, para irse a un puerto y atracarse. Atracarse de sardinas. Adem&aacute;s, aconseja no tomar nunca menos de una docena, preferentemente con una amiga golfa y escandalosa antes que con la virtuosa madre de nuestros hijos. Despu&eacute;s de advertir que nunca se han de tomar con tenedor, porque incluso la plata alterar&iacute;a sus esencias &ndash; &ldquo;esa invenci&oacute;n italiana, especie de mano artificial, sirve para ahorrar la natural cuando se trata de comida mediocre&rdquo; &ndash;, nos regala un tutorial: &ldquo;Coja usted una sardina, col&oacute;quela encima de un <em>cachelo&nbsp;</em>y siga esta regla de oro: para cada <em>cachelo</em> una sardina, y para cada sardina un vaso de vino&rdquo;. Lo que usted diga, don <em>Hulio</em>.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Nota que encuentro en el iPhone, maquillada:
    </p><p class="article-text">
        Leo en el peri&oacute;dico que durante este mes [junio] los portugueses comprar&aacute;n trece sardinas por segundo: tienen el r&eacute;cord mundial de ingesta de sardinas en un mes. Hay incluso un concurso de cer&aacute;mica de sardinas. Este a&ntilde;o ha ganado, obviamente, &nbsp;una con motivos feministas. Las sardinas son muy snobs en sus reivindicaciones.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Aranda, Oreja y yo viv&iacute;amos juntos en Roma y nos hicimos muy amigos, as&iacute; que este verano nos hemos ido a comer sardinas a Fuengirola. Nos instalamos en un chiringuito, que es poner el m&oacute;vil y la cartera encima de la mesa, y le dimos al camarero una comanda muy seria. Oreja, mi gur&uacute; gastron&oacute;mico, me explic&oacute; c&oacute;mo comerlas bien. Un bien de verdad, profundo, ortodoxo. Todo lo bien que se puede hacer. Se coge una rebanada de pan, a modo de platillo, que ser&aacute; el lecho donde se posen las sardinas. All&iacute; sueltan su jugo una tras otra, todas las que se puedan comer. Despu&eacute;s de haber peleado con el resto de comensales hasta la &uacute;ltima raspa, la miga absorbe todo el jugo del espeto, dejando por el camino algunos rastros de carne, escamas y sal gorda. Esto, dicho por &eacute;l, toma matices pornogr&aacute;ficos. Nosotros le hicimos caso y descubrimos que es una t&eacute;cnica buen&iacute;sima para comerse las sardinas. Lo he invitado a la boda de mi hermana.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Me he sentido perseguido por las sardinas este verano. Prefer&iacute;a escribirlo aqu&iacute; antes que ir a un psic&oacute;logo, que me sacar&iacute;a otros esguinces de cerebro y me mandar&iacute;a a hacer deporte. Al final se han personificado y han cobrado forma humana, persigui&eacute;ndome como los pose&iacute;dos aut&oacute;matas de <em>It Follows</em>: el padre de un amigo m&iacute;o result&oacute; ser el Sardina. Nos lo confes&oacute; el otro d&iacute;a. Ahora le decimos el Sardinita y me lo explico todo mucho mejor: el t&iacute;o es para com&eacute;rselo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Merino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/sardinas_1_7156523.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Sep 2019 10:30:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sardinas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cinco minutos de comunismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/cinco-minutos-comunismo_1_7156524.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f08a04d1-f819-48a0-ad95-016f6a733e87_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        A veces nos tomamos muy en serio nuestro rol, con una voluptuosidad bochornosa. Una vez, en casa de Toto, el Llamas &ndash;un tipo con un apellido atinad&iacute;simo&ndash; fue del Betis como nadie durante un descuento que teleol&oacute;gicamente iba a un fracaso europeo. Sali&oacute; de la cocina para reencarnarse en Hugo, el perro de Lopera que celebraba los goles. Ladraba cada pase mientras describ&iacute;a la trayectoria de todos los futbolistas. Hablaba sin parar, vomitando beticismo como un Jim&eacute;nez Losantos verdiblanco. Dur&oacute; cinco minutos.
    </p><p class="article-text">
        Me pas&oacute; algo parecido durante el Primo Maggio en Roma, donde montan un concierto multitudinario frente a San Giovanni para celebrar el d&iacute;a de los trabajadores. Por supuesto, all&iacute; hab&iacute;a de todo menos trabajadores, que al d&iacute;a siguiente ten&iacute;an que trabajar. Estaba lleno de universitarios ociosos y erasmus que primero beb&iacute;amos hasta reventar y luego hac&iacute;amos tiempo en el McDonalds de Re di Roma como el que intenta comprar papel higi&eacute;nico en un supermercado venezolano, con colas imposibles.
    </p><p class="article-text">
        En una de esas me qued&eacute; rezagado entre una multitud de gente que jaleaba en italiano cosas que no entend&iacute;a. Intent&eacute; adelantarme un poco porque, aunque yo soy mucho de gritar en grupo, no sab&iacute;a d&oacute;nde estaba. Apartaba cabezas italianas haci&eacute;ndome hueco, como si detr&aacute;s de m&iacute; fuese Jes&uacute;s Gil, hasta que no pude avanzar m&aacute;s porque me top&eacute; con la cabecera de una especie de manifa. Pens&eacute; que si la saltaba me iban a abrir la cabeza como una n&eacute;cora, porque hab&iacute;a gente muy nerviosa y con el pelo muy largo sosteniendo un cartel rojo y enorme. Ser&iacute;an unos spaghetti biris. Pregunt&eacute; a ambos lados la causa por la que hac&iacute;a bulto y en un momento dado me sent&iacute; un activo importante de aquella reivindicaci&oacute;n, fuera la que fuera. Yo para manifestarme soy buen&iacute;simo.
    </p><p class="article-text">
        Un par de chicas, que yo creo que eran lesbianas porque se estaban comiendo la boca como un helado con dos bolas, me dieron una pegatina del Partido Comunista Italiano. Con otra cosa no, pero a m&iacute; con pegatinas y exhibicionismo l&eacute;sbico me ganan. As&iacute; que me hice comunista y empec&eacute; a decirle a todo el mundo que era de un Circolo Podemiti spagnoli, que a mi lado S&aacute;nchez Gordillo era socio de KPMG.
    </p><p class="article-text">
        Apur&eacute; la cerveza caliente mientras me tapaba el caballo neoliberal de la camisa y ped&iacute;a cigarritos de liar para no sacarme el tabaco del bolsillo. Soy muy perfeccionista en mis infiltraciones. Lo malo es que hablaba italiano como Joaqu&iacute;n en zona mixta, as&iacute; que no pude profundizar del todo en la lucha de clases. Me limitaba a decir que hab&iacute;a que cambiar de sistema, como si el Madrid jugase en el Camp Nou. Aun as&iacute; mis camaradas estaban encantados con mi conciencia de clase y en que no estuviera alienado: nos despedimos palme&aacute;ndonos las espaldas.
    </p><p class="article-text">
        Camin&eacute; hacia aquel Mcdonalds casi por inercia, en un camino ideol&oacute;gico verstryngiano pero a la inversa, traicionando mi nueva ideolog&iacute;a a cada paso. Culmin&eacute; mi vuelta a la democracia liberal pidi&eacute;ndome un Big Mac.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Merino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/cinco-minutos-comunismo_1_7156524.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Sep 2019 00:02:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cinco minutos de comunismo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hollywood]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/hollywood_1_7156525.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/65ed09ac-f20b-4b1c-84c7-5dbcea21e23a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        Conocemos una sociedad por lo que pasa dentro de sus casas, igual que conocemos a un amigo cuando vamos a la suya, y nos terminamos de explicar ciertas cosas. Yo soy de tomarme mucha confianza y abrir la nevera, que me parece una foto fija extraordinaria: somos lo que comemos. La primera vez que fui a casa del <em>Oreja</em> casi muero apilado tras un alud de <em>tuppers</em> al abrirla. O lo que es peor, dentro de uno, macerado en una salsa exquisita. Por eso decid&iacute; hacerme muy amigo suyo.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de en casas espa&ntilde;olas, donde m&aacute;s me he colado es en casas americanas, a trav&eacute;s de las pantallas o la s&aacute;bana santa del cine, donde las neveras son todav&iacute;a m&aacute;s grandes. No hac&iacute;a falta una adaptaci&oacute;n de Bradbury o una pel&iacute;cula de Kubrick para que el resto del mundo viera el universo que se avecinaba d&eacute;cadas antes a trav&eacute;s de la propia ficci&oacute;n: aquel aforismo del cinemat&oacute;grafo como una apisonadora para nivelar las costumbres. Hollywood ha hecho a la sociedad americana, y a los que nos asomamos a ella, mejor: nos muestra a trav&eacute;s de la propia ficci&oacute;n. Un espejo insuperable donde mirarse. A nosotros esto nos cuesta mucho. Espa&ntilde;a es una familia mal avenida en busca del cruel hiperrealismo. Por eso, para Almod&oacute;var, ser director de cine en Espa&ntilde;a es como ser torero en Jap&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hollywood es la Mesopotamia de nuestros d&iacute;as, pero intangible. Uno no llega, por lo visto, a Hollywood y se hace una foto, m&aacute;s all&aacute; del cartel puesto, milim&eacute;tricamente despeinado, en el Monte Lee, Hollywood Hills, CA. Garci descubri&oacute; que era un estado mental. El cielo es tan azul como en Marbella &ndash;Carl Laemmle fund&oacute; all&iacute; Universal City, en 1912, por la sobredosis de luz-, las puestas de sol derriten el cielo como la mantequilla y a las mujeres nunca se les acaban las piernas, tostadas en todas las &eacute;pocas del a&ntilde;o, como dos piernas-salchicha en una storie de Instagram. Dur&iacute;simas, adem&aacute;s, como las piernas de un lateral derecho. All&iacute; los canis deben parecerse al vaquero del Marlboro y ocurren ideas geniales bajo las luces de ne&oacute;n, capaces de dibujar aceitunas en el cocktail. No se hace botell&oacute;n, claro. Bourbon a morro para hacer las cosas bien.
    </p><p class="article-text">
        Lo que pase dentro del propio Hollywood &ndash;la Industria&ndash; nos da un poco m&aacute;s igual. Aquella novela, <em>Hollywood</em>, de Bukowski. Tiras y afloja millonarios, cobro de favores, Weinsteins, vidas destrozadas por el alcohol, Mustangs aplastados como una lata en la base de una palmera.
    </p><p class="article-text">
        Entre estos debates, a la sombra de la trastienda de un videoclub de Manhattan Beach, bebiendo de pel&iacute;culas serie B, kung fu y artes marciales tras criarse en Torrance, LA, nace el Quentin Tarantino director. Una vuelta de tuerca a Paquito de ANHQV. Un friki licuado como un zumo de costumbrismo americano, violencia, color y talento. Un guionista extraordinario que revolucion&oacute; los cimientos del cine moderno con el desayuno fundacional de <em>Reservoir Dogs</em>.
    </p><p class="article-text">
        Hughes, en su &uacute;ltima Columna sin fuste, su blog delicioso en <em>ABC</em>, detecta la violencia de Tarantino como un exagerad&iacute;sima arma arrojadiza. Ese elemento did&aacute;ctico que se puede permitir la ficci&oacute;n. Como ya hizo con los negreros o aquel Kurt Russell tarado al volante, Tarantino pone en la diana a los hippies, a los putos hippies, que volver&aacute;n a joderle la vida a Polanski s&oacute;lo si a &eacute;l le apetece. Porque con lo que no contaba Manson, ni su familia, ni cualquiera de sus ac&oacute;litas con pelos en los sobacos, es que Tarantino, cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, podr&iacute;a haberlos achicharrado con un lanzallamas. Nadie hubiera escrito PIG con sangre por las paredes de aquella casa de Cielo Drive.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Merino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/hollywood_1_7156525.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Aug 2019 21:46:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hollywood]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rosalía en Córdoba: una crónica]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/rosalia-cordoba-cronica_1_7156526.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7cf4d9d1-7e90-41ff-876b-3e1eed0c9e03_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        El reloj marc&oacute; las doce y, en mitad del escenario, aparecieron dos piernas enormes, con la potencia de dos AK47, zapateando la tarima con el tiroteo de una trinchera. Pero con comp&aacute;s. En C&oacute;rdoba no estamos acostumbrados a este tipo de cosas. Bueno, en C&oacute;rdoba y en ning&uacute;n sitio ahora mismo: es lo que tiene ser la estrella del momento, que todav&iacute;a la gente no se ha acostumbrado a ti.
    </p><p class="article-text">
        Se nota por los gritos ensordecedores de las fans, gritos adolescentes de adoraci&oacute;n irracional, que no tardaba en carburar ni medio segundo. Ponerle cara a la dictadura del like. Rosal&iacute;a se par&oacute;, mir&oacute; al tendido y, con acento de Michael Robinson, escupi&oacute;: &ldquo;C&oacute;rdoba&rdquo;. La gente, loca: esa que est&aacute; todo el d&iacute;a en la tele, en la fruter&iacute;a y en el supermercado, mandando en NY, icono del new age de la m&uacute;sica urbana aqu&iacute;, en la plaza de toros de ladrillo visto de Gran V&iacute;a Parque. Y gratis.
    </p><p class="article-text">
        Empez&oacute; la cosa fuerte con <em>Pienso en tu mir&aacute;</em>, segundo single anunciado previo al disco y que caus&oacute; la misma expectaci&oacute;n que el propio &aacute;lbum, apoyado en un soporte audiovisual extraordinario, los videoclips cinematogr&aacute;ficos de la productora Canad&aacute;. Ahora la cosa funciona as&iacute;: se sacan canciones, normalmente las mejores, antes de que salga al mercado (a YouTube y Spotify). La impaciencia de la industria llega a esos l&iacute;mites. Hay que alimentar la expectaci&oacute;n con pienso de engorde.
    </p><p class="article-text">
        Nada bajaba el nivel de intensidad, no hab&iacute;a momento para ir a por una cerveza. De hecho no hab&iacute;a colas en las barras de chapa. Una tras otra fueron desfilando todas las canciones de <em>El mal querer</em>, mientras las bailarinas escoltaban a Rosal&iacute;a como querubines. Es la Beyonc&eacute; ib&eacute;rica. La sincronizaci&oacute;n era perfecta, como un equipo de Guardiola. Rosal&iacute;a no tiene cante, pero canta. Canta tela. El aroma con el que riega ese concepto tan original es flamenco, pero como ingrediente. Lo de la apropiaci&oacute;n cultural &ndash;ha habido debate en torno a ello&ndash; es un cuento chino de acaparadores y gente co&ntilde;azo. El flamenco ha sido como el blanco estos &uacute;ltimos a&ntilde;os. Pegaba con todo.
    </p><p class="article-text">
        El punto &aacute;lgido lleg&oacute; con <em>Bagdad</em> y sus coros, que parecen &eacute;lficos. La artista se cubri&oacute; con un velo para la ocasi&oacute;n y los novios cog&iacute;an a sus parejas por la espalda, apoyando la cabeza en el hombro de ellas, como mirando por una gatera. &ldquo;Mira, ira, ira, qu&eacute; bonito, ni&ntilde;a&rdquo;, dec&iacute;a un cordob&eacute;s de la Fuensanta o de Carlos III, creo, viendo aquello, rematando el camelo con un mordisquito en la oreja.
    </p><p class="article-text">
        Escoltada por tres pantallas, se pod&iacute;an llegar a ver hasta a cuatro Rosal&iacute;as en algunos momentos, y a algunos segu&iacute;a sabi&eacute;ndole a poco. Hubo tambi&eacute;n gui&ntilde;os a Las Grecas; se arranc&oacute; con un <em>Te estoy amando locamente</em>, que pon&iacute;a palabras a los que nos estaba pasando a muchos, para acabar con un <em>Volver</em>, que siempre queda muy bien decir que uno, una, va a volver, vaya a ser que no nos volvamos a ver.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Merino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/rosalia-cordoba-cronica_1_7156526.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Jun 2019 19:43:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rosalía en Córdoba: una crónica]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Chernobyl]]></title>
      <link><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/chernobyl_1_7156527.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4b4fc3dd-186d-4a72-a925-364015c85f94_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="."></p><p class="article-text">
        Tuve que abrir la ventana del despacho y asomar la cabeza entre las rejas mientras explotaba el reactor 4 de la central nuclear Vladimir Ilich Lenin de Chern&oacute;bil, como se llamar&iacute;an todas en suelo sovi&eacute;tico, en la pantalla. La boca me sab&iacute;a al mismo metal que mascaban los bomberos que fueron enviados a su muerte, quemados por la lava invisible de la radiaci&oacute;n. Tan invisible como un &aacute;tomo. En <em>La Casa del Libro</em>, ojeando <em>Voces de Chern&oacute;bil</em>, el libro de Svetlana Aleksi&eacute;vich en el que se basa la miniserie &ndash;faena corta y perfecta&ndash; de HBO, me pas&oacute; lo mismo. La edici&oacute;n ser&iacute;a de uranio enriquecido con solo plasmar la tipograf&iacute;a, hormigueante y seca, de lo que all&iacute; se dice en aquellas hojas.
    </p><p class="article-text">
        Pr&iacute;piat &ndash;es interesante meterse en <em>Google Earth</em> y ver el estado actual del lugar, invadido por una maleza mala, radioactiva y mentirosa&ndash; es la ciudad a tres kil&oacute;metros de la central nuclear desde donde se narra la historia: una ciudad-urbanizaci&oacute;n de PGOU sovi&eacute;tico, desangelada y gris, como Legan&eacute;s pero sin rematar, y con nombres de calles con n&uacute;meros, de tan reciente creaci&oacute;n que no hay imaginario com&uacute;n para nombrar nada, menos Lenin. All&iacute; los chavales fumando sus primeros pitillos, lo menos cancer&iacute;geno de la serie, a los pies del desastre crudo, mientras en Fr&aacute;ncfort cerraban los colegios por precauci&oacute;n, la que no tuvo &ldquo;un Estado con permanente miedo a la humillaci&oacute;n&rdquo;, como le dice Leg&aacute;sov a Shcherbina, un monstruoso ente pol&iacute;tico que intentaba esconder debajo de la alfombra un peligro invisible imposible de invisibilizar: el lugar m&aacute;s peligroso de la Tierra. El balance oficial de muertos sigue siendo igual de insultante: 31.
    </p><p class="article-text">
        Ahora cojo con cierto cuidado el m&oacute;vil, que me quema en la mano como el trozo de grafito que agarraban los bomberos, desnudos ante un incendio que no se apagaba como el Windsor, sino que era, sencillamente, imposible de apagar. Sus uniformes, tan insuficientes, tan diminutos, siguen apilados en el s&oacute;tano del hospital de Pr&iacute;piat, aun radioactivos. Hasta 600.000 personas, <em>liquidadores</em>, se emplearon en la lucha contra el mayor enemigo directo que ha plantado cara a nuestra tecnolog&iacute;a y a nuestra evoluci&oacute;n: el &aacute;tomo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Merino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://cordopolis.eldiario.es/blogopolis/plomo-en-los-bolsillos/chernobyl_1_7156527.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Jun 2019 20:09:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Chernobyl]]></media:title>
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