De la duda al rol de piezas clave para Pablo Villa

Caballero perseguido por Javi Lara. FOTO: MADERO CUBERO
Carlos Caballero y López Silva dejan atrás circunstancias de la pasada campaña, como sus procesos de renovación, para tomar un papel protagonista esta temporada

En ocasiones, el fútbol aparece como fiel reflejo de la vida. En los dos ámbitos pueden surgir giros inesperados, cambios de rumbo imprevistos. Lo que un día parece negro al siguiente puede pasar a ser blanco. Una situación similar viven Carlos Caballero y López Silva, que después de pasar por sendos procesos de renovación con alguna duda en el ambiente y de atravesar etapas complicadas sobre el terreno de juego la pasada campaña asumen en el inicio del actual curso deportivo un papel protagonista dentro del Córdoba. Tanto el madrileño como el onubense pasan por ser dos piezas clave en el conjunto blanquiverde, algo que ya se dejó notar en el encuentro inaugural del campeonato liguero ante la Ponferradina.

Si bien sus casos son similares en algunos detalles, también son diferentes. Sin ir más lejos, la renovación de Carlos Caballero gozó de mayor celeridad que la de López Silva, aunque no llegó hasta el mes de enero. El centrocampista, que con Pablo Villa hace las veces de mediapunta, selló su continuidad en la entidad blanquiverde cuando quizá parecía más cercano el acuerdo con el interior izquierda. Se acabó entonces con la poca o mucha incertidumbre que pudiera existir en este sentido, pero también hubo un cambio en su participación en el equipo que en ese momento dirigía Rafa Berges. No en vano, resultó curioso que cuando prolongó su vinculación con el club dejara de aparecer en las alineaciones y saliera desde el banquillo para disputar escasos minutos.

Un tanto diferente fue el caso de López Silva, cuya renovación no llegó hasta el mes de junio, apenas unos días antes de que se disputara el último partido liguero. Se hizo de rogar el acuerdo entre el jugador y la entidad a pesar de que el primero ya afirmaba en octubre que su intención era continuar en Córdoba. Pero las negociaciones se alargaron tanto que dio tiempo incluso a que surgieran rumores que apuntaban a su salida al final del pasado curso. De hecho, se llegó a dar por seguro su fichaje por el Recreativo de Huelva, algo que, a la vista está, no era más que otra especulación típica del fútbol.

Ahora, todas esas circunstancias, normales en esto del fútbol, quedaron atrás y los dos futbolistas se presentan como hombres importantes dentro del equipo que adiestra Pablo Villa. Ya en el duelo con la Ponferradina se vislumbró ese rol de pieza clave, sobretodo en el caso del madrileño, que además de llevar la manija de la escuadra califal dejó detalles de calidad con que sedujo a la afición. El onubense, por su parte, tuvo una actuación más intermitente, pero volvió a aparecer como bien sabe hacer, en el momento necesario y el lugar adecuado. Un brillante pase a Strahman sirvió para que éste anotara y otorgara los primeros tres puntos de la temporada a un Córdoba que a buen seguro agradecerá la aportación de los que son únicos supervivientes del comienzo de la era Carlos González -también lo es Astrain, pero el central vuelve a estar cedido esta temporada-.

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