El Córdoba llega al límite

Partido Córdoba - Albacete (1-3) | ÁLEX GALLEGOS

Cinco minutos de inspiración le bastaron al Albacete para sofocar la rebelión del Córdoba, que aspiraba a levantar la voz entre los desheredados de la Liga 1/2/3 y terminó rumiando su desgracia. “Estar ahí abajo todo el año cuesta, porque aunque intentamos hacerlo lo mejor posible y poner ganas, al final la clasificación pesa”, dijo Miguel De las Cuevas, autor del gol local en un pleito que concluyó con 1-3 y una ración extra de amargura para una hinchada que desfiló, de forma mayoritaria, hacia la salida antes de que concluyera el partido. Los que se quedaron entonaron todos los cánticos típicos en estas situaciones de crisis. Del “directiva, dimisión”, al “Curro, vete ya”, pasando incluso a la mofa con un “Sandoval te quiero” que refleja el estado de delirio que atraviesa el cordobesismo: el técnico de Humanes volvió en agosto después de ser descartado en junio y hay quien le quiere de vuelta tras haber sido destituido en noviembre. Cuando se traspasa el umbral de la indignación y se entra en el de la sorna cruel es cuando el Córdoba está realmente mal. Y está sucediendo.

“Hemos hecho una primera parte bastante decente, pero desde el primer gol se ha acusado el golpe y nos hemos ido un poquitín del partido y ellos le han dado la vuelta”, explicó Miguel Flaño, uno de los recién llegados. Es una leyenda de Osasuna y ha bajado al Sur a meterse en un club en líos. “Hay que levantarse, porque si algo nos tiene que caracterizar es no darnos nunca por vencidos, hay que hacer mejor las cosas todavía para conseguir los resultados”, insistió en la zona mixta el central navarro, uno de los debutantes dentro de la brigada de fichajes junto a Yann Bodiger, Carrillo y Manzambi. Los dos últimos delanteros llegaron a actuar juntos y, además, sumados a los dos que ya estaban, Andrés y Piovaccari. Con todo perdido, el Córdoba alineó a todo su arsenal ofensivo buscando un imposible. Y el personal pitó a Curro Torres, que vivió una de sus peores tardes en el banquillo.

El de Ahlen fue rotundo en la sala de prensa. “Soy el responsable”, dijo. En el estadio fue objeto de la reprobación por parte de un amplio sector de la grada. Pocas veces en los últimos tiempos se produjo un episodio similar. La costumbre de vivir en el sótano de la clasificación ha convertido la miseria en algo asumido. Lo peor fue la frustración. Después de los movimientos en el mercado invernal, con siete llegadas y otras tantas salidas, el personal se había ilusionado de nuevo. La derrota, y las formas, resultaron frustrantes para quienes acudieron con la esperanza de ver el primer paso de una milagrosa recuperación. No se produjo esta vez.

El Córdoba lleva desde agosto, veintitrés jornadas ya, entre los cuatro últimos. Ahora solo tiene por detrás al Nástic, que perdió su partido ante el Rayo Majadahonda con un golazo de Luso. El excapitán del Córdoba en el año del ascenso a Primera evitó que los blanquiverdes fueran colistas de Segunda. Los capitanes de ahora andan ahora en lejos del protagonismo: Javi Lara y Alfaro se quedaron en la grada. Otro, Aythami, se fue por voluntad propia. En el césped estuvo con el brazalete el lateral derecho Fernández, que despachó una actuación discreta. El Córdoba anda huérfano de referentes y con un patrón de juego difuso, con esa horrible sensación de pretemporada permanente que lleva sufriendo desde hace muchísimo tiempo.

“Hay que cambiar la dinámica ya”, insistió De las Cuevas, que subrayó que “nos meten un palo y lo notamos mucho”. Dijo entender el comportamiento de los seguidores. “La afición está en todo su derecho de opinar lo que quiera, para eso vienen, pero necesitamos que nos ayuden, que nos contagien esa energía positiva”, explicó, apuntando que “cuando el equipo logre una victoria y cambie esa dinámica que nos está perjudicado se verán otras cosas”.

De momento, lo de las victorias está siendo un proceso complejo con Curro Torres. Desde su llegada al banquillo, el Córdoba ha ganado solo un partido sobre diez, completando su balance con cuatro empates y cinco derrotas. Siete puntos sobre treinta posibles. El presidente, Jesús León, ya ha tratado sobre el asunto con sus directores general, Alfredo García Amado, y deportivo, Rafael Berges. Si al Córdoba le siguen gustando las matemáticas, ahí tiene una buena ecuación para resolver. Está a siete puntos de la permanencia, sin ganar en 2019 y refrendando su pésima fama defensiva. Con esa tendencia, el único destino posible es aquel en el que ya está.

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