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Brillo en sus ojos: la esencia de la felicidad

Rafa Gálvez, con los seguidores blanquiverdes | MADERO CUBERO

Rafael Ávalos

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La afición del Córdoba celebra por todo alto su clasificación para el ‘play off’ | El Arcángel se convierte en una fiesta andaluza, ya que el Almería festeja su permanencia en Segunda A

Una hora antes, una marea humana ya inunda El Arenal. Blanco y verde son los colores que predominan en un océano de tensa calma. Unos y otros, todos, por aquí y por allí, llevan a cabo sus vaticinios. Quizá son más deseos. Los deseos que parecen cumplidos pero todavía han de hacerse realidad. El sol ofrece su cariñoso abrazo. Las manecillas del reloj, mientras, avanzan de manera inexorable. Aun así, el tiempo tiene aspecto de andar detenido. Las primeras colas se forman a las puertas del templo, del coliseo a la ribera del Guadalquivir. El lugar de los sueños, que también es de los sufrimientos. Mucho más para los que visten de rojo y blanco, que se juegan poco menos que la vida. El Córdoba y el Almería combaten en una lucha fratricida, de esas que generan una angustia cuasi insufrible. El empate vale al primero, sólo según otros resultados al segundo.

La tensión es mucho mayor cuando el balón rueda. Antes de que lo haga, el estadio es el teatro de las ilusiones. El escenario de las emociones. El himno de Manuel Ruiz Queco, la poesía que canta el corazón, la letra del alma. Corazón y alma, latido y sentimiento. El Arcángel vibra. Siempre. “Blanco y verde, blanco y verde, Córdoba”. El equipo de Oltra no se encuentra cómodo. El Almería aparece mucho mejor, más fuerte, con mayor intención de hacer daño. Y lo causa. Marca Quique antes del descanso y los nervios comienzan a florecer. Es tarde de transistor. Pero de otra manera. Lo analógico casi queda atrás. Móviles, tablets, algún ordenador en los pupitres de prensa. Todos atienden al campo y a la vez a otros campos. Hay tanto en juego… El paso por vestuarios quizá ayuda a los blanquiverdes, que en ese instante ya se saben con un hombre más sobre el césped gracias a la expulsión de Lolo Reyes.

Ansiedad. Surge la ansiedad para la afición del Córdoba. Un gol en Ponferrada, da igual quién lo marque, rompe las páginas en blanco. Cierra el libro antes de tiempo. Pero no puede ser. No cuando el sueño se toca, se acaricia con los dedos. Cada mirada habla por sí sola. No son necesarias palabras. El gol de Raúl de Tomás. El gol. Siempre el gol. El delantero madrileño coloca el empate en el marcador y los nervios se apoderan ligeramente de la afición del Almería. Un tanto de la Ponferradina les lleva a Segunda B. Pero no puede ser. No cuando la recompensa está tan cerca. Y marca el Girona.

La fiesta es total en El Arcángel. El blanco se confunde con el rojo y el verde. Las gargantas de unos y otros al unísono. Suena la voz del corazón, del alma. Late la vida, también los sentimientos. Al final, el templo parece venirse abajo. Los rojiblancos seguirán en Segunda A y los blanquiverdes… Miran a Primera. Piensan en Primera. Creen en ser de Primera. Sueñan con Primera. Y de repente, el brillo en sus ojos. En los de cualquiera que ocupa un asiento en el estadio. Todavía resta camino. Pero por partidos como éste merece la pena. Todo merece la pena. Ésta es la esencia de la felicidad.

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