La pugna de Manuel Rivas entre el lugar y el 'deslugar'

Manuel Rivas en la presentación de su libro 'El último día de Terranova' | MADERO CUBERO
El periodista gallego presenta 'El último día de Terranova', una novela “sin apenas geografía, pero sí psicogeografía”

El Museo Arqueológico ha acogido la presentación El último día de Terranova, del escritor Manuel Rivas. La novela narra el devenir de una librería donde confluyen historias de amor, libros prohibidos, náufragos de la vida y la memoria oculta de la historia reciente.

La vida de Vicenzo Fontana, el protagonista, está a punto de entrar en “liquidación final” cuando su librería se ve asediada “por la codicia implacable de los especuladores inmobiliarios”, señala la nota de prensa. Es el año 2014 y Terranova corre peligro de desaparecer tras más de 60 años de resistencia. Ya lo afirma el propio autor: “Las librerías han sido, son y serán un lugar de resistencia”.

Terranova ha sido un oasis para disidentes, perseguidos, libros prohibidos y contrabandistas de cultura. Un territorio de la memoria con una geografía propia porque, para Rivas, “no existe la geografía pura”. “Lo que existe en la vida de cada uno es una psicogeografía. Somos nosotros los que creamos nuestra propia geografía a través de las experiencias”, cuenta Rivas.

Tal vez sea por esto por lo que el autor no recurre en su obra a una excesiva nomenclatura geográfica. “Nombro a veces a A Coruña, pero nada más”. Para Rivas, los lugares dignos de mención no se escriben en mayúscula ni tienen límites. Habla de la memoria profunda, del plumón de acero, de las bandadas de estorninos, “de todo aquello que es importante para el que narra”.

Esto también lleva al autor a establecer una pugna entre el lugar y el deslugar, “donde hay relación y donde no”. Y es que, para el periodista, “luchamos continuamente por conseguir lugares humanos frente a este avance del vacío”. Rivas no entiende nada sin las personas y la interrelación entre ellas. Son éstas las que dan sentido a un lugar. “Cuando desaparece una librería, lo hacen también las personas que allí acudían”. Metáfora aplicable a lo que ocurre hoy ante una situación de desahucio. Una casa ya no es tal sin las personas que la habitan.

Aunque Terranova fue su hogar, Vicenzo, que arrastra en la vejez las secuelas de una enfermedad infantil, se rebela en su juventud contra los libros. Alejado del ambiente familiar, conoce en Madrid a Garúa, una enigmática chica argentina con la que regresa a Terranova a finales de 1975. Es entonces cuando aprende de los libros todo lo importante, aquello que su familia siempre supo: cómo fingen, cómo ayudan, cómo enseñan a amar, cómo acompañan y cómo salvan.

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