Un pingüino causa estragos en el Vial Norte

Detalle del cartel anunciador del concierto de Un pingüino en mi ascensor, en la Sala Hangar.
Coincidiendo con la llegada de los primeros fríos otoñales a Córdoba, aterriza Un Pingüino en Mi Ascensor en nuestra ciudad para presentarnos su propuesta de pop estrafalario

La Sala Hangar continúa con la vorágine de conciertos viernes sí, viernes también. El garito tiene cabida para todo tipo de clientes. Lo mismo se llena un día de hipsters barba-pasta, que otro lo hace de gente que, aparentemente, es normal. Gente joven, de mediana edad o de mediana-alta edad. El pasado 7 de noviembre recibió el concierto de un Pingüino en Mi Ascensor, grupo surgido a las cenizas de la movida madrileña.

Seguidor de la tradición de esperpento y chiste de gente como Mcnamara, Kaka de Luxe o Glutamato Ye-yé. Su principal éxito fue en tema Encerrados en el ascensor. Continúan veintitantos años en la brecha. Está compuesto por Jose Luis Moro, ex-publicista, y Mario Gil, ex-miembro del grandísimo grupo La Mode.

Ataviados de un par de teclados, y una hora y media después sobre lo previsto, saltan al escenario los miembros del grupo, con una preciosa intro de la sintonía de entrada de la serie Falconcrest. A partir de ahí, desglosan todo su cancionero de sonidos descacharrados.

Si musicalmente se muestran muy limitados, no lo es así en cuanto a repertorio de chistes. De todos los colores. Desde el chascarrillo de sal gorda de En boca cerrada no entran moscas, pero entran pollas como roscas, o una versión del Voyage, voyage de Desireless titulada Foie gras, foie gras (toda una oda al paté de hígado de cerdo), al chiste fino de “Me compré una Vespa para parecer un mod, pero parezco un pijo, yo quería recordarte a Paul Weller y te recuerdo al Marqués de Urquijo (…) ahora en vez de ir a Brighton a veranear, tendré que comprarme un cortijo” .

Para el fín de fiesta estaba programada una sesión a cargo de DJ Pansequito, pieza clave del pinchaje en esta ciudad de los últimos años.

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