Coque Malla no se deja nada en su esperado reencuentro con Córdoba

Puede resultar extraño enterarse de que Coque Malla haya cumplido ya 52 “tacos”, pero es que este tipo con pinta de gamberro tierno ha crecido con nosotros, siempre ha estado ahí.

Desde aquellos Ronaldos que saturaron de chulería y descaro nuestros tiempos mozos hasta este Viaje del astronauta gigante, Coque se ha construido una carrera con éxitos incontestables y muy buenas canciones. Hasta le ha dado  para ganar un Premio Goya a la mejor canción (Este es el momento) por la película Campeones.

Con las entradas agotadas desde hace días en el Gran Teatro (desconocemos las razones de por qué no ha sido en el Teatro de la Axerquía), el astronauta gigante se ha presentado en el escenario cordobés acompañado de Héctor Rojo, al bajo, Gabriel Marijuán a la batería, la guitarra de Amable Rodríguez y los teclados de David Sánchez. Una tripulación de lujo que arroparon las canciones de Malla con toques de buen rock, rhythm n´blues, medios tiempos impecables y hasta algunas gotitas de aroma funky

El show, de casi dos horas, arrancó con la música pregrabada de Space Oddity, ya saben, David Bowie cantando aquello de “Ground control to Major Tom…”, y a partir de ahí tralla de la buena que comenzó con La mujer sin llave. A partir de ese momento, Coque Malla no se dejó nada. Advirtió que la banda iba “a dar cera”. Y la dio. Le pidió energía de vuelta al escenario por parte del público, y la tuvo. El Gran Teatro al completo se levantó en numerosas ocasiones, cantó, palmeo, aplaudió entregado a un Coque Malla que, además de enseñar su colección de guitarras, conoce el escenario como pocos: atento a las marcas de luces, bailó, vaciló y cuidó mucho a sus músicos.

Sonaron, entre otras, Extraterrestre, Me dejó marchar, Una sola vez o la deliciosa No puedo vivir sin ti, convertida en un himno coreado por los afortunados que consiguieron entrada.

Y claro, Los Ronaldos casi en la recta final con Adiós papá, Guárdalo y Por las noches, que desataron definitivamente a los asistentes.

El espectáculo, muy cuidado tanto en sonido como en iluminación, se cerró con Un lazo rojo, un agujero.

Todos lo pasamos muy bien con Coque Malla “porque nos gusta y porque nos divierte”. 

Puede resultar extraño enterarse de que Coque Malla haya cumplido ya 52 “tacos”, pero es que este tipo con pinta de gamberro tierno ha crecido con nosotros, siempre ha estado ahí.

Desde aquellos Ronaldos que saturaron de chulería y descaro nuestros tiempos mozos hasta este Viaje del astronauta gigante, Coque se ha construido una carrera con éxitos incontestables y muy buenas canciones. Hasta le ha dado  para ganar un Premio Goya a la mejor canción (Este es el momento) por la película Campeones.

Con las entradas agotadas desde hace días en el Gran Teatro (desconocemos las razones de por qué no ha sido en el Teatro de la Axerquía), el astronauta gigante se ha presentado en el escenario cordobés acompañado de Héctor Rojo, al bajo, Gabriel Marijuán a la batería, la guitarra de Amable Rodríguez y los teclados de David Sánchez. Una tripulación de lujo que arroparon las canciones de Malla con toques de buen rock, rhythm n´blues, medios tiempos impecables y hasta algunas gotitas de aroma funky

El show, de casi dos horas, arrancó con la música pregrabada de Space Oddity, ya saben, David Bowie cantando aquello de “Ground control to Major Tom…”, y a partir de ahí tralla de la buena que comenzó con La mujer sin llave. A partir de ese momento, Coque Malla no se dejó nada. Advirtió que la banda iba “a dar cera”. Y la dio. Le pidió energía de vuelta al escenario por parte del público, y la tuvo. El Gran Teatro al completo se levantó en numerosas ocasiones, cantó, palmeo, aplaudió entregado a un Coque Malla que, además de enseñar su colección de guitarras, conoce el escenario como pocos: atento a las marcas de luces, bailó, vaciló y cuidó mucho a sus músicos.

Sonaron, entre otras, Extraterrestre, Me dejó marchar, Una sola vez o la deliciosa No puedo vivir sin ti, convertida en un himno coreado por los afortunados que consiguieron entrada.

Y claro, Los Ronaldos casi en la recta final con Adiós papá, Guárdalo y Por las noches, que desataron definitivamente a los asistentes.

El espectáculo, muy cuidado tanto en sonido como en iluminación, se cerró con Un lazo rojo, un agujero.

Todos lo pasamos muy bien con Coque Malla “porque nos gusta y porque nos divierte”. 

Puede resultar extraño enterarse de que Coque Malla haya cumplido ya 52 “tacos”, pero es que este tipo con pinta de gamberro tierno ha crecido con nosotros, siempre ha estado ahí.

Desde aquellos Ronaldos que saturaron de chulería y descaro nuestros tiempos mozos hasta este Viaje del astronauta gigante, Coque se ha construido una carrera con éxitos incontestables y muy buenas canciones. Hasta le ha dado  para ganar un Premio Goya a la mejor canción (Este es el momento) por la película Campeones.