CRÓNICA

'Alma' es nombre de bolero, pero la niña se llama Sara

Seis hilos de luz sobre un enorme visillo negro, como si fueran seis cuerdas de una guitarra. Esa es la imagen con la que arranca Alma, el espectáculo con el que la bailaora y coreógrafa Sara Baras ha inaugurado el 41 Festival de la Guitarra de Córdoba en el Gran Teatro de Córdoba.

Seis hilos para tejer un puente en el Atlántico. A un lado el bolero, un género macerado en Cuba a partir (en buena medida) de un recetario español, y que, curiosamente, acabó influyendo en la explosión del flamenco allá por el siglo XIX. Dos orillas, dos cantes (y bailes) de ida y vuelta. Un mismo compas, ternario y roto, como el alma de aquellas voces que irradian el anhelo.

Alma arranca con la voz de Sara Baras anhelando. Seda en la garganta para unos versos de algo contigo. Lo que le sigue es un espectáculo de danza que hermana con acierto las dos orillas, prestando en un principio más atención a la mecha que a la dinamita para, en su tramo final, bailar sobre las cenizas.

La gracia de un show como Alma está en ver cómo se traducen ambos lenguajes a través del cuerpo. Porque cantar, lo que se dice cantar boleros, es algo que los flamencos ya tienen más que aprendido. Aún así, otro acierta de Sara Baras y Keko Baldomero (guitarra y dirección musical) es el de buscar el enfoque camaronero en su aproximación al bolero, hincando las raíces en el barranco de lo jondo.

Bolero camaronero

En el escenario, dos voces muy explosivas, la de Rubio de Pruna y El Mati, éste último, todo riesgo y emoción, mientras que el primero todo sobriedad y calidez. Además, Baras venía con voces prestadas: sonaron desde los altavoces las de Rancapino Chico, Israel Fernández y Juana la del Pipa, haciendo, respectivamente, Algo contigo, Adoro y Toda una vida.

También han sonado, en un festivo interludio entre bloques, los acordes del Spain de Chick Corea y Paco de Lucía (a quien Sara Baras le ha dedicado el espectáculo, aprovechando que estaba en el Festival de la Guitarra de Córdoba), y los del Vete de mi que tan ricamente cantó El Cigala en aquel otro hermanamiento transoceánico llamado Lágrimas negras.

El repertorio no buscaba sorprender, sino más bien seducir desde lo conocido. El resto lo ha puesto la propia jefa. Medio siglo en cada bota y la capacidad de expresión intacta. Lejos de buscar una narrativa convincente, Baras lo ha apostado todo a una coreografía episódica, como un ensueño de alta mar, y metódica en su búsqueda del compás.

Tres ovaciones en pie

El público, encantado. Mientras más cerca de Andalucía, más oles se oían en el teatro. Un poco después de la primera mitad del show, ya ha recibido su primera ovación con el público en pie. Se levantó dos veces más. Rendición absoluta de un Gran Teatro lleno para la ocasión.

Una vez terminado el espectáculo, antes de que representaran un divertido (y ensayado) bis en el que ha bailado hasta el saxofonista, Baras ha cogido un micrófono. Le ha dedicado la noche a su padre, a quien culpa de un espectáculo como Alma, puesto que fue él quien la enseñó a amar el bolero.

También agradeció a Córdoba el cariño. “Bailo aquí desde que soy una niña y siempre me llevo el corazón lleno”, dijo la maestra, dejando claro que Alma tiene nombre de bolero, pero quien lo baila es la niña. Y esa se llama Sara.

Seis hilos de luz sobre un enorme visillo negro, como si fueran seis cuerdas de una guitarra. Esa es la imagen con la que arranca Alma, el espectáculo con el que la bailaora y coreógrafa Sara Baras ha inaugurado el 41 Festival de la Guitarra de Córdoba en el Gran Teatro de Córdoba.

Seis hilos para tejer un puente en el Atlántico. A un lado el bolero, un género macerado en Cuba a partir (en buena medida) de un recetario español, y que, curiosamente, acabó influyendo en la explosión del flamenco allá por el siglo XIX. Dos orillas, dos cantes (y bailes) de ida y vuelta. Un mismo compas, ternario y roto, como el alma de aquellas voces que irradian el anhelo.

Alma arranca con la voz de Sara Baras anhelando. Seda en la garganta para unos versos de algo contigo. Lo que le sigue es un espectáculo de danza que hermana con acierto las dos orillas, prestando en un principio más atención a la mecha que a la dinamita para, en su tramo final, bailar sobre las cenizas.

La gracia de un show como Alma está en ver cómo se traducen ambos lenguajes a través del cuerpo. Porque cantar, lo que se dice cantar boleros, es algo que los flamencos ya tienen más que aprendido. Aún así, otro acierta de Sara Baras y Keko Baldomero (guitarra y dirección musical) es el de buscar el enfoque camaronero en su aproximación al bolero, hincando las raíces en el barranco de lo jondo.

Bolero camaronero

En el escenario, dos voces muy explosivas, la de Rubio de Pruna y El Mati, éste último, todo riesgo y emoción, mientras que el primero todo sobriedad y calidez. Además, Baras venía con voces prestadas: sonaron desde los altavoces las de Rancapino Chico, Israel Fernández y Juana la del Pipa, haciendo, respectivamente, Algo contigo, Adoro y Toda una vida.

También han sonado, en un festivo interludio entre bloques, los acordes del Spain de Chick Corea y Paco de Lucía (a quien Sara Baras le ha dedicado el espectáculo, aprovechando que estaba en el Festival de la Guitarra de Córdoba), y los del Vete de mi que tan ricamente cantó El Cigala en aquel otro hermanamiento transoceánico llamado Lágrimas negras.

El repertorio no buscaba sorprender, sino más bien seducir desde lo conocido. El resto lo ha puesto la propia jefa. Medio siglo en cada bota y la capacidad de expresión intacta. Lejos de buscar una narrativa convincente, Baras lo ha apostado todo a una coreografía episódica, como un ensueño de alta mar, y metódica en su búsqueda del compás.

Tres ovaciones en pie

El público, encantado. Mientras más cerca de Andalucía, más oles se oían en el teatro. Un poco después de la primera mitad del show, ya ha recibido su primera ovación con el público en pie. Se levantó dos veces más. Rendición absoluta de un Gran Teatro lleno para la ocasión.

Una vez terminado el espectáculo, antes de que representaran un divertido (y ensayado) bis en el que ha bailado hasta el saxofonista, Baras ha cogido un micrófono. Le ha dedicado la noche a su padre, a quien culpa de un espectáculo como Alma, puesto que fue él quien la enseñó a amar el bolero.

También agradeció a Córdoba el cariño. “Bailo aquí desde que soy una niña y siempre me llevo el corazón lleno”, dijo la maestra, dejando claro que Alma tiene nombre de bolero, pero quien lo baila es la niña. Y esa se llama Sara.

Seis hilos de luz sobre un enorme visillo negro, como si fueran seis cuerdas de una guitarra. Esa es la imagen con la que arranca Alma, el espectáculo con el que la bailaora y coreógrafa Sara Baras ha inaugurado el 41 Festival de la Guitarra de Córdoba en el Gran Teatro de Córdoba.

Seis hilos para tejer un puente en el Atlántico. A un lado el bolero, un género macerado en Cuba a partir (en buena medida) de un recetario español, y que, curiosamente, acabó influyendo en la explosión del flamenco allá por el siglo XIX. Dos orillas, dos cantes (y bailes) de ida y vuelta. Un mismo compas, ternario y roto, como el alma de aquellas voces que irradian el anhelo.

'Alma'

Coreografía, guión y escenografía: Sara Baras.

Guitarra y Dirección Musical: Keko Baldonermo.

Elenco musical: Andrés Martínez (guitarra), Rubio de Pruna y Matías López “El Mati” (cante), Antón Suárez y Manuel Muñoz “El pájaro” (percusión) y Diego Villegas (saxofón, armónica y flauta).

Cuerpo de baile: Chula García, Charo Pedraja, Daniel Saltares, Cristina Aldón, Noelia Vilches y Marta de Troya.

Voces pregrabadas: (Por orden) Sara Baras, Rancampino Chico, Juana la del Pipa e Israel Fernández

Alma se estrenó el 17 de diciembre de 2021 en el Teatro de la Maestranza de Sevilla.