EL SELFI

Carvento: “No es nada malo ser un pedazo de maricón”

“Estoy más cansado que nervioso”, confiesa Carlos Carvento. Son las 14:00 del sábado 25 de junio, quedan unas horas para que ejerza de pregonero en las fiestas del orgullo LGTBIQ+ de Córdoba, la ciudad de la que se tuvo que marchar en 2014 por motivos laborales, como miles de jóvenes andaluces, pero a la que se resiste a dejar, como muestran sus maravillosos posados de Semana Santa y Feria

La 'performance' de Carvento del Viernes Santo: reconstrucción de la mantilla

Saber más

Como vive en Madrid, donde está ensayando el nuevo espectáculo de otro cordobés ilustra (el coreógrafo Antonio Ruz), hay que apurar el tiempo y, en vez de una charla más larga, se le pide un cuestionario corto. Sin embargo, Carvento se toma las preguntas con seriedad y rigor, y no puede evitar dar un tono grave, súper necesario en un tiempo en el que la ofensiva conservadora parece ir saboreando nuevas victorias en batallas que se daban por ganadas. Justo como los derechos del colectivo al que le tiene que hablar Carvento este sábado por la tarde.

Estamos todo el día con el "yo no soy homófobo" pero nos reímos de las pintas del mariquita o de la bollera que va de la mano con su novia

PREGUNTA. ¿Si te hubieran dicho hace 20 años que ibas a ser pregonera del Orgullo en Córdoba, qué les habrías dicho?

RESPUESTA. Hace 20 años no hubiese ni sabido lo que significaba realmente (Se ríe). Yo siempre he sido una persona queer y disidente pero, para darte cuenta y reafirmarte con lo que eres, hacen falta unos años, porque la sociedad te educa nada más que para ser una persona heteronormativa. La verdad, aunque sé que el acto va a ser humilde, es súper significativo que la ciudad de Córdoba me reconozca el trabajo que estoy haciendo. Porque, aunque yo vivo y trabajo en Madrid, me preocupo muchísimo por mi ciudad y trabajo siempre para hacer referencia a Córdoba en mi trabajo. Así que, lo digo humildemente, pero ya era hora que Córdoba me diese un poquito de importancia.

P. 2022 y en Madrid están de pelea con el alcalde. En Córdoba, parece que no hay problemas para celebrar el Orgullo, pero conviene aclarar que no es una fiesta, sino algo combativo. ¿Por qué hay que pelear? 

R. No conozco el caso concreto de Córdoba, pero trabajar con los ayuntamientos nunca es nada fácil. Da igual donde sea. A ver, esto ocurre mucho, cuando a los ayuntamientos y a las empresas les interesa económicamente algo, todos somos muy abiertos y ponemos la banderita. Pero, cuando realmente toca hacer causa, y la causa principal es una manifestación que reivindica nuestros derechos, ahí es cuando vienen los inconvenientes. O simplemente, la falta de interés. Porque, ceder un espacio de la vía pública no me parece que sea un apoyo a la lucha; es lo mínimo que se debe hacer. A mí me encantaría ver hoy en el pregón a todos los partidos políticos que forman nuestro ayuntamiento. Porque luego estamos todo el día con el “yo no soy homófobo” pero nos reímos de las pintas del mariquita o de la bollera que va de la mano con su novia. Esto sigue pasando hoy.

P. ¿Apropiarse de la palabra Maricón para desvestirla de insulto y hacerla un apelativo cariñoso es algo revolucionario? 

R. Yo no me he inventado nada. Esto es algo que los colectivos oprimidos hacen siempre. Pasa con los negros, que se apropiaron del término nigga para empoderarse. Con lo que tú me señalas, yo me lo reapropio porque no es nada malo ser un pedazo de maricón. Porque es que no tiene absolutamente nada de malo y es lo que soy y no tengo problema en reconocerlo. Así que la comunidad LGTBIQ+ lleva mucho tiempo con este tipo de discursos, sobre todo para no darle más herramientas al enemigo para que nos siga señalando. Y esto es una de las razones por las que está en mi proyecto Maricón de España, para recuperar esta figura del mariquita de barrio. El señalado, el que era muy gracioso, pero que, si aparecía un día con una paliza, no pasaba nada, eran “cosas que pasan”. Así que reapropiarse de todo esto es un método de empoderamiento.

P. ¿Es mejor pedir perdón que pedir permiso?

R. (Se ríe) Pues sí, honestamente. Yo, a pesar de mi activismo, soy una persona bastante prudente y cuidadosa y cero conflictivo. Pero creo que, para romper un poquito diferentes estigmas y discursos, o romper la atmósfera de un espacio cerrado o retrógrado, sí que pienso que es preferible pedir perdón a pedir permiso. Porque, si hubiésemos pedido permiso para muchas cosas, obviamente no estaríamos aquí.

P. ¿Qué males has espantado bailando? 

R. Ufff... Pues mira, personales, todavía me quedan unos cuantos. En Maricón de España cuento que me encontré dentro del marco de la danza bastante homofobia y, sobre todo, que la danza me imponía una construcción, que es la de “El hombre”. Y, bueno, yo no soy lo que la sociedad considera hombre. Así que tuve que luchar y mediar con todo eso y decir: “Yo no soy lo que ustedes queréis que sea, yo soy lo que yo quiera ser en el mundo de la danza”. Y la verdad que actualmente sí estoy más cómodo en el mundo de la danza y hoy, después de mucho trabajo, he encontrado mi espacio y mi lenguaje propio para sentirme identificado en cualquier rama de la danza. Así que, sí, he espantado la construcción que me querían imponer.

Yo hoy entiendo que haya personas que no quieran ir de la mano con su pareja porque cada uno sobrevive como puede

P. ¿Eres una emigrante por amor al arte o por necesidad económica? 

R. Pues por ambas. Yo nunca me desligo de Córdoba. Ahora tengo como residencia Madrid y Córdoba, pero si yo pudiese vivir aquí lo haría. Lo que ocurre es que es una ciudad donde no hay tantos espacios ni tantas oportunidades para poder desarrollarme laboralmente. Así que, en 2014, me tuve que ir de Córdoba a estudiar a Madrid y, desde entonces, cada vez que he podido venir y trabajar en Córdoba lo he hecho. Porque la calidad de vida que tengo en Córdoba no la voy a tener ni en Madrid, Barcelona ni en ningún sitio. Y bueno, ahora, por suerte, parece que Córdoba se está dando cuenta de que tiene artistas, ilustradores, diseñadores, músicos, tatuadores... Parece que se está moviendo el tema joven y que se están propiciando nuevos espacios en Córdoba, más allá de una Semana Santa, una Feria o unos Patios. Porque a los jóvenes de Córdoba nos gusta desarrollar nuestra obra en Córdoba.

P. Tal y como está de activa la derecha y con una sociedad volviéndose conservadora, me pregunto si los armarios volverán a llenarse

R. (Se ríe) A ver, yo sí que tengo esperanzas porque yo sí que veo que la sociedad va asumiendo cosas que antiguamente costaban más. Hablo de los niños y los más jóvenes. Los adolescentes de 16, 17 y 18 años tienen discursos mucho más normalizados de los que tenía yo con su edad. Pero sí, obviamente, desde el triunfo de Trump en Estados Unidos, ha empezado un movimiento que está llevando a perder derechos. A mí me hace mucha gracia que se normalicen opiniones homófobas, racistas, machistas y de todo, y se diga: “No, es que es mi opinión”.

P. No son opiniones. Son un delito.

R. Exactamente. Mira, yo llegué ayer (el viernes) a Córdoba, y en menos de una noche y una mañana, que he tenido que subir al centro a hacer unas gestiones, he vivido una “experiencia”. Yo iba con unas Converse blancas, una camiseta blanca, mi gorrita y unos vaqueros muy cortitos y pegaitos. Bueno, pues he tenido que aguantar las risas de diferentes terrazas porque no sé qué gracia les hace que lleve un pantalón corto. Al final es eso: no nos asumen, nos siguen ridiculizando. Y ahora hay medios que están normalizando a personas y agrupaciones que nos vuelven a llamar enfermos, que dicen que no podemos formar familias, que no puedo casarme... Los derechos conseguidos no están conseguidos nunca. Así que no sé si volveremos a los armarios, pero yo hoy entiendo que haya personas que no quieran ir de la mano con su pareja, porque cada uno sobrevive como puede. Igual que yo voy a seguir saliendo a la calle como soy porque no voy a vivir con miedo mi vida, entiendo que haya quien vaya esquivando todo esto en cierta manera. Entonces, estamos viviendo tiempos oscuros, pero creo que hay una parte de la sociedad que está asumiendo que nosotros tenemos los mismos derechos y libertades que el resto del mundo.

Las hermandades han sido refugio para muchas personas queer

P. Y seguirán llenos los armarios de las hermandades y las cofradías. Ahí sí que no ha llegado nunca la tolerancia.

R. Ni los espacios tradicionales son tan cerrados, ni los modernos son tan abiertos. En cada casa hay un cuadro ladeao como decía la Estrellita. Yo lo que mantengo es que, aunque las hermandades son un espacio que pertenece a la Iglesia, que están llenas de hombres y son bastante retrógradas, sí que hay que valorar una cosa: que las personas LGTBIQ+ que pertenecen a los espacios tradicionales porque se han tenido que quedar en su pueblo, a lo mejor la única vía de aceptación que tienen es ser vestidor de su virgen. Entonces, hay que valorar que las hermandades han sido refugio para muchas personas queer. Y también, gracias a ellas, estas personas han sido las que han hecho callo y han luchado para que esa gente hoy diga: “Anda qué guay es el mariquita que me viste a la virgen”. A ellas les debemos muchísimo, porque ellas están en contacto directo con estos espacios tradicionales.

P. Eso vale también para el folclore.

R. Claro, es que hay una parte del poder y de la política que se siente dueño del folclore. La Semana Santa, por mucho que venga de la Iglesia, es una fiesta y una performance, y lo que no pueden pretender los gobiernos y los estamentos eclesiásticos es que se pare una ciudad durante toda una semana y yo no pueda formar parte de eso. Yo no puedo obviar mi cultura cofrade o mi cultura andaluza, porque está presente 24 horas y porque los sectores retrógrados, encima, están preocupados de que tengamos Semana Santa todo el año. Bueno, pues yo voy a recibir eso, como yo quiera. ¿Por qué no me voy a poder vestir de mantilla si ellos pueden capitalizar la Semana Santa hasta para vender mecheros? Pues no, señores, el folclore nos pertenece a todas.

P. Si te obligara a escoger entre La Pantoja y La Jurado, igual me dirías que María del Monte o, directamente, le pondrías fin de inmediato a esta entrevista

R. A ver yo soy muy juradista y muy pantojista. Bueno, es que yo he trabajado con Isabel Pantoja también. Y con María del Monte a muerte porque, obviamente, nosotros sabíamos lo que significaba una figura como María del Monte dentro del folclore, porque siempre se ha percibido su sexualidad en todo. No hay cosa que más ilusión me haga que es que este año los pregones estén siendo ocupados por folclóricas: en Sevilla María del Monte, en Torremolinos María Pelae, en el Orgullo va a actúar Isabel Pantoja, y yo soy una neofolclórica. Y me parece que lo que ha hecho María del Monte es súper significativo porque es importantísimo que una persona que tiene contacto directo con ambientes tan tradicionales y retrógrados como ella diga: “No, yo llevo 23 años con mi mujer y esta es mi familia”. Yo me quedo con todas, porque las folclóricas siempre han sido personas súper importantes, valientes, que cantaron lo que nadie quería cantar, y que fueron, además, una cabeza de turco del franquismo. Yo me quedo con todas, y me quedo con Falete también.

¿Por qué no me voy a poder vestir de mantilla si ellos pueden capitalizar la Semana Santa hasta para vender mecheros? Pues no, señores, el folclore nos pertenece a todas

“Estoy más cansado que nervioso”, confiesa Carlos Carvento. Son las 14:00 del sábado 25 de junio, quedan unas horas para que ejerza de pregonero en las fiestas del orgullo LGTBIQ+ de Córdoba, la ciudad de la que se tuvo que marchar en 2014 por motivos laborales, como miles de jóvenes andaluces, pero a la que se resiste a dejar, como muestran sus maravillosos posados de Semana Santa y Feria

La 'performance' de Carvento del Viernes Santo: reconstrucción de la mantilla

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Como vive en Madrid, donde está ensayando el nuevo espectáculo de otro cordobés ilustra (el coreógrafo Antonio Ruz), hay que apurar el tiempo y, en vez de una charla más larga, se le pide un cuestionario corto. Sin embargo, Carvento se toma las preguntas con seriedad y rigor, y no puede evitar dar un tono grave, súper necesario en un tiempo en el que la ofensiva conservadora parece ir saboreando nuevas victorias en batallas que se daban por ganadas. Justo como los derechos del colectivo al que le tiene que hablar Carvento este sábado por la tarde.

Estamos todo el día con el "yo no soy homófobo" pero nos reímos de las pintas del mariquita o de la bollera que va de la mano con su novia

PREGUNTA. ¿Si te hubieran dicho hace 20 años que ibas a ser pregonera del Orgullo en Córdoba, qué les habrías dicho?

RESPUESTA. Hace 20 años no hubiese ni sabido lo que significaba realmente (Se ríe). Yo siempre he sido una persona queer y disidente pero, para darte cuenta y reafirmarte con lo que eres, hacen falta unos años, porque la sociedad te educa nada más que para ser una persona heteronormativa. La verdad, aunque sé que el acto va a ser humilde, es súper significativo que la ciudad de Córdoba me reconozca el trabajo que estoy haciendo. Porque, aunque yo vivo y trabajo en Madrid, me preocupo muchísimo por mi ciudad y trabajo siempre para hacer referencia a Córdoba en mi trabajo. Así que, lo digo humildemente, pero ya era hora que Córdoba me diese un poquito de importancia.

P. 2022 y en Madrid están de pelea con el alcalde. En Córdoba, parece que no hay problemas para celebrar el Orgullo, pero conviene aclarar que no es una fiesta, sino algo combativo. ¿Por qué hay que pelear? 

R. No conozco el caso concreto de Córdoba, pero trabajar con los ayuntamientos nunca es nada fácil. Da igual donde sea. A ver, esto ocurre mucho, cuando a los ayuntamientos y a las empresas les interesa económicamente algo, todos somos muy abiertos y ponemos la banderita. Pero, cuando realmente toca hacer causa, y la causa principal es una manifestación que reivindica nuestros derechos, ahí es cuando vienen los inconvenientes. O simplemente, la falta de interés. Porque, ceder un espacio de la vía pública no me parece que sea un apoyo a la lucha; es lo mínimo que se debe hacer. A mí me encantaría ver hoy en el pregón a todos los partidos políticos que forman nuestro ayuntamiento. Porque luego estamos todo el día con el “yo no soy homófobo” pero nos reímos de las pintas del mariquita o de la bollera que va de la mano con su novia. Esto sigue pasando hoy.

P. ¿Apropiarse de la palabra Maricón para desvestirla de insulto y hacerla un apelativo cariñoso es algo revolucionario? 

R. Yo no me he inventado nada. Esto es algo que los colectivos oprimidos hacen siempre. Pasa con los negros, que se apropiaron del término nigga para empoderarse. Con lo que tú me señalas, yo me lo reapropio porque no es nada malo ser un pedazo de maricón. Porque es que no tiene absolutamente nada de malo y es lo que soy y no tengo problema en reconocerlo. Así que la comunidad LGTBIQ+ lleva mucho tiempo con este tipo de discursos, sobre todo para no darle más herramientas al enemigo para que nos siga señalando. Y esto es una de las razones por las que está en mi proyecto Maricón de España, para recuperar esta figura del mariquita de barrio. El señalado, el que era muy gracioso, pero que, si aparecía un día con una paliza, no pasaba nada, eran “cosas que pasan”. Así que reapropiarse de todo esto es un método de empoderamiento.

P. ¿Es mejor pedir perdón que pedir permiso?

R. (Se ríe) Pues sí, honestamente. Yo, a pesar de mi activismo, soy una persona bastante prudente y cuidadosa y cero conflictivo. Pero creo que, para romper un poquito diferentes estigmas y discursos, o romper la atmósfera de un espacio cerrado o retrógrado, sí que pienso que es preferible pedir perdón a pedir permiso. Porque, si hubiésemos pedido permiso para muchas cosas, obviamente no estaríamos aquí.

P. ¿Qué males has espantado bailando? 

R. Ufff... Pues mira, personales, todavía me quedan unos cuantos. En Maricón de España cuento que me encontré dentro del marco de la danza bastante homofobia y, sobre todo, que la danza me imponía una construcción, que es la de “El hombre”. Y, bueno, yo no soy lo que la sociedad considera hombre. Así que tuve que luchar y mediar con todo eso y decir: “Yo no soy lo que ustedes queréis que sea, yo soy lo que yo quiera ser en el mundo de la danza”. Y la verdad que actualmente sí estoy más cómodo en el mundo de la danza y hoy, después de mucho trabajo, he encontrado mi espacio y mi lenguaje propio para sentirme identificado en cualquier rama de la danza. Así que, sí, he espantado la construcción que me querían imponer.

Yo hoy entiendo que haya personas que no quieran ir de la mano con su pareja porque cada uno sobrevive como puede

P. ¿Eres una emigrante por amor al arte o por necesidad económica? 

R. Pues por ambas. Yo nunca me desligo de Córdoba. Ahora tengo como residencia Madrid y Córdoba, pero si yo pudiese vivir aquí lo haría. Lo que ocurre es que es una ciudad donde no hay tantos espacios ni tantas oportunidades para poder desarrollarme laboralmente. Así que, en 2014, me tuve que ir de Córdoba a estudiar a Madrid y, desde entonces, cada vez que he podido venir y trabajar en Córdoba lo he hecho. Porque la calidad de vida que tengo en Córdoba no la voy a tener ni en Madrid, Barcelona ni en ningún sitio. Y bueno, ahora, por suerte, parece que Córdoba se está dando cuenta de que tiene artistas, ilustradores, diseñadores, músicos, tatuadores... Parece que se está moviendo el tema joven y que se están propiciando nuevos espacios en Córdoba, más allá de una Semana Santa, una Feria o unos Patios. Porque a los jóvenes de Córdoba nos gusta desarrollar nuestra obra en Córdoba.

P. Tal y como está de activa la derecha y con una sociedad volviéndose conservadora, me pregunto si los armarios volverán a llenarse

R. (Se ríe) A ver, yo sí que tengo esperanzas porque yo sí que veo que la sociedad va asumiendo cosas que antiguamente costaban más. Hablo de los niños y los más jóvenes. Los adolescentes de 16, 17 y 18 años tienen discursos mucho más normalizados de los que tenía yo con su edad. Pero sí, obviamente, desde el triunfo de Trump en Estados Unidos, ha empezado un movimiento que está llevando a perder derechos. A mí me hace mucha gracia que se normalicen opiniones homófobas, racistas, machistas y de todo, y se diga: “No, es que es mi opinión”.

P. No son opiniones. Son un delito.

R. Exactamente. Mira, yo llegué ayer (el viernes) a Córdoba, y en menos de una noche y una mañana, que he tenido que subir al centro a hacer unas gestiones, he vivido una “experiencia”. Yo iba con unas Converse blancas, una camiseta blanca, mi gorrita y unos vaqueros muy cortitos y pegaitos. Bueno, pues he tenido que aguantar las risas de diferentes terrazas porque no sé qué gracia les hace que lleve un pantalón corto. Al final es eso: no nos asumen, nos siguen ridiculizando. Y ahora hay medios que están normalizando a personas y agrupaciones que nos vuelven a llamar enfermos, que dicen que no podemos formar familias, que no puedo casarme... Los derechos conseguidos no están conseguidos nunca. Así que no sé si volveremos a los armarios, pero yo hoy entiendo que haya personas que no quieran ir de la mano con su pareja, porque cada uno sobrevive como puede. Igual que yo voy a seguir saliendo a la calle como soy porque no voy a vivir con miedo mi vida, entiendo que haya quien vaya esquivando todo esto en cierta manera. Entonces, estamos viviendo tiempos oscuros, pero creo que hay una parte de la sociedad que está asumiendo que nosotros tenemos los mismos derechos y libertades que el resto del mundo.

Las hermandades han sido refugio para muchas personas queer

P. Y seguirán llenos los armarios de las hermandades y las cofradías. Ahí sí que no ha llegado nunca la tolerancia.

R. Ni los espacios tradicionales son tan cerrados, ni los modernos son tan abiertos. En cada casa hay un cuadro ladeao como decía la Estrellita. Yo lo que mantengo es que, aunque las hermandades son un espacio que pertenece a la Iglesia, que están llenas de hombres y son bastante retrógradas, sí que hay que valorar una cosa: que las personas LGTBIQ+ que pertenecen a los espacios tradicionales porque se han tenido que quedar en su pueblo, a lo mejor la única vía de aceptación que tienen es ser vestidor de su virgen. Entonces, hay que valorar que las hermandades han sido refugio para muchas personas queer. Y también, gracias a ellas, estas personas han sido las que han hecho callo y han luchado para que esa gente hoy diga: “Anda qué guay es el mariquita que me viste a la virgen”. A ellas les debemos muchísimo, porque ellas están en contacto directo con estos espacios tradicionales.

P. Eso vale también para el folclore.

R. Claro, es que hay una parte del poder y de la política que se siente dueño del folclore. La Semana Santa, por mucho que venga de la Iglesia, es una fiesta y una performance, y lo que no pueden pretender los gobiernos y los estamentos eclesiásticos es que se pare una ciudad durante toda una semana y yo no pueda formar parte de eso. Yo no puedo obviar mi cultura cofrade o mi cultura andaluza, porque está presente 24 horas y porque los sectores retrógrados, encima, están preocupados de que tengamos Semana Santa todo el año. Bueno, pues yo voy a recibir eso, como yo quiera. ¿Por qué no me voy a poder vestir de mantilla si ellos pueden capitalizar la Semana Santa hasta para vender mecheros? Pues no, señores, el folclore nos pertenece a todas.

P. Si te obligara a escoger entre La Pantoja y La Jurado, igual me dirías que María del Monte o, directamente, le pondrías fin de inmediato a esta entrevista

R. A ver yo soy muy juradista y muy pantojista. Bueno, es que yo he trabajado con Isabel Pantoja también. Y con María del Monte a muerte porque, obviamente, nosotros sabíamos lo que significaba una figura como María del Monte dentro del folclore, porque siempre se ha percibido su sexualidad en todo. No hay cosa que más ilusión me haga que es que este año los pregones estén siendo ocupados por folclóricas: en Sevilla María del Monte, en Torremolinos María Pelae, en el Orgullo va a actúar Isabel Pantoja, y yo soy una neofolclórica. Y me parece que lo que ha hecho María del Monte es súper significativo porque es importantísimo que una persona que tiene contacto directo con ambientes tan tradicionales y retrógrados como ella diga: “No, yo llevo 23 años con mi mujer y esta es mi familia”. Yo me quedo con todas, porque las folclóricas siempre han sido personas súper importantes, valientes, que cantaron lo que nadie quería cantar, y que fueron, además, una cabeza de turco del franquismo. Yo me quedo con todas, y me quedo con Falete también.

¿Por qué no me voy a poder vestir de mantilla si ellos pueden capitalizar la Semana Santa hasta para vender mecheros? Pues no, señores, el folclore nos pertenece a todas

“Estoy más cansado que nervioso”, confiesa Carlos Carvento. Son las 14:00 del sábado 25 de junio, quedan unas horas para que ejerza de pregonero en las fiestas del orgullo LGTBIQ+ de Córdoba, la ciudad de la que se tuvo que marchar en 2014 por motivos laborales, como miles de jóvenes andaluces, pero a la que se resiste a dejar, como muestran sus maravillosos posados de Semana Santa y Feria

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Como vive en Madrid, donde está ensayando el nuevo espectáculo de otro cordobés ilustra (el coreógrafo Antonio Ruz), hay que apurar el tiempo y, en vez de una charla más larga, se le pide un cuestionario corto. Sin embargo, Carvento se toma las preguntas con seriedad y rigor, y no puede evitar dar un tono grave, súper necesario en un tiempo en el que la ofensiva conservadora parece ir saboreando nuevas victorias en batallas que se daban por ganadas. Justo como los derechos del colectivo al que le tiene que hablar Carvento este sábado por la tarde.

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