Va el corazón de Capuchinos al Alcázar Viejo

Vía Crucis de Nuestro Padre Jesús de la Pasión | ÁLEX GALLEGOS

Sones cofrades recorren la ciudad. Cada vez es más intensa la espera. La música es bálsamo por unos minutos en diversos templos. No es lo único que escucharse puede estos días. La Cuaresma es tiempo de rezo y reflexión. También de recogimiento y de silencio, como el que se hace cuando la luz del día deja paso a la noche. Oscura pero de cielo nítido, la de este sábado es la misma en la que el corazón va de Capuchinos al Alcázar Viejo. Los murmullos rompen en mudez cuando el Santísimo Cristo de la Clemencia cruza la puerta de la iglesia hospital de San Jacinto, la quietud surge donde las flores en primavera ante Nuestro Padre Jesús de la Pasión. Así es, un año más, con motivo de los Vía Crucis de las hermandades de los Dolores y de Pasión con sus titulares.

Coronado el cielo por la luna. Recién iniciada la noche, los faroles que de forma tenue y sin embargo precisa iluminan la plaza enriquecen de nuevo la estampa. El Cristo de los Desagravios y Misericordia continúa presente, ajeno al tiempo, entre los blancos muros. En Capuchinos son las ocho y entonces las decenas de personas que pisan su empedrado suelo comienzan a callar. La hermandad de los Dolores inicia el Vía Crucis con la imagen del Santísimo Cristo de la Clemencia. La oración está acompañada, ya ante la iglesia hospital de San Jacinto, por las voces de la Coral Polifónica Cantabile. En esta ocasión, con la sobriedad acostumbrada, la comitiva pone rumbo a Conde de Torres Cabrera. Las obras en Bailío provocan el cambio en la hoja de ruta, que como es habitual tiene parada en San Miguel. En su trayecto por el centro, el cortejo detiene sus pasos en este templo, que acoge el rezo de la séptima estación.

La espiritualidad avanza en el espacio como lo hacen los minutos en el reloj. El alma deja atrás poco a poco la céntrica zona de Córdoba para acudir a otro rincón único. Es el Alcázar Viejo, barrio que tras sus murallas recorre desde las nueve Nuestro Padre Jesús de la Pasión. Abandona lentamente el cortejo la parroquia de Nuestra Señora de la Paz, o de San Basilio popularmente, ante numerosos fieles y vecinos. Hablan las miradas, sin más. El Señor camina con los pies de los hermanos de Pasión. Va sobre parihuelas, que adornan litriasis, limonium, calas, rosas lavanda, statice en malva, eregium y una variedad de flores secas y verdes. Es obra de la Floristería Montecristo de Puente Genil. El silencio impacta entre en las paredes, también encaladas, y con la única interrupción del rezo. Es sábado, segundo de Cuaresma, y va el corazón de Capuchinos al Alcázar Viejo.

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