Charlas para celebrar los 30 años de la Mezquita como Patrimonio Mundial

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El exalcalde Herminio Trigo, la directora de la Alhambra, María del Mar Villafranca, y el secretario general del Icomos en España, Víctor Fernández, participan en las jornadas que conmemoran el aniversario de la declaración

El año 1984 es singular en la historia del patrimonio andaluz. En Córdoba, la Mezquita-Catedral fue declarada Patrimonio Mundial por parte de la Unesco. Lo mismo ocurrió con la Alhambra, en Granada. Y además, la Junta de Andalucía recibió ese año las competencias plenas en materia de cultura por parte del Gobierno. Si en el caso de Granada, el patronato de la Alhambra ha aprovechado la efemérides para programar todo un calendario de actos a lo largo del año, en Córdoba el Ayuntamiento se está centrando en los 20 años de la declaración de Patrimonio Mundial de la Unesco del entorno de la Mezquita (la Judería), mientras que el Cabildo está volcado en celebrar el 775 aniversario de la consagración en Catedral del mismo templo. ¿Y del 30 cumpleaños de la Mezquita como uno de los iconos mundiales de la Unesco? Nada. O casi nada.

Solo la plataforma Mezquita-Catedral Patrimonio de Todos ha organizado una serie de actos para devolver la memoria sobre una fecha que marca un hito en la reciente historia del monumento. Anoche, en la Fundación Gala se dieron cita el exalcalde Herminio Trigo; la directora de la Alhambra, María del Mar Villafranca, y el secretario general del Icomos en España, Víctor Fernández quienes debatieron y charlaron, bajo la guía de la periodista Marta Jiménez, sobre los cambios vividos desde esa fecha en Córdoba, desde los puntos de vista de la relación entre la Iglesia y el resto de la sociedad, la gestión del monumento y el empoderamiento de colectivos que demandan una nueva forma de gestionar y dirigir el mayor símbolo de la ciudad. Marta Jiménez contó que la invitación que se le hizo al Cabildo a participar fue recibida con silencio por parte de los religiosos, mientras que la respuesta del Ayuntamiento fue “mal humor”.

Los designios de la Mezquita-Catedral los marca la Iglesia a través del Cabildo. “Eso nunca extrañó en Córdoba”, reconoce Herminio Trigo quien en 1984 era primer teniente de alcalde por el Partido Comunista en el Ayuntamiento dirigido por Julio Anguita. “La Iglesia tenía una serie de privilegios no escritos que se le respetaban. Uno era el de la gestión. Otro era el de las entradas. Y tampoco nadie se preguntaba por qué los gastos de mantenimiento corrían a cargo de las administraciones públicas”, prosigue Trigo. Pero para el exalcalde de Córdoba, todo cambió con la actitud de la Iglesia “de radicalidad a la hora de inmatricular el edificio en el Registro de la Propiedad y de borrar su pasado quitándole incluso el nombre Mezquita”. Para Herminio Trigo, los podres públicos han sido siempre mucho más abiertos al diálogo con la Iglesia que al revés. “El propio Ayuntamiento decidió denominar Mezquita-Catedral al monumento”, recordó.

El nuevo término de Mezquita-Catedral resume también la esencia misma del edificio. Un templo construido por una civilización que es mantenido por otra que llega después. “Algo parecido pasó en la Alhambra de Granada. Y es eso lo que los gestores tienen que reivindicar y defender”, afirmó María del Mar Villafranca. “Son hechos únicos que hay que mantener y no sesgar”, concluyó.

Es ese “sesgo” con el que la Iglesia explica el monumento, potenciando el lado católico y oscureciendo el resto, lo que sorprende y preocupa al secretario general del Icomos en España, Víctor Fernández. “Podemos llegar a aceptar que la Catedral, lo que vemos como Catedral, sea de la Iglesia. Pero es que la Mezquita tiene una dimensión mucho mayor que pertenece a todo el mundo”, señala Fernández. Y es el prisma universal el que no está siendo cuidado por la gestión eclesiástica del inmueble, afirma. “El modelo de gestión de la Mezquita de Córdoba, sin duda, debería de cambiar. Aunque, sinceramente, no sé si puede”, añadió.

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