“Bretón suspiró como si estuviese aliviado cuando lo detuvimos”

Bretón, escuchando a los policías. FOTO: MADERO CUBERO
El acusado de matar a sus hijos le contó a los policías una nueva versión de cómo los había perdido, dejándolos solos en el parque Cruz Conde mientras buscaba aparcamiento

Los agentes que participaron en la investigación para saber qué había pasado con los niños Ruth y José, tuvieron que lidiar con la extraña actitud de su padre, José Bretón. Desde el primer momento extraño su actitud fría y distante. Y lo extraña de su versión, que había perdido a sus hijos de seis y dos años mientras paseaba con ellos por el parque Cruz Conde. Casi dos años después, la Fiscalía pide 40 años de cárcel a Bretón por el doble asesinato de sus hijos y la incineración de sus cuerpos en su finca de Las Quemadillas. Un doble crimen que, según la acusación y el Ministerio Fiscal era la venganza de Bretón contra la madre de los niños, Ruth Ortiz, que acaba de pedirle el divorcio.

Las primeras versiones que Bretón ofreció a los agentes sobre lo que hizo ese día y las circunstancias de la pérdida, les extrañaron de entrada. Pero sobre todo, eran las cosas más básicas, relativas a dos niños tan pequeños, las que empezaron a preocupar a los policías. “Era chocante que el acusado reconociese que el día en que se perdieron estuviese desde las 10.00 hasta las 18.00 sin darle de comer a sus hijos”, ha relatado un policía. “Ni siquiera llevaba con él comida para los niños cuando dijo que iba al parque”, ha destacado.

El investigador también ha dicho que les preocupó mucho el hecho de que Bretón contase que los niños se quedaran dormidos después de que éste dijese que les acababa de dar unos regalos. Según Bretón, los niños durmieron profundamente en el coche, ese día tan caluroso, hasta las 17.30 mientras él hacía la hoguera. Los agentes sospechan que los niños pudieron ser envenenados en el trayecto con fuertes fármacos y luego incinerados en esa hoguera.

Para los agentes, la historia que Bretón les contaban, iba perdiendo consistencia a medida que el acusado la iba relatando, siempre a trompicones y en función siempre de las preguntas de los agentes. Ni siquiera los recorridos que dijo haber seguido para llegar a la finca con sus hijos guardaban ninguna lógico. “Nos dijo que no tenía pensado ir a la finca y que decidió ir a ver a unos amigos. Pero en ningún momento tomó la dirección para ver a los amigos”. Fue directo a las Quemadillas. Y allí hizo una hoguera.

“Nos pareció rara la ubicación de la hoguera. Era un sitio de paso. Era una hoguera de mucha magnitud y nos llamó la atención una mesa metálica tumbada”, ha relatado un agente. Los investigadores consideran que la mesa sirvió para hacer un efecto horno y facilitar la incineración de los pequeños.

Bretón estuvo siempre colaborativo. Pero ofreciendo sus extraños comentarios que dejaban asombrados a los policías y los mandos. Un noche, en la finca donde se buscaban los cadáveres de los niños, los agentes se pidieron unas pizzas para cenar. A modo de provocación, un policía dijo que podían sacar una guitarra para cantar. Pero Bretón dijo que no era mala idea pero que guitarra no tenía. “Así que entró dentro y sacó un radiocasete y nos pareció muy raro a todos”, ha recordado uno de los investigadores.

Otro día, con los agentes de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de Madrid, ya al mando de la investigación encargaron a un especialista hablar con Bretón, quien todavía no estaba detenido. Uno de los policías que han declarado hoy a ha recordado cuando este policía de la UDEV le requirió para escuchar lo que Bretón contaba de sus experiencias en un burdel cercano. “Todos su comentarios eran muy denigrantes”, ha dicho el testigo.

Esa misma tarde de octubre de 2011, mientras merendaban en la finca, el mismo agente de la UDEV que acompañaba en todo momento a Bretón, le preguntó al acusado que qué tal si veían juntos un partido de la Selección española que emitían, contaba cómo habían matado a los niños, dónde los tenían y luego se iban todos de putas. “Bretón le dijo que le parecía un buen plan. Yo lo escuché porque estaba presente”, ha asegurado el mismo testigo.

Los nueve días siguientes a la desaparición de sus hijos, las sospechas sobre Bretón no hicieron sino crecer. Hasta que el día 17 fue detenido, en las dependencias de la Comisaría Campo Madre de Dios, en Córdoba. El agente que le anunció la detención ha asegurado que Bretón pasó ese día nervioso pero que cuando se le notificó el arrestó “suspiró largamente, como con alivio”, a partir de entonces, otro agente ha señalado que estuvo más tranquilo.

Hubo un último escena dramática esa tarde. “Cuando se le leyeron los derechos, lo único que dijo Bretón fue que quería llamar a Ruth para contarle algo. Le dijimos que no podía y que no contara qué iba a decirle”. Los agentes han contado que Bretón quería contarle a su todavía esposa que había perdido a los niños cuando llegó al parque Cruz Conde y no encontró a aparcamiento. Según esta nueva versión, Bretón habría dejado a los niños en la entrada del parque dio una vuelta en coche para aparcar y cuando volvió había pasado un poco de tiempo y ya no estaban sus hijos.

Bretón se ha mantenido en la sala impertérrito. Pero más activo que otros días, moviendo la cabeza de izquierda a derecha y negando los relatos de los policías que iban compareciendo como testigos.

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