La liturgia

La liturgia esta siendo apartada de nuestro día a día. Una parte de culpa la tiene la Iglesia y es una pena para ellos. Porque algunos estamos deseando que cesen todas las tropelías en el ámbito eclesiástico para derribar el muro que en ocasiones nos impide valorar - aunque sea desde el agnosticismo o el ateísmo- esos preciosos ritos, la delicadeza en los gestos de las celebraciones, la música y el arte sacro, las metáforas en sus textos antiguos. En esta sociedad católica, el primer acercamiento del individuo con la poesía tiene lugar en la parroquia. Pero claro, hay tanta basura en la Iglesia que han conseguido que hasta lo bello acabe generando rechazo.

La liturgia, cierto es, no es exclusiva del catolicismo, ni siquiera de las religiones. De hecho, etimológicamente proviene del latín, y antes del griego "leiturgía" que significaba "servicio público". Así qué, pronto nos daremos cuenta cuánto bien nos ofrece la liturgia, tal vez menos la de dios y más la de las pequeñas cosas: la liturgia con la que alguien toma el café por la mañana, la liturgia con la que desayuna uno los domingos o lee el periódico, la liturgia con la que uno reproduce un vinilo, la liturgia de cada uno, pues todos tenemos una.

Otra parte de culpa de que la liturgia nos sea cada vez más ajena esta relacionada con el ritmo de vida que llevamos. Pero esto tiene que acabar y escarmentaremos. Aunque muchos dicen que lo importante no es la idea sino la ejecución de la misma, lanzo una para nuevo negocio de servicio público, es decir para liturgia: habilitemos salas públicas en bajos comerciales, con poca luz, con alfombras que nos den calidez, velas encendidas, música ambiente o simplemente silencio y se irán llenando de gente que quiere hacer un alto en el camino para ejercer su propia liturgia. Quizá paguen, para recrearse en el rito, mejorar y servir a los demás. Parecerá una iglesia pero sin serlo.

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27 de noviembre de 2014 - 03:17 h
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