La 'turismofobia' llegará, si es que no lo ha hecho ya

La turismofobia acabará llegando a Córdoba. Si es que no lo ha hecho ya. Y dentro de lo que cabe es hasta normal.

Córdoba es una ciudad que se está centrando en un monocultivo: el turismo. Y el riesgo del monocultivo es que llegue una tempestad que acabe con sus frutos y no haya nada que echarse a la boca. Es decir, que los turistas dejen de venir, por cualquier circunstancia. Una crisis económica mundial, una guerra termonuclear con Corea del Norte (algo bastante improbable, no teman) o un atentado de corte yihadista en España, como está pasando con Francia, donde el sector turístico está en crisis.

La economía de libre mercado, el capitalismo salvaje, se basa en una máxima para no entrar en crisis: el eterno crecimiento. Es decir, año a año Córdoba tiene que batir sus récords anteriores en la llegada de turistas. El año pasado rozamos el millón. Seguramente este año lo superemos. El mundo es finito, y por tanto nunca se puede crecer hasta el infinito. Córdoba también. Habrá un momento que no quepan más turistas. O entrarán a otra costa.

El turismo en Córdoba no es tan agresivo como en Barcelona o Madrid como para que empiecen a surgir absurdos grupos turismófobos que llenen la ciudad de pintadas (oh, qué escándalo). O no lo es durante la mayor parte del tiempo. Pero empiezan a pasar cosas que deberían enderezarse.

Por ejemplo: los turistas han echado a los cordobeses del Festival de los Patios. El concurso se ha convertido en un icono turístico mundial que llena la ciudad en dos semanas de turistas, que deja miles de pernoctaciones, de cenas y comidas en restaurantes, de compras en la ciudad, de puestos de trabajo, en definitiva. Pero que empieza a perder la esencia y ya se saben qué es lo que ocurre cuando algo no es como uno se lo imagina...

Iba a escribir que los turistas también han echado a los cordobeses del casco histórico, pero no es verdad. Han sido los cordobeses los que están echando a otros cordobeses del casco histórico de la ciudad. Desde luego, es más rentable alquilar una casa por días o semanas a turistas que por meses a un nativo que venga, digamos, a trabajar a la ciudad. Intenten alquilar un apartamento en el casco histórico, a ver si lo consiguen a un precio decente. La economía de libre mercado, ya saben. La ley de la oferta y la demanda. La mano invisible que regula que el cordobés medio tiene que vivir en un barrio y que el casco histórico está condenado a convertirse dentro de unos años en un parque temático donde el día en que los turistas dejen de venir (algún día pasará; siempre pasa) será lo más parecido a una ciudad desierta.

Regular el turismo es como regular los bancos: una cuestión ideológica. Los que crean en el libre mercado, en esa mano invisible que lo regula todo, que hace que la economía avance porque son los mejores los que triunfan y prosperan, y no los vagos que chupan la teta del Estado, hizo su trabajo con la crisis bancaria del 2008 pensarán que ocurrirá lo mismo con la avalancha turística en España.

No olviden una cosa. A nivel macroeconómico se puede decir que España ha salido de la crisis. Lo ha hecho por el tecnicismo llamado devaluación interna (los españoles cobran mucho menos ahora que en 2008), por la contención de los precios del petróleo, por la intervención del Banco Central Europeo (que ha hecho que vuelva a correr el crédito bancario) y por el turismo. Sí. Si en España el crecimiento del turismo no hubiera estando subiendo dos dígitos año a año la salida de la crisis habría sido más difícil en ciudades como Córdoba. Pero, ¿a qué precio? Veremos.

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Publicado el
13 de agosto de 2017 - 02:01 h
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