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Los locos años veinte

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Desde que estrenamos década pueden ser miles los artículos y titulares con el encabezado anterior: los locos años veinte. La comparativa es evidente. Los locos años veinte del siglo XX derivaron en un periodo salvaje de guerras. Y tal y como nos ha llegado a través de la literatura (El gran Gatsby, Fiesta, no se los pierdan) nuestros bisabuelos se bebieron la vida por que venían de una guerra salvaje, por que era un periodo efervescente y por lo que podía venir.

Estamos a años luz de aquellos locos años veinte por muchas razones. Ni fueron locos para todos (solo para una clase alta y para la burguesía) ni desde luego idílicos. Pero sí que cundió una especie de carpe diem y de vamos a beber sin parar por que mañana lo mismo estamos muertos. Hace muchos años, en una entrevista Santiago Carrillo contaba como en la Guerra Civil no se pensaba mucho por que en un rato podías estar muerto. Y eso, quizás, explica muchas cosas.

Los del siglo XXI están siendo bastante locos. Una pandemia que lo ha desestabilizado todo, una ruptura de la cadena de suministros de la economía, una crisis climática salvaje, otra de energía y guerras. Ahora llegarán los alimentos y está acabando con una inflación desconocida en los últimos 35 años. Pero tampoco es algo que no salga en los manuales de economía. Eso sí, como en aquellos locos años veinte, el consumo se ha disparado. Cualquiera que se haya retrasado un poco en eso de reservar vacaciones habrá visto que los precios son imposibles. Y que hay gente que está pagando eso. No lo entiendo.

En los manuales de economía detallan que la inflación se combate de dos maneras: subiendo los tipos de interés y reduciendo el consumo. Sin pasarse, claro, por que de lo contrario se puede acabar por reventar la economía y entrar en recesión. De momento, los tipos van subiendo poco a poco y están en niveles aún bajos, aunque las hipotecas se encarecerán una media de 1.000 euros al año. Y del consumo no hay orden o instrucción alguna para reducirlo.

La inflación actual es energética, por lo que la reducción del consumo debería serlo también en el uso de la electricidad o de los combustibles. No está pasando. Nadie nos ha dicho que pongamos el aire acondicionado a 27 grados, que no pasa nada si no vamos en manga larga en julio. Tampoco nos han recomendado compartir el coche en viajes periódicos o hasta vacacionales, levantar el pie en la autovía y no ir a más de 110 kilómetros por hora (es impresionante lo que se ahorra así) o consumir en el comercio de cercanía. Si hay fruta que cuesta carísima en muchos casos es porque tienen que venir refrigeradas desde muy lejos. En otros directamente es por que no hay.

Supongo que el Gobierno y Europa prefiere capear el verano como se pueda, que ya llegará el otoño. Como el cuento de la hormiga y la cigarra, si algo sabemos es que el verano no solo sirve para pasárselo bien y descansar, sino también para llenar graneros y prepararse para el duro invierno. Pero bueno, aquí hemos venido a jugar y vamos a disfrutar por lo que pueda venir.

Desde que estrenamos década pueden ser miles los artículos y titulares con el encabezado anterior: los locos años veinte. La comparativa es evidente. Los locos años veinte del siglo XX derivaron en un periodo salvaje de guerras. Y tal y como nos ha llegado a través de la literatura (El gran Gatsby, Fiesta, no se los pierdan) nuestros bisabuelos se bebieron la vida por que venían de una guerra salvaje, por que era un periodo efervescente y por lo que podía venir.

Estamos a años luz de aquellos locos años veinte por muchas razones. Ni fueron locos para todos (solo para una clase alta y para la burguesía) ni desde luego idílicos. Pero sí que cundió una especie de carpe diem y de vamos a beber sin parar por que mañana lo mismo estamos muertos. Hace muchos años, en una entrevista Santiago Carrillo contaba como en la Guerra Civil no se pensaba mucho por que en un rato podías estar muerto. Y eso, quizás, explica muchas cosas.