A ti, Juan Palomino, Violeta Aranda y diez personas más os gusta esto

Zuummmm, me ha entrado otro mensaje. Llevaba un rato sin oírlo y me estaba inquietando, hacía veinte minutos que no consultaba mi smart. Ya no estamos del todo en ningún sitio, porque no estamos completos, parte de nosotros está aquí conversando o trabajando, pero nuestro comercial está por ahí viendo a quién interesamos. Si no consultamos durante un rato nuestro smart o nuestra ordenador nos inquietamos, no sabemos a cómo estamos cotizando, nos entran dudas sobre si

fuera existimos, si tiene algo de realidad o al menos de relevancia lo que efectivamente aquí y ahora sentimos o escuchamos. Está por ahí ganando adeptos para mí, pero me cuesta mantenerlo, cada vez es más exigente y no sé si me gusta a dónde me está llevando.

Vivimos ansiosos, pendientes de una leve vibración o una breve alarma que nos confirme que seguimos estando, que hay quien sabe y se interesa por nosotros, nos apuntamos a grupos inútiles o anacrónicos para que ese constante tintineo no se detenga, una pequeña orquesta que nos mantiene enchufados a la vida como un mecanismo de respiración asistida. Ya siempre estamos él y yo en todas partes, todas las conversaciones son a tres bandas, está ahí confirmándome o cuestionándome, dejándome en evidencia muchas veces, pero yo no pienso dejarme influir.

Ese pequeño cuadrado rojo con su número en el interior me tranquiliza y a la vez me inyecta una dosis de adrenalina que me vale para 30 o 35 minutos, tengo para darme una ducha y afeitarme. No soporto cuando miro la pantalla del smart y no ha pasado nada, solo artículos de periódico o anuncios. Voy antes a colgar una canción, una frase, un gift, que veo que últimamente aburren los videos humanitarios. Lo curioso es que compruebo que realmente no me conocen, todos los que me siguen por aquí creen que soy un tipo nervioso e inseguro que va de aquí para allá, al final se creen el avatar que he creado y que no hace más que molestar, pero yo realmente no soy así. Coincido con ellos en la calle o en algún bar cuando salgo y no termino de decidirme a entrarles porque no sé si me conocen o si los conozco, ya no estoy del todo seguro, pero veo que me tratan con displicencia, como si yo fuera ese personaje molesto que interrumpe con nimiedades, ese maleducado que no respeta los tiempos que compartimos. Pero realmente yo no soy así.

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Publicado el
2 de diciembre de 2014 - 07:53 h
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