Ciudades de cine, I

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El cine abre puertas a viajeros frustrados desde los hermanos Lumière. Nos ha recreado con tanta exactitud algunas ciudades que fácilmente podríamos defendernos por ellas sin perdernos. Os propongo viajar por ciudades especiales retratadas en películas especiales, tanto, que se han unido a los escenarios que reflejan. Las hay tan rodadas, como Nueva York o Roma, que es casi imposible recordar solo un título, así que he tirado por películas conocidas. Ahí va el juego:

Nueva York. Ya propuse por este blog un paseo por la avenida retratada en Breaksfast at Thifany's. Admito que lo facilón y progre habría sido recordar una de las pelis de Woody Allen, un Manhattan, por ejemplo, con esa brutal escena del puente de Brooklyn. Pero me puede el canalleo de Blake Edwards, cómo rodó las más divertidas fiestas de la historia del cine, y sobre todo, cómo supo retratar la belleza impresionante de un amanecer por la Quinta Avenida, frente a los escaparates de la mítica joyería, con la sola presencia de una Hepburn, un croissant y un café en vaso de cartón. La música de Mancini pone el resto.

Madrid.

Madrid De la sofisticación de una de las islas de Nueva York al Madrid castizo y ochentero. Madrid y Almodóvar son inseparables, a pesar de sus devaneos por otros lugares y sus posteriores melodramas impostados, el legado que ha dejado en esa década es Historia de nuestro cine. Lo es también esta bestial escena de verano, por las calles, pongamos que de Lavapiés, con una Maura hecha una animal de la pantalla y un Eusebio que apenas puede seguir con sus ojos y su risa el más famoso regado del cine. La Ley del Deseo: Madrid del sopor, del agosto imposible, de las obras inacabables, de las salidas nocturnas… todo concentrado en dos minutos de puro cine.

Roma.

Roma Con Roma me pasa como con Nueva York. Se me ocurren decenas de títulos, pero me fascina El Talento de Mr Ripley por retorcida y brillante. Mr Rippley divaga por la ciudad eterna con sus dobles y terceras personalidades, engañando mortalmente a sus víctimas, sin perder su elegancia, savoir faire y su fascinación por el arte de una ciudad luminosa en una primavera dorada de los años 50. Vespas, Piazza di Spagna, Martini y belleza en un aperitivo romano que nos abre la boca de asombro.

París

ha podido pasar por casi tantas miles de películas como Nueva York, pero, sin ser en absoluto la mejor, Paris Je t'aime tiene la virtud de recrearse por algunos de sus rincones, dedicando a cada uno de ellos una breve historia. Le Marais sigue siendo barrio de moda, de galerías, tiendas caras y bares de diseño. El corto, rodado en una imprenta de este barrio del centro de París, rezuma ese toque sorpresa que muchos esperan cuando sueñan que es posible encontrar un alma gemela, aunque parezca no entenderte...

Berlín. Y salto en el espaci

o y el tiempo. Del París actual al Berlín de Weimar de los 30: convulso, oscuro, canalla y libertario, pero con la sombra del nazismo ya asomada y enseñando sus garras. Cabaret chupa ese Berlín para escupirlo sobre nuestros espantados ojos. Minelli, en su peli de peli, se come con patatas fritas el pequeño escenario de perversión sobre el que canta cada noche. Un antro en el que todos querríamos haber tomado, al menos, una copa.

Los Ángeles.

Los Angeles más allá de 2020. Ciudad caótica, negra, invadida de alta tecnología, violencia y humo. Blade Runner nos pasea por esta inmensa urbe que asusta a cualquier europeo. Ciudad creada para el coche, impracticable, surcada de autopistas de seis carriles y en esta peli de aero vías congestionadas. Replicantes huídos, lluvias torrenciales, neones, hologramas porno y una música simplemente maravillosa. ¿Se llevó Harrison a una replicante, lo era él también?. Solo Los Angeles lo sabe.

Londres.

Y una de mis favoritas ciudades del mundo en una de mis favoritas películas. Londres en The End of the Affair (El Fin del Romance aquí). Una vuelta por el Londres polvoriento de los bombardeos alemanes de los 40 en una historia de amor, creencias y milagros. British 100% y Fiennes y Moore para comérselos. No se puede estar mejor.

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19 de junio de 2013 - 02:15 h
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